Le Renuveau

Capítulo 4:

Esa mañana, Milo se despertó recordando a su peluda compañía, que se encontraba durmiendo plácidamente junto a él, y demasiado pegada para su gusto. El sentir el movimiento del griego al levantarse, provocó que el animal se incorporara casi saltando y dispuesto a acompañarlo. Milo sonrió al ayudarlo a bajar de la cama y lo primero que el perro hizo fue correr hasta la entrada del departamento y sentarse frente a la puerta, probablemente esperando la mágica llegada de su dueño. El joven de ojos azules suspiró con cierta angustia, sabía que al tenerlo en su casa lo estaba protegiendo, que era mejor que dejarlo en la calle, pero deseaba poder encontrar pronto al propietario pues temía tener que lidiar con un animal enfermo de tristeza.
Preparó su desayuno con la intención de relajarse durante su día libre, trataría de no pensar en su trabajo por una vez, en lugar de eso se dedicó a saborear su pan tostado hasta sentir de nuevo el golpe de un par de patitas contra su tobillo. Bajó la vista hasta toparse con esos grandes ojos negros que buscaban su atención.

— ¿Tu amo te da de su desayuno por las mañanas? ¿O solo de mí te aprovechas?

Dijo observando cómo se movían las pequeñas orejas en punta del canino ante el sonido de su voz.
Arrojó unos cuantos cereales y trozos de pan al suelo y la mascota se los devoró en cuestión de segundos.

—Espero que solo tengas hambre atrasada, y no que tu dueño te dejara por glotón. —Sonrió mientras le daba una caricia.

Justo después de terminar de comer iría hacia la tienda a conseguir un poco de comida para perros, no sabía si su nuevo compañero se quedaría con él mucho tiempo más, pero tampoco pensaba cocinar para el perro. Fue un minuto después cuando recibió un mensaje de Shaka que logró sorprenderlo bastante: El rubio le había enviado la foto de un cartel donde se pedía ayuda para encontrar a una pequeña perrita blanca que se había perdido unos días atrás. Milo nunca se había puesto a pensar en la posibilidad de que su compañero temporal fuese en realidad compañera, pero no tuvo que hacer más que compararla con la de la foto para darse cuenta de que era efectivamente ella.

—Parece que volverás a casa- Comentó feliz, como si creyera que la mascota podía entenderlo. —Y mucho más pronto de lo que creí.

Pensó que sería bueno llamar al número celular que se veía en el cartel, pero de pronto le pareció una mejor idea enviarle un mensaje, de ese modo podría adjuntar varias fotos de la perrita y demostrarle a su amo que todo estaba bien. Se puso con ello inmediatamente y una sonrisa se asomó en sus labios cuando la otra persona recibió sus mensajes. Más de una vez se intentó imaginar cómo sería el propietario, posiblemente sería una niña pequeña que la buscaba desesperadamente, o incluso una anciana solitaria que necesitaba de su compañía. Quien sea que fuera esa persona, probablemente iba a estar muy contenta de reunirse con su mascota. Mientras esperaba respuesta, Milo observó por encima de su celular que el pequeño animal había vuelto a su posición frente a la puerta, y esta vez optó por rascar varias veces en busca de salida.

—Pronto vendrán por ti. — Le anunció y el can solo dejó de rascar la puerta al oír el sonido de su voz. Milo realmente agradecía que a estas alturas, la pequeña no estuviera haciendo un escándalo.

La respuesta no tardó demasiado en llegar y el griego tuvo que volver la vista a la pantalla de su teléfono. El mensaje no era muy largo pero se veía que detrás había una persona bastante formal.

"Agradezco mucho tu bondad, mi mascota ha tenido suerte de toparse contigo. Por favor, dime dónde y cuándo puedo pasar por ella."

