¡Hola a todos! Les dije que el siguiente capítulo sería pronto y gracias a dios, en mi último día de vacaciones, lo hago realidad. Creo que muchas personas quedaron confundidos con el final del anterior capítulo, no es que yo sea en troll, Jajaja, eso estaba planeado desde el capítulo 14 o por ahí, y las explicaciones de lo que pasó empiezan desde este capítulo que espero les guste mucho.

Restia32, ¡un placer tenerte aquí! Muchas gracias por comentar, sí, sé que parece una trolleada total, pero aquí las cosas tomarán sentido, ya verás.

ItZKaiSord, gracias por leerte toda la historia hasta el momento en tan poco tiempo, de verdad, ¡gracias! Sobre el final de la cita, aquí sabrás qué pasó o podrás intuir que pasó. Espero que te guste mucho la historia a partir de este momento.


Este maravilloso mundo

Capítulo 21: Antecedentes

Los ojos dorados de Mukuro no daban crédito a la fecha en su celular, la garganta se le secó e irónicamente, empezó a sudar de su cabeza y de las manos, mientras sostenía el aparato. Parpadeó un par de veces y se llevó la mano al pecho, pensando aún en lo que había pasado ayer.

Porque fue ayer, ¿no es así? Hoy era domingo, hoy tenía que ser domingo, no podía ser, lo recordaba a la perfección; lo ansiosa que estuvo toda la semana esperando el día acordado, el tiempo que dedicó a bañar cada parte de su cuerpo, el tiempo que tardó en arreglarse para su primera cita, el nerviosismo que compartían, el cómo habían manejado la situación, el cómo ese chico y ella se habían confiado secretos personales de sus sentimientos.

Su corazón dolió y cerró los ojos al mismo tiempo que agachaba la cabeza.

Confió en él, ofreció su corazón y fue aceptada, se le fue prometido que no importa lo que pasara, él estaría ahí, a su lado, como quien hace promesa a un amigo. Y lo que pasó después fue lo más hermoso del mundo para ella, fue algo que, de repetirse, quería que fuera en serio, un amor de verdad.

«Shidou-san». Pensaba en él, recordaba sus gestos, sus reacciones, las cosas lindas que le dijo, la forma en la que él pensaba, las opiniones, las palabras cariñosas, su amabilidad y su amor también.

Pero los recuerdos se partieron en mil pedazos, justo como su control. ¿Había sido todo una ilusión? Eso era imposible, no había fuerza en este mundo que pudiera haber hecho eso, sin embargo, una vez más, por obra del destino, una situación desafortunada y hasta macabra se cernía en ella, en su vida.

Gotas cristalinas cayeron en su cama, haciendo un ruido silencioso que no alertaba a nadie, ni a ella misma de su situación. Pero al parpadear, con la cabeza abajo, su cabello tan largo que le caía por el rostro, se pegó a su cara mientras sollozaba y apretaba su celular con fuerza y lo pegó a su pecho.

Esto era injusto, ella no estaba loca, no podía haber sido su imaginación.

—¿Por… qué? Puqué… —Estaba sollozando tanto que no podía hablar bien, sus lágrimas no paraban y a pesar de que tenía los ojos cerrados, lograban escapar, era una fuente de lágrimas. «¿Por qué? ¿¡Por qué me pasa esto?! ¿¡Por qué?! No puede ser, ¡no puede ser!»

Mukuro se quedó llorando sola por unos minutos, minutos que no tuvieron importancia en su tristeza, también hablaba como una tartamuda y la pregunta era siempre la misma. ¿Por qué la vida le hacía esto cuando había sido tan feliz? ¿Por qué?

¿Por qué Muku llora?

Al escuchar esa voz en su cerebro, los ojos de ella finalmente se abrieron un poco, pero estaban un poco rojos, cristalinos, tan mala era la vibra que parecían dos cristales destruidos. Soltó el celular para limpiarse las lágrimas con sus manos, hasta que se cubrió con ellas.

