Las clases habían terminado, ahora todo giraba en torno a las vacaciones de verano.
Mi madre me aviso que el hijo de nuestro pasado mejor cliente, el cual era aliado de Vongola, había llegado de visita con Reborn.
Tres Famiglias me pasaron por la cabeza, no estuve seguro de quién hablaba hasta que vi a las personas que cuidaban la entrada de nuestra casa.
La famiglia Cavallone llegó, eso quería decir que su inútil hijo, Dino el potro salvaje o Bronco Dino, estaba de visitas por órdenes del Arcobaleno.
Tenía que mostrar mi mejor papel de Dame.
Al final, fue un éxito, lo primero que hizo fue criticar y meterse en más problemas los días que se quedó en Japón.
Dino, me agrada.
En el pasado nunca tuve la oportunidad de hablar con él, su padre me dijo una vez que seríamos buenos amigos, siempre me negué a conocerlo, a la larga hubiera sido una molestia, jamás aprendió a guardar secretos... una desventaja lamentable para un jefe de la mafia.
-Me han dicho que eres un gran asesino como el Arcobaleno Reborn, no te arrepentirás de trabajar para nosotros.
-No me gusta comparar, pero gracias...
Las veces que iba de visita pude observar cómo era entrenado por un Arcobaleno, no me costó trabajo tomar la decisión de no entablar amistad con él.
-Apresúrate Dame-Dino, tienes que correr por toda la mansión 20 veces.
- ¡Pero Reborn!
Después de todo, los Arcobalenos eran como la peste para mí en ese tiempo.
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Los demás días fueron tranquilos, entre:
El entrenamiento por ser mejor mano derecha de Hayato.
Donde me di cuenta porque Gokudera era como era... tuvimos un encuentro poco ortodoxo hace años.
Sin querer maté a uno de los que lo estaban amenazando a Gokudera, entiendo que no me haya reconocido, después de todo tenía mi fachada de 27 un asesino a sueldo más.
Recuerdo como me agradeció antes de caer desmayado, no tuve más remedio que llevarlo a mi escondite, curarlo y esperar que despertara.
Me platico toda su vida como si siempre hubiéramos sido amigos, no lo detuve, sabía que no nos volveríamos a ver en mucho tiempo.
Gokudera Hayato era el hijo bastardo de la Famiglia Gokudera, entendía que buscará la aprobación constante, no ayudaba el hecho de que su padre le ocultaba casi todo de su vida. Si un día nuestros caminos se volvían a cruzar, sin duda sería su amigo.
Esos fueron mis pensamientos antes de acompañar a Hayato a la mansión Gokudera, hablaría con su padre seriamente después de terminar su encargo, primero necesitaba que me pagara.
Con mi dinero seguro, podría golpearlo sin culpa.
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En medio del entrenamiento fabricado por Reborn, estaba atado de manos, no pude hacer sentir mejor a Hayato, tenía que mantener mi fachada, la impotencia me lleno al no poder hablar, así que le pedí un favor a mi madre, sabía que ella hablaría con él. Al final, el problema se solucionó gracias a ella.
Lo siguiente fue, el día de visita a la escuela.
No quería que mi madre viera como desarrollaba mi papel de Dame, así que le dije que no fuera, pero no había fuerza en el universo que detuviera a Sawada Nana.
Independientemente del disturbio planeado por Reborn, así como, el posible reclutamiento de algunos de mis compañeros del salón a Vongola, al final me di cuenta que todo salió bien.
La sonrisa de mi madre al ver el desastre de salón cuando la última persona salió huyendo, fue lo mejor.
Solo quedamos ella y yo en ese espacio, cada vez que volteaba a verme de forma completa rompía a carcajadas, sí me molestaba que se riera de mí, pero no la detuve, verla de esa forma tan despreocupada, hacía que todo valiera la pena.
Poco después, la llegada de Fuuta fue el regalo de su vida.
A veces me ponía celoso, era mi madre después de todo, yo hubiera deseado el mismo amor que les estaba ofreciendo, sin embargo, no fue posible, de todas maneras, me hacía feliz que esos niños tuvieran una infancia normal, tenían derecho a elegir si seguir o no seguir en la mafia, cuando tuvieran la edad suficiente para decidir.
Fuuta era divertido, en uno de sus rankings dijo que me gustaba Leon, aunque no se equivocaba del todo, me encanta ese pequeño camaleón verde, no de manera amorosa claro.
Así entre desastres las vacaciones terminaron.
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Lo que ni podía entender es, ¿por qué Hibari seguía buscando la forma de molestarme? era irritante, así que una mañana me dirigí a la sala del comité disciplinario y entre como si fuera mi casa.
- ¿Qué pretendes Kyoya?
-Sal mi oficina, herbívoro.
Mi sonrisa fue cínica ante su respuesta. No me volteó a ver ni una vez y siguió con su papeleo. Me senté en la silla frente a él, lo único que nos separaba era su escritorio.
