Primera Melodía: La novia mafiosa.
En el mar de Seto, una doncella de espuma
salvó al joven justiciero de la infortuna
La deuda de gratitud pagada debe ser
así que prepárate para reír y llorar
por la historia de amor que acaba de comenzar...
*Opening: Seto no Hanayome: Romantic Summer*
Emiya Shirou abrió sus ojos lentamente mientras su desorientada mente poco a poco comenzaba a poner en orden sus pensamientos. Frente a sus ojos había un techo que no recordaba haber visto antes y, sin embargo, le resultaba familiar. No supo cuanto tiempo paso mirando el mismo punto, la pregunta de '¿que es lo que estoy mirando?' ayudando a su cerebro a ponerse en marcha de nueva cuenta. Mirando un poco a su alrededor descubrió que se hallaba en un cuarto de hospital, aunque no recordaba el como llego a ese lugar.
Levantando su aun adormilado cuerpo, logro sentarse en la cama justo a tiempo para recibir a una Fujimura Taiga, la cual acababa de abrir la puerta de la habitación. Los ojos de la chica se abrieron en sorpresa por un segundo para después llenarse de lagrimas y correr hacia él.
"¡Waaah! ¡Shirou! ¡Lo siento! ¡Lo siento!"
Comenzó a llorar lo castaña mientras lo abrazaba con fuerza hacia su pecho. Shirou no pudo evitar sentirse un poco incomodo ante esto. No tanto por que le molestara el contacto con la chica, o el que le avergonzara como su rostro estaba tocando directamente esa parte del cuerpo de su hermana mayor; si no por el hecho de que aún sentía su mente ligeramente desorientada y la manera en que la joven lo estaba abrazando y lo sacudía ligeramente solo ayudaba a que la sensación de mareo en él creciera.
Aún así, el pelirrojo fue capaz de notar el temblor en el cuerpo de la mayor, así como la forma en que su rostro de verdad parecía afligido, por lo que simplemente decidió regresar le el abrazo mientras trataba de tranquilizarla.
"Esta bien, Fuji-nee. Yo estoy bien y tu estas bien, así que no tienes por que preocuparte de nada."
Le dijo mientras movía un poco las manos para frotar la espalda de la chica. Shirou no sabía si eso de verdad ayudaba para algo, pero algunas veces había visto a las madres de los niños que lloraban el la primaria hacer esto mientras los abrazaban para calmarlos, así que el decidió hacer lo mismo.
Taiga solo abrazo al chico un poco más mientras frotaba el rostro contra su cabello rojizo un par de veces y después se separó de él.
"A pesar de que le prometí a Kiritsugu en su tumba que cuidaría de tí, deje que pasara esto..."
La voz de Taiga estaba llena de remordimiento y auto reproche, pero el menor solo negó con la cabeza para después sonreír le suavemente.
"No fue tu culpa, Fuji-nee. Dejando de lado el accidente del barco, me divertí mucho durante el viaje, así que no pienses que hiciste algo malo."
La sonrisa amable y los ojos sinceros del chico le causaron una gran calidez en el pecho a la castaña, por lo que abrazó de nuevo al pelirrojo, esta vez sonriendo ampliamente.
"¡¿Por que eres tan lindo?!"
"Fuji-nee, me estas aplastando..."
Poco después llegó el doctor a cargo del menor. Mientras lo revisaban, Taiga le explicó que al chico que lo había rescatado una lancha de los guardacostas. Él fue encontrado flotando encima de de unas cajas de madera mientras llevaba un chaleco salvavidas puesto, a casi un kilómetro cerca de la costa y varios kilómetros lejos del accidente. Escuchar esto lo extraño bastante, ya que él no recordaba haberse puesto un chaleco, mucho menos haber nadado tan lejos, sin embargo, lo más extraño de todo fue que al parecer alguien le había vendado la pierna derecha, donde tenía una cortada amplia pero poco profunda, para después abandonarlo allí.
Normalmente se pensaría que, fuera quien fuera quien lo salvo, esa persona no pudo salvarse sí misma y se hundió al fondo del mar; pero según la lista de pasajeros y tripulantes, todas las personas a bordo del crucero se habían salvado, por lo que era un misterio el como el pelirrojo llego a ese lugar de esa manera.
"Quizá fue una sirena."
Bromeo un poco el doctor, aunque después agrego que bien pudo haber sido un pirata o alguien que no deseaba ser visto, pero que tampoco tenia el corazón para dejar a un niño morir en medio del mar.
Después de pasar el resto del día y una noche más en el hospital para asegurarse de que todo estaba bien con el chico, finalmente el doctor lo dio de alta así que Shirou y Taiga finalmente pudieron volver al hotel donde se habían hospedado antes. El plan era recoger sus pertenencias, quizá permitirle a Shirou tomar un baño y después volver a casa.
A pesar de que Shirou ya la había perdonado, Taiga no estaba especialmente tranquila con la situación debido a que su abuelo, Fujimura Raiga, había estado sinceramente aterrador mientras la castaña le explicaba acerca del accidente y lo que le ocurrió al joven Shirou. El viejo Raiga le había tomado un cierto cariño al pelirrojo, tratándolo algunas veces como su propio nieto a pesar de que el menor siempre se comportaba de manera bastante formal con él. No es que a Shirou no le agradara el líder del Grupo Fujimura, es solo que aún le costaba acostumbrarse a él. La única persona con la que Shirou actuaba de manera informal era con su 'hermana mayor' Fujimura Taiga, con su compañera de clase Zenigata Mawari, y con su 'amigo' Matou Shinji.
Es así que con una gran diversidad de sentimientos, ambos abandonaron el hotel con rumbo a la estación de trenes que los llevaría de vuelta a Fuyuki.
Fue entonces cuando se encontraron con esa chica.
Era una joven de larga cabellera castaña y apariencia refinada. Sus ojos color chocolate miraban con decisión hacia adelante pero a la vez sus manos se apretaban un poco entre ellas frente a su regazo, aparentemente nerviosa por alguna razón.
Al principio ni Taiga ni Shirou le prestaron demasiada atención. La chica era bastante linda, tenían que admitir, pero debido a que no la conocían decidieron simplemente seguir su camino. Sin embargo, pronto notaron que la chica los siguió con la mirada y cuando ambos estaban casi frente a ella en la salida del hospital, la joven les hablo.
"Umm... Buenos días..."