—N-No… ¿No lo… entiendes? —preguntó, intentando controlar el tono de su voz y jaló algo de aire, intentando recuperarse, pero le llenaba de tristeza la situación.

No entiendo. Hablaste de lo bonito que era el amor hace unas horas, un sentimiento que no podré entender a menos que lo sienta, eso es lo que me dijiste.

—¿Hace… unas horas? —preguntó muy confundida y se levantó, aun con dolor de cabeza y de garganta, para revisar su armario, ahí estaba la ropa que se había quitado, intacta, sin usar—. No es cierto, Mikael… Fue… Todo fue… un sueño…

Derramó lágrimas de nuevo y se arrodilló ante su ropa, luego arrastró las rodillas hasta su tocador, donde estaba su peine, maquillaje y accesorios, no importa cuánto esculcó, ahí todo estaba sin usar y no había nada nuevo.

No fue un sueño, en realidad solo han pasado unas horas desde que estabas dormida.

—Por favor, deja de engañarme, Mikael. Déjame sola… No han pasado unas horas, en realidad… ¡No ha pasado nada, esa es la verdad! —dijo al taparse la cara con lágrimas en los ojos.

Mikael no podía sentir nada, pero al estar dentro de ella, muy cerca de su alma, pues una fina capa invisible se oponía a que ambas se solaparan, los sentimientos fuertes eran sentidos como vibraciones acompañadas de sensaciones que indicaban una señal de alerta para él.

Algo en ella se cuarteaba, justo como todos los seres cuando sufren, el sentimiento es tan fuerte y horrible que el cuerpo no lo soporta, entonces lo libera en forma de lágrimas, de dolor, en rabia, había tantas reacciones, pero el ángel, como huésped en su cuerpo, solo había visto dolor y lágrimas, además de negación a sentirse mejor.

Había estado cumpliendo con su tarea de estudiar las emociones humanas, gracias a la cercanía con Mukuro, lograba tener una idea de que su alma le ardía, esta sensación quemaba, era incómoda.

No llores, Muku. Algo está ardiendo dentro de ti y te está lastimando. Muku está herida. Muku debe descansar y curarse.

—No puedo… —susurró aun llorando—. N-No puedo… Ya no quiero… Sufrir más…

Mukuro tomó aire y se calmó, se quedó sin parpadear al alejar lentamente las manos, su ángel había tomado el control y con eso pudo darse cuenta de otras cosas diferentes a las habituales. La humedad en sus manos era distinta, eran tibias y el cuerpo las absorbía, su garganta presentaba problemas y en su corazón había un ardor inexplicable. Sus fuerzas estaban disminuidas.

—Muku no llorará más —dijo con voz dolida, pero fría—. Llorar es doloroso, todo tu cuerpo se debilita, pero no lo puedes evitar. Muku no debería de llorar.

Pero todos lloramos, son nuestros sentimientos incontrolables las causas, pues el llanto no es por una razón unilateral.

Mukuro se quitó toda la ropa, no se limpió las lágrimas y sus ojos seguían rojos, pero tomó su celular para revisar la hora, no era tan tarde, Shidou aún no había dado señales de estar listo, ni del lugar al que irían. Aunque ahora entendió lo que quería decir la joven de cabellos rubios.

Se giró afuera, era de día, había sol y un buen clima. Esto no podía ser posible, excepto para Dios. Y algo más.

Un error.

—Muku, no fue un sueño —dijo con voz fría y un poco preocupada, luego entró al baño y dejó que le agua le cayera encima para limpiarse todo—. No fue un sueño.

Mukuro cerró los ojos y puso las manos en la pared, así como agachó la cabeza, todo su cabello se le pegaba a la cara, a los pechos, mientras el agua fluía por la regadera.

Dentro de sí, Muku estaba desnuda, abrazándose las piernas, en posición fetal, su cabello le cubría bastante del cuerpo, como si fuera una sábana, sus ojos tampoco eran visibles del todo y se confundían con el brillo de su cabello.

