Dos años de hiatus, explicaciones al final, cientos de miles de disculpas por la demora... les dejo el último capitulo.


Disclaimer:Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa


Capítulo Final: Wir sind allein (Estamos solos)

Todos los presentes contemplaban, pasmados, a Wolfgang Tiergart, quien no tardó en desviar su mirada hacia Jenell, tras lo cual le habló al monstruo que la tenía secuestrada.

-Ya estás donde querías y deberías estar, Sigismund ¿Qué sentido tiene exponer la vida de esa chica?

-Quizás la garantía de que no interferirás.- respondió con simpleza el aludido.

-Con o sin ella, sabes que eso es imposible: tras tu vida van más personas que yo ¿O acaso no me permitirás unirme a la fiesta?- Sigismund mira a Wolfgang y luego mira a Jenell. Tras dos segundos de pensar las cosas, decide soltar a la chica.

-Eres libre, fräulein. Fue divertido. Algo me dice que no volveremos a vernos mientras vivas.- ella, sin decir palabra, se aleja, sintiendo que el filamento ya no está atado a su cuello. Aliviada y emocionada, va a abrazar a su mentor. No puede evitar soltar algunas lagrimas de alivio. Wolfgang responde al abrazo, sin dejar de sostener la pistola con la que apunta a sus prisioneros.

-Bien. Ahora que estamos como debimos estar siempre, es hora de acabar con todos ustedes.- los alemanes vuelven a apuntar, con excepción de Hans y Siegfried, quienes salen en defensa de los extranjeros.

-Espera, Tiergart.- grita Hans.- Espías o no, dentro de este grupo hay gente emparentada con la nobleza británica ¡Matarlos sería un desafío directo a las Grandes Potencias!

-¡Mejor! ¡Se lo merecen! ¿O acaso está de su lado, Herr Armstark? ¿Cree que está bien que tengamos que sufrir nosotros por todo lo ocurrido? ¿Acaso estuvo bien que retuvieran a ciudadanos alemanes y los obligaran a delatar la posición de su hermano?- Hans se muerde el labio inferior y Siegfried, aunque no muestra señal de enojo, solo puede apretar los puños por la impotencia. Alphonse, aunque contrariado por defender a los que amenazaron a su hermano, decide intervenir también.

-Si sabe lo que le conviene, no matará a estas personas...- Wolfgang voltea para verlo y, sonriéndole, le dice...

-Herr Elric, usted es una persona importante para nosotros, por lo que le pediré que se quede fuera de esto. Caso contrario, tendré que acabar con usted también.- la fría respuesta dejó sin argumentos a Alphonse.- En fin, ha sido divertido, pero es hora de volver a casa, Sigismund.- el alemán hace una señal hacia los agentes, quienes pueden sentir como son apuntados por distintos cañones a través de los derruidos muros y la oscuridad noche.- Despídete de tus amigos.- Entonces comenzaron a resonar disparos desde varias direcciones distintas, todas ajenas a las armas alemanas.- ¿Qué está pasando?

-Oberscharführer, una fuerza de choque está atacando a las tropas de la entrada principal. Parecen milicianos.

-Conténganlos mientras puedan, necesitamos usar el éter de estasis antes que lleguen ¿Cuanto podrían contenerlos?

-Lo suficiente para q...- la bala que llegó desde un costado y le atravesó la sien al soldado hizo reaccionar a Wolfgang para que empezará a disparar hacia donde vino el disparo.

-Maldición...

-Oberscharführer! ¡Tropas enemigas por el ala oeste del castillo!- le comunica Libur Moldenauer mientras continúa disparando.- Al parecer son Bolcheviques.- Tiergart voltea hacia donde están los agentes, los cuales ya se han puesto a cubierto y empiezan a disparar contra él. De no haberse resguardado tras los restos de un muro, lo hubieran convertido en una coladera humana en ese mismo instante.

-Ya veo... pactaron con los comunistas.- dice en voz alta. Jenell, quien lo había seguido hasta donde se encontraba guarnecido, le comento.

-Wolfgang, debemos retirarnos. No aguantaremos mucho tiempo ¿Qué se supone que hacemos aguantando en una situación tan desfavorable?

-Refuerzos ¡Moldenauer! ¿Donde están esos malditos checos?

-No deben estar a mucho tiempo de aquí.

-Manda a alguien a por ellos, diles que aparezcan por el ala oeste.- tras ordenar ello, Tiergart decide hacer caso a la chica.- Toquemos retirada.- Moldenauer le toma la palabra y grita a vivo pulmón.

-¡Repliéguense!- los alemanes siguen disparando mientras salen por el ala norte y este del castillo.-¡Fuego de cobertura y retirada!- los alemanes hacen caso, mientras los rusos van apareciendo cada vez más a través de las espesas arboledas. Entre ellos están Konstantin, Serguei e Izyaslava. Elizabeth sonríe ante su aparición.

-¡Bien! Ya empezaba a preocuparme por su demora.

-No tenía porque, miss Angharad. Tender una emboscada y conseguir los hombres suficientes para hacerlo siempre toma algo de tiempo.

-Has traído muchos. Más que suficientes diría yo ¿Nos ayudaran a llevárnoslo a London? Tu familia espera por tu retorno allá: han sido notificados de tu situación y, por lo que sé, han comenzado a mover sus contactos para...-a una señal de la mano de Konstantin, la chica interrumpe su línea.

-Creo que eso ya no será necesario, Srta. Angharad. Las cosas tomarán otro rumbo.- Los agentes quedan consternados con la respuesta, sobretodo Elizabeth, quien no puede sino mantener su sonrisa para disimular su incredulidad.

-¿Qué? Espera, teníamos un trato.- Konstantin mira a la chica y luego a Serguei, quién le pregunta en ruso de que se supone que estaban hablando. Konstya le explica todo a su superior y este, poniendo una expresión de alivio, le da unas palmadas en el hombro, señal inequívoca de felicitación. Roy por un momento pensó que a Elizabeth la habían timado de la manera más estúpida posible; sin embargo, recordaba la credibilidad del rostro del chico cuando le hablaron de su familia ¿Acaso aquello no fue sino una mera, pero espectacular, actuación? Ahora, es Serguei el que habla en un inglés masticado

-Ah, eso... pues, fuimos aforrtunados te encontraran a ti, Konstya. Si fuera otro segurramente lo hubieran convencido.- el mismo pensamiento que rondaba por la cabeza de Roy empezó a aflorar en la de Elizabeth, quien ya no pudo contener su consternación y habló al ruso de mayor edad.

-¿Qué? ¿De qué demonios está...?- antes que Elizabeth pueda seguir hablando, Serguei le pega un tiro en el brazo. Elizabeth cae, presa del dolor.

-Konstantin, ve vigila flanco oeste, quizá nazis deben estarr por llegarr.- el joven asiente y se aleja del lugar.- Bien, ahorra que no está podemos hablarr tranquilamente.- Elizabeth, pese a que se moría de dolor por el disparo recibido, le sonríe a su atacante.

-Vaya esbirro te has conseguido. Dime ¿Qué se siente tener bajo tu protección a una de esas ratas que vivía bien mientras tú te morías de hambre? ¿A uno de esos que era alguien solo por ser "hijo de fulano de tal" y no se hizo a través de sacrificios y fuerza bruta?- Serguei la mira seriamente, pero luego le devuelve la misma sonrisa jocosa.

-No tiene porr qué molestarse en intentar manipularrme: lo he sabido todo este tiempo. De hecho, no es el único hijo de familia rica que he tenido bajo mi cuidado.

-¿Qué?- el ruso parece divertido por la cara incrédula de la inglesa.

-Son parrte de un proyecto perrsonal, uno que hoy ha demostrraado éxito.- todos se quedan mirando extrañados a aquel hombre, preguntándose qué significaba aquello que había dicho, pero fue únicamente Elizabeth la que entendió todo.

-Ya veo... entonces todo fue un desperdicio de tiempo y recursos. Desde que lo contactamos sabías que es lo que le íbamos a ofrecer.- Serguei sonrió de una forma que hasta Izyaslava sintió escalofríos de tan solo verle. Parecía que iba a decir todo aquello que había vivido Konstantin durante sus días en "la Institución"... pero se contuvo.

