Hola a todos, realmente quiero disculparme con ustedes por haber tardado tanto y por no haber dicho nada al respecto. Han pasado cosas que no me dejaban continuar, y yo tengo mucho de culpa en esto. Lo siento, pero hay problemas que debo resolver solo y no sé cómo se resuelven, al estar así no puedo saber lo que quiero, no puedo concentrarme en las cosas indicadas y todo se vuelve un problema.
Pero aquí estoy y mientras sea posible, mientras salga del camino y pueda retomarlo de nuevo, yo seguiré aquí, intentando hacer las cosas por amor, porque de otra forma no me esforzaría tanto por mis fics.
Lykan-GTX, muchas gracias por leerte toda la historia hasta el capítulo anterior, también por tu opinión y por tu apoyo, en ciertos momentos de un escritor, esas palabras te dan ese "empujón", así que, aunque sea un poco egoísta, no dejes de hacerlo.
Ciertamente, "Mi diario vivir" fue y es mi primera historia en un ambiente cotidiano, intentando la historia de romance, con sus toques de humor, así como lo es esta, de cierta manera. Y es una de las historias que siempre recuerdo con cariño, gracias por leerla también.
Ah, El Surgimiento de un Héroe, mi fic más querido y más pedido, incluso en estos días. Yo tampoco quiero verlo muerto, porque hay cariño por la historia, y ese cariño hace que me moleste que no pueda continuarla. Pero lo haré, porque tal como tú, no quiero dejarla así.
La nota sí que fue larga, de nuevo, lo siento, pero seguiré esforzándome por mis fics y para seguir trayendo más.
¡Vamos con el capítulo!
Este maravilloso mundo
Capítulo 23: Al fin te veo
«¿¡Qué es esto?!» Fue lo primero que se le pasó por la mente al sentir un ardor insoportable en los ojos, como si lo hubieran echado algún tipo de ácido, como si tuviera mucha basura dentro, como si la oscuridad en la que se encontraba quemara.
—¡Ahh! ¡Ahhhh! —gritaba fuertemente mientras las manos le temblaban, el ardor se había hecho insoportable en su ojo amarillo, donde unas manecillas se estaban moviendo—. Ugh, gght, ahh…
Estaba quejándose por el ardor y gritó por tanto tiempo que un poco de saliva se resbaló por su barbilla, postrada en su cama como si hubiera caído a la lona, sus manos ahora apretaban las sábanas y el cobertor de la cama, la vena principal de sus brazos resaltó.
Su rostro estaba algo húmedo por las lágrimas que había derramado y seguía quejándose de dolor, pero no quería llamar la atención, así que apretó los dientes.
«¡Duele! ¡Duele mucho! ¿Qué es lo que tengo?» Recordó parte del sueño y soltó un grito ahogado. «¡Tengo que llegar al baño!»
Kurumi tuvo que soltar las sábanas y rodar hacia un lado, al abrir los ojos, la imagen que vio se distorsionó en colores rojos y negros, escuchó de nuevo los gritos y el llanto de un bebé, así como las sombras que veía se combinaron, apareciendo una silueta negra que claramente tenía una pistola.
Un arma que fue vista a gran detalle a pesar de la oscuridad, Kurumi dejó de sentir un poco de dolor y se quedó estática, las manecillas en su ojo amarillo se movían de forma horaria, en el caso de la aguja de minutos, y antihorario, en el caso de la aguja de horas.
—¡OTOU-SAN! —gritó antes de que se escuchara el sonido del cañón, los gritos, el llanto, explotaron en sus oídos, justo como el estallido provocado por la pistola.
Kurumi cayó al suelo con lágrimas en los ojos y tapándose los oídos.
—¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh! —gritó desconsoladamente, así como se apretó con fuerza su cabello negro suelto, las lágrimas seguían saliendo, el ardor regresó y su ojo amarillo seguía con el movimiento de las manecillas, enloquecidas.
Sola en la oscuridad, aún así estaba viendo claramente ciertas imágenes, tenía ganas de arrancarse los ojos de su cara y no ver más, su visión de la realidad estaba distorsionada, con sombras que se convertían en imágenes, así que cerró los ojos y su rostro estaba más húmedo.