Su propia voz retumbó en el lugar, pero esta era fría y sin emociones, era la voz de ella usada por su ángel. Y aunque comprendió el mensaje, no quería escucharlo, todo esto era como una anulación a su felicidad, a la confianza que le dio al chico, había sido real para ella, pero no lo era. Las pruebas lo demostraban. No había pasado nada.

«Muku»

Ella alzó el rostro, cubierto por su cabello, Mikael parecía serio.

«Muku, no fue un sueño. Yo nunca estoy en tus sueños por el bienestar de Muku». Ella abrió los ojos con ligera impresión y con una pizca de esperanza.

Entonces, fuera de sí, ella abrió los ojos de nuevo, con un brillo en ellos, estaba bañándose.

—Es cierto… No pudo ser un sueño, entonces… ¿Qué ha ocurrido?

Todo ha pasado, todo lo que recuerdas, todo es verdad. Pero el día se repite.

—¿Cómo? —preguntó con más preocupación—. ¿Un ciclo? Pero… Se repetirá varias veces, ¿cómo es eso posible? Tú no puedes hacer eso, ¿o sí?

Estaba cada vez más sorprendida, pero también había una bandera de alerta en su cerebro, ¿estaría siempre atrapada en un ciclo sin fin?

Está prohibido.

—¿Alguien está usando los poderes de un ángel para hacer esto? Pero dijiste que… Los poderes se manifiestan sin nuestro conocimiento, sin saber ni siquiera que no nos pertenece, ni ha sido una bendición, ni ningún caso —explicó muy confundida—. ¿Cómo es esto posible y por qué?

No lo sé. Y no estoy seguro de que alguien pueda controlar tal poder, es cierto que uno de mis hermanos se le es permitido manipular el tiempo del universo. Zafkiel.

—¿Zafkiel hizo esto? —preguntó y negó con la cabeza.

No lo tiene permitido, a menos que sea necesario, no es voluntario. Y sí lo fue, es que algo que no debería haber pasado, sucedió.

—No lo entiendo… Aunque no lo sé, yo tuve una cita con Shidou-san y no supe nada más que eso. ¿Qué pudo haber pasado para que interviniera?

Es difícil de explicar y los humanos no deben de saberlo.

—Discúlpame, pero estoy muy confundida.

El día se repite, no será un ciclo como Muku piensa. Pero también existe la posibilidad de que un humano haya hecho esto con el poder de un ángel dentro suyo, y ese ángel debe ser Zafkiel.

—¿Y qué podemos hacer? —preguntó un poco asustada—. Un poder como ese… ¿No es peligroso?

Muku debe vivir este día otra vez. Y Muku no debería de llorar de nuevo. —Ante sus palabras, ella sonrió ligeramente y juntó sus manos en su pecho para cerrar los ojos.

—Mikael, gracias por preocuparte por Muku.

Lo siento. Esta vez podría ser cualquiera y solo Muku sabe que este día ya sucedió. No debes decirle a nadie que el día se ha repetido, podría afectar el curso del tiempo y el humano que causó esto, podría hacerlo también.

—¿Y a Shidou-san? Él salvó a Kanade-san y se ofreció a ayudarnos si esto pasaba de nuevo, aunque no conozcamos al portador de Zafkiel, Shidou-san podría ayudarnos —dijo con esperanzas, después de lo ya vivido, incluso si él no lo recordaba, confiaba plenamente en él.

Pero su ángel guardó silencio, cosa que preocupó a Muku. El ángel había observado a Shidou hacer cosas que no entendía, había logrado que su amiga abandonara el conocimiento absoluto de todo, incluso lo más secreto: los pensamientos. Lo había hecho con sus palabras, con sus acciones y con sentimientos que un ángel no poseía.

