Hola, después de tanto tiempo. ¡Cielos! Las vacaciones se han ido volando y yo he logrado descansar, organizarme y mentalizarme para el nuevo semestre, además de trabajar en ciertas cosas que me mantuvieron ocupado, cosas que publicaré en el curso de este año de 2018.
¡También vengo con nuevo capítulo! Lamento la tardanza, pero necesitaba organizar mis ideas, y lo que quiero que sepan es que esta historia no va a parar, que nos queda un largo camino, tengo muchas cosas planeadas que ya casi organicé bien, por lo que no se tensen, esta historia continua, así como la otra que tengo de Date A Live.
Muchas gracias por sus reviews, por leerme, por seguirme hasta aquí, porque vamos por más. Espero tener un capítulo pronto, espero que este les guste y un review sería maravilloso.
Este maravilloso mundo
Capítulo 20: Amor de verdad.
La vida nos ofrece momentos, en su mayoría, rutinarios; después de unos años todo se vuelve de esa forma, incluso si se trata de la vida de un aventurero, pues hasta las aventuras llegan a ser normales alguna vez. Sin embargo, hay días en los que la vida nos sonríe y conocemos a alguien, alguien que tal vez podría ser un amigo, alguien en quien confiar, alguien con quien hablar, con quien compartir y con quien vivir.
Las oportunidades aparecen cada tanto y muchas veces están disfrazadas de cosas que esperas, cosas que están bajo tu control, situaciones en las que necesitas ser políticamente correcto, como si alguien fuera a señalarte, como si tomar lo que quieres fuera ilegal solo porque, tal vez, pueda ser de alguien más.
Claro, esto es un hecho en la mayoría, ¿y la minoría? ¿Ellos qué? ¿Gozan de tantas oportunidades como todos los demás? La realidad es que todos somos un mundo que hay que descubrir y por ende, una caja de sorpresas.
Y así, él y ella parecían estar en otro espacio, diferente de la mayoría.
Un chico confundido por las acciones de una amiga, impresionado por el cambio; una situación ordinaria, pero especial. Una chica presa de sus sentimientos con la necesidad de ser querida, como el perro callejero que quiere irse con la primera persona que le ha mostrado la bondad que hay en una buena acción.
Dos personas que se habían conocido por casualidades del destino, porque lamentablemente, eran piezas en un plan mucho más grande de lo que ellos podían pensar, tanto así que ni siquiera lo podían decir a nadie; hay secretos que deben ser enterrados por mero sentido común, y este era uno de ellos.
Dos personas que tenían alguien que querían y algo que los retenía de cumplir con sus deseos, de tomar lo que querían, de hacer caso a sus impulsos y no a la razón, de probar suerte con el costo de la oportunidad.
Más no este día. Esta vez fue imposible para ella, porque cuando eres de la minoría, sabes cuando las oportunidades no se repiten, salvo en contadas ocasiones en las que parece un milagro, pero cuando eres de la minoría, el tiempo es muy importante. Y escaso.
Mukuro no sentía el tiempo pasar mientras estaba besando a Shidou; él la tenía en sus brazos, tomándola de la cintura, como si fuera una bailarina y sus labios demostrando su amor, el compromiso que tenía con los labios de ella por no querer separarse.
El tiempo no existía, su cuerpo parecía estar en modo automático al rodearlo del cuello con sus brazos para evitar que él se fuera, no lo quería soltar, y por cómo estaba actuando, tal vez no lo haría. Sus labios suaves casi estaban pegados a los de Shidou, con cada movimiento rápido, porque era un vaivén lento y rápido en ocasiones, podían oír el ruido de sus respiraciones, el ruido de sus bocas al moverse con sincronización, como si ambas estuvieran danzando.
Las mejillas de la joven educada y callada, encendidas levemente, como si tuviera fiebre, sus ojos estaban cerrados, disfrutando del momento, como si estuviera dormida y teniendo un buen sueño. Este momento era un sueño para ella, y si en verdad lo era, y si su mente le había jugado una mala pasada, y si en verdad ni siquiera había despertado de la cama para vivir esta experiencia, entonces… No quería despertar aún, no quería oír su despertador, anunciando que esto no había pasado, que todo era una ilusión.
