Hola a todos. Sí, lo sé, otra vez estoy a destiempo. Supongo que les debo una explicación, pero se las daré al final del capitulo. Ahora, espero que les guste.


Disclaimer: Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa


Konstantin y compañía acababan de llegar a Olomuc y no se encontraban a menos de unas pocas horas de Cachtice. Sin embargo, decidieron descansar antes de dirigirse a su destino, además de esperar a los miembros de lo que sería el grupo de choque con el que tendrían que enfrentar a los Nazis y acabar con Sigismund. En su camino habían pasado por Pradubice, donde fue a la oficina de correos a preguntar por la dichosa carta que la tal Elisa Lancaster había enviado a la oficina. Izyaslava se reunió con él, dejando a la docena de comunistas que habían reunido en otra estancia del establecimiento donde se habían reunido. Adrede habían tomado este camino: un informante, cuyo grupo de quince comunistas procedentes de Brno, con el que luego se reunirían cerca de Cachtice, les había dicho que había una inusual presencia alemana en el lugar.

-Parece que no es tan mentira lo que te decía esa mujer ¿cierto?- Konstya mira a la chica por un instante para luego voltear a ver las fotos y la lista nuevamente.

-Glikeria Mirogneva Dyudenev, Miroslav y Roman... mi madre y hermanos respectivamente. Sus fotos coinciden y aparecen en esta lista de inmigrantes.

-Haber, déjame ver...- el joven trata de evitar que no vea la lista.-¿Sucede algo con eso?- Konstantin duda por un momento y luego, tras la insistencia silenciosa de la chica, accede a mostrar la lista. Cuando lee el nombre de familiares comprobados, se queda pasmada.- Cuando se refieren a "Yusupov" ¿Se refieren a ese que mandó a matar a Rasputin?- Konstantin asiente.- Y cuando hablan de "Romanov"... ¿Se refieren a...?- el joven también, a su pesar, asiente.- No puedo creerlo... tu eres...

-Sí... pertenezco a una rama lejana de los Romanov. No teníamos derechos sobre nada más que algún título nobiliario, pero nada de grandes riquezas.

-Entiendo en parte el por qué querías huir.

-No es por eso. Es por mi familia: mis hermanos y mi madre, desde la Revolución perdí su rastro, no sabía dónde estaban.

-¿Por qué?

-Cuando mi padre se fue de Novgorod, decidí seguirlo a los pocos días que marchó, supuestamente hacia Moscú. Sin embargo, el grupo con el que iba fue atacado por una tropa de bolcheviques: Mataron a varios, arrestaron a otros y a mí me metieron a una institución para niños. En un principio iban a matarme, pero Serguei intercedió por mí.

-Por lo menos no tuviste que sobrevivir comiendo patatas semi putrefactas de los mercados.

-Considerando el sabor de la "cosa" que nos daban de comer en la institución, creo que las patatas habrían sabido mejor.

-Sea cual sea el caso, ahora está la decisión en tus manos, Konstya- la chica acerca una vela prendida a su compañero.- ¿Que eliges?

El ruso meditó por un buen tiempo, mirando el papel en una mano y su emblema de la Unión Soviética en su hombro izquierdo. La indecisión parece reflejada en su rostro cuando voltea solo por unos segundos a ver a Izya. Finalmente, tras el complicado debate mental que había sostenido consigo mismo, tomó una decisión: besó la foto de su madre para luego juntarla con la lista y las fotos de sus hermanos y, acto seguido, las posó sobre la llama de la vela. Izyaslava vio, atónita, como el fuego consumía todo aquello por lo que Konstantin se había jugado la vida haciendo de doble agente. Antes de preguntarle la causa de su accionar, este volteó a mirarla y le dijo, sonriendo...

-¿En serio crees que dejaré que te quedes con toda la diversión?- le pregunta el chico mientras ve arder las fotos de lo que quedaba de su familia, pero ¿Para qué tenerlas? Su única familia por todos estos años habían sido esos dos que ahora tenía por compañeros en esta bizarra aventura.- Vamos a acabar con todo esto de una buena vez.- dijo tras ver como lo poco de papel que quedaba era consumido y, acto seguido, apagó la vela.


Cap9: Letzte Mal (Última Vez)

Un nuevo día comenzaba en Cachtice, Checoslovaquia, y Margaret podía saberlo no por la chillona voz de una niña canturreando una canción local mientras acompañaba a su madre a quien sabe dónde, sino por el sol primaveral que irrumpió en su ventana. Le sorprendía que Alphonse le hubiera dejado dormir tanto y se preguntaba si acaso no estaría ya despierto. Al bajar las escaleras del hospedaje donde se encontraban y preguntar por él, la mujer que atendía le dijo que este había salido muy temprano y le había dejado una nota.

"Desayuna sin mí, estaré donde ayer."

Alphonse.

-Parece que está muy ocupado.- decía mientras comía lo que la señora le servía.- Mejor acabar rápido y echarle una mano.

Efectivamente, Alphonse se encontraba trabajando en los últimos retoques para el lugar donde tendría encuentro su reunión con el alter-ego de su amigo. Trataba de hacer quedar el lugar como si fueran las ruinas de un castillo abandonado y poco visitado, para de esa manera no llamar mucho la atención de sus próximos comensales. Tras remover algunas piedras, esparcir algo de grava y quitar algunos hierbajos que había puesto demás, consideró que todo estaba listo para ser usado en el ritual.

-Listo, ha quedado lo menos oculto lo menos sospechosamente posible.- Una vez dicho esto se trepó a una de las murallas en ruinas del castillo y sacó el emparedado que tenía guardado y que era el único desayuno que había tenido en todo el día. Iba a empezar a comer cuando unos pasos entre la grava llamaron su atención.- Llegas tarde, no creo que vaya a necesitar tu ayuda por ahora.- le dice a Margaret, quien se sienta a su lado, sobre los restos de la muralla.

-No deberías comer sin lavarte las manos.

-Lamentablemente no tengo agua para eso.- la chica le alcanza su cantimplora y este la toma.- Que lista...- le dice mientras se lava las manos antes de seguir comiendo.- gracias.

-Supongo que ya está listo todo para acabar con nuestros perseguidores.

-Así es. Solo queda esperar.

-¿Ah sí? ¿Y qué hacemos mientras tanto?- Él le devuelve la mirada y ella también, incapaz de encontrar alguna respuesta en los espesos bosques que rodean la colina.

-Pues... no conozco el pueblo ¿Y tú?- ella le sonríe. Sabe que es lo que propondrá.

-Tampoco ¿A qué hora terminarás de limpiarte y saldremos a dar ese paseo?

-En poco menos de una hora.- dice mientras termina de comer el pan con jamón.- Será mejor que nos demos prisa para no demorar más.

