¡Hola a todos! Sí, ya sé, debí poner este capítulo el fin de semana que pasó, pero estuve ocupado y me puse a organizar mis ideas, así como la inspiración no llegó. Por eso, hoy después de hacer la tarea temprano y lo más rápido posible, escribí este capítulo.
Muchas gracias por los reviews, espero que este capítulo les guste mucho y de nuevo, lamento la demora. Nos vemos luego.
Este maravilloso mundo
Capítulo 22: La vida en una línea.
El tiempo es una medida que nos sirve para contabilizar los hechos de forma cronológica, desde su invención, para eso nos ha servido, es algo que está siempre presente y algo por lo que siempre estamos pendientes. Nuestra vida se basa en él, sin embargo, nuestra memoria no es consciente de fechas, sino de anécdotas.
Y por esto, sabía que no era la primera vez que se guardaba las cosas para sí misma, lo que guardaba en su corazón solo lo sabía ella; sus opiniones verdaderas, sus sentimientos que lograba controlar y los deseos que nunca compartiría a nadie más, algunos de estos eran un misterio incluso para ella misma, y otros, muy en lo profundo, no quería ni pensarlos por un momento por lo nefastos que pudieran ser.
Las personas no son de escala de grises, sino de una variedad de colores y hasta sabores, solo que hay algunos que es mejor no mostrar a los demás por temor al qué dirán, incluso si es tu verdad, además de que hay otros que es mejor nunca probar.
Kurumi se preguntaba de su padre, lo había visto salir con una pistola debajo de su abrigo y tal como otras veces en las que decidió callar, no hizo preguntas, se las guardó para este momento en el que pensaba en él; era su padre, era el sostén de la pequeña familia, era su apoyo, era el consuelo más grande, el pilar que mantenía la palabra "hogar" y "familia" a flote, era todo lo que le quedaba. Y ella no sabía…
¿Sería por siempre?
«Nada es para siempre». Pensó mientras su cabeza estaba pegada a una puerta, ella estaba con una mano encima de la puerta y la otra en la perilla, sin sostenerla con firmeza, su mirada era de cierto vacío, pensar en todo esto más sus sentimientos opacos no le hacían ningún bien.
Todo estaba tan silencioso y ella parecía tan tranquila, el ambiente le absorbía. Intentó abrir la puerta a la que nunca tenía acceso, fue inútil.
Habían pasado los años y con el tiempo las cosas van tomando su lugar, con el tiempo las cosas comienzan a ser más claras y entendibles, con el tiempo hasta las peores heridas sanan y si no es así, con el tiempo, aprendes a vivir con ellas, y depende de ti si lo haces como una víctima, aun sí lo eres, o si lo haces viviendo con determinación.
Kurumi decidió vivir con determinación, teniendo leves deslices de la vida que nunca aceptó. Los anhelos de su corazón era tener una familia completa, incluso si sus padres estuvieran divorciados, eso era mejor que esto, porque la vida era injusta, porque su padre injusto, aunque sus razones tendrá, así como sus razones tendrás para tener cerrada esa maldita puerta, o eso pensaba ella.
Ella se recarga en la puerta y se desliza hacia abajo hasta caer en el suelo. Pensando y viendo a la pared frente suyo. El silencio y la soledad la acompañaban, pero se alejaron cuando sonó su celular. Al principio solo parpadeó, entonces lo sacó y le quedó viendo. Parpadeó una vez más, pero luego hizo una pequeña sonrisa.
—Buenas noches, Kaguya-san —dijo Kurumi con su tono normal y algo educado.
—Ah, Kurumi-senpai, espero no molestarla —dijo la otra con leve nerviosismo y un poco de ansiedad—. Ya he pedido permiso para nuestro encuentro, pero quiero saber a que horas iré a tu casa, y la dirección también, no quiero perderme.
—Cierto, aunque eso sería una buena experiencia, ¿no lo crees? —preguntó con ligero sarcasmo y malicia, Kaguya dio una risita nerviosa, Kurumi se puso de pie y caminó hacia la sala—. No quiero que llegues tarde, así que creo que a medio día estaría bien, no te preocupes por la comida, tendremos todo lo que queramos.
