Hola a todos, espero estén muy bien, después de una larga semana, aquí está lo prometido, ¡un capítulo nuevo! Con esto el arco de Raziel está cubierto y espero que les guste mucho todo lo que ha pasado para que llegará a este momento.
Pero aún nos queda un largo camino por recorrer, así que, ¡disfrútenlo!
Este maravilloso mundo
Capítulo 6: ¿No lo sabes?
Su amistad había sido tiempo de años, era demasiado para que se quebrara por un malentendido, todo sería mucho más fácil si Kanade no pudiera leer los pensamientos de las personas y saber lo que va a pasar antes de que suceda; eso era aterrador, pero su vida estaba en riesgo, ¿de verdad podía pensar que podría huir?
No, no podía. Sería estúpido e irresponsable de su parte si llegaba a perder la cabeza por tonterías de si lograba disculparse sin pensar en nada malo o tonto, o si estaba pensando en joderla o no, pero… Eso era justo lo que estaba haciendo.
Adolescentes. Es más que solo estar en un rango de edad especifico y ser rebelde ante los padres, es más que tener las hormonas alborotadas y soñar con esa persona especial y ver los cuerpos de diferente manera.
Es también inseguridad, sentimentalismo, sensibilidad, decepciones, estupideces, problemas de actitud, irresponsabilidad y pese a todo lo demás, felicidad.
Shidou había tomado la responsabilidad de cuidar a su hermana menor, desde temprana edad aprendió cosas que otros niños no vivían con tanta intensidad como la preocupación, la compañía y el amor. A diferencia de otros en el orfanato, él tenía hermana y eso era más que la media, pues los demás estaban solos, compartiendo un espacio.
Cuando finalmente fue adoptado junto con su hermana, vivió su final feliz y tuvo lo que se merecía todo niño que tiene una familia y no lo desperdició. Pero no fue el final, con el tiempo fue aprendiendo que solo era el principio y parecía que la vida no era más que una serie de carreras, una después de otra, siendo el corredor y su familia siendo su equipo de apoyo, una carrera en la que no se gana ni se pierde, solo se completa.
Conociendo personas, haciendo amistades, aprendiendo cosas nuevas y sufriendo las dificultades de la escuela que siempre exigía más, y llegó hasta la preparatoria acompañado de sus dos mejores amigos: Kanade y Tonomachi.
Entonces llega un día en el que todo cambia, en el que las decisiones las hacemos nosotros mismos y tenemos que ser responsables de ello, cuando precisamente eso es lo que no nos gusta, entonces no queremos hacerlo, preferimos que otro tome la decisión por nosotros para que, por si sale mal, ya tendremos a quién culpar, porque si el culpable fuéramos nosotros, seriamos los peores jueces y lo sabemos.
Tal vez por eso es por lo que las decisiones cuesta tanto tomarlas, Shidou reflexiona sobre eso mientras está acostado en la cama, viendo el techo, recordando viejos tiempos, ya se ha decidido a encontrarse con Kanade mañana. Sigue sin saber qué decir, pero espera que todo salga bien.
«Kanade, te he conocido desde hace tanto tiempo, tú también me has conocido muy bien, sabes que no haría nada que no quisieras, sabes que… Solo quiero lo mejor para ti, porque de eso se trata la amistad, y aunque lo mejor es que tengas lo que siempre quisiste, no debe ser así. Por eso, yo voy a hacer que abras los ojos, incluso si estoy equivocado y si no estás de acuerdo, de todas formas, lo haré». Sin más, suspiró y se acomodó para cerrar los ojos y dormir finalmente.
Al siguiente día, Shidou trató de mantener la mente despejada y no pensar en el encuentro de hoy, pero fue un poco en vano; cada cierto tiempo durante sus actividades pensaba en cómo diablos iba a empezar con esa conversación, tampoco quería mencionar lo de los ángeles y mucho menos a Mukuro porque temía que no le fuera a creer o que se molestara por alguna tontería.
Pero el tiempo pasó más rápido de lo normal y las cosas sin importancia de su día a día le parecieron una pérdida de tiempo, como un tiempo libre de su verdadero objetivo de hoy.
Con ropas casuales, esperaba sentado en una silla del parque central de la ciudad, donde el pasto es brillante, familias hacen picnic y donde las hojas de los grandes árboles son mecidas por el viento.
—Shidou.
