El ambiente esta bajo completa y total oscuridad. No hay absolutamente ningún ruido, ni siquiera se siente el viento. Pronto, una lampara de aceite brilla tras el sonido de una palmada y queda iluminando el rostro de quien estuvo escribiendo esto desde hace ya casi cuatro años.

-Y ahora, mis queridos lectores, es hora de cerrar el telón de esta historia que tantos quebraderos de cabeza me ha dado, pero que, a su vez, como un yunque y un martillo, me ayudaron a forjar un modo de escritura y narrativa, además de mejorar a más no poder mi nivel y velocidad de redacción ¿Qué? ¿La cuarta pared? Sí, creo que por esta vez me tomaré la libertad de tirarla abajo. - un chasquido de dedos hace que todo el lugar se ilumine. Queda ante la vista del lector un enorme salón, repleto de muchos libreros.- Thomas Harris en "Hannibal", hacía que mi antiheroe/villano favorito tuviera un espacio dentro de su mente, lo que él llama su "Palacio de la memoria", donde puede evocar todo lo hermoso que ha disfrutado y visto alrededor de su vida con tal de no languidecer en la realidad de su encierro. Este lugar es algo como eso: una extensión de mi mente, una materialización de mis ideas... ok, admito que se parece bastante a la entrada del Bodemuseum de Berlín, pero la verdad es que me encantó ese edificio jajaja... en fin, vamos a donde nos atañe, la sección "otros"...- buscamos un librero que tiene tallado el símbolo de un triangulo: el librero está repleto de volumenes, algunos voluminosos y otros más pequeños, algunos pocos perfectamente ordenados y bastantes más en completo desorden. En la parte de arriba del mismo, se encuentra una larga colección que, evidentemente, se encuentra completa.- Aquí guardo, en los espacios de abajo, mis ideas y posibles proyectos, tanto de novelas como de ensayos y otras cosas... por eso que se ve muy desordenado. Mientras tanto, en los espacios superiores, están aquellos que ya han sido acabados: nuestra historia, la que he escrito incluso desvelandome en tiempos de estudio, se encuentra arriba. Y este…- digo mientras saco el último tomo del extremo más alejado de la parte superior del librero.- es el capitulo que nos concierne el día de hoy. Como ven, todo ya está escrito, el único problema viene a ser que, lo que pienso, al momento de ser plasmado en la realidad, no tiende a sonar tan bien o la forma en la que lo expreso no encuadra siempre con lo que pienso contar… y en última instancia, cuando lo logro, me digo "¿Pero como puede ser que haya pensado en esto? No, reformulemos todo…". Y es allí donde los capitulos demoran: hallar las palabras adecuadas, mejorar o cambiar ideas, deshacer y rehacer… sumadle a eso las horas que me quita el trabajo y otras actividades, básicamente no dispongo más que de un par o una hora por semana para dedicarme a esto. Pero ahora, puedo decir con satisfacción, que todo está listo: con ustedes, el colofón de todos y cada uno de los personajes de esta historia...- abro el libro y tras poner por breves segundos las páginas, nuevamente, vuelvo a mirarte.- Debo decirte, a ti que lees esto, que el contexto de la historia no pinta en un final muy amigable para todos. Así que, dicho y hecho, empecemos con el disclaimer…


Disclaimer: Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa


Epilogo: Das ist nicht das Ende (Esto no es el fin)


Berlín - República de Weimar - 3 de Julio de 1932, aproximadamente las 10:00 AM:

Reinhard Heydrich veía con fría calma el reporte que había dejado un aterrado Wolfgang Tiergart sobre su mesa. El joven oficial era un manojo de nervios y sus dientes parecían castañuelas tras sus labios cerrados y apretados como rocas. Finalmente, tras dar un sorbo a su taza de té, el hombre carraspea, lo que lleva al evaluado a tomar posición de atención.

-Bien... evidentemente esto ha sido un rotundo fracaso.

-Mis más humildes disculpas, Herr Heydrich. Estoy dispuesto a recibir el castigo que considere.

-Ciertamente…- pronuncia el hombre, parandose y rodeando su escritorio.- lo que correspondería por un fracaso como este sería algo más que la simple degradación y expulsión del partido: han muerto colaboradores, se invirtió miles de marcos en comprar autoridades, munición y combustible, pasajes de tren y compensaciones ¡Maldición, Tiergart!- dice Heydrich algo efusivo, pero sin perder la compostura, mientras saca su mauser y la pone en la cabeza del joven.- El resultado de la operación que le he encargado tiene absolutamente todos los elementos para que le vuele la cabeza ahora mismo ¿Entiende lo que quiero decir?- Tiergart mira el cañon del arma entre sus cejas y por poco no se logra tragar una expresión de terror. Sabe que es el fin, así que simplemente lo afrontará con la valentía con la que había enfrentado todo lo que, hasta ese momento, se le había puesto delante.

-S-s-sí...

-Excelente, porque es precisamente lo que no haré.- dice guardando el arma y alejandose del chico para volver a su escritorio.- Sí, joven, debería matarlo. Pero ¿Sabe? Tengo por referencia del resto de oficiales, especialmente de fräulein Merovinger y Herr Moldenauer, que usted ha demostrado ser un líder tenaz, implacable y, por sobre todo, decidido y capaz. Debo reconocer que le ha ido mejor de lo que esperaba en una lucha contra lo que podríamos denominar, en palabras de Nietszche, un Übermensch. Esa cosa podría haberlo matado y únicamente le arrancó unos cuantos dedos, por lo que queda reconocer su capacidad de manejo de la situación. Gente asi es la que necesita este partido, por lo que sería un desperdicio matarle aquí y ahora.

-¿Eh?

-Así es, mein jung freund. Usted seguirá con su rango actual y continuaremos contando con sus servicios ¿Alguna pregunta?- pregunta el líder nazi de forma calmada.

-Eh... ¿Por qué?

-No entiendo su pregunta, pero si quiere una razón menos subjetiva, se la diré: porque así lo dispongo y porque nos trajo un cadáver que, mal que bien, servirá para nuestra investigación. Si no tiene más que preguntar, puede retirarse.- tras escuchar aquello,Wolfgang agradece y se retira del lugar de forma atropellada, presa del alivio y la vergüenza, mientras Heydrich se queda estático mirando a la ventana.- Quizá esto vaya a ser contraproducente en el futuro, pero que más da. El cuerpo de Malakías Mandorf debe ser conservado y usado posteriormente para nuestros fututros intereses bélicos. Sólo espero que podamos lograrlo a tiempo.- se dice mientras se acerca a un mapa mundi y busca el continente europeo.- Así que Checoslovaquia es un país muy hermoso ¿eh? Quizá deba ir de visita con Lina la próxima semana.- pensó en voz alta el que, posteriormente, sería nombrado por Hitler como el Protector de Bohemia durante el Tercer Reich, donde se llevaría a cabo una de las más cruentas persecuciones a Gitanos, judíos y otras "razas inferiores". Aquel hombre que sería conocido como el Protector de Bohemia, la Bestia Rubia o el Hombre del Corazón de Hierro, moriría asesinado durante la Operación Antropoide, en 1944, llevandose tras de si una carrera de exitos vertiginosos cimentada sobre los huesos y los restos de miles de muertos en los diversos campos de concentración. Pero, de momento, seguía pensando en sus vacaciones.- Sería un agradable fin de semana.- mientras tanto, afuera del lugar, Jenell Merovinger esperaba a Wolfgang: el hombre entró al carro con una expresión contraída por el miedo y la piel blanca como sus chirriantes dientes.

-¿Cómo le fue herr Tiergart?

-No sé si sentirme fatal por estar vivo o afortunado de no estar muerto.- fue cuanto respondió.

-¿Qué?

-No importa, vamonos.- la chica encendió el auto y fueron por buena parte de la ciudad en silencio. Finalmente, Wolfgang decidió hablar.- Me pudo haber matado, Jenell. Pero me dejó vivir: eso significa que le debo la vida.

-Quizá exagera, Herr Tiergart.

-No lo hago: me puso una pistola en la cabeza, incluso quitó el seguro y me dijo todas las razones por las cuales esta desastroza misión debió terminar con mi ejecución. Y aún así me dejó vivir. El mensaje es claro, Jenell.

-Ok, entendamoslo así entonces ¿En que me afecta eso?

-Empezando, que fue bueno tenerte de aprendiz... pero creo que hasta aquí llegamos.- la chica clava el pie sobre el frenpo de forma intempestiva, haciendo que ambos se vayan hacia adelante.-¡Oye! Conduce bonito ¿Quieres?

-Perdón, pero puedo preguntar ¿Qué scheisse está diciendo, mein Öberscharfürher?

-¡Lo que escuchaste, Jenell, por el amor de dios! Esto no será facil ¿Sabes? Misiones tan dificiles como estas vendrán en el futuro y lo último que quiero es ponerte en peligro.

-Lindo detalle el preocuparse por mi, pero no creo que haya algo peor que lo de la otra vez.- le dice mientras vuelve a encender el carro.- Sabe, la última vez que le hice caso, casi termino con la cabeza separada del cuerpo. Así que, para evitar futuros desastres, acordemos una cosa: yo hago lo que quiero y debo hacer, y tu no me dices nada ¿Que te parece?

-Que por fin empezaste a tutearme, despues de mucho pedirte que lo hicieras.

-Es una forma de empezar. -le dice Jenell Merovinger a Wolfgang Tiergart, el hombre con el que se casaría y tendría tres de los cuatro hijos que le hubieran valido la Cruz de Honor en 3era clase a la Madre Alemana del 3er Reich. Su esposo, como era de esperarse, iría ascendiendo rangos al igual que su superior, siendo este último quien terminaría por consolidarse en su carrera en la SS como Obergruppenführer y General der Polizei: antes de ocupar estos cargos, Heydrich lo pondría en sus recomendaciones para ser ascendido, llegando el joven Tiergart a lucir el rango de Obersturmbannführer, rango que obtuvo tras la exitosa campaña relámpago contra Polonia y servir en las fuerzas de ocupación de dicho país eslavo, rango que, así mismo, lo llevó a ser parte de la desastrosa Operación Barbarroja, de la cual no volvería con vida: su cuerpo fue uno de los últimos que logró ser repatriado a Berlín tras la desgraciada campaña de Stalingrado. Cabe decir que su muerte no se produciría propiamente en esa batalla pues, si bien cientos murieron durante la rattenkrieg que se libró entre los francotiradores de ambos bandos en las ruinas de la ciudad, otros varios durante la ofensiva para tomar la otra margen del río y miles más durante el contraataque y bombardeo de los bolcheviques, la muerte del joven oficial, más que a las desastrosas decisiones tomadas en el frente oriental por el Fürher, fue producto casi total de una muy mala suerte: logró sobrevivir a la batalla, escapar de la soviética Operación Urano e incluso participar en la desastrosa Operación de contraataque Wintergewitter, y cuando el General Hermann Hoth ordenó la retirada, en medio de la cual el oficial Tiergart se percató que el invierno ruso sólo le iba a costar tres dedos del pie y lo que quedaba de su mano derecha, el convoy en el que iba se topó con una mina antitanque de bando desconocido, haciéndolo volar a él y una quincena de soldados de su propio batallón. No hubo agonía, ni dolor, y murió pensando en lo bien que se sentiría volver a casa tras años de guerra, abrazar a su familia luego de haber destrozado las de otros al dirigir operaciones de búsqueda de judíos en el Gueto de Varsovia, tras haber liberado a otras del dominio bolchevique tras la intervención de la Wehrmacht en Lituania, Estonia y Letonia, y hastiado de los horrores que le tocaron vivir en Stalingrado. Su muerte fue instantánea, al igual que la reacción de su mujer el día de recibir la carta con la noticia de su deceso: esperó algunos días hasta poder recibir sus cenizas, las que esparciría por el mar báltico mientras viajaba en el mismo ferry que la llevaría a Suecia, lugar donde se exiliaría junto a su madre e hijos. Evidentemente, se volvería a casar, cambiaría su apellido y, dado que su participación en las actividades del Reich se volvieron casi nulas tras la maternidad, viviría en relativa calma y anonimato hasta el final de su vida. Pero, por supuesto, de este futuro tan distante no tienen ni idea las personas de quienes hablamos, por lo que la única preocupación de Jenell en este momento es...- En fin ¿A dónde debo llevarle?

A esa misma hora, en la misma ciudad pero en diferente ubicación, Ferdinand von Bredow se encontraba hablando con sus subordinados tras el desenlace de los hechos acontecidos en Checoslovaquia. El jefe de los uniformados leía parcamente el reporte de sus subordinados, quienes esperaban el pronunciamiento del mismo, cada quien a su modo: Hans esperaba sentado, quieto como una estatua, mientras Siegfried miraba los cuadros y retratos de la oficina de su jefe. Finalmente, el hombre de 49 años miró a los oficiales, quienes quedaron atentos a su mirada.

-Bien, mis estimados señores...- dijo finalmente.- esta operación ha resultado totalmente exitosa, por lo que no me queda más que felicitarles por su desempeño, lo han hecho muy bien.

-¿De veras?

-¿Les quepa duda? Han mantenido todo oculto a los ojos de los civiles, haciendo pasar las peleas que mantuvieron con esa cosa como grescas entre nazis y comunistas o meros accidentes industriales, cosas cada vez más comunes al día de hoy; ello, sumado a las nulas bajas civiles, ha significado el éxito de su misión.

-Ahora entiendo todo, Herr Bedrow.

-Así mismo, sobre todo tu, Schneider, cumplieron con anteponer la vida y el bienestar de los ciudadanos ante cualquier cosa, inclusive las pretensiones extranjeras. Ello es realmente respetable de tu parte, aunque quizá nos traiga problemas con los británicos en las siguientes semanas.

-No tiene porque agradecerlo, Generalmajor: somos soldados, servimos al Kaiser, digo, al Presidente, pero también servimos al pueblo alemán. Simplemente, cumplí con nuestro deber.- dijo un honrado Schneider.

-Y será recompensado... aunque, creo que tendremos que esperar un poco más.- dice Bredow mientras se toma el tabique y lo masajea con los dedos.- ¿Han escuchado que es lo que dice la gente sobre las próximas elecciones?- ambos hombres se miran y vuelven a mirar a su jefe, entendiendo su pesar.

-La mayoría de mis vecinos piensan votar por Hitler.- dice secamente Schneider.

-Lo mismo se repite en mi vecindario.- agrega Armstark.- No hay duda que el movimiento de Herr Hitler ha ganado bastante presencia.

-Y mucha más fama al enfrentarse a los bolcheviques: cada vez es menos común ver enfrentamientos entre la Sturmabteilung y los Roter Frontkämpferbund. Algunos de ellos dejan muertos.

-Comunistas y nacionalsocialistas matándose unos a otros. Creo que no habría que esperar que lleguen al poder para saber cómo sería la cosa si estuvieran a cargo. Supongo que es por esto que aún no quiere confirmar nuestro ascenso ¿Cierto?- cuestiona Siegfried.

-Es posible que pueda haber un cambio en el gabinete. Es por eso que prefiero esperar antes de dar promociones... por supuesto, eso no significa que se irán con las manos vacías.- acto seguido, Von Bedrow saca dos títulos de propiedad, dejando a ambos hombres sumamente consternados.

-¿Nos está regalando una casa a cada uno?

-En términos monetarios, estos inmuebles son más valiosos que una maleta repleta de marcos alemanes. Después de todo, a diferencia de estos, los inmuebles no se devalúan de forma tan vertiginosa. Además, les doy esto porque necesitarán esconderse por un tiempo, hasta que todas las cosas se hayan calmado si quiera un poco: no sabemos que podría pasar si los identifican allí afuera.

-Pues... ciertamente, ese es un punto que no puedo discutir.- dice Schneider mientras toma ambos títulos de propiedad y los lee. Finalmente, se decanta por un uno.- Creo que me iré a Rostock, tengo algunos conocidos allí.- Hans toma el otro título.

-Entonces yo me iré a... Kiel, supongo. Bueno, será como iniciar de nuevo, tendré que explicarle en detalle a mi esposa y los niños.- el jefe de ambos parece dolido por la decisión.

-Me apena que tengas que tomar una decisión tan drástica.

-Descuide, Herr Bredow, es parte de nuestro trabajo al fin y al cabo.

-Aún así, queda pendiente su ascenso. Descuiden, caballeros, cuando todo se tranquilice, pueden estar seguros que recibirán no solo el ascenso, sino también el reconocimiento que merecen: han salvado a la República y, porque no decirlo, a Europa, de un desastre más que seguro.- dicho esto, se para y le ofrece la mano a cada uno de ellos, quienes responden con un apretón.- Felicidades, caballeros.

-Muchas gracias, Majorgeneral Bredow.- dicho esto, ambos hacen una pequeña reverencia hacia su jefe y salen del lugar. El camino hasta la puerta de salida de la casa de von Bredow estuvo inundado por el silencio. Una vez afuera, Hans Armstark y Siegfried Schneider se miran de reojo y vuelven a mirar, cada uno, la carpeta donde llevaban sus títulos.

-Una recompensa poco esperada.

-Nada esperada, diría yo.- agrega Siegfried, cerrando la carpeta y poniéndosela bajo el brazo.- a mi prometida le gustará saber que pasaremos un tiempo en la costa, pero no creo que le haga mucha gracia saber que será por más de unas semanas o un mes.

-A mi mujer e hijos tampoco les va a hacer gracia dejar todo lo que tienen en Berlín para tener que irse a un lugar tan fronterizo como Kiel. Pero, por suerte, seguramente tras terminar las elecciones, Herr von Bedrow nos llamará de vuelta a Berlín para promovernos.- Siegfried mira a Hans con incredulidad y luego vuelve su mirada al frente.