—Otou-san… Otou… san… —susurraba con dolor y con dificultad, como si estuviera en medio de una tormenta de nieve que ya la había congelado las piernas y parte de su mente.
Kurumi siguió repitiendo lo mismo, haciendo el mismo llamado, como si se tratase de un conjuro sanador, la chica se fue calmando, así como su voz fue disminuyendo, pero en su mente el recital continuaba.
«Otou-san… Otou-san…»
Como un niño que pide auxilio y consuelo por parte de la madre, en el caso de Kurumi, no tenía a nadie más que a su padre. Era el pilar de su pequeña familia, se refugiaba en él, incluso en pensamientos.
Era su fuerza.
Y con esa misma logró sedar su dolor, con esa fuerza pudo volver a abrir los ojos y su respiración volvió a ser tranquila. Las manecillas ya no se estaban moviendo, a causa de sus lágrimas, el cabello negro se le pegaba a su mejilla, a su boca, a su quijada, incluso al cuello.
Se levantó sin mucho esfuerzo, no sabía para cuando el dolor volvería, no sabía si estaba infectada o algo les había pasado a sus ojos mientras dormía, lo que sí sabía es que algunas medicinas estaban detrás del espejo del baño.
Corrió por su casa hasta llegar al baño, lo abrió con velocidad, prendió la luz y ni se tomó el tiempo de verse al espejo, simplemente lo retiró como si fuera una puertecilla, es ahí donde vio diferentes cosas, pero encontró un recipiente de gotas.
—¡Eso! —dijo aliviada al tomarlo entre sus manos, leyó un poco las indicaciones de la etiqueta, vio que se las podía poner si tenía irritación ocular—. Bien…
La joven se puso un par de gotas y tan solo al contacto, tuvo que parpadear, le ardió un poco, pero solo por un breve momento, después de la aplicación, suspiró.
Dejó la medicina en su lugar y cerró el espacio, así que el espejo estaba en su lugar, Kurumi abrió los ojos al ver su rostro. No era por el cabello que tenía pegado, ni sus ojos rojos por haber llorado, tampoco era la saliva que no se había limpiado.
—¿Q-Qué es…? —preguntó al verse al espejo, totalmente sorprendida—. ¿Qué es… esto?
Dio pasos lentos y tragó algo de saliva que hizo eco dentro de sí, mientras acercaba su mano izquierda a su cara, un poco temblorosa, llegó hasta su húmeda y suave mejilla blanca, parpadeó una vez y su pupila temblaba ligeramente.
No había palabras.
Las manecillas del reloj que tenía como incrustado en su ojo amarillo se movían en dirección antihorario, como si estuviera retrocediendo y de forma normal, como un reloj de verdad. No tenía como comprobarlo, pero en realidad no era un reloj que marcaba la hora actual.
No había ardor, aún así, estaba tan conmocionada que su cuerpo no le respondía bien, así como sus manos seguían temblorosas. Se acercó al espejo mucho más, puso la mano encima, el vidrio estaba frío, pero no le importó.
No tenía nada qué decir, seguía haciendo presión con sus dedos en su mejilla, incluso podía sentir el hueso con dos de sus dedos, pero el índice se acercó a su ojo con manecillas, apretó los dientes un poco y su otra mano la volvió puño, encima del espejo.
—Ah… Ah… —susurraba con esfuerzo, tratando de tocarse la pupila suavemente, quería sentir las manecillas en la yema de su dedo, pero tenía miedo.
Su dedo estaba tan cerca de su ojo que veía un punto negro en medio, en los costados estaba la luz de las cosas, tenía que saber qué diablos tenía en su ojo, tenía que cerciorarse de que eran unas manchas imposibles, que podía ser borrado, que podría lavárselas.
—¡Ahh! —gritó después de tocarse el ojo levemente, pero chocó su cabeza con el espejo, dolió, pero agarró el lavabo con ambas manos—. Ah, ah… Maldición…
Parpadeó varias veces, como cuando tenía una basurita en el ojo, pero como no se iba la sensación, abrió las llaves del lavabo y se echó bastante agua a la cara, incluso mojó parte de su cabello.
