Segunda Melodía: La Primera Cita (Parte 1).

En el mar de Seto, una doncella de espuma

salvó al joven justiciero de la infortuna

La deuda de gratitud pagada debe ser

así que prepárate para reír y llorar

por la historia de amor que acaba de comenzar...

*Opening: Seto no Hanayome: Romantic Summer*

Solo 3 personas estaban en el interior de esa habitación de aspecto tradicional japones. Sin embargo, en total contraste con su apariecía sencilla, una de las paredes del lugar estaba hecha por completo de cristal. Más alla del mismo, como si trataran de imitar a las aves en el cielo, cientos de peces de todo tipo y tamaño podían verse nadando despreocupadamente a través del fondo marino.

Emiya Shirou no pudo evitar preguntarse de que material estaría fabricado dicho cristal, para ser capaz de soportar tal cantidad de presión por las toneladas y toneladas de agua que sin duda empujaban contra el mismo de manera constante. Pronto sacudió su cabeza, decidiendo que esa era una pregunta para otra ocasión. Justo ahora tenía otras cosas más importantes en las que pensar.

"Aquí tienen. Espero lo disfruten."

"Muchas gracias."

Tomando la taza de té verde que Seto Ren les había preparado, el chico la giro suavemente un par de veces para después dar un pequeño sorbo. Su 'guardián', Fujimura Taiga haciendo lo mismo.

"Esta delicioso."

Anunciaron ambos con sinceridad. El té verde por lo general solía ser amargo, pero el liquido que inundo sus papilas gustativas era bastante agradable al paladar. Shirou no pudo más que maravillarse ante la habilidad de la mujer frente a él. Desde la preparación del mismo hasta el resultado, Seto Ren sin duda parecía una experta en la ceremonia del té.

Mostrándose complacida, la madre de Sun colocó sus manos sobre su propio regazo, colocándose en una posición Seiza con facilidad.

"Díganme, mis queridos invitados. ¿De donde provienen? Antes de contactarlos investigamos un poco, pero no parecen vivir por estos alrededores."

Pregunto a manera de empezar la conversación. Taiga dio otro sorbo a su té y después contesto con su energía habitual.

"Somos de la prefectura de Kumamoto. Más específicamente de la ciudad de Fuyuki."

"¡Ohh! Ya veo. Entonces permitan me darles la bienvenida. Sinceramente me gustaría poder servirles de guía por los mejores lugares de la zona, pero me temo que eso tendrá que esperar."

"¡Descuide, descuide! Ya hemos paseado un poco antes de que todo este incidente ocurriera así que no hay por que apresurarnos."

Negando con la mano mientras desdoblaba sus piernas para después cruzarlas, la princesa yakuza decidió dejar de lado las formalidades. Todo eso había sido un gran shock para ella, una emoción tras otra en un lapso de tiempo demasiado pequeño, pero Taiga no era una mujer cuyo espíritu no podía ser demolido por mucho tiempo antes de que recobrara sus fuerzas.

Seto Ren no pareció molestarse por esta actitud, continuando de manera relajada.

"Mi hija Sun nunca ha salido del Mar de Seto y además suele ser bastante despistada. Espero puedan cuidar de ella de aquí en adelante."

La mujer hizo una leve reverencia, sorprendiendo un poco a ambos, pero antes de que pudieran decir algo, un sonido como el de un animal gruñendo se escucho al fondo. El sonido era opaco pero insistente, por lo que Shirou solo pudo sonreír de manera incomoda.

Después de todo, él sabia cual era la fuente de ese sonido.

"Emm... ¿Su esposo estará bien?"

Pregunto el joven pelirrojo con cierta timidez, pero la mujer solo soltó una risa despreocupada.

"Por favor, no le presten atención. Él solo esta siendo testarudo. Mi esposo siempre ha sido así."

"Ahh... ya veo..."

Shirou no estaba del todo convencido, pero al no saber que debería hacer en este caso, decidió dejarlo pasar.

"Aún así..."

Taiga fue la que continuó, sus lengua pasando por sus labios una vez para saborear las pequeñas gotas de té que quedaron en ellos.

"Este es un compromiso entre estudiantes de secundaria. ¿Están de acuerdo con esto?"

A pesar de que esta era la única solución a los problemas de todos, la universitaria no pudo evitar preguntar. Ella estaba estudiando para graduarse en pedagogía y tratar de conseguir empleo en alguna escuela de Fuyuki. Como futura profesora, la idea de dos jóvenes siendo comprometidos le dejaba un mal sabor de boca.

"Por favor, no se preocupen..."

La voz de Seto Ren empezó suave, pero pronto se volvió firme y decidida.

"Nosotros, las Sirenas de Seto... ¡No nos retractamos de nuestras promesas!"

Dijo con severidad, causando de nuevo el asombro en ambos.

"Ya veo..."

Shirou no pudo evitar que una sonrisa amable se posara en su rostro. La actitud de la madre había sido heredada por la hija. Por alguna razón esto tranquilizo los nervios que estaba sintiendo. Taiga miro a su 'hermano menor' y sonrió por igual, colocando sus piernas debajo de ella nuevamente.

