Hola a todos, tengo un nuevo capítulo entre mis manos, recién salido del horno para ustedes que, como siempre, espero les guste. Les advierto que este capítulo es algo diferente a los demás, pero no por eso menos interesante y entretenido.

Hiroshii, es un placer tenerte de nuevo por aquí. Voy a empezar a ponerme un poco más serio desde ahora, pero solo en lo necesario, así que el suspenso puede que siga latente en capítulos posteriores.

Sin más, ¡disfruten!


Este maravilloso mundo.

Capítulo 16: ¿Por qué te arreglas tanto?

¿Hace cuánto que no pasaba esto? Normalmente, todos tenemos mala memoria, excepto para las cosas malas; esas experiencias negativas, amargas, indeseadas y de las que esperamos no nos pasen de nuevo, como si esas anécdotas desprendieran un olor rancio del que tendremos que huir, pues a nadie le gusta oler mierda.

Pero este día era bueno, ¡hasta el mismo clima parecía ser amable! Cielo despejado y azul característico, aire fresco, ruido a las afueras que llegaban a sus oídos fácilmente y agudizaba sus sentidos.

La mayoría de los días no son emocionantes, excepto cuando hay algo qué hacer, algo que sale de lo rutinario, algo que, tal vez, no lo pedimos, pero estamos de acuerdo en que pasará, algo que involucra a alguien más que tú y es ahí donde nos entra un poco de miedo porque no se trata solo de nosotros.

Sí, ese "algo" era una cita y la emoción le carcomía, aunque no debía hacerlo. Debía mantener la calma, o eso se repetía mientras veía el reloj en su habitación; uno con manecillas, incrustado en la pared como si la habitación fuera un salón de clases, ahí se usaban de esos y tal vez en otros años ajenos a la era digital y sobre todo, a la juventud de ahora.

Era temprano y estaba en paz en su habitación, su largo cabello estaba todo desarreglado, cubría bastante de su cama, tanto así que podría usar su cabello como sabana. Se talló los ojos brillantes como su bello cabello de color oro y se acomodó un poco su pijama que le quedaba pequeña porque estaba muy crecida en su pecho y resaltaba bastante.

Este era un día especial, incluso si era la primera vez, la verdad era muy diferente.

Todo tiene su origen, su explicación, la razón detrás y se podría mencionar el pasado también, de alguna manera, el pasado es la historia del origen de algo o alguien. Y para que algo sea especial no solo depende del valor que eso tenga o pueda llegar a tener, sino depende de algo más sencillo y básico.

Tener y no tener.

Mukuro tomó una de sus pertenencias: el celular, ese aparato que le servía un poco de distracción y aunque pensaba que las cartas escritas a mano tenían un valor más discreto y mucho más personal para mandar un mensaje, tenía que reconocer que la mensajería instantánea que ese aparato ofrecía era mucho más veloz, así su mensaje llegaría rápido. Y a ella también.

«No hay nada». Pensó con ligera pena, pero esto no le arruinaría el día, era demasiado pronto para sentirlo de nuevo. «Shidou-san debe estar pensando mucho en esto, tal vez me llamará luego, debo estar lista para cuando eso pase».

Confiaba en él, mucho más de lo que podría imaginar, mucho más de lo que uno confía cuando conoce a alguien en una noche, en medio de la calle, bajo los efectos de un ser que vive dentro de ella, que hablaba, pensaba, que era independiente, pero que había terminado encerrado como un pájaro dentro de su cuerpo.

«Estoy segura que está tan emocionado como yo». Sonrió y empezó a revisar su armario de madera, examinando con calma y ojo de águila a cada vestido, cada blusa, cada color, así como cada par de zapato. No tenía muchas cosas, pero agradecía tenerlas, era un privilegio y cada una de sus prendas tenía un valor más que material, pues todas habían sido como regalos. «Hoy es un día especial, ¿qué debería de llevar? ¿Qué le gustaría a Shidou-san?»

Shidou Itsuka, lo conoció por necesidad, más bien, no tenía idea de quien era, por pura observación vio que era un buen chico; bien portado, amable, alegre, con familia esperándole, con amigos con quien contar, con una sonrisa en el rostro, parecía genuino y sin malas intenciones. Un buen chico, casi podría asegurarlo desde las sombras donde lo observó.

