Algunas personas poseían lo que se conocía comúnmente como "Llamas" poderes que les permitían hacer cosas con las que el humano promedio tan solo podia soñar. La mayoría de los usuarios de Llamas actuaban como generadores, creando sus propias llamas las cuales podían usar a su gusto y disposición (claro después de aprender a controlarlas por supuesto), había un solo problema al respecto, sin importar que tan fuerte fuera la persona o cuánto control o disciplina tuviera llegaría un punto en que sus llamas le pasarían la cuenta a su cuerpo, después de todo usuarios de llamas o no, eran solo humanos, pero para eso existían los usuarios más raros de llamas, los cielos.
Los cielos a diferencia del resto (Lluvia, sol, nube, niebla, rayo, tormenta y en raros casos noche) actuaban como batería, siendo incapaces de crear llamas por su cuenta, ellos armonizaban con las llamas de otros, ayudando a aliviar la presión y revitalizandose por las llamas extras que tomaban, Tsuna era un cielo.
— Cuando tenía 8 años mí padre hizo enojar a la persona equivocada, y este envío a un asesino a matarme. — Comento mientras comía su almuerzo con toda la calma del mundo— Para mí suerte (o mala suerte) ese asesino no solo no me mato sino que además me protegió y se encargó de cualquier que quisiera hacerme daño.
— Wow suena como una buena persona Desu — Dijo la chica de castaños cabellos oscuro algo impresionada por la historia de su nueva amiga.
— ¿Buena persona? El bastardo no me mato solo porque resulte ser un cielo, y una compatible con él y su panda de descriteriados — ¿Buena persona? Ja, el infierno se congelaria antes de que eso sucediera. — Luego de eso de alguna forma lograron convencer a mis padres de que lo más saludable era que estuvieran cerca mío (que la acosaran) y eventualmente mí Madre acepto tanto su presencia que los dejo a cargo de mí mientras se iba de vacaciones con Papá. — Los bastardos, no se equivoquen quería a sus padres, pero ¿Que clase de padres dejaban a un cielo lindo e inocente como ella con ... Esas "bestias" ? En serio ¿Que estaba mal con ellos? Siempre supo que su madre no era la persona más cercana a la realidad pero espero más de su Padre siendo parte de Vongola y sabiendo perfectamente como es que los cielos armonizaban con sus elementos, hombre sin corazón.
— Oh-uh eso suena... Complicado — Murmuró insegura de que decir en esta situación, era la primera vez que se hacía amiga de alguien con tan... "Colorido" pasado.
— Pero bueno, así fue como conocí a Reborn. — Finalizó de contar su historia cerrando la caja de su almuerzo.
— Oh ya entiendo, espera ¡¿Que?! — Chillo sorprendida, hasta ahora solo hablo de personas que dudaba querer conocer nada que ver con el caballero que era Reborn-san.
— ¿Que no lo dije? Reborn era el asesino. — Aún lo es, quizo agregar pero por lo pálido que el rostro de su primera y única amiga se volvió asumía que mejor esperaba a ganar algo más de confianza antes de decir esa parte.
Camino a casa Tsuna no podía evitar pensar en la historia que le contó a su amiga, toda era cierta y eso hacía que se preguntara algo.
— Reborn ¿Eres un pedófilo? — Pregunto en la mesa durante la cena haciendo que la sala quedará en silencio hasta que las risas comenzaron a oírse. — No, espera ¿Todos son pedófilos? — Ahora varios se ahogaron en sus risas o té, y el aire se volvió denso.
— Tsuna-chan... ¿Puedo saber que te llevo a hacer esa pregunta? — Quizo saber Fon limpiando algo de té de su ropa con la servilleta.
— Bueno, ustedes me conocieron cuando apenas tenía 8 años, y entonces decidieron que fuera su cielo (sin siquiera preguntarle si quería o mejor dicho explicarle la situación) y ya que eso significaba que bueno... Armonizaramos... — Sus mejillas se tornaron un poco rojas y la mayoría presente pensó "Que linda".
— Oh eso... Bueno, pues tus llamas eran muy compatibles con las nuestras, algo muy raro, ya sabes cuánto tiempo pasamos buscando un cielo... Además nunca tuvimos la intención de hacer nada inapropiado contigo mientras fueras una niña... — Murmuró un tanto incómodo por la conversación. — Como ya sabrás esperamos a que fueras mayor... Y estuvieras dispuesta. — Finalmente recuperó la compostura y el aire pareció volverse menos denso. — Así que no, ninguno de nosotros es un pederasta.
— Hmmm entiendo, lo siento por preguntar. — Se disculpó para luego comenzar a comer como si no hubiera pasado nada y no hubiera acusado a nadie de ser un posible pederasta.
—Esta bien… — Asintió el asiático para volver a comer y esa fue una de las cenas más tranquilas que Tsuna tuvo, si hubiera sabido que para tener una cena sin explosiones o gritos todo lo que necesitaba era acusarlos de pederastas lo habría hecho a hace mucho tiempo.
