Han pasado 84 años, pero aquí estoy con la continuación, igual creo que ya estaban advertidos que continuaría con esta historia al ritmo que se me fuera posible, por lo que espero les guste este capítulo porque me lo tuve que pensar mucho.
Saludos.
Este maravilloso mundo
Capítulo 8: Lo que guarda en su corazón
Por fin era hora del receso y aunque había recordado cosas que había enterrado en sus memorias y despertados sentimientos que prefería tenerlos bajo llave en su corazón, tenía que seguir manteniendo su imagen serena y amable a los demás. No es que fuera una máscara para agradarle a los demás; aunque esto sucedía, pero su fin no era obtener amigos, pues no tenía ninguno que lo considerara como tal, para Kurumi esto solo era una forma normal de comportarse, su padre le había enseñado las cosas así y así debían de ser.
«Satou Matsuo, no puedo perdonarte por lo que me hiciste, mi padre quizás fue demasiado amable como para sacrificarme a mí, espero no tener que encontrarme contigo». Sin embargo, su educación y sus pensamientos eran completamente distintos. «Y será mejor comer afuera del salón, no quiero tener que responder nada sobre él, ni nada».
Tonomachi observó como Kurumi se alejó de todos rápidamente, pero de forma sutil y salió del salón de clases con su bento en mano, en otros casos, se preguntaría quién se lo preparaba, sabía tan poco de ella y le resultaba tan interesante como otras chicas que simplemente ocupaba muchos de sus pensamientos, generaba muchas dudas. Ahora su mente estaba ocupada en ese chico que le había abrazado como si fuera su mejor amigo o su novio, quien sabe, las posibilidades eran infinitas para él y su mente de "periodista".
—¡Shidou! —El joven se giró un poco desde su asiento para irse un poco para atrás al encontrarse con los pechos grandes de su amiga de cabello blanco que le miró con una sonrisa y su bento en mano—. Almorcemos juntos, y con Tonomachi también.
—C-Claro, Kanade. Solo deja que saque mi bento y luego juntamos las mesas —respondió con un leve sonrojo, ella asintió y llamó a su otro amigo para que comieran todos juntos, pero Shidou quedó viendo a Tonomachi con cierta sospecha al ver que estaban hablando con unos alumnos de afuera—. Espero que no trame nada malo… Ahora que recuerdo, ¡las fotos!
—¿Quieres una, Itsuka-kun? —preguntó Tonomachi con una sonrisa pícara—. ¿Tal vez una con Kanade?
—Claro que no, y espero que tú tampoco, Tonomachi. —Él solo sonrió y miró a Kanade, quien estaba a su lado.
—Que cruel, ¿no crees, Kanade-chan? Aunque en el fondo, yo sé que sí quiere una foto contigo, ¿tú no? —Ella sonrió porque no leyó el ambiente y se sentó al lado de Shidou, juntando una silla.
—No hay problema si se trata de Shidou, además, es solo una foto para recordar de que he vuelto a la escuela. —Miró a su amigo de cabello azul con un leve sonrojo, él recordó su momento especial que tuvieron en el parque y se sonrojó bastante, tanto así que sus ojos no la vieron directamente, ella lo abrazó—. Y todo es gracias a Shidou.
Shidou no reaccionó hasta que escuchó el sonido de una captura del celular de su amigo de cabello negro, quien se sentó muy fresco frente a Shidou, ahora sus sillas estaban juntas haciendo una especie de triangulo entre ellas, muchos alumnos iban a comprar comida afuera, en la cafetería, pero algunos también se quedaban, como Origami; tenía el ceño fruncido y un poco de molestia mientras comía al ver a Kanade abrazando a su amigo con ese cariño.
—Espero que no hagas nada raro con eso, Tonomachi —dijo Shidou, más sonrojado y avergonzado, hasta que Kanade le soltó y destapó su bento como sus amigos, para empezar a comer.
—Shidou, ¿de qué estás hablando? Tonomachi siempre nos toma fotos juntos y me las pasa después, así no me olvido de los buenos momentos contigo —explicó con una sonrisa—. No veo que sea algo malo…
«¡Eso es porque no sabes lo que hace después!» Eso fue solo un grito interno, porque no podría decirle a Kanade sobre lo que su "amigo" hacía con sus fotos, aunque ciertamente en la que salían juntos no pasaba a otras manos, o eso quería creer.