Pero cuando lo conoció, no solo pudo afirmar todo lo observado, sino que ese chico era uno dispuesto a todo, uno que poseía sentimientos sinceros, uno que se esforzaba de verdad, uno que se arriesgaba por su amiga, casi pensó que era inhumano o algún ser exótico en peligro de extinción, pues el amor era algo especial, al menos, para ella.

Luego supo que también tenía varios miedos, que era humilde y que también sufría. Pero también demostraba sus sentimientos sinceramente.

«Creo que esto estará bien». Vio el conjunto con una pequeña sonrisa, así que fue por una toalla para darse un baño y por primera vez, tomó el celular para llevarlo con ella, cosa rara porque nunca estaba cerca de ese aparato. «Así podré contestarle si llama, debo estar preparada».


Preparado. Eso era lo que Shidou estaba muy lejos de estar, despertándose tarde por no conciliar el sueño por pensar en una chica bonita a la que, una vez más, había confesado sus sentimientos, aunque fuera de una manera un tanto cobarde.

Se despertó por el ruido de una discusión e incluso sentado en cama, todavía no estaba consciente del todo.

—¡Está loca iba a acostarse encima de ti, Nii-sama! ¡Merece un castigo! —Acusó con el dedo a su hermana, quien estaba con la boca abierta.

—¡No es así! ¡No es eso! Además, ¡ella dijo que estabas durmiendo demasiado para ser sábado! —respondió rápidamente, Mana frunció el ceño.

—¡Solo te ibas aprovechar de mi indefenso Nii-sama!

—¡No tengo esas ideas descabelladas como alguien que estoy viendo!

—¡Ahg! —Dejó salir con ira y algo de frustración, lo peor es que, a veces, sí tenía esas ideas descabelladas. Al no poder hacer nada, Mana miró a su hermano que se tallaba los ojos—. ¡Castígala!

—¡Soy inocente!

—¡Bueno! Tranquilas las dos, todo esto es mi culpa por no dormir bien. —Dicho eso, bostezó un poco y se levantó de la cama.

—Bien sabía que había algo detrás de todo esto —dijo Kotori con aires de grandeza y recordando promesas pasadas, sonrió con un leve sonrojo—. S-Supongo que, ya que estás cansado y en mala posición, es hora de que me haga cargo de todo esto.

—Y de seguro harás un desastre…

—¡Cierra la boca! —Shidou sonrió por las buenas intenciones de Kotori y ya que era sábado, asintió con la cabeza.

—En ese caso, lo dejaré en manos de ambas, así que espero hagan un buen trabajo para todos, incluyéndome —dijo con una sonrisa, Mana no se vio venir eso ni la mirada inquisidora del chico—. Prometieron llevarse bien, así que espero un buen trabajo en equipo.

—Ah, claro, Nii-sama… —dijo Mana, no muy emocionada.

—Ah… No creí que iba a pasar esto, pero está bien, haré una tregua por el desayuno —dijo con seriedad, además de que se quitó las cintas blancas del cabello, para usar solo una de color negro para hacerse una cola de caballo—. Vamos a la cocina, Mana.

Y fue jalada de ahí como si Kotori estuviera alejando a su hija malcriada, mientras Mana estaba un poco nerviosa por esa decisión, sabía que esas cintas representaban algo del demonio, aunque Shidou se las había regalado, Kotori era mucho mejor cuando las usaba. A veces, su hermana pensaba en qué pasaría si las usaba, pero probablemente moriría en el intento pues Kotori lo sabría.

«Esas dos espero que se lleven bien, tal vez es que están pasando por eso… No, no me corresponde, dejaré que mamá se haga cargo de eso». Se avergonzó un poco por su intuición, pero ahora que estaba cuerdo, tenía tiempo en la mañana para él, así que como cualquier chico de su edad, revisó su celular para checar algún mensaje.