-Honestamente, Armstark, no creo que las cosas cambien para bien, por lo menos no para la República o el partido de Paulus von Hindenburg.- dice con seriedad Schneider mientras Hans lo mira con preocupación.- Cada vez más de mis vecinos consideran que las ideas de los nacionalsocialistas no son tan descabelladas. De hecho, quizás tengan más sentido de lo que aparentan...

-No sabría decirle, pues no estoy muy informado, sin embargo...

-¿No cree que cabría la pena intentarlo, Armstark? Digo, el capitalismo nos ha arrojado a este horrible cuadro inflacionario por culpa de los especuladores del 29 y para saber del desastre que resulta el comunismo solo hay que entrevistar a los pobres diablos que se han fugado de Lituania o Estonia, si es que no tienes la suerte de encontrarte con alguno de los refugiados Mencheviques que tenemos en esta ciudad en su camino a París. Es obvio que ninguna de estas dos ha funcionado... quizás una tercera vía sea lo más conveniente para lograr el cambio que deseamos.- dijo con simpleza, aunque con un tono distante en su voz. Armstark no podía saber si ese tono denotaba resignación o un realismo político muy poco común en su compañero. Al parecer, el mismo Siegfried Schneider se dio cuenta del peso de sus palabras y buscó calmar el ambiente.- Oh, olvida lo que dije Hans. A lo mejor es simplemente la desilusión de no haber podido recibir el ascenso que tanto estábamos esperando tras poner nuestros traseros en peligro.

-Sí... descuida, entiendo tu tristeza.- le responde Hans, más aliviado de escuchar la excusa de su compañero, producto de la frustración, quien pega un profundo suspiro.

-Ah... bien, será mejor irme a casa y llamar a Letizia: si debo contarle de nuestra mudanza, mejor que sea hoy a que sea mañana. Si no acepta, pues... no me quedará otra que acabar con el compromiso.

-¿Crees que no acepte?

-Quien sabe, Herr Armstark. Creo que entender perfectamente a una mujer es algo que muy pocos pueden hacer... y dentro de ellos, no me encuentro yo. Auf wiedersehen.- tras esto, Siegfried Schneider se alejó por su lado de la calle y Hans Armstark por el suyo, dejando atrás cada uno la puerta de la casa de Ferdinand von Bredow, hombre para el que seguirían trabajando por una aún cuantiosa cantidad de oportunidades por lo menos hasta el siguiente año.


Ciudad portuaria de Liverpool, Reino Unido de Gran Bretaña, una semana después.

El frío de la mañana en el puerto de Liverpool se iba disipando a medida que pasaba el día, siendo aproximándose ya las 8:00 de la mañana. En una hora más iba a llegar su barco y finalmente, tras varios meses de arriesgar su vida y conocer la mitad del viejo continente, Roy Hungerford volvería a América, ahora con una maleta cargada de informes y una cuantiosa cantidad de dinero para rehacer su vida en algún lugar de aquel país. Así, mientras mataba el tiempo en el bar en que se había sentado a esperar, pensando si era más conveniente comprar algún lote de terreno en la costa este que en la oeste una vez llegue a su tierra tras la aventura, sus pensamientos no evitarían volverse a los sucesos de hace una semana atrás.

-Flashback- ciudad portuaria de Amsterdam, Reino de los Países Bajos, una semana atrás-

El puerto de la capital de los países bajos recibía y despedía a cientos de personas a diario, siendo la mayoría de los barcos que salían de puerto, aquellos que tenían por destino la orilla al otro lado del Canal de la Mancha. Por supuesto, el camino a casa para Roy incluía tomar el barco que partiría a London, para luego dirigirse por tierra a Liverpool y, desde allí, tomar un transatlántico rumbo a New York. Y sin embargo, allí estaba él, sentado en una de las tantas cafeterías portuarias de la ciudad esperando a que el buque arribara para llevárselo nuevamente a su hogar. Del otro lado de la mesa cuadrada, tomando un café y con el rostro más relajado, la rubia que había hecho de su viaje un infierno.

-No es necesario que esperes con nosotros a que nuestro buque llegue ¿Sabes?- dijo Riza, con una expresión neutral en el rostro.

-Oh, claro que es necesario, cariño: desde que sé que Malcolm se me adelantó gracias a que ustedes, Limeys, creyeron que estaban sobre las autoridades de un país entero y la vida de sus gentes, tengo todo el derecho de ir a donde se me pegue la regalada gana.

-¿Vas a restregarme eso en la cara... otra vez? ¿Incluso hoy, que es nuestro último día juntos?

-¿No me puedes dar esa gracia, my lady? Durante toda la misión me estuviste atormentando e intentando seducirme, sin contar que pudiste haberme envenenado con esa capsula de cianuro bajo tu lengua.

-Creo que debí haberlo hecho.

-¿Y quién te hubiera salvado de esos locos? ¿El bigotón que se pasó durante todo nuestro viaje a través de Suiza haciéndome prometer que mi reporte no mencionaría el vergonzoso incidente del Castillo de Cachtice? ¿O el Scotty yla Paddy que paraban lamiéndose sus propias heridas antes de comenzar a lamerse otras cosas entre ellos?- en ese instante Fearghus, que se encontraba en el mismo bar, se atora con su bebida y comienza a toser mientras Eadoaín lo calma. Ni Roy ni Elizabeth parecen sorprendidos que se encuentren allí.- ¿Qué? ¿Creyeron que no me daría cuenta? ¡Era obvio que lo harían tarde o temprano después de acabada la misión! De hecho, creo que soy el único soltero que no se ha divertido después de concluida esta misión.

-Veo que estás muy animado.- le menciona su acompañante, a lo cual Roy alza la pinta que tenía frente suyo.

-Debe ser la cerveza.- dice mirando el burbujeante liquido.- Esta cosa, Heineken, es buena: tiene un sabor muy especial... eso, o la prohibición terminó por hacerme creer que cualquier mierda sabe mejor que el agua adulterada que la mafia hace pasar por alcohol.- tras decir esto, toma un trago de la bebida.- En fin, el punto es que ... no, querida, no podía dejarte sola, a merced tu propia desilusión.

-No iba a matarme si eso es lo que temías...

-Seguramente no, pero a lo mejor pensaste en otras cosas.

-¿Ah, sí? ¿Cómo qué?

-Largarte de tu país y comenzar de nuevo, por ejemplo.- ella sonríe con ironía.

-¿Por qué querría eso? Soy miembro de una casa de la nobleza británica...

-Baja nobleza...

-Noble al fin y al cabo, tengo un lugar al que volver, una familia y un trabajo ¿Para qué querría renunciar a todo lo que tengo?

-¿Lo que tienes o lo que tendrás? O mejor dicho, lo que te quedará luego que tu hermano menor se quede con lo más importante...- la sonrisa se borra del rostro de la mujer y una cara de sorpresa aparece en su lugar.- Sí, averigüé algunas cosas sobre ti, tu vida y tus problemas, empezando por el tema de tu hermano y que, en caso sigas soltera antes de la muerte de tu padre, no recibirás ni un cuarto de Libra Esterlina.

-Es jodido eso de los testamentos y tener un viejo que, incluso tras tantos años de cambios en las leyes de herencia, siga creyendo en la Lex Salica.- dice la chica, tomando un trago de su café.-Pues sí, así son las cosas ¿Qué más te contó Barlow?

-¿Cómo sabes que fue él?

-No creo que hayas ofrecido dar una buena impresión en tu reporte sin pedir nada a cambio ¿O sí?

-Bien pensado. Pues bien, además de lo de la herencia, en la agencia no caes bien a algunos agentes superiores, tus pretendientes te temen y te sigues mostrando reacia a casarte, pese a que te aproximas a los inevitables treinta años, tiempo que algunos ya consideran como más allá del solicitado para mujeres casamenteras.- ella sigue tomando su café con la frialdad que la había caracterizado siempre.- El último de tus pretendientes, dijo el viejo Barlow, no parecía un mal partido.

-El primo del Sr. Barlow es un idiota, sin importar por donde se le vea, además que me lleva como diecisiete años de diferencia.

-Ok, debo confesar que no me dijo que fuera su primo. En fin, el punto es que tu situación, a decir verdad, no es nada envidiable... agregando el hecho que has fracasado en tu misión.

-Es verdad. Aún así, no pienso renunciar a este estilo de vida, por lo menos no de momento ¿Tienes idea de lo que querrán de mi si me caso?

-¿Tener hijos y quedarte en casa?

-Si lo tienes tan claro, entonces ¿Para qué preguntas obviedades? Mi educación no ha sido mala ¿Sabes? Estuve en un internado, aunque mucho de lo que allí me enseñaron casi parecía una preparación para amas de casa. Fue durante una de las reuniones de mi padre que conocí a un amigo suyo, un miembro del MI6: nos contó anécdotas de sus aventuras durante la gran guerra y, tras escuchar todo eso, finalmente, decidí que es lo que en verdad quería hacer en la vida. Así que, en vez de tomar la universidad o cualquier estudio complementario, me incliné por unirme al MI6.

-Debió ser difícil entrar...

-Lo fue. De hecho, suelen ser muy selectivos con las mujeres, pues consideran que sus sentimientos pueden jugar en contra de los intereses de la misión, que son más propensas a caer en los encantos de los hombres y que, por amor, pueden venderse más rápido.- Roy acerca el vaso a sus labios para evitar mostrar la mueca burlona que apareció brevemente en su rostro.

-Evidentemente, no te han visto en acción.

-Para nada. Ingresé con buenas calificaciones y en mis misiones siempre he obtenido resultados positivos: unas confesiones por aquí y alguno que otro asesinato por allá, sobre todo limpiar el desastre de otros agentes que pensaron más con la entrepierna que con su cerebro.- agrega con cierta sorna en su voz.

-No sé si me estás diciendo todo esto para hacer ver a tus compañeros como unos idiotas o a ti como a la más selecta de las agentes.

-Ni uno ni lo otro. También he cometido errores, pero, curiosamente, las veces que me han llamado la atención por ello, han tomado una mayor represalia a como harían con cualquier otro agente varón. Me di cuenta entonces que, pese a mi éxito, estaba cosechando envidias más que respeto o méritos para escalar, pero poco me importaba pues mi benefactor los solía mantener a raya... quizá, es por eso que sentí lo complicado que era todo una vez que se retiró de la agencia.

-Y entonces las cosas empezaron a complicarse, las misiones fueron cada vez más difíciles, pero pudiste resistir bien. Entonces, te dejaron este trabajo...

-¿Recuerdas el agente que desapareció en Rusia?

-Sí... ¿Cómo se apellidaba? ¿McKenna?

-Originalmente, a mi me iban a mandar a Rusia y él iba a estar en aquí. Era un buen tipo ¿Sabes? Agradable, bien educado, sumamente inteligente y se preocupaba por el bienestar de los demás. Quizá fue por eso que decidió cambiar de roles conmigo y ofrecerse a ir a la Unión Soviética en mi lugar. Al final, cedieron y le dejaron, aunque de mala gana.

-Y crees que, a lo mejor, querían mandarte para deshacerte de ti ¿no es verdad?

-No lo creo: evidentemente, si hubieran querido matarme, ya lo habrían hecho durante una de las tantas balaceras que tuvimos en la misión. Quizá simplemente creyeron que él hubiera traído mejores resultados como, por ejemplo, un athanatos drogado y vivo para ser encerrado en la Torre de London.

-Quizá...- dice Roy con sequedad mientras toma lo poco que le quedaba de cerveza. Mira el reloj con cierta premura y se da cuenta que no falta nada para que llegue el barco.- Creo que será mejor ir yendo al muelle, en cualquier momento llega el barco.

-Es justo lo que iba a decir.- dice con tranquilidad la mujer.- Serán un par de horas para llegar a London y a partir del puerto creo que seguiremos caminos separados.

-¿Tan pronto? Creí que podrías ir a despedirme en Liverpool: estaré algunos días allí, hasta que llegue mi paga y, luego, tomaré el transatlántico a América.

-¿Por qué debería ir a despedirte?

-Mmmm... no lo sé ¿Mera cortesía? ¿En honor a nuestra rara "amistad"… si es que se le puede llamar así?- ella parece extrañada con su declaración.

-¿Sólo me vez como una amiga?

-No nos hemos acostado aún, así que difícilmente podría denominarte de otra forma... a menos qué...- ella no lo deja terminar.

-De momento, creo que paso, pero gracias por la oferta.- le dice con cierto sarcasmo mientras se para y hace el ademán de alejarse de la mesa.- Pero, creo que...- la mujer no puede terminar de hacer su comentario socarrón, pues Roy suelta una propuesta que no se esperaba para nada.

-Ven conmigo entonces.- ella se queda helada aún frente a la mesa, mientras los otros dos agentes que estaban en la barra acababan de salir sin percatarse del dialogo que seguía entre esos dos.

-¿Perdón?

-Si gustas, puedes tomarte unas vacaciones por una temporada: el pago que me darán será suficiente para comprarme una propiedad en Nueva Inglaterra, quizás en el Estado de Maine o algún otro de por allí. Así que, si gustas, podemos pasar una temporada allí, haciendo cualquier cosa que querríamos y, si es de tu agrado...- Roy calla por un momento y piensa lo que va a decir. Finalmente, decide soltarlo.- no tengo ningún problema en que te quedes indefinidamente conmigo.

-¿Porqué me pedirías eso a mí, que te hago recordar tanto a tu ex?

-Porque, resulta que no eres tanto como ella.

-¿No?- el hombre asiente con la cabeza y una sonrisa sincera en el rostro.

-Eres infinitamente peor...- la chica lo miró con incredulidad y ya iba a volver a cuestionarle, pero el americano no le dejó.- lo digo por el tema de los asesinatos, las trampas y las traiciones... claro, estabas haciendo tu trabajo y eso lo entiendo... aún así, creo que eso es lo que me gusta de ti: eres leal a una causa y a las personas comprometidas con ellas. Sé que no tiene sentido, pero creo que, si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias, podríamos haber sido imparables... y me gustaría quitarme esa duda de la cabeza.

-Entiendo...- responde en un hilo de voz y algo extrañada.

-Entonces ¿Eso quiere decir qué...?

-Lo pensaré. Espérame en Liverpool una semana, que tengo que poner algunas cosas en orden: si aparezco para el barco de la mañana, iré contigo.

-¿Y si no vienes conmigo? ¿Cómo me lo harás saber?

-Lo sabrás, descuida.- vuelve a responder la chica mientras va caminando hacia la puerta del local y la abre.- Me encargaré que sepas mi respuesta, de una u otra forma.- dice a la vez que sale del lugar.

-Fin del Flashback-

Evidentemente, Roy había seguido las instrucciones de la mujer tal y como había sido la voluntad de ella. Y ahora, a pocos minutos que sean las nueve de la mañana, ella no había llegado al lugar. Casi podía empezar a sentirse como un gran idiota, inclusive había despachado a su compañero de misión para poder volver una semana después de lo acordado.

-Flashback - Una semana antes, Liverpool

-Déjame entender esto ¿Me estás diciendo que volverás una semana después que yo solamente porque quieres volver con tu pastelito inglés a casa?- pregunta Malcolm O'Bryan con una expresión que media entre la burla y la extrañeza.

-No es precisamente lo que te había dicho, pero... sí, si ignoramos las causas y circunstancias de mi petición, podría decirse que es eso.

-Sabes, no es que no te entienda, pero no le veo mucho sentido ¿Qué no te caía mal?

-Dije que me recordaba a mi ex, no que me cayera mal.

-En tu caso en particular ¿No es lo mismo? Digo, dijiste que ella te vendió ¿Cierto?

-Sí...- las palabras salen de la boca de Roy como si cada una de esas dos letras pesaran toneladas.

-¿Y ella no nos traicionó hace poco?- repregunta Malcolm para más inri.

-Técnicamente, no: su lealtad es con el Imperio Británico, se podría decir que sólo cumplía con su deber. No es como la otra, que me dejó cuando todo se caía a pedazos.

-Ah, claro... ¿Y que es de ella?

-Creo que es la amante de un Gánster de nivel... Luciano, sino me equivoco.

-¿Luciano? ¿Ese Luciano? ¿"El" Lucky Luciano?

-Ese mismo.- el irlandés se lleva una mano a la cabeza al escuchar esa revelación.

-Es un hombre tan peligroso como su negocio.

-El negocio de la venta de heroína, lo sé. Hay gánsteres que son reacios a meterse en él, y si el mismo Luciano no había incursionado en ello tiempo atrás era por los férreos principios de su jefe Giussepe "Joe" Masseria... por lo menos hasta la llegada de Salvatore Maranzano. Una vez que Masseria fuera despachado, Charles y sus socios no tuvieron límites: se metió de lleno y ahora tiene todo un imperio funcionando con heroína como si fuese gasolina... por decirte que hasta a las prostitutas de sus clubes y burdeles les paga con droga.

-¿Crees que ella haya terminado como esas mujeres?

-Lo dudo, puede ser todo lo traidora que tú quieras, pero no puedo negar que era sumamente inteligente. Aunque, uno nunca sabe, a lo mejor sí ha caído en ese trance.

-Aclárame algo, Hungenford, ya que estamos hablando de tu pasado con la mafia ¿Cómo es que te metieron preso por un crimen financiero si estabas metido en mierda de diferente tipo?