-Le dices herbívoro a la persona que te pateo el trasero sin esfuerzo, además de que te dio lo que ahora dices que es tuyo.
-Te fuiste y regresaste como un herbívoro revoltoso, no tenemos de qué hablar. Fuera.
Hibari estaba molesto, su mirada afilada lo reflejo a la perfección.
-Siempre que me dejes de molestar.
-Tsunayoshi... yo también me aburro.
Era imposible razonar con Hibari, al menos en este momento que quería pasar desapercibido, siempre fui bueno en llegar a "acuerdos razonables" los cuales venían acompañados de mucho ruido.
-Destruiré tu oficina.
-No quieres llamar la atención y ya causaste suficientes destrozos.
-Fueron los Vongolas y el Arcobaleno.
Escuche como Hibari suspiro, me sonrió divertido.
- ¿Enserio?
-Bueno, quizás haya tenido el 5% de la culpa.
-Deberías volver a clases, tus revoltosos amigos se darán cuenta que no estas.
- ¿Recuerdas que te hable de las llamas de la última voluntad, también que existían diversas llamas de diferentes colores, así como que cada color tiene un significado diferente?
Solo asintió con la cabeza.
Le enseñe lo que parecía ser un anillo color plata con tres almejas en la parte superior del pequeño escudo que tenía el anillo junto con 3 nubes en el centro.
- ¿Qué significa?
-Este es el anillo de la niebla de la Famiglia Vongola, el cual me permitió usar mis llamas de la niebla, así realizar un replicado que actuará exactamente como Dame - Tsuna, será como si estuviera ahí.
- ¿Ni el bebé se dará cuenta?
-No lo hará, ni Viper la supuesta mejor ilusionista lo haría, fui hasta el fin del mundo para dominar estas llamas.
- ¿Te dio tiempo?
Ignoré su pregunta llena de sarcasmo.
-Deberías de pedirle el dinero a los Vongola, estoy seguro que llegarán a un acuerdo por las destrucciones de todo Namimori.
-Me daría más tiempo libre y menos papeleo. Hablaré con el bebé.
-El destino de los Vongola es el papeleo...
Por un momento vi un amago de tristeza en su mirada, sabía lo que venía, reproches de su parte.
-Te fuiste dejándome una responsabilidad mayor a la que podía manejar, es bueno que me des estos consejos.
Me levante ante la atenta mirada de Hibari, supongo que pensó que me iría tras eso, solo que me levante a abrir uno de los pasadizos secretos que se hallaban bajo llave, encontré una botella de sake y una caja de cigarrillos.
Me volví a sentar donde me encontraba, me serví un poco de sake, prendí el cigarro, luego de darle una bocanada de aire le respondí.
-Lo hiciste bien Kyoya... lo haces bien.
-Me equivoque, necesitaba ayuda.
-Cuentas con el apoyo de Fon todo el tiempo, pudiste confiar en ese Arcobaleno tan parecido a ti.
Por un momento apretó sus puños, juro que si los hubiera apretado un poco más fuerte saldría sangre. Realizó varios ejercicios de respiración antes de hablar.
-Tú ayuda Tsunayoshi.
-Sabías que en cualquier momento me iría, recuerda que a veces para aprender tenemos que equivocarnos cientos de veces, la base de un buen líder es... aprender de esos errores.
-Algunos pudieron costar la vida de alguien.
Sonreí con escepticismo, después me tragué el contenido de mi vaso de golpe.
-Es parte de pertenecer a la mafia, te repito, lo sabías, aun cuando me suplicaste entrar para estar a mi lado. Las personas mueren todo el tiempo, más en el bajo mundo.
Kyoya solo me miro sin emitir sonido, así que continúe hablando.
-Hace un año y seis meses, Karen me aconsejo que te entregará el comité disciplinario, me dijo que estabas listo.
-Pensé que la base del matrimonio era la honestidad.
Apague el cigarro mientras me servía más sake, me lo acabe de un solo trago, otra vez.
-Los dos siempre guardamos secretos que jamás nos pudimos contar, supongo que esa es una de las razones por las que me abandonó.
Hibari me quito la botella, solo pude hacer un mohín en señal de desacuerdo. Me quería emborrachar, estaba fuera del radar después de todo.
-Entonces no sabe que me entregaste el comité muchos años antes.
-Eras el niño de sus ojos, si se lo decía, seguramente me hubiera odiado.
-No lo creo.
Pensé un momento y me estiré en la silla.
-Tienes razón, solo me hubiera dado una patada en las bolas... terminaste convirtiéndote en un mocoso delincuente, caprichos, adicto a las peleas, que quebranta todas las reglas.
-Respeto las reglas...
Sonreí divertido mientras le arrebataba la botella que me había quitado antes.
-Eres buena persona, pero sigues siendo un niño, sobre todo un mocoso.
-Soy un año mayor que tu...
-Eso no significa nada para mí.
Me quede con Kyoya los siguientes cuatro días, era bueno saber usar la llama de la niebla y nube, así nadie sospecho de mi ausencia.