-No podría estar más de acuerdo.


-Dos horas después-

La comitiva que llegaba al pueblo una vez cada cierto tiempo trajo consigo a un grupo peculiar allí por donde se le mire: dos alemanes, dos americanos, un francés, un inglés, una galesa, un escocés y una irlandesa bajaban del mismo vehículo. Elizabeth dedica unas palabras a sus acompañantes.

-Muy bien, señores, ya estamos aquí. Lo que esperamos ahora es encontrar a esa cosa llamada "Sigismund". Nos dividiremos en dos grupos: Roy, Malcolm, Joffrey y yo buscaremos por los alrededores del pueblo, mientras Hans, Siegfried y Etenie buscaran en el pueblo.

-¿Y qué haremos nosotros?- pregunta Eadoaín.

-Se quedaran junto con ellos, pero en vez de buscar a Sigismund buscarán a Alphonse Elric.

-Por mí no hay problema, salvo que no tenemos una descripción del mismo.- dijo Fearghus, a lo que Hans intervino.

-Creo que yo podría ayudarles. Verán, tuve la oportunidad de conocer al susodicho, así que creo que podría diseñarles un retrato más o menos confiable.

-Bien, ya está solucionado. Tenemos todo el día para cumplir con nuestra misión.

-Disculpa ¿Y qué debemos hacer si nos encontramos con el objetivo?

-Finjan ser alemanes, todos ustedes saben cómo hablar el idioma. Hagan todo lo necesario para aparentar no ser de Gran Bretaña, después de todo, es más creíble ver un alemán aquí que a un británico.- concluye la mujer.- Muy bien, en cuanto encontremos un lugar donde hospedarnos, nos dividiremos.

Todos marcharon en dirección a la posada más grande del pueblo. En el trayecto, Roy cuestiona la orden de Elizabeth.

-Sabes, cariño, no es que esté en desacuerdo contigo, pero soy más de la idea de tomarnos el día, o por lo menos la mitad de él, para planear nuestro siguiente paso.- Ella sonríe ante la propuesta.

-Descuida, vaquero, tenemos todo casi listo... o por lo menos nuestra parte.

-Ah, entonces hay otro grupo después de todo ¿cierto?

-No está comprobado aún, por eso no se los había dicho a ustedes. Preferiría además que no se lo dijeras a nadie más.

-Es un secreto a voces.- le dice el americano, algo extrañado.- pero si lo que quieres es mantener las cosas en perfil bajo, está bien, no diré nada.- los extranjeros llegan a la entrada del hotel y no tardan más de cinco minutos en registrarse y, acto seguido, el grupo de cuatro sale en dirección a los bosques cercanos. No se trata de arboledas enormes y densas, por lo menos no en un principio pues se ven interrumpidas por tierras cultivables, sin embargo pueden llegar a ser tan numerosas que resulta difícil realizar una búsqueda exhaustiva y completa, por lo que la Elizabeth considera que...

-Es hora de separarnos.- dice la chica al ver la cantidad de arboledas que hay alrededor.

-Me alegra que lo diga, Srta. Angaharad. Estaba por proponer lo mismo.- dice Joffrey.

-De acuerdo ¿Con quién iré?- pregunta Malcolm.

-Joffrey ¿Puedes ir con él?- le pide la mujer a su compañero, quien la mira algo perplejo en un principio.- Es que estaba discutiendo algo con Roy anteriormente, así que quisiera aprovechar esta oportunidad para hablar con él.- el inglés entiende la situación con tan solo mirar la afilada mirada de la galesa.

-No me opongo ¿Está de acuerdo, Sr. O'Bryan?

-Claro, siempre que esas "discusiones" tengan algo que ver con nuestra misión.

-Oh, tienen DEMASIADO que ver, Malcolm. Descuida, te lo devolveré entero.- le dice la chica aprisionando el brazo del ex-convicto entre sus senos y guiñándole a su interlocutor, quien solo puede matarse de risa.

-Jajajaja tranquila, tomate tu tiempo: creo que él te lo agradecerá más que yo.- responde el irlandés, devolviéndole el guiño. - Vamos, Joffrey, tenemos mucho que revisar.- tras esto, ambos se quedan solos y empiezan a avanzar en la dirección contraria.

-Bien, ahora que estamos solos ¿Qué es eso de lo que querías hablarme?

-Pues, es muy simple. Nuestro buen amigo ruso ¿lo recuerdas?

-Como olvidarme de él, casi te mata y te salvé el pellejo ¿Aceptó unirse a la fiesta?

-Sí, y traerá amigos para divertirnos en grande.

-¿No crees que eso pueda ser contraproducente? Sé que controlar a uno es fácil... pero varios son otra cosa.

-Descuida, estarán tan ocupados matando nazis que no tendrán que preocuparse por nosotros. Nosotros solo tenemos una misión, ellos tienen tras de sí una guerra política con los nacionalsocialistas. Solo los agentes enviados tienen idea de a que nos enfrentamos.

-Y en este caso ese "agente" sería nuestro "Igor" ¿Cierto?

-Exacto.- le dice ella volviendo a tomar su brazo y apretándose contra él.- Nuestro pequeño oso ruso vendrá con sus amigos a destrozar a los lobos alemanes. Así, aprovecharemos la confusión y nos encargaremos de tomar su arma secreta.

-No creo que sea necesario que te acerques demasiado para mostrarme tu entusiasmo ¿no crees?

-¿Hay algo de malo en que sientas los senos de una joven mujer rozando tu brazo?

-No... si no supiera que la mayoría de las que hacen eso es porque algo quieren.

-Jajajaja muy listo, ciertamente.- ella se da cuenta que él ha pasado a rodear su cintura con la mano.- Veo que tu también entras en este tipo de juegos.

-No es el mejor lugar: más acorde sería un casino o una sala de bailes, pero no una caminata en el bosque: ya lo intenté una vez y creo que terminé con uno o dos bichos en mis pantalones. En fin, vamos al grano ¿Qué es lo que quieres?

-No mucho, simplemente saber qué es lo que llevas hablando con tus amigos alemanes.

-¿Qué?

-No te hagas el tonto, Roy, no funcionará conmigo. Al parecer te has hecho muy cercano a ellos y pareces ser más de su agrado que nosotros.- le dice ella mientras pone su pecho contra el suyo. Roy parece nervioso.- ¿Acaso los norteamericanos y los británicos no somos más parecidos y amistosos entre nosotros?

