Vengo con nuevo capítulo, espero lo disfruten y les guste, aquí es donde toda acción tiene una reacción, ya verán por qué lo digo. Así que, antes de empezar, Hiroshii, es un placer tener un review tuyo, la cita de Mukuro está en proceso, espero que les guste mucho y sobre todo, hacerlo interesante.

Sin más, ¡disfrútenlo!


Este maravilloso mundo.

Capítulo 15: Las acciones hechas de sentimientos.

¿Por qué tenía que pasarle esto? Hace unos momentos se había despedido de la chica que creía una "doncella de hielo", como sus fanáticos solían nombrarla y realmente, hasta Shidou pensaba que le quedaba perfecto, Origami era una chica bonita, elegante, con las mejores notas, educada y reservada, sería una doncella si esto fuera una época antigua, pero ¡eso no importaba! Él había salido con ella.

Sí, con ella había se graduado con un: "me gustó mucho", con referencia a las citas, todo lo había hecho por la cita real, la importante. Sí, él lo había hecho, Itsuka Shidou, él quien no tenía más que una mejor amiga con la que se ilusionaba mucho, él que espiaba a veces a las chicas en educación física, él que era tímido e inseguro al hablarle a las chicas, él que no tenía la mínima intención de entablar conversación con una chica.

Y todo había ido bien, todo fue lo que no había pensado, tanto así que se olvidó que era una cita, era como si solo hubieran hablado como si fueran amigos, y él espera que eso se diera con Origami, no solo por los beneficios, sino porque ella se veía tan solitaria, tan distante, tan fría a veces, excluida de la amistad como si fuera algo tóxico a lo que no debía acercarse.

Sí, estos deberían ser los pensamientos de Shidou, él debería estar orgulloso, debería comer la deliciosa comida que Kanade había hecho con esfuerzo, dedicación y amor… Y esto era lo que no lo dejaba pensar, esto era lo que no le dejaba ir a decirles a sus hermanas que había regresado a casa, porque su estupefacción o lo que fuera que estaba sintiendo; la verdad es que eran varias cosas, no podía dejar de pensar en nada en lo absoluto.

«¿Por qué?»

Esa pregunta hizo eco en su mente en blanco, pero no procesaba nada, solo podía recordar la bonita sensación de hace un rato, la cercanía con ese cuerpo voluptuoso, con esa delantera suave como almohada, con ese calor como de abrigos acolchados que rodearon su cuerpo cuando fue abrazado, por esas palabras que le conmovieron y le alocaron el corazón, como si hubieran sido las palabras de un poeta del romanticismo; palabras sentimentales y llenas de cariño, incluso promesas de tiempo indefinido que, le daban ganas de conocer las acciones que desencadenaría esa confesión.

—Ah, ya volviste, fue una salida larga —dijo Kotori, más alegre que en la tarde, pero al verlo en el suelo y después de que sus miradas se cruzasen por unos segundos, ella corrió a él—. ¿¡Estás bien?! ¡Onii-chan!

—¡Eh! —Mana, velozmente fue a donde estaban los orígenes de los gritos—. ¿¡Qué pasó?!

—¡Nada! —dijo Shidou, muy apenado, se puso de pie y le dio el traste azul transparente a su hermana—. Solo estaba descansando ahí, todo está bien, tengo la cena. Perdón por preocuparlas, todo está bien, ¡vamos a cenar!

—Oh…

Aunque Kotori era la segunda hermana, sabía que esto había sido muy raro, es como si su hermano no estuviera aquí, no podría explicarlo bien, pero ese chico de cabello azul no era su hermano, se sentía ajeno. Como si quisiera disimular.

Ambas lo sabían y con solo una mirada, se entendieron y fueron a la mesa para cenar todos juntos. Shidou estaba tranquilo y algo serio, parecía ocultarlo con una pequeña sonrisa, pero no era algo propio de él, ellas lo sabían.

—Nii-sama… —habló con cierta preocupación—. ¿Estás bien?

—Claro, además tenemos comida ya hecha, de seguro está buena, no puedo esperar a probarla. —Giró la cabeza a la cocina y añadió—: Kotori, apresúrate y vamos a cenar, tengo hambre esta vez, no comí mucho afuera. Y aunque lo haya hecho, esta comida debe estar deliciosa.