También aproveche para ayudar en el comité disciplinario, al mismo tiempo saber de lo que pasaba en Namimori, estar al tanto de los pasos de Mukuro, checar el tratamiento de Nagi y enseñarle cómo usar el anillo de la Nube Vongola a Kyoya.
Fueron días productivos.
Cuando llegué a casa, los recuerdos de mi ilusión se unieron a los míos, descubrí que tenía un León de mascota, un real rey de las bestias, por lo que mis recuerdos me indican no se llevó bien con mi parte Dame.
Así que lo llevé a casa de Kyoya para que lo cuidara por mí, prometí visitarlo.
Cuando me fui, Hibari lo regreso al Zoológico.
A los pocos días me encontré a Kyoya en la temporada de cerezos, seguía siendo un mocoso quebrantador de las reglas, queriendo sacar provecho de su poder o mi poder más bien.
Aunque los subordinados que tenían eran realmente débiles como para que Gokudera derribara de un golpe, era lamentable, pero era demasiado golpear a Hayato tan cruelmente.
Fue realmente entretenido ver a todos pelear, Kyoya tenía trucos muy interesantes con las tonfas, yo no quería unirme a la batalla...
Mantuve eso tanto en mi mente que la bala de la última voluntad solo duró 1 minuto. Ese día Hibari Kyoya empezó a odiar los cerezos por culpa de Shamal... le dije tantas veces a ese mocoso que no fuera tan impulsivo.
Conocí al jefe de la familia Tomaso, era realmente molesto, quería asesinarlo cada vez que me hablaba. No quería volver a verlo en mi vida. Las balas desolación era basura, guarde una por si las moscas en mi base secreta.
Siempre podía usarla con los chicos si me aburría en algún momento.
-Quiero irme a mi casa.
No quería regresar a ser parte del comité disciplinario como decía el bastardo que se disfrazaba de pirámides (Reborn). Kyoya estaba tan emocionado que pensó que quería luchar de verdad por el puesto, termine en el hospital una vez más sin razón...
Después aparecieron Colonnello y Skull.
Los conozco algo, trabajamos juntos en algunas misiones, sabía que no me reconocería, así que pase de ellos.
Sin que Reborn se diera cuenta, lo case de verdad con Bianchi en la ceremonia loca que tuvieron, no lo descubrirá hasta años después y la persona menos sospechosa seré yo.
Quédate atado con la loca.
Cuando Reborn me presento a Giannini, bueno era Giannini, supongo que años de estropear sus inventos por diversión cada vez que me quedaba a dormir en su casa lo afectaron a la larga, ahora los arruinaba el solo...
Su padre solo se reía, había veces en que me ayudaba para que uno que otro invento le explotara en la cara, ahora es un inútil andante. Puede que ahora que no saboteo sus experimentos mejorará... al menos eso espero.
El festival de verano había llegado y mientras mi otro yo se encargaba de los problemas, podía disfrutar de la comida, claro que me tuve que vestir como 27 para que nadie me reconociera.
- ¿Disfrutando del festival 27?
No voltee, sabía quién era por el tono de su voz.
-Sí, disfruto de mis vacaciones de la mafia, tengo mucho tiempo libre.
-Sobre tu encargo...
Camine hasta a una banca lejos de la multitud, la otra persona me seguía de cerca.
-No te negarás ahora ¿verdad?... Bermuda.
El bebé cubierto de vendas se situó delante de mí.
-Admito que no estoy de acuerdo.
-Pero...
-Rokudo Mukuro escapó como quisiste, no sé qué pretendes con esto.
-Lo lamento, no es algo que te pueda contar, Rokudo es una pieza que necesito en mi tablero.
-Ahora es tu responsabilidad.
Antes de que desapareciera lo detuve.
- ¿Cómo...?
Sonreí ante el desconcierto bebé.
-Hablemos de cómo te detuve en medio de tu huida en otra ocasión, Rokudo ahora es responsabilidad del Décimo Vongola no mía, después de todo ese pequeñajo es el objetivo del ilusionista.
- ¿Me pedirás otro favor?
-Claro, quiero que cuando la lucha acabe, arrestan a Rokudo Mukuro de nuevo.
Solté al bebé vendado, estaba dudando sobre mis intenciones, lo sabía, pero nunca fui de las personas que revelaban sus planes a otra, solo cuando era extremadamente necesario.
- ¿El Décimo Vongola sabe que...?
-Quien sabe.
- ¿Siquiera lo conoces? porque para ayudarte en esto.
-Puedes estar tranquilo, nos conocemos, nos llevamos tan bien que pareciera que somos la misma persona.
-Muy bien, te escucharé.
-Veras, Rokudo atacará a los alumnos de Namimori, tu entras con tu temible presencia cuando...
Le di todas las instrucciones que necesita, Bermuda siempre fue un gran aliado, sin más que hacer y aburrido regresé a observar los fuegos artificiales con todos.
Solo restaba esperar el primer movimiento de Mukuro.
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Nota:
Gracias por leer y sus votos.
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