-Ah, el falso rumor que yo ocasioné el Crack del 29 ¿Eh? Bueno, la historia es simple: en mi tiempo trabajando como ayudante contable, y después como contador, de Arnold Rothstein, había aprendido mucho sobre finanzas y pensé que participar en Bolsa sería una nueva forma de hacer dinero fácil, para tal efecto, yo y mis asociados creamos una empresa cascarón y nos metimos de lleno a invertir. Pusimos nuestras propias acciones y, sobretodo, comprábamos otras.

-¿Algo como lo que hizo ese hijo de puta... Ponzi, creo que se apellidaba?

-Cerca. La verdad es que el rubro del negocio era el de una cadena de almacenes, dentro del cual poníamos innumerables cantidades de cajas: llenas de material inservible, cosas que les servían a otras personas o simplemente papeles en blanco, el punto era poder mostrar algo al inversor.

-Y ¿Cuando fue que decidieron sacar todo?

-Un día, estaba haciendo trabajo encubierto como lustra botas cerca de la bolsa. Entonces, me puse a trabajar al lado de un tipo que le estaba sacando brillo a los mocasines de un hijo de Irlanda... o por lo menos un descendiente de ellos. El lustrabotas que lo atendió le dio un soplo bursátil y él sólo asentía y asentía mientras el infeliz le decía como, cuando y donde vender. Cuando terminaron de hacerle el servicio, el hombre volvió directamente al edificio de la bolsa, del cual había salido hacía unos minutos. Lo seguí y vi como es que vendió una buena cantidad de acciones y se iba, por lo que decidí hacer lo mismo, aunque no hubiera avisado a mis socios. En los días sucesivos seguí vendiendo como un demente hasta quedarme sin acciones y la de algunos de mis socios.

-Seguro se enojaron bastante.

-Lo hicieron, por lo menos hasta que llegó el jueves negro: apenas vieron que se dio una caída generalizada y continua en la bolsa, me agradecieron como si les hubiera dado la vida.

-Ok, hasta allí entiendo la historia, es más, me la conozco de sobra, pero ¿Cómo es que te traicionan? ¿Cómo es que terminaste en Sing Sing?

-Buena pregunta ¿Cómo así terminé traicionado y preso? Supuestamente, hice jodidamente ricos a todos los de mi grupo ¿Cierto? El punto es que ese día no fui yo solo a la bolsa: cuando seguí a ese hombre, me encontré con uno de los miembros de mi grupo. Le dije entonces lo que había pasado, pero le pareció que mi forma de actuar era demasiado temeraria y me pidió que no vendiera su parte.

-Bueno, lo entiendo. Yo tampoco vendería porque viera a un tipo lustrándose las botas.- en la cara de Roy se formó una sonrisa que hizo palidecer a su interlocutor.

-¿Ni siquiera a Joseph Patrick Kennedy?- Malcolm por poco no se atragantó con su cerveza.

-Espera ¿Ese Kennedy?

-El mismo. Es un inversor y especulador de calibre: después de la venta que hizo ese día, pude verlo otros días más haciendo operaciones hasta que, eventualmente, se deshizo de todo lo que tenía allí. En fin, dejo de irme por las ramas. El punto es que yo lo hice y ella, al final, terminó por hundirse junto con todos los que no quisieron vender.- Malcolm pareció entender a donde iban las cosas.- Así es, ella no quiso vender y pronto estuvo pidiéndome que la ayudara con una que otra deuda, pero cuando me di cuenta que ella no estaba dispuesta a cambiar su estilo de vida, sino a seguir viviendo a costa mía, decidí dejar de ayudarla y de verla.

-Supongo que es verdad eso que dicen que no hay nada más peligroso que una mujer despechada ¿No?

-Podría decirse. La cosa empeoró cuando uno de los idiotas que había perdido dinero decidió cobrar la prima del seguro del almacén: el hijo de puta cambió las escrituras, puso todo a su nombre y, semanas después, incendió el edificio, con tan mala suerte que un trabajador de los almacenes quedó atrapado en el siniestro y murió carbonizado. Se buscaron culpables y se atraparon a los que figuraban como dueños del local, incluyendo el incendiario.

-¿A ti no te atraparon?

-Había vendido todo ¿No recuerdas? Yo ya no tenía nada que ver con ese local. Sin embargo, los que aún eran dueños y envidiaban mi cochina suerte, decidieron no dejarme indemne.

-¿Cómo así?

-Cuando los atraparon confesaron que el lugar ardió muy bien porque allí había puro material inflamable e inservible. Los nuevos dueños también indicaron eso y además me culparon a mí y a los otros que vendieron, lo cual llevó a interrogar a todos los demás que no estaban envueltos en el incendio y todos me señalaron como el principal artífice de la estafa.

-¿Y donde entró ella en todo esto?

-Ella los contactó antes que la policía y les dijo lo que iba a pasar. Les convenció que la única forma de librarse de prisión sería echarme la culpa y que no se preocuparan porque ella daría cualquier testimonio necesario para corroborar los hechos.- Malcolm, entonces, comenzó a atar los cabos.

-Eso, sumado al hecho que fuiste uno de los primeros en vender las acciones que tenías en tu empresa se prestaron para que algún periodista muerto de hambre hiciera correr el rumor que fuiste tú quien desencadeno la crisis.

-Lo cual es absurdo porque, según esa misma lógica, Joe Kennedy sería tan culpable como yo de la peor crisis financiera de la historia moderna. Y bien, así es como ocurrieron las cosas ¿Que te pareció mi triste historia?- el hijo de Irlanda pega un largo trago a su cerveza y le muestra su más inexpresiva cara.

-He escuchado mejores, pero creo que con esta me basta para darme cuenta que no eres el tipo de bastardo que nos hicieron creer. Quizá es por eso que querían desaparecerte apenas acabara la misión.- Ahora es Roy quien casi se atraganta con la cerveza.

-¿Qué?

-Sí, en un principio me dijeron que apenas acabáramos nuestro trabajo, te matara. Logré convencerlos que no fuera así, pero aún así te sugiero que cuides tus pasos una vez vuelvas a América.- el sonido de la bocina que llamaba a los pasajeros a abordar hizo reaccionar a Malcolm.- Es mi llamada, debo abordar.

-Eso último me ha dejado algo preocupado, O'Bryan ¿Crees que puedas darme una mano?

-Espero poder. Haré lo mejor que pueda.- Malcolm O'Bryan estira la mano hacia Roy Hungenford, quien responde al gesto con un apretón. - con algo de buena suerte, confío en que podré salvar tu trasero.

Eso espero, colega.- le responde mientras se separan y el irlandés-americano sube por la rampa. -Gracias por todo.- le dice Roy mientras este sube al transatlántico que zarparía hacia Nueva York. Roy no sabía en ese momento que tendría contacto con Malcolm por una temporada más y de manera ocasional dada su labor del militar, ni tampoco que sería ese barco el mismo en que el irlandés volvería a hacer el camino hasta Europa junto con su regimiento, allá por 1943, para ser enviado junto con refuerzos hacía Bélgica, donde iría a dejar sus huesos en los bosques de Bastogne, durante la sangrienta batalla de las Ardenas.

-Fin del Flashback-

La llamada para abordar sacó a Roy del flashback y lo hizo ver a uno u otro lado: ni señal de la chica. Entendió entonces que, más probablemente, ella hubiera elegido seguir su camino en Gran Bretaña, al servicio del MI6.

-Pues bien...- pensó.- tendré que seguir mi propio camino yo también.

Aún retumbaban en sus oídos las palabras de Malcolm y una ligera sensación de incomodidad le invadió mientras subía por la rampa en dirección al transatlántico, aunque no tardaría en recuperarse. Aunque tuviera que volver solamente para ser encerrado o ejecutado, aquel lugar era su hogar, el país donde vivían sus seres más amados y también a los que más aborrecía. Ensimismado en sus pensamientos, ignoró por completo a todas las personas en el barco hasta llegar a su camarote compartido en segunda clase donde estuvo hasta que el barco salió de puerto. Tirado sobre la litera, la voz de su compañero de recamara lo hizo salir de su trance.

-Compañero, hace un buen clima afuera.- dijo el hombre con marcado acento escocés.- ¿Sales a echar una caminata?- Roy miró sus cosas, pensando en la seguridad de las mismas.- No te preocupes, nadie en esta cabina tiene intención de quitarle sus pocas pertenencias, mi buen amigo. Además, debo ver a mi esposa e hijas en cubierta.- el americano tomó su saco, la maleta que contenía su dinero y se puso los zapatos.

-Eso es tranquilizador. Creo que le acompañare, amigo mío.- el escocés parece reconocer su acento.

-Ah, un americano ¿Eh? ¿Qué le trae tan lejos de casa?

-Trabajo, compañero. Simplemente eso.- ambos comienzan a hablar animadamente en el trayecto a cubierta. Finalmente, el hombre divisa a su familia.

-¿Y usted no tiene nadie con quien encontrarse en cubierta?

-Debía encontrarme con una vieja amiga, pero creo que no llegó a abordar.

-Oh, lo lamento bastante. Aunque... sabe, a lo mejor su amiga abordó por algún otro lado y usted no se dio cuenta...

-¿Usted cree?

-Sí... aunque, quizás eso sería difícil de creer, digo, habría tenido que entrar por primera clase. En fin, nos vemos después, Roy, fue un gusto conocerle.

Esas últimas palabras hicieron meditar por largo tiempo al americano, que empezaba a creer que no había evaluado todas las posibilidades. No tardó nada en darse cuenta que el escocés tenía razón, pues a la media hora de estar meditado viendo como el atlántico se expandía ante sus ojos, Riza se posó sobre la misma baranda donde se encontraba él.

-Buscarte entre toda la plebe resultó algo más difícil de lo que esperaba.- le dijo la mujer que iba vestida como si fuera un hombre más.- la verdad es que no resaltas para nada de entre todos estos hombres.

-Contrario sería tu caso si estuvieras vestida así en las estancias de primera clase.- le responde Roy echándole una mirada rápida de arriba a abajo.

-¿Deprimido por creer que no vendría?

-Un poco. Por un lado creí que sería un viaje solitario de regreso a casa, pero por otro me empezaba a alegrar que fueras a continuar con tu brillante carrera en la inteligencia británica.

-Y probablemente así sea: de momento, la directiva considera que me encuentro de vacaciones, así que será más sencillo enviarles una carta indicando mi renuncia... a menos que no me acostumbre a vivir en América.

-Buen punto. Aunque dudo que vayas a renunciar... digo, si eres lo suficientemente orgullosa como para viajar en primera clase. Si vas a comenzar a vivir como miembro de la plebe, mejor acostúmbrate a dejar ciertos lujos.

-¿Y quien dice que yo iré a vivir contigo? Podría buscar una casa y vivir tranquila en algún lugar, seducir a un tipo con mejor posición económica que tú y vivir a sus expensas en vez de rodearme del vulgo ¿Sabes?

-Viniendo de ti, eso ni tengo que dudarlo, pero necesitarás alguien que te presente en esos círculos y creo que allí te puedo ser de más ayuda de lo que crees.

-¿En qué forma?- él sonríe ante la pregunta.

-¿Ya te había dicho que hubo un tiempo en que participe en bolsa?- dijo a modo de introducción de su historia sobre cómo, supuestamente, mandó al carajo a toda la bolsa de valores de New York. La conversación los llevó de un extremo al otro del barco, pasando una y otra hora hablando de cosas que ya no se vinculaban con el crash del 29. En ese trance estaban hasta que Roy reconoció la sorprendida voz que resonó tras de sí, por lo que no pareció sorprenderse al ver a Edward Elric, Winry y sus hijos, mirándolos con poco agrado a una distancia nada considerable.

-Oh... esto no es lo que parece.

-En efecto, parece que no lo es.- responde Edward con hostilidad.- Las cosas se pondrían horribles de no saber cómo se desarrolló todo allá en Checoslovaquia.

-Ah, entonces lo sabe...- interviene Riza, quien recibe una mirada desconfiada y hasta amenazante de los padres.- Entiendo que no me tengan aprecio y, la verdad, me gustaría resarcirlo de alguna manera ¿Les importa si los invito a almorzar en primera clase?- Edward mira a Roy con cierto recelo.

-¿Viajas en primera?- Roy mira a Elizabeth y, tragándose la vergüenza, aclara.

-Ella, yo voy en segunda. Lo mejor sería aceptar, de esa forma ella podría explicarse y ustedes podrían contarnos que están haciendo aquí... porque no creo que estén en un viaje de placer ¿verdad?

-Suena justo.

En efecto, ambas parejas encontraron algún lugar donde acomodarse con los niños en primera clase. La conversación duró toda la tarde, con Elizabeth explicando cada una de las cosas acontecidas durante su misión y posteriormente a Edward hablándoles de su versión de los hechos.

-Y, entonces ¿Por qué están aquí?

-Las cosas no pintan nada bien, Hungenford: todo Europa es un caldero de emociones y resentimiento, listo para cualquiera que pueda y quiera aprovecharlo. Eso solo me lleva a pensar que una guerra es inevitable y nada ni nadie, ni siquiera un tipo o dos con poderes sobrehumanos, podrá detener el curso de las cosas.- explicó el Elric a esos dos que eran idénticos en imagen a sus amigos del otro mundo.

-Hablas del nacionalsocialista de Alemania ¿Verdad?- el muchacho asiente.

-Y no olvides al loco de Rusia, he escuchado que hace maravillas con los que llama enemigos de la Revolución... ya sabes, los envían en el transiberiano hasta cierto lugar sumamente frío.- dice Riza con cierta malicia, aunque sin cambiar la expresión amigable en su rostro.

-Me parece que no necesitamos saber los detalles.- le responde Winry con cierta incomodidad y recordando la amenaza que su marido, le contó, había recibido de la agente.- Es precisamente por estas cosas que pensamos que sería buena idea poner tierra y mar de por medio para poder estar más tranquilos... sobre todo, por supuesto, por los niños. Prácticamente hemos dejado todo lo que teníamos y vamos a volver a empezar de cero... aunque no sabemos cómo ni dónde.- ante lo comentado, Riza mira a Roy y este le devuelve la mirada, entendiendo que es lo que le quiere decir.

-Pues, quizás yo podría ayudarles... digo, a modo de compensación en nombre de mi compañera y de mi mismo, lo más que puedo hacer sería ayudarlos a establecerse en América.

-¿Que propones?

-Pasar una temporada en la propiedad que tiene mi madre a las afueras de Nueva Inglaterra. Desde allí, por lo menos, les será más fácil organizarse. Además, tengo contactos suficientes como para que su esposo pueda conseguir algún empleo en lo que sea que sepa hacer.- el alquimista parece dudar de la oferta, por lo que el moreno insiste.- Miren, sé que hemos pasado situaciones difíciles, sin embargo, la ayuda que les ofrezco es completamente desinteresada ¿Están dispuesta a aceptarla?- Edward mira a su esposa con cierta duda, a lo cual ella le mira de la misma forma. Tras pensarlo en silencio, la respuesta cae por sí sola.

-Cualquier cosa es mejor que empezar sin tener a donde ir.

-Excelente. Entonces tendré que hacer los arreglos correspondientes para que tu, tu familia, incluyendo tu hermano, se queden por un tiempo.- ante el comentario, Edward aclara...

-Mi hermano no ha venido con nosotros.

-¿Que no? Entonces ¿Dónde está?

-Él decidió tomar un camino más largo, por decisión propia.- dice mientras vuelve su vista hacia Europa.- Aún sigue en Weimar, arreglando sus asuntos hasta que le llegue la hora de partir.- dice con cierta calma antes de volver a comer.


En efecto, pasarían años hasta que Alphonse por fin pudiera salir de Europa, los suficientes como para poder desconcentrarnos un poco de lo que hace esta rama de la familia Elric e irnos a ver la suerte del resto de personajes ¿Cierto? Ustedes se preguntarán ¿Qué cuernos pasó con ellos? ... bueno, puede que no, pero, de todas formas puedo hacer una pequeña dramatización con cada uno de ellos, antes de poner una chocante escena final ¿bien? ¡Excelente! Entonces, que les parece si vamos en orden cronológico...


9 de noviembre de 1933 - República de Weimar

Ciertamente, sería poco detallista con Schneider y Armstark dejarlos con sus vidas tranquilas, más aún cuando les tocó vivir en una era tan agitada como el periodo de entreguerras. En fin, solo basta con entrar a internet y revisar la fecha para saber lo que había pasado en Alemania: Adolf Hitler pierde las presidenciales tras las elecciones federales de marzo de 1933, pero ganó las elecciones federales, obteniendo mayoría en el Reichstag, lo que le valió el cargo de Reichkanzler para el líder del partido nacionalsocialista, ocupando este partido una importante posición en la cada vez más menguante República de Weimar. Por supuesto esto no tuvo ningún efecto positivo en nuestros dos personajes, quienes prefirieron renunciar mientras aún tenían la posibilidad: Schneider lo hizo porque no veía más posibilidades de escalar en el servicio de inteligencia, cosa que sí encontró en las filas de la reformada Wehrmacht, y Armstark porque quería llevar un estilo de vida más tranquilo, a petición de su mujer. Fue, quizá, lo mejor que pudieron hacer por ellos. Ahora, ad portas de fin de año, el partido Nazi, teniendo acceso a los medios y fondos del Estado, promueve leyes y arreglos para exterminar a la oposición socialdemócrata y comunista, así como otros opositores, medidas que vieron su momento de mayor cenit en lo que la historiografía alemana conoce como Röhm-Putsch o, en español, "La Noche de los Cuchillos Largos".

