Le Renuveau

Capítulo 7:

Mu llegó ese día al restaurante tan animado como podía estarlo: El trabajo y su carrera lo tenían inmensamente ocupado y rara vez tenía tiempo libre, pero el joven trataba de mantener siempre su buen humor y disposición para hacer las cosas de la mejor manera. Las miradas insistentes que recibía de sus compañeros desde hacía días atrás comenzaban a volverse un completo fastidio y ese día el camarero decidió que era el colmo, hablaría con Camus de una vez.
Mu no sabía quién había iniciado el rumor, pero algunos de sus compañeros ya le habían comentado sobre la posibilidad de reducción de personal, y él sabía más que nadie que era el más inexperto y reciente empleado, si había una crisis, entonces era más que razonable que tuviera que irse primero. Para el joven estudiante, eso había dejado de ser un rumor y lo que más le enojaba era el hecho de que Camus no tuviera la delicadeza de informarle de su situación, le resultaba difícil pensar que el chef sería tan desconsiderado como para presentarse y despedirlo de un día para otro sin haberle comunicado nada antes, por eso quería hablar de lo que ocurría de una vez por todas con su jefe.
Entró a la cocina saludando animadamente y de la misma forma fue correspondido.

—¿Puedo hablar contigo un momento? —Preguntó observando el trabajo de Camus, no sabía nada de cocina pero le encantaba verlo trabajar, la dedicación y pasión del chef por su oficio le resultaban muy admirables.

—¿Tiene que ser ahora? —El otro no dejó de prestarle atención a lo que hacía ni por un momento.

—Más tarde abriremos y estarás aún más ocupado.

Ante tal insistencia del muchacho, Camus decidió dejar sus tareas por un momento e indicarle que lo siguiera a un lugar más privado: Mu no solía tener quejas, por lo que el francés realmente se preguntó qué podía ser tan urgente.

—¿Qué quieres decirme?

—En realidad, pienso que hay algo que tú deberías decirme.

El otro lució aún más confundido.

—De verdad prefiero que, si tienes algo que decir, me lo digas, y no pretendas que no pasa nada. Camus, somos pocos empleados y los rumores corren muy rápido.

El chef estaba empezando a sudar frío, aunque rápidamente se compuso: Se prometió a sí mismo que sería capaz de afrontar cualquier dificultad que se presentara con respecto a sus empleados, y aunque consideraba que todavía estaba aprendiendo, Camus no se permitiría flaquear.

—Entiendo a qué te refieres. —Sentenció con seriedad. —Mu, no te precipites, no sé de quién escuchaste ese comentario.

—No es importante, —Negó. —Lo quiero escuchar de ti.

—Entonces escucha. —Ordenó y el camarero se sintió frente a una corriente de aire frío. La mirada de Camus logró intimidarlo por un instante, pero Mu se negaba a ver a su jefe como una mala persona, el francés únicamente era estricto, serio y de pocas palabras. Pero Camus siempre se preocupaba por sus empleados, además, daba fe de que el hombre era mucho menos estricto fuera del ambiente laboral. —El negocio no está en su mejor momento, y no es algo que tenga que explicarte, tú mismo puedes ver que no atendemos la misma cantidad de clientes que antes. Con todo esto es posible que tenga que despedirte, Mu, si crees que tienes que saberlo, entonces no voy a ocultártelo. —El hombre de ojos verdes no pudo evitar sentir una tristeza profunda: A pesar de que él mismo había pedido que le dijeran la verdad, nunca estuvo realmente preparado para oírla. —Pero no te lo he dicho porque no creo que sea necesario. Voy a solucionar las cosas, Aioria y yo trabajaremos en un nuevo menú.

—Me parece bien, trabajaré más que nunca para asegurarme de que todo salga según lo planeas.

Mu deseaba con todas sus fuerzas que la realidad fuera tan fácil, pero en el fondo sabía que no lo era, y Camus también. No dudaba que el chef haría lo que sea que estuviera a su alcance para sacar a flote el negocio y para no tener que despedir a nadie, pero el camarero no guardaba tantas esperanzas.

