Hola a todos, espero estén muy bien, aquí vengo con el primer capítulo extra que espero les guste mucho, como dije son pequeñas anécdotas, aunque mientras he dio revisando, algunas son bastante largas, pero estas no están completas.

Mio Takamiya, gracias por apoyar la idea, espero que estos capítulos te gusten mucho mientras esperas la cita de Mukuro.

Saludos.


Capítulo extra 1: Juego de mesa en familia.

Un día de vacaciones, en la que la familia Shimizu estaba junta por completo, salieron a comprar la despensa; casi todo era comida congelada o que no necesitaba de preparación, excepto algunas cosas que Kanade pidió para que practicara cocina ella sola, mientras su padre y madre serían los conejillos de indias de su cocina, algo que sería gracioso de recordar y tal vez malo de vivir.

Al regresar a casa y ordenar las cosas en el refrigerador y los enlatados en otro lado, la niña de diez años sacó una caja de las bolsas y la puso en la mesa con una sonrisa en la boca.

Estaba vestida con una camiseta azul cielo, además de pantaloncillos cortos de color caqui y con zapatos de tela de color azul, tenía el cabello largo de color blanco y en sus ojos aguamarina se reflejaba la ilusión.

—¿Qué es eso, Kanade-chan? —preguntó su padre con la mano en la barbilla, sentado en el sillón blanco—. ¿Es un juguete?

—No, es un…

—¡Es un rompecabezas! —Señaló con los ojos cafés bien abiertos, Reine, su esposa, sonrió ligeramente.

—¡No! —respondió y giró la cabeza rápidamente en una negativa.

—¡Maldita sea! —Reine se tapó la boca para no reírse y con la otra le dio una palmada en la cabeza—. ¡Oye!

—No digas malas palabras en frente de Kanade —dijo con su típica seriedad.

—Pero si lo tuyo es violencia familiar, "ca-ri-ño" —dijo con sarcasmo, ella ahogó una risa.

—Casi fue una caricia —respondió tranquilamente, pero en un tono un poco divertido.

—No es cierto, ¿verdad, Kanade-chan? Tu madre es mala. —Reine rio ligeramente, pero Kanade solo sonrió.

—Mamá es buena. —El padre tuvo que suspirar y ver como ella sonreía triunfante.

Katsuo Shimizu era el padre de Kanade, un hombre de cabello castaño largo hasta los hombros, uno digno de rebeldía y miembro de una banda, lo cual era, aparte de ser compositor en solitario.

Ver a su hija feliz le hacía feliz, sobre todo trataba de que todos pasaran un buen momento juntos, ya que cuando se iba de gira o se dedicaba a estar componiendo canciones, tenía que dejar a su esposa e hijas solas, a veces por unas semanas, a veces eran meses, y la familia sufría la ausencia.

—Por favor, claro que no. Bueno, no importa, ¿qué es lo que compraste y ni siquiera me di cuenta?

—Es un juego de mesa, ¡dice que me hará más inteligente! —Se lo dio a su padre para que leyera la caja, pero al verlo bien y darse cuenta que era un juego para mayores de quince años, solo sonrió ante la mirada inocente de su hija—. ¿Podemos jugar?

—No te hará inteligente, dice que es para personas inteligentes, así como tu mamá que hace… Lo que sea que haga en su trabajo complicado que no la deja dormir. —Reine le volvió a dar otra palmada, pero esta vez la esquivó—. ¡Voy a exigir mis derechos!

Luego, todos rieron, Katsuo nunca hablaba en serio sobre las cosas malas que le hacía Reine, de hecho, era un juego de molestarse entre ellos, aunque su esposa era más sutil, al estar casado con una persona como él; divertida, alegre y nada aburrida, aprendió a jugar el mismo juego que él.

Incluso si Reine era una persona seria en el trabajo y fuera de él, una que siempre piensa las cosas, una que siempre guarda silencio y piensa mucho las cosas en su mente, una que sabe escuchar y analizar, una responsable y de pocas palabras, con su familia era otra persona; una más feliz, cariñosa y que disfrutaba más la compañía de otras personas, además que podía dormir tranquilamente, si no tenía trabajo que hacer, claro está.

Se pusieron a jugar, una vez entendieron las reglas. El juego iba sobre lanzar un dado y de acuerdo al número, era el tema del que tenías que responder una pregunta, también había tarjetas especiales que te tocaban de acuerdo a un número del dado y responder bien significaba avanzar por el tablero, el primero en llegar a la meta, ganaba.

Las preguntas eran difíciles, Kanade no podía avanzar y se deprimía un poco, pero era divertido porque estaba jugando en familia.