¿Podría ayudar a alguien que controla el tiempo? ¿Podría alejar a esa persona de poder tan preciado? Shidou era humano y de repetirse este día, aun si pedían su ayuda, no lo recordaría, no sentiría que todo está mal. Aun sabiendo eso, Muku parecía no dudar de él, ¿podría con semejante tarea?

No estaba seguro.

Vive este día otra vez, Muku. —Ella agachó un poco la cabeza—. Y no digas nada, vive este día justo como ya lo viviste.

—No puedo hacer eso y sé que, aunque no lo entienda y tú tampoco me entiendas, no puedo simplemente ignorar que estoy repitiendo este día y que deba hacer todo lo que hice. —Ella negó con la cabeza con los ojos cerrados, luego hizo una pequeña sonrisa—. ¿Recuerdas lo que te dije? Quiero ser especial para Shidou-san, estos sentimientos no han cambiado, ni tampoco mi confianza en él, ni que he abierto mi corazón a él, y eso lo haré de nuevo, porque él no recuerda que eso ya lo hicimos, pero… Perdóname, Mikael, permíteme desobedecerte esta vez, porque no usaré mis poderes con él de nuevo, quiero que él me ame de verdad, y quiero ser sincera con él. Es lo correcto y es lo que quiero, así que…

Está bien. Muku no debería usar mis poderes, en ninguna circunstancia. Eso es un error y es malo para Muku.

La joven sonrió, mucho más tranquila y se alejó un poco de la pared, para hacer una reverencia de gratitud. Hoy viviría este día otra vez, volvería a abrir su corazón a Shidou, así como confiar en él, pero sería de forma sincera hasta el final de la cita, sin trucos, sin poderes.


Por otro lado, ayer las cosas no habían sido tan felices para todos, Shidou había cambiado de parecer muy rápido con respecto a Kanade, así como tuvo una cita con Origami de último momento, Tonomachi y Kanade saldrían a una obra de teatro y Shidou había rechazado la oferta por la cita con Mukuro, en la cual ya estaba un poco tarde. Pero él no era el único importante y no era el único en sufrir.

En la soledad de su habitación, cuando regresó de comer, se instaló en su cama, tenía una partida muy avanzada en su consola portátil, era un nivel difícil que le llenaría de adrenalina, pero bien sabía que no podía hacerlo sola y que el sábado su amiga vendría, pero nada de eso importaba en verdad, porque esa reunión era como el momento feliz después de la hora oscura.

Y esta era la hora oscura. Recordando algo que siempre podía tener presente, pero prefería no hacerlo porque le causaba dolor, por una herida que jamás iba a borrarse.

¡No entiendes nada! —dijo enojada y derramando unas lágrimas de sus ojos, de un movimiento brusco, hizo que él le soltará, él intentó acercarse, pero se ganó una cachetada de una chica enojada y con lágrimas corriendo por sus mejillas—. No tengo madre, cuando nací, ella no estaba. Y muchas veces no tengo padre, no sé cómo, pero de alguna manera tengo… Tengo casi todo lo que puedo aspirar, al menos en mi cumpleaños, pero ese día me lo arrebataste, incluso a mi padre… Fue convencido, no sé por qué… Yo no quería darte nada, ¿cómo podría? No eras nada de mí, ni lo eres ahora…

Kurumi-sa…

¡Cállate! —gritó más fuerte que antes y apretando los puños, con la cabeza agachada, él solo tembló ligeramente mientras la voz de ella estaba rota—. Cállate… Y sé feliz con el regalo de alguien más que… Para tu suerte, te lo "regaló" con toda la intención, porque eso es lo único que tú… Entiendes…

Kurumi se dejó caer en su cama y esta hizo ruido, tenía la misma edad que ella, así como la mayoría de sus muebles eran viejos y seguían en servicio, que las cosas tronaran un poco era normal para ella, esto incluía la vida misma, su autocontrol.

Las cosas son muy frágiles para ciertas personas.