-Así es... pero ya habrrá otro momento hablar de ello.- Elizabeth no iba a dejar ir aquella explicación e insistió.

-Solo quisiera que nos aclarara una cosa ¿De qué forma logró tener resultados tan efectivos?- el ruso, finalmente, cedió ante la pregunta.

-Compañía y aislamiento, todo de forrma constante y repetitiva, entre otras cosas... es todo cuanto puedo revelarle.- Izyaslava pareció entender un poco el porqué de la expresión de la inglesa, pero sabía que no podía dudar de sus líderes. Era algo prohibido para cualquiera que quisiera vivir bien en la Unión Soviética. Serguei continuó, ahora dando órdenes a los hombres en ruso.- Usaremos la fórmula del éter de estasis que les robamos a los alemanes. Se lo administraremos hasta que quede inconsciente y nos lo llevaremos.

-¿Qué hacemos con esos dos?- el ruso mira a Alphonse y Margaret, ante lo cual les apunta con la pistola y les dice en alemán más fluido, pero con un inconfundible acento de los Urales.

-Tienen diez segundos para largarse o morir.- Margaret se pone de pie, sin dejar de alzar las manos, dispuesta a alejarse, pero no así Alphonse, quien sigue pegado al suelo, con las manos sobre el mismo.-¡Oye! ¿Qué no escuchaste?

-¡Alphonse! ¿Qué estás haciendo?

-Por favor, no le haga nada a ella, que no tiene que ver en esto.- ruega el Elric.

-¿Y tú sí tienes algo que ver?

-Vengo del mundo donde se creó esta cosa. Sé cómo crearla, controlarla... y también como destruirla.- Los rusos parecen sorprendidos. El mismo Serguei parece haber sido tomado por sorpresa, pero retoma su fría compostura.

-Ya veo... razón mayor para que mueras.- le dice mientras le apunta, pero antes que pueda hacerlo los disparos vuelven a resonar por ambos flancos del castillo. Varios rusos caen muertos y resuenan varias órdenes en alemán.

-Da ist die Fein!- se escuchaba entre el sonido de las balas volando.

-¡Han vuelto! ¡Mantengan la posición!- los agentes aprovechan y disparan a ambos bandos, cubriéndose detrás de una derruida muralla. Una de las balas hace saltar la pistola de Serguei al impactar en su mano.- ¡Maldición!- pronuncia el ruso al ponerse a cubierto. Izyaslava y Konstantin se le acercan.

-¡Llegaron los checos con más hombres de los que creíamos! No resistiremos mucho tiempo en el flanco oeste.- informa el joven.

-¡El flanco este está mejor, pero necesitamos equilibrar las cosas!

-Movámonos a una posición más alta.- en ese momento mira la estructura alta que aún queda del castillo: estaba en ruinas, pero aún podía servir para cubrirse.- Nos atrincheraremos en la parte alta de las ruinas, allí podremos defendernos mejor.

Mientras todo esto pasaba, en medio del fuego cruzado se encontraban Sigismund, Alphonse y Margaret, todos ellos aún dentro del circulo. Fuera de este, todo era una carnicería. Los agentes, los nazis y los soviéticos se disparaban entre ellos. La criatura miraba entretenida.

-Hermoso ¿Cierto? Todos matándose por el secreto y la fuerza de un arma que ni ellos mismos saben cómo pueden controlar.

-¿Cómo te puede parecer eso hermoso?- pregunta el alquimista.

-¿Cómo no hacerlo? El caos es la principal fuente de vida en la humanidad, aunque ellos lo desconozcan o lo nieguen.- Alphonse finge escucharlo, pero no basta para engañar al inmortal, pues nota como las líneas que yacen debajo de él se van coloreando con la sangre de los muertos en la batalla.- Interesante maniobra la tuya ¿Planeas abrirlo ahora?- el Elric sonríe.

-¿Por qué no? Acabemos con esto de una vez.

-¿Tienes idea de lo que podría pasarles a todos aquellos cuya sangre haya caído en el circulo? Te doy una pista: no quedará ni el polvo de lo que fueron.

-Luego de todo lo que he visto, lo que he vivido y lo que tengo que perder… ¿En serio crees que me importa?- Alphonse entonces decidió que tenía que hacer las cosas rápido. Solo necesitaba un poco de sangre dentro del círculo, cosa que ya tenía en suficientes cantidades. Todo hubiera ido bien si es que Riza y Wolfgang no se hubieran dado cuenta de eso... y ninguno de los dos estaban dispuestos a perder lo que tanto sacrificio les había costado conseguir: desde diferentes ángulos, sacaron sus pistolas y apuntaron.

-No permitiré que esto termine así...- murmuró Riza.

-... definitivamente, no me arrebatarás lo que tanto nos ha costado.- dice Wolfgang también en un susurro, mientras dispara su pistola a la vez que Elizabeth.

Las balas resuenan al salir de las pistolas y Alphonse se detiene en seco cuando ve como todo se torna más oscuro. No era por el impacto de los proyectiles, uno de los cuales fue bloqueado por la mano de Roy Hungerford, que tapó la pistola de la británica al momento que disparó, provocándole una espantosa herida en la mano. La bala que viajó todo su trayecto con destino a acabar con la vida de Alphonse , fue la de Wolfgang... bala que impactó en el pecho de Margaret, quien cayó pesadamente ante la atónita mirada de Alphonse. El inmortal, por su parte, perdió su sonrisa al ver como la chica empezaba a sangrar por el tiro que le había caído pocos metros más abajo de la clavícula.

-¡MARGARET!- Alphonse se apresuró a tomarla en brazos, mientras que el inmortal solo miraba, con los ojos ensombrecidos por sus cabellos, señal inequívoca de que algo terrible se iba a desencadenar por ese tiro. Precisamente Wolfgang iba a lanzar otro disparo, pero su accionar fue detenido cuando Jenell, quien había previsto el desastre, lo jaló de un tirón hacia atrás. A los pocos segundos, un grito de cólera resonó a lo largo y ancho de las ruinas del castillo. Los habitantes de Cachtice no se atrevían a salir a ver qué era lo que ocurría ¿Para qué? Los muertos y los demonios pueden arreglárselas solos. De haber ido, se habrían encontrado con un espectáculo de otro mundo: todos los hombres del lugar que se encontraban combatiendo en un radio cercano a cinco metros del círculo fueron despedazados por los filudos y apenas visibles filamentos.

Comunistas y nazis, alemanes y checos, todos despedazados por una fuerza invisible que se movía con violencia y hacía rebotar las balas de quienes disparaban contra la cosa que provocaba aquello. Wolfgang hubiera terminado como la mitad de sus hombres de no ser por Jenell, quien logró salvarlo a él, pero no a su pistola, la cual se destrozaría en la mano de su mentor. Elizabeth y Roy solo se estaban salvando de morir por una columna que evitaba que los latigazos destructores del inmortal les diera de lleno y sus compañeros se habían alejado lo suficiente como para no estar en la zona de peligro. Alphonse y Margaret seguían dentro del circulo, pero no habían sido afectados por la locura repentina de Sigismund. Alphonse lo vio como una oportunidad, pero tendría que sacar a Margaret de allí.

-Margaret, necesito que salgas del círculo en este instante...

-No te dejaré aquí. Además... ¿Has visto lo que está pasando fuera del círculo? ¡Terminaré hecha pedazos!

-No lo creo.- la chica no puede creer lo que está escuchando.

-¿¡Como que no!? ¿¡No ves como ha reaccionado esa cosa!?

-¡Luego de verte recibir un balazo! ¡Los está matando porque te hicieron daño!- le grita, tras lo cual explica con más calma.- No te matará, Margaret... no lo hará. Parte de él no se lo permite.- ella se queda sin decir nada por un momento, cosa que Alphonse aprovecha para sacarla rápidamente, antes que la sangre que empezaba a manchar su blusa llegara a derramarse en el suelo. Tras hacerlo, vuelve dentro, junto a la bestia.

-¡Hey! ¿¡Qué haces!?