Con curiosidad se fijó en la foto de quien acababa de responder, pero no delataba en absoluto su identidad, por lo que únicamente tecleó la respuesta con los datos, cuanto antes el animal volviera a su verdadero hogar, mejor. Prefirió citar a la persona en el parque más cercano a su casa para evitar sentirse incómodo de recibir a un desconocido en su hogar, y el siguiente mensaje fue tan rápido como el anterior. El dueño prometía estar allí en una hora. Satisfecho por cómo se resolvía el asunto, Milo volvió a fijar la vista en la puerta pero notó que el perro ya se había marchado. Dio con ella en su dormitorio, y la encontró durmiendo nuevamente entre las sábanas que ella misma había tirado de la cama al suelo. El abogado suspiró y decidió actuar como si nada pasara, después de todo le quedaba bastante tiempo antes de tener que salir. Caminó un par de minutos por la sala antes de decidir reducir la ansiedad fumando en el balcón, no podía evitar preocuparse de que la mascota se escapara antes de llegar, después de todo la iba a cargar hasta destino y no sabía cómo reaccionaría ella: Era el perro más pequeño que había visto, pero si había sido capaz de escaparse de su propio amo, entonces tendría que pensar seriamente en comprar una correa de camino al parque, lo cierto era que Milo no sabía nada acerca de los perros.
Al cabo de un rato decidió cargar al animal hasta la tienda de mascotas más cercana, de allí iría directo al parque para terminar de una vez con todo, aunque hubiera deseado que la chica de la tienda no lo retuviera tanto tiempo: La joven no dejaba de enternecerse por el perro y le hacía cada vez más preguntas a las que Milo no podía responder. El griego tuvo que aclararle que el animal no era suyo para no salir de ahí corriendo sin comprar nada. Esperaría al propietario en la tranquilidad del parque ahora que tenía a la mascota asegurada con una correa, y al llegar la hora acordada decidió tomar una posición más visible y anunciar su presencia por medio de un mensaje. La respuesta volvió a llegar como si se tratara de una urgencia: El dueño de la mascota también anunciaba su llegada y decía estar aproximándose al punto de encuentro.
Milo buscó con la vista a cualquier persona que se estuviera acercando pero su distracción fue interrumpida por los incesantes tirones que la pequeña mascota daba a su correa, volteó rápidamente y la encontró más feliz y emocionada que nunca ante una persona que la recibía de rodillas en el suelo. Reconoció al instante a aquel hombre, aun siendo incapaz de ver su cara, le resultó inconfundible ese cabello lacio y brillante de color aguamarina. Camus se puso de pie con la perrita en brazos pero le fue imposible disimular la sorpresa en su rostro, observó a Milo un buen rato mientras el abogado se quedó perplejo ante lo que parecía una burla del destino. Era ridículo que precisamente esa persona fuese el verdadero dueño del perro, pero después de ver al animal desbordar de felicidad en sus brazos tampoco se podía decir lo contrario. El griego pasó tanto tiempo sin decir nada, que finalmente Camus inició la conversación.

—¿Milo? —Dijo aunque en su mente planeaba iniciar de otra manera. Ni siquiera supo cómo le fue posible recordar el nombre de aquel hombre.

Su nombre sonó como la campana del despertador y se contuvo para no dar un respingo. Había pasado días tratando de quitar de su mente al joven frente a él, y consideraba que lo había casi logrado hasta ese momento. Por un instante creyó estar loco, pero no había ninguna duda de que era Camus.

—Cuanto tiempo sin vernos. —Sonrió como si realmente no le importara el asunto.

Milo maldijo su suerte, como si el destino lo hubiera pegado a esos enigmáticos ojos violáceos que ahora mismo lo observaban sin descanso.

—¿Entonces este perro es tuyo? —Preguntó a pesar de que la respuesta era obvia. —Tal coincidencia me asusta bastante.

Camus pareció dejar de escuchar cuando el animal comenzó a lamerle la cara, y Milo alzó una ceja sintiéndose entre ignorado y asqueado de ver algo así. Nunca se entusiasmaba demasiado por las mascotas, pero pensaba que probablemente eso se debía a que jamás había tenido una. El cocinero pareció entrar en razón de un momento a otro y rápidamente volvió a dirigirle la palabra.

—Sí, yo puse los carteles que viste, es mi mascota, su nombre es suzette.