Trataba de no pensarlo, al mismo tiempo, estaba consciente que esto había sido hecho con cariño, para él, exclusivamente. Igual que aquella vez que no lo comió, que lo desperdició.

Eso no pasaría de nuevo.

—Ahora voy, ahora voy. Cielos, estás muy ansioso, Onii-chan, ¿de dónde es esta comida? —preguntó al regresar con tres platos y una cuchara para que todos pudieran servirse del traste de comida que se veía casera y desprendía un olor que daba gusto a la nariz de los presentes.

Shidou no esperó más tiempo, sentía que era necesario, así sirvió del que esperaba era un manjar, a todos. Tomó la cuchara metálica para llevarse un bocado y quedó con una sonrisa. Sí, era un manjar, era como si todo el mundo se hubiera ido, es como si no existiera nada más que el plato y él, la calidez natural del platillo la sentía en su boca, mientras saboreaba al masticar lentamente.

Esto era lo que se había perdido ese día en el que decidió probar los labios de Kanade y no su comida, aunque eso también le supo dulce, suave y vivo, superior que besar el betún del pastel. Enrojeció por sus deseos y se sintió culpable de nuevo.

«¡Kanade, perdón!» Lo pensó al seguir comiendo sin decir ni una palabra, ellas también comían, estaba bueno, pero no era para tanto, su hermano parecía disfrutarlo o estar perdido en un mar de sabores.

De seguro que se habrá esforzado mucho, ella quien siempre es tan torpe y de buen corazón, ella que, con cosas pequeñas, trataba siempre de recompensar los actos de bondad de Shidou, actos que llegó a hacerlos solo para hacerla feliz y con amor, actos que ella premiaba con comidas caseras, con abrazos, con palabras llenas de gratitud, con promesas inquebrantables de estar siempre a su lado.

«¡Que idiota he sido!» Ahora disfrutaba lo que ese día había tirado a la basura, estaba feliz, conmovido, la anterior cita no era un premio por ser como era, ¡esto era el premio para él! «Kanade… Gracias».

—¿Onii-chan?

—¿Si? —preguntó relajado y con una sonrisa, estaba por terminar su primer plato y hasta la mejilla la tenía un poco manchada, ella la observó estupefacta, como si hubiera visto algo increíble; esto lo era—. ¿Qué pasa?

—Eh… Bueno, estás manchado…

—Oh —dijo con ligera sorpresa y se limpió con una servilleta—. Gracias, ¿por qué no comen? Casi no llevan nada, es malo desperdiciar comida regalada, sobre todo si es alguien de confianza de la que no debes dudar, vamos, ustedes no serán malagradecidas, nunca.

Aunque comenzó en un tono suave, sus últimas palabras fueron casi una orden por la forma en que las dijo, esto había rebasado el límite de lo raro que podía ser su hermano. ¿Qué había pasado en esa reunión?

Era una representante de la clase, tal vez estaba instruyendo a Shidou, pero ¿cómo era posible? Su hermano amable, atento y siempre bueno no podía estar descarrilado del camino de los bienhechores; ellas estaban muy seguras de eso, entonces, ¿por qué ahora daba una especie de consejo moralista?

Había regresado muy diferente, incluso estaba en el suelo cuando lo encontraron, ¿cómo había cambiado así en tan solo unas horas?

—Bueno, es cierto que esto está bueno, ¿a quién debemos la comida de hoy, Nii-sama? —Mana estaba un poco nerviosa, sobre todo porque vio a su hermano servirse otra porción más—. ¿En serio te vas a comer todo eso?

—Estoy seguro que podría acabármelo, hay personas no corren con la misma suerte, ni en el orfanato nos daban una comida como esta, Mana. —A su hermana se le enchinó la piel, él reaccionó después y Kotori solo agachó la cabeza—. Lo siento, no quería decir eso… Es solo que aparte de la comida de mamá, no he probado una comida tan bien hecha solo por mi bien y por la que no he pagado nada.

—Hermano… —dijeron ambas y sonrieron un poco.

—Esa representante de la clase debe ser genial, haciéndote comida como esta. —Mana dio una sonrisa pícara—. Debes tener mucha suerte, Nii-sama.