-¡Algo estúpido, quizás!- dice mientras junta sus manos, cosa que llama la atención del alterado athantos, que lo mira con cólera antes de dirigir sobre él todos sus filamentos. Alphonse sintió por un momento como algunos de estos empezaban a rodear su cabeza, listos para hacerla trocitos, cuando hizo impactar sus palmas con el suelo. En ese instante, el inmortal detuvo su movimiento y pareció despertar de esa locura en la que había caído al ver herida a su "hermana". Alphonse parece aliviado, aunque se muestra más bien asombrado al ver la reacción de Sigismund una vez hubo recuperado la cordura.

-Qué hermoso color tiene el suelo.

-¿Eh?- se pregunta el alquimista, quien mira el suelo.- sí, ciertamente.

Era verdad. Un brillo aterradoramente hermoso se apoderó del suelo de las ruinas del castillo de Cachtice y los sobrevivientes de ambos grupos se replegaban al ver que los cadáveres de los suyos eran desintegrados por esa luz que salía del círculo que Alphonse había activado. Wolfgang Tiergart tuvo que ser arrastrado por Jenell y sus pocos hombres para evitar morir desintegrado, mientras Elizabeth y Roy, aprovechando que los filamentos ya no los matarían, tuvieron tiempo de ocultarse tras un muro más alejado mientras las rocas a su alrededor empezaban a pulverizarse. Los únicos que seguían en pie eran Alphonse y Sigismund, quienes se miraban con intensidad, sin poder diferenciar miedo u odio de las miradas el uno del otro. Fuera del circulo y, milagrosamente, sin presentar signos de estar desintegrándose... estaba Margare, presionando fuertemente la herida para evitar terminar como todos los demás.

-Esto es a lo que todo se ha reducido ¿no?- dice Alphonse, casi con hartazgo, como si luchar las batallas finales fuera siempre su trabajo.

-Un monstruo y un loco luchando dentro de un circulo de transmutación activo, rodeados de un montón de lunáticos dispuestos a morir por sus propios países ¡Qué poético!- responde el inmortal.

-Ridículo diría yo. E incluso podría decir que casi suicida.- Sigismund sonríe al escuchar esta aclaración.

-Veo que te diste cuenta que, en su intento por atraparme y sin tenerlo en mente, Wolfgang alteró la estructura de tu circulo, haciéndolo más inestable de lo que ya era.

-El efecto que tiene sigue siendo el mismo: antes de ser alterado por las runas, de activarse, cualquier herida mortal que te hiciera te mataría...

-Pero ahora que las alteraciones lo activaron el efecto es más extremo: si cualquiera de los dos es herido y su sangre alimenta el circulo, esa persona será absorbida y devorada por la puerta ¿Tienes en cuenta ese riesgo?- Alphonse pone su mano sobre el suelo manchado de sangre y, sin la necesidad de hacer un circulo de transmutación ni chocar sus palmas, genera un sable.-

-¡En guardia!- Sigismund hace lo propio, creando él una Zweihänder.

-Prepárate para volver con Johannes... ¡Aunque sea en pedazos vas a llegar!- ambos se lanzan al ataque. Los golpes de cada uno fueron dirigidos a zonas vitales, tratando Alphonse de asestar un golpe directo al cuello luego de evadir el golpe que Sigismund dirigió hacia su cabeza. El inmortal bloqueó el golpe y aprovechó para desestabilizar a Alphonse dirigiéndole una patada en la pierna, la cual logró evadir por poco. Alphonse sonrió.

-Parece que ya no te atreves a recibir golpes personalmente.- El alquimista cargó con una serie de estoques y cortes que iban dirigidos a cualquier parte propensa a sangrar: manos, cuello, cara, orejas... Sigismund bloquea, esquiva y contraataca, hasta cinco veces, solo para recibir la misma cantidad de ataques del Elric en cada ronda. En una de esas rondas de ataques, Alphonse logra poner a Sigismund contra el final del circulo.-"¡Te tengo!".- el estoque va directo hacia la garganta, sin darle al inmortal la posibilidad de bloquear con la espada... por lo que usa su mano desnuda para frenar la espada en seco. Alphonse se dio cuenta, justo antes de que Sigismund le propinara un puñetazo en el estomago, que sus manos no sangraban. Tuvo que cubrirse la boca para evitar que la sangre que escupía cayera sobre el suelo y lo matara.

-Parece que la dureza de mi piel no está relacionada a mi inmortalidad ¿Quien lo creería? Eso significa... que creo que puedo matarte con menos dificultad de la que pensé.- le dice sonriendo y volviendo a sujetar su espada de dos manos.- Vamos ¿Acaso perdiste las ganas de luchar?- Alphonse se limpia la sangre en la camisa y se para a duras penas, pero tras unos segundos está completamente erguido y listo para la pelea.

-Debo admitir que lo único que he perdido han sido mis esperanzas. Sin embargo, eso también ha hecho que pierda el miedo.

La lucha se hizo más encarnizada dentro del círculo. Ambos lanzaban golpes y estocadas que de haber alcanzado a cualquiera de ellos los hubieran desintegrado en un santiamén. El circulo no excedería su radio en dos metros, por lo que escapar uno del otro no era una tarea sencilla. Los demás veían expectantes, sobre todo Margaret que era incapaz de hacer nada hasta que la herida de bala dejara de sangrar y la posibilidad de entrar a ese círculo se convirtiera en su condena.

-Demonios... ¿Qué puedo hacer?- Se preguntaba ella cuando una patada que cae en el estomago de Alphonse hace que este se estremezca y se tape la boca. En esa posición, da un salto hacia el borde del circulo y escupe sangre fuera de él.- ¡Alphonse!

-Eso estuvo cerca.

-¿Pero cuanto más podrás durar así? Estoy dispuesto a darte más golpes en el mismo lugar hasta que tus entrañas estén pulverizadas y vomites el polvo de tus huesos en vez de sangre.

Alphonse se da cuenta que está en problemas: hacer eso una que otra vez no es problema... si no cuentas las hemorragias masivas internas, los huesos astillados clavándose en sus órganos y, sobre todo, el hecho que vomitar una gota de sangre sobre el suelo te convirtiera en nada. Definitivamente no podía permitirse ese riesgo. Debía tomar una acción inmediata... ¿Pero qué? ¡Simplemente no podía hacerle nada a su piel, la cual se veía a través de los girones de su uniforme, el cual se regeneraba lentamente.- "Espera... ¡eso es!"- se dijo así mismo.- "Su ropa se regenera porque, a diferencia de su piel, se puede destruir... pero ¿Por qué? Se supone que las reacciones de alquimia son algo imposible dentro de este círculo salvo por el suelo. Pero, si me pongo a pensar bien en la situación, se supone que su piel también debería ser vulnerable... quizás la posibilidad de poder usar alquimia aquí no sea tan ridícula. Solo necesitaré sangre... mi sangre."- pensaba en esto cuando Sigismund vuelve a lanzar una andanada de golpes y patadas que logra evadir y bloquear con destreza.

-¿Qué haces pensando demasiado? ¿Se te ocurrió algo para matarme antes que yo lo haga?

-Creo que sí ¿Por qué no vienes y lo averiguas?- Sigismund no esperó a nada: en un parpadeo apareció frente a Alphonse y le profirió un poderoso golpe en el estomago. El alquimista se retorció de dolor y solo atino a cubrirse la boca. La sangre quedó sobre sus manos.

-Acepté gustoso tu invitación, pero parece que tú no estás muy dispuesto a recibirme.- le dice mientras prepara su otra mano para golpear la cabeza.- ¡Es el fin!- en ese instante, Alphonse da una palmada y pone sus manos sobre la manga de su enemigo.

-No podría estar más de acuerdo.- le dice mientras una luz azul brilla y la chaqueta de su enemigo se pulveriza. El inmortal se da cuenta de qué es lo que ha hecho su enemigo y se apresura a tratar de matarlo, pero la mano de Alphonse logra detener a la de su rival.- ¡Margaret, dispara!- la chica sabía que el inmortal era inmune a todo, pero decidió confiar en Alphonse y, sacando la pistola que llevaba en el saco, lanzó un único tiro en dirección al pecho. La bala ingresó y la sangre salió rápidamente y empezó a caer hacia el suelo. El sorprendido athanatos miró con incredulidad ambos.

-... ¿C-c-como...?