Esa misma tarde, Ferdinand von Bredow se había acercado a tomar una taza de té en el Hotel Adlon, acompañado de un amigo que se desempeñaba como agregado militar en Francia. Mientras departían, la radio del lugar transmitió una noticia que dejó completamente perturbado al General de cincuenta años: su jefe y amigo personal, el ex Ministro de Defensa, Kurt von Schleicher, había sido asesinado en su propia casa junto a su esposa esa misma mañana.

-Mein Got. Das so Schrecklich.- era el murmullo general que se dispersó entre los comensales. El acompañante de von Bredow, por el contrario, entendió el peligro en el que se hallaba su amigo.

-Ferdinand, no puedes perder más tiempo aquí: no estás seguro, ni en las calles ni en tu propia casa. Déjame llevarte a la embajada, solicitaremos asilo y, si fuera posible, un salvoconducto.- El general cincuentañero, terminó de beber su té, mientras negaba con la cabeza.

-Gracias por la oferta, pero me voy a casa.- dijo von Bredow mientras dejaba una propina sobre la mesa.- Han asesinado a mi jefe ¿Qué queda para mí?- dicho esto, el general dejó en la mesa a su amigo y al mesero, quien se apresuró a tomar la propina y salió brevemente a hablar por teléfono.

Ferdinand von Bredow se dirigió hasta su hogar, recorriendo así el hermoso barrio de Lichterfelde, donde vivía. Ahora, debo decir que no importa cuanto haya investigado, los historiadores no dan una identidad concreta del protagonista de los hechos que acontecerán a continuación, por lo que me tomaré una pequeña licencia. En fin, iba Herr Ferdinand caminando cuando una figura le alcanza a unas dos cuadras de su casa.

-Herr von Bredow...

-Oh, hola... sí que ha pasado tiempo.- saluda el General.- ¿Cómo te ha ido? Creí que seguías en la costa norte.

-Me fui por un tiempo, pero resultó algo contraproducente. Hubieron temas personales que se tornaron mal, pero al final logré encontrar una oportunidad de trabajo aquí mismo.

-Me agrada escuchar eso. Por lo menos a ti te ha ido mejor en este escenario tan cambiante. Por mi parte, yo perdí mi puesto cuando von Schleicher perdió la cancillería a manos de Hitler y su puesto de ministro de defensa, por parte de Werner von Blumberg. Como sabrás, fui reemplazado por von Reichenau. Estábamos planeando hacer que Schleicher volviera al poder, incluso habíamos pensado en un gabinete junto con algunos otros... pero, ahora que Schleicher no está... de nada vale hacer planes.

-Lamento que las cosas hayan tomado el rumbo que usted no quería.

-Yo también.- dijo Bredow llegando a la puerta de su casa.- Me alegra saber que, por lo menos, a uno de los dos le está yendo bien. Ojala que la fortuna no te abandone.- dice mientras busca su llave y abre su puerta.- Gracias por acompañarme hasta aquí.- se disponía a cerrar la puerta cuando su acompañante le llama.

-Herr Ferdinand.- el aludido se vuelve y abre nuevamente la puerta, sólo para encontrarse con un cañón de pistola en medio de sus ojos. Al estallido de la pólvora y al rápido vaivén del percutor, le siguió el sonido sordo del cuerpo de Ferdinand von Bredow cayendo sobre la alfombra de entrada de su casa, justo a los pies de Siegfried Schneider que, apresurada y silenciosamente, huyó del lugar. En efecto, aquella fue la prueba de fuego, la demostración de lealtad que le solicitó Reinhard Heydrich al ex miembro de la Abwehr para ascender posiciones y no ser tratado netamente como una paria.

-Eso sería traición.

-¿Traicionarlo? ¿Cómo él te envió a sabotear mi misión y te recompensó con una casita de playa, lejos de Berlín? ¿No fue tu estancamiento profesional y la inesperada mudanza lo que hicieron a su prometida reconsiderar su compromiso y, luego, cancelarlo? Yo reconozco su compromiso, su habilidad y, sobretodo, el valor de sus acciones, por más que haya sido un antiguo enemigo. Así que, dígame ¿Quién traicionó a quien?- fue todo cuanto le dijo Heydrich y era todo cuanto tenía en la cabeza al momento de apretar el gatillo.

Ya estaba hecho. Había corrido con todas sus fuerzas, alejándose de la casa de su víctima mientras los últimos minutos de sol en Berlín iban cediendo a la oscuridad de la noche otoñal. El carro donde le esperaban estaba a una cuadra suya. Llegó, entró y el vehículo conducido por Jenell Merovinger empezó a circular. Mientras Siegfried Schneider veía como iban dejando las calles atrás, Wolfgang Tierhart, que se encontraba con él en los asientos traseros, le habla.

-Y... ¿Cómo le fue?

-Está hecho.

-Así parece... Sabe, por un minuto pensé que no lo haría.

-Ya ve que sí lo hice.- con la mano que aún podía manipular su arma, Tiergart pasa a apuntarle en la cabeza. Schneider ni se intimido.- ¿Acabará con lo que empezamos en Checoslovaquia, Tiergart?

-Ganas no me faltan. Es irónico que las cosas hayan dado un vuelco de tal forma que quienes alguna vez se opusieron a mí y mis superiores ahora tengan que bajar la cabeza y hasta traicionar a los que alguna vez fueron sus jefes. Supongo que esto es lo que llaman la justicia divina.

-Herr Tiergart ¿Me puede decir que se supone que está haciendo?- le dice Jenell.

-Tranquila, yo limpiaré lo que salga de la cabeza de este traidor.

-Hice lo que me pidieron.

-¿Y qué me asegura que no harás lo mismo con nosotros?- el silencio entre ambos se vuelve mortalmente incomodo, intensificándose en el duelo de miradas sostenido entre ambos hombres. Finalmente, Tiergart levanta su arma y la guarda.- Es una buena pregunta, pero de momento, no hay forma en que puedas hacer algo como eso. Así que lo estaremos esperando su reporte el día de mañana. De momento, felicidades, Oberscharfürher.- le dice ofreciéndole la mano, la cual el hombre acepta, resignado. Hecho esto, salió del auto y deambulo solo por las calles de Berlín.

No supo por cuánto tiempo estuvo vagando de un lado a otro hasta que llegó a su departamento. Sabía que este sería el nuevo curso de las cosas: al igual que él, Armstark también se vio obligado a unirse a la Wehrmacht para aspirar a un mejor futuro profesional. Schneider fue un poco más lejos y no solo se unió a la Wehrmacht, sino también a la Schutzstaffel. Ello, sumado a la cada vez mejor perspectiva económica alemana dio esperanzas al hombre y lo convenció férreamente que pese a todo, inclusive a la sangre que manchaba ahora sus manos, estaba haciendo lo correcto.


Aarhus, Reino de Dinamarca - 1934

Las ruinas del carbonizado convento de Santa Ofelia de Aarhus sirvieron como sólidas bases para la reconstrucción del templo, cuya financiación y organización corrió no solo por parte de la arquidiócesis del lugar, sino también de aportes personales de los feligreses. Uno de ellos, especialmente, se preocupó en donar una generosa cantidad con tal de ver el templo terminado para la fecha de su matrimonio.

-Tu prometido fue muy generoso por el cuantioso donativo.- decía la Madre Rozenkrantz, sentada sobre los restos carbonizados de una banca, a Katarina Mortendottir, mientras esta llevaba una jarra de agua y vasos para servir a los trabajadores que estaban dando los últimos retoques al nuevo convento.- Acuérdate de agradecerle de mi parte, por favor.

-Oh, vamos, no es para tanto.

-¿Cómo que no? Con los suficientes fondos tenemos los materiales comprados y los trabajadores pagados, por lo que el proyecto avanza viento en popa. También agradecer el gesto de tu familia por haber acogido a Ida, Solveig y las demás chicas: realmente, fue reconfortante saber que estaban en buenas manos.- Katarina mira a la Madre Superiora con desconcierto, como si tratara de adivinar qué intención yacía en sus agradecimientos. Ciertamente, a causa de la destrucción del convento, Katarina y otras novicias más acomodadas fueron enviadas de regreso a sus casas junto con algunas de las novicias y la hermana Ida, mientras el grueso del convento tuvo que mudarse momentáneamente a una parroquia en Odense en la vecina isla de Fionia. La estancia de Katarina en casa sirvió a sus padres para presentarle a su pretendiente, un hombre que escapó por completo a lo que tenía pensado la deslenguada muchacha.- ¿Es cierto que es apenas tres años mayor que tú?

- Sí.- contesta ella en un tono monótono.

-¿También es cierto que es guapo y pertenece a una familia adinerada de Coppenhague?- preguntó con cierta picardía la madre superiora.

-Sí...

-¿Y es cierto también que se mostró muy preocupado cuando le hablaste de nuestra situación?

-Sí, fue en un almuerzo entre nuestras familias y...- la chica se dio cuenta que le seguía el juego a la monja, por lo que decidió cambiar de tema.-Madre Superiora ¿Fue Ida quien le ha contado todo eso?

-Ella y Hilde, en efecto. También me comentaron que ya no pareces tan reacia a la idea de casarte, por lo menos ahora que conoces a ... ¿Oskar? ¿Oleg? ¿Cómo se llamaba?

-Olav, madre, como su antiguo amor.- respondió la chica tratando de devolver el golpe, pero al notar que la sonrisa burlona en la cara de Brunhild Rozenkrantz no desaparecía, se resignó.

-Eh, veo que tenemos gustos muy parecidos. Dime ¿También es cierto que tu futuro cuñado se ha quedado prendado de Ida?- la aludida, que estaba tanteando la tierra para ver si aún se podría sembrar algo allí, tomó atención de las palabras de la monja.

-¡Madre Rozenkrantz!- Katarina, ni corta ni perezosa, vio la oportunidad de vengarse de la joven monja.

-Hubiera visto su cara cuando esta rompecorazones le dijo que estaba casada con Dios.- la pobre mujer no pudo sino sonrojarse ante el comentario de la muchacha, mientras que la madre Rozenkrantz, por primera vez en años, se reía a carcajadas.- El pobre tipo amenazó con tomar los hábitos solo para poder estar cerca de ella.

-¡Katarina!

-Oh, pero si le hubieras dicho lo mismo a Anselm ¿O no? - el comentario hace que la Madre Superiora deje de reír y que Ida se torne pensativa pues, de una u otra forma, asocia el nombre del joven con Margaret, quien sería, por obvias razones, la gran ausente en la futura boda de la ex novicia.- Eh... ah... yo, lo siento.

-No te preocupes, Katarina. Por lo menos tenemos idea que le está yendo bien.- dice la Madre Superiora mientras saca una carta con diversos sellos postales. Las chicas se sorprenden y Katarina no puede con su genio.

-¡Solveig, chicas! ¡La Madre tiene una carta de Margaret!- antes que se diera cuenta, una veintena de chicas, entre monjas y novicias se habían congregado cerca de la banca ennegrecida sobre la que se había sentado la Madre Superiora, quien, algo ofuscada por la cantidad de intrusas en aquel momento, abrió la carta de su pupila.

La misiva llevaba un sello postal del Mandato Británico de Palestina. En ella, Margaret narraba el inicio de su viaje junto con Alphonse, quien, tras un año de trabajo y privaciones, decidió vender todo lo que tenía y trasladarse con ella hasta Estados Unidos... por la vía más larga

"(…) Nos fuimos a Italia, donde Alphonse se encontró con un viejo conocido que nos ayudó a embarcarnos desde Taranto hasta Grecia y, desde allí, al Canal de Suez en el Reino de Egipto. Por supuesto, no pude olvidarme de sus enseñanzas y del tiempo que pasé en el convento, por lo que primero visité Roma y la Santa Sede para poder ofrecer mis respetos y rezar porque todas ustedes se encuentren con bien. Estuvimos en Grecia un tiempo y entre el Reino de Egipto y el Mandato Británico de Palestina pasaremos lo que queda del año, trabajando de la mejor forma posible, colaborando con los ingleses que aún quedan en el primer país y con las autoridades que del segundo. Apenas lleguemos al siguiente puerto, les escribiré (Que creo que es Mumbai) les escribiré.

Un gran abrazo,

Margaret

-¿Eh? ¿Y no nos piensa decir si ya han formalizado su relación?

-Digo, están viajando juntos, viven juntos, a ella no le atan votos de castidad... así que, puede que ellos...

-Chicas ¿No creen que sería mejor si dejan de especular sin sentidos y continúan con sus tareas?- indica la Madre Superiora cerrando la carta y mirando con cierta reflexiva serenidad a sus discípulas, tras lo cual deciden hacerle caso y alejarse, no así Katarina e Ida.- ¿Y ustedes que esperan?

-Sabemos que Margaret le envió una foto, Madre.- le dice Ida sin perder su amable sonrisa y señalando un retazo de papel sepia que se asoma bajo la carta.

-Así es, anciana, muestra la imagen.- insiste con más rudeza Katarina. La monja pega un suspiro y les muestra la foto: en ella se puede ver a Margaret y Alphonse, ambos tomados del brazo, mirando a quien les tomó la foto. - Oh, se les ve muy bien ¿Donde están?

-La foto dice que en Jerusalén... espero que con eso ya les haya quedado claro que le va bien.- Katarina sonríe ante la afirmación de la Madre Superiora.

-Al final, eso es lo único que importa.

Era mayo, por lo que la temporada de verano apenas estaba a la vuelta de la esquina, pero eso no importaba porque la boda estaba programada para setiembre. Es en este momento que dejamos de seguir los pasos de Katarina Mortendottir quien, por lo que se sabe, se casó, se mudó a Coppenhague con su marido, tuvo una vida prospera y descendencia, que sobrevivió a los horrores de la guerra y que, de ser cierta su existencia, aún sigue por algún lado de Escandinavia.


Roma, Reino de Italia - noviembre de 1935

Al ser miembro del servicio diplomático, Gian Alvise no tenía ningún tipo de obligación de alistarse en el ejército italiano, que en ese mismo instante se encontraba avanzando desde las colonias de Eritrea y Somalia hacia el Imperio de Etiopía, donde resistían, de manera desesperada e inútil, las fuerzas del Ras Tafari Makonnen, autoproclamado descendiente del Rey Salomón y Makeda, la Reina de Saba.

-Sí, y yo soy descendiente directo de César Borgia.- decía con ironía, mientras revisaba el comunicado de la Sociedad de Naciones en el que se imponía al Reino de Italia una irrisoria sanción económica: se prohibían exportaciones diversas, pero ninguna dificultaría el desarrollo de la guerra, lo que supondría que Italia tomaría el control del llamado Imperio de Etiopía en poco menos de un año. Sin embargo, eso no era lo que le preocupaba a Alvise.

-Planes de conquista en Albania y el Reino de Grecia ¿Acaso Mussolini cree que tenemos una maquinaria de guerra como los alemanes?

-¿Dudas de la fuerza de nuestros soldados?- le pregunta Vicenzo.

-Nunca puse en duda el valor de nuestros hombres, sino la capacidad de sus generales y la eficacia de su tecnología bélica. En serio, Vicenzo, no sé qué tan buena idea será una invasión a los Balcanes, pero de hecho que no será tan fácil como masacrar etíopes o civilizar somalíes.

-¿Y que sugiere, Generale Gian Alvise? ¿Algún brillante plan para no perder ni un soldato y conquistar Grecia hasta el Helesponto? Soy todo oídos, Emilius Paulus.- le pregunta jocosamente, haciendo alusión al general que ganó la batalla de Pidna.

-Ok, no tengo un plan, es cierto... pero sigo pensando que es mala idea. Y si a eso le agregas el hecho que si las cosas se siguen poniendo feas en España, los agregados militares me adelantaron que una intervención sería inevitable, y no hay que ser un genio militar para darse cuenta que abrirse frentes en el este y el oeste a la vez es una malísima idea.

-Tu tranquilo con los españoles, que si hay algo para lo que son buenos es para destruirse mutuamente.

-Supongo.- concluyó Gian antes de levantarse, doblando bajo su brazo el periódico que había estado leyendo esa mañana.- Como sea, será mejor marcharme.

-Salúdame a la señora, Gian.- le dice Vicenzo antes de despedirse, a lo cual el simplemente asiente. Originalmente me hubiera gustado detallar más en la escena que marca el final de Vicenzo, pero ¿Por qué no decírselos ahora? Si conocen el final de Mussolini (atrapado en Milan, ejecutado y su cuerpo profanado junto con el de su amante, Clareta Pettaci), seguro pueden imaginarse el de Vicenzo: al momento de escapar de Roma durante el avance de los aliados, trató de ir a través de la Toscana, pero un grupo de partisanos lo reconocería en Florencia y lo lincharon, arrojando al final sus restos al río Arno. Por supuesto, eso ocurriría recién dentro de nueve años, en 1944, así que no nos preocupemos por Vicenzo y dejemos que siga su vida, enrumbado en su cada vez más corto camino hacia el olvido.

Gian tardaría unos veinte minutos en llegar hasta el departamento que el gobierno le había asignado en Roma

Ella estaba allí, sentada, leyendo otra novela en italiano, mejorando su dominio del idioma, callada como solía estarlo últimamente o, en su defecto, cuando el niño que había alumbrado hacía apenas unos meses lograba conciliar el sueño. Aunque sabe que está en Italia, por alguna razón le encanta saludarla en su idioma al volver a casa.

-Tadaima.- Ella lo mira con una cara de póker cada vez más común en su rostro, la cual cambia por una sonrisa amable.