-¿Es porque hablamos el mismo idioma?- tras esta primera respuesta, la aleja de él un poco, lo suficiente para poder verla a los ojos sin doblar demasiado su cuello.- No, no es eso, y tampoco creo que sea bueno que saques conclusiones como esas ahora, justo en el momento en que debemos ser más unidos. Justo ahora que tenemos que prepararnos para destruir a esa cosa... Porque eso es lo que queremos hacer ¿Cierto?- al momento de la pregunta Elizabeth pareció sorprendida, pero recuperó la compostura en menos de nada. Con una sonrisa, la primera que pareció tener una atisbo de ternura en todo el tiempo que la conocía, la chica volvió a eliminar la distancia entre ellos, acercándose demasiado peligrosamente sin que Roy pudiera evitarlo. Fue en aquel momento en que Roy dejó de distinguir, en el de ella, el rostro de la perra que lo traicionó y lo dejó a su suerte en Nueva York y pudo distinguir la potencia fría de sus ojos, el perfume apenas distinguible del shampoo que había usado hace ya varios días, la sonrisa triste y burlona que desapareció al momento en que sus labios llegaron a los suyos. Fue en aquel momento que, tras decir tantas veces que se parecía a su ex, Roy Hungenford reconoció que ella era completamente diferente. El beso duró cerca de medio minuto, tras los cuales se separó de él y se volvió hacia el bosque.

-Es verdad, es nuestro fin el que nos une.- tras esas líneas, voltea hacia el americano y agrega, con una sonrisa.- pero, si debo elegir, es mi interés por personas como tú lo que me mueve más que nada a permanecer en este trabajo.- Dicho esto, la chica se vuelve nuevamente y sigue caminando por los alrededores. Pero Roy no se movía, estaba congelado, ido, con una monumental cara de idiota que hubiera hecho creer a cualquiera que ese beso le había frito el cerebro. Sin embargo, era todo lo contrario: supo que esos 30 segundos en que su respiración se cortaba, ella pudo haberle puesto la capsula de cianuro que tenía bajo su lengua dentro de la suya y su vida acabaría. Lo peor era que tenía el motivo perfecto para hacerlo. Su pregunta, definitivamente, lo había metido en terreno pantanoso, en una posición comprometedora y ese beso, más que una muestra de afecto o de interés, había sido una advertencia. Riza sentía una sensación de calor dentro de su pecho, pero Roy estaba helado, casi como si ella le hubiera robado el fuego de la vida y el calor de su sangre. Antes de seguirla y fingir que nada había pasado, Roy solo pudo murmurar.

-No es idéntica a ella... es infinitamente peor.


De otro lado, en el pueblo de Cachtice, Fearghus y Etaín seguían con su misión de registrar el pueblo de pies a cabeza. Los dos oficiales alemanes habían ido por otro lado del pueblo, por lo que solo les quedaba registrar el lugar lo mejor que podían y esperar encontrar alguna señal.

-Esto puede tomar un buen tiempo, si nos ponemos a pensar en la dificultad de buscar a dos personas.- le dice Eadoaín a su compañero. El escocés la tranquiliza...

-No creo que sea tanto como tú dices: la descripción habla de un sujeto rubio de más o menos metro ochenta y una chica de tu estatura.

-Ósea, tamaño promedio. No me fio de esas descripciones: te recuerdo que la otra vez confundieron la talla del tipo que buscábamos y te llevaste una patada en la cara.- Fearghus se toca la cara al recordar el impacto del pie de Edward Elric con su nariz, la cual casi pensó que se iba a hundir dentro de su rostro.

-No me lo recuerdes: duele cada vez que me acuerdo de ese momento.- ambos siguen caminando a traves de callejuelas, locales e iglesias que comprende aquel pueblo ubicado a pocas horas de Bratislava. Finalmente, ya cansada de buscar, Eadoaín

-Ok, se acabó ¡Estoy harta!

-Etaín...

-Llevamos casi tres horas buscando por las mismas calles y callejuelas una y otra vez.

-Etaín...

-¡Hemos entrado a los locales varias veces y todo el mundo habla checo! ¿Que nadie habla alemán aquí?

-Etaín...

-Es un pueblo pequeño en medio de Checoslovaquia ¿Porque encontrarlos es tan difícil?

-¡Etaín!

-¿¡Qué!?- el escocés le señala a la pareja que se encontraba a algunas pocas cuadras de allí.

-Creo que son ellos.- la irlandesa mira hacia la calle donde le señala el escocés y puede distinguir a la pareja.

-Guau... Oh... jajaja... sé que dije que no sería tan difícil, pero no creí que sería tan fácil ¿Los seguimos?- Fearghus miró a la chica como si fuera un bicho raro.

-¿Perdón? ¿No decías que era difícil?

-Estaba desesperada, pero ves: mi desesperación rindió frutos. Vamos, sigamoslos.

-¿Para qué? No es que se vayan a ir a algún lado ¿no?

-Cierto, pero si podemos conseguir algo de información útil entonces será mucho mejor que nada ¿no crees?- el escocés alza los hombros, en señal de sumisión.- Bien, vamos allá.

La silenciosa persecución de los agentes los llevó a entrar a una de las salas de comida más concurridas del pueblo. Ya agobiados por el hambre, así como buena parte de los comensales, decidieron continuar su labor investigativa mientras se llevaban algo a la tripa. Solo había un problema...

-La carta está en eslovaco.- dice tristemente Eadoaín.- ¿Sabes leer checo o eslovaco?- el joven niega con la cabeza.

-Cuando me dieron a elegir idiomas para aprender en la academia, el último que nos recomendaron aprender fue el eslovaco y el checo porque "casi nadie los hablaba". Hoy me arrepiento de haberles hecho caso.- ambos jóvenes miraron con rareza la carta y parecían completamente perdidos. El local estaba lleno, por lo que poco podían hacer para llamar la atención de la mesera eslovaca. Parecía que morirían de hambre allí, cuando un joven se les acercó.

-Parece que tienen problemas con el idioma.- dice en un perfecto alemán de marcado acento checo.

-Ja... Wir sprachen keine Cseckisch oder Slovakisch.- dice casi en un lamento la joven.

-Kein Problem. Yo me encargo.- tras hacer una señal y decir unas palabras, la camarera se acerca. El joven les pregunta.- ¿Que desean pedir?

-Pues... no conocemos mucho de la gastronomía eslovaca ¿Que nos recomienda?

-Ich? bueno ¿Por dónde empiezo? Pueden pedir Kapor so zemiakovým šalátom, que es básicamente pescado y ensalada de papas, Granadír que es pasta con patatas, Bryndzové halušky que es albóndigas hervidas con masa de patatas y queso de cabra. Ahora, si lo que quieren es sopas, les recomiendo el Gulash o la Kapustnica, aquí las cocinan de maravilla.- los agentes, ahora más informados, no se toman mucho tiempo.

- Kapor so zemiakovým šalátom.- dice Eadoaín

-Bryndzové halušky... y dos cervezas, bitte.