"Por favor, cuide de él."

"Por favor, cuide de mí."

Los dos visitantes de la ciudad de Fuyuki hicieron una reverencia al mismo tiempo frente a la mujer del Mar de Seto, ignorando por completo los gruñidos de la bestia cuya rabia no parecía se calmaría pronto.

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"Fuuh... Aún así, matrimonio, ¿uh?"

El joven Emiya se encontraba en el cuarto del hotel que el y su guardián habían rentado días antes. Al principio solo tenían pensado pasar una noche y un día en el lugar, para después volver a Fuyuki, pero debido a estas nuevas circunstancias, decidieron alargar su estadía por unos días más. Afortunadamente estaban casi al inicio de las vacaciones de verano, por lo que ninguno de los dos tenía que preocuparse por la escuela. Lo malo es que ninguno había empacado lo suficiente para pasar varios días allí, por lo que era necesario al menos comprar una cambia de ropa y usar la lavandería del hotel para la otra.

"¿Estas nervioso, Shirou? No, es una pregunta tonta, ¡sin duda lo estas!"

Fujimura Taiga estaba sentada en el suelo de la habitación mientras comía unas galletas de arroz. La mujer estaba sonriendo, pero una leve preocupación se podía notar en su mirada. El pelirrojo termino de empacar la ropa que llevaría a la lavandería, para después girarse a mirarla.

"Mentiría si dijera que no. Después de todo, ¿cuantos jóvenes de secundaria piensan seriamente en el matrimonio? Aún así, no estoy arrepentido. Sun-chan no merece perder la vida por algo así."

"Oho~ Sun-chan, ¿uh? ¿Cuando se volvieron tan cercanos?"

Pregunto la universitaria con una sonrisa traviesa. Era la primera vez que su protegido se refería a una persona del sexo opuesto de manera tan casual. Shirou se sonrojo un poco debido a su desliz, pero decidió que de todas formas Taiga se iba a enterar en algún momento, así que era una pequeña bendición el que lo hiciera ahora que solo estaban ellos dos.

"Durante el incidente, cuando toda la habitación se comenzó a inundar, Sun-chan me ayudo a esconderme de los que me perseguían. En ese tiempo tuvimos la oportunidad de hablar un poco y... umm... ella me pidió que la llamara de esa forma para no confundirla con sus padres..."

Confeso con cierta vergüenza, su 'hermana' solo dejo salir un "Eehh~" Mientras sonreía como un felino que encontró a su presa, por lo que el pelirrojo decidio cambiar el tema.

"A todo esto, ¿ya le informaste a Raiga-san sobre todo esto?"

Pregunto el joven con preocupación. Fujimura Raiga, el abuelo de Taiga, era un hombre de carácter fuerte. Shirou no creía que el hombre fuera una mala persona, pero sin duda era un poco aterrador si se le hacía enfadar. Sumado al hecho de que era el líder del clan yakuza Fujimura, si no manejaban esta situación con cuidado una guerra entre clanes podría desatarse, en el peor de los casos.

La castaña dejo escapar un largo suspiro, recargando su espalda a la pared más cercana.

"Aún no. Estoy esperando a que se calme un poco del incidente del barco. Sinceramente, me gustaría no tener que mencionar que la familia Seto es un clan de yakuza, pero entonces sería casi imposible explicar la situación. Por supuesto, decirle a mi abuelo acerca de que ellos no son humanos esta fuera de toda consideración..."

Y esa era su cruz. No solo tuvo que soportar el regaño que su abuelo le dio por el accidente del que Shirou fue victima cuando se suponía estaba bajo su cuidado, si no que ahora le tenía que explicar de alguna manera que el chico había terminado comprometido con la hija de unos yakuza locales por una razón que no podía confesar. La universitaria de verdad estaba temiendo hacer esa llamada a su abuelo.

"¡Aaahh! ¡Rayos! ¡Dejemos eso de lado por ahora!"

Esquivando el tema, la mujer se puso en pie para después caminar hacía la mesita de noche al lado de su cama. Entonces tomó un folleto y se lo mostró al pelirrojo.

"La recepcionista me dio este folleto cuando fui a la lavandería. Al parecer hay un festival local aquí cerca por el Bon Odori. Estaba pensando invitar a la familia Seto para que pudiéramos conocernos un poco más, pero creo que es mejor si tu invitas a Sun-chan a una cita, solo tu y ella."

Dijo con su sonrisa habitual. El pelirrojo miro el panfleto con cierta confusión, tomándolo por reflejo y leyendo lo que allí describía.

"¿Una cita con ella...?"

Pregunto con cierta incertidumbre. La mujer solo asintió, aumentando su sonrisa.

"Así es. Aunque no estoy del todo de acuerdo con eso del matrimonio, si comienzan a conocerse el uno al otro y a llevarse bien, entonces pienso que no sería algo tan malo si ambos están felices con ello."