Una suave voz surgió de sus labios, sorprendiéndolos un poco al notar que parecía estar dirigiéndose a ellos. Sin perder el impulso, la chica continuo.
"Encantada de conocerlos. Mi nombre es Seto Sun..."
Dijo para después hacer una leve reverencia. Taiga la miro confundida por unos segundos, pero su cuerpo reacciono de manera automática, regresando el saludo.
"¡Oh! Soy Fujimura Taiga. El gusto es mio..."
Por su parte, Shirou no pudo evitar ladear la cabeza un poco confundido. Nunca había visto a esta chica, pero algo le causaba curiosidad en ella.
Negando con la cabeza un poco, el chico hizo una ligera reverencia, presentándose por igual.
"Emiya Shirou. Es un placer."
"¿Emiya...san?"
"Si... Emiya Shirou... Umm... ¿Te podemos ayudar en algo?"
Pregunto educadamente el pelirrojo, tratando de ocultar su confusión. Taiga parecía igual de confundida, pero al ver que la chica se estaba dirigiendo al pelirrojo, decidió guardar silencio y ver que sucedía.
"Emiya-san."
"¿Si?"
"Emiya-san... por favor... ¡Por favor, permite que me vuelva tu esposa!"
Empezando con voz suave pero terminando con voz fuerte y decidida, la joven hizo una reverencia frente al chico. Las pocas personas alrededor de ellos se detuvieron al instante, curiosas por saber si habían escuchado correctamente lo que la castaña acababa de decir. Por su parte, la mente del pelirrojo pareció detenerse por un instante, el chico preguntándose si, posiblemente, su mente había sufrido alguna especie de malestar que le hizo escuchar mal las palabras de la persona frente a él.
"¿Eh? ¿Eh? ¿Que está pasando aquí?"
Los ojos de Fujimura Taiga estaban abiertos por completo y su cabeza se sacudía rápidamente de un lado a otro, mirando el rostro de su hermano, luego el de la chica desconocida para después volver a mirar al chico en un ciclo aparentemente interminable.
Al parecer sin darse cuenta de la conmoción que estaban causando sus palabras, la joven volvió a hablar.
"Umm... Las cosas sucedieron de manera tan rápida que estoy segura fue una sorpresa para ambos, pero... ¡Espero que por favor puedas tomar responsabilidad de lo que sucedió la noche pasada!"
Y con eso el tiempo pareció detenerse.
Por unos segundos el más absoluto de los silencios reino en las cercanías mientras todos los presentes (Shirou, Taiga y algunos curiosos en los alrededores), parecieron congelarse en su lugar. Shirou incluso podría jurar que hasta el sonido de los automóviles en las calles cercanas desapareció por completo.
Fue el gutural sonido junto al pelirrojo lo que lo saco de ese estado como de petrificación en el que había caído. Provocando le ahora un fuerte temor que no había sentido ni cuando estuvo a punto de morir ahogado hacía poco.
Fujimura Taiga tenia la cabeza agachada, por lo que sus ojos no eran visibles debido a los mechones de su cabello. No, alguna especie de oscuridad se había posado en ellos ya que, debido a la diferencia de estatura de ambos, era casi imposible que el menor no pudiera mirar sus ojos a esa distancia incluso si la mayor bajaba la mirada.
Los dientes de la castaña estaban apretados y rechinando mientras que sus manos se apuñaban con fuerza a cada lado de ella.
"¡SHII-ROUUU!"
El pelirrojo, sintiendo el peligro inmediato, trato de alejarse de la bestia mientras se cubría con las manos y negaba con la cabeza.
"¡E-Espera, Taiga! No tengo idea de lo que está sucediend-¡Gyaaa!"
Sin embargo, con un salto similar al de un tigre lanzándose hacia su desafortunada presa, la mayor atrapo al chico y con sus nudillos comenzó a presionar la cabeza del pelirrojo fuertemente.
"¡¿En que momento tuviste tiempo para atacar a esta pobre chica?! ¿Fue la noche que llegamos al hotel? ¡¿No me digas que fue durante el tiempo que yo estuve en el buffet?! ¡Así que decidiste no acompañarme por que tenias otro buffet en mente! ¡Tu pequeño rascal!"
La temida Tigre de Fuyuki (¡Nunca la llames así!) demostró una vez más su fuerza sobre humana al levantar al chico del cuello de su ropa y sacudirlo ferozmente con cada pregunta. Shirou trataba de defenderse de las acusaciones pero apenas podía mantenerse consciente mientras era zarandeado como un muñeco de trapo, así que sus palabras solo surgían como un montón de "¡Ug!" "¡Waah!" "¡Ack!" y demás sin sentido.
"Disculpen la molestia. Perdón por interrumpirlos cuando están tan ocupados."
Una voz varonil se escucho de pronto, haciendo que Taiga detuviera su infructífero interrogatorio por un instante. Alzando la mirada, por un instante la princesa Yakuza pensó que estaba mirando a varios tipos del grupo de su padre, pero un segundo después se dio cuenta de que no reconocía a ninguno.
Ciertamente, ella sería incapaz de olvidar a alguien tan encantador y varonil como el sujeto del cabello afro en medio de todos.
"¡Hey, hey! ¡Presten atención a nuestro Aniki!"
"¡Dejen de parlotear o les podría pasar algo malo!"
Dos de ellos hablaron de una forma que Taiga reconoció. En su mente ella la había bautizado como 'Lenguaje de intimidación Yakuza' y era la manera en la que los miembros de su grupo actuaban cuando querían mostrarse fuertes y aterradores contra alguien.
Y considerando que lo estaban usando contra ellos, eso no podría ser nada bueno.
Soltando a su tonto hermano menor para que cayera sentado al suelo, la castaña se giro hacía estos recién llegados. Notó entonces que se habían colocado frente a la joven, pero no parecía que pensaran atacarlo, si no más bien parecían estar cubriéndola.
"Ustedes dos, cierren el pico."
Dijo el apuesto hombre del afro y de inmediato ambos le hicieron una reverencia, disculpándose.
"Me disculpo por eso. Nosotros somos miembros de la familia de nuestra Señorita Sun. Lamentamos molestarlos a usted dos, Fujimura Taiga y Emiya Shirou, pero me encantaría invitarlos a un pequeño viaje."
Por un segundo, la voz tan masculina de esta persona hizo que Taiga sintiera que estaba en las nubes, pero entonces sus palabras se registraron por completo en su mente y un leve sudor se hizo presente en su cuerpo.
