Las cosas empeoraron en los siguientes días. Más de 3 patrullas de policía hacían un rondín en las calles de la antes pacífica Berk. La paz Berkiana culminó desde el ataque terrorista, sin embargo, algunos no podíamos quedarnos encerrados por siempre en casa, teníamos obligaciones que cumplir y sobre todo yo porque debía hacer los reportajes de la situación.

Bajé las escaleras (el estúpido elevador no servía aún) y salí corriendo del edificio Era más temprano de lo normal. . Caminé unas calles, no sé cuántas, no las conté, pero antes de ir a trabajar desvié mi camino al parque que solía ir. Observé los verdes y frondosos árboles encarados frente a la zona de juegos de niños. Me fui a sentar en una banca y contemplé por segunda vez el lugar. Estaba vació pero aún puedo imaginar en mi cabeza los ecos de las tiernas voces de los niños, los llamados de los padres hacia sus hijos para ir a casa, las personas pasando corriendo con auriculares en los oídos y las frágiles burbujas iridiscentes volando y explotando una por una.

Del otro lado del parque, unas flores color rosa se agitaban con el suave movimiento del viento.

Flashback.

-Esta preciosa tu pintura- observé al pasar detrás de él. Estaba demasiado concentrado en su pintura que hizo caso omiso a mi comentario, sin embargo, no me sentí ofendida

Permanecí inmóvil en mi lugar hasta que noté en el dibujo las flores rosas que Hipo comenzó a dibujar. Lentamente el pincel delgado se deslizaba en el lienzo formando las pequeñas florecitas.

-Se llaman brezos esas flores- volvió a romper el silencio Hipo- Son originarias de aquí, de Noruega, su nombre...¿científico? Sí, científico es "calluna vulgaris". Mi padre llevó a mi madre a un campo de brezos cuando eran novios. Ambos me relatan esta historia hasta la fecha, por eso decidí hacer la pintura de un campo de brezos.

-Gracias por el dato, San Google- bromeé. Hipo no pudo evitar reír ante aquel comentario.

Fin Flashback.

Este lugar es muy especial para mí: aquí Hipo y yo paseábamos a Chimuelo. Los sábados a las 8:30 de la mañana veníamos aquí y a las 10:00 regresábamos a casa. Era una rutina simple pero inquebrantable.

Flashback.

-¡Chimuelo! ¡Quieto, amigo!- decía mi gran chico dragón mientras intentaba controlar con la correa a su hermoso perro Chimuelo, un golden negro.

-¡Chimuelo! ¡Ya!- grité y automáticamente se calmó y siguió caminando.

-¡Ay, Milady! Debes enseñarme a controlar a la gente

-Jaja, que gracioso- murmuré sarcasticamente y caminé un poco rápido para que no me siguiera Hipo. Fingí enojarme con él.

-No, Milady, no te enojes conmigo, era broma, amor.

Me volteé y caminé hacia él y le di un beso en los labios. Nos quedamos un rato así hasta que ambos perdimos oxígeno.

-Lo sé,Hipo- respondí al separar mis labios de los de él- también estaba bromeando.

Me miró unos segundos y me sonrió, su brillante mirada se dirigía hacia mis labios y sin dudarlo me besó. Al separarnos murmuró un "te amo" y seguimos caminando pero ya abrazados y con una mano guiaba a Chimuelo

-¿Qué le parece Milady si a las 2:00 pedimos algo de comer y vemos una película?

-Me parece una maravillosa y magnífica idea, chico dragón ¿Qué película le gustaría ver, señor?

-La que usted quiera, bella dama...

Fin Flashback.

En fin. Ya pasó...

Observé el reloj de mi mano izquierda: en 10 minutos debo entrar a trabajar. Me levanté de mi asiento, me pusé mis audífonos y con un largo suspiro nostálgico me fui caminando a mi trabajo. Hora de trabajar.

Needless to say, I keep her in check

She was all bad-bad, nevertheless (yeah)

Callin' it quits now, baby, I'm a wreck (wreck)

Crash at my place, baby, you're a wreck (wreck)

Needless to say, I'm keeping her in check

She was all bad-bad, nevertheless

Pov Hipo.

Salí del aeropuerto con mi maleta y mi primer movimiento fue tomar un taxi a casa de Patapez. Volví y esta vez será para siempre. De camino a mi destino, estuve metido en mis cavilaciones. Me imaginaba a mí mismo llegar con Astrid y acunarla en mis brazos y decirle que todo estará bien, decirle que estoy con ella y que la amo. Decirle que soy un imbécil, que soy un completo idiota y que regresé a ella. Pero después se me quitó porque la cruel realidad es que cuando llegue lo primero que hará es golpearme hasta dejarme más de un moretón. Demonios, Milady. ¿Por qué naciste agresiva?