—Por favor, por favor, destino mío, que no salga un cuatro, que no salga un cuatro. —Rezaba mientras preparaba el dado para lanzarlo, las dos mujeres sonreían—. Por favor…

—Solo lánzalo, me estás desesperando.

—Bueno, bueno, ¡no! —dijo al ver que salió el cuatro, Reine tomó la tarjeta con las preguntas.

—Vaya, el tema es ciencias. Oh, una pregunta de álgebra. —Rio un poco mientras que el hombre sufría, era su peor tópico.

—Papá, mamá parece que lo disfruta.

—Sí… Se nota, Kanade-chan, se nota mucho —respondió con sarcasmo.

—Pero lo estás disfrutando también, ¿verdad? —preguntó Reine y acarició la cabeza de su hija, ella sonrió y asintió con la cabeza—. Eso es importante.

—Pues usaré una tarjeta especial. —Miró a su hija con una sonrisa macabra y le puso la mano en el hombro para mostrarle la carta—. Paso la pregunta a otro jugador, lo siento, Kanade-chan.

—¿¡Qué?! —Ante su sorpresa, ambos padres rieron—. Pero yo no sé qué es álgebra.

—Eres cruel, ¿lo sabías?

—Se le llama estrategia.

—¡Por favor! —Reine terminó riéndose un poco, pero luego le revisó a su hija sus tarjetas especiales y le dio una a su hija—. Ten, usa esta.

—¡Eso es trampa! —Se quejó el padre, pero Kanade sonrió y le mostró su tarjeta—. ¡Eso es trampa por dos!

—Avanzo sin contestar la pregunta, ¡sí! —Kanade celebró su triunfo y sobre todo por ver el infortunio de alguien más—. Lo siento, papá.

—Está bien, está bien, hagan sus alianzas, ¡puedo con ambas!

—O eso crees —dijo Reine con una pequeña sonrisa, jaló a Kanade a su lado y la abrazó en el proceso—. Con tu ayuda, todo va a ser más sencillo.

—Y como siempre, no te equivocas, espíritu que nunca duerme.

—Hablando de eso, hoy me dormiré tarde —dijo tranquilamente mientras Kanade se recargó en ella, eso la hizo sonreír.

—Maldita sea —dijo con molestia fingida, Reine le lanzó una carta a la cara, pero él se cubrió, Kanade se terminó riendo—. ¿Qué?

—Que no digas malas palabras.

—¿Y cuándo vamos a dormir juntos? Es decir, ese momento es nuestro. —Kanade entendió eso de una manera, por lo que no entendió porque su madre se sonrojó un poco—. No trabajes, es malo para tu salud y tu belleza.

—Está bien, si ganas, dormiremos juntos.

—¡Sí!

Eso lo inspiró suficiente y Kanade terminó aliándose con su padre, por lo que usando sus tarjetas especiales, el hombre ganó con ayuda de su hija. Y para cuando llegó la noche y el momento de acostarse, Reine estaba cambiándose de ropa, dejando ver su cuerpo bien dotado.

—¿Tienes algún evento al que ir? —preguntó sin voltearse mientras se quitaba su sostén de color rosa.

—Seguramente habrá alguno, los artistas no tienen vacaciones, y no quisiera dejarte todo como suelo hacer, Kanade se divierte mucho cuando estamos juntos. —Dejó de mirar al techo para notar que Reine ya tenía puesta su pijama, bueno, solo la mitad superior, la mitad inferior seguía en bragas rosas. Se levantó para abrazarla por la espalda—. Pero nada de fiestas sin parar, ni cortejaré por apuestas o diversión, por mi bien, solo haré mi trabajo y al hotel.

—¿Cómo un buen hombre casado? —preguntó al verlo frente a frente.

—Exacto, lo que soy y he sido. —Guiñó el ojo, pero ella negó con la cabeza, pero en eso, la puerta se abrió y Kanade entró corriendo para saltar a la cama, ellos se sorprendieron por verla ahí.

—¡Vamos a dormir juntos! Ya estoy lista, papá.

—¿¡Uh?! —preguntó en serio esta vez, Kanade estaba confundida.

—¿No es lo que… dijiste en el juego? Dormir juntos, ¿no es así? —Reine terminó tapándose la boca, pero luego no pudo contenerse y se terminó riendo, Katsuo suspiró derrotado—. ¿Qué pasa?

—Nada… Tienes razón, Kanade-chan, vamos a dormir "todos" juntos.

—¡Sí!

Los dos la observaron sonreír y la niña se fue a la orilla, donde Reine le abrazó por detrás, así como el padre hizo lo mismo con ella y todos durmieron juntos esa noche.