"Umm... ¿Qué tipo de viaje...?"
Pregunto con cierta timidez. No era la primera vez que se enfrentaba a un grupo de Yakuzas rivales, tampoco la primera vez que lo hacia con desventaja de números. Muchos rivales de su grupo habían tratado de atacarla durante su camino a la escuela o de regreso de ella, pero Fujimura Taiga era más que suficiente de defenderse de ellos o resistir hasta que los refuerzos de su familia llegaran.
Sin embargo, por alguna razón no deseaba luchar contra este hombre de rasgos elegantes.
"Fujimura Taiga. ¿Supongo que usted es la persona encargada de este chico? A nuestro líder le encantaría tener una charla frente a frente con ustedes."
Y con eso, Taiga supo que se habían metido en un gran, pero gran problema. Aparentemente su ahora no tan adorado hermano menor se había involucrado con una chica de la zona, la cual resulto ser una princesa Yakuza, justo como ella. Soltando un suspiro, la castaña dejo caer sus hombros totalmente resignada.
Su abuelo iba a armar una grande una vez que se enterara.
"Uhh..."
Shirou, por su parte, estaba aparentemente inconsciente en el suelo.
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"Emm... Ehh... ¿Por que estamos en este lugar tan peligroso?"
Taiga pregunto, luciendo totalmente asustada. La chica no esperaba que los fueran a tratar de la mejor manera dadas las circunstancias, pero, en base a su propia experiencia, suponía que al menos no los iban a lastimar hasta que las negociaciones terminaran.
Sin embargo, jamás se espero que ambos fueran guiados hasta la punta de un acantilado que daba directo a un mar embravecido. Casi confirmando su desagradable sospecha, el apuesto hombre del afro hablo.
"Muy bien, señores. ¿Podrían dar un paso hacia adelante, por favor?"
Dijo de manera tan casual y despreocupada que la castaña casi acepta de manera automática.
Shirou, por otro lado, no estaba para nada contento con la situación actual.
"¡¿Que es todo esto?! ¡¿Que están tratando de hacerle a Fuji-nee?!"
El chico había estado inconsciente hasta hacia unos minutos atrás, pero ahora que empezaba a entender la situación, no había forma de que se fuera a quedar de brazos cruzados. Si bien era cierto que los enemigos los superaban en numero y sin duda eran más fuertes, en el peor de los casos esperaba crear una apertura para que Taiga pudiera escapar.
Así es, solo tenia que crear una apert-
"¿Eh? ¿Por que estoy cayendo?"
En algún momento de sus pensamientos de heroísmo y salvación, Taiga y el pelirrojo fueron empujados hacia el mar.
"¡Shirou, idiota! ¡Si tanto querías una princesa Yakuza como novia, podríamos haberlo negociado!"
Fue el grito que una furiosa Fujimura Taiga dejo salir antes de caer al embravecido mar, seguido poco después por el pelirrojo.
Por segunda vez en el día, la conciencia del chico se desvaneció.
Sin embargo, antes de cerrar los ojos, esta vez pudo ver con certeza como la chica que había comenzado todo este problema lo sujetaba de la cintura y lo arrastraba con ella hacia lo profundo.
También pudo ver con certeza que, debajo de su larga falda, una cola como las de los delfines surgía.
'Quizá fuiste salvado por una sirena.'
Recordó las palabras que aquel doctor había dicho en broma.
Entonces, de nuevo fue todo oscuridad.
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"Yerno... Yerno..."
Una voz rasposa se escucho en las cercanías. Shirou trato de abrir los ojos, pero su mente se sentía pesada.
"¿Estas bien, Yerno?"
La voz insistió, pero Shirou no pudo más que soltar un ligero "Uuhh...", incapaz de reaccionar de alguna otra manera.
"Ahh... No tiene caso. ¡Masa! ¡Dale primeros auxilios!"
"¡Hai!"
De pronto, el pelirrojo sintió algo posarse encima de sus labios y moverse, era algo cálido y suave que lo hacía sentir tranquilo y parecía estarle infundiendo vida a su maltratado cuerpo...
Con curiosidad, el chico finalmente fue capaz de abrir los ojos y mirar que era esa agradable cosa que estaba en su rostro...
"¡GYAAAAAA!"
Con un grito surgido desde lo más profundo de su alma, Emiya Shirou dio un fuerte salto, levantándose de golpe y retrocediendo rápidamente hacía atrás, su corazón latiendo ferozmente en una mezcla de horror y desconcierto.
Sin importar que tan varonil y atractivo sea, para el pelirrojo ver el rostro de un hombre tan cerca del suyo era incomodo. Despertarse para descubrir que lo estaba besando era mucho peor.
"¡¿Qu-Qu-Que demonios esta pasando aquí?!"
Pregunto mientras se pegaba lo más posible a la pared, su mano derecha sobre su pecho, tratando de controlar su alocado corazón.
"Uhh... que afortunado eres..."
Una suave voz se escucho cerca de él, una que reconoció como la de su hermana mayor, por lo que dirigió su mirada hacía ella. Fujimura Taiga estaba sentada en el suelo de tatami mientras miraba sonrojada al pelirrojo.
"¡¿De que estas hablando, Fuji-nee?! ¡Un tipo desconocido me acaba de besar mientras estaba inconsciente! ¡Deberías estar mas preocupada!"
"Estoy tan celosa..."
"¡Fuji-nee!"
Sin embargo, ese grito proveniente desde lo más profundo de su alma cayo en odios sordos. Desesperado, el chico miro a su alrededor para tratar de entender que demonios estaba sucediendo. Fue entonces que notó al resto de las personas allí reunidas.
Estaban en una gran habitación de estilo oriental. El suelo era de tatamis y las paredes corredizas estaban hechas de papel. En ese lugar estaban reunidas alrededor de 40 personas, unas 30 o más acomodadas en dos hileras, cada una cercana a cada pared; y al fondo de la habitación había tres personas más: una mujer de aspecto elegante, un hombre de aspecto rudo, y por último la chica que le había pedido tomar responsabilidad.
"Pareces un poco confundido, Yerno."
Con voz áspera, el hombre de aspecto rudo hablo. Sus ojos mirando con intensidad al pelirrojo.
Notando la tensión palpable en el lugar y el ambiente solemne que tenían todos, el semblante del pelirrojo cambio a uno de más seriedad. Sentándose en el suelo con sus piernas debajo de él, el joven miro hacia aquel hombre que parecía ser el líder de este grupo de Yakuzas, si es que sus pocas interacciones con Fujimura Raiga y su grupo podrían ser consideradas como ejemplo.