-Tu ropa, compuesta de "Materia Viva", se regenera. Es entonces que me di cuenta que, para lograr eso, tu piel emana "Materia Viva" y que esta se encuentra exenta de las reglas de intercambio equivalente, razón por la cual tu piel era invulnerable, mas no tu ropa. Lo único que hice fue transmutar la materia en una reacción en cadena para cortar tu invulnerabilidad por un tiempo... lo suficiente como para hacerte una herida.- la sangre del inmortal empieza a salir por el agujero de bala y se dirige al suelo. Sabe que será su fin, pero decide jugar una última carta: la ambición humana.

-¡TIERGART! ¿DEJARÁS QUE TU CREACIÓN DESAPAREZCA DE ESTA FORMA?- grita al alemán que, pese a que se estaba encargando de los soviéticos, había visto la escena. Sin pensarlo, apunta hacia el Elric, pero no puede efectuar el disparo que le mataría pues Roy y Hans aparecen por el otro lado, ofreciendo fuego de cobertura al joven.

-¡Chico, si vas a hacer algo, este es el momento! DESTROY IT!- Alphonse toma confianza, junta las manos y golpea con fuerza en la herida abierta del inmortal: el impacto de las manos hace que las gotas de sangre que se deslizaban lentamente caigan al suelo.

-Es ist das ende...- le dice a Sigismund mientras el resplandor azul aparece tanto sobre el circulo como sobre su piel.- Auf wiedersehen...- el alarido que suelta Sigismund al momento que la transmutación empieza puede oírse a varios metros a la redonda. El resplandor se hace intenso y todos los que se encuentran cerca del circulo, habiendo escuchado la advertencia del monstruo, se alejan cuanto pueden de allí.


Mientras tanto, al otro lado de la puerta, las cosas no podrían haberse mostrado más pintorescas. Las nubes acababan de cubrir todo el cielo y el ataque de Johannes le había llegado hacía ya unos quince minutos. Empezó gritando el nombre de su hermana y siguió con él retorciéndose de un lado a otro, aunque retenido por los filamentos de su prometida para evitar que escape del circulo.

-¿¡Qué demonios está pasando!?- pregunta Jane.

-¡Es una señal!- dice Arzu mientras crea círculos y signos alrededor del circulo principal, sobre el que se encuentra Johannes.- ¡Lo que sea que está afectando a tu prometido está reaccionando y emitiendo señales que son recibidas por él!

-¿Cómo si fuera una radio?- pregunta Haus.

-¡Exacto, anciano!- grita la albina.- ¿Cómo te queda el ojo tras darte cuenta que yo tenía...?- pero Jane no parece estar para bromas.

-¡Arzu!

-Ok, ok, pero la verdad es que no puedo hacer nada. Quizás, nosotros...- en ese instante Johannes lanza un alarido de dolor y el resplandor se hace muchísimo más fuerte.- Oh, mierda...- tras un resplandor que deja a todos enceguecidos, todos los presentes miran al joven.- ¿Pero qué demonios...?- allí está Johannes, los ojos, las marcas de las manos, los ojos y la boca despidiendo un resplandor verdoso, así como retazos de las marcas cuando era un athanatos. Jane se acerca al joven y toma su muñeca. La chica palidece y la angustia domina su rostro cuando mira a sus acompañantes.

-No respira.


Volviendo a este lado del multiverso, el resplandor dentro del Castillo de Cachtice disminuye levemente y los ojos del inmortal toman por breves momentos un color azul verdoso, el cual Alphonse reconoce inmediatamente.

-¡Johannes!- Margaret escucha el nombre y queda estupefacta: el rostro y facciones del inmortal cambiaron ligeramente hasta tornarse un poco más joviales y su cabello empezó a tomar un color parduzco claro en las puntas. En un principio parecía desorientado, pero después, habló.

-¿Alphonse? ... ah, sí, eres tú...- Johannes mira de arriba a abajo al joven.- ¿Has crecido más o es mi imaginación?

-Debes estar bromeando. No creo que haya crecido ni un centímetro desde la última vez.- el inmortal mueve torpemente su cabeza y ojos de un lado a otro, como si buscara más rostros conocidos.

-¿Donde está Edward?

-"Disfrutando" la bendición de la paternidad.- la declaración parece sacar una sonrisa al joven.

-¿Cómo lo está haciendo?

-Mejora con el pasar de los años. Criar gemelos no es tan fácil como parece.- su interlocutor sonríe. Una voz distrae su atención.

-¿Johannes?- preguntó Margaret, haciendo que el aludido voltee.- ¿En verdad eres tú mi hermano?

-Tú eres... Margaret.- ella asiente mientras sonríe, sin poder evitar emocionarse por el encuentro.- Mírate... estás hecha toda una mujer y te recuerdo de cuando mamá te llevaba en brazos... nunca pude tener la oportunidad de hacer lo mismo.

-Estás aquí. Si lo que quieres es que te abrace, entonces...- él niega la oferta.

-Me temo que no soy yo.

-¿Qué?

-Me encuentro del otro lado de esta... puerta.- dice mirando y señalando el circulo de transmutación.- La presencia de una anomalía entre ambos mundos mantenía a parte de mi alma separada de mi cuerpo. Recientemente empezó a manifestarse como molestias... pesadillas recurrentes...- le explica a Alphonse. En ese momento, mira a su hermana.- soñé contigo, Margaret... varias noches pensé que sufrías, que algo horrible te seguía... que pedías ver a tu familia... que... que... no querías estar sola.

-Jejeje... no te equivocabas. Tu "anomalía" me siguió por medio Europa: llegó a Dinamarca y quemó mi hogar. Así como estaba me hubiera matado y "devorado" de no ser porque Alphonse estaba allí... por encargo tuyo.

-Lo lamento... y también lo de la bala que tienes bajo el hombro.- dice señalando la herida. Margaret parece no hacerle caso.

-Y es verdad... varias noches lloraba en silencio en ese convento, donde había pasado años de mi vida. Creí que lo había superado, creí que podía moverme sola por esta tierra, sin la familia que no venía a verme, que no me enviaba cartas.- Margaret empezó a ceder ante el dolor contenido. Su sufrimiento, oculto tras la bondad y la piedad, afloró como una flor marchita y como lagrimas que surcaron sus mejillas.- Cada vez que iba a dejar las cartas a Aarhus, sentía envidia de los que las enviaban y las recibían. Ver a las familias, a los niños y a los padres... me preguntaba ¿Por qué? ¿Por qué me habían dejado sola? ¿Por qué no me querían con ustedes?- lo que antes era el "inmortal" solo bajó la mirada, como deseando que se lo tragara la tierra.- Pero Alphonse me hizo ver que todo estaba fundamentado. Hoy no puedo tenerles rencor, sino sentir pena por no haber podido estar a su lado más tiempo.- Alphonse nota como la mirada de "Johannes" se torna llorosa y su rostro parece contraerse. Sin embargo, el joven menea la cabeza de un lado a otro y pone la mirada más firme que puede.

-Me temo que ni eso puedes permitirte, Margaret.- ella lo mira con el mismo rostro que él: endurecido y forzando templanza para evitar caer en un llanto desesperado.- Este mundo que nos vio nacer... incluso este donde yo estoy, donde la alquimia hace la vida más fácil a las personas en varios aspectos, es inmisericorde y no espera a que dejes de lamentarte para hacer correr el tiempo.- Alphonse parece captar también el mensaje, al ser ese el error que ha estado cometiendo desde hace mucho tiempo.- ¡Sigue viviendo! ¡Conoce! ¡Enamórate! ¡Apasiónate! Hazlo mientras el mundo te dé tiempo para lograrlo.- ella no puede evitar que algunas lágrimas salgan de sus ojos y le replica.

-No me estás diciendo nada nuevo. Desde que salí del convento he aceptado esa realidad... pero no puedo hacerlo sola, no de momento ¿Quién me ayudará?- Johannes mira por breves instantes a Alphonse, quien casi parece resignarse a ayudar una vez más a la joven, pero el hermano de esta lo detiene antes que vaya a decir algo.

-Eso depende de ti... hermanita.- en ese momento, el color verde del circulo se empieza a tornar azulado, signo que la transmutación estaba en su punto culminante.- La vida y la naturaleza te han hecho inteligente, quizás más de lo que yo fui: sabrás buscar y hallar bien a esa persona.- ella parece entender que algo está pasando con el circulo.