-Okaeri...- responde sonrientemente. Él se acerca y le da un beso en la mejilla, para luego sentarse en la sala del lugar. Sabiendo que su hijo se encuentra durmiendo en la habitación contigua, decide no prender la radio y quedarse estático, mirando a través de la ventana que da directamente a la Piazza Del Popolo. Pronto su esposa se le uniría trayendo consigo una copa de vino.- ¿Deseas el almuerzo o tomar un baño?- él acepta la copa y la mira detenidamente por unos segundos.

-Si no se fuera a despertar el niño, creo que te preferiría a ti.

-Sabes, esa podría ser una frase de parejas muy interesante.- le dice ella sentándose en el sillón que tiene Gian a su lado, quien sólo atina a reírse.

-Creo que sí, tomaré el almuerzo.- le responde finalmente, ante lo cual ella se dirige a la cocina, para volver con un plato de Scaloppine, cosa que no le extrañó pues la chica ya estaba acostumbrada a la comida local, así como se solían turnar el menú entre platos japoneses e italianos. Mientras comía, ella alternaba su mirada en él y la plaza que podía verse perfectamente desde la ventana.- ¿Alguna novedad?- preguntó él, a lo que ella solo menea la cabeza, en señal negativa.

-No he recibido ninguna respuesta.- agrega.- A lo mejor las cartas se demoran en poder salir del consulado... eso, o mi padre no tiene el más mínimo deseo de hablarme otra vez, sobre todo si se tragó el cuento que me fugué con un gaijin e hice pedazos mi compromiso.

-Lo siento por eso.

-Que va, no es tu culpa. De hecho, creo que me salvaste que me tocara casarme con un idiota sin remedio.- dice hasta que escucha un golpe en la puerta. Ella va a ver de quien se trata mientras su marido sigue comiendo, mientras piensa para sus adentros que su esposa, en verdad, se muere por tener noticias de su familia. Ella vuelve con varios sobres en la mano.-Y... ¿Qué tal el trabajo?

-Cada vez más complicado por la situación bélica del país: Mussolini solo piensa en expandirse, así que probablemente pronto estemos en guerra con todas las naciones del Mediterráneo.

-Italia no es una nación poderosa, bélicamente hablando, por supuesto. Podría haberlo sido si esa cosa no hubiera sido destruida, como dijo tu amigo aquella vez en Checoslovaquia y la última vez que vino.- le responde Tsugumi mientras el italiano recuerda el fortuito encuentro que tuvo con Alphonse Elric en dicho país, hacía ya tres años.

-Flashback, Brno, Checoslovaquia, algunos años atrás-

La ciudad de Brno en primavera no tenía absolutamente nada que envidiarle a la imagen que daba Praga en invierno. De hecho, hasta parecía más animada. En un café del centro de la ciudad, cerca de la Catedral de San Pedro y San Pablo, Gian y Tsugumi tomaban un descanso del lento pero seguro avance que debían hacer hasta la frontera checa y cruzar a Austria, donde sería más sencillo huir a Italia.

-Será algo complicado por lo de cruzar los Alpes, pero vamos, que si Aníbal pudo haberlo cruzarlo con un ejército y un puñado de elefantes ¿Por qué no podemos hacerlo nosotros?

-No estamos invadiendo a nadie y, técnicamente, nos estamos moviendo por los medios legales gracias a la financiación de tu jefe. Así que ¿Por qué la prisa? - pregunta la cansada japonesa - ¿Temes que encuentren el cuerpo de Girolamo?

-En estos momentos, solo rezo para que lo que queda de hielo en el Vtlava aún tenga oculto su pútrido cadáver. Eso nos dará más seguridad.

-Aunque lo encuentren, difícilmente sabrán quien era. Digo, sus documentos ya no están con él ¿Cierto?

-No recuerdo si se los quitamos o no, pero probablemente su cadáver estará tan irreconocible cuando lo encuentren que no necesitaremos preocuparnos por eso. En fin ¿Qué vas a ...?- no termina la frase pues, tras Tsugumi, reconoce una cara sumamente familiar, pero que no representa una amenaza para él.- Oh, vaya coincidencia...- Alphonse, quien pareció en un principio no reconocer al italiano, se da cuenta de quien tiene al frente.

-Ah, Signore Gian Alvise.

-Herr Anselm Kassel, es bueno verte.- dice con efusiva alegría el italiano.- ¿No estabas en Dinamarca?

-Sí, fue una ida y una vuelta tras encontrar a quien buscaba.- le responde su interlocutor mientras señala a Margaret con un movimiento de sus brazos.

-Ya veo. Felicidades Anselm, es realmente hermosa.

-Oh, no tenemos esa clase de relación.- se apresura a decir Margaret, algo sonrojada.

-¿Ah, no? ¿Entonces qué tipo de relación tienen?

-Una amistad sumamente rara.- le responde el alquimista algo avergonzado.- No parece ser tu caso, mi buen amigo.- dice dedicándole un mirada a la japonesa, quien baja la vista por vergüenza.- Veo que la vida te ha tratado bien.

-Yo no diría eso, todo lo contrario: apenas me separé de ti, cierto, conocí a Tsugumi, y eso fue lo único bueno que me pasó; después vinieron los alemanes con su experimento supersecreto por el que casi nos ejecutan, y luego fuimos interrogados por un grupo raro de británicos que...- Tsugumi, al ver que Gian se estaba yendo de lengua le da un discreto codazo para que deje de dar detalles.- Ah, perdón creo que hablé...- entonces se da cuenta que, aunque la expresión de Alphonse sigue siendo amable, su mano parece tensarse bajo su abrigo. Reconoce ese gesto.- Anselm, mi estimado amigo ¿Parece que he hecho algo para que tengas que sujetar un arma en tu bolsillo?- el alquimista no dejó de sostener la pistola que llevaba en el abrigo pese a haber sido descubierto.

-¿Estas con ellos?

-Te acabo de contar las desgracias que me han traído esos miserables ¿Crees que estaría de su lado? Más bien, parece que tu sabes algo de todo esto ¿Tienes alguna idea de lo que está sucediendo? ¿Qué es esa cosa?

-Que era...- interviene Margaret, tomando el brazo de Alphonse para que se relaje.- Esa cosa está muerte desde hace dos días y los que iban tras ella se han dispersado.- la tensión en ambos hombres entonces disminuye y una extraña alegría se apodera de los rostros de Tsugumi y Gian, que solo pueden atinar a abrazarse con efusiva felicidad, inclusive a dejar escapar algunas lagrimas de felicidad y alivio.- Es claro el sufrimiento que han pasado por todo esto, a juzgar por la tranquilidad que puedo ver en sus expresiones.- Gian suelta Tsugumi y toma las manos de Margaret, en señal de agradecimiento.

-Signorina, nos ha dado la mejor de las noticias en toda esta desgraciada cadena de eventos en los que nos hemos visto envueltos. Pero, quisiera saber ¿Cómo es que ustedes también han estado enredados en todo esto?- Margaret mira a Alphonse y este le devuelve la mirada, casi en señal afirmativa.

-Supongo que podríamos hablar un poco de ello.- le responde la chica mientras Alphonse y ella son invitados a tomar asiento junto a la pareja. Es en ese momento que comienzan a relatar buena parte de sus desventuras, desde su escape de Dinamarca hasta los acontecimientos de unos días atrás.- Y eso es lo que ha sucedido hasta el día de hoy.

-Sólo déjame decirte que tienes una pésima suerte... o por lo menos así a sido los últimos meses. Aunque no sé si has sido tú quien me ha contagiado tu infortunio o si he sido yo, porque si escucharas todo lo que nos ha pasado desde que nos encontramos...

-Supongo que podríamos tomarnos todo el día hablando de ello. Pero me temo que nuestro tren partirá pronto hacia Plzen y de allí entraremos a Weimar por Münich.

-Oh, entiendo. No te detendré más, pero, siempre que necesites algo en Italia, sobre todo en Roma o Nápoles, no dudes en contactarme.- le dice mientras le alcanza una tarjeta con sus datos, la cual el Elric, gustosamente, acepta.

-Fin del Flashback-

Los recuerdos apenas lo habían dejado comer tranquilo, además de distraerlo lo suficiente como para evitar ver a su esposa pasar sobre tras sobre y carta tras carta, buscando alguna noticia de su familia.

-¿Esperas respuestas?- ella asintió mientras seguía pasando carta por carta, dejando a un lado de su marido las que no le interesaban y revisando el resto. Finalmente, se detuvo en una de las últimas.- Parece que viste algo interesante.

-Es de mi hermana.- dice mientras deja el resto de cartas sobre la mesa y abre la misiva escrita totalmente en kanji. Gian deja de comer y asoma por el hombro de Tsugumi, tratando de entender cada uno de los símbolos que parecen afectar bastante a la chica. Tras terminar de leer, deja la carta sobre la mesa y se deja caer, silenciosamente, en el sofá. Su desolado rostro le dice todo a Gian.- Papá no ha creído mi versión de los hechos: dice que soy una vergüenza para la familia y que, si tengo algo de dignidad, acabaré con mi... con mi...- Gian la toma de los hombros y le pide que se serene. Ella toma un respiro y termina la frase.- dice que prefiere que acabe con mi vida antes que verme nuevamente en casa por haber deshonrado el nombre de nuestra familia al haber roto mi compromiso por casarme con un gaijin.

-Debo entender entonces que no me acepta ¿Ni siquiera sabiendo que soy miembro del cuerpo diplomático?- ella niega con la cabeza.

-Conociéndolo, no le importaría si fueras embajador, pero dado que no lo eres...

-De acuerdo, ya entendí.- dice sentándose al sofá junta a ella, mientras sigue intentando descifrar los símbolos.- Y, a todo esto ¿Qué dice tu hermana?

-Ella se alegra por mí y pregunta por mi regreso. Dice que podríamos vernos en otro lugar que no sea Tokio, me propone encontrarnos en Hiroshima o Kagoshima. Creo que esta última opción te encantaría, se parece bastante a Nápoles.

-Interesante propuesta... pero ¿Cómo vamos sin que tu padre se entere?

-Yo... no lo sé. Quizá, si te designan a Japón el siguiente año, podríamos tener una oportunidad.- Gian deja la carta a un lado y se toma la barbilla, tratando de prever los movimientos de sus superiores y que opciones hay para su próxima delegación.

-Haré lo posible para ser considerado dentro de los enviados.- ella sonríe con algo de alivio. Sabe de la capacidad, habilidades y contactos de su marido, por lo que guarda confianza en que este pueda lograr su designación junto al cuerpo diplomático destinado a Japón.

-Hablando de mi tierra ¿Crees que esos dos ya habrán llegado hasta allí?

-Quien sabe. A lo mejor ya estarán yéndose de allí.- Piensa Gian mientras vuelve a mirar desde el balcón a la plaza que se erige frente a él.

En ese preciso instante, en un barco que había partido desde Manila, Alphonse veía como la niebla cubría una distante y enorme porción de tierra que se asomaba en medio del mar del Japón. La niebla cubría la visibilidad de una de las ciudades portuarias más importantes de aquel archipiélago que cobijaba a la nación que era, indiscutiblemente, la potencia de la región, eclipsando al decadente y manipulable Imperio Chino.

-Lástima que haya niebla. Los marineros dicen que desde aquí se puede tener una hermosa vista de Nagasaki.- le dice la ex novicia posicionándose a su lado, en plena proa del barco.- Pensar que empezó como un enclave de misioneros portugueses para introducir el cristianismo en Japón.

-Una ciudad bastante vieja, en pocas palabras.- dijo de forma cansada, recordando el largo camino que habían navegado, yendo desde el canal de Suez hasta Mumbai y desde allí hasta Manila.

-Lo resumiste bastante bien.- le responde- Crees que el idioma será un problema ¿Cierto?

-Evidentemente, lo será. Por eso confío que hayas podido estudiar lo suficiente.

-Conozco un poco. Pero creo que no tendremos muchos problemas, por lo menos no en Nagasaki. Es decir ¡Mira! Es un puerto influenciado por los muchos occidentales que pasan por allí.

-¿Por eso crees que podremos estar bien?

-Si no es en esa pequeña esperanza ¿En qué más podemos creer, Alphonse?- le pregunta haciendo que le mire fijamente. El Elric piensa detenidamente en la suerte que tuvieron al llegar a Italia, pasando después a Grecia y, desde allí, a Palestina, pero nada les había asegurado que tendrían igual suerte en lugares como la India y Filipinas, lugares donde tuvo la suerte de encontrarse a varios angloparlantes que les ofrecieron posibilidades para seguir autofinanciando su viaje. En Japón la cosa sería distinta a menos que...- Además, aún tenemos que entregar este mensaje a la hermana de la esposa de tu amigo.

-Ah, eso. Casi lo olvidaba. Creo que también nos pidió que le habláramos de su "experiencia" con Sigismund, si no me equivoco.

-¿Sigues teniendo tus dudas respecto a eso?

-En Alemania difícilmente nos hubieran creído ¿Crees que lo harán en Japón? Sin embargo, es la esposa de mi amigo y si haciendo ello puedo ayudarla a tener una posibilidad de volver a casa algún día, pues no veo por qué no hacerlo.- Margaret sonríe.

-Veo que te has planteado una meta en nuestro nuevo destino.- le dice la chica con un alivio que Alphonse no parece captar.

-¿Hay algo de malo en eso?

-No, todo lo contrario, me parece genial que tengas una motivación clara.

-¿Y tú, Margaret? ¿Qué te motiva?- ella se pone un dedo bajo el labio inferior, pensando seriamente su respuesta.

-¿No te lo había dicho ya?

-Creo que me gusta escucharlo de ti cada cierto tiempo.- ella pega un suspiro pesado.

-Ver que hay en cada puerto al que llegamos y en cada tierra que recorremos, conocer a sus gentes, sus costumbres y todo lo que ellos son. Después de todo, pare eso he dejado atrás las paredes de mi convento, así que, habiendo sacrificado mi tranquilidad ¿No te parece que merezco tener ese placer, el de satisfacer mi curiosidad, a cambio?- su interlocutor sonríe.

-Pensando así, serías una grandiosa alquimista.- la chica hace una mueca de satisfacción ante el halago.- ¿Y en donde entro yo en ese deseo por satisfacer tu curiosidad?- ella, por única respuesta, le devuelve la sonrisa mientras toma su mano, aún apoyada en la baranda. Nagasaki ya podía distinguirse en la cada vez menos densa niebla.

-Porque no podría haber llegado hasta aquí sin ti... y no podría hacerlo sin ti.- le responde sin dejar de mirarle. Alphonse parece algo sorprendido.

-Margaret, yo...- la chica no le deja continuar, poniendo un dedo sobre sus labios, mientras agrega...

-Después de todo, alguien tiene que ayudarme a llevar las cosas.- la frase era simple, pero los ojos y la expresión de la muchacha, así como ese ligero temblor en su voz le hicieron notar a Alphonse que ella no tenía más palabras para comunicar algo que ese rostro le gritaba silenciosamente. Como única respuesta, el alquimista devolvió la sonrisa, tomó con su zurda la mano de la chica mientras con la diestra rodeaba su hombro. Ella se sintió sorprendida por el gesto, pero no tardo en acomodarse al lado de Alphonse, mientras este respondía a sus palabras.

-Y gustosamente te ayudaré con eso. Hoy, mañana y hasta que tengas suficiente.

Y así dejamos a Alphonse y Margaret, frente a las costas de Nagasaki. Su suerte los acompañaría también en este país durante buena parte de los cinco meses que pasaron allí, hasta el momento que le tocó partir desde Tokio hasta el puerto de San Francisco, Estados Unidos, lugar desde donde se embarcaron hacia la costa este, donde, finalmente, se encontrarían los hermanos ¿Por qué no los hago sufrir? Pues, porque creo que esa fue mi meta durante todos los otros 10 capítulos del fic, así que mejor darles un final tranquilo... por lo menos a ellos.


No podría decir lo mismo de Gian Alvise y Tsugumi en su futuro inmediato: desafortunadamente para ambos, las cosas fueron tan mal como Gian se temía: tal y como se veía venir, al año siguiente, una sublevación militar tuvo lugar en España, misma que desembocaría en la Guerra Civil Española, y los mandos militares y diplomáticos alemanes e italianos no demoraron en tomar partido a favor del Bando Nacional - así como la Unión Soviética a favor del bando republicano -, enviando ayudas de todo tipo. Gian fue parte de un grupo de asesores en logística, por lo que sus esperanzas de ser derivado a Japón se frustraron durante casi tres años en los que debió hacer una serie de constantes viajes entre la península itálica y la ibérica. Ahora, si bien recibió un ascenso por los servicios ofrecidos, ello no evito que, al momento de volver definitivamente a casa, no fuera el mismo que en 1935: ciertamente, se la había pasado todo ese tiempo tras bambalinas, ayudando en tareas de logística y suministro, pero ello no lo hizo ajeno a los horrores de la guerra que presenció, lo que, de alguna forma, se vio reflejado en su salud. Su esposa, viendo su estado lamentable, decidió dejar de lado sus planes de ir a Japón y le solicitó que pidiera una baja temporal, la cual se la concedieron, momento que aprovecharon para volver al hogar familiar en Nápoles... allí se enterarían de la invasión de Polonia por parte de la Wehrmacht en 1939 y del inicio de la Segunda Gran Guerra. Gian se desempeñó como parte del cuerpo diplomático hasta que en 1942 escuchó del avance aliado en el Norte de África. Previendo que era mejor estar fuera de Italia que dentro de ella, sobre todo por su esposa y su nueva hija recién nacida, al temer que pudieran ser atacadas por su ascendencia japonesa, decidió pedir su traslado a la seguridad que proporcionaba la España de Franco, lugar desde donde sería dado de baja cuando Vittorio Emmanuele III destituyera a Mussolini como Primer Ministro, aunque después sería repuesto dada su poca influencia en las altas esferas. Tras la guerra, pediría su traslado a Japón junto con su esposa, donde se enterarían que el padre de esta murió durante el incendio que arrasó Tokio, producto del bombardeo estadounidense y lograrían reunirse con su cuñada en Kagoshima, donde residirían por muchos años.

