Hola a todos, espero que estén bien, México está pasando por un mal momento después del sismo de días pasados, a mí no me pasó nada, no vivo en el centro del país.

Dejando eso de lado, vengo con un nuevo capítulo que, espero les guste mucho y si pueden dejar un comentario sobre ello, me encantaría leerlo.

¡Disfruten!


Este maravilloso mundo.

Capítulo 11: Construyendo puentes.

Cuando nos sentimos mal, y si eres una persona tranquila o alegre, de las que han tenido malas experiencias antes y se ha logrado levantar de ellas, algo crece en nuestro interior; nace, crece y crece, formando parte de nosotros. Envolviéndonos en dudas, sacándonos de nuestra zona de confort, sintiéndonos agobiados por lo que no tenemos ni tendremos control, pasando el tiempo que debería ser para uno, pensando en ello todo el tiempo, desde el principio, hasta el final.

La noche del jueves era una como cualquier otra, el viernes estaba cerca y con esto, el fin de semana. La mayoría de los días son monótonos y nada especiales, la mayoría no los siente pasar, para Satou Matsuo, era parecido. Todas las noches, cuando su tarea ya estaba terminada, podía escuchar música tranquilamente en su cuarto, con los audífonos de diadema puestos, se aseguraba de cuidar sus oídos, así que no escuchaba a volúmenes altos.

Su cama estaba perfectamente tendida y ahí estaba, con una mano tenía su celular donde estaban conectados los audífonos, esa misma mano estaba contra su pecho, era una costumbre de años el que revisara sus palpitaciones cuando pensaba en cosas, sobre todo en las malas.

«¿Le habré dicho algo malo? Tal vez no debí hablarle mientras estaba con Kaguya-san, tal vez… Yo tuve la culpa, ni siquiera debí abrazarla, pero ella ha sido la persona más amable de todas». Los ojos azules del chico estaban más tenues y apagados de lo normal, tuvo que cerrarlos porque sentía pesados los parpados, el trato que le dio Kurumi le había dolido mucho y le daba vueltas al asunto, sin poder acercarse a ella en estos días. «No creo que ella haya cambiado tanto, incluso si solo la conocí un día, son las acciones lo más importante».

Había conocido a Kurumi como una persona buena, amable y caritativa; él sabe que fue algo en exceso, dándole algo que él consideraba muy preciado como un regalo de cumpleaños, sentía que tenía una deuda enorme que pagar y al mismo tiempo, vio a la niña de cabello negro como una amiga que pudiera entenderlo y con la que se sentía en confianza.

Algo totalmente diferente a lo que había visto esa tarde en la que fue rechazado de la peor forma, casi pudo sentir que le iba a golpear, afortunadamente eso no pasó, aunque podría ser lamentable también, pues Satou no estaría dándole tantas vueltas al comportamiento de la chica.

La puerta se abre y aunque él estaba escuchando una canción suave y tranquila de Tsukino Yoimachi, pudo oírlo y se sentó de repente, viendo hacia la puerta, su visitante.

Una mujer de cabello brillante de color negro largo, hasta la cintura, con mechones extensos que terminaban en puntas, con la frente libre y de piel blanca, los ojos azules; vivos y atentos, con el cuerpo no tan esbelto ni atlético, pero con un rostro apacible y de confianza, además de un pecho promedio y con un vestido amarillo de una sola pieza, con un mandil blanco.

—Oka-san (Mamá)… —dijo al quitarse los audífonos, ella sonrió un poco y se fue a sentar frente a él.

—La cena ya está lista.

—Pero papá no ha regresado, ¿o no lo esperaremos de nuevo? —preguntó un poco deprimido, pero ella hablaba con un tono seguro y amable.

—No te preocupes, no vine a avisarte sobre eso, y sé que estás en esa edad de guardarte tus propias cosas, Satou-kun. Y debería darte tu espacio, pero veo que eso mismo te hace sufrir.

Él había volteado a mirar hacia la derecha, un poco cabizbajo, pero ella lo tomó de la mejilla derecha para levantar su cabeza y la otra la puso en su hombro, viéndolo directamente a los ojos, pero no de una manera amenazadora, sino con calma, mostrando entendimiento.

—Sé que no siempre puedes decirme todo, y menos a tu padre, tú siempre tratas de ser lo menos pesado posible, eres tan amable, Satou-kun. Pero puedes confiar en mí, así que… —Después de acariciar su mejilla un momento, bajó las manos ahora que lo vio más accesible para hablar.

—¿Recuerdas a la niña que me dejó quedarme con el gatito?

—Por supuesto —dijo un poco preocupada, de alguna manera, veía venir algo malo con todo esto.