-¿Alphonse? ¿Qué sucede?

-El circulo se está estabilizando. La transmutación pronto tendrá efecto.- responde el alquimista.

-¿Qué efecto?

-El pedazo del alma de Johannes, que se usó para crear a esta criatura, volverá a él y abandonará a Sigismund, quien, al no tener a su principal soporte, será despedazado en cuantas partes lo componen.

-¡Johannes!- Margaret, ejerciendo presión sobre la herida con el saco de Alphonse, no puede evitar hacer algo que podría haberle costado la vida.

-No, espera, realmente no soy...- pero la chica no la escucha y lo abraza. Johannes siente el abrazo y se da cuenta que, aunque no es su cuerpo, puede sentirla como si la tuviera en brazos, tal y como su madre la llevaba. Recordó entonces el "Podrás llevarla cuando crezcas más..." que ella le dijo cuando le pidió cargarla por primera vez. Ante ese recuerdo, no pudo más que sonreír mientras decía...-¿Te parece que ya he crecido suficiente, mamá?- a los pocos segundos se separa de ella.- Adiós, Margaret... no olvides que tuviste una familia que te amó.

-¡Idiota! ¡Mientras vivas, aquí o en otro mundo, serás mi sangre y familia! ¡Aún te tengo a ti! ¡Aún tengo a Alphonse! ¡Aún tengo a su familia! ¡Así que no olvidaré! ICH WERDE NIE ALLEIN! (Nunca estaré sola)- El muchacho, entre lagrimas, mira a su hermana despedirse. Mira al cielo y sonríe mientras junta las manos y las pone sobre su pecho. Antes de irse, los mira una vez más.

-Parece que su situación no es buena... aprovechen y corran.- tras decir eso, el circulo se iluminó con una potente luz, similar a la de un rayo. Los pocos habitantes que se atrevieron a despertarse y averiguar qué demonios sucedía, salieron corriendo cuando vieron esa cosa. Los que no pudieron hacerlo, quedaron momentáneamente enceguecidos, tal y como los agentes secretos, los nazis y comunistas, quienes se refugiaron cada quien tras un trozo de muralla, creyendo que la fuerza luminosa los fulminaría.


El resplandor duró aproximadamente 20 segundos, tras los cuales, todo volvió a la normalidad. La luz se apagó tan súbitamente como había aparecido. Pasarían unos pocos segundos hasta que llegaron los primeros sobrevivientes del enfrentamiento, encabezados por Wolfgang Tiergart, quien se precipitó sobre el circulo y el cuerpo que yacía sobre él. Con asco y decepción, vio que no se trataba de la bestia que habían creado, sino de un cadáver ordinario. No lo conocía, pero por las anotaciones de Sifridus Kroenen supuso en tiempo récord que se trataba del tal Malakías Mandorf... o lo que quedaba de él.

-Herr Tiergart ¿Qué debemos hacer? Parece que el sujeto ya no existe.- Wolfgang se encuentra completamente frustrado por lo acontecido pero, tras unos segundos, responde

-Recojan el cuerpo. Ustedes cinco, busquen a Elric, le obligaremos a que nos ayude a crear otro Athanatos. Si se resiste, tomen a la chica y...- sus ordenes se ven interrumpidas por cinco balazos que atraviesan una arboleda cercana, impactando dos proyectiles en su cuerpo. Wolfgang cae al suelo y los nazis empiezan a gritar y disparar a los bosques.

-¡Asquerosos comunistas!

-¡Mueran, Bolcheviques!

Ningún ruido más se escuchó del bosque y mientras los nazis perseguían a quien atacó a su comandante, Jenell aprovechó para apartarlo de allí y tratarle las heridas.

-Malditos hijos de puta... malditos sean todos...- murmuraba mientras sentía como se derrumbaba. Había hecho lo imposible para cumplir su misión, pero no logró nada. Sacrificó hombres, camaradas y tiempo... y no pudo hacerlo. Estaba listo para admitir su derrota.


Los disparos se escucharon tras de ellos y fueron respondidos casi de forma automática. Konstantin e Izyaslava disparaban en dirección hacia el lugar donde todo había ocurrido, pero sin la intención de matar sino para hacer fuego de cobertura y huir con sus mermados camaradas. Una vez estuvieron a una distancia segura, Serguei les habló mientras recuperaba el aliento.

-Buen trabajo señores...

-¿Buen trabajo?- preguntó Izya, irritada.- Perdimos al objetivo y a varios efectivos ¡Van a meternos una bala en la nuca por no haber cumplido nuestra misión!

-Sí, bueno, eso es verdad...- responde Serguei, como si no fuera la gran cosa.

-¿Entonces como podemos...?- su interlocutor la interrumpe antes que termine la pregunta.

-Es verdad, siempre y cuando el reporte que hagamos diga que perdimos más hombres y que nuestra intención era capturar a la criatura.- la chica parece no entender el punto.- Podemos decir que, por la información que manejábamos, nos era imposible capturarla, que fuimos testigos presenciales de su inestabilidad...

-Y que concluimos que su captura sería contraproducente.- concluye Konstya, a lo que Serguei culmina su frase.

-¡Exacto!- Izyaslava los mira a los dos, como si no terminara de creérselo, cosa que demuestra a los pocos segundos.

-¡AL COMISARIO LE IMPORTARÁ UNA ДЕРЬМО! Nos fusilarán, de eso estoy segura.- Serguei la calma rápidamente.

-A menos que yo conozca al Comisario.- Izya y Konstya lo miran sorprendidos.

-¿Es en serio?- pregunta la chica, como si de una broma ridícula se tratase. Va a responder, pero Konstya se apresura a replicarle.

-Por favor, Izya ¿Acaso crees que la ley es igual para todos?- la chica, lentamente, parece entender el punto, pero no puede evitar sacar el poco idealismo que queda en su fuero interno.

-Bueno, de hecho, sí lo es.

-Pero se aplica diferente para quienes tienen contactos y saben cómo usarlos.- le responde Serguei.

-Eso también es verdad.- agrega Konstya.- Básicamente, manipularás los informes y harás creer a todos que nuestra misión fue siempre la destrucción de esa cosa.

-Sigue con ese pensamiento y algún día te veré en los altos mandos, muchacho.- el oficial a cargo de los dos jóvenes se aleja para dar órdenes al resto de comunistas. Izyaslava aprovecha ese momento para acercarse a él.

-Realmente, no te entiendo: quieres volver con tu familia, piensas seriamente en traicionarnos, juegas al doble agente, demuestras tu lealtad hacia el partido y ahora encubres los fracasos de tus superiores ¿Qué esperas lograr con esto?

-Nada en especial. Sabes, me era más conveniente dar media vuelta y tomar un barco hasta Londres. Hasta te hubiera podido haber llevado conmigo si quisieras...

-No creo que hubiera aceptado.

-Exacto. Tu misma me hubieras matado antes de hacer eso ¿No es así?

-No puedo negarlo. Pero vamos ¿Eso justifica tu accionar?

-Solo hago lo posible para mantenerme vivo, querida Izya. Quizás aún no lo notas, pero tarde o temprano, las cosas van a cambiar. Ya lo verás.- tras decir esto, Konstantin se aleja de la chica, para tomar un descanso al pie de un frondoso árbol, mientras espera que el tiempo pase y la oscuridad de lugar al amanecer.


Por el mismo camino que lleva del pueblo de Cachtice a las ruinas del castillo bajaron apresuradamente los británicos, americanos, alemanes y el solitario francés que los había acompañado todo este tiempo. Todos y cada uno de ellos era la perfecta encarnación de un sentimiento, con el único rasgo en común del pesar: Barlow no paraba de tomarse la barbilla y tocar las puntas de su bigote con el pulgar y el índice para disimular lo desencajado y nervioso que estaba; Fearghus, cuya preocupación era notoria, llevaba a Etaín apoyada en su hombro pues a duras penas podía caminar y en su rostro se podía notar el dolor y la pérdida de sangre; finalmente, estaba Elizabeth, quien no podía sino más que mirar al suelo, ejercer presión sobre la herida de bala que tenía en el hombro y murmurar palabras en algo que, Roy supuso, se trataba de idioma gaélico. Todos llegaron hasta cierta parte del camino, para luego meterse al bosque y evitar cruzarse con algún granjero o aldeano.