—¡Oh, cheque en blanco! —contestó con felicidad, Kurumi se recostó en el sillón con una pequeña sonrisa—. Ejem, es decir, lo que se esperaba de mi maestra, ha pensado en todo. Voy a llevar mi consola portátil y varios de mis juegos, te podría prestar alguno, por si cubre sus gustos excepcionales.
—Espero que traigas una buena mercancía, Kaguya-san, no aceptaré cosas de baja calidad —respondió con cierto orgullo, metiéndose en el juego de su amiga—. Sin embargo… Kaguya-san…
—Claro, claro, nunca le daría algo de mala calidad. ¿Qué pasa? —preguntó un poco dudosa, la había escuchado un poco extraña.
—Bueno, ¿por cuánto tiempo te quedarás? Ya que es la primera vez que vienes a mi casa… Creo que tu tiempo será limitado y solo quería saberlo —dijo con un tono un poco más bajo.
—No te preocupes por eso, Kurumi-senpai. Es cierto que es la primera vez que iré a tu casa, pero no eres una desconocida ni mucho menos, siempre le cuento cosas de ti a mis padres, ¡y me han dicho que puedes venir cuando quieras! B-Bueno… —dijo un poco nerviosa—. Eso si quieres, claro está…
Kurumi quedó con los ojos abiertos y una sensación acogedora se le encimó. No quería ser adorada, a veces ni siquiera quería hablar con ella, quería un espacio especial, uno en el que podría ser libre, uno en el que podría confiar, uno al que pertenecer, y estaba en otro lado, en otro corazón.
—¿E-En serio? —preguntó con cierta ilusión, sus ojos estaban algo cristalinos y en su rostro no se podía reflejar por completo sus sentimientos.
—¡Claro que sí! Por lo que… Kurumi-senpai también puede venir a mi casa, cuando desees.
Parece que ese lugar estaba con Kaguya, ella sonrió conmovida, incluso si no era la gran cosa, cuando estás falto de cosas irremplazables como a familia, las relaciones humanas se vuelven más importantes y más sentimentales.
—Bien, eso ya será para otro día, Kaguya-san. Te mandaré un mensaje para la dirección de mi casa, si te pierdes, puedes llamarme y te ayudaré, ¿de acuerdo? No me gustaría que mi aprendiz más estimada se perdiera por ahí.
—¿¡De verdad?! —preguntó con gran ilusión, pero luego tosió un poco para guardar la calma—. Es decir, gracias, gracias.
—Entonces, nos veremos mañana. —Sonrió ampliamente.
—¡Sí!
Kurumi sonrió un poco más y sintió que sus energías se recargaron, corrió hacia la cocina para beber algo de jugo del refrigerador. En otras ocasiones cuando tenía casa sola, se aburría y se la pasaba jugando para evadir el silencio y escapar de lo solitario que era un día sin su padre. Había tenido amistades, pero eran solo pasajeras, nada serio ni de mucha confianza.
No era el caso ahora, porque por primera vez quiso ser participe en una amistad que parecía unilateral. Tal vez es que entendía las cosas diferente ahora, tal vez es que el tiempo le hizo tomar esa decisión, tal vez debió hacerlo antes y ahora no solo tendría una amiga, pero esas son solo suposiciones.
«Será mejor que me despierte temprano mañana para arreglar toda la casa, no está mal, realmente, pero Oto-san no está, tendré que hacerme cargo de sacar la basura, sacar dinero para la comida, tal vez Kaguya-san se quede hasta tarde, hay tanto que podríamos hacer». Ella sonrió con felicidad genuina, no lo admitía, pero estaba ansiosa, quería que fuera mañana. «Será mejor que me duerma ya, si sigo pensando en esto, no podré hacerlo. Mañana tengo muchas cosas qué hacer. Espero que estés bien, Oto-san».
Ella se acostó a dormir con una sonrisa, a pesar de que volvía a sumirse en el silencio y la falta de su padre, completamente sola, las cosas no eran tan malas, mañana todo sería mejor, y se durmió pensando en eso.