—Además, este día será histórico en este salón, hay que dejar pruebas de ello. Si se dan cuenta, muchas personas que comen usualmente aquí, como nosotros, han salido, así como Tokisaki-san se ha escabullido rápidamente. —Dio un mordisco a uno de sus sándwiches que traía mientras los dos le miraban con un poco de interés—. Parece que la chica más pretendida ya tiene pretendiente y nadie estaba enterado, creo que es hora de despedirnos de ella, Shidou. ¿Tú qué piensas, Kanade?
—¿Despedirse? —preguntó incrédula, pero luego se puso a pensar un poco en Kurumi, mientras Shidou miró con molestia a Tonomachi, había entendido la indirecta a la perfección—. Hmm…
«Maldito, Tonomachi. Es cierto que Kurumi me llama la atención, como a todos en realidad, pero sabe lo que hice por Kanade, aunque no le he dicho nada, sé que él fue el culpable de que ella no me contestara por celular». Sin embargo, se sonrojó un poco ya que tenía sentimientos por su amiga inocente, pero él también se fijaba en otras chicas que no tenían que envidiarle mucho a Kanade. «Me pregunto si ese chico en verdad es su novio, nunca había visto a Kurumi ser tan afectuosa con alguien, creo que ni siquiera la he visto con alguien».
—Bueno, nunca he hablado con Tokisaki-san, pero creo que es bueno que tenga una persona que la quiera, aunque no sé qué pasó afuera —dijo con tranquilidad mientras comía una salchicha hecha pulpito, Tonomachi solo asintió con la cabeza.
—Sí, entiendo tu bondad, Kanade-chan. ¿Y tú, Shidou-kun? ¿Qué piensas de todo esto? Tal vez sea hora de que desistas con ella…
—¿¡Qué?! —preguntó exaltado y avergonzado, eso llamó la atención de su amiga, quien se sintió un poco preocupada, sin saber por qué.
—¿Shidou? —En ese momento, sintió una presión y se alejó un poco de ambos como si estuviera siendo apuntado por lanzas en ambos extremos.
—K-Kanade, no lo creas, Tokisaki-san es solo… Alguien misteriosa que llama mucho la atención y creo que… ¡Tienes razón! Es bueno que tenga a alguien, podría ser su mejor amigo.
—¿Su mejor amigo? Bueno, eso está por verse —dijo Tonomachi, antes de que Kanade dijera algo, pero estaba más aliviada y no entendía por qué—. Creo que después del receso todo será más claro.
«¿Más claro?» Shidou tuvo un leve mal presentimiento sobre esto, de seguro que su amigo había hecho algún movimiento con ayuda de sus influencias, pero por primera vez, no pensaría nada malo sobre ello. «Espero que lo logre».
Kurumi terminó por ir a la parte trasera de la escuela donde estaban los campos de prácticas tanto de futbol como de tenis, donde iba a comer a las bancas de espectadores con total tranquilidad. Sí, el sitio era utilizado también para los entusiastas que jugaban futbol en el receso y eso estaba pasando justo ahora, pero a ella no le importaba porque no le prestaban atención y solo era interrumpida, a veces, para pasarles el balón.
«Creo que debí añadirle más sal al arroz». Pensó tranquilamente mientras comía con elegancia; limpiándose con una servilleta cada cierto tiempo, tan ocupada estaba en eso que no la vio venir.
—Oh, Kurumi-san… Saludos —dijo una chica con voz tranquila y sin mucha expresión facial, la chica de ojo rojo alzó la mirada—. Creo que debes guardar un poco de eso… Peligros se acercan…
—Nuevamente hablas tan extraño, Yuzuru-san. —Ella negó con la cabeza un poco—. Y no sé de qué hablas.
—Advertencia. Lo sabrás muy pronto.
La vio retirarse con la raqueta de tenis en mano y sus ropas un poco sudadas, se transparentaba su sostén rosado entre su blusa blanca y daba una buena percepción de que tan grandes eran sus pechos, pero esas eran cosas que solo observaban algunos chicos que estaban jugando futbol y entre eso, sucedió la tragedia típica de que alguien recibiera un balonazo en la cabeza, causando risas para todos y una disculpa al final. Cosas que a Kurumi no le llamaron la atención, cuando se hubiera reído en otras ocasiones.