Explico para después tomar su bolsa de mano. Hurgo un poco en ella y finalmente saco un par de billetes de varias denominaciones, el más alto siendo de 10,000 Yenes.

"Toma este dinero y úsalo para llevar a Sun-chan por los alrededores. Asegúrate de hacerle pasar una tarde divertida."

Con una sonrisa radiante, la mujer le presento los billetes. Shirou se sorprendió un poco por la cantidad que le estaban otorgando de la nada, estando a punto de rechazarlos, pero entonces comenzó a pensar con calma las palabras de su guardián.

Conocer mejor a la chica llamada Seto Sun no era mala idea. De hecho, era algo sumamente importante si deseaba que las cosas no fueran difíciles para ambos a futuro. Además, la idea de poder devolverle aunque fuera un poco la amabilidad que esa chica le había mostrado le agradaba bastante. Finalmente, Emiya Shirou tenía que admitir que Sun era una persona cuya actitud lo había cautivado y le causaba un gran interés.

Si, llevar a Sun-chan a pasear por el festival era una idea bastante buena, se dijo el chico mientras asentía y tomaba el dinero.

"Muchas gracias, Fuji-nee. Iré a buscarla para invitarla."

Dijo el joven, encaminándose a la salida de la habitación.

Con una enorme sonrisa, Fujimura Taiga vio a su 'pequeño hermano' apresurarse para buscar a la chica. La mujer dudaba que el pelirrojo se hubiera dado cuenta de la manera en que su rostro se suavizo al mencionar a la hija del clan Seto, pero dedujo que, quizá, soportar el regaño de su abuelo debido a todo este enredo era solo un pequeño precio a pagar.

Armándose de valor, la castaña tomo su teléfono móvil.

"Esto... ¿Abuelo?... Umm... No me lo vas a creer, pero..."

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Seto Sun era un manojo de nervios en ese instante. Unas horas antes uno de los subordinados de su padre le había avisado que el chico problema, Emiya Shirou, había llamado al teléfono de la casa y estaba pidiendo hablar con ella. Un poco extrañada y algo nerviosa, la joven atendió el teléfono, llena de curiosidad.

La voz del pelirrojo sonaba un poco nerviosa, por lo que Sun no pudo evitar tranquilizarse un poco al saber que no era la única que se sentía así. Después de los saludos iniciales, el chico le invito a ir juntos al festival local. Le estaba pidiendo una cita.

Totalmente apenada y tartamudeando un poco, la chica trato de hacer tiempo para pensar su respuesta, preguntándole en su lugar el por que de la repentina invitación.

"Umm... No estoy en contra de eso del matrimonio, pero como suponía, algo así es una decisión demasiado importante para tomar a la ligera. Es por eso que me gustaría que nos conociéramos mejor, poco a poco, para así tomar una decisión llevando el peso de nuestros verdaderos sentimientos..."

Aunque el chico hablaba algo bajo, sin duda debido a la vergüenza, sus palabras sonaban sinceras, por lo que Seto Sun se forzó a calmarse al darse cuenta de que el pelirrojo estaba tomando en serio todo el asunto.

"¿A que hora comienza el festival?"

Pregunto ahora la castaña, ya habiendo tomado su decisión. Escucho un par de sonidos al otro lado del teléfono, al parecer el chico moviéndose en busca de algo, y entonces el pelirrojo le dijo la hora y lugar.

"Entonces, ¿te parece bien si nos encontramos al inicio de las escaleras que llevan hacia el templo, a las 5:00 PM?"

"Me parece perfecto."

Acepto el chico y, después de darle las gracias y despedirse, ambos colgaron el teléfono.

"Fuuh..."

Soltando un largo suspiro, Sun llevo una mano a su pecho, sintiendo su rostro arder por el sonrojo.

Era su primera cita. Tenia que encontrar urgentemente a su madre para avisarle y pedirle conejos.

Paso el resto del día preparándose para ello. Al principio pensaba llevar ropa casual, pero su madre le aconsejo algo un poco más tradicional. Un yukata rojo con estampado de flores junto a un Obi rosa pálido. Seto Ren ayudó a su hija a vestirse e incluso a peinar su largo cabello castaño, mirando con ternura y cierto orgullo como el rostro de su adorada hija mostraba una suave sonrisa junto a un leve sonrojo.

Seto Gouzaburou, por su parte, parecía estar a punto de matar a alguien. De hecho, si la persona a la que todo ese odio estaba dirigido estuviera presente en ese instante, sin duda el líder yakuza se hubiera lanzado a su cuello sin dudarlo.

Es así que Seto Sun ahora se hallaba en el lugar acordado de su cita, sus manos jugando nerviosamente frente a su regazo mientras miraba a las personas ir y venir, esperando por el pelirrojo.

"¡Sun-chan!"

Unos quince minutos después de que ella llegara, pero aún así cinco minutos antes de la hora acordada, Emiya Shirou apareció por entre la multitud de personas. El chico vestía un pantalón de jean azul opaco y una remera negra de manga larga, además de sus zapatillas deportivas, también de color negro.