Después de unas horas, la sonrisa en su rostro se fue desfigurando poco a poco, así como su mente empezó a crear sueños a base de recuerdos. No se sabe con exactitud porque soñamos, algunos atribuyen significados especiales de acuerdo con los elementos del sueño, a veces son simple imaginación relacionado con nuestros sentimientos, pensamientos y vivencias.
Los sueños pueden ser poderosos, abarcan variedad de temas, como si fuera una historia. Y mientras Kurumi revivía cosas entre sueños, afuera se movía involuntariamente y negaciones salían de su boca, hasta que las cosas se calmaron, dentro de su mente, apareció un héroe.
—Oto-san, no me gusta mi ojo izquierdo… —dijo tristemente una niña de siete años con un vestido de color celeste con el cabello negro suelto y las mejillas levemente sonrojadas y un rostro apagado, mientras su padre iba a su lado, tomando su mano y caminando por el centro comercial—. Ellos me quedan viendo…
—¿Ellos quién? —preguntó su padre, con sus ojos cafés mirando adelante, la pequeña alzó la mirada con cierta molestia, de alguna manera, se sentía ignorada.
—¡Todos! —Alzó la voz y él le volteó a ver con cierta duda—. Todos se me quedan viendo raro… Y me molesta. Y tú no me haces caso…
—¿Ya vas a empezar? —Se detuvo y la levantó con sus manos a la altura de su cara para ver su carita molesta—. Todos tienen ojos de un solo color, pero solo tú tienes dos colores, eso es genial, Kurumi.
—No es cierto… —Miró a otro lado con cierta tristeza, el hombre era padre, pero era hombre y no sabía qué hacer en estas ocasiones, sobre todo porque debía criar a una niña, sería más fácil con un niño, de hecho, sería más fácil si ella tuviera a su madre.
—Lo es para mí, ¿acaso necesitas más? —Sonrió y la cargó en sus hombros una vez ella pudo sonreír, ella pudo tocar su cabello negro justo como el de ella, solo que era corto y Kurumi se lo despeinó—. A mí me gustaría dos colores para mis ojos.
—¿De verdad, Oto-san? —preguntó más animada y abrazó su cabeza, por lo que le tapó sus ojos, los de ella brillaron.
—Sí, claro que sí. Quisiera un ojo amarillo y uno rojo. —Kurumi sonrió ampliamente y bajó la mirada y su padre alzó la suya para que ambos pudieran verse—. Te envidio, ¿qué tal si cambiamos ojos?
—Ahora no quiero. —Le sacó la lengua y le tapó los ojos con una sonrisa en su rostro. Ella se sentía una reina desde esa altura, además de que su padre caminaba moviéndose de un lado a otro, ella reía.
—¿Te estás divirtiendo?
—¡Sí! Te quiero, Oto-san.
Kurumi fue una muy buena niña y fue educada correctamente, pero aprendió varias cosas de su padre al ser su único ejemplo qué seguir, y como era su única familia, parte de sus gustos se les fue impuesto a su hija.
Las ropas amarillas, rosas y de colores pastel no eran muy vistas, los colores oscuros, sobre todo el negro, eran los más usados por Kurumi. Con el tiempo, su ojo amarillo causaba mucha impresión, así que se cortó el cabello para dejarse un fleco que le tapara el ojo, además de dos coletas; una más larga que la otra.
—Kurumi… Deja ahí, son de colección.
Y como si hubiera dado un salto en el tiempo, como si este fuera una línea recta como las que marcan el tiempo cuando ves una película en DVD, se había cambiado de escenario.
La cara de Kurumi, de doce años, estaba pegada a una vitrina donde estaba un rifle como de otra época, además de una pistola algo antigua. Su padre, un hombre alto con ropas oscuras y cómodas estaba acostado en la cama.
—Pero no están cargadas, entonces, puedo verlas, ¿no? —preguntó con cierta ilusión—. No hay ningún problema ya que es una reliquia familiar, es decir, tú y yo, Otoo-san.
—Sí, eso es cierto… —contestó algo cansado y miró el reloj para ver que eran las once—. ¿No deberías estar durmiendo?
—No sé, ¿no deberías darme las buenas noches como mi padre? —preguntó un poco sarcástica.