"¿Donde estamos? ¿Me podrían explicar que sucede aquí?"
Pregunto de manera directa pero sin tratar de sonar conflictivo. Sin embargo, la respuesta vino desde su lado, donde Taiga estaba sentada de piernas cruzadas.
"Veras, Shirou. Al parecer estamos en el hogar de la chica de antes, Sun-san. Y... esto... Yo tampoco lo entiendo del todo, pero al parecer estamos en el fondo del mar y ellos son Sirenas..."
Su voz comenzó a volverse más baja a medida que hablaba, demostrando que ella tampoco terminaba de creer lo que estaba viviendo. Sin embargo, Shirou tomo sus palabras por hechos. Dudaba mucho que incluso Taiga pudiera soltar una broma tan ridícula en una situación así, además de que él había visto la cola como de pez que surgía de la parte baja de esa chica.
"Ya veo. ¿Y para que se nos llamó a este lugar?"
Le pregunto en su lugar, pero de nuevo, la respuesta llego desde otro lado. El hombre de aspecto rudo se sentó sobre el cojín debajo de él, cruzando sus piernas por igual mientras respondía.
"Mi invitado, que vino desde tan lejos. Yo soy el padre de Sun, además de ser el líder del grupo Setouchi de la Alianza de Peces Setouchi. Mi nombre es Seto Gouzaburou."
Declaro con firmeza mientras sus ojos le miraban con intensidad abrumadora. A su lado, la mujer de aspecto elegante fue la que continuó la presentación.
"Yo soy su esposa, Seto Ren. Es un placer."
Shirou inclino su cabeza levemente mientras se presentaba por igual.
"Mi nombre es Emiya Shirou. Es un placer conocerlos."
Levantando la cabeza, miro hacia su hermana, la cual tenia una rostro que a todas luces decía "Waah, no quiero estar aquí. ¿Puedo irme ya?" y observaba hacia el infinito.
"Supongo que ya conocen a mi acompañante. Ella es Fujimura Taiga. Es como una hermana mayor para mí."
"Es un placer."
Haciendo una ligera reverencia, Taiga se presento de esa manera tan vacía para después levantar la mirada de nuevo hacia el infinito. Ella sin duda había escapado de la realidad. El hombre rudo, Seto Gouzaburou, pareció molestarse por la actitud de la castaña, así que Shirou decidió regresar la atención contra sí mismo.
"Si no es molestia, ¿podrían decirme por que nos han traído a este lugar?"
Pregunto de nueva cuenta, sinceramente no teniendo idea de que estaba sucediendo. La chica, Seto Sun, había dicho algo de tomar responsabilidad por lo que había sucedido aquella noche, pero el pelirrojo no tenía idea de a que se refería en realidad. Estaba casi seguro de que no se habían visto antes, pero de igual forma tenia ese presentimiento en la parte trasera de su mente de que la conocía de alguna forma.
"La razón por la que los he llamado es por que mi hija, Sun, salvo tu vida hace dos noches."
Estas palabras sorprendieron al chico, pero pronto fue capaz de armar el rompecabezas detrás de esta situación. Hace dos noches había ocurrido el accidente del crucero. Él se había hundido en el mar después de rescatar a varias personas y se había desmayado. Entonces, misteriosamente, algo o alguien lo había salvado y le llevo hasta un lugar seguro.
Si le agregas el hecho de la silueta que vio antes de caer inconsciente, y la cola de Sirena que la chica mostró, todo encajaba.
"Ahh... Así que fuiste tú..."
Una sonrisa gentil se poso en su rostro mientras miraba a la chica con total gratitud. La joven pareció sonrojarse un poco ante esto.
"Muchas gracias por salvarme."
Le dijo con sinceridad mientras le dirigía un profunda reverencia.
Emiya Shirou no pensaba que su vida valiera tanto como para que alguien se arriesgara para salvarlo. Sin embargo, eso no quitaba el hecho de que esta persona le había ayudado en un momento de necesidad.
"Ah... De nada..."
El sonrojo de la chica se incremento y la chica desvió la vista, comenzando entonces a juguetear con su cabello. La mujer elegante mostró una leve sonrisa ante esto, pero en el rostro de Seto Gouzaburou una enorme vena se resaltó.
"Escuchen, mis queridos invitados... En nuestro clan tenemos una regla muy estricta por la que todos nos regimos: Si tu identidad como Sirena es revelada a un humano, entonces seras sentenciado a la muerte."
Anunció con severidad y los ojos de Shirou se abrieron por completo en sorpresa. Incluso Taiga salio de su auto escape para mirar con seriedad al líder del clan Setouchi.
"Debe ser convertido en espuma del mar y desaparecer. ¡No podemos ir en contra de esa regla! ¿No sienten pena por esto?"
De manera irreal, Seto Gouzaburou comenzó a derramar lagrimas mientras su nariz escurría levemente. En contraste, Seto Sun solo cerro sus ojos sin decir nada, pero mostrándose decidida.
"Esperen un momento. ¿Que significa todo esto?"
Sin poder entender demasiado la situación, Shirou se levanto, luciendo confundido y molesto a la vez. El líder del clan Setouchi se levanto rápidamente, luciendo molesto por igual.
"¡Es su culpa! ¡¿Por que mi Sun-chan tiene que morir después de haberte salvado?!"
"¡Eso es lo que me gustaría saber a mi!"
Grito Shirou en respuesta. Nada de esto tenia sentido para él. ¿Por que una amable chica tenia que morir por alguien como él? ¿No era eso absurdo?
"¡Cariño!"
Alzando la voz, Seto Ren intervino en el argumento. Su voz sonando firme. El padre de Sun chisto molesto, pero retrocedió unos pasos para después hablar de nuevo.
"Pero he pensado en una solución..."
Shirou se tranquilizó al escuchar esto, así que decidió poner toda su atención.
"Si tenemos que ejecutar a la persona que revelo su identidad..."
La voz del adulto se fue volviendo mas baja, por lo que Shirou se acerco un poco, tratando de no perder ninguna de sus palabras.
"¡¿Por que no matar a la persona que conoce su identidad?! ¡Así todo quedara resuelto!"
"¿Eh?.. ¡EEHH!"
Dando un gran salto hacia atrás, el pelirrojo esquivo por muy poco la punta de una katana que iba destinada a cortar su rostro.