Tuvieron que separarse, solo para que la chica agachara la cabeza y tomara algo de aire, pero sin exageraciones. Tan solo lo hizo, su quijada fue tomada suavemente por la mano del chico, quien le alzó el rostro para besarla de nuevo, ella pudo ver que los ojos de Shidou no eran del todo normales, pero decidió hacer caso omiso, siguió compartiendo su amor con él, deseando cada vez, un poquito más, así, lento… Cada vez un poco más.
Estaban en un lugar público y las mujeres mayores miraban a la pareja con algo de asombro, pensaban que los adolescentes de ahora eran muy abiertos con sus sentimientos, incluso en público. Bueno, un beso no era algo para hacer escándalo, excepto cuando uno quiere hacerlo.
—¡Vaya, vaya, que parejita! —dijo un chico en tono sarcástico, pero ya era mayor de edad, igual que su compañero, ambos solo pasaron al lado de Shidou y Mukuro.
—¡Hay un hotel por aquí cerca! —Mukuro enrojeció y se separó de Shidou, aunque él no estaba avergonzado, aun así agachó la cabeza.
—¡Jajaja! —Rieron ambos chicos al ver que lograron su cometido y siguieron su camino riéndose más bajo.
—Lo siento, Shidou-san… Se supone que ya debía de irme… —dijo sonrojada de vergüenza y sin verlo por lo mismo, pero él la tomó de las mejillas para verla a los ojos—. Shidou-san…
Susurró su nombre, se impresionaba de los ojos color miel del chico, rodeados por una tenue luz rosa, él tenía una expresión diferente de todas las que había visto en su rostro, no había vergüenza, tampoco nerviosismo, no era preocupación, era algo más.
—Tienen razón —dijo con algo de seriedad al verla sin parpadear siquiera—. No tenemos por qué seguir aquí, por favor, aún no te vayas, yo quiero…
—¿Sí? —preguntó en un susurro, mientras él seguía teniéndola en sus brazos.
—Yo te quiero, Mukuro-san —dijo finalmente y tomó sus manos ahora, ella se sonrojó de nuevo por eso, él ya no parecía dudar en nada de sus acciones—. Vámonos.
Sonrió con confianza y sin perder más tiempo, aunque sin sentirse obligada, fue jalada suavemente por él para que le siguiera a una parte del centro comercial en el que aún estaban.
—Um, ¿Shidou-san? ¿A dónde…? —preguntó y él giró media cabeza para sonreírle de forma un poco traviesa.
—Ya lo verás, ¡corre! —dijo un poco divertido y ambos corrieron, Mukuro dejó de preocuparse y sonrió cálidamente.
Por un momento, pareciera que volvieron a ser niños. Llegaron a una tienda que vendía muebles y muchas cosas para el hogar, teniendo dos plantas y siendo un lugar grande, con pocas personas a cargo, podrían husmear sin que nadie les dijera nada.
—¿Shidou-san? —preguntó Mukuro, aun sonriendo levemente, cuando él se detuvo, observó los distintas salas, mostrando diferentes sillones, mesas y algunas pantallas en exhibición.
El joven parpadeó un par de veces y su sonrisa fue haciéndose un poco más minúscula, así como sus cejas fueron agachándose un poco, como si hubiera recordado algo bonito.
Entonces, el chico soltó a Mukuro para dejarse caer en un sillón, sonrió por la comodidad.
—Ven, está muy cómodo, tu cuerpo se hunde un poco de lo suave que está. Ven —dijo al ofrecerle la mano.
—¿Está permitido hacer eso?
—Es para todo público, Mukuro-san. No te preocupes, yo me haré responsable de toda culpa —dijo con una pequeña sonrisa, ella confió en él y se sentó a su lado, hundiéndose un poco—. Jaja, te lo dije.
—Ahh —dijo al hacer su cabeza para atrás y con las manos extendidas a lo largo del sillón, podía fácilmente alcanzar el hombro más alejado de Mukuro si quisiera, pero no lo hizo—. ¿Sabes? Cuando empecé a vivir con mi familia, fui entendiendo muchas cosas que ignoraba o que no imaginaba. Y creo que entendí que el hogar era más que un lugar donde dormir, en el que había una sala como esta, una cocina completa, habitaciones, baños, tal vez un jardín, tal vez también habría un gato…
Sonrió con nostalgia, Mukuro le escuchaba atentamente, pero luego ella sonrió un poco.