-Que sean tres.- dice el joven tomando su silla y sentandose con la pareja.- ¿No les importa, cierto?

-Claro que no, es más, le estamos agradecidos... Herr...

-Libur Moldauer.

-¿Alemán o checo?

-Mi padre es alemán, pero mi madre es checa. Tras el fin del Reich mi hogar ahora es parte de Checoslovaquia, por lo que no paso mucho tiempo allí.

-Entonces, Herr Moldauer, usted vive en Weimar ¿Cierto?

-En efecto. Tras la guerra me mudé a Kiel, donde tengo a mi familia.

-¿Y qué hace aquí?

-Visito a mi familia. Mi madre es checa, pero mi abuela eslovaca, por lo que estoy aquí de camino a Banská Bystrica. Para mañana ya no me verán por estos lares.

-Una pena, nos serviría mucho tenerlo por aquí.

-Cierto, no terminamos de aprender el idioma y aún tenemos mucho que hacer aquí en Checoslovaquia.

-Lo que por cierto, me da algo de curiosidad ¿Cuáles son sus asuntos en este pueblo? Prácticamente lo único interesante que se puede ver aquí son las ruinas del castillo.

-Pues... estamos igual que usted: solo de paso. El siguiente paso ha de ser Bratislava ¿No, Manuel?- le dice ella inventando un nombre de la nada.

-Es como Sieglinde dice. En dos días estaremos yéndonos.- en ese momento, la mesera viene con la comida.- Si nos quedamos en este pueblo es solo para esperar que algunos de nuestros compañeros de viaje se repongan, pues han estado mal de salud.

-Oh, ya veo.- durante un tiempo la mesa permanece en silencio pues todos se dedican a comer. El momento es aprovechado por ambos espías para dar ojeadas a la pareja que han ido siguiendo: ambos hablan en un alemán muy fluido, pero no lo suficientemente alto como para que los escuchen. Al poco rato, llegan las cervezas y ambos comensales las sujetan, dispuestos a calmar su sed. Libur alza su vaso.- Prost!

-Prost!- dicen ambos alzando los vasos y bebiendo. Tras un largo trago, ambos dejan la bebida sobre la mesa.

-Delicioso.- dice la Eadoaín.- Herr Moldenauer, este lugar es muy concurrido por alemanes ¿no?

-¿Le parece? Creo que solo nosotros tres somos de allí ¿no?

-¿Ha escuchado a esos dos de la mesa de atrás, la que está pegada a la pared?- Libur echa una rápida mirada y vuelve a ver a sus acompañantes.- Sí ellos: son alemanes al parecer.

-Oh, wunderwar! Parece que no estarán tan solos una vez que yo me vaya ¿no lo creen? Sería bueno que les hablen, no vaya a ser que se retiren.

-Nah, déjalo así. A lo mejor son viajeros como nosotros, seguro que no quieren que se metan en sus asuntos.

-Probablemente, pero creo que no perdemos nada... ah, no espera, parece que van a retirarse.- efectivamente, era tal como decía Libur: la pareja se estaba yendo.- Bueno, supongo que deberán esperar a una nueva...- antes de que pudiera terminar la frase, ambos habían acabado de comer y tomaban sus cervezas como si el tiempo fuera oro.- guau, parece que sí tenían hambre ¿No quieren otra cerveza? Yo invito.

-Eh... no, gracias por la oferta, Libur, pero tenemos que irnos.- al ver que Alphonse y Margaret estaban por salir, la pareja de agentes se dirige a seguirles, pero Libur toma la muñeca de Fearghus para detenerles.

-¿Van tras esos alemanes?- les pregunta con seriedad.- ¿Acaso se trata de criminales? Conozco al comisario de este pueblo, él podría...

-No, no hace falta. Descuida, no se trata de criminales ni nada por el estilo. De hecho, es todo lo contrario: el gobierno alemán nos envió a protegerlos de un grupo de sicarios.

-¿En serio? Pues con más razón debería ayudarles...

-No, si se involucran civiles, entonces las cosas se complicarán más. Lo mejor es que no se meta en esto, amigo mío.- le dice Fearghus dándole algunos marcos alemanes.- Danke, für alles. Bis bald!- Libur mira como ambos salen tras la pareja que se fue del restaurante hacía unos minutos y pide una cerveza, la cual le llega casi al instante. Mientras la bebe, piensa un poco en lo que los jóvenes le han explicado.

-Así que un grupo de sicarios ¿eh? Interesante.


Ambos salen detrás de los jóvenes y caminan por varias cuadras, tratando de seguir a quienes se han ido. Margaret y Alphonse, a varios metros de allí, seguían avanzando, casi como si alguien los siguiera, sin detenerse siquiera a saber si ello era cierto o no.

-Fue una buena comida, pero ¿Por qué la prisa?

-¿Eh? Ah, no lo sé. Creí haber pensado que nos estaban observando.

-Quizás te lo tomas muy en serio. Relájate.

-Me es imposible. De aquí a solamente horas volveré a usar algo que no uso desde hace años.

-¿No usaste alquimia hace unas semanas, allá en Dinamarca?

-Sí, pero no alquimia humana.

-¿Cual es la diferencia?

-Una muy grande y simple: que juegas con el alma y el cuerpo de un ser vivo. El resultado puede ser catastrófico.

-¿De veras? ¿Cómo qué?- Alphonse sonríe irónicamente, cosa que le hace recordar a la chica la tragedia que él y su hermano vivieron en carne propia.- Oh, cierto, lo lamento. Debemos pensar una forma de perderlos, por lo menos antes que nos capturen.

-Oh, no lo harán.- dice el joven con calma pero sin dejar de caminar.- Ellos creen que nosotros somos simple carnada, por lo que nos dejaran actuar a nuestras anchas. Eso es lo que me permite ir seguro y pensar que podríamos llevar una cierta ventaja sobre todos ellos.

-Aún así, parece que intentan tener contacto con nosotros. Deberemos ser cuidadosos ¿Habrá que retirarnos de la posada? Creo que podríamos acampar si es solo por esta noche.

-No será necesario, esta noche la pasaremos en...- el súbito alto de Alphonse en sus palabras se debió a la curiosidad que lo embargó.- un momento ¿Tú, acampando?

-Pues, sí... han habido veces en que tuvimos que quedarnos fuera del convento en medio del bosque, yo y mis amigas. Por supuesto, luego la Madre Rozenkrantz nos daba sus mortales sermones de hora y media, pero nadie nos quitaba lo bailado ¿Por qué?

-No... por nada. En fin, volviendo al tema...

-¿Creías que no tenía idea sobre dormir en la intemperie, cierto?