—A-Ahora que lo dices, Onii-chan, ¡yo también, algún día, te prepararé algo de comer! —habló rápido y con mucha decisión, Mana no se lo esperó y Shidou se la quedó viendo, para sonreír con un ligero sonrojo.

—Eres muy linda, Kotori. Ten por seguro que lo comeré. Pero esto lo hizo Kanade, me la encontré afuera de casa y me sorprendió mucho, pensé que no se habían portado bien y la habían dejado afuera, estaba a punto de ver si esta vez las iba a castigar. —A ellas se les fue el aliento, su hermano no castigaba y no querían averiguar cómo serían esos castigos—. Pero me estaba esperando, no sé cuánto tiempo, así que más vale que comamos lo que nos preparó, lo trajo desde su casa y lo preparó ella misma, no hay porque desperdiciar nada.

«Nii-sama, creo que estás más feliz por esta comida que por haber tenido tu primera cita, cuando llegaste lo primero que querías era comer, no contarnos como te fue, ni siquiera avisaste por tu regreso». Ella sonreía con placer, era verdad, además de la comida hecha por la madre de Kotori, él nunca había estado tan ansioso y tan hambriento como ahora, a su hermana esto le llenaba de buenas sensaciones. «Debe ser lindo que cocinen para ti, tú lo haces todo el tiempo desde que nuestros padres no están, ¡yo también puedo hacer cosas por ti!»

—Nii-sama, te lo prometo —dijo con una mano en el pecho, pero con su tono de siempre—, me llevaré mejor con Kotori a partir de ahora, si esto te ayuda a estar mejor, lo haré por ti, para ti.

—¡Mana! —exclamó con felicidad, por fin le haría caso de llevarse bien con ella y Kotori no se la creía, se le quedó mirando con impresión.

—Jeje, yo también puedo hacer cosas por ti, Nii-sama, y sin duda, las haré.

—¡Yo también me llevaré bien con Mana, así sea una molestia! —dijo Kotori, sonrojada un poco por la vergüenza y otro tanto por la envida, no quería quedarse atrás de la hermana de sangre.

El verlas como se repartían miradas de perros a punto de saltar uno encima del otro, así habían hecho promesas muy buenas, Shidou no pudo evitar reírse y ellas lo voltearon a ver con el rostro más calmado. Antes de seguir comiendo, se levantó para ir con ellas y abrazarlas.

—Nos llevemos bien todos, Kotori, Mana, quiero lo nuestro. —Ellas enrojecieron al instante mientras sus cabezas eran acariciadas por Shidou, quien sonreía como no lo había visto antes, como si hubiera comido mucha azúcar y por eso actuaba tan afectuoso y lindas palabras escapaban de su boca.

Cuando Shidou regresó a su asiento para seguir comiendo gratamente, ellas ya no dijeron ni una palabra más, seguían con una sonrisa en el rostro y así comieron todos.


Más tarde, cuando dejó que ambas vieran la televisión mientras él se iba a descansar después de un largo día lleno de emociones, se dejó caer en la cama y aun sonriendo, tomó su celular con un único objetivo: hablar con Kanade. Llegó un mensaje de Origami, pero no le importó la parte superior de la pantalla, donde están las notificaciones, fue directo a su objetivo.

—Hola, Kanade, espero que no te hayas dormido y te esté molestando —dijo un poco apenado, pero con una pequeña sonrisa.

—Ah, no, claro que no, Shidou. Estaba tratando de que mi mamá duerma un poco esta noche, aunque ya lo hizo en la tarde, eso creo que solo compensa lo que no durmió ayer…

—¡Estaba delicioso! —Soltó sin más, no le importó lo de Reine, la madre de Kanade; ella se puso un poco colorada—. ¡Nos lo comimos todo! Aún lo siento en mi lengua, de seguro te esforzaste mucho, ¡gracias, Kanade!

—B-Bueno… —susurró mientras apretaba un poco el celular—. Sí, me esforcé mucho y no recordaba que te había hecho, pero mi mamá sí porque terminó comiéndolo, así que me ayudó a recordar y probó cada uno de mis in… ¡Olvídalo! Me alegra que te haya gustado, Shidou. La próxima vez lo haré mejor.