El griego contuvo una carcajada: Un cocinero francés nombrando a su mascota como un postre típico de Francia, no era lo más original. Sin embargo no tardó en darse cuenta de la gran importancia que suzette tenía para alguien tan aparentemente estoico como Camus.

—Yo… le di algo de pollo, no sé qué come normalmente, espero que no le haga daño pero no tenía otra cosa.

El otro pestañeó varias veces antes de continuar:

—Ya veo, no te preocupes por eso, te ha causado muchos problemas, ¿Verdad?, lo lamento.

—¡Para nada! —Se reprimió mentalmente por lucir tan exaltado. —En realidad me divertí con ella, es muy simpática, pero yo nunca he tenido mascotas, me alegra haber encontrado a su dueño porque se estaba poniendo algo triste. —Confesó y tragó saliva al recordar lo mucho que le había dicho a la perrita que su amo debía ser un solitario que la malcriaba demasiado, agradecía que el animal fuese incapaz de hablar para contárselo.

Camus dejó a su mascota al fin en el suelo y volvió la vista a su compañero quien decidió entregarle por fin la correa.

—Es verdad, —Recordó el francés. —Debo pagarte por lo que hiciste.

—Ni hablar. —Dijo casi sin dejarlo terminar. —No voy a aceptarlo, y no insistas.

El francés frunció el ceño ante el repentino cambio de actitud de su compañero.

—Milo… —Volvió a intentar pero fue inmediatamente interrumpido por el otro que se cruzó de brazos.

—No. —Reiteró de mala gana, aunque se tomó unos segundos para meditar su posición al ver que a ese paso no existiría más solución que Camus yéndose amedrentado, o provocando una discusión que no acabaría jamás. Antes que eso prefirió mostrar un mejor semblante. —Es que no hago esto para recibir algo a cambio. Es tu perro, Camus, yo solo te lo estoy devolviendo, no veo el motivo por el cual tendría que aceptar dinero por algo así, no es como que sea un necesitado.

—¡No quise decir eso! —El otro joven se apresuró a hablar, incluso sin pensar en que su compañero podría decir algo más. —Tal vez podría pagarte con algo que no fuera dinero.

Milo suspiró a sabiendas de que Camus no se rendiría jamás, quizá lo mejor sería dar por su lado y recibir algo a cambio del favor que le había hecho. Sin embargo, de todo lo que Camus podía darle, a Milo solo le interesaba una cosa.

—¿Puedo pasar un rato más con ella? —Preguntó y el otro se mostró confuso.

—¿Pasar tiempo con Suzette?

—Es muy divertida, me quita el estrés, tal vez podrías hacer eso por mí, a menos que estés ocupado ahora.

Dijo intentando ocultar que su verdadera intención era pasar más tiempo con él. Algo que Milo detestaba era la forma en la que Camus lo hacía sentir: Demasiado estúpido y capaz de inventar excusas tan tontas con tal de poder estar un rato junto al francés y captar su interés. Pero se daba cuenta de que pese a su lucha constante para poder olvidarlo, las casualidades los volvían a reunir. Aun así, temía que dichas casualidades se acabaran, por lo que, si quería seguir viéndolo, tendría que apostar a su simpatía y habilidad para atraer a las personas, por muy difícil que pareciera el atraer a alguien como Camus.
El cocinero sabía que si volvía tan pronto a su restaurante, Aioria se ofendería. El joven griego era muy capaz y talentoso, por lo que no tenía falta de confianza en su amigo, pero apenas eran sus primeros días trabajando y no estaba seguro de dejarlo a cargo de la cocina por tanto tiempo. Sin embargo, la mirada expectante de Milo hizo que se lo pensara más de una vez y finalmente accedió. El hombre de cabellos azules no aceptaría dinero, eso se lo había dejado más que claro, y negarse a su única y simple petición no sería la mejor forma de agradecerle por las molestias que se había tomado.

—Por mi está bien, si eso quieres.