"¡Jefe! ¡Cálmese por favor!"
Uno de los subordinados del Yakuza, el hombre apuesto que lo había besado antes, se lanzo hacía su líder para tratar de contenerlo. Cuando al parecer fue capaz de detener su avance, el sujeto se giro, mostrando su sonrisa hacia Shirou.
"Todo estará bien. Déjame esto a mí."
"Si..."
Sintiendo un leve cosquilleo en el estomago, el pelirrojo respondió con suavidad...
"Uuhh... Estoy celosa..."
La voz rencorosa de su hermana mayor le hizo volver en si, por lo que Shirou negó con la cabeza para alejar esa extraña sensación.
"¡Padre, por favor detente!"
La voz de Sun sonó por encima del ajetreo que el padre estaba creando. El líder Yakuza se giro a mirarla y la chica le hablo con seriedad.
"Yo salvé la vida de este chico en un deseo por ayudarlo. Si lo matas ahora, ¿no sería eso algo inhumano?"
"¿Eh? Pero, nosotros somos Sirenas..."
"¡Yo soy quien le salvó así que tengo derecho a decidir. Por lo que he decidido obedecer las reglas!"
Sun se dejo caer al suelo entonces, sus extremidades extendidas a los lados y quedándose inmóvil.
"Vamos. Quemenme, hiervanme o cortenme en pedazos. ¡Hagan lo que quieran conmigo!"
Dijo con total determinación, sin embargo, esto solo aumento la ira de su padre, el cual comenzó a sacudirse con mayor violencia, por lo que más subordinados se unieron a Masa en un intento por detenerlo.
"¡Sun, no digas eso! ¡Por favor, como tu padre, déjame matar a este mocoso!"
Grito con desesperación, pero su grito fue acallado por uno incluso más fuerte.
"¡DEJA DE HACER ESO POR FAVOR!"
El dueño de tan fuerte voz provenía del joven pelirrojo, pero no iba dirigida hacia el furioso hombre frente a él que amenazaba con matarle, si no a la chica que yacía tirada en el suelo.
"¿Que esta bien si te matan por haberme salvado? ¡No bromees! ¡No hay manera de que acepte algo tan absurdo como eso!"
Su rostro lleno de enfado hizo pausar al líder Yakuza debido a la sorpresa. Por lo que el chico paso a su lado sin ser detenido y se acerco a Sun, arrodillándose cerca de ella para mirarla directamente a los ojos.
"El escenario donde una persona inocente tiene que morir por una absurda regla. ¡Jamás permitiré algo como eso!"
Le dijo con total seriedad a la castaña, causándole un nuevo sonrojo. Shirou se giro entonces hacía Gouzaburou, preguntando sin dudar.
"¿No hay alguna otra forma de resolver esto? Si solo tuviera que dar mi vida a cambió, eso estaría bien para mí..."
"¡Hey, Shirou!"
Aunque fue Taiga la que reclamo, sus palabras sorprendieron a todos los presentes por igual. Shirou continuo sin prestarle atención, sin embargo.
"Aún así, eso sería solo si mi vida estuviera en riesgo; pero Fuji-nee esta aquí conmigo y sabe acerca de ustedes, por lo que sus reglas también aplicarían a ella, ¿es así?"
Gouzaburou solo bufo enfadado para después mirar hacia otra parte. A pesar de que no le respondió directamente, Shirou tomo eso como una afirmación a su pregunta.
"Por otro lado, dejar morir a su hija solo por que decidió salvarme tampoco es la solución. Así que se los pido, ¿acaso no hay alguna otra forma de arreglar este problema? Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa que sea necesario, lo que sea."
Declaro con tono firme y sin titubeos, demostrando su determinación. Fue Seto Ren la hablo después del silencio que se creó ante las palabras del joven.
"¿No es esto perfecto? Él no parece un mal chico y tiene una buena actitud."
Dijo mientras se acercaba al pelirrojo.
"Lamento la actitud de mi esposo. El suele enloquecer de esa manera cuando se trata de algo relacionado con nuestra hija. Es bastante problemático detenerlo."
"Ah, descuide..."
Respondió el chico, un poco desconcertado por recibir estas palabras tan calmadas después de haber soportado toda la hostilidad de antes.
"También me disculpo por mi hija, ella normalmente es muy gentil, pero puede ser un poco testaruda por igual."
"¿Es así?"
El joven ladeo su cabeza un poco. No pensaba que la mujer le estuviera mintiendo acerca de su hija, pero él solo había visto el lado más intenso de la chica así que le costaba un poco imaginarlo.
"Así que, Shirou-kun. Hemos pensado en una manera para que ni Shirou-kun ni Sun tengan que morir."
"¿De verdad?"
No pudo evitar preguntar con cierta emoción el pelirrojo. Por la esquina del ojo noto como Sun, quien ya se había sentado de nueva cuenta, pareció sonrojarse un poco, pero el chico decidió concentrarse en la respuesta que le daría la mujer.
"¡No lo digas, Ren!"
Al fondo, la voz del líder Yakuza sonó desesperada, pero su esposa le ignoro por completo. Con una sonrisa serena, la mujer declaró.
"Escucha, Shirou-kun. ¿Por que no te casas con mi hija Sun?"
"... ¿Eh?"
Una tonta exclamación escapo de su boca ante esto, y el chico casi sintió un Dejavu ante la situación debido a como el mundo pareció detenerse de nueva cuenta. Sin embargo, la voz de Seto Gouzaburou pronto comenzó a sonar de nueva cuenta, sonando más fuerte y rabiosa. Más subordinados se unieron a la pila de gente, tratando de detenerlo.
Por su parte, Taiga se había quedado petrificada de nueva cuenta. Al parecer, todo lo que estaba ocurriendo era demasiado para poder procesarlo correctamente, así que su cerebro se había apagado por su propia seguridad.
Ignorando a estas personas, Shirou pregunto sin poder ocultar su desconcierto.
"¿Casarme? ¿A que se refiere con eso?"
"Si es alguien de nuestra familia el que conoce la identidad de Sun, entonces no habría ningún problema en absoluto."
Explico con calma la mujer, su sonrisa mostrándose serena en todo momento.
"Dime, Shirou-kun. ¿Te gustaría ser el yerno de nuestra familia de Sirenas?"
Finalizó con amabilidad. Shirou la miro con asombro, después dirigió su mirada hacia donde Sun se hallaba. La chica estaba sonrojada de oreja a oreja, pero le miro a los ojos con determinación sin esquivar la mirada.