Al llegar bajé del taxi después de pagar y me dirigí a la entrada de la casa de mi buen amigo. Toqué la puerta y una joven de cabellos negros y ojos verdes la abrió mientras se frotaba los ojos, me fulminó con la mirada y me dejó en la entrada. Cerré la puerta detrás de mí. El apartamento de mis amigos no era muy grande pero tampoco muy chico, era de un mediano tamaño.

-Hola, Heather. He regresado, je, je...

-Desafortunadamente- replicó la chica.

-¡Heather- regañó Patapez al abrir la puerta de la cocina para dirigirse a la sala- Hola, Hipo. perdona por recibirte así pero me debo ir a trabajar.

-Descuida. lo sé.- respondí.

-¿Gustas venir? Cierta persona trabaja conmigo, ¿recuerdas?- preguntó Patapez.

-Eh... no, gracias. Estoy bien...

-Vale. Adiós, Hipo. Adiós Heather, amor.

Heather no respondió nada y mejor prefirió meterse a la cocina. Patapez cerró la puerta de entrada y el ambiente se volvió incómodo. Me dirigí a la cocina y vi a Heather de espaldas picando algo con un cuchillo.

-Allá está la habitación de huéspedes por si necesitas instalarte ahora.

-No necesito eso . Necesito explicarte que...

-¿Explicarme qué?- se dio la vuelta y me miró con ira a los ojos- ¿Qué abandonaste a la única mujer que te ama porque fuiste demasiado imbécil y egoísta? ¿Que te fuiste sin siquiera despedirte de alguno de nosotros? ¿Acaso crees que te voy a perdonar que hayas dejado a mi mejor amiga devastada?

-Sé que estás molesta pero estaba sufriendo y...

-¡ASTRID IGUAL! ¡También sufría porque también quería a tu papá! ¿Y acaso crees que ella era la única? Nosotros también sufrimos. los gemelos, Patán, Patapez y yo también sufrimos. Todos queríamos a tu papá... y más Astrid. Ella lo quería demasiado... al igual que a tu mamá. Así que no me salgas con estupideces como esa.

Se volteó a su posición anterior y continuó lo que estaba haciendo, Sin emitir ruido alguno salí cabizbajo de la cocina con mi orgullo destruído.

Pov. Astrid.

El día por fin había concluído. Como casi siempre, fui de las últimas en terminar mi trabajo. Desde que empezamos a salir, Einar decidió cambiar de trabajo debido a que creyó que "sería lo mejor para ambos". Recogí mis cosas, me despedí de Patapez, bajé del ascensor y salí del edificio caminando a la calle dirigiéndome a casa. Cuando metí la mano en el bolsillo de mi gabardina caí en cuenta de que mi celular no estaba dentro de este. Hurgue en mi mochila pero no había nada adentro.

¡Lo dejé sobre el escritorio!

Regresé al edificio y subí el ascensor al piso de mi lugar de trabajo. Llegué a mi escritorio, tomé el celular y antes de irme pude observar que las luces de la oficina de mi jefe, Viggo Grimborn, siguen encendidas pero pude percibir una gran discusión dentro de esta.

-Mire, señor alcalde, he hablado con nuestro contacto en común y no creo que sea muy buena idea que planeemos otro ataque terrorista- dijo Viggo- esto podría afectar a su reputación, más de lo que ya está.

¿Qué? Me acerqué a la oficina y me agaché debajo de un escritorio de un compañero para que nadie me vea.

-No me digas que hacer, Grimborn. Yo sé lo que hago. Todo va de acuerdo al plan, ¿sabes? Planearemos otro ataque pero no será muy pronto. Dejaremos pasar al menos mes y medio, elegiremos un lugar repleto de gente para que haya más... consecuencias. Solo que ya no le hables al imbécil de tu hermano. El único ataque que le tocó (el anterior) no salió tan bien como esperaba.

-De acuerdo, señor.

-Por cierto... eres un maldito inteligente, Viggo. Cuando el plana haya concluído y nuestro objetivo se haya completado te dejaré gobernar alguna ciudad de Noruega. Excepto Arendelle, esa ya la apartó nuestro contacto- la silla se hace para atrás y el alcalde nuevo se levanta

-Muchas gracias, señor alcalde. Oh y... votaré por usted para las próximas elecciones- la puerta se abrió y permanecí quieta en mi escondite. Se dirigieron al ascensor del edificio- permitame acompañarlo abajo, señor alcalde.

Ambos hombres se metieron al ascensor y bajaron. Salí de mi escondite cuidadosamente. Mi corazón latía a mil por hora. Me metí a la oficina de Viggo, cuyo lugar tenía un aire muy lúgubre, para ver si podía descubrir algo. Busqué documentos sobre el escritorio pero no había nada importante, solo cuentas y papeles tontos. Continué buscando en cajones del escritorio, en un librero, en la papelera hasta que decidí buscar en un archivero y encontré un sobre manila con la inscripción de "RESTRINGIDO" en el frente. Empecé a abrirlo hasta que escuché el elevador subir.