—Bueno, este lunes la volví a ver. Va a la misma escuela que yo y no lo sabía, cuando la vi otra vez, sentí que era el momento de pagarle lo que hizo por mí, sentí que estaba bien, al principio ella no se acordaba de mí, pero luego... —Recordó al instante como había sido rechazado y suspiró para calmarse—. La interrumpí en el receso, estaba hablando con alguien más, de todas formas me disculpé por eso, no sé qué hice mal, pero ella estaba enojada y triste… Dijo que no podía pedirle nada después de lo que le hice, que nunca sería mi amiga…

Shiho Matsuo era su madre y una mujer que amaba a su único hijo más que a nadie más, era amable, atenta y siempre mostraba seguridad y confianza, incluso si no lo parecía, era mentalmente fuerte; tuvo que ser así por su hijo y la situación en su familia. Por eso, lo sobreprotegía y le daba todo para que no sintiera nada malo, ya había tenido suficiente en anteriores años, no quería más dolor para él. Esto te hace tomar decisiones que, tiempo después, uno se da cuenta de las consecuencias.

Y esto es lo que pasaba ahora. Dejó salir un poco de aire de su boca y cerró los ojos, pero logró formar una pequeña sonrisa para ver como él agachó la cabeza.

—Satou-kun. —Ese llamado le hizo verla sonreír un poco—. Tú no hiciste nada malo, y recuerda que las chicas son como las flores; son delicadas y sensibles, así que no debes lastimarlas.

—Pero ella me lastimó y no sé por qué. De seguro me odia… Y esto tampoco lo sé.

—Bueno, las rosas también tienen espinas —dijo con un poco de diversión y volvió a su tono normal—. A veces, tenemos malos momentos, Satou-kun. No solo las chicas, aunque ellas los resienten más, es por es que tratan de evitar lo mejor posible pasar por esos malos momentos de nuevo, justo como tú. A veces, odiamos a personas que son solo victimas de algo que… No entendemos, así como odiamos cosas malas, todo el tiempo. Y si tú fuiste amable y fuiste rechazado, no eres el culpable, ni tampoco ella. Hay mucho más en una situación que solo dos personas, ¿entiendes, Satou-kun?

—Pero ella me culpó a mí, dijo que yo le hice cosas malas, incluso si no lo mencionó… Creo que todo es mi culpa, Oka-san.

—Cuando alguien te dice muchas cosas sobre ti, no significa que sean ciertas, además, tú sabes cómo comportarte y si no, es que he sido una muy mala madre. —Satou negó con la cabeza.

—No, claro que no. Eres muy buena, Oka-san —dijo con cierta fuerza y tomando las manos de su madre, sorprendiéndola un poco—. Pero tal vez he cometido un error.

Ella sonrió cálidamente y tomó las manos del chico con un poco de fuerza, preguntándose si era la culpa o algo más acerca de esa chica que lo tenía así de preocupado, por varios días.

«Supongo esto significa más para ti de lo que yo puedo ver, Satou-kun».

—Bueno, si así lo piensas, tú sabes cómo arreglar eso. —Pasó su mano a su mejilla con una sonrisa—. Solo no te esfuerces mucho, ¿de acuerdo?

—Está bien. —Sonrió y ella lo soltó para irse de su cuarto—. Gracias, Oka-san, me siento mucho mejor, y mañana haré algo al respecto, no te preocupes por mí.

La madre pensó que eso sería imposible, no había un día en el que no se preocupara por él. Pero sonrió al darse vuelta a él, para inspirarle confianza y fe, porque sabía que su tímido hijo necesitaba tener confianza en sí mismo, no solo en ella para cuando tenía un problema, incluso si esa dependencia era su culpa, nadie podría señalarla. Pues Satou tenía un problema, uno con el que había nacido y del que era un milagro que siguiera vivo, después de los golpes que a veces da la vida y nos toca a todos vivir.


El día siguiente era viernes, es decir, el inicio del fin de semana, no volverían a pisar la escuela hasta el lunes, y muchos tenían planes qué hacer. Este era el día en el que arreglaría todo, en el que aclararía las cosas con Kurumi. No importa que le dijera, no la odiaría; de todas formas, no era una persona que odiaba a otras.

Pero sabía que no podría hacerlo solo, así que cuando vio a Kaguya acercársele después de la primera hora, tuvo una pequeña idea.

—Hey, Satou, necesito de tu ayuda y sobre todo, de las asignaciones especiales que nos dijeron ayer.

—¿Hablas de la tarea? —preguntó un poco confundido, ella lo señaló con el dedo índice con una sonrisa.

—Justamente eso, me agrada que me entiendas, quiero comparar respuestas y si es posible, después de clases, tal vez podrías enseñarme nuevas habilidades geométricas.

—¿Fórmulas, no? —preguntó un tanto inseguro, Yuzuru quien estaba escuchando, al igual que otros compañeros, se reían por lo bajo.

—Me gusta que nos entendamos, Satou. Creo que podrías ser un gran compañero. —Eso lo puso un poco feliz.

—¿De verdad?

—Advertencia, Satou-san —dijo Yuzuru con seriedad y acercándose a su silla con los brazos cruzados—. Puede que se te pegue su loca forma de hablar, ya comenzaste a entender su lenguaje, luego no digas que nadie te advirtió de la compañía de las hermanas Yamai.

—¡Yuzuru! Deja de tratar de asustar a mi compañero de guerra, ¡búscate al tuyo! —Yuzuru no le hizo caso y se acercó al rostro de Satou, poniéndolo un poco nervioso.

—Te comento: soy mejor que ella.