"Casarnos..."
Murmuro el joven, su mente aún ligeramente entumecida.
Para salvar la vida de todos, tendrían que casarse. No sabía si la boda se efectuaría de inmediato o deberían hacerse preparaciones antes, pero una vez aceptara, no habría marcha atrás.
Shirou nunca había pensado demasiado sobre algo así. Sobre el matrimonio. Sabía lo que era y la importancia que tenia para muchas personas, pero, su corta edad aparte (unos 14 o 15 años, el mismo no estaba seguro), el chico tenía una meta bien establecida en su corazón. El se volvería un Héroe de la Justicia, tal como Kiritsugu una vez intento. El pelirrojo no sabía si el matrimonio era algo compatible con esa meta, o si eso le traería problemas no solo a él, si no a su futura esposa...
Aún así, si con esto podía salvar las vidas de Taiga y la chica llamada Sun, entonces...
"Yo..."
Comenzó a decir el chico, pero fue interrumpido por una voz rasposa.
"Escúchenme, Shirou-kun y compañía. A pesar de que es una difícil decisión, es lo que debemos hacer..."
A pesar de que su voz sonaba razonable, el hecho de que el líder Yakuza se estaba acercando lentamente al chico con cada palabra que decía, arrastrando con aparente facilidad a todos los subordinados sobre de él; solo causo que un escalofrío le recorriera el cuerpo entero al menor.
"Casarse con mi linda y pequeña hija Sun, los salvara a todos..."
Mostrando su espada de nuevo enfundada en su saya, Seto Gouzaburou continuo, su voz irrazonablemente razonable.
"Si no se hace eso, entonces tendría que matar a todos los que conocen su identidad..."
Gouzaburou desenfundo su espada un poco, permitiendo que el filo brillara peligrosamente cerca del rostro de Taiga, sin embargo, ella solo dejó caer su cabeza a un lado, su rostro todavía falto de vida.
"Eehh... Ya veo..."
Dijo sin más, totalmente perdida de la realidad. El rostro del Yakuza comenzó a deformarse ante la respuesta desinteresada que recibió, por lo que, apretando sus dientes, trato de nuevo.
"Tu eres uno de aquellos que conocen su secreto, así que tu tambien tendrías que morir..."
"Eehh... Ya veo..."
"¡Vamos, vamos! ¡Por favor cálmese, Seto-san!"
Notando la forma en que las venas se resaltaban el la cara de su cada vez más probable futuro suegro, Shirou decidió intervenir, colocándose justo entre él y Taiga. Tomando una gran bocanada de aire y después liberándola lentamente, el chico prosiguió.
"Antes de dar mi respuesta sobre el matrimonio, me gustaría saber que opina Sun...san, sobre ello..."
Dijo mientras miraba a la chica, pausándose por un segundo al referirse a ella. Shirou por lo general no solía ser muy informal, así que le gustaría llamarla por su apellido, Seto. Pero era un hecho de que había al menos otros dos Seto presentes, así que para diferenciarlos tendría que llamarla por su nombre. Pero esto sería demasiado informal, además de que, sin importar las circunstancias, ella había salvado su vida, así que usar un sufijo adecuado era necesario para evitar ser rudo con ella.
La chica pareció un poco apenada al ser llamada de esa manera, pero no comentó nada al respecto.
Su padre, por otro lado...
"Llamando a mi pequeña de esa manera tan amigable... Además, no respondiendo de inmediato a pesar de que mi Sun ya tomó su decisión..."
El líder Yakuza exploto en ese momento. Toda la tensión que había sentido desde que se enteró del hecho (para él una tragedia) que su adorada hija había sido descubierta, se libero como un volcán en erupción cuyo único objetivo era asesinar al chico frente a él.
"¡¿Por que debería entregarle a mi hija a un debilucho como tú?! ¡Seria mejor matarte en este momento!"
"¡¿Ehh?! ¡Espere un momento por favor!"
Con un movimiento brusco, Seto Gouzaburou mando a volar a sus subordinados, liberándose de ellos y desenfundando su katana. Temiendo por su vida, Shirou comenzó a retroceder rápidamente, su espalda tocando uno de los pilares de madera de las paredes.
"¡Muere, desgraciado!"
Grito el mayor mientras lanzaba un tajo con su espada. El pelirrojo lo esquivo por los pelos al dejarse caer al suelo, y entonces miro con horror como la espada pasaba limpiamente por el pilar, cortándolo en dos con una aterradora facilidad.
El iba a ser asesinado. No había duda de ello. Un solo golpe con esa espada era todo lo que se necesitaba para acabar con su vida.
Ahora, como ya se había mencionado, Emiya Shirou no era una persona que le pusiera demasiado valor a su propia vida, sin embargo, morir simplemente por morir no era algo en lo que estuviera de acuerdo. Es así que, sin perder el tiempo, corrió hacía donde Taiga se hallaba aún petrificada, la cargo a su espalda lo mejor que pudo, y se lanzó a la salida más cercana.
"¡Maldición, esta cerrada!"
Gruño el pelirrojo al darse cuenta de que la puerta corrediza que había elegido como vía de escape se había vuelto un callejón sin salida.
"¡Masa! ¡No dejes que escape!"
"¡Hai!"
Un enorme cuchillo se clavo a unos pocos centímetros de su rostro, zumbando levemente al incrustarse en la madera casi hasta la mitad de la cuchilla. Shirou retrocedió de manera instintiva para después mirar con ojos severos a su agresor...
'¡Oh, no! Es la persona que me dio mi primer beso...'
Los ojos del pelirrojo se suavizaron mientras ese extraño cosquilleo volvía a la boca de su estomago, pero las palabras de aquel apuesto hombre solo le causaron terror al joven.
"Shirou-san. Lo siento, pero no tengo elección. Ya has muerto una vez, así que debo pedirte que te estés quieto y mueras de nuevo."
"¡Lo siento! ¡Incluso si eres tú el que me lo pide, no puedo hacer eso!"
Grito el joven con desesperación mientras algunas lagrimas aparecían al borde de sus ojos cerrados. Fue cuestión de suerte, en verdad, que el peso de Taiga le hizo perder el balance y dar dos pasos hacía atrás. Fue gracias a esto que el chico esquivo la katana de uno de los subordinados Yakuza, el cual trataba de partirlo en dos. La hoja siguió su camino y dejo un enorme corte en la puerta en su lugar.