-Bien, parece que eso fue todo con respecto a nuestra labor aquí.- dijo Etenie secándose el sudor de la frente, mientras cada uno llevaba las cosas a su manera: Siegfried, Geoffrey y Elizabeth, mudos como estatuas, Fearghus sacándole tratando la herida de Etaín, Malcolm sacando un cigarrillo y pidiéndole a Roy que lo encienda, y Hans recuperando el aliento y sacando un pañuelo para secarse el sudor.

-No podría estar más de acuerdo.- afirmó Hans entre jadeos de cansancio.- La cosa ha sido destruida y no hay peligro inmediato de que los nacionalsocialistas puedan crear una nuevamente.

-Con lo que podemos decir que es una misión perfectamente cumplida ¿Cierto?- dice Roy mientras venda su mano con un trozo de su camisa. Su pregunta fue respondida con una mirada de furia muda por parte de Elizabeth y Geoffrey, quienes no estaban de humor para el sarcasmo del neoyorquino.

-Deja de hacer leña del árbol caído, Roy.- le dice Malcolm poniéndole la mano al hombro, la cual el mismo Roy retira rápidamente.

-Eres la última persona que me puede decir eso, traidor.

-¡Hey! Fueron ordenes oficiales de los altos mandos. Mira si no me crees.- le dice alcanzándole un telegrama.- Roy lee silenciosamente, hasta que llega a cierta parte.

-"... Solicitamos: de ser preferente y viable, COLABORAR con la captura de la superarma, en favor del Imperio Británico. Si este objetivo fuese imposible o pusiera en riesgo la seguridad de ustedes y nuestra nación, destruirla." Pues sí, tenías razón... pero eso no hará que me olvide que me apuntaste con tu arma.

-¿Te puedo compensar con una cerveza?

-Si crees que voy a venderme tan fácilmente...- Geoffrey, quien ya había tenido suficiente del parloteo de esos dos yankees, bramó...

-¡Pueden, por favor, cerrar la boca!

-Mr. Barlow, por favor, cálmese.- dijo Fearghus, quien era el único que parecía poder hablar con tranquilidad de los cuatro británicos.- Ya no hay nada que podamos hacer.

-¿Nada que podamos hacer? Hubiéramos tenido la formula de la sustancia de estasis, de no ser porque dejamos escapar al italiano y a la japonesa.- ahora es Eadoaín quien habla, en defensa del escocés.

-El ruso dijo que fue un italiano traicionado por su partido y hallado muerto días después, en Praga. No creo que sea el mismo con el que hemos tratado, Geoffrey.

-Como sea, tienen razón, no vale la pena buscar culpables ahora. Eso lo determinará la agencia con los reportes.- tras decir eso, el inglés toma aire lentamente y exhala a la misma velocidad. Tras ello, ordenó... - Vamos, volveremos a Praga y luego cortaremos por Alemania para embarcarnos en...- las instrucciones de Barlow fueron interrumpidas por un furioso, y hasta ese momento mudo, Siegfried Schneider.

-¡No!- Barlow solo pudo hacer una mueca de sorpresa e indignación, pero ocultó este sentimiento cuando vio el furioso rostro del alemán y la cólera saliendo de sus ojos.

-¿Qué?

-Así como escuchó. Ninguno de ustedes, miembros del MI6, pondrán uno de sus mugrosos pies sobre nuestro país: han violentado propiedad privada y han amenazado y puesto en riesgo la seguridad y la vida de ciudadanos alemanes; sin contar que han ido en contra de lo que habíamos acordado.- ninguno de los cuatro británicos podía creerse lo que estaba escuchando. Elizabeth misma, salió brevemente de su depresión para ver qué demonios estaba pasando. Barlow trató de no inmutarse.

-Su simple palabra no puede evitar nuestro libre tránsito Hauptsmann.- casi como una respuesta inmediata, Siegfried clava un papel en el árbol que tenía el inglés a su costado.

-La mía no, pero la de mi jefe y la de nuestro cuerpo de Relaciones Exteriores sí que puede.- Barlow toma el papel y lee. Abajo, estaba, efectivamente, la firma de Ferdinand von Bredow.- Tengan por seguro que si tiene la firma de Herr von Bredow, no nos hubiera costado nada conseguir la del mismísimo Presidente Von Hindenburg.- dijo agregando con una sonrisa, la cual denotaba una furia y satisfacción al ver la cara del inglés. Barlow supo que había perdido, pero intentó subsanar las cosas.

-No pueden tenernos contra ustedes, Schneider. Somos sus aliados contra esta plaga nacionalsocialista. La amistad del Imperio Británico...- Siegfried había escuchado tantas veces esa palabra salir de la boca del Barlow que sintió que ya no podía más.

-ZUM TEUFEL MIT DEM BRITISCHEN REICH! - gritó el airado alemán.- Me importa un rábano su islote, si por mi fuera ¡Que se lo trague el mar! Aceptamos su maldita ayuda y nos apuntaron con sus pistolas... y no crea que omitiré eso en mi reporte.- todos los del MI6 se quedan pasmados, especialmente los más jóvenes.

-Entonces ¿De qué forma...?- una consternada Etaín intentó preguntar, pero Schneider respondió de forma cortante.

-Vayan en coche hasta Austria y tomen un tren desde Viena hasta los Alpes Suizos. Después, tomen una conexión a Francia y desde allí pueden ir a Normandía o a Ámsterdam, desde donde pueden tomar un barco para volver a su patria o hundirse con él.- las duras palabras del alemán resonaron por el bosque y se perdieron en su inmensidad. Tras un momento de incomodo silencio, le dice a su compañero.- Los, Armstark. Ich habe genug.- Schneider empieza a andar y el enorme alemán de dos metros se dirige a Roy, Malcolm y Etenie.

-Si gustan, pueden venir con nosotros. Aunque también nos traicionaron, la actitud de Herr Hungerford los ha excluido de este trato.- los tres se miran y Malcolm da un paso adelante.

-Bueno, me conviene. Yendo por Alemania me puedo evitar el rodeo.- dice el americano, quien es secundado por el francés.

-Creo que me conviene también hacer esta ruta. Salgo de forma más rápida a París, donde debo redactar un enorme reporte sobre todo lo acontecido.

-¿Roy? ¿Qué dices?- el americano mira a los británicos, los cuales parecían preocupados por las repercusiones diplomáticas que pudieran ocurrir debido al accionar de Schneider.- ¿Vienes?

-No... creo que acompañaré a estos pobres diablos.- los agentes del MI6 se quedan perplejos al escuchar sus palabras, sobre todo Elizabeth. Geoffrey responde al poco tiempo.

-No necesitamos de tu pena, yankee.

-No es pena ni piedad, moron. Admítanlo: perdieron y, además, acabaron con toda posibilidad de interacción amistosa con la República de Weimar.- el líder de los espías solo atina a morderse el labio.- Además, les conviene: si me permiten ir con ustedes, podríamos acordar como hacer que este desastre se vea más favorable para ustedes en MI reporte.- el aludido se resigna.

-Haz lo que quieras. No te esperaremos si te retrasas.- Roy sonrió, producto de su satisfacción. Inmediatamente, se dirigió hacia Malcolm.

-Así son las cosas Malcolm. Te veré en Ámsterdam para volver a América.

-De acuerdo. Te esperaré dos días, ni una hora más ni menos. Si no llegas a tiempo, dejaré encargado tu boleto en la embajada.- extiende su mano hacia el antiguo estafador.- Good luck.

-You too.- le responde apretando su mano, tras lo cual el descendiente de irlandeses se va con los alemanes y el francés. Elizabeth, consternada por la respuesta de Roy, y aún en shock por lo ocurrido, se para y le dice a este.

-¿Qué quieres lograr viniendo con nosotros?

-Pasear un momento por Europa. Casi nunca se tiene la oportunidad de pasar por los Alpes ¿Verdad? Además, alguien debe evitar que hagas algo estúpido.

-Mis compañeros están para eso, no tienes por qué molestarte.