—Ya te las di —respondió cansado, ella frunció el ceño.
—Eso no cuenta, ¡me las diste a las seis!
—Cuenta porque fue por adelantado —dijo con una sonrisa—. Vaya, vaya, ¿me estás levantando la voz? ¿Te enojaste?
—Soy tu única hija —dijo un poco molesta y corrió hasta él para hacerle frente—. Debes de tratarme bien como otros padres, no tengo madre y nunca me dices nada de ella, necesito algo de amor, ¿sabes?
El padre empezó a reírse audiblemente, eso solo molestó más a su hija, pero su cabeza fue acariciada con suavidad.
—Eso no va a funcionarte, Oto-san.
—¿Me estás retando? —preguntó divertido, ella frunció más el ceño—. Bueno, cálmate.
—No quiero, eres injusto. —Se cruzó de brazos y miró a otro lado, él suspiró.
—Kurumi, ¿sabes por qué no tienes hermanas?
—Porque no tengo mamá… —contestó como si fuera lo más obvio—. Bueno, tal vez fue porque te dejó, no sé… No sé nada.
—¡No! —Se sentó de repente y la jaló de su ropa para que se sentara en el sillón—. Tonta, ¿para qué quiero más hijas si ya te tengo a ti? Tendría que dividir mi corazón y discúlpame, pero eso no lo merece otra mujer, suficiente tengo contigo aquí… ¿Aun así dudas de mi amor?
—Sí… —respondió con una pequeña sonrisa, pero intentó sonar molesta y puso la cabeza en sus piernas para que no le viera—. Espera, eso último, ¿era una queja?
Ella sí sonó molesta de verdad esta vez, pero él le dio una pequeña nalgada sin fuerza.
—¡A dormir! —Le alejó con sus manos y se levantó del sillón, ella quedó con una gotita en la cabeza.
—¡No huyas!
—Lo siento, hija, ¡ya no trabajo ni de padre después de las once!
Ella le quedó viendo con molestia mientras él se fue con una sonrisa, ella no pudo pensar en algo bueno para responderle con sarcasmo.
En ese momento, fuera de sus sueños, después de haber estado sudando mucho, se quedó quieta y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.
Kurumi se volvió rebelde cuando llegó la etapa, desde los trece hasta hoy, su personalidad se ha transformado en sarcástica, elegante, educada y un tanto extraña por sus aficiones; mucho tuvo que ver su padre.
Le dio libertades durante esa etapa y Kurumi las sigue gozando incluso hoy, porque su padre siempre era un hombre ocupado y entre más crecía ella, más tiempo la dejaba sola, cosa que al principio no le gustaba, pero que terminaba aceptando por el pasar del tiempo y porque no podía hacer nada.
—Kurumi... Que esta sea la última vez que gastas dinero de mi tarjeta. No se cómo conseguiste la contraseña, mi pequeña maldita, pero eso no importa, ya cambiaré el pin.
—Pero Oto-san, mis botas se arruinaron, y no quisiste comprarme unas, así que lo hice yo misma, es obvio —dijo con una pequeña sonrisa, luego alzó las piernas para mostrar sus nuevas botas—. ¿Qué tal se me ven?
—Como al hijo que siempre quise. —Kurumi le vio de mala gana y el padre sonrió sarcásticamente.
El padre de Kurumi no tenía mucha idea de cumpleaños para esta vez, de hecho, se lo había pensado mucho, pero por culpa de su trabajo había llegado tarde y lo único que pudo hacer fue meter a su hija al auto y dar una vuelta para tomar una decisión.
Cumpleaños número 15, Kurumi no había comido pastel, ni dulces, ni había tenido un regalo, ni comida de hecho. Estaba recargada en el cristal, observando la noche. Su padre fumaba dentro del auto mientras manejaba sin saber a dónde ir, ya era tarde.
—Oto-san, ¿sabes qué día es hoy?
—Claro, noche del viernes, fin de semana laboral, tiempo para estar con mi hija —contestó con felicidad inflada, Kurumi no lo volteó a ver—. Y bueno... Creo que se celebra algo hoy... ¡Creo! No sé...