Entonces, después de un rato en el que bebió un poco de su jugo enlatado que compró cerca de ahí, escuchó unos pasos apresurados hacia su posición, hasta que la vio venir con una sonrisa algo nerviosa, mientras la recién llegada tenía la respiración acelerada, la ropa sudada, así como su frente y su cabello naranja estaba levemente mojado.
—¡Ah, Kurumi-senpai! —dijo la chica con muchos ánimos y con la lengua afuera y en sus ojos azules solo se reflejaba el jugo enlatado—. Por favor, ¿compartirías ese dulce jugo a esta pobre aprendiz necesitada que ha perdido una batalla?
—Eh… Ahora entiendo lo que decía Yuzuru-san… —respondió con un poco de decepción.
—¡No menciones a esa hereje! —dijo con molestia y mirando a otro lado con los brazos cruzados, sus ojos azules tenían un leve tic por razones obvias para Kurumi, quien solo suspiró.
—Ni siquiera sabes qué significa esa palabra, solo la usaste porque suena como si tuvieras un vocabulario selecto, Kaguya-san. —La chica de cabello naranja sonrió mucho y con orgullo.
—Kurumi-senpai, usted siempre sabe que decir, ¡enséñame más! —La tomó de los hombros, asustando un poco a Kurumi.
—¡No soy tu maestra, cielos!
Luego de unos momentos en los que Kaguya se estaba manchando en la boca por comer el bento de Kurumi y bebiendo su jugo también, empezó a contarle sobre como apostó el dinero de su almuerzo con su hermana gemela, Yuzuru Yamai, todo en un partido de tenis individual, en el que perdió. Así que ahora estaba hambrienta, cansada, sedienta y no podía recurrir a nadie más que a su "Kurumi-senpai", esta última no estaba muy contenta por ello.
—Gracias, Kurumi-senpai, está obra de caridad no la olvidaré nunca. ¿Tú lo hiciste?
—No puedo ignorarte si estás en apuros, pero creo que no deberías retar a tu hermana, sobre todo si es mejor que tú en el tenis.
—¡Y por eso debes ayudarme para enfrentarla otra vez! —dijo alzando el puño con decisión, pero regresó a comer lo poco que quedaba—. Está delicioso, Kurumi-senpai, muy bueno. Serás una buena esposa.
—Gracias, pero no soy buena en los deportes como tú. Además de que siempre lo llevas al extremo, Kaguya-san —dijo con una sonrisa sarcástica—. Y sí, lo hice yo. Siempre tengo que preparar el desayuno este día, aunque sé que a mi padre le saldría excelente.
—Fufufu… El padre de Kurumi-senpai suena como el senpai de los senpais, ¡debe ser alguien genial!, siempre hablas bien de él, no puedo decir lo mismo del mío, a veces pienso que me trata como chico… —dijo con una sonrisa amarga—. Bueno, una vez escuché que siempre deseó tener hijos, no hijas, ¡creo que tu padre no es así! Y eso me agrada. Debería de ir a tu casa algún día de estos…
—Tal vez sí, tal vez no. No sé si estás lista para tal experiencia, Kaguya-san —dijo con cierto aire de grandeza, fingiendo un papel especial, su amiga sonrió.
—Sería un honor. —Hizo una pequeña reverencia, después ambas rieron por un rato.
La amistad entre ellas podría considerarse solo del lado de Kaguya, pero esto casi nadie lo sabía, ni siquiera los chicos que venían a jugar futbol o voleibol con las gemelas estaban conscientes de que Kurumi y Kaguya eran cercanas, ya que la gemela entusiasta tendía a comer del bento de la chica de ojo rojo. No era del todo su culpa el ser así, se debía a la educación en casa, como suele pasar.