Un par de semanas pasaron desde ese día, y como imaginaba, Mu seguía trabajando en el poco concurrido restaurante, por supuesto que el negocio estaba lejos de cerrar sus puertas, mucho más si estaba en las manos de Camus, pero era inmensamente triste ver tantos lugares vacíos cuando meses antes algunas personas preferían hacer fila en lugar de comer en otro lado, la mala publicidad podía destruir por completo un negocio y Mu sentía que, para la cantidad de gente que frecuentaba el lugar en esos momentos, un solo mesero era más que suficiente.
Su sangre hervía más cuando en clase de yoga tenía que ver a la cara al hombre cuyas palabras habían detonado la desafortunada bomba que destruyó casi por completo las ilusiones de su jefe y compañeros, además de sus posibilidades laborales. Aunque por momentos se le dificultaba estar molesto con Shaka, que estaba lejos de ser sociable y del todo agradable, pero cuando no se trataba de sus repugnantes escritos, no parecía una mala persona.

—Me apena ver que últimamente perdiste el interés en las clases.

La voz del rubio fue como un golpe en sus oídos, Mu ni siquiera se percató de que la clase había terminado y todos ya se preparaban para irse.

—El yoga es muy bueno para la salud, pero no si no puedes concentrarte.

El de ojos verdes decidió por fin mirar a quien le hablaba, le sorprendía el repentino interés de Shaka, pero no mentiría.

—Disfruto mucho el yoga, pero ni siquiera esta disciplina me ha servido para dejar de pensar en mis problemas. —Se encogió de hombros. —Algunas cosas no logro sacarlas de mi cabeza, simplemente es eso, y… —Dudó antes de seguir, no pretendía hablar demás pero al final las palabras salieron de su boca sin permiso. —Es probable que sea mi última clase.

Shaka supo disimular su sorpresa de forma excepcional, pero no pudo evitar la curiosidad.

—¿Cambiarás de instructor? —El rubio estaba al tanto de que no era la persona favorita de Mu, incluso podía apostar a ser al que menos deseaba ver en su vida cotidiana, así que no le fue muy difícil elaborar suposiciones de por qué el camarero decidía abandonar la clase de un momento a otro.

—No, en realidad me quedaré sin trabajo pronto.

El joven sintió frío recorrer por todo su cuerpo al pronunciar tales palabras, seguían ocasionándole dolor, sin embargo ante la mirada de Shaka, Mu no mostró otra cosa que fortaleza. El otro se dejó ver sorprendido esta vez, la noticia lo desconcertaba por completo, y rápidamente reformuló su suposición: ¿A caso el restaurante mediocre donde trabajaba Mu cerraría sus puertas? Tal cosa no le sorprendía en absoluto.

—El negocio del restaurante no está yendo bien, así que tras pensarlo mucho decidí que lo mejor es irme. Soy el empleado más inexperto, y sé que Camus no quiere despedirme, pero ya no puedo seguir dándole problemas.

—¿Te irás antes de que te despidan? ¿Te quedarás sin trabajo por tu propia voluntad?

—Es lo mejor. Sé que es difícil entenderlo, pero no puedo… —Mu bajó la mirada lamentando no poder seguir manteniendo aquella máscara de fortaleza. —Camus no es solo mi jefe, él creyó en mí cuando pensé que nadie lo haría. A pesar de que no es un hombre muy demostrativo, me ha apoyado cuando más lo necesitaba, para mí ha sido un privilegio verlo luchar todos los días para alcanzar sus metas, y me ha inspirado para luchar por mis objetivos, entonces no puedo… No puedo darle más complicaciones, sé que el restaurante estará mejor sin mí ahora, y es por eso que he decidido irme por mi propia voluntad.

—Pero sacrificarás tus propios sueños.

—Sí, pero no seré un egoísta.

Mu decidió que era momento de irse, nunca había planeado decir nada de eso, pero para su mala suerte las palabras brotaron solas, probablemente porque necesitaba alguien a quien contarle, incluso si ese alguien era quien menos esperaba.

—Entonces trabaja para mí. —Shaka ofreció repentinamente, tomando por sorpresa al otro joven que detuvo su andar inmediatamente. —Puedo contratarte como mi asistente, Mu, entonces no tendrás que dejar de trabajar, pero podrás irte del restaurante tal como deseas.