##

Esa tarde soleada era la mejor para iniciar sus clases de yoga. El joven Mu se había animado a pasar su día libre probando algo nuevo para relajarse. Si bien sus horarios no eran los más predecibles debido a su carrera y al trabajo en el restaurante, nada le quitaba la posibilidad de tomar al menos una clase para distraerse. Ingresó con bastante ánimo y fue bien recibido por el profesor que estrechó su mano y le pidió que se reuniera con el resto de los alumnos mientras esperaban que diera inicio la clase. El hombre de ojos verdes obedeció enseguida y ni bien decidió un buen lugar, se quedó helado al darse cuenta de que había olvidado traer una manta, lo cual era un requisito para asistir a la clase. Miró a su alrededor y por supuesto, solo a él le faltaba aquel elemento importante, con mucha suerte lo dejarían tomar la clase en el suelo. Volvió a dar un vistazo esta vez por simple curiosidad y se detuvo alarmado en la figura que encontró junto a él. El hombre a su lado parecía no haber notado su presencia, se encontraba muy distraído alistándose como para voltear a verlo y Mu consideraba eso de buena fortuna. Su larga cabellera rubia estaba recogida para más comodidad y sus movimientos mecánicos lo delataban más que cualquier otra cosa. Dio un respingo instantáneamente cuando el otro se volteó a verlo, probablemente por tanto haber sentido el peso de su mirada. Shaka se quedó igualmente perplejo y el joven de cabellos lila procuró no olvidar su buena educación.

—Buenos días.

Saludó aunque no con demasiada efusividad, y le hubiese gustado hacer un comentario sobre lo rebuscadas que pueden ser las coincidencias, de no ser porque el hombre que tenía frente a él no le agradaba en absoluto. Mu no se sentía conforme repudiando a otra persona, sin embargo era consciente de que le había dado dos oportunidades al sujeto de caerle en gracia, y ambas habían terminado en algo para nada satisfactorio. Tuvo una respuesta rápida y bastante apagada por parte de Shaka, y prefirió pensar que así se acabaría la conversación, hasta que, para su sorpresa, el otro volvió a dirigirle la palabra.

—Debes extender tu manta en el suelo. —Anunció mirando directamente a los pies del camarero.

Mu tragó saliva, hasta ese momento nadie le había prestado la suficiente atención como para notar la ausencia de su manta, lo cual agradecía, pero tenía que ser justamente ese hombre quien se diera cuenta. Definitivamente no estaría de humor para darle una explicación, y no tuvo que hacerlo ya que el rubio continuó:

—¿No tienes? —Adivinó y Mu sintió una vena inflarse peligrosamente bajo la piel de su frente. —Te daré una.

—¡No!

Exclamó sin haberlo pensado antes. Shaka lo observó con semblante confuso y fue entonces que el de cabellos lila deseó que se lo tragara la tierra. Tal vez esa tarde soleada no era la mejor para iniciar sus clases de yoga, después de todo.

—Estoy bien así, olvidé la mía, pero gracias. —Se compuso lo mejor que pudo.

Shaka pareció meditarlo un momento y dirigió la mirada al profesor en más de una ocasión, algo que le indicó a Mu que la clase comenzaría en cualquier momento. Sin pensarlo más el rubio tomó otra manta que había entre sus cosas y la dejó junto a los pies del otro chico. No dijo nada al respecto, y simplemente se volteó para no volver a verlo por el resto de la clase.
Quien no pudo dejar de verlo en esta ocasión era Mu, que se había asombrado de que alguien que le parecía tan egoísta y antipático, fuese capaz de percibir su orgullo y manejar la situación lo suficientemente bien como para no arruinar todo otra vez.
Se entretuvo bastante observando cada tanto la facilidad con la que el rubio adoptaba las posturas que a él le parecían más que complicadas, era obvio que Shaka tenía experiencia y que esa no era su primer clase.
Procuró divertirse a pesar de ser consciente de haber fallado infinidad de veces en las posturas, era principiante y sabía que la única forma de mejorar era seguir adelante para aprender. Sin embargo, el momento más terrible para él fue tener que devolverle al otro la manta que le había prestado. Mu sintió sudor en sus manos, de algún modo esa persona provocaba que hubiese una increíble tensión entre ellos.

—Gracias por ayudarme. —Intentó no sonar demasiado nervioso.