-No, no... - trató de negar el alquimista por un momento, para luego darse por vencido.- bueno, sí.

-Idiota.

-Bien, me lo merezco.


Algunos metros más al norte del pueblo, el campamento oculto e improvisado de Wolfgang Tiergart y sus hombres estaba en completo movimiento. Todos y cada uno de los miembros de la tropa estaban alistando sus armas o preparando las provisiones. No habían fogatas para no llamar la atención. En total no serían más de veinticinco ni menos de quince hombres. El joven Libur llegó a este lugar y buscó con la mirada a Wolfgang, quien se encontraba revisando unos mapas con los oficiales de más alto rango, tratando de predecir el accionar del enemigo. Tras unos segundos, Wolfgang se da cuenta de la llegada del joven oficial y se separa del resto de soldados.

-Espero que traigas buenas noticias.

-Mejores de las que esperaba, Obersturmführer. Estaba almorzando en uno de los bares del pueblo cuando el "alquimista" y su pareja llegaron a hacer lo propio. Mientras los espiaba, escuché a dos extranjeros hablar de ellos y decidí hacerles la conversación. Al ser de los sudetes pude fingir perfectamente el acento checo, por lo que logre engañarlos.

-¿Que has sabido de ellos?

-Dicen ser alemanes, pero a juzgar por la forma en la que expresan números con las manos, está claro que no lo son. Eran una pareja, ambos con un acento alemán muy bien simulado, pero supongo que deben ser ingleses.

-¿Por qué lo crees?

-El hombre era pelirrojo, cosa rara de ver por estos lares.

-Me parece una conclusión poco convincente, pero la consideraré como suficiente.- responde finalmente, tras lo cual vuelve a pensar.- ¿Que fue lo que dijeron?

-Hablaron sobre la confirmación de la identidad de la pareja de forasteros, mencionaron el nombre de Alphonse Elric y Margaret Engel. Hablaban también de los que parecían ser sus acompañantes. No parecen ser un grupo numeroso, escuché siete nombres en la conversación.

-¿Algún ruso?

-No que yo sepa.

-Nunca está demás saber esos detalles o desconfiar de ellos.- Wolfgang vuelve a pensar.- Lo mejor será que vayas al norte y contactes con la gente que viene de los Sudetes, diles que se tomen su tiempo, que traten de arribar a las 4 am del día de mañana.

-¿Por qué tan temprano?

-Por si acaso nos caiga la "lluvia roja" encima.- el joven parece no entender la analogía, pero decide ponerse en marcha.

-Será como ordene, Obersturmfüherer.- el oficial responde al gesto de despedida y vuelve a sumirse en sus pensamientos.

-Todo está saliendo bien, casi como lo he planeado.- tras un rato mira hacia donde se ha ido el joven subordinado.- Los refuerzos están en camino. Mejor estar listos para cuando eso ocurra.


La noche cayó sobre Cachtice algunas horas después. Cuando la luna ya señalaba la media noche se empezó a sentir un aire de agitación en medio del bosque. Sigismund, que acampaba ahora a pocos metros del castillo, sintió que la hora del clímax se acercaba cada vez más y el momento para el que había sido creado estaba a la vuelta de la esquina. A pocos pasos de él, calentándose con la improvisada fogata que había hecho, se hallaba Jenell, quien se encontraba en un estado deplorable: no había podido dormir bien, le dolían los sangrantes pies y no había comido bien en días, lo cual sumado a las caminatas monumentales que había hecho con esa cosa había dado por resultado una gran pérdida de peso. Curiosamente, no es que le faltara comida: de hecho, cada vez que ella necesitaba, Sigismund, luego de dejarla convenientemente atada a un árbol, salía de caza y traía para ella uno o dos conejos, un jabalí e incluso un venado con cuya piel le hizo un abrigo, el mismo con el cual ahora se cubría.

Así pues, lo que en verdad le dolía a la chica eran dos cosas: el estar alejada de su querida madre y su hermana, y el hecho de estar siendo usada para mal de su mentor. La pena y la vergüenza le encogían el corazón y a los pocos bocados solía dejar de comer o guardar la comida para después. A Sigismund, más que triste, le parecía algo curioso y pintoresco, casi como si ella fuese más un perro alejado de su amo que una persona, pero respetaba la pena de la chica. Precisamente, ella le expresó ello por una última vez.

-Sigismund... ¿Hasta cuanto...?- el athanatos, imitando su voz perfectamente, completa su frase.

-"¿...más va a seguir este calvario? ¿Que gana llevándome de un lado para el otro? Yo no sé nada de alquimia y esa clase de co..."- ella pega un grito de indignación, harta de escuchar su voz lastimera en esa cosa que parecía un ser humano.

-SCHNUTZE, ARSCHLOCH! Deja de burlarte de mí, Tier!- las lagrimas que habían salido de sus ojos fueron las primeras que esa criatura no vio a causa del miedo a la muerte, ni por la impotencia de no poder evitarla. Fueron las primeras que vio por pena e impotencia. La chica empezó a llorar, el nudo en la garganta que había acallado por días se había deshecho y ahora se rendía ante la pena, la impotencia y el dolor de estar alejada de sus seres queridos. Comienza a decir sus nombres y llamar por su madre y su mentor. Sigismund parece no entender el significado de tanto escándalo, pero sabe que no pude dejarla hacer ruido. Sin embargo, para hacer silencio no tira del hilo que ella tiene en su cuello y, así, decapitarla. Siente que en esa expresión de pena hay más de una cosa que él no entiende. Se acerca a ella y usa el hilo que tiene alrededor de su cuello para que levante la mirada hacia él. Ella lo ve y empieza a sentir miedo, pero él la tranquiliza.

-¿Puedes dejar de llorar?- pregunta fríamente, lo cual hace que sus lagrimas dejen de salir, casi como si se congelaran en sus ojos.- ¿Deseas marcharte?- ella asiente.- No durará mucho, chica. En tres horas todo acabará y tu, si sobrevives a lo que suceda, podrás volver con tus seres amados.- ella deja de llorar, casi como si un halito de esperanza cayera sobre ella por esas palabras que había mencionado el inmortal.- Y si lo que quieres es una compensación, entonces...- dicho esto se hace un corte en la mano, del cual empieza a manar materia viva, la que al caer sobre su otra palma se transforma en varias pepitas de oro. La chica no puede creer que la sangre de esa cosa esté transformándose en ese bello metal. Una vez tiene un puñado del metal en su mano, deja de recibir la materia que sale de su sangre y le ofrece el oro a la chica. Esta lo recibe, lo toca, lo huele e incluso muerde alguna de las pepitas, sintiendo la pureza del metal y su autenticidad. Estaba fascinada...

-¿Cómo?... ¿Cómo pudiste hacer esto?

