Hola a todos, perdón por la larga espera, pero no había tenido la inspiración suficiente ni el humor, pero aquí logré canalizar mis emociones bien, además que tuve que repasar varios capítulos para organizar mis ideas de cómo continuar con esto, espero que les guste el capítulo y que pasen un buen día.
Ya saben que sería genial un review como retroalimentación, así que si podrían dejar uno, me encantaría leerlo.
Sin más, disfruten.
Este maravilloso mundo
Capítulo 26: Un gran error.
Kaguya y Kurumi se fundieron en un cálido e intenso abrazo, era la primera vez que compartían un acercamiento de este nivel, no es que fuera algo tan increíble, pero este acto era significativo, prueba de su amistad, de su vínculo cada vez más fuerte y del cariño que se tenían la una a la otra, como si buscaran el consuelo en otros brazos o como si fueran la pieza complementaria de un rompecabezas, ellas se abrazaron con esa confianza y amor.
Después de eso, ambas se separaron casi por completo, de no ser porque los brazos de ambas no se retiraron de sus hombros, mirándose cada una a los ojos con una pequeña sonrisa, llena de vergüenza, sin embargo, eran cómplices en esta escena, no había necesidad de apartar la mirada y no lo hicieron.
Kurumi se separó finalmente para ir hacia la mochila de su amiga, donde fácilmente encontró su celular, todo para lanzárselo y ella lo atrapó hábilmente. Hoy se quedaría en su casa, así que debería avisarle a su padre que se quedaría a dormir con su mejor amiga.
Mientras ella hablaba con su padre y hacía diferentes expresiones como de vergüenza y felicidad, Kurumi jugaba con las puntas de su cabello negro con cierto nerviosismo; hoy no dormiría sola como otras veces en las que su padre le abandonaba por trabajo.
No estaba preocupada por él, incluso si se llevó una pistola, hoy podría contar con su amiga, tal vez podría por fin contarle tantas cosas que le preocupaban, que no podía decírselas a nadie más, y que en verdad necesitaba hacerlo.
Tal vez hoy sería ese día en el que podría hablar de su madre libremente, sin hacer sentir mal a nadie o invitar a la depresión a su hogar, porque entendía que su padre no lo había superado, tampoco ella, sinceramente no lo sabe, hay muchas que no entiende de su familia y esto es algo que también necesita contar.
«Kaguya-san, estás tan feliz como yo, ¿verdad? No sería amable que te contara todas esas cosas ahora, tal vez hasta sería de mal gusto, aunque realmente quiero decirte… Tanto». Agachó la cabeza con un sabor amargo en la garganta que se tuvo que tragar para no oscurecerse. «Usualmente me divierto con cualquier cosa, buscó la forma, incluso contigo… Pero ahora estoy realmente feliz, gracias a ti. No quiero cambiar este sentimiento por todo este día, así que dejaremos los problemas para otra ocasión».
—¡Listo! —Alzó los brazos con una sonrisa—. Creo que está algo triste porque no tendremos práctica hoy, además creo que escuché a mi hermana cerca, hoy me molestó toda la mañana, ni siquiera quería hablarme, ¡no sé qué le pasa! Pero no logrará llamar mi atención de esa forma. En fin, hoy me quedaré contigo, Kurumi-senpai, ¡todo el día!
—¿Hmm? Parece que tu hermana está celosa, ¿acaso no tiene amigos? —preguntó entre seria y sarcástica, su amiga soltó una risita.
—Bueno, claro que sí, sobre todo en el club, estamos en el mismo y somos muy importantes, trabajamos muy bien, es porque siempre hemos estado juntas, pero también tenemos muchas compañeras, pero creo que solo es en el campo de juego… —dijo un poco triste, luego recordó al chico que siempre le ayudaba con su tarea y que no le importaba su extraña forma de hablar—. Ahora que lo dices, sí tenemos un amigo en común, pero…
—¿Pero? —preguntó un poco confundida por su cambio de humor repentino—. ¿Qué pasa, Kaguya-san?
—Nada, nada. Es solo que no sé… Si… Será nuestro amigo, Yuzuru siempre quiere tener todo lo que yo tengo, incluso si ella tiene cosas que yo no puedo tener… No es que me importe, estoy muy bien con mis habilidades actuales, ya crecerán —dijo en su tono orgulloso de siempre, Kurumi sonrió maliciosamente y se puso detrás de ella.
—¿Te refieres a estas habilidades? —preguntó sarcásticamente al atrapar sus pechos con sus manos, su amiga soltó un grito ahogado y sus mejillas se pintaron de carmín.
—¡Kurumi-senpai!
—Ciertamente las de Yuzuru-san son superiores, se ve a simple vista.
—¿¡Qué?! Pero eso no significa que sean mejores, esas son… ¡Son solo grasa!
Unas risitas escaparon de su boca mientras la chica de ojos azules no sabía cómo defenderse, pero sus pechos siguieron atrapados por su amiga, esto era más contacto físico de lo que hubiera esperado.
—Pero estas son armas letales con los chicos, ¿estás segura que no te sientes inferior?
—¡Ah! Bueno… Hay chicos… Espero… —dijo en voz baja y se soltó de Kurumi agarrándose los pechos, luego se giró a ella con mucha vergüenza—. Hay chicos que no les interesa eso, ¿verdad? Es decir, ¡deberían tener suficiente con que yo me fije en ellos! Una guerrera como yo no puede estar con un chico cualquiera, debe probar que es digno, ¿no es así, Kurumi-senpai?