"¿Wah? ¡Waaah!"
Asustado por haber sido casi asesinado, el chico cayo al suelo sentado, pero su atención pronto se dirigió hacia la puerta, la cual comenzó a dejar entrar una gran cantidad de agua, para después hacer un gran ruido y romperse por completo. Un torrente de agua como el de un río desbocado lleno el lugar, arrastrando a muchos de los presentes hacia todas partes. Shirou fue llevado por el agua hacia uno de los corredores y después más allá.
"¿A donde esta ese mocoso?"
"Fue arrastrado hacia adentro por la corriente, Jefe!"
"¡Shark Fujishiro! ¡Pártelo en dos!"
"¡Gracias por la comida!"
Con mayor horror, el joven vio como las fauces de un enorme tiburón se abrieron a unos metros frente a él, justo en el camino por el cual la corriente lo estaba llevando. El pelirrojo trato de nadar contra corriente, pero era a todas luces un esfuerzo inútil, el chico sería devorado por esa enorme bestia.
Pero entonces un brazo lo sostuvo del cuello de su camisa y lo jalo hacia una de las habitaciones, cerrando la puerta corrediza después.
*Cof* *Cof*
"Ugg... Pensé que moriría..."
Tosiendo el agua que se había colado por sus vías respiratorias, el chico se dejo caer boca arriba sobre el suelo de tatami, totalmente agotado. Miro a su alrededor para ver quien le había salvado y fue entonces que descubrió a la chica, a Sun, mirándolo con preocupación en sus ojos color chocolate.
"¿Estas bien, Shirou-san?"
"Por ahora, así parece. Muchas gracias, umm, ¿Sun-san?"
Pregunto el chico mientras se sentaba en el suelo, aún demasiado agotado para poder levantarse. La castaña lo miro con una sonrisa apenada.
"Emm, Sun-san suena un poco..."
Entendiendo que esa forma de llamarle le incomodaba, el pelirrojo ladeo su cabeza, un poco pensativo.
"¿Como debería llamarte entonces? ¿Seto-san?"
"Oh, no. Me confundiría con mi padre o mi madre entonces."
"Eso pensé haha..."
Soltando una risa apenada, el joven rasco su cabeza, nervioso. Tenía otra idea de como llamarle, pero eso sonaba demasiado informal. Aún así, decidió probar suerte y dejarle a la chica decidir.
"Emm... ¿Que tal entonces... Sun-chan...?"
La chica se sorprendió un poco pero después le regalo una bella sonrisa.
"Eso me parece bien, Shirou-san."
Aliviado por haber resuelto eso, el chico sonrió con calma mientras se ponía en pie.
"Puedes llamarme Shirou simplemente. Todos mis conocidos me llaman así."
"Llamarte de esa forma es un poco..."
Luciendo apenada, la chica cubrió su boca con una mano mientras con la otra jugaba con su cabello. La sonrisa de Shirou solo aumento un poco más ante esto.
"Era solo una sugerencia. Esta bien que me llames de la forma que te haga sentir más cómoda."
Sacudiendo su cabeza para remover el agua de su cabello, el pelirrojo miro a su alrededor, notando que estaban en una habitación vacia.
"Dicho eso. ¿Que debería hacer ahora? No parece que Seto-san tenga intenciones de hablar tranquilamente..."
Comento el chico mientras oía el alboroto que provenía de alguna parte de ese enorme lugar. Por un segundo se preocupo por la seguridad de su guardián, de Taiga, pero por las voces que escuchaba, el objetivo de todos ellos parecía centrarse más en tratar de encontrarlo a él para asesinarlo.
"Hay una manera de escapar si vamos a la puerta trasera. Vamos, de prisa."
Extendiendo su mano, la chica le miro con seriedad. Por un segundo el pelirrojo se sintió tentado a tomarla, pero después negó con la cabeza suavemente. Taiga aún estaba perdida por allí en algún lugar, así que escapar por su cuenta era algo que no pensaba hacer. Además, aún en el supuesto caso de que él y Taiga pudieran escapar con vida, ¿que sucedería entonces con esta amable chica que aún ahora solo pensaba en salvarlo?
"Esta bien, Sun-chan. Pienso que solo deberíamos esperar a que se calmen un poco antes de tratar de hablar con ellos de nuevo."
"¿Es así?"
Bajando su mano confundida pero ligeramente aliviada, la castaña suspiro suavemente. Esto solo causo que la determinación del joven aumentara. Era obvio que la idea de ser ejecutada la asustaba. La idea de morir asustaría a cualquiera, después de todo, ni que decir de una chica de su edad. Pese a ello, Sun estaba dispuesta a permitirle huir a costa de su vida de ser necesario.
El nunca lo permitiría.
Aún así, había una pregunta que le estaba rondando en la mente desde hacia un rato...
"Hey, Sun-chan... ¿Por que me salvaste a pesar de que te arriesgabas a romper esa regla tan estricta?"
Pregunto con verdadera curiosidad. El estaba dispuesto a arriesgar su propia vida para salvar a otros, pero eso se debía a la promesa que le había hecho a su padre adoptivo aquella noche dos años atrás, y también por el deseo de entender la sonrisa que ese hombre le mostró cuando fue salvado de aquel infierno.
¿Pero que había de ella? Shirou no dudaba que existieran personas que quisieran ayudar a los demás solo por el hecho de ayudar, pero muy pocos llegarían a los extremos que esta chica estaba mostrando.
"'¿Por que te salve?' preguntas... Shirou-san..."
De la nada, una enorme cantidad de pétalos de cerezo comenzó a caer lentamente desde alguna parte del tejado. El pelirrojo miro confundido hacia arriba, pero no había nada más allí que el techo de madera. Más extraño aun, las luces de la habitación se apagaron excepto aquella que estaba encima de la castaña, iluminando así su figura de manera solemne.
Sin perturbarse por esto, la castaña continuó su respuesta de manera firme.
"Si yo abandonara a alguien en necesidad frente a mis ojos, eso sin duda mancharía la reputación del Clan de Sirenas de Setouchi."
Shirou incluso podría jurar que había una mujer cantando en algún lugar desconocido, la melodía era una que sonaba llena de dignidad y a la vez un poco triste.
"Si... Escrito como Caballerosidad... ¡Pero leído como Sirena!"
"...¿Eh...?"
"Además de eso... Yo te vi, ¿sabes?"