-¿Porque puedo? Es algo de lo mucho que puedo hacer. Claro, tu mentor y sus amigos prefieren que haga pedazos a cientos de miles de soldados enemigos... pero, oye, no los culpo. Después de todo, para eso fui creado. Soy una máquina de matar.

-¿Qué clase de monstruo eres? Eres una máquina de matar, pero actúas demasiado humanamente, eres demasiado inteligente como para ser un ser sin conciencia y sediento de sangre ¿Qué es lo que quieres?

-Saber quién soy. Simplemente eso.

-¿Que no lo acabas de decir? Eres una...

-Sí, sé lo que dije. Pero eso no es lo que soy, sino la razón de mi existir ¿Cual es mi identidad? ¿Cuál es mi origen? ¿De donde nací? ¿Los pedazos de quienes me componen? Son cosas que tengo muy dispersas dentro de mi... y solo hay una persona con la que comparto sangre en este mundo y es la única que puede calmar este deseo de poder entenderme a mí mismo.- la chica mira al "hombre" de manera incrédula. La criatura parece percatarse de ello y señala nuevamente su palma con la uña.- ¿Quieres más?

- ¿Qué? ¿Parece que quiero más de tu oro?

-Tus pulsaciones sobre mi filamento han sido de mucho agrado al momento que te hice la pregunta.- la chica se pone roja como un tomate al sentirse descubierta. Finalmente, junta sus dos manos y las estira hacia el athanatos.- Bitte... dame más oro.- el inmortal sonríe: aprendió que la voluntad humana es endeble a cosas menos abstractas que las pasiones.


Eran la 2:00 am y Alphonse ya se encontraba despierto. Había dormido desde las 9:30 de la noche. Ahora, con las energías recargadas, veía la imagen de la chica que lo había acompañado desde hacía varias semanas hasta este lugar, dominado por las ruinas de un castillo maldito y olvidado por su historia y su propia gente. Sabía que sin ella Sigismund no vendría. No podía dejarla dormir tranquilamente, como había estado haciendo desde hace horas. No le tomó mucho tiempo de meditación el entender, tras pensarlo por otras tantas horas, que ella era la clave para acabar con todo y que precisamente era ella la que podría desatar el fin del mundo si dejaba que esa cosa le pusiera un dedo encima. La zarandeó por un minuto, esperando que despertara, para luego volver a hacerlo. La única respuesta que recibió de ella fueron sus ojos pardos entreabiertos, mirando su silueta, tras lo cual, con una sonrisa cancina, solo dijo...

-Aún es de noche, despiértame cuando amanezca.- Alphonse sintió un pequeño ataque de culpa, pero también pensó que era la faceta más adorable de la chica que hubiera podido ver jamás. Decidió tomar una táctica más convincente. Lentamente se acercó a su oreja y comenzó a susurrar en su oído.

-No sabía que fueras capaz de hacer una cara de dormilona tan adorable.- algo en ella reaccionó entonces por instinto: sus ojos se abrieron como si hubiera sentido el picar de una abeja y la cabeza se elevó a tanta velocidad que su oreja impactó contra la cara de Alphonse, haciendo que se fuera para atrás y que la chica se retorciera por un momento por el golpe que acababa de sentir.

-¡Dios! ¿Co-como que cara de dormilona? ¿Adorable? Oh, vamos, tengo veinte años ¿Como podría serlo?

-Bueno, hay mujeres sensuales y otras adorables, así que...

-¿Insinúas que soy poco sensual?- le dice sentándose sobre la cama. Con el movimiento, el hombro de su camisón se corre, quedando esta parte de su cuerpo al descubierto. Alphonse la mira... pero no puede más que pensar que, pese a su reclamo en esa posición tan sugerente, sigue pareciendo más una niña que una mujer.

-Jajajaja... No, no, para nada. Tienes tus puntos fuertes, Margaret.- el alquimista pone en su lugar esa parte del camisón que se había corrido.- Descuida: cuando todo esto acabe, estoy seguro que encontrarás a alguien que pueda quererte tanto...- la voz del chico se calla de súbito.

-¿Como quien?- Era verdad: ahora que lo pensaba, nadie había querido a Margaret de "esa" manera. No era el amor que le tiene un hermano a una hermana, ni el cariño amical que tienen dos personas que no ven en la otra un atractivo sexual. Definitivamente, ese tipo de "amor" era algo que Margaret no conocía.

-Como un hombre quiere a una mujer, Margaret.- dice para tratar de cerrar la puerta que el mismo había abierto... pero resulta que es muy tarde para lograrlo.

-¿Como tú me quieres a mi?- la pregunta le tomó por sorpresa.- ¿Eso es lo que querías decir?- pregunta nuevamente mientras se quita el camisón, quedando la piel expuesta: los pechos al aire, únicamente la entrepierna cubierta por la ropa interior, todo siendo iluminado por la luz de la luna y las estrellas. Había estado tan acostumbrada a desnudarse delante de él que ya no sentía vergüenza alguna de tener que vestirse frente a sus ojos. Ella se quedó un rato mirando su expresión, para luego seguir vistiéndose.- No sé qué ocurrirá más adelante, Alphonse. No tengo idea si sobrevivimos, ni que será de nosotros si lo hacemos.- en ese momento se pone el pantalón y las botas, para luego abrocharse la blusa y ponerse una chompa encima.- Pero quiero decirte que ha sido un enorme gusto haber viajado contigo: a tu lado he visto lugares que no hubiera podido ver jamás, he entendido más cosas de las que hubiera aprendido dentro de la biblioteca del convento... todas estas memorias estarán siempre conmigo, en mi corazón.-le dice mientras lo abraza.- Gracias... mi hermano no falló en haberte elegido.- Alphonse sintió como si una corriente extraña le recorriera la piel y se expandiera hasta sus cabellos. Respondió al abrazo con una fuerza tal que temió por poco ahogar a la chica.- Oye...¿y no podríamos buscar otro lugar maldito para intentar exorcizar a "mi hermano"?- Este comentario logró que Alphonse no hiciera otra cosa más que echarse a reír.

-JAJAJA... Ah, vaya forma de arruinar un momento tan tierno. Me gustaría decirte que sí, Margaret, pero me temo que este es el único que, por lo que sabemos, funciona.- se quedan abrazados por un momento más. Mientras él acariciaba sus cabellos, ella suspira con pesadez.- Yo también... me siento infinitamente feliz de haber estado contigo por todo este tiempo. Y pase lo que pase... juro que ambos bajaremos de ese castillo... o yo moriré.- ella lo mira, casi dolorida de escuchar sus palabras y le va a decir que no diga idioteces, pero la seriedad en su rostro es tal que no puede hacer más que lagrimear.- ¿Qué?