"¡Ah! Shirou-san."

Saludo la chica, una sonrisa apareciendo en su rostro. El joven se apresuro a su lado, mostrándose un poco preocupado.

"Perdona la demora. ¿Te hice esperar demasiado?"

"No, descuida. Yo llegué un poco temprano."

"Ya veo..."

Soltando un pequeño suspiro de alivio, el pelirrojo miro con más atención a la chica.

"Ehh~ ¿un yukata? Te queda bastante bien."

Dijo con sinceridad. Shirou no pensaba en si mismo como un fanático de los atuendos tradicionales, pero tampoco negaría que estaba lo bastante familiarizado con ellos como para saber apreciar el empeño que las personas les ponían al crearlos y al vestirlos. De hecho, si no fuera por que no había preparado uno consigo, el chico hubiera preferido vestir uno también.

Sun se sonrojo un poco, pero le agradeció con una sonrisa alegre.

"Gracias, Shirou-san."

"¿Nos ponemos en marcha, entonces? Tengo curiosidad por saber que puestos han colocado"

"Shirou-san es de Fuyuki, ¿verdad? Me pregunto si hay alguna diferencia entre el festival de aquí y el que Shirou-san conoce."

Ambos adolescentes comenzaron a subir las escaleras hacia el templo, para después adentrarse al festival; Shirou explicando las cosas que recordaba haber visto en el último festival al que él y Taiga habían asistido.

"Ehh~ Entonces el festival de Fuyuki no es tan diferente al de aquí."

Comento la chica, luciendo un poco decepcionada. Shirou solo sonrió ante esto.

"Supongo que la base es la misma, pero lo que cambia son las especialidades de cada zona. Por supuesto, estoy seguro que el sabor de la comida en cada festival es distinto, también."

La chica pareció animarse al escuchar esto.

"Me gustaría probar la comida de los festivales de Fuyuki algún día."

Comento alegremente, pero entonces su atención se centro en uno de los puestos locales.

"¡Mira, mira, Shirou-san! ¡Compremos algodones de azúcar!"

Pidió con el entusiasmo de un niño, causando que el pelirrojo se sorprendiera, pero la sonrisa volvió pronto su rostro.

"Seguro. ¡Disculpe, señor! ¿Podría darnos dos algodones, por favor?"

"¡En seguida!"

Se escucho la respuesta seca desde detrás de los algodones de muestra.

"Oh, aquí esta mi parte del dinero."

Comento la castaña mientras sacaba algunas monedas de su monedero, pero Shirou solo negó con la cabeza.

"Esta bien, puedo pagar por ambos."

Dijo con calma, pero Sun negó con la cabeza.

"Pienso que yo debo pagar mi parte. Acabamos de conocernos y no me parece justo que tengas que pagar todo solo por que eres un chico."

Afirmo con seriedad, causando que el pelirrojo ladeara un poco su cabeza.

"¿Es así?"

Se pregunto. Eso tenía sentido, supuso, pero aún así Taiga le había dado el dinero para compensar un poco a la joven sirena y hacerle pasar una tarde agradable. Pensando en una solución, al chico pronto se le ocurrió algo que vio una vez en un festival en el pasado.

Sonriendo inocentemente, el chico hablo.

"Entonces, ¿por que no me dejas pagar tu parte y tu puedes pagar la mía?"

Sun pareció confundida por su respuesta, pero después rió un poco, luciendo divertida.

"Suena bien para mí."

Dijo finalmente. Sun tomo su dinero y se lo dio al dueño del lugar. Diciendo:

"Un algodón de azúcar para este chico, por favor."

Shirou procedió a hacer lo mismo entonces.

"Un algodón de azúcar para esta chica, por favor."

"¡En seguida!"

Pronto, el encargado del negocio procedió a darle un enorme algodón de azúcar a Sun, casi tan grande como una pelota de playa.

"¡Mira, mira, Shirou-san! ¡Los algodones de este festival siempre son así de grandes!"

"Eehh~"

Dijo la chica con inocente alegría para después cerrar los ojos y comenzar a saborear su golosina. Shirou la miro con asombro y se giro hacía el negocio para recibir el suyo, sintiendo cierta anticipación en el estomago. Comer tanto azúcar podría ser malo, pero esta era una ocasión especial, así que decidió no darle mucha importancia.

"¡Sale, algodón de azúcar!"

"Muchas graci... ¿uh?"

Totalmente confundido, el pelirrojo miro lo que le habían dado: un palillo con solo una bolita de algodón en la punta, la bola siendo tan pequeña como una aceituna.

"Esto... ¿uh?"

Sin entender lo que sucedía, el chico miro con mayor detenimiento al dueño del local, notando entonces lo que parecía ser un tipo con cara de matón, el cual le miraba con intensidad.

"¿Que sucede? ¿Tienes alguna queja de mi algodón?"