-¿Tus compañeros? Esos dos de allí tienen suficiente con cuidar del uno al otro...- dice señalando a Fearghus y Eadoaín.- y a Barlow le importa un bledo lo que te pase. Por ende, creo que necesitan a alguien a quien, a diferencia de ustedes, sí le importe regresar a casa... vivo, de preferencia.- la chica lo mira extrañada, aunque aún tiene una mirada distante en su rostro. Por breves momentos muestra un amague de sonrisa, pero cambia nuevamente a ser la depresión encarnada. Finalmente, replica las palabras de Barlow, a su manera.

-Haz lo que quieras... cowboy.- Roy, mientras la ve caminar y seguir a su grupo, enciende un cigarro y exhala el humo de este mientras contempla el cielo, en el cual las estrellas aún pueden verse y que sabe que será reemplazado por el brillo solar de un intenso amanecer. Por primera vez en todo su viaje, sonrió con la satisfacción de haberla vencido.


Habían huido, no los podrían rastrear. Volver al pueblo no era una opción, así que, a modo de prevención, habían sacado todas sus pertenencias y las habían enterrado en un lugar del bosque. Alphonse y Margaret sacaron el musgo, los maderos podridos y la tierra que cubría sus maletas, aún silenciosos por lo que acababan de hacer. Antes de continuar con el camino, Alphonse se tomó la libertad de amordazar a la chica y sacarle la bala que tenía incrustada aún bajo el hombro y cerrarla con alquimia, aprovechando que aún tenía las manos manchadas con sangre. Hecho esto, caminaron y caminaron por una cantidad de tiempo que parecía interminable y únicamente pararon cuando el sol empezaba a salir en el horizonte. Ambos se sentaron en silencio, hasta que finalmente Margaret habló...

-¿Te esperabas que ocurriera algo como eso?

-No. De hecho, lo último que me esperaba era ver vivo a tu hermano: estaba sumamente convencido que había muerto.

-No tengo muy claro cómo funciona esto de la alquimia... pero sí su existencia era algo parecida a la de Sigismund, supongo que algo le habrá quedado de eso y logró sobrevivir.- el silencio vuelve a hacerse presente.- Creo que ya no nos siguen.

-Luego de caminar tanto, era de esperarse. La verdad no me esperaba que tu le dispararas de esa forma: parecías completamente otra persona, Margaret.

-Pues ya ves que puedo ser otra cuando me enojo: ese demente casi nos mata... era lo menos que podía hacer.- Alphonse la mira sorprendido y suelta una sonrisa sarcástica.

-Oh... ¿Y dónde quedó la misericordia y el perdón cristiano?

-Bajo los escombros de mi hogar en Aahrus y en Bern, ambos devorados por el fuego.- le dice monótonamente, para luego mirar al cielo.- Lo importante ahora, es que estamos solos.

-Sí: estamos solos... solos bajo un millón de estrellas que están a punto de desaparecer a la luz del día.- ella se lleva las manos al rostro, en un gesto de clara lamentación y de alegría.

-No tengo humor para poemas ahora, Alphonse.- dice ella quitando los pocos musgos que quedaban a su bolso y maletas, buscando rastros de insectos que en él hubieran. Alphonse aprovecha para pararse.

-Solo decía.- el alquimista camina hacia adelante, contemplando los arboles y el claro del bosque al que habían llegado. A lo lejos, hacia el noroeste, se distinguía el humo de las primeras chimeneas en encenderse en los pueblos y granjas más cercanas. A los pocos minutos, el sol había dado lugar al cielo azul de la madrugada y apenas se distinguían una o dos estrellas en lo alto del cielo. Es entonces, que decide preguntarle a la chica.- ¿Que harás ahora Margaret? Aún puedo llevarte a casa de tu familia en Austria. Allí estarás a salvo y seguro que vivirás sin problemas. O, si así lo deseas, puedo devolverte a Aarhus... no sé si la Madre Superiora te tendrá tirria por la destrucción del Convento, pero seguro que te perdona.- ella lo mira, aún atontada por todo lo que ha visto.

Las lágrimas de felicidad no dejan de salir de sus ojos, aunque sabía perfectamente que esa sería la primer y última vez que volvería a escuchar la voz de su hermano. Aún estaba sentada sobre la roca, alejada del lugar donde todo se había desvanecido. Finalmente, tras pasar un buen tiempo sentada, lamentando no poder estar más con su familia, se paró y, mirando con decisión y pena a Alphonse, le dijo:

-Ni la una ni la otra. Mi familia murió, y aunque tenga parientes aún vivos no tengo ninguna intención de vivir con gente a la que nunca en mi vida he visto únicamente porque tengamos consanguineidad. Nada te puede asegurar, por ende, que estaré bien o a salvo con ellos. Al convento no pienso volver ¿Como mirarle a la cara a la superiora y admitir que fue mi culpa? ¡NO! ¿Pero cómo va a serlo? Yo no quise nada de esto. Y aunque ella no me pida explicaciones y me acepte con los brazos abiertos... simplemente no podría: lo que ha ocurrido les ha causado tanto dolor y temo que vayan a relacionarme con ello.

-Como seguramente lo harán.- agrega Alphonse con simpleza. Margaret lo mira con molestia.

-No lo haces más fácil ¿sabes?

-Lo siento.- tras disculparse, vuelve a mirar el cielo del alba que se cernía sobre ellos, volviendo nuevamente al silencio hasta que Alphonse lo volvió a romper tras breves minutos.- En fin, si no irás a uno u otro lado ¿Que será de ti?- Tras pensarlo un poco, le respondió con firmeza.

-Te seguiré.- Alphonse estaba desencajado, pero no tardó nada en responderle.

-¿Qué? Oye, tengo dinero, pero este se acabará tarde o temprano.- ella movió la cabeza de lado a lado, dando a entender que el Elric no había entendido su motivación.

-Déjame decírtelo de esta forma: quiero que me enseñes este mundo, Alphonse. Agradezco cada día de mi vida que he estado en el convento, más que nada por la preocupación de mis padres. Pero el precio de mi seguridad fue mi libertad y mi falta de visión de este mundo tan pequeño y amplio en el que vivimos ¡Ni siquiera conocía las cosas más allá de las fronteras de Aarhus! Quiero que me guíes, que me enseñes, que me apoyes y me orientes. Quiero saber cómo es que en este mundo se vive cambiando, cayendo y empezando nuevamente.- la cara de Alphonse pasa de mostrar consternación a sorpresa, y dentro de su pecho siente una extraña sensación que le causa la intensa mirada de esa chica que hasta hace poco lloraba por su hermano. Lentamente, como si le costara decir las palabras, Alphonse volvió a preguntar.

-Pero ¿Por qué?... ¿Y por qué yo?- el sol terminó de liberarse del horizonte y brilló con fuerza sobre los ojos de Margaret, quien apenas cerró un poco los parpados, para luego abrirlos con fuerza, contra el brillo solar.

-Porque es mi razón para vivir fuera del refugio en el que me metieron... y porque tú fuiste quien me sacó de allí: acepta tu responsabilidad.- Alphonse sintió como los ojos le pesaban y ahora es él quién cae de rodillas. Margaret se preocupa al ver su reacción.- Oye ¿Estás bien?- Contrario a lo que ella pensaba, Alphonse empieza a reírse, tan alegre y fuertemente que sus lágrimas salieron raudas de sus ojos. Tras unos minutos, se paró en seco y volvió a hablarle.

-Ah... supongo que esto es a lo que la gente llama "dar un sentido a la vida" ¿No?

-Quizás. De hecho, no entiendo lo que quieres decirme.

-No te preocupes, son solo cosas mías. De cualquier forma, me la he pasado viajando el último mes y no precisamente en un viaje de placer ¿Sabes?- agrega sonriendo irónicamente mientras se para.

-Lo siento por eso. Mi hermano también se ha disculpado.

-Como sea.- tras limpiarse las rodillas del pantalón, cambia su mirada hacia el oeste, hacia donde estaban los pueblos y granjas.- Mi punto es que, de momento, no quiero viajar por, digamos, unos cuantos meses. Dame tiempo, buscaré un empleo de corto plazo, compradores para mi casa y luego nos iremos a donde quieras ¿Te parece?

-Claro, no tengo prisa.