—Yo pienso que un hogar es donde están todas las personas que quieres, Shidou-san. Tal vez esté equivocada, sé que esa no es la definición de hogar, pero no lo sé, los conceptos no son muy claros en la realidad.
Shidou volteó a verla con una sonrisa, Mukuro lo hizo un momento después, ambos compartieron sonrisas de complicidad, hasta que él la abrazó de repente y ella se sonrojó, para terminar sonriendo y poniendo las manos encima de su brazo, pues había sido un abrazo cariñoso y fuerte.
«Sí, yo también lo pensaba así, aunque un poco diferente». Pensó el chico, sin mucha claridad, porque en sus recuerdos se veía caminando con su familia, pero a Kotori recordaba saltando hacia un sillón para decir que era mejor que el que tenían en casa y a Shidou siendo un participante más en su exploración, pues eran unos niños en una gran tienda de cosas en ese entonces. «Aunque no fue en ese entonces».
Shidou era un hombre y como tal, su pensamiento era diferente al de las niñas, tal vez un poco diferente a la mayoría porque era un huérfano y por lo mismo, especial. Con la inclusión de sus padres adoptivos a su vida y a la de su hermana, además de Kotori, su idea de hogar se había transformado en lo que en verdad era para él: vivir con la familia.
Pero en secundaria, cuando pasó nuevamente por esa tienda por solo ver que había de nuevo, era más grande, más responsable, ya era de la familia y esto era normal para él. Pero esto era una mentira y él se reservaba la verdad para su mente; aunque ahora esta misma le jugaba trucos y le escondía la verdad del pasado.
Se imaginaba tener una casa, tal vez como en la que vivía, la verdad, eso no era importante, más que el cuarto principal y la cocina; esta tenía que ser buena. Prepararía comida para dos, enseñaría a cocinar a alguien que siempre era un poco torpe para aprender, pero que se esforzaba y que siempre le hacía caso. Había sido por casualidad y por apoyar a alguien necesitado cuando la conoció, y luego ya no la soltó.
Y sus padres eran un ejemplo en esto. El hogar no era para la familia en esa época, era para compartirlo con la persona que amas.
—Me gusta mucho estar contigo, Shidou-san —dijo Mukuro, mientras seguía siendo abrazada por él, pero el joven de cabello azul tenía en mente a alguien más, alguien que le decía "te quiero" en sus recuerdos—. Eres muy cálido, amable y bueno conmigo, no me siento sola. Gracias por ser así conmigo.
—Yo también te quiero —dijo al perderse en sus ilusiones, así como el tono de sus ojos volvía a retomar el brillo normal—. Te quiero, sin importar nada.
Shidou pensó en esa chica que siempre ocupaba sus pensamientos, ya sea por preocupación o por cariño, porque lo había ansiado desde hace años, porque de que los demás supieran sus pensamientos cursis… Hasta él mismo no entendía qué le pasaba en esa época, ¡y tampoco lo entendí ahora, años después!
Estúpido amor.
—Shidou-san… —dijo ella al separarse un poco de él, para verlo a los ojos de nuevo, pero la expresión del chico estaba diferente.
—¿Sí? —preguntó un poco cansado.
—Tú… Nunca vas a olvidarme, nunca vas a dejarme sola, ¿verdad? Tú qué sabes lo que eso significa… Yo también te entiendo y no dejaría que te sintieras solo, ni abandonado, porque te quiero, Shidou-san —dijo al tomarlo de las mejillas, sus ojos brillaban con ilusión, él estaba un poco confundido, pero entre más la veía, más claro se volvían sus sentimientos—. No dejes sola a Muku, por favor…
—Yo… no haría eso, Mukuro-san. Yo nunca… —dijo al acercarse para besarla con más velocidad que antes e incluso la tiró en el sillón, pudo sentir la suavidad de su pecho, pero eso no le importaba, solo quería estar cerca de ella, besarla, darle cariño, no hacerla llorar.
—Shidou-san, no podemos… Mnnn… Seguir así… Mnnln…
Sensaciones extrañas le recorrieron el cuerpo mientras Shidou seguía conquistando la boca de Mukuro sin detenerse, sin hacer caso a las advertencias, su lengua era un niño explorador. Sus manos eran sus ojos, como si fuera un ciego, iba tentando el cuerpo de la chica, comenzando por su hombro, para bajar por su axila y luego a su pecho, muy suavemente, como sin querer asustarla, sin querer dañarla.