—Ah… Uf… —Miró a un lado, colgada, una pequeña toalla de color amarillo, se secó con ella y se vio al espejo—. ¡Maldita sea!
Golpeó con ambas manos el espejo, el cual tembló y se cuarteó ligeramente, respiraba por la boca, con el ceño fruncido, las manecillas seguían moviéndose normalmente y en reversa.
Kurumi no sabía qué hacer con esto, se quedó mirándose al espejo por bastante tiempo, mantuvo un duelo de miradas consigo misma, hasta que terminó aceptando que esas manecillas eran parte de su ojo, y que no se iban a ir.
—Maldición… —susurró derrotada, quería quitarse su ojo o no verlo más, así que se acomodó el cabello de forma que le cubriera medio rostro—. No quiero verte…
Después de ir a la cocina para beber algo, puesto que después de tantas lágrimas quedó con la garganta y lengua seca, así como con dolor de cabeza. Regresó a su habitación con una mano encima de su ojo tapado por el cabello, se lo iba sobando para ver si podía sentir algo diferente.
No había nada diferente en la consistencia, ni en la forma, solo ella veía las manecillas. Se acostó en cama, pero se quedó mirando al techo sin ninguna expresión en su rostro.
«Kaguya-san… Ella no puede ver esto, ni siquiera yo quiero verlo». Estaba cansada, pero se resignó. No sabía qué era, pero si esto le causó el ardor y le hizo ver cosas, quería quitárselo ya. «Oka-san…»
Cumplía con la imagen y descripción que le había dado su padre, era la mujer que vio en su sueño, pero sus labios rosados temblaron ligeramente.
«Oka-san, tú no… Yo nunca he oído tu voz, tú no estabas gritando…» Con tan solo pensarlo, los gritos y llantos eran fácilmente recordados, eran sonidos muy molestos.
Se quedó en silencio, tanto en su mente como fuera de ella. Su cuerpo se volvió más pesado, por un momento pensó que estaba siendo absorbida por su cama, tal vez es que por fin podría descansar.
«Tengo tu cabello». Pensó suavemente y su rostro era más calmado. Su madre tenía el cabello largo, de color negro brillante, sonrió un poco más mientras una imagen se construía usando el sueño, la foto y su imaginación. «Tu piel no es tan blanca como la mía y tienes una mirada… solitaria».
Recordó sus ojos rojos apagados, viéndole con tristeza de forma directa, aunque fue solo un sueño que se tornó en una pesadilla, no podía evitarlo.
Era la primera vez que su mente producía algo tan bien hecho, algo que no podría hacer nunca, sin importar cuanto lo anhelaba.
Lágrimas se derramaron por sus ojos y su rostro fue tornándose un poco doloroso. Cambió de posición, su cara ahora estaba contra su almohada, pero no tardó en ponerla de lado, apretó la almohada con fuerza y contuvo su llanto con su fuerza de voluntad.
—Oka-san… —Fluido nasal se resbaló, pero no se lo limpió, el dolor de cabeza regresó, afortunadamente, sus ojos no ardían, pero sí había un río de lágrimas—. Oka-san…
Siguió llorando hasta quedarse dormida. Eran esos fuertes sentimientos que se había guardado todo este tiempo, todo por su único deseo egoísta, ahora por fin lo había cumplido.
Pudo ver a su madre, por primera vez en su vida, aunque haya sido en una pesadilla.
Sé que el capítulo es corto comparado con lo que suelo hacer, pero terminé este capítulo cerca de la una de la madrugada porque no podía seguir así. ¿Y saben? Esto no lo planeé, dejé que mi mente me llevara a donde ella quisiera, sentí lo que quería mi heroína (Kurumi) y yo solo la seguí.
Espero que les haya gustado y espero volver a verlos muy pronto.
Me encantaría leer un review de alguno de ustedes, recuerden que son gratis.
Nos vemos y saludos.