Veía girar el ventilador en su techo de color blanco, debido a sus cortinas carmesí, adentro parecía un completo atardecer, pero este ambiente de luz tenue le agradaba, reflejaba sus sentimientos y le recordaba que ella era como un atardecer; algo que anuncia que la noche está a punto de apoderarse del mundo, algo que nos dice que la luz del día está por terminar, un fenómeno natural.

—No era por el gato… Imbécil —susurró con enojo y tristeza, pero era retenida fácilmente—. Nunca serás mi amigo, no lo necesito, ja…

Sonrió un poco por su pensamiento, pero era una sonrisa amarga, pensó en el pequeño Satou que conoció en la tienda de mascotas, recordó que venía acompañado de su madre, alguien que ella no había conocido nunca y las fotos eran escasas, solo estaba la de la boda y fue un regalo de su padre en su cumpleaños.

Tener y no tener.

Recuerdos. No sabía por qué no tenía acceso a ellos por parte de su padre, solo en los cumpleaños. El día de las madres no sabía si comprar flores blancas o rosas, para la madre que nunca conoció. Cuando le vino la menstruación, dolió y sufrió, pero fue peor que se lo callara porque no tenía a nadie a quien recurrir, ¿su padre? Bueno, hay cosas que no se dicen. Él se dio cuenta por el papel de baño y le hizo sentir mejor con su buen humor para afrontar las cosas.

Nadie de sus compañeros podría sentir la mitad de lo que ella sentía al saber que su madre ya no estaba más, y lo peor de todo: no saber la razón. Aún le quedaba su padre, porque sí, él era su padre y es todo lo que le queda. Todo.

Y ese todo le dio su regalo de cumpleaños a otro niño, el cual no era nada de él. Kurumi apretó las sabanas rojas de su cama y frunció el ceño un poco, así como giró su cabeza a un lado, viendo su tocador, una lágrima resbaló de su ojo rojo, en estos se reflejó parte del espejo, pero lo que ella estaba viendo era a un hombre y una mujer, besándose. La foto estaba pegada con cinta adhesiva al espejo.

«No». Cerró los ojos y las lágrimas pararon. «Nunca vas a entender».

—Toc-Toc —dijo su padre el abrir la puerta, ella se limpió la cara con las manos, pero siguió en su misma posición.

—¿Quién es? —preguntó con la voz algo ronca.

—Quien te conoce al derecho y al revés —dijo con una sonrisa, intentó sonar divertido, pero su hija apenas hizo una risa ahogada—. Alguien no se ha cambiado de ropa y alguien irá a dejar ropa a la lavandería cercana.

—Creo que ese alguien tendrá que esperar —dijo con diversión y viendo hacia el ventilador, con una sonrisa burlona. Pero su padre suspiró para sentarse a su lado y le quitó una de sus medias negras con velocidad—. Oto-san.

—¿Sí? —preguntó mientras le quitaba la otra media, ella se dejó y no lo miró—. ¿Qué pasa?

—Mañana vendrá alguien a casa, una amiga. Y como buen padre, debo ser una buena anfitriona, eso quiere decir que necesito dinero —explicó con una pequeña sonrisa y con ligero sarcasmo.

—Qué lindo, mi hija traerá una amiga a casa, espero no tener que molestar mucho con mi presencia, bien hecho, serás toda una señorita de la casa —dijo con sarcasmo y sacó su cartera para darle su tarjeta del banco, luego le miró con una sonrisa—. Por otro lado, te vas a quitar tu uniforme, ¿o te lo quito yo?

—Pfff —dijo al sentarse en cama y verlo con una sonrisa sarcástica—. Ara, ara, ¿tendré que llamar a la policía por acoso sexual? ¿Qué será de mí?

—Jajaja.

Ambos rieron un poco después de la carcajada del hombre. Luego le puso la mano en la cabeza con una pequeña sonrisa.

—Ya te dije que tengo que ir a la lavandería, lo hago todos los viernes, así que junta tu ropa sucia y tus uniformes también, ¿o prefieres lavarlo a mano en el baño?