Si a ambos, en sus respectivas casas, se les pudiera cortar el cuadro de la ventana que los dejaba ver a ambos en sus camas, compartiendo palabras de agradecimiento y conversando de comida, se podría observar como el chico estaba en paz, alegre y con la vista al techo iluminado, con el celular al lado, así como a la chica; sonriendo ligeramente y sonrojada, sentada en su cama y acariciando a su gato blanco mientras escuchaba los consejos de cocina de su querido amigo.

Conversaban como si estuvieran mirándose, con solo los tonos de voz y leves ruidos, sabían que pasaba en el lugar del otro, como si estuvieran conectados y en la misma sintonía, pero experimentando diferentes sensaciones. Shidou estaba cansado, satisfecho con el estómago lleno y le faltaba escuchar la voz de Kanade, quería oír de nuevo que le quería, tenía que asegurarse de que no escuchó mal, que todo era verdad.

—Entiendo —dijo segura—. No parece tan difícil, de seguro que haré un buen estofado algún día.

—Si quieres, podría enseñarte, Kanade. Ir a tu casa, cuando tú quieras, en la mañana estaría bien, solo espero no molestar a Reine-san por si está durmiendo.

—No lo creo, a mi mamá le agradas, Shidou. De hecho, ella me pide que te haga caso porque eres responsable y buena persona, en cuanto supo que la comida era para ti, ¡dejó de trabajar! —dijo con una sonrisa, aunque un poco nerviosa, pues casi le había rogado a que le ayudara, su madre no tuvo opción al verla tan desesperada; quería hacerlo bien para él.

—¿¡En serio?!

—Sí, bueno, le insistí un poco, pero aceptó, es lo importante. Si pudieras enseñarme, Shidou… Estaría bien, me gustaría —dijo sonrojada y dejando salir una linda voz, como si fuera una melodía agradable, pero presencial—. ¿Podría ser el próximo fin de semana? Dejaron muchas tareas en este fin de semana y creo que me tardaré mucho en hacerlas…

—Ah, cierto… —Sinceramente, Shidou no tenía idea de esas tareas, ni le importaban en este momento.

—Bueno, se hace tarde, debes estar cansado, así que nos veremos el lunes —dijo animada por lo que habían pactado.

Shidou esperaba más, quería más, pero no diría nada. Así se quedó unos segundos, pidiendo internamente que le dijera que le quería, como si fuera un recordatorio de que sus sentimientos eran reales, para asegurarse que no había escuchado mal, que ella en verdad recordaba todo lo que había pasado, no solo la comida.

—Bueno, nos vemos, descansa, Shidou. —La llamada terminó.

El mensaje de despedida que él esperaba, no fue el que recibió. Parpadeó un par de veces y estuvo a punto de llamarla de nuevo para ser el que dijera esas palabras, esperando que le devolvieran con la misma moneda, que ambos estuvieran de acuerdo, que ahora por fin podía corresponder a esos sentimientos que habían despertado de su sueño, ahí de donde los había enterrado para salir con otras chicas, chicas que no tenía en cuenta en estos momentos.

Tal vez el amor sí es una droga, si hubiera un doctor que diagnosticara lo grave de una persona en este estado, tal vez su diagnóstico sería que se había embriagado en exceso y que experimentaría visiones por drogas alucinógenas.

—Me estoy apresurando… —Suspiró audiblemente, la verdad es que no tenía el valor de hacerlo, así que se quitó la ropa y la dejó en el cesto de ropa sucia que él mismo debía lavar—. Bueno, ya podré decírselo, justo como lo hice esa vez, aunque solo lo hice porque no quería que muriera, si eso no funcionaba…

Se calló la boca y dejó de pensar, se tomó un buen baño, reflexionando en lo que le había dicho en el parque, él había sido sincero, hasta impulsivo pues no pensó en nada, hizo lo posible frente a alguien que lo sabía todo con solo pensarlo. Sonrió mientras disfrutaba del baño y se sumergía casi por completo en la bañera, era una misión imposible y él no tenía nada especial; ese era su pensamiento real, no había nada que no tuviera otro, aun así, la salvó.

La salvó.

Salió del baño y se secó un poco con la toalla, para regresar a su habitación.

La había salvado con sus palabras.

Se cambió por ropa cómoda y se aseguró de pasar a cepillarse los dientes, en el espejo pudo notar que estaba menos feliz que antes.