¡AHHHHH! ¡ESTE ES MI FIN!

Las puertas se abrieron y oí como unos pasos se acercaban hacia mí. Rápidamente cerré el archivero y me escondí debajo del escritorio con el sobre en mis manos. Conté el número de respiraciones que hacía. Abrió la puerta de la oficina y pude sentir como se acercaba al escritorio de frente.

-¡Ash! Estúpido teléfono aquí estás- tomó algunas cosas del escritorio y se fue cerrando la puerta. Apagó las luces y bajó por el elevador. Asegurandome que no había nadie afuera salí de la oficina con frenesí y baje por las escaleras para evitar que alguien oyera el sonido de el elevador. Cuidadosamente chequé si no estaba mi jefe y al ver que efectivamente se había marchado salí a prisa del edificio y me dirigí caminando a un lugar que no es mi casa.

Pov. Hipo.

Patapez llegó horas después y gracias a su llegada fue como todo dejó de ser incómodo. Patapez convenció a Heather a que me escuchara y estuvimos conversando los 3 por más de 1 hora. Note en Heather un sentimiento de culpa y remordimiento cada vez que yo le explicaba la verdad tras la situación. Heather preguntaba a cada rato algunos detalles que no tenían ni siquiera una respuesta y gracias a esas incógnitas Heather empezó a dejar de creer 100 por ciento a mi historia.

-Esta bien... - comenzó a hablar- te creo muy poquito, ¿si?- volteó a ver a Patapez y este le dirigió una cara de pocos amigos- ¡Bieeen! Te creo aunque no tengas las pruebas suficientes para comprobar, sin embargo, debes ir a buscar a Astrid y contarle esto.

-¡¿QUÉ?! Heather yo...

-Sé un hombre y asume las consecuencias.

-¡Auch! Eso... dolió. Esta bien pero...

El celular de Heather sonó. Antes de contestar la llamada sus ojos casi se salen de sus órbitas.

-¿Qué? ¿Qué pasa?- cuestionó Patapez.

-Es Astrid...- mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho.

-Hola, amiga. ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Ahora? ¿Urgente? ¿Aquí en mi casa? Okay, no grites. ¡Dioses tranquila! Dejaré de preguntar lo que dices. Te veo acá. Adiós- colgó el celular- Astrid viene acá.

-¡Heather no!- me levanté del sofá sobresaltado- ¡Sabrá que estoy aquí!

-¿Y?- preguntó Heather enojada- Algo grave le pasó a Astrid. Creí que la seguías queriendo.

-Claro que lo hago. Amo a Astrid.

-Pues no parece, Hipo.

Nos sentamos ambos y no emitimos palabra alguna ninguno de los tres. Heather volvió a verme enojada.

Nos esperamos un largo rato hasta que el timbre sonó y la pareja anonadada me miró. Permanecimos unos segundos así hasta que el timbre sonó por segunda vez. Heather se dirigió a la puerta de madera color chocolate y la abrió. Rápidamente me oculté detrás de la puerta de la habitación de huéspedes que me dieron Heather y Patapez. Cerré la puerta y permanecí quieto en la lóbrega habitación.

-Gracias por recibirme, chicos. Necesito hablar con ustedes. Es urgente asi que por favor nada de interrupciones- mandó Astrid. Abrí un poco la puerta para poder ver un poco y...la vi. Vi a Milady.

-Prosigue- dijo Heather mientras le hizo un ademán indicando que tome asiento.

-Esto que les diré es demasiado grave pero antes de comenzar necesito saber como comunicarme con Hipo.

-¿QUÉ?- preguntaron al unísono ambos chicos.

-Es urgente es sobre su papá. Encontré este folder... este folder manila que dice "RESTRINGIDO". Contiene cosas que... -se le empezó a cortar la voz- ne...necesito ver a Hipo...

Sudé frío. ¿Qué encontraste, Milady?

-Pero dijiste que...

-¡Ya sé! Pero...debo decirle que contiene esto. Debo hacer esto por él.

¡Ay! Esas palabras...

-No sabemos dónde está- comentó Patapez.

-¡Patrañas!- gritó Astrid- tal vez Heather no pero tú...tú grandísimo tonto, sabes su ubicación.

-Yo...

-¡Dime dónde está!- ordenó Astrid.

-Aquí estoy- respondí saliendo de mi escondite mientras me encaré hacia Astrid.

Ya me emocioné. Me estoy esforzando mucho así que espero que les esté gustando. No olviden dejar sus comentarios y si quieren compartir mi historia con amigos suyos para que la lean adelante. Lindo día