—No soy tan tonta, Oto-san. Ahora, si me permites algo de privacidad para la "señorita" de la casa… —Pero su padre en ese momento le besó en la frente—. ¿Uh?

—Diviértete mucho con tu amiga, hay dinero suficiente ahí para veinte pizzas o más. Y tal vez un pastelito —dijo con cierta diversión, su mano seguía en su cabeza y aprovechó para darle un golpecito con su dedo índice en la nariz de ella, quien solo bufó con cierta diversión—. ¿Hm? No es eso… ¿Genial?

Pero ella agachó un poco la cabeza, con una sonrisa amarga.

—¿No vas a volver entonces?

—Hasta el domingo, Kurumi. Pero ya eres toda una señorita, podrás sobrevivir —dijo con menos humor que antes, pero ella seguía con la cabeza agachada—. Volveré de la lavandería y luego me iré, en la noche. Si quieres, tu amiga puede quedarse todo lo que quieras, ¿cómo se llama?

«Te la iba a presentar mañana». Pensó con una sonrisa amarga, luego alzó la mirada para verle.

—¿Y eso qué te importa? —preguntó con cierta maldad fingida—. Más importante… Voy a cambiarme, así que sal de aquí, antes de que te denuncie, pervertido.

El padre solo ahogó una risa y aunque estaba triste, lo disimuló perfectamente y salió de la habitación. Kurumi se puso de pie, frente al espejo, sin sonreír empezó a quitarse el uniforme de la preparatoria Raizen, hasta que se quedó en ropa interior y se acercó al espejo para tocar la foto con sus dedos.

—Te extraño… mamá… —dijo lentamente, era extraño pronunciar "mamá" porque casi nunca lo hacía, ella se parecía a su madre, tal vez ahora más que nunca—. Hoy no volveré a tener a mi Oto-san, él se va… Y tú no estás.

Cumplió con la tarea y cuando llegó la noche, ella pensó en decirle porque estaba llorando en el baño, ella pensó en decirle que no se fuera, que ya nunca volviera a irse, que quería presentarle a su única amiga de verdad. Pero no lo hizo. Esta decisión le provocó dolor en su pecho y cuando se iba a despedir de él, hizo una mueca de dolor.

—Solo no estaré aquí una noche y todo el día de mañana. El domingo voy a volver —dijo con una sonrisa y le tomó de las mejillas—. ¿Está bien?

—¿A dónde vas? —preguntó con cierta tristeza, cuando él se agachó para estar a su altura, se dio cuenta de la pistola que llevaba dentro de su abrigo—. ¿Qué vas a hacer?

—Voy a trabajar, pero voy a volver, te lo prometo —dijo al besar su mejilla y darle un golpecito en la nariz, ella sonrió levemente—. Te amo, Kurumi.

—Y yo a ti, Oto-san —dijo antes de ver partir a su padre.

No le mencionó nada de sus sentimientos, ni que el alma le ardía cada vez que la dejaba sola y sin saber por qué. Y esa oportunidad la había dejado pasar ya. Por lo menos, mañana no sentiría la soledad en su casa, mañana podría divertirse con Kaguya, por primera vez llegaría una amiga a casa, por primera vez estaría mucho tiempo con ella y por primera vez, las cosas serían más felices que cuando se quedaba sola.


Hasta aquí el capítulo de hoy, espero les haya gustado, sí, ahora pasamos a Kurumi y hay cosas interesantes que tienen mucho que ver con lo que pasó en el capítulo anterior, así que pueden empezar a pensar en qué pudo haber pasado, aunque las respuestas estarán en el siguiente capítulo.

Vuelvo a clases mañana, martes 6 de febrero, por lo que el nuevo capítulo de este fic y posiblemente del otro que se llama: "Mina de historias", lo veremos hasta el viernes o sábado de esta semana. Saben que la universidad, como siempre, me quita tiempo, así que les pido paciencia una vez más, haré todo lo posible para actualizar en esos días de cada semana. Nos vemos.