Pregunto con tono brusco mientras se acercaba un poco, su rostro lleno de cicatrices casi tocando el del pelirrojo. Shirou solo pudo sonreír con incomodidad mientras negaba con la cabeza.

"No, ninguno, señor..."

Dijo finalmente, dando media vuelta para alejarse de él.

"¡Mira, mira, Shirou-san! ¡Manzanas acarameladas!"

"¿Uh?... ¡¿Uh?!"

Mirando hacia donde la castaña le llamaba, el pelirrojo observo como esta tenia una enorme manzana acaramelada en su mano. Era casi tan grande como el algodón de azúcar, así que el joven Emiya no pudo evitar preguntarse como la chica era capaz de sostenerla con una mano con aparente facilidad.

"Aquí tienes la tuya, jovencito."

"Ah, gracias."

Una voz robusta le llamo desde alguna parte cercana, por lo que se giro hacia esa dirección, agradeciendo por acto reflejo. Sin embargo, sus ojos se entrecerraron al ver que solo le habían entregado una pequeña manzana, mas pequeña que su puño, y que a todas luces ya había sido devorada hasta dejar solo la parte central donde están las semillas.

"¿Que es esto...?"

Se pregunto, totalmente confundido de nueva cuenta, pero la voz robusta de antes le respondió.

"¡¿Tienes algún problema con mis manzanas?!"

"No, ninguno..."

Respondió para después lanzar un suspiro, notando un cierto patrón.

'¿No será...?'

"¡Mira, mira, Shirou-san! ¡Choco-banana!"

Con un cierto presentimiento, el pelirrojo miro hacia su acompañante y, como esperaba, la chica tenia en sus manos una golosina que era varias veces mas grande que lo que usualmente te venderían en estos lugares.

"Aquí tiene el suyo, jovencito."

De nuevo, una voz robusta se escucho cerca de él, por lo que Shirou suspiro resignado.

'Supongo que estas personas son de la parte del clan Seto que no esta de acuerdo con nuestro compromiso. Bueno, al menos Sun-chan parece estarlo pasando bien, así que no me importa soportar un poco de acoso como precio a pagar...'

Tomando la golosina que le daban, el chico sonrió con suavidad para después llevarla a su boca.

... ¿Uh?

Fue una fortuna que la hubiera mordido suavemente, por que la choco-banana estaba bastante dura. Se sentía mas dura que morder una roca, y tenia un sabor un poco extraño. Confundido, el chico miro hacia su golosina...

"¡¿Pero que demonios?!"

No pudo evitar gritar, totalmente asustado. Le habían dado una jodida pistola a la que le habían untado un poco de chocolate para despistar. Lo peor es que la parte que se había llevado a la boca era el cañón, y él por poco jalaba el gatillo.

Sintiendo su corazón latir furiosamente, el chico se giro hacia el dueño de la tienda, totalmente furioso mientras arrojaba el arma hacía el bosque.

"¡Hey, tendero! ¡¿Que demonios era eso?! ¡Casi me vuelo la cabeza por tu broma!"

"¡¿AAHH?! ¿Que demonios dices, mequetrefe? ¿Tienes algún problema conmigo?"

Con voz ruda, el dueño del negocio le respondió mientras le sostenía la mirada. Shirou sintió el deseo de lanzarse a molerlo a golpes, pero entonces una voz lo detuvo.

"¿Sucede algo, Shirou-san?"

Sun pregunto, sonando preocupada. Shirou se debatió si debería decirle lo que estaba sucediendo o no, pero entonces el dueño del negocio hablo, su voz cambiando por completo como la de un viejo que le habla a su adorada nieta.

"Ohh, descuide, Señorita Sun. El joven y yo solo estábamos hablando un poco, pero parece que la charla se acaloro un poco. El joven decía que la choco-banana de su ciudad era más deliciosa que la de este pobre comerciante. Pero incluso si es verdad, este pobre viejo aún tiene su pequeño orgullo que mantener..."

Dijo con voz lastimera, sonando como un anciano al que le han insultado injustificadamente. Sun miro al pelirrojo, luciendo un poco decaída.

"¿Es así, Shirou-san? Yo nunca he probado la choco-banana que preparan en Fuyuki, pero pienso que la del abuelo Taro son bastante buenas..."

Defendió en voz suave la castaña, obviamente sintiéndose apenada por la aparente descortesía que su por ahora prometido había hecho hacia uno de sus conocidos. Shirou sintió su corazón oprimirse ante la mirada de tristeza que la chica le dirigió, por lo que dirigió su vista hacia el causante de ese malentendido. El mayor lo miraba con una sonrisa llena de burla desde atrás de la castaña, donde ella no podía verlo.

'¿Con que es así como quiere jugar, eh?'

Decidido, el pelirrojo forzó una sonrisa en su rostro, hablando con suavidad.

"Es un malentendido, Sun-chan. Es verdad que dije que 'las choco-bananas de Fuyuki me parecían ser las mejores', pero lo que dije en su totalidad fue 'yo pensaba que las choco-bananas de Fuyuki eran las mejores hasta que probé las que se preparaban en este local.'"