Antes de hacerlo, el celular vibró en su mano y sonó un ruido de campana muy alto y de sorpresa, tanto así que él cerró los ojos por unos segundos y antes de pulsar la pantalla para darle fin a ese sonido molesto, se dio cuenta que era una alarma que tenía un mensaje.

"CITA CON MUKURO-SAN".

Decir que estaba asustado sería poco, ese mensaje fue como si fuera un aviso de que tenía una bomba en el cuerpo y explotaría en cualquier momento, así que gritó y se tomó de la cabeza, sin apagar la alarma.

—¡No puede ser! —gritó en su cuarto, fue oído por sus hermanas que estaban ya en la cocina.

—¿¡Qué es lo que pasa?! —preguntó Mana, alarmada por escuchar un grito tan fuerte por su hermano.

—¡Ah, se me olvidó algo importante! ¿¡Cómo fue que pasó esto?!

Luego escucharon unos ruidos de puertas y ciertos objetos, pero la alarma de campana seguía sonando.

—¿¡De qué te olvidaste?!

—¡No tengo tiempo para eso, por favor, apúrense con eso! ¡Tengo que ir a un lugar muy importante hoy! —Desesperado se puso a revisar su ropa colgada en su armario, pero ahí no estaba la ropa que había escogido—. ¡No está, no está!

Y así las cosas empezaron mal en el hogar de los Itsuka.

—¡Mana, haré esto yo sola!

—¿¡Qué?!

—Parece que nuestro hermano se volverá loco, no sé qué haya olvidado, pero haré todo lo posible por el desayuno, al menos el de él —dijo seriamente, impresionando un poco a Mana.

—Esas cintas sí son del demonio.

—¡Solo ve con él! —Dio un leve empujón a su hermana, apretando los dientes. Cuando ella se fue al piso superior, Kotori tomó el delantal que usaba su hermano y se lo puso con gran determinación, pero faltaba algo y lo sacó de una bolsa de la despensa: Chupa Chups—. Ahora estoy lista.

Subió rápidamente las escaleras y abrió la puerta del cuarto de su hermano mayor, ahí lo vio abrazando un conjunto de ropa contra su pecho, maldiciendo por lo bajo, ella arqueó una ceja.

—¿Qué estás haciendo?

—¡Mana, necesito la plancha! ¡Ahora!

—¡S-Sí, ahora voy! —Y salió corriendo para buscarla, ni idea tenía en donde estaba.

—Maldición, maldición, ¿cómo le puedo hacer esto a Mukuro-san? Ni siquiera le dije nada —dijo para sí mismo con temor a que esa linda chica le odiara—, ¡no le dije nada!

Entonces, tomó su celular en un movimiento desesperado y le llamó inmediatamente.


Rodeada de agua caliente que desprendía cierto vapor, con el cabello rubio en el agua, como si fueran malos trazos encima del agua, como si esta fuera un lienzo para algún pintor, Mukuro estaba dentro de la bañera. Momentos antes se había retirado el jabón por el que pasó por todo su esbelto cuerpo y en todas sus curvas.

Un mirón se deleitaría con ese cuerpo y casi sería un idiota si teniendo la oportunidad, no tomara una foto de esa escultura que casi parecía el de una mujer, no el de una chica, hecha por los dioses griegos, con unos pechos grandes que eran tapados no solo por el vapor que dejaba algunas cosas a la imaginación, sino por su cabello que pasaba justamente en medio, ocultando un pequeño detalle de todos, aunque no había nadie.

Se pasó las manos por sus brazos, comprobando que estaba un poco caliente, pero bien hidratado y su piel estaba suave, sonrió y decidió que la temperatura aún estaba bien para disfrutar un poco más. O eso debió de pasar, oyó el ruido de una vibración que, en el silencio del baño, hizo eco.

—¡Mukuro-san, hola! —dijo Shidou, algo nervioso y desesperado. Esa voz le hizo sonreír y se sintió aliviada.

—Oh, Shidou-san, buenos días —dijo con una sonrisa y en un tono tranquilo, suave y placentero—. Aunque ya es un poco tarde, decidí pasarme un rato en el baño.

Eso fue tomado en otro sentido para el joven Shidou, quien arqueó ligeramente una ceja.

—¿En el baño?