Mu se quedó inmóvil, le resultaba una terrible idea terminar trabajando para el hombre que justamente había influido en provocar su desempleo y todas las complicaciones que atormentaban su tan adorado lugar de trabajo. Sin embargo, le costaba rechazar la oferta pues temía tardar meses en encontrar otra cosa.

—¿Por qué? —Fue lo único que atino a decir. —¿Por qué me ofreces trabajo así, de la nada?

—Porque estoy buscando un asistente. —El otro se encogió de hombros restándole importancia a la pregunta. —Alguien que organice mi agenda, que tome mis llamadas, tareas simples. Y tú pareces responsable y de confianza, además de que estarás buscando empleo próximamente, creo que a ambos nos conviene.

Mu se sintió ligeramente decepcionado de la respuesta: Esperaba ver en Shaka una pequeña gota de arrepentimiento y culpa, después de todo, lo que estaba sucediendo era en parte debido a su brutal forma de criticar la comida de Camus, pero lejos de ser la culpa su motor, solo se trataba de una conveniente estrategia tejida por un hábil hombre de negocios.

—Bueno, en realidad en el restaurante tenía un acuerdo con los horarios, por mis estudios no puedo trabajar todo el día.

—Por mi está bien. —Insistió el otro desconcertando nuevamente a su compañero. —Podemos arreglar un horario.

Shaka parecía ir muy en serio, y para Mu se volvía una oportunidad difícil de declinar. Sospechaba que durante el trabajo, el crítico no se mostraría tan flexible, pero no podía darse el lujo de rechazar un empleo donde contemplaran sus horas de estudio, al menos podría estar ahí de forma temporal, hasta conseguir algo mejor, algo que estuviera lejos de Shaka.

—De acuerdo. —Dijo, antes respirando profundo y procurando que no se notara su indecisión.

—Será un placer trabajar contigo, Mu. —Extendió su mano en señal de saludo. —Me pondré en contacto contigo para informarte más sobre el tema.

Mu vio dudoso la mano extendida del otro hombre pero igualmente correspondió el saludo.

—Te agradezco la oferta, Shaka, espero que nos veamos pronto. —Y el pronunciar lo último se sintió como si tragara veneno.

Mu se retiró del lugar con una sensación amarga y preguntándose si lo que hacía era correcto: Tal vez trabajar con Shaka no había sido su decisión más acertada, pero ninguna otra cosa se comparaba con tener que renunciar a su trabajo actual: Tendría que enfrentar a Camus y decirle toda la verdad. Incluso podía imaginarse la cara de decepción de su jefe y lo muy en desacuerdo que estaría. En el mejor de los casos, Camus le diría adiós sin darle la mayor importancia, pero el saber que las posibilidades de que tal cosa sucediera eran nulas le quitaban el sueño al pobre camarero. Pero no encontraba otra salida, su decisión estaba tomada y no se echaría atrás por nada.


Nota de la autora:

AAAAAAAAAA oigan lo siento D'x en verdad lamento no haber seguido esto en meses, lo que sucede es que entré como en un huracán de cosas y estuve muy ocupada o bloqueada y etc, y solo un mes dije "me salteo este mes y publico al siguiente" y ya lo dejé por como un millón de años así que ustedes nunca hagan eso de dejar las cosas porque ya luego cuesta un montón retomar Dx! Espero que no se olvidaran por completo de esta historia...
La verdad es que pensé que ya era tiempo de enfocar un capítulo en Mu y Shaka, espero que eso no enfade a las muchachas que vienen a leer sobre el bichicamus uvu pero bueno, todos son parte de la historia y merecen su tiempo en escena (?) Y pues la verdad es que incluso a mi a veces me cuesta recordar de qué va mi historia porque soy un desastre! Pero tengo esperanza de que cuando empiecen mis vacaciones voy a poder enfocarme más en todos mis proyectos de internet uvu
Así que espero que este capítulo les haya gustado y agradezco a todos los reviews y las visitas que me dan porque son todos hermosos!