Pero bueno, les he adelantado bastante de estos dos precisamente para no seguir perdiendo el tiempo con ello. Bien, retomemos el inicio de la Segunda Guerra Mundial ¿Les parece si volvemos a Dinamarca?


1940 - Reino de Dinamarca - Noruega

Brunhild Rozenkrantz veía desde la colina y a través de los arboles que rodeaban el convento como algunas tropas uniformadas de la Wehrmacht avanzaban en dirección hacia Aarhus. No pasó mucho tiempo hasta que un escuadrón de soldados alemanes llegó a las puertas del lugar. Se trataba de unas tres Volkswagen Kübelwagen, cada una ocupada por cinco soldados armados con metralletas MP40 y Lugher colgando de la cintura.

-Esto es malo.- murmura la madre superiora.

-¿Debo ordenar tocar las campanas?- le pregunta Ida. La mujer voltea a ver a Solveig y le hace una señal, por la cual entiende que debe ir a tocar las campanas.

-Trataré de ganarles tiempo, quiero que lleves a las chicas al túnel.- Ida se mantiene impasible en su lugar, en una demostración de templanza.

-Creo que Solveig es completamente capaz de hacerlo: ya le instruí en ello.- la monja mira con algo de duda a Ida y luego otra vez hacia el camino.- Descuide, madre, ella se ha vuelto más fuerte de lo que usted cree.

-¿Crees que se quiera hacer monja?

-No lo sé. Sus tíos saben que su recuperación es casi total, así que lo más probable es que nos la pidan en unos meses o al siguiente año.- la conversación se interrumpe al escuchar el sonido de los motores apagarse.- Ahí vienen, madre.

-Estate tranquila.- el hombre al mando del pelotón era anormalmente alto, por lo que tanto la Madre Superiora como la monja no pudieron evitar sentirse intimidadas por su presencia. Sin embargo, la amable voz que salió de su boca les hizo recuperar la tranquilidad.

-Muy buenos días, damas.- dijo en un danés casi perfecto el oficial.- Deutsches Reich Major Hans Armstark, para servirle.

-Brunhild Rozenkranz, madre superiora del convento de Santa Ofelia ¿Que trae por aquí a un grupo tan numeroso de jóvenes soldados? Si lo que desean es oro, aquí no encontraran lo que buscan.

-Descuide, madre, el pillaje no es la intensión por la que mi batallón se encuentra aquí.- dice en tono conciliador el hombre.- solamente informarle que, a partir del día de hoy, este convento y la totalidad del territorio de Dinamarca - Noruega se encuentran bajo la protección del Reich, así como el bienestar de todos sus ciudadanos.

-Creí que para eso teníamos un ejército.

-Cedieron a nuestra solicitud luego de un tiempo de... "tensas" negociaciones.- las mujeres parecieron algo temerosas al escuchar aquello, cosa que percibió el Armstark.- Oh, no, descuide. No hubo enfrentamiento ni bajas, sólo momentos de tensión entre nuestros negociadores. Nada más que eso.

-Por lo menos mantuvieron las posturas aquí. Hemos escuchado muchas cosas de lo que pasó en Polonia, así que no es de sorprenderle que nos encontremos algo desconfiadas de vuestro proceder.- Armstark cierra los ojos brevemente, recordando las cosas que Siegfried le contó que acontecieron en ese lugar. Algo nada agradable, ciertamente.

-Pierda cuidado, mi señora. Juro, por lo más sagrado, que mientras el protectorado se mantenga en pie, nadie tocará un pelo de sus novicias.- antes que Brunhild pudiera responder, las campanas empezaron a sonar. Los hombres salieron de los carros y empuñaron sus armas, creyendo que se trataba de una emboscada, pero Armstark los detuvo con una señal de su enorme mano.- ¿Qué significa esto?

-No se preocupe, Major. Cuando los vimos venir temimos que fueran a ser saqueadores o algo peor, así que mandé a tocar las alarmas para que mis chicas pudieran huir. Evidentemente, me equivoque.- dice mientras le hace una señal a Ida para que vaya a detener a Solveig.- Respecto al resto, agradezco mucho su preocupación y la protección que nos ofrece, y la acepto gustosamente.- satisfecho por el resultado, Armstark pasa a retirarse junto con sus hombres, dejando a Brunhild pensando en el futuro.- Entonces, supongo que ahora somos parte del Reich de los mil años...- murmura para sí misma en voz baja mientras vuelve al convento, donde ya todas las mujeres se encontraban, preparadas para huir. La mujer no las miró, sino que siguió caminando hasta llegar al altar.

-¿Madre Rozenkranz? - preguntó Solveig. La mujer no respondió, solo se arrodilló y empezó a rezar, cosa que las demás empezaron a repetir sin mediar palabra.


Viena, Austria ocupada por el Reich - diciembre de 1940

Gerda von Jungingen se encontraba firmando el último de quince documentos por los cuales cedía la propiedad de la casa donde se encontraba a su sobrino, Ottakar, así como terminaba de redactar su testamento y otros papeles más. Quería que todo pasara por el notario antes de su ostracismo a Suiza. Apenas ha terminado, llama a su mayordomo, pero quien termina apareciendo es su sobrino.

-¿Sigues ocupada, tía?- la mujer le mira sin sorpresa, pero expectante a la aparición del mayordomo.

-No, ya terminé ¿Donde está Jan? Necesito que se lleve esto después de servir el té de la tarde.

-¿No hay posibilidad de convencerte para que te quedes?- le pregunta el joven tomando asiento en un diván del estudio que alguna vez le perteneció a su tío.

-¿Y vivir otra guerra? No, hijo, ya tuve demasiado con la anterior y te sugeriría que ni te atrevas a experimentar esta: los hombres han mejorado su habilidad para hacerse pedazos, así que muy seguramente verás más barbaridades que en la anterior.

-Me temo que es muy tarde: llamaron a una leva y nos han reclutado a mí y varios de mis compañeros.- anuncia Ottakar depositando un papel de reclutamiento.

-¿Qué harás ahora?

-¿Qué más puedo hacer? Supongo que quedarme y luchar.

-No seas idiota, cuando te pregunté fue para saber a dónde demonios piensas huir.- le dice la mujer parándose de la silla y tomando sus brazos. Se notaba la preocupación en sus ojos y su voz.- ¿Qué ganas luchando por ellos? ¿Qué han hecho ellos por ti?

-Sé que no han hecho nada. Pero este es un deber que se me ha asignado y no debo fallar... demás está decir que será peor si no me presento al cuartel al día indicado.- la mujer veía que no podía hacer nada para cambiar la decisión de su sobrino.

-Debí haberte enviado con tu prima: por lo menos se mantendrían ambos lejos de aquí y se cuidarían mutuamente.- expresó en un arranque de frustrada resignación.

-Quizá sí, quizá no. Dado que no la he tratado lo suficiente, no puedo confirmar ni una ni otra cosa.- la mujer, en un último intento para evitar que su sobrino haga algo de lo que se arrepentirá, se para y amenaza al joven.

-¡Te juro que si tomas un solo fusil para el ejercito de una patria que no es la tuya, no verás ni un solo centavo de mi fortuna caer en tus bolsillos!- Ottokar se detiene en seco, como si dudase de su convicción, pero apenas le duró un instante, pues a los pocos segundos se vuelvo hacia su tía.

-Lo siento, tía. Hay deberes que no se pueden evitar.- la mujer le dedica una mirada abatida que le genera una culpa sumamente fuerte. Ante ello, el joven únicamente responde.- Lo único que puedo prometerte es que haré lo imposible para mantenerme con vida.


En efecto, Ottakar haría lo imposible para lograr sobrevivir, pero no pudo evitar resultar herido durante la batalla de Kiev, razón por la que le dieron de baja y fue dejado como convaleciente en el recientemente establecido Reichkomissariat Ukraine, lugar donde estuvo en convalecencia hasta su recuperación. Es en ese momento, a pocos días de ser enviado hacia el sitio de Stalingrado, que escuchó las historias de sus compañeros que le hablaban de días enteros de lucha, muerte y condiciones infrahumanas, suficientes para que el joven noble tomara la opción de sobornar a unos marinos que se dirigían hacia Estambul, con el fin que le dejen entrar de polizón. Los marinos ucranianos aceptaron las joyas que les ofreció gustosamente y, en menos de lo que esperaba, Ottakar ya estaba figurando como desertor no habido en las fichas nazis y como inmigrante ilegal en algún registro de Constantinopla, donde permanecería durante todos los años que le restarían a la guerra. Estando allí, se casó y creó un pequeño negocio, cambiándose de nombre en el proceso, para evitar ser víctima de seguimiento por parte del ejército alemán. Al terminar la guerra, volvería a Austria junto con su familia, solo para hallar que parte del patrimonio familiar había sido saqueado, razón por la que se vio obligado a buscar a su tía en Suiza, lugar donde se había autoexiliado. Grata fue la sorpresa de Gerda no solo de ver a su sobrino con vida, sino también casado y aunque en un principio pareció algo decepcionada que hubiera sido con una musulmana, llegó a aceptarla en la familia. Tras escuchar de la desaparición de su vivienda, la mujer tuvo que volver a Viena para monitorear sus posesiones (o lo que quedaba de ellas) y disponer de las mismas, razón que le obligó quedarse en esa ciudad. Sería allí donde recibiría noticias de Margaret, quien le anuncia que se encontraba viviendo en Estados Unidos junto a su nueva familia... seré cruel, no diré si se casó o no con Alphonse, sólo diré que para 1950 ya había formado una familia en ese país. Esta correspondencia duraría los siguientes 10 años, hasta el momento de la muerte de Gerda, allá por 1960.


Moscú, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas - 1941

Las tropas del pelotón iban avanzando a paso ligero en medio de las ruinas de la capital rusa. El grupo liderado por Igor, quien tenía a su lado a Izyaslava y Konstantin, se movía como podía entre los escombros y la nieve, tratando de no llamar la atención de los nazis, quienes habían apostado francotiradores en lo alto de los destrozados edificios de la ciudad.

-Con la cabeza baja, camaradas. No querrán terminar como un colador.- la fila siguió al viejo capitán soviético, que se movía como una rata en medio de los escombros. Eran los primero días del invierno y ya empezaba a sentirse un frío que calaba la piel por encima de los abrigos.

-Nos preocupamos demasiado por los francotiradores ¿No sería mejor estar más al tanto de los Stuka?

-Descuida, Camarada, los fascistas no han tomado en cuenta al General Invierno, nuestro gran aliado: cuando su frío aliento toque nuestras tierras, sus motores estarán tan congelados que les será imposible hacernos la vida difícil con esos malditos Stuka.

-Eso espero.- replica Konstantin. Igor se vuelve al escuchar la duda de su pupilo.

-Pareces desconfiado, Konstya.

-Es solo que, para ser la segunda semana de invierno, aún veo demasiados Stuka en el aire.- alega el joven.

-Ten paciencia, muchacho. Estoy seguro que para la próxima semana ya no veremos ningún Panzer moviéndose por aquí.

La tropa siguió avanzando, en medio de las ruinas y los charcos de agua y mierda, producto de la rotura de cañerías a causa del bombardeo. Finalmente, llegaron a la vieja línea del metro.

-Muy bien, camaradas, hemos llegado. La misión es simple: patrullar hasta la próxima estación y ver que no haya ningún alemán en el túnel. Despues, saldremos por la próxima estación y nos refugiaremos con nuestros aliados en el puesto de avanzada.

El grupo se metió al subterráneo y avanzo con toda la cautela del caso en la formación de exploración: dos rastreadores adelante, la vanguardia de cuatro y dos de retaguardia. El enorme túnel del metro moscovita parecía interminable, pero no tardaron mucho en vislumbrar una luz que, claramente, daba a una salida... o por lo menos eso les parecía hasta que vieron el enorme forado que se había hecho en el techo del tunel, que daba justo hacia el medio de una calle. Arriba de ellos, sonaban disparos.

-Parece que hay una batalla allá arriba.- dice Izyaslava.- Tenemos que ir con más cuidado o tomar otra salida.- Konstantin revisa el mapa del subterráneo y su conclusión no es nada alentadora.

-La próxima salida está a, por lo menos, tres horas más de caminata.

-No podemos tomar esa opción, nos estaríamos desviando demasiado de nuestro objetivo.-alega uno de los soldados.

-Tiene razón, además, no sabemos que podríamos encontrar más adelante.- le secunda una conscripta. Finalmente, Igor toma una decisión.

-Esperemos que se calmen un poco las cosas y saldremos. No hay más opción.

Y de esa forma, el grupo esperó con calma que la batalla que se desarrollaba arriba de ellos. No pasaría más de veinte minutos para que se hiciera un silencio prolongado, señal que entendieron los soviéticos para salir lentamente del agujero en medio de la pista. El objetivo era simple: llegar a un edificio a res calles de su ubicación actual, para ello solo debían ir por una de las veredas aledañas y cruzar la pista en una determinada parte del camino. Todo fue bien hasta, precisamente, esta última parte. Es en ese momento que resuena entre las calles vacías un único tiro que atraviesa la cabeza de uno de los soldados, a lo que siguió una ráfaga de tiros de metralleta que, aunque no impactaron en el pelotón, les hizo entrar en pánico. El francotirador nuevamente ejecutó un tiro mortal sobre otro conscripto mientras estos se encontraban ocupados disparando a todos los lugares desde donde, creían, venían los disparos. Pudieron, finalmente, refugiarse en el recibidor de uno de los edificios cercanos, desde donde pudieron planear sus movimientos.

-¡Debemos volver al subterráneo! ¡Nuestra posición es insostenible!

-¡No falta mucho para llegar al edificio donde están nuestros camaradas! ¡Solo hay que cruzar la pista! ¡Vamos a seguir!- ordena Igor.- ¡Vamos! ¡Izya! ¡Konstya! ¡A la vanguardia!- Los dos mencionados se ponen a la cabeza y lideran la marcha, seguidos inmediatamente por Igor y los demás soldados.

Es en ese momento que un sonido distinto al de las metralletas y el rifle del francotirador les hela la sangre: un caza Stuka, que Igor nunca hubiera esperado ver ese día, apareció de súbito y lanzó una ráfaga que convirtió el torso de todos los soldados de la vanguardia de la tropa en una masa sanguinolenta que tiñó la nieve de rojo. Con Igor, sin embargo, la fortuna fue más complaciente: sólo una de cinco balas que pudieron haber acabado con su vida, le impactó de lleno, entrando por encima del ojo, yendo en diagonal, atravesando conductos nasales, el interior de la cara y destrozándole un lado de la mandíbula cuando salió. La muerte fue dolorosa y tardó algunos minutos, pero ni Konstya ni Izya tuvieron tiempo de quedarse y confortar a su mentor mientras su vida se extinguía en medio de la nieve, la lodosa tierra y la sangre de sus camaradas: ambos jóvenes, al ver a su tropa reducida, ordenaron la retirada a las ruinas de la ciudad, donde se arrastraron para buscar otra salida de aquel barrio. Al final, fue un soldado de un batallón alemán, quienes lograron repeler a la tropa, quien le otorgó al desgraciado Igor la gracia de la piedad, descargando un tiro de máuser a su destrozada cara. Los soldados siguieron avanzando, ya no preocupándose por responder el fuego, sino solo por llegar hasta donde, se supone, estaban sus camaradas. Konstantin, con las manos aún temblorosas por lo que había visto, toma el mapa y revisa el lugar.

-Ok... ok... nos hemos desviado un poco, pero no falta mucho. Si damos un rodeo, corto, podremos llegar en... en ... nada de tiempo.- los soldados lo miran consternados.

-Esa cosa podría seguir allí.- dice uno de los sobrevivientes, con una clara expresión de miedo en su cara. Konstantin menea la cabeza en señal de negación.

-Requiere combustible y es muy ruidosa. Tranquilos... la siguiente vez... estaremos preparados.

Sin embargo, no hubo necesidad de preparaciones. El grupo siguió por la desviación que sugirió Konstantin y, en quince minutos, llegaron hasta el puesto de avanzada soviético. Todos los cansados soldados pudieron, entonces, darse un tiempo para descansar y llorar a sus camaradas perdidos en el proceso. Konstantin estaba en silencio, sombrío y cabizbajo, como si quisiera saber la verdadera naturaleza de sus pensamientos. Así lo encontró Izya, que fue a sentarse a su lado.

-Lamento lo del viejo Igor.

-Era un bastardo miserable que me torturó durante meses enteros, haciéndome creer que aquellos a quienes amaba estarían destinados a morir... pero fue el único bastardo miserable que cuidó de mi luego de la muerte de mi padre.

-No entiendo si eso fue un lamento o una celebración, pero supongo que hace menos necesario el consolarte.

-Bastante menos necesario.- le responde mientras descansa, apoyado sobre una columna derruida.

-¿Qué harás ahora?

-No lo sé... supongo que seguiré con este pelotón hasta que acabe el sitio ¿Tú?

-Estoy harta de todos estos edificios y la porquería desperdigada por la ciudad. Pediré mi traslado al norte, al frente contra Finlandia: desde allí podría hacer muchas cosas, inclusive...