-Genial. Y mientras que buscamos un comprador ¿Serías mi huésped? Porque creo que no tienes otro lugar a donde ir ¿no?- ella sonríe a modo de asentimiento.

-¿Es una invitación?

-Supongo que sí.- Él ofrece su brazo y ella, aún sonriente, lo toma.- Vamos. Vámonos a casa.


Bien, ahora sí que ha pasado mucho... bastante tiempo ¿dos años, creo? Mira tú, creí que habían sido tres o cuatro jajaja... Ok, mucho más tiempo pasó desde que cree la primera parte de esta historia a la que hoy pongo un final de clímax (que, por alguna razón, me parece apagado). De hecho, iba a haber un último capítulo diciendo el desenlace de las historias de cada uno de los personajes que había creado a lo largo de este enorme arranque de locura que me generó ver una peli de gráficos tan buenos y con un final tan malo como lo fue El Conquistador de Shambala (que va, si debo comparar las dosis de badasserismo que se encuentra en Brotherhood, el primer FMA resulta un mal chiste), pero no sé qué tan conveniente sería hacerlo ahora. A lo mejor lo haga entre el tiempo que me da el trabajo y los nuevos proyectos personales que me absorben (el cual, como puede imaginarse el lector, es casi nulo). Creo que podría hacerlo, darle un último esfuerzo y , en cumplimiento de mi palabra (amen que antes de dejar este proyecto en hiatus había dejado por escrito mis planes para el final), sacaré el Epílogo... por lo menos antes de fin de año, espero. No hay suficientes disculpas a todos los que seguían esta historia por el larguísimo hiatus. Gracias por leer este viejo y olvidado fic.


Omake:

Tras el resplandor que llenó todo el lugar, Johannes sintió como si fuera expulsado de ese cuerpo por el que estuvo por poco tiempo. Por un momento, mientras volvía nuevamente a cruzar la puerta hacia donde su propio cuerpo lo esperaba, empezó a visualizar todas y cada una de las cosas que había vivido la criatura que poseía parte de su alma.

-Todo un desastre causamos en tu hogar ¿No crees?- dice una sombra a medio camino. Apenas puede reconocerlo por el resplandor del lugar, pero conoce su voz.

-Mandorf. Por fin recuperaste esa parte de ti que aún retenía Sigismund.

-La anomalía entre mundos se ha terminado. Aquellos que estaban de ese lado de la puerta y, a su vez, en este otro, vuelven. Sólo puedes estar en uno de los dos lados, no puedes partir at eternum tu propio ser y vivir en dos mundos distintos.- una voz parece escucharse en medio del camino luminoso que lleva de vuelta a su cuerpo.- Parece que te llaman... es hora de despertar.

-¿Eh?- luego de estas palabras de Malakías Mandorf, Johannes se ve, de súbito, rodeado de oscuridad. No se da cuenta si está con los ojos cerrados o aún debe estar readaptándose a su cuerpo. Lentamente, va recuperando la sensibilidad en los músculos y la piel. Lo único que puede hacer, de momento, es esperar. Siente calor, de algo que está encima de él, sobre su pecho... deduce que debe ser Jane y, a juzgar por la leve sensación de humedad en su rostro...

-¿No me digas que la he hecho llorar? Rayos... seguro que me llaman la atención cuando despierte.- Al poco tiempo, recuperó la audición.

-¡Jane, por favor, tienes que calmarte!- la sensación de peso sobre su cuerpo desaparece y se escucha la réplica de la morena.

-¿Cómo quieres que me calme? ¡No está respirando desde hace cinco minutos! ¿¡Qué le has hecho, Arzu!?

-¡Nada! He seguido todos los tratamientos experimentales que se me han ocurrido, no entiendo cómo podría haber...- Johannes solo pudo imaginarse lo que siguió: Jane tomando de la solapa a la albina y alzándola un par de centímetros del suelo.- Guaaaaa... no, no, espera, era broma, en realidad no activé nada ¡No sé que pudo haber pasado, lo juro!

-Estate tranquila, Fallwind. Tu muchacho parece bien: las marcas han desaparecido y quizá dentro de poco recibamos alguna señal de él.- dijo Haus con simpleza. En efecto, su respiración, aunque tenue, había regresado, al igual que su vista: lo sabía porque, pese a tener cerrados los ojos, podía notar la luz a través de sus parpados cerrados. El sonido de dos cuerpos cayendo pesadamente sobre el gras, le hizo notar que Jane había dejado a Arzu y se había sentado en el suelo, cerca de él.- Sería bueno que le hables, a lo mejor pueda apresurar su despertar.- en honor a la verdad, Johannes podría haberse despertado, pero escuchar a su prometida decir cosas que no hubiera podido decir o admitir tan facilmente era algo que no podía dejar pasar. Y, efectivamente, esta se sentó a su lado y, tomando su mano, empezó a hablarle.

-Vamos Johannes. Por favor, no te vayas ¿Cómo puedes hacerlo así, sin siquiera decirme por qué? Aún tenemos que terminar de pagar la cuenta del mobiliario que compramos ¿Sabes?

-Te nombré mi heredera universal, con lo que te vana pagar, podrías hacerlo sola.

-… y tienes que arreglar la estufa...

-¡Nos sale más barato comprar una nueva y deshacernos de esa chatarra!

-No es que piense que la comida de tu país es mala, es solo que no me gusta como la preparas...

-Disculpa querida, pero tampoco eres precisamente la mejor cocinera de Amestris...

-¿No íbamos a ir a Central la próxima semana? Dijiste que vendrías conmigo a la reunión de Alquimistas Estatales aunque a ti te parecía un desperdicio...

-Pues sí, ahora que estoy retirado, no veo el porqué y sólo voy porque para ti es importante… pero aún me acuerdo de esa última vez que me quedé dormido en pleno discurso y casi me bota a patadas, así que…

-Estoy embarazada...

-… ¿Eh? …

- Por favor, no quiero decirle a este pequeño que su padre se fue de mi lado sin siquiera saber por qué motivo, así que por fa...- la pelinegra no pudo terminar porque el joven se levantó de súbito, con los ojos abiertos como platos.

-¿¡Que estás qué!?- antes que pudiera decir algo más, se sorprende de ver a todos los presentes con una gran cara de póker en sus rostros.- ¿Eh?

-¿Ves? Te dije que se despertaría más rápido si le decías mentiras.- dice Haus, mientras muestra un papel con el que le había indicado a la chica que dijera verdades y mentiras para que Johannes reaccionara. Arzu, que ya no podía contenerse, se estaba revolcando de risa a lo largo y ancho del suelo, mientras Jane seguía a su lado, sumida en un silencio sepulcral.

-Jane... yo...- antes que pudiera agregar algo más, la aludida le da una bofetada con su mano prostética, con tanta fuerza que el propio Haus temió que le habían roto la quijada al muchacho.- auch...

-¡No me vuelvas a preocupar de esta forma, idiota! ¿¡Acaso quieres matarme del susto… otra vez!?- le dijo, ahora enfurecida y recordando los eventos de años anteriores. El alquimista únicamente pudo negar con la cabeza, a lo que esta, únicamente, responde con un abrazo.- Bienvenido a casa.- Johannes sintió la calidez del abrazo de la chica y todo rastro de nostalgia y añoranza por aquello que tuvo antes desapareció para siempre. Su hermana estaba bien, sus amigos también ¿Que ocurriría más tarde con ellos? No podría saberlo ni asegurarlo. Sólo tenía en claro, en ese momento, que todo lo que le importaba estaba a su lado.

-Sí... he vuelto a casa...- fue lo único que respondió el muchacho, mientras respondía al abrazo de forma silencia y los otros dos testigos de la escena los miraban más tranquilos.- Entonces ¿No crees que cocino mal?

-Ah, algunas cosas te salen mal y otras bien, así que no te preocupes.

-Oh, ya veo, era una media verdad.- la mujer asiente sin soltarlo, mientras una alegre pero jocosa sonrisa se asoma por su rostro.

-Aunque... sí es verdad que estoy embarazada.- le anunció Jane sin dejar de abrazarlo, por lo que no pudo ver la monumental cara de idiota que puso su prometido, cuya dicha sólo podía compararse con su propia incredulidad.

-… ¿Eh?


Posible Próximo Capítulo: Epílogo.