-Nada... es solo que...- tras recomponerse, su mirada ya no muestra debilidad alguna.- vamos... no hay que hacerles esperar.


En lo alto del Castillo Cachtice, la media luna brillaba rodeada de estrellas e iluminaba el panorama por varios kilómetros a la redonda. Eran ya las 2:45 y Alphonse y Margaret ya se encontraban en el lugar, parados sobre donde debería estar el circulo de transmutación. El nerviosismo de Alphonse podía sentirse en una leve sudoración de su mano, la cual Margaret se encargó de reprimir, tomándola fuertemente.

-Ya hiciste esto antes ¿No es así?- Alphonse asiente.- No deberías temer entonces...

-Creo que ya dije cual es mi mayor preocupación ¿cierto?- tras unos minutos el viento parece reaccionar ante otra presencia: a pocos metros de ellos, subiendo por el difícil terreno, se aproximaban Sigismund y su prisionera.- ya están aquí.- No necesitaron esperar mucho tiempo para poder verse las caras: en menos de nada, ambas parejas estaban en el mismo nivel del castillo. El Athanatos avanzó lentamente hasta quedar a una distancia considerable de Alphonse.

-¿En serio esperas que me acerque tanto, Alphonse Elric?- el alquimista pareció divertido ante el saludo.

-Oh... aprendiste a hablar, Sigismund Kroenen. Has ido evolucionando con el tiempo como me temía ¿Como nos encontraste, por cierto?

-Cortesía de tu hermano.- Alphonse desenfunda su pistola y le pega un tiro entre los ojos, el cual rebota sobre la dura piel del inmortal.- supuse que harías eso, tuve tiempo de prepararme.

-Disculpa, perdí la compostura.- le dijo sin dejar de perder la sonrisa.- En fin, supongo que podemos continuar con las preguntas ¿cierto?

-Adelante...

-Eres un ser inmortal, tienes poderes increibles y puedes aniquilar casi cualquier cosa si lo deseas... es decir, eres tal y como te crearon. La pregunta es ¿Qué es lo que quieres de Margaret? ¿No estás ya completo ahora?- Sigismund esbozó una media sonrisa.

-¿Quieres saber qué es lo que quiero de ella? Bien, no te va a gustar escucharlo, pero así es como será.- dice mientras se acerca más hacia Alphonse.- Necesito consumirla a ella: es su sangre la misma que la de la única persona que contribuyó a mi creación; esta misma me permitirá estar completo, evitará que mi propio poder me consuma y me devuelva nuevamente a la locura.

-¿Cómo?

-Sifridus no me creo perfectamente. El plan era que yo consumiera Johannes o que él lo hiciera, pero tal parece que las cosas no se dieron de esa forma y me tuvo que enviar hasta aquí, así, incompleto.

-Eso explica porque vas con una rehén a cuestas ¿Para qué traes a una mortal aquí?

-Es en caso que intenten interrumpirnos. Debido a "ciertas circunstancias", tengo que traer algo que evite que los demás invitados interrumpan nuestro...- el inmortal se detiene en seco tras avanzar unos pasos. Mira a Alphonse con cierta cólera.- Muy astuto. Colocar un circulo de transmutación cerca bajo usted, realmente me debilita.

-Debiste haberlo sospechado. Pero es raro ¿Debilitarte? ¿Pensé que solo no podrías usar alquimia?

-Supongo que eso es bueno para los que vendrán ahora.

-¿Quienes?- casi inmediatamente se hacen presente en el lugar, encabezados por Elizabeth, el grupo de agentes, listos para hacer frente a la criatura.

-Creo que se refiere a nosotros.- dijo la galesa, mirando con curiosidad al inmortal y a su rehen.- Buenos días, damas y caballeros... o caballero, debería decir, considerando la naturaleza de esa cosa que tiene al frente. Ahora, si me permite...- antes que pudiera continuar, Alphonse hace una pregunta a la mujer, quien tenía un rídiculo parecido con Riza Hawkeye.

-¿Ustedes también se conocen en este lugar?- decía señalando a los miembros de la compañía entre si.

-Eh... pues... sí ¿no? ¿Sino como creen que estaríamos todos juntos?

-No, no, olviden eso, fue un arranque de estupidez. En fin ¿Como nos encontraron y quien les dijo mi nombre?

-Su hermano, por supuesto. No fue fácil hacerlo hablar... pero tras ponerlo entre las cuerdas a él y a su familia lo hizo fácilmente.- Alphonse sintió un arranque de cólera al escuchar las palabras de la mujer y aunque era la viva imagen de Riza Hawkeye la que tenía enfrente, no vaciló ni un segundo en sacar la pistola y apuntar, sin poder dispararle porque los acompañantes de la mujer también desenfundaron y amenazaron con hacerlo queso suizo si no dejaba el arma.- Por favor, no intente lo mismo que con el monstruo: a diferencia de él, yo no puedo revivir.

-No se diferencia mucho de esa cosa si considera meterse con una mujer y dos niños pequeños.- insistió tratando de mantener la sonrisa sarcástica.

-Todo sea por el bien de nuestra misión: la seguridad y supremacía del Imperio Británico y sus aliados.- Roy pareció reaccionar a esto, pero decidió seguir manteniendo el juego, junto con los alemanes, quienes también reaccionaron con sorpresa.- Es por ello que, en nombre de Su Majestad, George V, por la gracia de Dios, del Reino Unido, Irlanda y los dominios británicos de ultramar, defensor de la fe, Emperador de la India, reclamo el requisamiento de esta arma, al considerarse como una violación a los Tratados de Paz de Versalles.- en ese momento la cosa quedó clara para Roy y los alemanes: debían hacer algo.

-Frau Angaharad! ¿Creí que esto se trataba de destruir a esa cosa? ¡No de domarla!- al pronunciar estas palabras, Fearghus y Honoré se voltean a apuntar a ambos alemanes. Roy apunta al escocés y al francés, mientras que Elizabeth, Eadoaín, Joffrey y Malcolm siguen apuntando a Alphonse y compañía.- ¿¡Qué significa esto!?

-Lo que ven, Männer. Sé que parece una traición, pero no lo es: es meramente seguir las órdenes de la Sociedad de Naciones, o por lo menos lo que los embajadores de las nuestras, las naciones vencedoras, han decidido hacer con esto.

-¡Esto es una locura!- dice Roy, pero Malcolm lo obliga a callarse.

-Primero, deja de decir estupideces, Roy. Segundo, baja tu arma, de nada te sirve tenerla: le quité las balas antes de salir del hotel.

-Malcolm, hijo de... ¿No ves que nada puede domar a esa cosa?