—Sí, todo para un día que llevamos agendado con varios días de anticipación, nuestra cita, ¿cierto?

—P-Por supuesto y por eso te llamo, ya estoy cerca de… También tomar un baño —dijo con algo de seguridad, ni su ropa estaba lista y Mana estaba tardando con la plancha. Escuchó el sonido de algo salpicar—. ¿Qué es eso?

—Eso no se le pregunta a una dama, aunque ya te dije que estoy tomando un baño, preparándome para este día, Shidou-san —respondió con ligera diversión mientras acomodaba mejor sus piernas desnudas y el ruido era escuchado, la imaginación de Shidou empezó a trabajar.

—Mukuro-san, y-yo también voy a prepararme… Así que, ¡te hablaré cuando esté listo!

—Con gusto, Shidou-san, tengo muchas ganas de…

—¡Gracias! —Y colgó inmediatamente, no solo por sentir las pisadas de su hermana cerca, sino porque se la imaginó en el baño y tenía que calmarse.

—…verte… Parece que no soy la única emocionada, Shidou-san es muy expresivo. —Sonrió, aunque su visión no estaba tan alejada de la realidad, no se podía imaginar otra cosa.

No entiendo. —Debió de asustarse cuando esa voz retumbó en su mente, pero solo cambió el rostro a uno menos sereno.

—¿Puedo saber qué es, Mikael?

Limpias tu cuerpo como si te hubieras manchado seriamente. Tus labios hacen una curva diferente a otras. Has creado burbujas en el agua con un líquido extraño. Muku no es Muku. —La joven sonrió ligeramente.

—Entiendo, Muku está actuando extraño, ¿eso es lo que intentas decir?

¿Extraño? Diferente, es más apropiado esa palabra para Muku. ¿Por qué?

Extraño. Esa palabra definía mejor a Mukuro, era mucho más apropiada, aunque "diferente" podría ser un buen complemento. Siempre se había considerado diferente a los demás; alguien que no era como los demás, que no tenía lo que veía en los niños que pasaban cerca de esas rejas; en ese lugar al que había sido relegada sin recordar cómo llegó ahí.

Tal vez no hay que ser inteligente para reconocer cosas a simple vista, pero sí para entenderlas, aunque cuando uno es niño no hay forma de tener un amplio entendimiento de lo que le rodea, por eso en la infancia todos son tan curiosos, jugando a ser detectives de su propia vida.

Suspiró y antes de sentirse más pesada y mareada por la temperatura, además de sus recuerdos, salió de la bañera y se cubrió el cuerpo voluptuoso, limpio, de piel suave y brillante, con una toalla.

¿Qué es esto que percibo?

—Es algo que prefiero olvidar, Mikael —respondió un poco fuera de su tono normal, más apagado—. Por favor, no te preocupes por Muku.

Esa sensación de preocupación es estar atento, Muku me dijo eso, pero siempre estoy atento a Muku, ¿me preocupo entonces?

Ella se giró a la bañera, como si lo pudiera ver ahí, pero estaba dentro de sí misma, así que fue a quitarle el tapón a la bañera para que el agua se fuera por el orificio.

—Empiezas a entender, ¿eso es bueno?

No importa, solo es un avance en mi propósito, pero hay algo que me perturba un poco y a Muku también. Es... Extraño.

—Eso, Mikael, es parte de Muku.

Entiendo.

Muku sonrió un poco, pero era verdad, algo le perturbó hace unos momentos: su pasado y lo que traía consigo eso; algo extraño en su pecho, muy presente en su mente, una carga imaginaria en su cuerpo y recuerdos que quería enterrar. No los quería en este día, así que los olvidó y decidió que dedicaría este día a una sola persona que lo merecía.

A Shidou Itsuka.


Terminamos con una nota alta, sí, ya sé que la cita no ha ni empezado, pero creo que se entiende porque lo corté en este momento después de todo lo que se mostró.

Espero tener el siguiente capítulo pronto, no les prometo nada, la inspiración viene y va, pero lo que sí espero es que si me pueden dejar un review, estaré contento de recibirlo y eso me inspirará a seguir escribiendo más y más rápido.

Saludos.