Kurumi quería matarlo, se giró a verlo con una mirada asesina, él solo sonrió y le acarició la cabeza con velocidad, despeinándola.
—Ya, ya, Kurumi. ¿Realmente crees que me olvidé de tu cumpleaños?
—Hace diez años... —dijo ella con voz melodiosa.
—Ya supéralo, por dios, solo pasó una vez —contestó un poco molesto mientras le acariciaba su cabeza y seguía manejando con la otra mano.
—¿Por qué tan tarde, Oto-san? —preguntó algo desganada.
—Ya sabes el cuento. Tu padre tuvo que trabajar hasta tarde, no me gusta, pero pagan muy bien y por eso, perdonarás a tu único padre al que amas, ¿verdad? —pregunto sarcástico y ella arqueó una ceja—. Y te daré un regalo especial mañana. Abre esa cosa.
Abrió la puertecilla en frente de su asiento, y encontró un rollo de billetes. Ella abrió los ojos grandemente.
—Asombroso, ¿de a cuánto nos toca? —preguntó con una sonrisa con los ojos cerrados—. Solo somos tu y yo.
—Cinco por ciento, mi última oferta.
—¡Pero si es la primera! —Frunció el ceño.
—No, porque ya dije que es la última. —Sonrió y dejó de tocar su cabeza para manejar mejor.
—Bien, admito que fue buena. Pero quiero contra oferta.
—¿Qué ofreces, hija mía?
—Te reto, en lo que quieras.
Fue ahí donde se detuvieron en un estacionamiento y le pidió a ella salir. Luego, tomó unas botellas de cerveza que estaban en el piso del auto y las puso en frente del cristal.
—¿Qué es esto? ¿Acaso debo de romperlas?
—No sé, ¿podrás? —dijo con una media sonrisa mientras le mostraba una pistola, Kurumi se impresionó.
—Oto-san... ¿Seguro?
—Es tu cumpleaños, inténtalo.
Kurumi disparó, pero le dio al cristal del carro y lo hizo pedazos, ella se asustó y pensó en dejar la pistola, pero su padre le tomó por la espalda y las manos para ayudarle a disparar.
—No te preocupes, repararé eso. Ahora tratar de no moverte mucho, toma aire y jala el gatillo. —Ella tembló un poco, sintiendo una extraña adrenalina.
Disparó hasta quedarse sin balas, fue increíble y toda una experiencia. El auto quedó con daños, pero no importaba. Fue acariciada en la cabeza y luego abrazada.
—No tuviste pastel, pero nadie le enseña esto a su hija. Feliz cumpleaños, pequeña maldita hermosa. —Ella dio una leve risa y abrazó a su padre con fuerza.
—Está bien, eres un mal padre, pero te quiero. Te quiero mucho.
Después de eso, ambos limpiaron los pedazos de cristal roto y regresaron a casa, una vez ahí, el hombre tomó una cerveza del refrigerador y Kurumi le quedó viendo.
—Bueno, ya tienes 15, felicidades, ¿quieres? Está buena —dijo con una sonrisa sarcástica, ella negó con la cabeza.
—No bebo porquerías como tú…
—¡Ja! —Se acercó a ella y le abrazó con un brazo—. ¿Sabes? Ahora va tu regalo de verdad, Kurumi.
Ella alzó la mirada con una sonrisa y se sentó en el sillón, su padre se sentó de un salto, estaba muy cansado, pero tenía que hacerlo.
—Tu madre era una amargada… —comenzó con voz pesada y aburrida, ella le dio un golpe en las costillas, él dio una leve risa—. ¿¡Qué?!
—Idiota.
—Es en serio, se molestaba con mis bromas y no se reía… Era una amargada, no como tú, hija, tu siempre estás sonriendo y te ríes de mis tonterías. —Tomó su mejilla con una pequeña sonrisa, ella pudo sentir ese fuerte olor a alcohol—. Pero tienes sus ojos, bueno, el rojo. Recuerdo que brillaba cuando se enojaba conmigo, creo que era una ilusión, pero era terrorífica.
Kurumi dio una leve risa, él también a pesar de estar un poco alcoholizado.