Con una mirada llena de esperanza, la castaña junto sus manos y las coloco bajo su barbilla.

"Entonces..."

"Si, indudablemente, las choco-bananas de aquí no se comparan en nada a las de Fuyuki. Tienen un sabor único que rara vez encontraras allá. Incluso llegue a pensar por un segundo que me MORIRÍA de gusto al probarlas."

Con total descaro, el chico comenzó a lanzar un halago tras otro, su sonrisa el ejemplo perfecto de inocencia y sinceridad.

"¿De verdad? ¡Me alegro tanto!"

Con total alegría, Sun le devolvió la sonrisa al pelirrojo. Shirou sintió una pequeña puñalada en el corazón por haber ganado esa sonrisa a través de mentiras, pero era inevitable si se consideraba que la otra opción era tratar de convencer a la inocente Sun que su conocido estaba mintiendo y trataba en realidad de matarlo.

El rostro del viejo Taro se contrajo en ira al darse cuenta de que su plan de hacerlo ver mal en los ojos de Sun había fallado, pero fue incapaz de decirle nada más cuando la castaña, aún con una radiante sonrisa, se volteo a mirarle.

"¿No te alegra eso, abuelo Taro? Todo fue un malentendido. ¡Shirou-san acaba de confirmar que tus choco-bananas son mejores que en otros lugares!"

El viejo Taro sonrió con suavidad, el sudor corriendo por su frente al ser incapaz de continuar la pelea frente a Sun.

"¡Lo estoy! ¡Lo estoy!... Muchas gracias, jovencito..."

"Descuide, me alegro que todo se haya solucionado."

Shirou sonrió esplendidamente mientras mostraba los dientes y el viejo Taro sintió las venas resaltarse en su frente, a punto de estallar.

"Sigamos entonces, Shirou-san. ¡Aún hay más lugares que quiero visitar!"

Tomando su mano, la joven sirena guió al pelirrojo por entre la multitud, totalmente ajena a lo que en verdad acababa de suceder.

Shirou, por su parte, fue capaz de notar como todos los dueños de negocios y miembros del staff del festival lo miraban con ira asesina.

Sun lo llevo a varios puestos más, pero esta vez el pelirrojo estaba preparado, excusándose de comprar más comida para sí mismo diciendo que estaba satisfecho por el momento.

"Oh, lo siento, Shirou-san. Solo he estado comiendo sin parar."

Se disculpo la castaña, un poco decaída.

"Muchos de los puestos de aquí son patrocinados por mi familia, así que deseaba visitar tantos como me fuera posible."

'Con que era eso...'

Con cierta preocupación, el chico se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Toda ese lugar estaba dentro de la zona de influencia del clan Seto, lo cual no era nada raro en sí. El problema estaba en que todos parecían decididos en tratar de arruinarles la cita. Una mueca de disgusto estuvo a punto de aparecer en su rostro, pero la contuvo a tiempo para evitar preocupar a su acompañante. Sun no tenía la culpa de nada, ella solo deseaba ayudar a su familia de manera sincera, así que era problema suyo el lidiar con esta situación sin que Sun se enterara.

"Descuida, no me molesta eso. No conozco mucho la zona, por lo que Sun-chan guiándome de un lado a otro en verdad me ayuda bastante."

"Ya veo. Gracias, Shirou-san."

Sun le sonrió con sinceridad, y en ese momento Shirou sintió que, posiblemente, todos esos problemas valían la pena con tal de ver a esa chica sonreír.

Fue entonces que noto al padre de Sun al borde de su visión periférica. El líder yakuza estaba 'escondido', por decirlo así, detrás de unas hileras de mascaras distintas. Por un segundo Shirou lo confundió con la mascara de algún demonio antiguo, pero pronto sintió el aura asesina emanando de el adulto y no pudo evitar sentir un escalofrío recorriéndole la espina dorsal.

"Es-Tas-Mu-Er-To..."

Aunque ningún sonido salio de su boca, los labios de Seto Ren le indicaron con claridad sus intenciones cuando Shirou paso cerca de él. Ahora, Shirou no era una persona que se preocupara demasiado por su propia vida, pero eso no quitaba que aún podía sentir miedo de vez en cuando.

Y ese día era uno de esos 'de vez en cuando', al parecer.

Aún así, el chico apretó sus dientes y se obligo a calmarse. Hoy era un día para demostrarle a Sun-chan lo agradecido que estaba con ella. No podía fallarle, no podía fallarle...

"¡Oh, Shirou-san! ¿Por que no vamos allí?"

Aun llevándolo de la mano, Sun se acerco a un puesto donde había varios peces dorados en grandes tinas y algunas peceras.

"Atrapar peces dorados, ¿uh?"

Comento el pelirrojo con cierto interés. Solo lo había hecho una vez antes, pero él creía que no se le daba mal...