—¿Te gustó la clase?

Preguntó el de ojos azules tornando todo aún más confuso: El hombre frente a él no podía ser de ninguna manera Shaka, por lo menos no el Shaka que creyó conocer: Ese Shaka le parecía incapaz de preocuparse en preguntar algo que lo hiciera ver como una persona amena.

—Sí, bastante. —Asintió sonriente.

—Me pareció raro encontrarte en este lugar. —Exclamó mientras terminaba de guardar sus cosas.

Mu alzó una ceja: No estaba seguro de qué quería decir con eso.

—A mí me pareció más raro verte a ti en un lugar como este. —Dijo atrayendo sobre él una mirada cuestionadora. —Es que tu… Supuse que podrías pagar un lugar mejor, más exclusivo. —Soltó mordiéndose después la lengua por haber sido él esta vez quien echaba la leña al fuego.

Shaka volvió a quedarse meditando su respuesta, tanto que Mu pensó que esta vez ya no contestaría.

—Eso es verdad. —Afirmó sin ningún tipo de reparo. —Pero no me sentía cómodo con la clase de personas que asisten a esos lugares.

Mu se sintió más confundido que nunca: Asumía que la gente que asistía a esos lugares era, justamente, gente como Shaka. Escuchó muy extrañas esas palabras viniendo de los labios del hombre, porque, o el rubio se consideraba a sí mismo desagradable, o tenía dificultad para verse tal cual era.
Solo reaccionó cuando vio al otro emprender la retirada.

—Espero que no lo abandones, te veré en la siguiente clase, y trae tu manta.

Dijo sin darle tiempo a reaccionar, el mesero aún se sentía extraño, y prefirió pensar que esa última frase de su compañero era una clara advertencia de que no volvería a ser solidario, solo porque así no tendría que asumir que, tal vez, era él quien tenía dificultad para ver a Shaka tal cual era.


Comentario de la autora:

¡Casi no llego a publicar este mes! Y destaco que tampoco respondí reviews, lo cual no quiere decir que no los agradezca o no los haya leido, si lo hice y súper gracias a todos por el apoyo que le dan a mi historia :D
La verdad es que el motivo para casi no haber publicado es que estoy en épocas de exámen y todo se vuelve súper caótico, así que realmente en los momentos donde tengo tiempo de algo, no tengo ganas de ocuparme de ninguna otra responsabilidad xD pero finalmente me decidí a publicar aunque casi tarde, espero que no les moleste!
Bueno, a continuación las aclaraciones que sí son importantes (?) Felicidades a luisamargotp, que adivinó que el perro le pertenecía a Camus xD la verdad temía que fuese algo súper predecible, pero lo cierto es que las historias como esta suelen tener aspectos predecibles(? El nombre de la perrita de Camus viene de los Crepes Suzette, que,si es que alguien no los conoce ya, son un postre tradicional de Francia y se trata de unas tortitas o panqueques bañados en salsa y flambeados a la vista (Lo que los hacía súper glamourosos(?)
La preciosisima Suzette es una perrita Pomerania, el cual es un tipo de Spitz Alemán. Hay cinco tipos diferentes de Spitz Alemán y se diferencian más que nada por los tamaños y colores, el Pomerania es el más pequeño de todos y en su edad adulta llegan a medir entre 18 y 22 cm. Pueden buscar fotos en internet de ellos pero les advierto que es un camino sin retorno y cuando se den cuenta habrán pasado las últimas dos horas de sus vidas viendo imagenes y videos de estos perritos porque son adictivos(?) Tal vez alguno de ustedes piense que la personalidad de Camus va más para tener un perro grande (O ningún perro xD) pero yo tengo el headcanon de que le gustan mucho los perros pequeños y consentidos.
Y bueno, ya me dejo de comentarios, solo quería aclarar esos puntos pero siempre me extiendo un montón no lo puedo evitar Dx ¡Súper gracias por sus comentarios y por seguir esta historia! Me encanta que me dejen sus reviews y que le den el visto bueno a los capítulos, así que nos vemos en el siguiente (Donde Milo y Camus pasarán su rato juntos OMG)