-Ordenes son ordenes, fellow.- Roy, frustrado y enojado como nunca, baja el arma. Alphonse vuelve a hablar en ese momento.

-Pues a menos que veas cómo sacarlo de este círculo y evitar que los rebane en pedazos, les sugiero que dejen sus ridículos juegos y se larguen.- Elizabeth es ahora la que apunta con la pistola a Alphonse y le pide que baje el arma. El Elric hace caso y Riza comienza a acercarse.

-Para eso tenemos esta droga.- dice sosteniendo un frasquito.- penetra por la piel y por los ojos. El ser se paraliza y cae como un dado por cerca de dos días con esta pequeña dosis. Por supuesto, a los humanos los mata, así que sugiero que tú y tu novia se vayan antes de que termine por faltar a mi palabra a tu hermano y no salgas vivo de esta.

-Pues, yo me iría... pero esa cosa tiene una rehén ¿no lo ven?- Elizabeth repara en la presencia de la aterrada Jenell Merowinger, quien no puede dejar de estar quieta como una roca. El brillo de la luna reveló el filamento que tenía atado al cuello. Hubiera hecho algo por ella, pero primero decidió jugar una carta muy arriesgada.

-Eres del partido Nazi ¿Cierto?- la chica sintió un escalofrío al escuchar esa pregunta y Elizabeth supo que había atinado.- Ya veo... entonces no hay necesidad de preocuparse: morirás de todos modos.- Roy intenta avanzar hacia la chica y hacerl entrar en razón, pero su paso es cortado por Malcolm.

-¡Espera! ¿Como vas a matarla así? ¡Será nazi pero sigue siendo una civil!- Armstark se une al reclamo casi inmediatamente.

Herr Hungenford tiene razón! Ella es una ciudadana del Imperio Alemán ¡No puede...!- Riza lo interrumpe sin dilaciones, pero mostrando algo de irritación.

-Nos dieron licencia para matar a todo aquel que se oponga a esta misión: es decir, si es necesario podemos acabar con ustedes tres si vuelven a decir una sola palabra.

-¡Pero yo no dije nada!- Dice Schneider.

-SHUT UP!- grita Elizabeth finalmente.- me están irritando con sus estupideces. Pero bien, tendré piedad de ella...- dice apuntándole con la pistola.- será un único tiro en el corazón algo mejor que agonizar envenenada por una droga.- Jenell empezó a temblar, casi de manera compulsiva. Lloraba, pues había escuchado en el tono de Elizabeth la decisión de una asesina profesional, por lo que sabía que esos serían sus últimos gloriosos momentos sobre este mundo. A veces se preguntaría, en el futuro, si no hubiese sido mejor morir allí mismo y evitar ver todo lo que el futuro le depararía... y digo esto porque fue el rumor de las hojas el que llamó la atención Alphonse, quien gritó, en ese momento y por puro instinto.

-¡Al suelo!- Roy no perdió el tiempo: esquivando a todos sus captores se tiró sobre Elizabeth, haciéndola caer al suelo antes de que el tiro del rifle Mossin Nagant le diera de lleno en la cabeza... y, en su lugar, impactó en el brazo de Etaín, quien pegó un pequeño grito antes de caer de rodillas por el dolor, ante la impotente mirada de Fearghus.

-¡EAODAIN!-gritó finalmente.-¿¡Quién fue el bastardo!?- a los pocos segundos salió la viva imagen de Tristan Wiells de entre los árboles, cosa que a Alphonse le parecía una broma pesada.- ¡Tú!

- ¿Yo? Oh, no... yo solo di las ordenes. El francotirador está justo aquí...- a los pocos segundos, se le sumó aquel que los agentes habían conocido como Libur Moldenauer.- cabe decir que si tratan de matarlo, los otros quince los cocerán a tiros.- Fearghus muestra la rabia y frustración en su rostro, mientras Sigismund no hace más que sonreír.

-Viniste, Jäger. La pregunta es: Für mich oder für deine Fräulein?

-Por los dos, evidentemente.- luego, dirigiéndose a Alphonse, hace una pequeña reverencia.- Es un honor conocer a un habitante del mágico mundo de Shamballa, Herr Elric. Los conocimientos que nos dejó Herr Kroenen sobre la ciencia de su mundo sirvió para poder crear la barrera que ha suprimido los poderes de la criatura.- Alphonse entonces se da cuenta el porqué el Circulo de Transmutación había funcionado demasiado bien: cerca de allí, unas piedras talladas emitían un pequeño resplandor rojizo, amplificaban el campo de supresión. No había duda que mientras todos hablaban los Nazis las activaron usando sangre de muestra que habían extraído de Sigismund en su tiempo de cautiverio.- Ahora, en nombre del próximo Taunsendjäriges Reich, reclamo de vuelta a nuestra arma secreta: al primer y verdadero Ario.


Y así acaba el penúltimo capítulo. La tardanza ha sido bastante más larga de lo esperada: el nuevo trabajo y otros deberes me han mantenido ocupado, espero sepan disculparme. Y bueno, esta historia está por acabarse. El próximo capítulo es el final y a eso le seguirá un epílogo, como siempre. Solo pido un poco más de paciencia, ya no falta mucho. Gracias por leer, espero no demorar mucho por lo que queda. Les dejo un Omake.


Omake:

Mientras que estas cosas pasaban en este mundo, del otro lado de la puerta las cosas no parecían ser tan buenas. En el patio de la casa en la que solían vivir los Elric se practicaba un ritual extraño: Johannes se encontraba echado sobre una manta, la cual estaba sobre un circulo de transmutación idéntico al que él tenía en las manos. A su alrededor, Arzu, Jane y Haus, miraban como sus síntomas no parecían cambiar.

-¿Dices que el problema no está dentro de él?

-Así es: parece que él está canalizando energías provenientes de otro lugar ¿Cual? No puedo decirlo con exactitud: el más allá, otro mundo, quizá aquel a donde han ido a parar los Elric. No lo sé.- Johannes estaba conciente, tranquilo, aunque algo asustado por el repentino color nublado del cielo, casi como temiendo que le caiga un rayo.

-No sé cómo es que no he cogido fuerzas para largarme de aquí.

-Tranquilo, no te transmutaremos.

-Entonces ¿Qué haremos...?- Arzu toma una silla desplegable y se sienta al lado del joven.

-Pues... no nos queda más que simplemente esperar.- el cielo nublado no parece presagiar nada bueno, pero Jane y Haus consideran que la decisión de la alquimista albina es la correcta, por lo que la imitan, salvo Jane, quien se sienta sobre la hierba, al lado de su prometido.

-Podría ser peligroso.- ella sonríe ante la insistencia del joven.

-¿Y crees que por eso me separaré de ti?- él sonríe y vuelve a mirar al cielo.

-Gracias...