—¡En serio! Espero que a ti no te brillen así, porque si pasa, voy a empezar a asustarme.
—Oh, entonces espero que lleguen a ser como los de mi madre.
—¡No! No, por favor —dijo con voz desesperada, como si en verdad estuviera sufriendo—. Mejor no te digo más, sino vas a querer convertirte en una sádica solo para ser como tu madre… No, eso no lo voy a permitir.
—¡No, no huyas! ¡Quiero más!
—No, no. Lo siento, ahorita ya ni trabajo de padre, lo sabes, mi horario es de seis a once, son las doce, ¿y qué haces despierta? —preguntó un poco enojado y con la mano en la quijada, ella le vio con el ceño fruncido—. ¿No deberías estar durmiendo?
—Oto-san… —La voz de su hija se volvió oscura—. Espero cada cumpleaños por esto, ¡no puedes solo decirme esas cosas! Quiero detalles, ¡y quiero saber su primera cita!
—¿¡En serio?! —preguntó con mucha duda y se acercó a ella para hablarle al oído—. ¿Quién es el afortunado? ¿O para qué quieres saber eso?
Kurumi enrojeció y lo alejó rápido, él solo sonrió un poco.
—Quiero saber más de mamá…
—Ahh… Esta niña… Está bien. —Regresó a sentarse al sillón y ella también—. Tu madre era una sádica.
—Oto-san… —Le dio una mirada asesina y él arqueó una ceja, pensó en preguntar, pero cambió la respuesta.
—¡Así me miraba ella! En serio, era una sádica. Siempre, siempre tenía un capricho y cuando quería algo, yo lo sabía porque se reía de mis chistes y se me pegaba, pero luego… Cuando no quería nada o estaba de mal humor, apenas me tomaba de la mano, era tan frustrante porque… Parecía que me usaba, muchos pensaban que me usaba; mis amigos, amigas… Incluso sus mismas amigas, aunque no sé si es porque ellas querían que tu padre le dejará…
—¿Y lo hiciste? —preguntó con gran ilusión, quería saber más.
—Lo intenté… —dijo con ligera gracia, después bebió de su cerveza y su hija quedó con los ojos como platos—. Le pregunté si me usaba solo cuando quería cosas y me dijo que a veces.
Kurumi quedó perpleja y siguió con los ojos como platos.
—Pero… Oto-san, la amabas, ¿verdad?
—Algo así…
—¡Oto-san! —Frunció el ceño.
—¡Claro! ¿Qué no recuerdas cuando tenías tres años? Y te dije el primer regalo de cumpleaños que te di, ¿no te acuerdas?
La verdad, Kurumi tenía muchas dudas sobre su madre, pero su padre no quería decirle, pero como eso la hizo sentir mal, él pensó en un juego para ella. Cada vez que ella tuviera un cumpleaños, él le diría cosas de su madre como regalo; ese era el regalo de verdad que le daba todos los cumpleaños.
Las primeras cosas que le dijo fue su nombre, que era hermosa y que la amaba con todo su corazón.
—Sí, me acuerdo, pero no puedo creer que ella te dijera eso, ¿¡es en serio?! También me dijiste que era linda y… Y que te daba las buenas noches, ¡como a mí! Bueno… —Ella trató de no mostrarse tan emocionada y tosió un poco—. ¿Qué pasó después?
—Tienes razón, me corrijo: era una linda sádica. —Una gotita se puso en la cabeza de Kurumi—. En fin, como me contestó así… Pensé que estaba bromeando y empecé a reírme en su cara, incluso la felicité, pero ella estaba de amargada… Mi sonrisa desapareció e hice la pregunta, ¿sabes? La pregunta que debes hacer en ese momento, dije: ¿de verdad me quieres o qué?
—¿Y qué dijo? —preguntó intrigada.
—Se enojó y me dijo que no podía creer que yo dudara de ella, que yo era su primera pareja en durar tanto y que me quería… Al final, terminé pidiendo disculpas yo y le compré algo bonito, otra vez —dijo algo cansado, Kurumi se decepcionó un poco, él lo notó—. ¿Qué?