-¿Qué cosa?- la chica parece dudar. No se le había ido de su memoria la cara de Elizabeth al momento que Konstantin le traicionó y temía que esa misma mirada se repitiera en su propio rostro. Pensó brevemente en su pregunta y, después, habló.

-Ya sabes... escabullirme por la frontera.- dijo con tranquilidad, casi como si se tratara de una pequeña travesura sin repercusiones graves.- y la verdad es que... me serías muy útil, Konstya. Digo ¿Sabes hablar noruego o finés?

-Sé algo de noruego.

-Eso es perfecto. En ese caso, tu importancia es más valiosa que nunca para mi.- en ese momento la chica le tiende la mano al desorientado joven.- Te necesito en esto ¿Vendrías conmigo?


Nadie sabe con certeza el destino de ambos, pero especulo que, al final, tras varias penurias, sobornos y casi ser descubiertos en más de una ocasión, lograron desertar de las filas del Ejército Rojo y escabullirse por la frontera con Noruega, país donde vivieron en un perfil bajo, en medio de las comunidades de tribus Sami durante años y años.


Londres, Imperio Británico - 1944

Jeoffrey Barlow se transportaba en su vehículo, un McLaren último modelo, por las calles de la capital, distraído de todos los problemas que le ocasionaba el trabajo y los horrores de la guerra que se había desatado hace ya 4 años. Afortunadamente para él, su edad era demasiado avanzada como para alistarse y su cargo en el MI6 demasiado importante como para desperdiciarlo enviándolo al frente. Lo que sí había tenido que hacer era movilizar la maquinaria de inteligencia que preparaba Inglaterra contra sus enemigos del otro lado del canal de la Mancha, cosa que era más difícil de lo previsto dada la ausencia de cierta agente que había fugado algunos varios años atrás. Se había enterado de la dimisión de Elizabeth Angharad Winchester por medio de un telegrama enviado desde Estados Unidos, lo que tomó por sorpresa a varios de los agentes del MI6. En efecto, sabía que la mujer tenía dificultades dentro de la agencia, pero no creía que fuera tanta la presión como para huir al otro lado del Atlántico.

-Probablemente huyó con ese Yankee.- se dijo cuando se enteró de cómo le estaba yendo a la chica por boca de Edaoaín al momento de visitarla a ella y a Fearghus en la Isla de Man, lugar donde residían y se desempeñaban como instructores de agentes prospectos de Irlanda y Escocia, posición que les agradó mucho más que el trabajo de campo, especialmente luego del caso del Athanatoi. Por supuesto, la queja de Barlow no provenía de la ausencia de la mujer, sino de la enorme carga laboral que le dejó y tuvo que redistribuir entre nuevos agentes y personal, lo cual fue duro para todos pero, al final, el resultado fue satisfactorio, por lo que podía estar tranquilo esa semana.

-Creo que me merezco un puñado de buen tabaco.- se dijo mientras estacionaba el carro y se dirigía a Baker Street, donde compraría el tabaco.

Sus pasos lo llevaron a una tienda por departamentos, de unos cinco pisos aproximadamente, teniendo que caminar por algunos puestos para por fin llegar hasta el puesto de tabacos. No pudo terminar ese trayecto: apenas veinte segundos de haber entrado al local, un Misil V2, lanzado desde el norte de Francia, cayó sobre el edificio, reduciéndolo a una humeante pila de escombros en una fracción de nada. El destrozado cuerpo (o lo que quedaba del mismo) de Jeoffrey Barlow fue recuperado ese día por el cuerpo de bomberos de la City de Londres. Fearghus y Eadoain tuvieron que dejar su apacible retiro en la Isla de Man para poder asistir al entierro, donde escucharon por palabra de algunos colegas que el ataúd podría ser del tamaño de una caja de zapatos y, aún así, los restos del difunto - que fue identificado por los anillos que se encontraron en un pedazo seccionado de mano - podrían caber perfectamente. Los ataques con misiles intercontinentales se dieron a gran escala a lo largo y ancho de la guerra por lo que, así como Barlow y otros infortunados, muchos más corrieron la misma suerte.


Berlín - Batalla de Berlín- 25 de abril de 1945

Hans Armstark miraba el cielo nublado por el humo, la humedad y las nubes cargadas de una lluvia que quizás nunca vería caer. El sonido de los disparos resonando a lo largo y ancho de la ciudad, de las balas impactando en el suelo o las columnas, o el mismísimo rugir de los morteros le parecían simples rumores y sonidos apagados a la distancia, especialmente desde que uno de estos últimos cayó justo a sus pies mientras dirigía a uno de los grupos de civiles que buscaban un recoveco entre el cerco ruso para poder escapar de la ciudad. El grupo en su mayoría, estaba formado por ancianos, niños y mujeres de distintas edades, a quienes sabía que no podía dejar a merced de los soviéticos: había escuchado las noticias de lo que habían hecho los rusos y los polacos sublevados contra las mujeres alemanas de la Polonia ocupada y el hecho de imaginarse una escena tan horripilante como ver a una mujer, niña o niño siendo violado por hasta catorce rusos a la vez le hacía pensar en la buena suerte que tuvieron su mujer y su hijo de morir aplastados por los escombros del edificio en el que vivían sus suegros en Dresde, durante un bombardeo ejecutado por los británicos y americanos, quienes tampoco gozaban de buena fama entre las mujeres alemanas, aunque no parecían tan salvajes como los bolcheviques.

Entonces, por un segundo, Armstark recobró la sensibilidad en el oído y comenzó a verlo todo más claro. Giró la cabeza hacia ambas direcciones y se apoyó en los escombros que tenía al lado para erguirse e intentar caminar. Buscaba avanzar sin ver el estado de su pierna derecha... o por lo menos del amasijo de piel, músculos y tendones embadurnados en la sangre coagulada y manchada con la tierra negra que era su extremidad. El dolor era insoportable y pronto volvió a caer, esta vez, apoyado en una destrozada pared de lo que hacía unos meses fuera una pastelería. Recordó por breves instantes el sabor de los pasteles de manzana de Winry y la pena que sintió al saber que se marcharía con su esposo fuera del país.

-¿Que será de ambos?- se preguntó mientras parecía divagar entre la perdida de la conciencia y la reacción, osada pero necesaria, que podría salvar su vida. Finalmente, decidió hacerlo.- Artz!- gritó con tal fuerza que algún soldado habría podido confundirlo con el sonido de un mortero o un panzer. La suerte estaba echada, ahora solo debía esperar a ver quien aparecería ¿Amigo u enemigo? Miró nuevamente a su alrededor y no pudo sino sentir un dolor en su corazón al ver la gran capital hecha ruinas, sus orgullosos ciudadanos arrastrándose fuera de la ciudad como cucarachas… e incluso sintió un nudo en la garganta al ver como alrededor del camino que tenía frente a él podía distinguir hasta más de una decena de miembros de la Schutzstaffel, e incluso de las Hittler Jugen, tirados en el suelo, muertos por morteros, balas soviéticas o incluso por sus propias pistolas. -¿Ese hubiera sido tu final, mi estimado Siegfried?- se preguntó recordando a Siegfried Schneider, quien ahora debería estarse pudriendo en algún lugar asignado por la GESTAPO al descubrirse que estaba ayudado a Claus von Stauffenberg en la denominada Unternehemen Walküre. Solo Dios sabría si seguiría vivo o no después de traicionar, nuevamente, a sus superiores.

Finalmente, alguien hizo caso a su llamado: ante él, un hombre adulto, pero no muy joven, quizá un poco más mayor que su hijo muerto. No llevaba el traje de la Wehrmacht, ni de la cruz roja, solo un sobretodo, típico de los conscriptos soviéticos.

-Oh, veo que perdí. Esperaba a un médico ¿Sabes? - le dice en un ruso perfecto a su joven enemigo, quien le apunta con su arma. No parece sorprendido, seguro habría visto o matado otros alemanes o alemanas que le suplicaran en su idioma.

-¿Últimas palabras?

-¿No se supone que llevan a los prisioneros a campamentos?

-¿En serio desea eso?- Armstark recuerda brevemente los relatos sobre el "tratamiento especial" que recibían los alemanes en los campos de prisioneros. Con una mueca parecida a una sonrisa, Hans saca su pistola y, lentamente, apunta al joven.

-Pensándolo mejor... no gracias.- su interlocutor no espera a que el enorme alemán termine de apuntarle siquiera: antes que pueda poner en una correcta posición la pistola, le descerraja tres tiros en su musculoso torso, penetrando a lo largo y ancho de su pecho. Armstark sintió las balas entrar y salir de allí. Aún así, siguió llevando la pistola hacia el frente, apuntando al joven soldado quien iba a volver a disparar hasta que el chasquido vacio de la Lugher le hizo detenerse.- Oh, cierto... ya no tengo balas.- dicho esto, el resto de su cuerpo cae al suelo y su rostro queda apoyándose sobre la sien derecha. Mira a su ejecutor y, tras de él, a la destrozada ciudad de Berlín, que por un momento empieza a llenarse de luz y vuelve a ser la hermosa joya de Brandemburgo que fuera antaño, la ciudad gloriosa a la que llegó, la capital de un Imperio al que sirvió con devoción y del que ahora se despedía. Su mujer y sus hijos, - el mayor había muerto en el frente occidental - lo esperaban al otro lado del portal existente entre la vida y la muerte, y solo necesitaba un pequeño empujón para llegar a ellos. El joven soviético se lo dio, en forma de una descarga de su Tokarev TT-33. Curiosamente, una mejor suerte corrió su antiguo colega, Siegfried Schneider, quien fuera liberado del campo de concentración de Dachau en el que se encontraba por colaborar en el atentado que casi le cuesta la vida al Führer. Poco se sabe de su suerte, más allá que logró escapar de sus propios liberadores, cambió por completo su identidad y tomó un barco hacia Brasil o Argentina. Su rastro, por lo menos y a partir de ese momento, se pierde eternamente en la historia.


Llegados a este punto, aquellos personajes que no comenté su suerte, es muy probable que hayan muerto o que simplemente su fortuna no es relevante para quien les escribe. Ah, pero seguro, también nos falta ver a los personajes que creé y se quedaron en aquel otro mundo. Pues, especular una trama o contexto en el cual ellos pudieron haberse visto envueltos paralelamente a la historia que estamos terminando o incluso a los finales que les he narrado en estas líneas, sería tentar una nueva historia, rigiéndome por lo ya contado y según las reglas establecidas por el mundo de la maestra Arakawa ... cosa que no pienso volver a hacer, pues sería tener que volver a repasar hechos, antecedentes y fabricar una nueva historia en base a algo a lo que ya quiero dar fin. Además, tal y como suele ocurrir en los casos modernos, tras una serie de conflictos a gran escala suele haber una larga y enorme época de paz, por lo menos hasta que se nos dé la gana de arrancarnos las tripas otra vez ¿Verdad? Bueno, en el presente caso, este periodo de paz abarcaría la vida de estos personajes, así que su final, ciertamente, es muchísimo más feliz que aquellos que ya he mencionado arriba. Sin embargo, pese a que es demasiado bueno para ser verdad, creo que puedo decirles que fue lo que le ocurrió a algunos de ellos, independientemente del contexto de aquel mundo. Entonces ¿Por quién puedo empezar?

¿Qué les parece con ese par de simpáticas gemelas, Elsie y Anais Fabre? Ya saben, las que en la primer fic tenían una cafetería. Al final terminarían casándose con Stephen Lloyd y Tristan Wiels respectivamente, lo que terminó con la mudanza de Elsie a Rizenbull , donde vivía su marido, y con Anais se dedicándose a llevar la cafetería únicamente con Tristan.

Otro matrimonio cantado del anterior fic era el compuesto por Arzu Mendelssen y Mijail Alexanderson ¿Que puedo decirles respecto a estos? A mi parecer, tuvieron un par de hijos y llevaron una vida relativamente tranquila, aunque Mijail desde su ceguera no podía hacer demasiado... por lo menos hasta que vio una posibilidad en su discapacidad. Un buen día que su esposa estaba de viaje por motivos de trabajo y ninguno de sus amigos estaba cerca para ayudarle a leer, el soldado ciego tuvo una magnífica idea.

-¿Y si creo un sistema de lectura para invidentes?

La idea fue buena y la pensó durante suficiente tiempo, lo suficiente como para que, al momento de volver Arzu, esta le ayudara con los caracteres táctiles que representarían su nuevo abecedario. Y bien, así es como en ese mundo se crearía lo más parecido a lo que nosotros conocemos como braille. En cuanto a Arzu, esta serviría en el ejército hasta su retiro.

Rosamund Stephanova, la chica de Cacería de Muerdagos que acompañó a Alphonse en aquel Spin off, haría su vida como se esperaba para una chica de un lugar tan frío como es el norte de Amestris. De vez en cuando viajo al sur para conocer el lugar de donde vino su amor pasajero, sorprendiéndose de encontrar gente que aún lo recordaba. Volviendo a su tierra, se dedicó a la escritura, creando una larga compilación de historias, tradiciones y leyendas del norte de Amestris, obra que iría expandiendo hasta el final de sus días.

Respecto a los dos únicos antagonistas que quedaron vivos, dígase el terrorista desertor Lawrence Balassa, la autómata Victoria Sayer y su enorme lobo-autómata, Culann, desaparecieron de la historia que le concierne a todos estos personajes, así como la de aquellos creados por la maestra Arakawa, por lo que puedo deducir que se fueron hasta más allá de las fronteras de Amestris, volviendo únicamente para un evento nada feliz en sus vidas, tras lo cual se marcharían, esta vez, para siempre. Lo único que puedo asegurar es que vivieron lo suficiente para cuidarse los unos a los otros hasta el último de los días de Lawrence, quien por ser humano tendría una vida evidentemente más corta que la de ambos autómatas... Ok, creo que capte su atención ¿Por qué motivo volvieron a Amestris? Ya se los explicaré.

Finalmente, respecto a dos de mis "hijos" predilectos, Jane Fallwind y Johannes Engel... bueno, esto será un poco largo y... ¿Seguros que quieren leerlo? Si deseas continuar, adelante...

¿Sigues aquí? Te advierto que la cosa no es tan bonita como parece ¿De acuerdo?

¿Seguro/a?

A dos meses de ocurrida la conversación con Margaret, ambos se casarían. Asentados en Rizenbull de forma permanente, únicamente volverían a Central por motivos profesionales, en el caso de Jane, o académicos, en el caso de Johannes, quien nunca dejó de estudiar su condición no solo para bien de otros, sino también con la esperanza de poder prolongar su propia vida: sabía que su tiempo se había acortado desde que dejó de ser un Athanatos, así que hizo investigación tras investigación para poder desentrañar los misterios de su propio ser. Sabiendo que cualquier día de su vida podría haber sido el último, Johannes decidió vivir cada uno como tal, lo cual se vería reflejado en la gran cantidad de hijos que tuvo la pareja. Arzu, en alguna que otra visita que le haría, mencionaría...

-Si sigues con esto, tu mujer no podrá salir hasta más allá de Rizenbull y sus alrededores ¿O acaso tu puedes solo con tantos niños?- le preguntaba la albina, quien siempre se quejaba de tener problemas con tan solo dos. Afortunadamente para ambos, Elba, la madre de Jane, había sido dada de alta del Hospital General y pudo ayudar a la pareja.

Así pasó la vida de Johannes, en conjunto con su esposa, hijos y su suegra, quien vendría a ser como la madre que perdió hacia tanto tiempo. Entonces, en uno de los últimos días de cierto verano, le sobrevino una debilidad que pareció indicarle algo nada agradable. Una pesadez que no había sentido nunca le obligó a tomar asiento. Creyendo que en ese momento se iría, Johannes miró a la mujer con la que había estado casado durante veinte años y con la que había tenido media docena de hijos, entre varones y mujeres, y le dedico dos palabras.

-Te amo. - la chica parecía entender el significado de algo tan simple y llamó a todos cuantos pudo para que le ayudaran en caso ocurriera lo peor. Afortunadamente, nada pasó aquella vez, ni las otras siete veces en que se descompensó y tuvo que llevarlo a un diván a descansar. Sin embargo, notaba como todas esas descompensaciones lo iban demacrando: el cabello rubio parduzco se volvía de un color parecido al heno seco y sus ojos azul verdoso se tornaban más opacos.

-¿No hay nada que podamos hacer? Estas decayendo, como un árbol que ha sido envenenado.- le decía ella, cada vez más preocupada.

-Evidentemente, no se puede hacer nada. Lo único que me gustaría tener ahora, creo, es un poco más de tiempo... aunque, quizá, eso sea demasiado pedir.

Aún así, Jane se dio cuenta que su marido no había perdido ni las ganas de vivir ni su gusto por la vida: aún abrazaba a sus hijos, sin importar que el mayor tuviera ya casi diecinueve, aún ayudaba a su suegra en el cuidado de los más pequeños y a ella, a su esposa, siempre la saludaba y la despedía con el mismo "te amo" que le dedicó durante la primera descompensación.

-¿En serio que es tu momento? - le preguntó con cierta incredulidad una noche.- Parecería que en cualquier momento te podrías levantar y salir corriendo por toda la comarca.

Finalmente, una tarde de otoño, mientras estaba sentado en su cama, mirando el atardecer desde su habitación, acompañado de su esposa que se encontraba revisando unos papeles, cartas y viejas fotos del año en que se conocieron, Johannes simplemente le dijo de la nada que la amaba, de una forma tan casual que le sorprendió a ella misma. Sin embargo, tras estas palabras, ella notó que los labios de su esposo aún querían decir algo más. Finalmente, tras dos segundos, dijo de forma apagada, con una triste sonrisa en su rostro y estirando su brazo hacia ella, quien logró tomarlo antes que sus fuerzas se fueran de las extremidades.