La sirena prosiguió, alzando su mirada al... ¿techo? ¿cielo?... no prestando atención al confundido chico frente a ella.
"Vi a las personas huyendo del barco que se hundía rápidamente hacia las profundidades. Vi a decenas de humanos abandonar a sus iguales para poder salvar sus propias vidas. Era una escena bastante triste de presenciar..."
Entonces volvió su vista hacia el pelirrojo, su mirada era gentil y llena de calidez, causando un pequeño sonrojo en el joven Emiya.
"Pero uno de ellos fue diferente del resto. A pesar de no ser un adulto aún, a pesar de que no era su responsabilidad, el chico se dedico a la tarea de salvar a tantas personas como le fuera posible. Una y otra vez, ese joven salvo a todos aquellos que no podían salvarse a si mismos. Incluso cuando su pierna estaba sangrando tanto, incluso cuando su cuerpo fue llevado al limite y más allá, el continuo ayudando a los demás y, al hacerlo, inspiro al resto a ayudar por igual. ¿De que manera podría yo dejar morir a tan noble persona?"
Concluyó con suavidad y Shirou sintió su corazón latir con mayor rapidez mientras su rostro se sonrojaba por completo. La manera en la que esta chica habló de él lo hacia parecer como una gran persona, pero el joven Emiya no creía que fuera para tanto. El solo estaba haciendo lo que le resultaba más natural...
El solo estaba haciendo no que no hizo aquel fatídico día...
"Sin embargo, debido a nuestras reglas, ahora tu vida corre peligro de nueva cuenta. Así que, Shirou-san, esta bien si escapas por tu cuenta. Incluso me asegurare de que tu hermana, Fujimura Taiga, pueda escapar también."
Finalizo la joven con firmeza y una suave sonrisa en su rostro.
'Esto esta mal.'
Pensó el pelirrojo, frunciendo el ceño.
'Sun-chan no debería sufrir por algo como esto.'
Fue en ese instante que tomó su decisión. Una que cambiaría su vida por completo.
"¡Así que aquí estabas, mocoso!"
Con un fuerte sonido, los pétalos de cerezo desaparecieron en la nada a la vez que la puerta de la habitación se abrió, dejando ver al enfurecido Seto Gouzaburou con su katana desenfundada en la mano. Detrás de él, estaban Seto Ren, la cual lucía fastidiada mientras se frotaba la sien con sus dedos; y el tipo llamado Masa, quien cargaba en su hombro como si fuera un costal de patatas a una, demasiado alegre por la situación a pesar de estar atada, Fujimura Taiga.
"Me hiciste buscarte por un buen rato, bastardo... ¡¿Estas listo para morir?!"
"¡Papi, espera!"
Seto Gouzaburou estaba a punto de lanzarse contra el joven que era la causa, en sus ojos, de todos su problemas. Sun trato de interponerse en su camino pero Shirou levanto su mano frente a ella, impidiéndole avanzar.
"¿Shirou-san?"
Pregunto la castaña confundida, pero el chico solo miro a su padre con ojos llenos de determinación. Tomando una gran bocanada de aire y después soltándola poco a poco. El pelirrojo avanzo unos pasos hacía el líder del Clan de Sirenas de Setouchi.
Y entonces se arrodillo frente a él.
"¡Seto Gouzaburo-san! ¡Yo, Emiya Shirou, le ruego me entregue la mano de su hija en matrimonio!"
Declaro fuertemente mientras lo miraba a los ojos. La respuesta de los demás presentes fue inmediata.
Seto Gozaburou se quedo completamente inmóvil, su cuerpo a medio camino de lanzar un tajo de espada. Sus dedos perdieron la fuerza y la katana cayo al suelo, clavándose en el tatami tras de él.
Seto Ren esbozo una alegre sonrisa mientras miraba con sorpresa al chico en el suelo.
Fujimura Taiga se mostró sorprendida por un segundo, pero al ver la seriedad que su hermano pequeño mostraba en su rostro, la mujer soltó un suspiro de resignación y sonrió levemente.
Ella aun seguía en el hombro de Masa, y al parecer no tenia intenciones de bajar de allí pronto.
Masa, por su parte, solo sonrió mientras asentía en aprobación, sus lentes oscuros reflejando la luz de alguna parte.
Finalmente, Seto Sun no pudo evitar soltar una exclamación de sorpresa ante esto y sus mejillas se sonrojaron levemente.
Shirou le dirigió la mirada y la castaña desvió los ojos mientras escondía su boca detrás de su mano.
"Por supuesto, todo esto depende de si Sun-chan esta de acuerdo con esto."
Agrego el pelirrojo y las miradas se posaron sobre la castaña, aumentando su vergüenza.
"No me miren así por favor..."
Dijo en voz suave para después continuar con mayor fuerza, pero aún sin mirar al pelirrojo.
"Así son las cosas, Papi. Me gustaría casarme con esta persona..."
Su respuesta provoco una suave sonrisa en el rostro del chico, pero pronto, un nuevo escalofrío le recorrió el cuerpo.
"Maldito mocoso..."
Seto Gouzaburou había comenzado a moverse, su temblorosa mano dirigiéndose con lentitud hacia la empuñadura de su katana.
"Sun es mi linda, linda princesa..."
Levantando la katana, el líder Yakuza grito sus sentimientos mientras sus ojos lloraban sangre.
"¡JAMÁS PERMITIRÉ QUE MI HIJA QUE CASE CON NADIE! ¡QUIEN SEA QUE QUIERA LLEVÁRSELA, ANTES LO ATARE A UNA ROCA Y LO LANZARE A LAS PROFUNDIDADES DEL MAR DE SETO PARA QUE SE LO COMAN LOS PECES!"
"¡GYAAA! ¡Espere un segundo, suegro!"
¡¿A QUIEN LLAMAS SUEGRO, MOCOSO DEL DEMONIO?!
Y sin más, Shirou comenzó a huir de nueva cuenta de los ataques de, para aparente desgracia de ambos, su futuro suegro; Seto Ren, Seto Sun y Masa haciendo su mejor esfuerzo para tratar de controlarlo.
'¿Qué es lo que ocurrirá conmigo de ahora en adelante? ¡Ahh! ¡¿Que debo hacer ahora, Kiritsugu-jiisan?!'
Por supuesto, sus suplicas no fueron respondidas por nadie.
Fin del capitulo 01.
*Ending: Brave Shine – F/SN: UBW Opening*