Parar. Parar. Esto era más de lo que se podía esperar.
No.
Ella puso las manos en su espalda e hizo leves gemidos que nunca había hecho en su vida, estaba más sonrojada que antes y Shidou seguía lento con sus manos, más rápido con su lengua y perdido en sus sentimientos.
«Te quiero, te quiero». Pensaba ella mientras usaba torpemente su lengua y con timidez, porque no sabía lo que estaba haciendo, tampoco lo que pasaba a su alrededor. Pero ellos estaban en su mundo, en su espacio, exterior a todo a su alrededor. «Te quiero».
—¿Sigues pensando en que voy dejarte sola como la familia que nunca conocimos? —preguntó él cuando se alejó de ella, respirando por la boca y mirándola con seriedad, ella derramó unas lágrimas mientras sonreía, con un sonrojo en las mejillas, negó con la cabeza.
—No, ya no tengo dudas.
—Bien. —Sonrió con confianza y le dio un beso en la boca de nuevo, para luego levantarse y tomarla de la mano, para salir de ahí, aunque ambos estaban sonrojados de las mejillas—. Algún día… Voy a volver a aquí…
—¿Compraras algo para tu casa?
—No será solo mía —dijo al girarse para verla con una sonrisa, pero él se giró rápido al frente, Mukuro no entendió lo que quiso decir, estaba demasiado avergonzada por el beso anterior.
Cuando salieron del lugar, Mukuro revisó su celular para ver que ya era tarde y que tenía mensajes de su hermana de que si volvería pronto. Ella le dijo a Shidou, él se mostró un poco triste por la noticia, pero sonrió un poco.
—Aún quiero estar contigo… —dijo un poco triste, ella se sonrojó un poco por eso.
—Debo concordar —dijo con un tono feliz en su voz mientras seguía tomados de la mano y viéndose a los ojos—. Pero… ¿No estarán preocupados por ti?
—Pueden sobrevivir sin mí.
—Shidou-san, no digas eso. Tengamos otra cita, cualquier día que puedas.
—Está bien, ya te diré cuándo —dijo un poco decepcionado—. Te acompaño a casa, no deberías de regresar sola.
—Con gusto acepto tu invitación —dijo con una sonrisa y al juntarse a su brazo, mientras se tomaban de la mano, caminaron hacia el metro.
Cuando llegaron a la casa de Mukuro, Shidou ni se dio cuenta, ni miró la casa de la chica de cabello de oro. Solo tenía ojos para ella, aún no quería dejarla, sin importar que su celular tenía varios mensajes de sus hermanitas. Sin importar nada.
—Shidou-san, gracias por acompañarme y cuidarme hasta este punto.
—Es que no quiero despedirme…
—Nos volveremos a ver, Shidou-san, para ser honesta, yo tampoco quiero alejarme de ti, no sentí el tiempo pasar.
—Tampoco yo —dijo con una sonrisa de cómplice, ambos sonrieron por un momento—. Creo que tú me entiendes perfectamente, Mukuro-san. Yo siempre soy amable con todos, creo que trato de entender a los demás para ayudarlos, para ser paciente y amable… Esperando recibir el mismo trato…
Shidou pensó amargamente cuando estaba en la azotea con la chica de cabello blanco y con Tonomachi, ambos sus mejores amigos, aunque ella tenía un plan más alto, uno que no había sido correspondido por la chica en cuestión.
—Pero no lo recibí de verdad —dijo con una sensación agridulce—. Supongo que hay personas que nunca me van a entender.
—Pero yo sí —dijo ella al darle un beso en la boca y se separó lentamente de él, sonriéndole cálidamente, Shidou se sintió mejor—. Así que no tienes por qué buscar que te entiendan, yo estaré siempre contigo.
—Tú también puedes contar conmigo, Mukuro-san.
Ambos se despidieron, prometiendo volver a verse y comunicarse para llegar a un acuerdo para la cita siguiente. Felices por la cita de hoy, por todo lo que se dijeron, parece que ambos habían deseado tener esto desde hace mucho tiempo, y ahora sus emociones habían explotado, no había vuelta atrás, aunque Mukuro tendría que despertar de eso, sobre todo cuando se encerró en su cuarto, después de avisar que había vuelto de su salida.