"Atrapar peces dorados... Salvar peces dorados... ¡Si! ¡Esto es salvar peces dorados! Si no soy capaz de salvar incluso un pez dorado, estaría manchando la reputación del Clan de Sirenas de Setouchi!"

Anuncio la chica y de inmediato se avoco a la tarea de 'salvar' a los peces. Shirou se preocupo por un segundo cuando la castaña menciono a las Sirenas de Setouchi, pero pronto se dio cuenta de que nadie pareció prestarle atención, por lo que soltó un suspiro de alivio.

'Aún así, mencionar a las Sirenas tan casualmente. Me sorprende que yo haya sido el primero en descubrirla...'

Shirou sabía que los vendedores muy posiblemente fueran parte del clan Seto o estuvieran autorizados para saber el secreto, pero había muchos visitantes en el festival; algunos quizá eran de otras zonas de Japon, tal como él lo era, así que sería mejor mencionarle esto a Sun cuando hubiera algo de tiempo y tuvieran mas privacidad.

'Aunque, pensándolo bien, muy pocas personas creerían que las Sirenas de verdad existen...'

Para Shirou nunca había sido una cuestión de creer o no creer. Él lo había visto con sus propios ojos y experimentado con su propio cuerpo, a la chica transformándose en Sirena y arrastrándole al fondo del mar. Además, incluso antes de eso Emiya Shirou ya era consciente de que las cosas sobrenaturales existían en ese mundo.

Cosas sobrenaturales como la magia, por ejemplo...

"Hey, jovencito. ¿Por que no lo intenta usted también?"

Debido a sus pensamientos, Shirou no se dio cuenta cuando dos hombres lo rodearon, un extendiéndole una pequeña paleta de papel con la cual se atrapaban a los peces.

"Tenemos guardado un pez especialmente para usted..."

Dijo uno de ellos mientras lo empujaba por la espalda, acercándolo a uno de los contenedores, donde estaba...

"¿QUIERES ATRAPARME? ¡TE COMERÉ PRIMERO!"

"¿Eh? ¡¿Shark Fujishiro-san?!"

"¡GRACIAS POR LA CENA!"

"¡Eso no es un maldito pez dorado!"

Grito el pelirrojo, sintiendo su corazón dar un vuelco.

Un enorme tiburón blanco estaba de alguna manera 'nadando' en uno de los contenedores para peces, su cuerpo desbordándose del recipiente y salpicando agua hacia todas partes. El tiburón dio uno, dos botes y entonces dio un gran salto hacia el pelirrojo, sus afilados dientes abriéndose mientras su enorme mandíbula se dirigía hacia la cabeza del chico, esperando arrancarla de un mordisco.

"¡Shirou-saaaaan!"

El grito horrorizado de Seto Sun resonó en el lugar.

'¡Déjamelo todo a mi, Onii-chan!'

Shirou creyó escuchar por un segundo una dulce voz, y entonces su cuerpo pareció moverse por voluntad propia. Lanzando sus manos al frente, el pelirrojo sujeto al tiburón de sus enormes colmillos, se dejo caer hacia atrás y lanzo su pierna al abdomen de la bestia. En un movimiento fluido, Shark Fujishirou fue lanzado por los aires varios metros hasta que su improvisado vuelo fue detenido por la copa de uno de los arboles cercanos.

*Pon* *Pon**Paff*

Rebotando de rama en rama, el tiburón cayo al suelo, sus ojos totalmente aturdidos.

"¿Uhh...?"

Por su parte, Shirou permaneció acostado de espaldas en el suelo, totalmente sorprendido por haber salvado su vida, pero confundido por lo que había sucedido.

"¿Ehh~? ¿Falle~? ¿No deberías estar muerto~ Bastardo con suerte~?"

"¡No me preguntes esas cosas tan desagradables con ese tono tan alegre!"

No pudo evitar responder el pelirrojo, mirando con enfado al escualo que ahora salpicaba sobre el suelo como pez fuera del agua.

"¡Shirou-san!"

La voz de Sun lo saco de su enfado, la chica había sonado preocupada, pero a la vez había un dejo de pánico en su voz. Dirigiendo su mirada a ella, el pelirrojo la encontró tirada en el suelo.

"Mis piernas..."

Los ojos del chico se abrieron en sorpresa al darse cuenta de que, por la parte baja del yukata de la castaña, su cola de sirena se mostraba en lugar de sus piernas. Sin perder tiempo, el chico se quito la remera y la uso para esconder la cola de Sun.

"¿Que paso? ¿Por que tus piernas se convirtieron en cola?"

Le susurro con preocupación, dando una rápida mirada alrededor para ver si alguien más se había dado cuenta. Por fortuna, todas las miradas estaban enfocadas en el enorme tiburón blanco que salpicaba en el suelo mientras maldecía con un tono de voz extraño...

¿Espera, eso no era malo también...?

"Lo siento, Shirou-san. Si mis piernas se mojan, soy incapaz de mantener su forma humana..."

La voz preocupada de Sun lo saco de sus pensamientos, obligandole a enfocarse en ella.