—Nada…
—Pero eso me gustaba, no era fácil de complacer, nada era suficiente y me hacía sufrir, creo que le gustaba hacerlo, el que me las viera difíciles pensando en un buen regalo, en contentarla, en ver que ella era más de lo que ya era. —Abrazó a su hija mientras ella seguía triste—. Kurumi, no pienses mal de tu madre, nadie es perfecto con solo cosas buenas, en los errores se aprende.
—¿Te lastimó lo que te dijo?
—No —respondió sin bromas—. Porque me di cuenta de que, detrás de esa reputación sádica y linda en ocasiones, cuando estaba triste y decepcionada como tú ahora, no trataba de ocultarlo conmigo, con los demás sí, conmigo no, entonces me di cuenta de que era verdad, ella sí me quería, porque ese lado de ella solo lo podía ver yo y sus padres.
—Ella era mala… Eso no me gusta.
—Tú también eres mala —dijo con una sonrisa, ella suspiró y lo abrazó—. Y así te quiero, Kurumi. Un día, cuando crezcas más y algún chico te importe tanto que sus errores naturales no te importen, entenderás porque amo a tu madre. ¿Ves? Si no hubieras insistido… No estabas lista, Kurumi, pero querías saber más…
—Eres injusto… Y mal padre… Pero te quiero. —Ella dejó salir una voz linda, ciertamente no se había enamorado aún y ningún chico le importaba en ese momento.
Su expresión quedó en blanco, era vacía, pero en calma. El sudor seguía ahí y no dejaba de sudar, su temperatura era alta y lo que comenzó como recuerdos, que no recordaría al despertar, se transformó en una escena de completa oscuridad.
Ella estaba sumida en la oscuridad, tirada en el suelo de madera, pero es porque tenía cerrados los ojos con tanta fuerza, así como sus puños, que veía una luz tenue de color verde, pero al abrirlos, se encontraba con la imagen que ella había diseñado en su mente, basado en una descripción y una foto que estaba pegada en su espejo.
Era su madre.
Unos ojos rojos le miraban, justo como el suyo, su mirada era de tristeza, no sabía por qué. Quería hablar, pero no podía, la voz no le salía. Lágrimas se escurrieron por sus ojos, quería decirle que no llorará, pero al parpadear se dio cuenta que era solo una ilusión, y que en realidad estaba debajo de una cama.
Había una luz tenue de color azul iluminando, veía las botas de un hombre acercarse, y un miedo le inundó, se tapó la boca, fuera del sueño Kurumi estaba sudando demasiado, tanto que se dejó de cubrir con las sábanas, así como estaba derramando lágrimas, sin estar consciente de ello.
—¡Ahhhhhgght! —gritó al despertarse con lágrimas en los ojos, pero se tapaba ambos, porque no quería ver nada más—. Ah… Ah… Ah…
Recordaba esa última escena claramente, todo lo anterior no lo recordaba, solo escuchó ese disparo, como si fuera un cañón. Alguien moría y un bebé lloraba, luego ella también lo hacía y era sacada a la fuerza de su escondite, para ver a alguien que se veía como una sombra, pero que terminaba matándola de un disparo.
Nadie escuchó sus gritos, era más de media noche y sentía el miedo por todo su cuerpo, quería ser abrazada, quería que alguien le dijera que solo fuera una pesadilla, que eso nunca pasaría. Que no tenía explicación, que no era importante, que el dolor en su ojo era normal.
—Oto-san… —susurró mientras seguía tapándose sus ojos e intentaba calmarse, pero los ojos le ardían—. Oto-san…
Hasta que ella supo que no importaba cuanto lo llamara, no se aparecería. Él estaba lejos, así que con más tristeza que dolor, retiró las manos de sus ojos. Estos estaban rojos haber llorado, pero en su ojo amarillo algo había cambiado.
Había unas manecillas de reloj brillantes en su pupila.
¡Hasta aquí lo dejo! Había querido hacer este capítulo desde hace dos capítulos, pero aún no se llegaba a esta parte, fue un capítulo más largo de lo usual por la espera y porque muchos de los recuerdos de Kurumi ya estaban escritos.
Espero que les haya gustado mucho y que nos veamos pronto la siguiente semana.