Al escuchar esa voz tranquila y suave, él alzó la vista y por fin, sus ojos se encontraron. No le importaba a Shidou que estaba vistiendo Kanade esta vez, aunque si lo hubiera hecho, hubiera notado que ese vestido naranja de volantes con detalles en amarillo le quedaba muy bien.
Por un momento, ambos quedaron suspendidos en el tiempo porque no tenían idea de qué decirse. Y aunque Shidou hizo un rostro de preocupación al principio, terminó haciéndose a un lado y ella entendió que debía sentarse, así que ahora, ambos estaban sentados.
—Kanade… Yo… —No pudo evitar pensar en qué haría ahora, ella lo supo de inmediato e hizo una leve sonrisa.
—Está bien.
—¿Qué?
—Yo también vine a pedirte perdón, Shidou. —El joven venía a más que eso, pero ella estaba dos pasos delante de él y sus palabras no salían, porque no quería pensarlas antes de decirlas, todo para que ella no se hiciera de malas ideas—. Estuve evitándote todo este tiempo y lo siento, no hiciste nada malo, yo fui la única que pensó… Más de lo que debería… Supongo que a pesar de todo lo que puedo saber… No sé hacerte feliz y eso… Eso solo es mi culpa…
Su voz se quebró en sus últimas palabras, Shidou tembló ligeramente, nada salió como esperó, se supone que él debía de hablar de disculpas, no ella, pero esta vez no tenía el control y temía fallar, entonces quedó en silencio mientras ella veía a sus piernas y cayeron unas lágrimas en ellas.
—¡Kanade! —La tomó de sus hombros rápidamente y ella se asustó un poco por la repentina acción mientras sus lágrimas se escurrían de sus ojos, Shidou estaba serio y arrepentido—. Nada de esto es culpa tuya, no… Eso es una mentira y no quiero mentirte, incluso si es para que te sientas mejor ahora, porque eso es lo que siempre he querido para ti, ¡y con eso también he mentido! Porque no solo he pensado en eso, sino en mí y por eso… Quería que fueras más de lo que ya eres, Kanade, todo para que hicieras más feliz y de que todo hubiera valido la pena, pero en todo este tiempo he pensado que… ¡Eso no importa!
—Pero yo siempre me equivoco, incluso contigo, Shidou… Soy una tonta —dijo con un dolor en el pecho, porque ella sabía que era la verdad, aunque no lo fuera, era su verdad; y eso lo era todo.
—No me importa eso, nunca me ha importado si eres inteligente o tonta, incluso si te equivocas, así sean muchas veces, es parte de ti, es así como eres y si está en ti cambiar, que lo esté, pero debes ser tú, ¡solo tú! No debes hacer las cosas solo porque una voz dentro de ti lo dice, incluso si eso está bien, incluso si significa triunfar, porque si lo haces, nunca harás nada por ti, nunca tomarás tus propias decisiones, ¿y qué si te equivocas por no escuchar a esa voz? —Sonrió y la agitó una vez mientras ella trataba de asimilar todo lo que su amigo decía—. Eso no va a cambiar lo que piense de ti, ni lo que Tonomachi piense de ti, las calificaciones de la escuela son solo un número que toma en cuenta aciertos, no esfuerzos, pero yo, Reine-san, Tonomachi y cada persona que te quiera, ¡siempre verá tus esfuerzos! ¡Te verá a ti!
—Shidou… —Kanade siguió derramando lágrimas y arrugó la cara para abrazarlo—. Lo siento… Pero… ¿Me seguirás queriendo a pesar de los errores que cometa?
Shidou sonrió y la abrazó con fuerza.
—¿No lo sabes?
Su voz interna le había dicho el pensamiento real de Shidou, pero no le advirtió de sus acciones, así que él se alejó un poco y la besó en la boca. Esa era la decisión que no había tomado esa noche y la que le causó todo esto. Pero ahora lo había hecho sin pensar, los labios de ella eran suaves y ella lo abrazó más fuerte, las mejillas de ambos estaban rojas y Shidou dejó de sentir sus manos mientras estas tomaban los brazos de Kanade.