"¿Puedes regresarlas a su forma humana?"

"Una vez que mis piernas se sequen, puedo revertirlas, pero hasta entonces..."

"Entendido. Por ahora es mejor llevarte a un lugar apartado de la vista."

Sin perder tiempo, Shirou cargo a Sun en sus brazos. La chica soltó un leve sonido de asombro ante esto, pero concentro su atención en evitar que el movimiento revelara su cola.

Con rostro decidido, el pelirrojo llevo a Sun consigo hacía el bosque.

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Habían pasado alrededor de quince minutos desde entonces. El pelirrojo había recargado a la castaña contra un árbol cercano, decidiendo que lo mejor era esperar a que las piernas de la chica se secaran por su cuenta. Por su parte, Sun había permanecido en silencio todo ese tiempo, su rostro extrañamente sonrojado por alguna razón que el joven Emiya no supo comprender.

Los minutos pasaron de manera lenta y algo incomoda para ambos chicos, hasta que fue finalmente Sun la que rompió el silencio.

"Creo que mis piernas se secarían mas rápido si las frotáramos con una toalla..."

Dijo tímidamente y Shirou ladeo la cabeza, pensativo.

"No tengo una toalla conmigo, y seria malo dejarte aquí sola e ir a buscar una. Supongo que puedo usar mi remera entonces."

"¿Esta bien eso? Se puede maltratar bastante..."

"Descuida, no me molesta."

Contesto con una sonrisa el pelirrojo, aumentando el sonrojo de la chica.

"Si es así, entonces, estoy a tu cuidado..."

Susurro la castaña, levantando un poco su yukata para mostrar aun más de su cola, su otra mano cubriendo su boca y su ojos ligeramente llorosos por la pena.

Emiya Shirou trago saliva sonoramente.

'¿Eh? ¿Eh? ¿Que es este sentimiento?'

Por alguna razón, su corazón comenzó a acelerarse bastante. Sabía que Sun no era exactamente un pez, de hecho, quizá llamarla de esa manera podría ofenderle. Pero eso no quitaba el hecho de que su cola era bastante parecida a la de un pez. Con escamas mas brillantes y de movimientos mas refinados, pero similar sin duda alguna.

Aún así, era la parte del cuerpo de una chica, una que, quizá, si todo seguía un buen rumbo, sería su esposa algún día...

"Uuhh..."

Un lamentable gemido escapo de su boca, una enorme vergüenza apoderándose de él en ese instante.

"¿Sucede algo malo...?"

Sun le miro con timidez, sus ojos aun llorosos y su rostro sonrojado.

'¡Maldición! ¡¿Por qué tiene que ser tan linda?!'

Grito el joven para sus adentros, para después respirar profundamente.

"Descuida, no pasa nada. Bien, voy a comenzar entonces."

"Se gentil por favor."

'Solo estas secando sus piernas... Solo estas secando sus piernas...'

Repitió en su mente el pelirrojo una y otra vez, tratando de alejar pensamientos raros.

"¡Umm! Hace cosquillas..."

Su de vez en cuando soltaba pequeños gemidos, eran sonidos bastante agradables para el chico pero que por desgracia le dificultaban la tarea de mantener pensamientos puros.

Fue entonces que el golpe llego.

"¡¿QUE DEMONIOS LE HACES A MI PEQUEÑA SUN, DESGRACIADO?!"

Desde debajo de su barbilla, un puño le golpeo fuertemente, lanzandolo varios metros en el aire mientras su cuerpo giraba cual trompo.

"¡Ah! ¡Shirou-saaaaan!"

Creyó escuchar a su prometida gritar, sonando sorprendida y asustada, pero sus oídos estaban zumbando tan fuerte que igual pudo haber sido solo su imaginación.

"¡Ugg! ¡Ack! ¡Off!"

Como si imitara a Shark Fujishiro momentos antes, el joven Emiya reboto de rama en rama hasta finalmente tocar el suelo, sus ojos siendo reemplazados por marcas de 'X' mientras de su boca su alma parecía querer escapar de su cuerpo.

"¡ESTAS MUERTO, BASTARDOOOO!"

"¡Papa! ¡Espera, es un malentendido!"

"¡Querido! ¡¿Que demonios estas haciendo?!"

"¡Deténgase, Jefe! ¡Mire! ¡El chico solo estaba secando las piernas de la Señorita!"

"¡LO MATAREEEE!"

Aún en el suelo, Emiya Shirou miro hacía el cielo nocturno con pequeñas lagrimas en la comisura de sus ojos, mientras de su boca y nariz una linea de sangre se abría paso hacia el suelo.

'Dime, Kiritsugu... A este ritmo ¿Podré convertirme en un héroe de la justicia algún día...?'

El chico podría jurar que vio el rostro de su difunto padre adoptivo sonriendole desde el cielo estrellado, antes de caer inconsciente.

Fin del capitulo 02 - Parte 1

*Ending: Brave Shine – F/SN: UBW Opening*