La había convencido que no necesitaba esos poderes, solo se necesitaba a sí misma y a él, quien siempre estaría a su lado y la quería.

Después de responder amablemente a Origami por lo feliz que había sido la cita para ella, por celular, también le pidió qué habían dejado de tarea. Sin pensar mucho y al recibir la información, decidió apagar las luces y dormir.

La había salvado con sus sentimientos. Con amor. Con la verdad.

«Te quiero».

Abrió los ojos, completamente insatisfecho y tomó rápidamente el celular, como si estuviera enojado, pero así de rápido como lo hizo, así de rápido se quedó viendo el aparato. No era capaz de hablarle, no a esta hora, también habían posibilidades que no estuviera despierta, eso le reconfortó, le dio valor.

Así que tecleó tranquilamente ese mensaje y después de darle a enviar, como quien acaba de soltar una granada, dejó el celular en la cómoda y se arropó con las sábanas, con las mejillas encendidas y cerró los ojos con un poco de fuerza. Se sentía un cobarde por hacerlo de esta forma, pero al menos, lo había hecho.

Un bip fue escuchado y sorprendido, abrió los ojos de golpe. Los abrió grandemente, como si le hubieran enterrado un puñal por la espalda, solo le faltaba gritar. Se giró rápido y tomó el celular, ese aparatito mágico que establecía comunicación, sin importar que tan lejos estuviera de ella o de alguien más.

Entonces, suspiró ante la oscuridad de su cuarto, con la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana, tomó valor de nuevo y leyó el mensaje. Lo leyó una vez más y sonrió con un sonrojo en las mejillas.

Shidou: Te quiero, Kanade.

Kanade: ¡Yo también!

Tragó algo de saliva e impulsado por alguna fuerza divina o desconocida, tecleó a la luz de la luna una respuesta insegura.

Shidou: ¿De verdad?

Kanade: Nunca te mentiría sobre lo que siento, Shidou. Te quiero, de verdad, todo lo que te dije afuera de tu casa lo dije en serio, ¡me esforzaré!

Shidou: ¿No estás jugando? ¿De verdad pasó todo eso?

Kanade: ¡Sí! Je, no seas tonto, Shidou.

Casi pudo imaginarla reírse de su estupidez, de su inseguridad, sonrió como un idiota y aún dominado por sus sentimientos que emulaban una droga muy poderosa, contestó.

Shidou: Perdón, es solo que quería estar seguro de que ambos… ¡Te quiero, Kanade! No te olvides de nuevo, por favor.

Kanade: Sé que me suelo olvidar de todo, pero te prometo que esto nunca lo olvidaré, porque te quiero, Shidou y quiero hacer más por ti. Así que descansa, por favor.

Shidou respondió afirmativamente y no tenía ganas de dormir, una sonrisa adornaba su rostro, como si el techo le sonriera también, pero estaba solo, pensando en Kanade, en esa chica que por años se había encargado de proteger, de ayudar, de enseñarle, de apoyarla siempre, que no dejaba que sus compañeros tuvieran fotos de ella para después verla lascivamente, él no dejaría que eso pasara mientras estuviera ahí. Ni mucho menos alguien más que no fuera él, fuera acogido por su torpe lindura.

Pensando aun en lo que había vivido afuera de su casa, como recordando la sensación del cuerpo de la chica de cabello blanco, abrazó a su almohada como lo había hecho con ella, usó más fuerza y su imaginación hizo el resto. Sonrojado, feliz, con el corazón latiendo a cien y creyendo en fantasías, se quedó dormido.

No tenía idea de qué pasaría mañana, no recordaba que tenía qué hacer. Ni esa chica de cabellos de oro que esperaba ansiosa su cita, con la mano en el pecho por lo emocionaba que estaba. Esa misma noche, ella se había dormido pensando en si Shidou estaría tan emocionado como ella o si solo exageraba.

A veces, la vida es cruel y si tuviera pensamiento y un cuerpo, se reiría de ella.

Pobrecita.


Hasta aquí termina el capítulo, creo que Shidou se está olvidando de algo importante por culpa de sus hormonas, pero bueno, ya le tocará. Ya veremos cómo le va en el siguiente capítulo.