—Te quiero, Kanade. Por favor, entiéndelo ya, no hiciste nada malo, siempre y cuando eso que hiciste, lo hayas pensado en verdad tú, porque yo no haría algo que no quisieras y sé que tú tampoco, ¿verdad? —Ella asintió con la cabeza con una sonrisa y se limpió sus lágrimas—. Y no… No importa si te equivocas o si fallas, o cuantas veces lo intentes, no te quiero por todas las veces en que no fallaste, sino porque… Lo hiciste tú, Kanade. Y eso me gusta mucho de ti, no quisiera que dejarás de intentarlo por ti misma…
Kanade se sonrojó y sonrió mucho, siempre se equivocaba o no entendía bien las cosas, pero su mejor amigo siempre era claro y tenía la suficiente paciencia, amabilidad y cariño hacia ella para decir las cosas de esa manera tan particular que le hacía sentir bien. Sus palabras le abrazaron y le liberaron de mucha presión en su corazón, este era el apoyo que ella siempre había buscado, Shidou le estaba dando la fuerza que no tenía en sí misma, pero que ya era hora de que lo hiciera.
«Gracias… Gracias por todo, pero debo hacer esto sola». En ese momento, ella abrió los ojos porque sintió como si algo se hubiera desprendido fuertemente de su espalda, no le dio tiempo ni de gritar y Shidou observó como cayó al suelo como una tabla.
—¡Kanade! ¡Kanade! —gritó y le dio vuelta para checar su pulso, su corazón latía, pero ella estaba inconsciente, la movió repetidas veces—. ¡Kanade! ¡Kanade! ¡Despierta!
«¡Mukuro!» Shidou le marcó rápidamente a la chica de cabellos dorados y después de unos momentos, la chica respondió.
—¿Shidou-san?
—¡Mukuro, es Kanade, se desmayó de repente! ¿¡Tiene que ver algo con eso del ángel?! ¿¡Qué hago?!
—¡Lo hiciste! Muy bien, Shidou, te felicito, ¡Mis disculpas! —Ella se dio cuenta de la desesperación de Shidou, entonces se puso seria—. Primero, cálmate y llévala con un médico, que un ángel deje un cuerpo humano es algo complicado, debe estar muy débil ahora mismo.
—¡De acuerdo, gracias! —Shidou colgó de inmediato y cargó a la chica en sus brazos hasta dejar el parque y tomar un taxi.
Después de un tiempo de pura adrenalina y de que llegara Reine muy preocupada y le agradeciera con un abrazo a Shidou por cuidar tanto de Kanade, él estaba en una silla, esperando que Kanade despertara, dejo que madre e hija estuvieran juntas; se sentiría algo incómodo que él estuviera ahí dentro.
—Ah… —En eso, la puerta blanca es abierta y Reine le sonríe un poco—. ¿Ya despertó?
—No. Pero no creo que falte demasiado, ¿puedes cuidarla un poco más, Shin? Siento que esté abusando de tu amabilidad, pero gracias por todo lo que has hecho por ella —dijo con mucha gratitud, Shidou negó con las manos un poco avergonzado.
—No, no, todo está bien, no es nada. Lo hago con mucho gusto y claro que… Estaré con Kanade.
—Se le bajó mucho el azúcar, iré a comprar algo para cuando despierte, cuida de ella mientras no estoy, ¿de acuerdo?
—Claro.
Reine dejó el cuarto y Shidou entró para sentarse a un lado de ella, viéndola dormir tranquilamente, pensó positivamente en que todo estaría bien, incluso si las cosas se ponían difíciles, cosa que pasaría sin duda alguna, seguiría siendo su amigo o su pretendiente o su… ¡Lo que fuera! Nada de eso importaba, mientras ambos estuvieran bien.
Lunes, primer día de la semana y de seguro que estaría cargado de diversión en la preparatoria Raizen, donde en los pasillos y asegurándose que no esté ni un profesor, dos chicos estaban corriendo a toda velocidad y abrieron la puerta con la respiración agitada.
—¡Disculpe la interrupción! —dijeron ambos.
—Ah, la parejita llegando tarde, ¿qué estaban haciendo? —dijo una voz algo melodiosa desde los últimos asientos, ante ese comentario, la mayoría de la clase dio leves risas ante el sonrojo de ambos chicos.
—¡Silencio! Y ustedes dos. —Kanade y Shidou casi dan un salto—. Un retardo más y tendrán una falta. Vayan a sus asientos.
—Lo sentimos, sensei. —Hicieron una reverencia y fueron a sus asientos, Tonomachi dio una leve risa ahogada, Shidou le vio con cierta molestia y Kanade solo suspiró.
—Lo siento, Shidou… —dijo con voz baja—. Debimos tomar el autobús, aunque estaba casi lleno.