- Gracias... por todo... gracias...- la distancia se cerró entre ellos y ella lo abrazó mientras en su último respiro tomaba el olor de los cabellos de su esposa y su último aliento lo exhalaba sobre su cuello, mientras esta lo abrazaba y decía entre sollozos que también lo amaba. Así murió Johannes Erhart Engel von Jungingen, a la edad de cuarenta y seis años, luego de algo más de 20 años de casado y superando de forma excepcional el tiempo de vida que los médicos y especialistas le habían pronosticado... incluyendo el mismo que creía que no pasaría de los treinta.

Fue enterrado en Rizenbull, dejando como anécdota que, a los pocos días de su entierro, una de sus hijas, la hija más joven y que desde el día de su muerte no dejaba de llevar flores a su tumba, pudo contemplar tres siluetas frente a la lápida de su padre. Era un trío sumamente dispar: una joven, un hombre mayor, quizá con la misma edad de sus padres y un lobo más grande que un toro.

-De haber sabido que no te quedarías más tiempo hubiera tomado tu oferta, hermanito.- dijo la joven, que no pasaría de los dieciséis años. El comentario no pasa desapercibido para la niña de ocho años, cortos cabellos negros como su madre y ojos azul verdoso.

-¿Eres mi tía?- los tres personajes voltean a ver a la niña, quien queda impactada, mas, por alguna razón, no atemorizada... y no precisamente por considerar a esas personas como buenas, sino por alguna razón que no supo explicar.

-Oh, parece que alguien se esforzó en dejar descendencia.- dice Lawrence al ver a la niña, el vivo retrato de su madre. La chica hace un gesto para que el hombre calle y se acerca a la muchachita.

-Hola, pequeña.- la niña responde al saludo de la extraña con calma.- Eres hija de Johannes ¿Cierto?- la niña asiente.- En verdad, tienes sus mismos ojos, aunque debo decir que, fuera de ello, eres idéntica a tu madre ¿Cómo te llamas?- en ese momento, una voz resuena tras de ella.

-¡Victoria!- se escucha claramente llamar a Jane Fallwind llegando al lugar. Tanto la niña como la mujer miran a la recién llegada.

-¿Te llamas Victoria?- le pregunta la mujer a la niña, a lo que esta asiente.- Ah, que agradable coincidencia. Supongo que ahora tenemos algo en común.- diciendo esto, la suelta y le hace un gesto para que vaya con su madre, a quien va directamente a abrazar.

-Es raro verte por aquí. Han sido más de veinte años desde la última vez, Victoria ¿O prefieres Srta. Sayer?

-Victoria, está bien, gracias.

-¿Que te trae por aquí? Pudiste haber venido antes, sabes de antemano que él te hubiera recibido con los brazos abiertos. Pensándolo bien, él nunca pudo dejar de pensar en ti: alguna que otra vez se preguntaba "¿Qué estará haciendo? ¿Cómo estará viviendo?"

-Supongo que no es de sorprenderme el hecho que le haya puesto mi nombre a su hija ¿Es la menor?

-Sí... es la última de seis.-la chica pega un silbido al escuchar la cifra.

-Guau, evidentemente, no puedo negarle que se esforzó por querer dejar su huella en este mundo.- la niña jala la falda de su madre en ese mismo momento.

-¿Qué sucede, Vicky?- la niña señala entonces al enorme lobo.- Disculpa, crees que pueda...

-Adelante, no muerde.- dice la autómata haciéndole una señal al autómata zoomorfo para que se recueste y deje jugar a la niña, quien se dirige a acariciar a la criatura.

-Entonces ¿Sólo viniste para darle tus respetos?

-Esperaba llegar antes: hace un par de meses sentí como si me hubieran dado una pedrada en el corazón. Sentí que algo andaba mal y vine cuanto antes, pero estábamos demasiado lejos de aquí. Al final, solo pude venir para ver su lápida.- tras guardar un momento de silencio, la chica vuelve a hablar.- Quizá, si hubiera llegado antes... tal vez podría haberlo ayudado.

-¿Cómo así?

-Si bien no soy un Athanatos, fui creada por uno, así que dentro de mi núcleo o de mi propio cuerpo, él hubiera podido sacar algo para salvarse. Quizá, yo pude haberlo salvado, así que... lo siento, Jane.

-¿Que tan segura estás de eso?

-No demasiado, quizá un 20% de posibilidades que suceda.- Jane camina hasta su lado y se sienta sobre la hierba, contemplando el lugar de descanso eterno de su marido.

-Entonces ¿Cómo puedes disculparte por algo que no has hecho o no tienes la certeza de haber podido hacer? No lo hagas, que no tienes culpa alguna: él mismo sabía que su tiempo de vida era el precio a pagar para tener una tranquila existencia... y así lo ha hecho.- el lugar empezaba a oscurecerse cada vez más, tomando el cielo un tono rosa y naranjado. La autómata se dirigió hacia la niña, quien se había quedado dormida sobre el enorme lobo artificial, y la tomó entre sus brazos, provocando en Jane un ligero escalofrío que supo fingir muy bien al momento de pararse. La autómata le entregó a su hija

-¿Tu amigo Mustang y su familia no han venido aún?

-Llegarán mañana.

-Entonces mejor no estar aquí para cuando lleguen.- dice la mujer artificial haciéndole una señal a Lawrence, quien se sube sobre Culann. Tras unos segundos es seguido por ella.- No querría causarles problemas.- Jane se acerca a ellos, los mira con una cierta mezcla de nostalgia y temor.

-No lo haces. Mantendré la promesa de Johannes: vuelve cuando quieras.- Ella asintió, aún sabiendo que no lo haría jamás. Dicho todo, la Autómata y su acompañante se despidieron desde la espalda de Culann y, tras hacer un gesto de respeto hacia Jane, su hija y la lápida bajo la que reposaba Johannes, se alejan del lugar, a una velocidad impresionante y sin mirar a atrás. Ignoro si Jane se volvió a casar, pero tengo claro que su esposo le dejó su pensión, todos sus escritos e investigaciones en caso fueran necesarias, así como que ella viviría hasta una edad avanzada y su descendencia aún radica por aquellos pueblos.


Y así, finalmente, puedo dar por terminado este fanfic, que ha tenido una carga de originalidad realmente abrumadora si me permiten decirlo. He "pateado" (prolongado) el final de esta historia por mucho, mucho tiempo y aunque prometí terminarla en diciembre, por cuestiones de trabajo - y tras atravesar uno de los peores meses de mi vida profesional (enero fue un asco) - tuve que aplazar el momento hasta el día de hoy, por lo que vuelvo a pedir las disculpas del caso ¿Finales felices? Difícilmente podrían existir en esta etapa de la historia, pero, si se dan cuenta, creo que la mayoría han ido bien pese al sufrimiento, los traumas, la pena y la desolación que sufrieron en determinado momento de sus vidas, así mismo, no cuento entre los bad ending aquellos que murieron por enfermedad o vejez. Y bien, de esta forma cierro definitivamente esta etapa y me centraré en mis creaciones originales que, aunque ya las tengo avanzadas, aún debo afinarlas lo suficiente como para poder decir que está publicable. Respecto a este proyecto, es uno en el que llevo trabajando harto tiempo (desde que tengo veinte, ya con este serán ocho años), es una creación netamente original, por lo que prefiero tomarlo más cuidadosamente... quién sabe, incluso había pensado crearme una cuenta en Whatppad y publicar allí si no es seguir trabajando en mis borradores y buscar la forma de publicar en físico cuando sea necesario. De momento...

-Oye, espera un minuto...

-¿Qué? - como si no fuera suficiente con que YO, quien se supone escribe todo esto, rompa la cuarta pared, ahora son mis propios personajes quienes lo hacen... específicamente, aquellos a quienes llamé en esta novela como Johannes Engel y Jane Fallwind. No sé porque no me sorprende.- Ah, son ustedes ¿Qué quieren?

-Me acabas de matar.- dice él como si hubiera cometido un crimen atroz.

-Y a mí me has hecho viuda demasiado joven.- agrega ella como si le hubiera insultado. La verdad, me pregunto quien considera tener más de cuarenta como parte de la juventud.

-Han visto como le ha ido a la mayoría de personaje ¿Aún así se quejan?

-¡SÍ!- responden al unísono. La verdad, es que hubiera dado lo mismo para efectos de la historia dejarles con un final feliz y, en verdad, todo el sad ending fue para meterle algo más de sabor amargo al final y no era necesario para la trama.

-Mmmm... la verdad, me parece justo su reclamo, pero, como decimos en mi tierra, me importa un bledo.- respondo acordándome de otra forma mucho más chabacana y, por ende, más grosera, y que no voy a decir aquí.

-¡Sabemos que te llega al pincho!- reclama Jane, sin guardar las formalidades y haciéndome quedar mal frente a quien esté leyendo esto.- Lo que no esperábamos era que lo aceptaras con tal desfachatez, digo ¡Eres nuestro "padre"!

-Creador.- corrijo.- Para efectos de esta historia, sus padres eran...

-Oh, vamos, sabes a lo que nos referimos, no quieras hacer todo más complicado.

-Cierto. Como sea ¿A que han venido? ¿Por qué no se quedaron en el oscuro archivo de mi mente donde los había metido? Me imagino que no habrá sido solamente para llorar ¿Verdad?

-Ciertamente. Queríamos que nos dijeras con exactitud cuál será nuestro rol en el siguiente proyecto.- dice Jane. Ante la pregunta, me quedo perplejo mirándoles, sin entender porque preguntan tal cosa. Johannes la secunda.

-Sí, queremos saber que será de nosotros en tu próxima obra.

-Para empezar ¿Qué les hace pensar que estarán allí?

-Pues... ¿somos tus hijos favoritos?- alega Jane, cosa que no me es difícil rebatir.

-Si eso fuera así, tanto Mijaíl como Arzu estarían aquí y no los veo por ningún lado. Aunque sí, es verdad que a ustedes les tengo un gran cariño.

-Si hasta no solo nos diste una personalidad, sino también nos diste un cuerpo y características en dibujo.-agrega Johannes.

-El ilustrarlos ayuda bastante a plasmar lo que me imagino, además que es algo que suelo hacer con prototipos de personajes que usaré frecuentemente, por lo menos en el diseño... y, por favor, deja de mencionarlo, casi me parece vergonzoso.- respondo algo sonrojado.- Ok, si tanto quieren saber, no veo por qué no decirles.- ambos se quedan a mi lado, expectantes mientras dejo el área del librero marcado con un triangulo y me dirijo al librero del medio de la habitación, el cual está marcado con el número romano "V", está adornado por una imagen que representa la cara de un hombre y la de un lobo apuntando en direcciones contrarias.-Aquí estamos, el librero de mi Opera Prima.- Ambos van a avanzar pero una señal mía los para.- No pueden tocar esto, solo yo puedo hacerlo. Quédense aquí.- dicho esto, avanzo hasta estar cerca de un espacio del cual saco un cuaderno de notas.- Muy bien, ustedes dos en esta obra, son...- ambos miran con cierta expectación, sin saber lo que les espera. Finalmente, decido no alargar más su agonía.- Antagonistas.- digo sin mayor ceremonia y cerrando el libro. Antes que pueda guardarlo, ambos me detienen.

-¿Nos vas a hacer malos, padre?- pregunta Jane con cierta preocupación.

-Sí. Vamos, que no es tan malo, de hecho, yo adoro más a mis villanos que a mis héroes.

-¡Pero siempre matas a tus villanos!- agrega Johannes con igual preocupación.

-Bueno, eso también es cierto.

-¡Por favor, creador, no quiero morir... no de nuevo!- suplica tomándome de las rodillas.

-Oye, la muerte es siempre el final de todo el mundo, incluyéndome. Por tu parte, de una u otra forma tenías que morir aquí, de hecho, venía mandando indirectas al mencionar que tendrías un tiempo de vida menor al del adulto promedio.

-Pero...

-Además ¿Por qué se quejan? Quien suele tener una sentencia de muerte fija es el antagonista principal, ustedes son secundarios…

-Entonces, además de convertirnos en villanos ¿Nos has quitado relevancia?- pregunta Jane.

-No, no, no, noooo... bueno, sí, pero tendrían menos probabilidades de morir y, aún así, serán importantes para la trama. Además, en esta obra ustedes, técnicamente, serán una pareja de acaudalados terratenientes, además de mover una "fuerza laboral" muy grande, entre otras cosas.

-Oh, sabes eso suena...- murmura Johannes algo convencido, pero parece recordar su disconformidad.- No, no, no, espera, si crees que estaremos conformes con esto solo porque nos darás dinero y status...

-Pues, ahora que lo mencionas ¿De cuánto estamos hablando?

-¿Jane? ¿Acaso tu...?

-Eh, no es que esté poniendo precio a mi supervivencia, pero...

-Ah, sospechas que sus roles no serán relevantes en la historia ¿No es así?- ella asiente.- Descuida, ustedes son demasiado carismáticos y explotables, artísticamente hablando, como para no darles un rol importante, aunque no se trate del principal, por más que sean antagonistas. Ya decía Christoph Waltz, "Se puede contar una historia interesante sin un héroe, pero nunca sin un villano"...- digo esto último recordando una noticia que vi días atrás. Sin embargo, agrego con seriedad y cierta falta de emociones.- Por último, si se rehúsan, igual los pondré en la historia, no tienen opción.- Ambos me miran con cierto temor, pero parecen entender mi disposición.- ¿Más preguntas?

-Yo tengo una... bueno tenía, creo que se me olvido.- dice Johannes, a lo que miro a Jane.

-Ok... y ¿Cómo nos llamaremos?- pregunta ella.

-Eso sería un tremendo spoiler, quizás Johannes conserve su segundo apellido, en diseño solo cambiará el color de cabello, aún no lo sé. Además, primero déjame trabajar en el proyecto y después... bueno, veremos. De momento, será mejor continuar con la explicación. Otra cosa que puedo adelantar es que el tema será una... eh ¿Distopía? Mmm, no sé si denominarla así, últimamente he visto que el termino se ha degradado tanto que ya ni parece ser apropiado para lo que estoy haciendo. Podría calificarlo como "fantasía futurista" o algo así, aunque claro, el futuro se verá un poco como el pasado pensando en la concepción cíclica de la historia de la humanidad. Así mismo, avisar que cambiaré de pseudónimo; aunque aún no lo tengo del todo definido, creo que cambiaré de animal: dejo de lado la piel de los lobos para tomar el plumaje de los cuervos... sí, sé que no se entiende mucho, pero ¿Qué puedo decir? No tengo listo aún mi nuevo alías. En fin, qué más da, supongo que es todo lo que puedo adelantar. Bien estimado lector, agradezco...

-¡Espera!- me interrumpe Johannes, a lo que tengo que, de mala gana preguntarle por el motivo.

-¿Ahora qué?

-Ya recordé lo último que quería preguntarte. Si nosotros no seremos los protagonistas, entonces ¿Quien...?- en ese mismo momento entra aquel que en mi anterior fic llamé Mijail Alexanderson y aquí le puse el nombre de Konstantin.

-Creador ¿Ha visto a Johannes y Jane? Estábamos a punto de celebrar por el fin del pro... ah, están aquí ¿Van a venir a celebrar el fin del proyecto?

-En un momento, estábamos por preguntar algo muy import...

-Oh, no, no, no, no se preocupen por eso, vayan a celebrar con los otros y le envían mis saludos al lore de FMA por haber trabajado durante tanto tiempo en esto, sin olvidar darle los créditos correspondientes a la maestra Arakawa.- le digo a mis criaturas a quienes llevo a una puerta que he hecho aparecer tras chasquear los dedos. Johannes aún tiene dudas.

-Espera ¿Por qué justo Mijail tiene que recogernos al momento de hacer esta pregunta? Oye ¿Creador? ¿Maestro? ¿Padre?

-No insistas, hijo. Nos vemos luego.- de un empujón meto a los tres a otra estancia y volvemos a quedar solos.- Ok, como decía, te agradezco a ti, que has leído esto desde el inicio hasta el fin, si has pasado por mis tres proyectos, te doy mi más sincera gratitud. Gracias por el apoyo y por soportar las esperas cada vez más y más largas, gracias por contemplar mi evolución y el avance de mi propia creación y, sobretodo, por estar allí. En contraprestación, espero haber despertado en ti emociones y sensaciones como cualquier otro creador de contenido, si lo he logrado, creo que habré tenido éxito (salvo nauseas, creo que allí habría fracasado rotundamente :P). Rezo para que haya algún momento en mi vida en que pueda por fin dedicarme a estas cosas con más fluidez, pero, en esta etapa, probablemente sea más difícil de lo que era en la universidad jajaja quién lo diría ¿no? En fin, con estas líneas no solo abro una nueva etapa en este hobbie tan bello que es la escritura, sino que cierro una de mi vida llena de desvelos, ataques creativos, estancamientos y demás, sólo para pasar a una más original. Espero, en algún momento, poder leernos pronto.- Y así, las luces se van apagando tras de mí, quedamos solos tu y yo con el marco de una puerta entre los dos.- Gracias por todo... buenas noches.- Y así, como cae el telón de mi obra, también se cierra la puerta de mi palacio de la memoria y cada uno vuelve a su realidad.


Muchas Gracias.

Atte. Blutigen Lycanii

Este fic se terminó de escribir el 17/02/2019 a las 23:53 horas y modificado por última vez el 23/02/2019 a las 10:30 horas.