Su padre, Tatsuya (Aquel que es perfecto) Yamai, de 34 años y de quien heredaron su cabello naranja, pero no sus ojos son claros, era un hombre que siempre deseó tener niños para que ellos siguieran con su legado que, sin duda, dejaría al convertirse en más que un buen jugador de baloncesto. Sin embargo, no obtuvo eso, pero eso no detuvo al padre de inculcarles el que practicaran algún deporte y se volvieran buenas en ello, para él las calificaciones no eran muy importantes y les daba mucha libertad, incluso con el noviazgo, siempre y cuando siguieran con sus prácticas y se comportaran como siempre, no tendría quejas.
Por eso es por lo que son tan competitivas entre ellas, incluso con su padre también lo son, cosa que desespera un poco a la madre de ambas. Yuzuru es más tranquila y menos explosiva con sus emociones, también no es muy habladora, todo lo contrario a su hermana, quien tiene una "amistad" con Kurumi; ella no estaba muy segura de ello, incluso si con ella podía hablar de varias cosas como las series anime que miraban, la música y la ropa también.
Después de todo, Kaguya era la que siempre la buscaba, era siempre la que iniciaba la conversación, era la que siempre tenía algo que decir y aunque la relación fuera solo de un lado, Kurumi no estaba incómoda con ello, le agradaba su presencia, pero igual no era algo irremplazable y varias veces se preguntaba por qué no lo era.
«Tal vez estoy muy acostumbrada a estar sola». Esa era su conclusión, pero una parte de ella no quería pensarlo así, quería confiar más en ella, pero el que fuera tan habladora le daba cierta… ¿Desconfianza? Ella no estaba segura y mientras esto fuera así, aunque no se notara nunca, seguiría conteniendo esos sentimientos en su pecho.
—Fue tan especial cuando se confesaron sus sentimientos bajo la lluvia —dijo Kaguya con un leve sonrojo y con las manos entrelazadas, luego las soltó y sonrió—. Si alguien llega a confesarse así conmigo, creo que no podría rechazarlo, pero ese será nuestro secreto, Kurumi-senpai.
—Ya veo… Quién sabe, alguien podría estar escuchando esto y se aprovecharía de esta información —comentó con ligera picardía, Kaguya empezó a sudar un poco.
—No importa, no importa. Tú no tienes que decirle a nadie, eres mi maestra, después de todo.
—Ya te dije que no soy tu maestra, cielos… —dijo un poco cansada y suspirando un poco al final, pero vio el rostro triste de Kaguya, pero un brillo apareció en su ojo rojo y le señaló con el dedo—. Te prohibí mostrar debilidad y signos de chantaje barato.
—Fufufu… —Dio su típica risa de que la situación estaba de su lado—. No pude escoger mejor maestra que tú, Tokisaki Kurumi.
—Ah… —Ella se sonrojó un poco por vergüenza al verla reírse con cierta malicia, había entrado a su juego de nuevo, pese a ello, tosió un poco para recobrar la compostura—. Eso solo fue un leve deslice, nada serio…
—Me agradas mucho, Kurumi-senpai. —Eso sonó más serio que en otras ocasiones en las que le alababa por fingir su comportamiento al estilo anime, declaración que la hizo parpadear un par de veces—. Por eso, espero que algún día puedas invitarme a tu casa, aunque estoy segura de que mi hermana querrá ir también, a veces es muy pegadiza, jeje…
Una sonrisa se dibujó en sus labios y asintió con la cabeza, eso hizo sonreír a Kaguya y por primera vez, Kurumi pensó en un tema de conversación, quería también participar en su "amistad" con ella. Sintió la necesidad.
—Supongo que podría invitarte un día de estos, tal vez el fin de semana, hay un nivel que no puedo superar en ese juego que me recomendaste hace unas semanas, podrías ayudarme, supongo…
—¡Claro que sí! Es decir… —Recobró la compostura en su papel de aprendiz, conteniendo su emoción—. Será un honor ayudarle en su travesía, maestra.
—Está bien…
No podía evitar una pizca de nerviosismo y cierta mala sensación cuando Kaguya se comportaba así, claro, le gustaba ese juego de fingir, solo que a veces, parecía que su amiga no despertaba de ese juego y eso le preocupaba. Eran de esos pequeños detalles que no los decía, que se los guardaba en su mente lo que convertían esta relación de amistad en algo mutuo, aunque Kurumi no pudiera asegurarlo con total confianza.