—¡Yuzuru! —Kaguya estaba fuera de sus casillas, pero su hermana se alejó del chico, dejándole qué pensar.

Kaguya no pudo comparar respuestas, pues la siguiente hora comenzó. En ese tiempo, el chico de cabello negro pudo pensar en algo bueno y por las cosas extrañas que decía Kaguya, entendió que era un compañero de confianza, eso significaba que podía pedirle un favor, así que al terminar la clase, fue él quien se acercó a su pupitre.

—Kaguya-san.

—Oh, ¿al fin dejas tu zona de confort para venir conmigo? Justo cuando iba a pedirte las notas de nuevo, debes tener una habilidad especial, Satou —dijo con la mano en la barbilla, sonando interesante y sorprendida, él solo parpadeó un par de veces.

—No creo que tenga nada especial y te daré las notas después, yo quería pedirte algo. No sé si podrías hacerlo.

—No te preocupes, hay que premiar la ayuda, puedes pedirme lo que quieras, aunque… —Ella se sonrojó un poco y le vio con una sonrisa nerviosa—. Espero que no pidas nada raro. No acepto proposiciones extrañas.

—Ah… No sé a qué te refieres, pero está bien. No voy a pedir nada raro, solo quiero hablar con Kurumi-san, pensé que podías hacer algo para que no me evite, quiero disculparme por todo lo que haya hecho. —Agachó un poco la cabeza y sonó triste, Kaguya dejó sus juegos y sintió pena por él.

—Bueno… Kurumi-senpai debe tener algo en contra tuya, ella estaba pasando un buen rato, ¡no pienses que te estoy culpando! —dijo rápidamente—. Has sido muy buena persona conmigo y no me has señalado ni una vez por como hablo. Es por eso que dejaré que te encuentres con ella, aunque no te aseguro nada, pero por cómo está contigo, debes ser directo y hablar con ella en privado.

—Kaguya-san, muchas gracias, ¡de verdad! —dijo con felicidad y alivio, ella sonrió con orgullo—. No sé cómo podré pagarte este favor.

—Ya que lo mencionas, podrías enseñarme un par de cosas después de clases, en la biblioteca. Ni siquiera mi hermana me tiene tanta paciencia como tú, esa debe ser tu habilidad especial, Satou —dijo con una sonrisa, él sonrió un poco, aparte de su madre, nadie le había señalado nada de su personalidad como algo especial.

—Está bien, te enseñaré lo que se te dificulte después de clases. Y gracias, Kaguya-san.

—Entonces, la verás en el mismo lugar de antes, incluso si hay gente jugando, no los escucharan, no te preocupes, me aseguraré que Kurumi-senpai esté ahí.

—Bien —dijo más seguro y fue a su asiento para regresar con su cuaderno con la tarea, para que ella corrigiera lo que estaba mal, no quería hacer enojar a su madre por sus malas notas, no otra vez.

—Satou… —susurró mientras seguía comparando respuestas mientras él estaba recargado a la pared, viéndola concentrada.

—¿Qué pasa? ¿Hay algo que no entiendas?

—No es eso. Solo quería decirte… Gracias por ser tan paciente y amable, incluso si comencé acusándote, lo siento por eso, incluso yo me equivoco… Me equivoco mucho con lo que digo, y contigo lo hice, perdón.

—Está bien, no me sentí mal por eso y tampoco estoy enojado con Kurumi-san, sé que es tu amiga, así que entiendo que quieras lo mejor para ella y la protejas de alguien que la haya lastimado o quiera hacerlo. Eso hacemos con las personas que queremos, así que no tienes por qué disculparte por eso. —Ella se sonrojó un poco, pero no pudo moverse ni un poco, se preguntaba si esto era cosa del destino o alguna fuerza fantasiosa como en la que miraba en sus animes Shojo favoritos, tal vez soñaba despierta y estaba exagerando las cosas, como siempre.

«Kurumi-senpai, no hay duda que eres mi maestra, aun no puedo creer que un chico tan lindo esté detrás de ti, aunque muchos están detrás de ti y logras alejarlos a todos con amabilidad, pero con Satou has sido hostil, ¿será especial para ella?» Ideas fluyeron por su mente y sin parpadear, juntó su puño con su palma, como si hubiera encontrado la respuesta a todo. «Tal vez él significa algo más para ella, aunque no parecen llevarse bien, Satou no está enojado, a pesar de cómo le trató, eso quiere decir que ella le importa mucho o incluso… La ama».

—Satou…

—¿Si?

—Suerte hoy con Kurumi-senpai, tienes mi aprobación. —Sonrió y le levantó el pulgar, él no entendió del todo, pero asintió con la cabeza.

«¿Aprobación?» Esa palabra le hizo dudar un poco, pero siguió recargado en la pared un momento más. «Kaguya-san siempre habla tan raro».

Con un mensaje de texto que llegó justo a tiempo al celular de Kurumi, Kaguya pactó verla cerca de la cancha de futbol, como el lunes, solo que su maestra no sabía que en vez de la chica de cabello naranja, se encontraría con Satou, de nuevo.

Y esta vez, todo podría aclararse o empeorarse.