—No hay problema, tampoco quería ir apretado —susurró, esperando no ser descubierto por el profesor.
El resto de la clase fue bastante aburrido, Kanade no recordaba ni como había hecho su tarea, todo ese conocimiento no había sido aprendido y cuando despertó del desmayo, estaba tan mareada que sus recuerdos eran confusos y recordaba todo lo que le había dicho Shidou, pero no lo del beso.
La clase terminó y mientras algunas chicas salieron al baño, Tonomachi se acercó a sus dos amigos con muy buen humor.
—¡Hey! Es bueno verlos juntos y felices, sobre todo a ti, Kanade-chan. —Ella sonrió.
—Sí, todo se ha arreglado y aunque no lo recuerdo muy bien, todo está bien ahora.
—Okey… —Una sonrisa nerviosa apareció en su rostro, pero miró a Shidou—. Luego me dirás eso, tomaré prestado a Shidou un rato.
—¿Qué? ¡Oye! —Lo jaló con él y Kanade vio divertida la situación, además de que asintió con la cabeza. Una vez estuvieron en la puerta del salón mientras todos los demás estaban en sus propias cosas, Tonomachi le enseñó a su novia virtual—. Ah… ¿Para eso me llamas?
—Maldito, ¡muestra algo de respeto! ¿Acaso no te gustan los gatos?
—Tonomachi, escucha… —dijo rascándose la mejilla y sin mucha seguridad—. Sé que tu novia virtual es importante y todo, pero… Creo que te está consumiendo, amigo. Esa cosa no es real, de hecho, es casi tan irreal como que alguien aquí tenga una oportunidad con Tokisaki Kurumi.
Tonomachi se quedó con la boca abierta y se sacudió la cabeza un poco. Shidou pensó que había dicho algo malo, así que se alejó un poco.
—Tengo unos negocios, haré como que no dijiste eso, Itsuka. Anda, ve con Kanade-chan y hazla feliz
—B-Bueno…
Shidou regresó para hablar con Kanade de alguna trivialidad, aunque el chico aun recordaba las fotos que le tomó a su amiga, por lo que miraba lo que hacía Tonomachi quien estaba con chicos de otras clases. Por un tiempo estuvo escuchando a Kanade, pero cuando su mejor amigo abrió la boca para hablar, Shidou tuvo que levantarse de su asiento.
—Claro, aquí tengo de Kanade y Kurumi también, hay para todos, chicos.
«Maldito Tonomachi, esta vez sí lo detendré de compartir ese material». Shidou iba a detenerle.
—¡Oh! —dijeron la mayoría de los chicos que estaban alrededor de Tonomachi, pero solo uno se quedó viendo la foto de Kurumi como si estuviera recordando algo.
—¿Kurumi-san? —Dejó salir un chico un chico de cabello negro algo revuelto y largo, tan alto como Tonomachi de ojos azules tenues, como si contuviera tristeza o vacío en su alma y de piel blanca en la que fácilmente un sonrojo sería notado—. Tokisaki Kurumi…
Sus ojos brillaron y sonrió al ver ese ojo rojo y ese cabello negro en dos coletas, su corazón también se aceleró por sentimentalismos y buenos recuerdos.
—¡Tonomachi!
—¡Ah, Itsuka! —Escondió en su bolsillo las fotos de Kanade a velocidad de rayo y sonrió—. ¿Vienes a unirte al negocio?
—Tonomachi… —La voz de Shidou se fue tornando oscura—. Deja de traficar las fotos de Kanade…
«Esos dos otra vez, parece que armaran un buen escándalo». Pensó Kurumi, quien regresaba del baño y una risita que escapó de su boca le delató por completo para el chico de cabello oscuro como la noche y ambos se vieron, Kurumi ladeó un poco la cabeza porque no entendía porque le resultaba un poco familiar.
—¿Kurumi-san? —preguntó desde su posición, ella dejó la sonrisa por sorpresa y asintió con la cabeza, él sonrió como si hubiera encontrado a un amigo muy lejano—. ¡Kurumi-san!
Ese llamado, más por el nombre usado que otra cosa, llamó la atención hasta de Shidou y giraron sus cabezas solo para ver como ese chico había corrido y ahora estaba abrazando a una Kurumi totalmente sorprendida.
Y aunque Shidou esperó que todo volviera a la normalidad, no esperaba esto para nada. Nadie en su clase esperaba esto y ahora todos estaban con la boca abierta, incluso la chica más popular de su clase.