—Muku, la curva que hacen tus labios no ha cambiado en un mucho tiempo.
Esa voz retumbó en su mente, cambiando su expresión por ligera sorpresa mientras se quitaba la ropa para cambiarse por unas más cómodas. Ella sonrió.
—Muku está muy feliz, Mikael. Después del día que fui adoptada, este es un día realmente feliz, quiero demasiado a Shidou-san. ¿Es malo?
—Muku está más extraña que nunca. No entiendo. Unieron sus bocas y juntaron sus cuerpos, ¿eso es felicidad?
Mukuro hizo una risita, pero al estar desnuda y con la ropa en sus manos, juntó está a su pecho y cerró los ojos.
—Solo si es con Shidou-san, si es con él… Eso es felicidad y amor —dijo con suavidad, aun se sonrojaba levemente—. Cuando lo sientas, entenderás. No tengo palabras para explicarlo, Muku lo siente, Mikael.
Mikael dejó de escucharse después de eso, ella se recostó en su cama, recordando la sensación de estar en sus brazos, de ser abrazada, de ser besada por el joven, de tan solo estar mirándose a los ojos.
—Muku debe descansar. Usaste los poderes sin saberlo, no pude hablar con Muku mientras estabas en tu cita. Muku se sentía lejana.
—Lo siento… Pero, al menos este día… Muku quería ser feliz. No me arrepiento de nada, aunque sé que está mal. Pero me alegra…
—¿Qué?
—Me trató diferente que a su amiga, incluso si solo es mi imaginación, aun así… Quería que me tratara diferente, de una forma… especial —dijo con culpa—. No quiero ser la sombra de esa chica. Quiero ser especial para Shidou-san, está bien, no volveré a usar mis poderes, quiero que él me quiera de verdad, quiero estar siempre con él, si es posible… Quisiera tener una familia con él. Todo esto es estar enamorada, Mikael.
—¿Necesidades muy importantes? —Ella negó con la cabeza.
—Lo que hago con tus poderes, sin tener que tenerlos, sin exagerar. Amor de verdad.
Mukuro se acostó a dormir para no gastar más energías, lo haría hasta que fuera hora de cenar o tal vez su familia le dejaría descansar al verla dormida como un ángel. Lo que sea que hubiera sido, ella no lo sabría.
Pues abriría los ojos en la mañana, a buena hora, con el cuerpo descansado, con buen humor por la cita que había esperado tanto, hoy era domingo y podría dormir un poco más, luego estaría con su hermana y su familia, quería contagiar su buen humor, algún día invitaría al joven Itsuka a su casa, cuando tuvieran un amor de verdad, cuando ella no estuviera en peligro de muerte, cuando no pasaran más cosas raras.
Pero sin saberlo, esa fecha estaba retrasada.
—¿Nee-san? Hey, Nee-san… —dijo una voz algo preocupada y apurada, movía a su hermana quien seguía durmiendo.
—Ah… Perdón, ¿me quedé dormida mucho tiempo? —preguntó tallándose los ojos, con una pequeña sonrisa, nada le bajaría de su humor.
—No lo sé, pero creí que habías dicho ayer que tenías que salir hoy —dijo algo confundida, para dejar su cama e ir a la puerta—. Bueno, yo sí tengo que salir hoy, así que…
—Pero hoy es domingo, eso fue ayer —dijo con una sonrisa—. Y me divertí mucho, se me olvidó decirte.
—Ayer no saliste —dijo al mirarla con diversión—. Creo que aun estás muy dormida, tal vez deberías lavarte la cara. Bueno, voy a salir, y para tu información, hoy es sábado. ¡Nos vemos!
Mukuro se quedó en blanco por unos momentos, pero cuando revisó el celular no se centró en la hora, sino en la fecha. Era sábado. Aún era de mañana. Aún tenía tiempo para su cita con Shidou.
Aún eso… ¿No ocurría?
«¿Qué significa esto?»
¡Hasta aquí! Capítulo larguito para una larga espera, pronto tendré otro para este fic o para el otro que se llama Mina de Historias, también de DAL, espero lo lean si pueden, porque son historias diferentes en las que juego mucho con cambiar las cosas para lograr unas parejas que nunca había usado.
Espero que les haya gustado mucho, que estén bien y nos vemos en el siguiente.