Ese argumento había ido bastante bien, de hecho, todo esto había ido bastante bien, así que no la seguiría molestando, porque Kaguya se veía muy sensible al ser comparada con su hermana gemela, era inevitable y eso ella lo entendía, incluso si no tenía hermanas.
—No puedo esperar menos de ti, Kaguya-san, si fueras a escoger a un chico cualquiera… Caerías de la estima que te tengo —dijo con algo de preocupación, Kaguya se quedó con la boca abierta.
—¡Nunca la decepcionaré, senpai!
—Más te vale. Como sea, ¿qué quieres de comer? Hoy te puedo ofrecer cualquier delicia, excepto yo, Jijiji.
—Oh, en ese caso… Hmm, ¡hay tanto que pueda pedir y no se me ocurre nada! ¡Cielos! —dijo molesta consigo misma y se dio golpecitos en la cabeza, tal vez para encender su cerebro.
—Sobre eso, estaba pensando en comer pizza… —dijo más decepcionada al verla con ligero sudor en su frente.
—¡Oh! Eso suena bien, en ese caso, tengo aquí dinero suficiente.
—Pero…
Kurumi no siguió hablando, se limitó a observar como la chica iba por dinero a su mochila, era lo que su padre le había dado para este día tan especial para su hija. Regresó con ella con una sonrisa para tomar su mano y dejarle el dinero ahí.
—Tómalo, después de todo esto será para ambos.
—Eres mi invitada, Kaguya-san, no necesitas hacerlo.
—Eres mi amiga, necesito hacerlo —respondió con firmeza.
La anfitriona se quedó con la boca levemente abierta y con los ojos estáticos, se escuchaba tan bien este apoyo, era tan tiernamente cálido en su interior como si hubiera una llama dándole calor en lo fría que era la vida todo el tiempo, así es como se sentía.
Y era lindo y bonito.
Sabía que provenía de Kaguya, sentía unas ganas terribles de abrazarla, de impedirle que escapara, no quería estar sola, menos cuando pasan cosas tan raras que no se le da el derecho de entender, que todo parece tan irreal, es en estos momentos donde necesitaba algo real, un amiga en quién confiar.
Kurumi suspiró profundamente y negó con la cabeza.
—Muy bien, tú ganas —dijo con una voz suave y débil, luego sonrió cálidamente—. Pero déjame ir a comprar algunas cosas en la tienda cercana, ya que te quedarás, tendremos que tener algo para después, ¿no crees?
—¿Quieres que te acompañe?
—No, tú quédate para recibir la pizza, voy a pedirla ahora, y mientras esperas, saldré a comprar comida para después. Así que más vale que estés alerta.
—¡Claro!
Las chicas pusieron a cargar sus consolas en el cuarto de Kurumi, luego bajaron a la sala para pedir la pizza, eligieron un paquete que incluía papas a la francesa y un refresco grande, no tardaría más de 40 minutos, así que la chica tendría tiempo para comprar todo tipo de cosas con calma.
Una vez los preparativos fueron hechos, la chica de cabello naranja se quedó sola, mirando televisión, sentada en el sillón.
Pensó que su hermana realmente estaba celosa, realmente no era quién para hablar, ella también le guardaba celos y su competitividad a veces no tenía límites, de alguna forma, lograban llevarse bien, siempre que estaban en igualdad de condiciones.
«Perdón, Yuzuru, sé que siempre has estado celosa de mi amistad con Kurumi-senpai, pero ella es muy especial para mí, confío en ella tanto como confío en ti, y ni siquiera sé cómo es eso posible, solo lo siento así, con mis ojos que ven más allá del caos». Pensó con una pequeña sonrisa y tomó su celular para mandar un mensaje a su hermana. «De seguro me extraña».
Inició una conversación con Yuzuru, preguntando si le extrañaba, pero ella solo respondió con que estaba en paz sin su presencia, y tal vez eso era bastante cierto, ya que ella es la hablaba en voz alta y siempre tenía que estar ocupada en algo divertido.
Siguieron molestándose la una a la otra, hasta que Yuzuru acusó a su hermana de ser injusta, porque ella tenía una amiga especial y cercana, persona que ella no tenía.
Pero eso no era verdad, así que replicó rápidamente diciendo que siempre se tendrán la una a la otra, así como las compañeras del equipo, pero su respuesta fue rechazada porque no era igual, el valor de Kurumi era superior a eso.
—Ah… Realmente se molestó, pero también… Sí, también está él.
Escribió rápidamente una pregunta y fue respondida con silencio. Eso la hizo sonreír, hasta que llegó la respuesta y era así:
"Satou es amable y nos explica las cosas que no entendemos, nos entiende muy bien y no nos mira extraño, Kaguya. Creo que él realmente puede ser un amigo".
—Sí, Satou realmente puede ser un amigo… —susurró para sí misma y con cierta tristeza en los ojos.
Dejó el celular en el sillón y ella se recostó en los cojines con pesimismo, recientemente Satou se había convertido en un apoyo indispensable para ellas en las materias difíciles, él les resolvía sus dudas y tenía la paciencia de explicarles todo.
Era un chico amable, dedicado y honesto, sobre todo era amigable con ellas, quienes eran consideradas rarezas en su salón. De no saber esto por propia experiencia, hubiera creído en todo lo que se dijo el viernes, cuando se supo que Kurumi no regresó a clases.
Kaguya comió con su hermana ese día, en el salón de clases, esperando que Satou y Kurumi arreglaran sus diferencias, de seguro sabría todo en la tarde, cuando le ayudara a explicarle temas que no entendía. Pensó en malos escenarios mientras se le escapaba el hambre, porque estaba preocupada, pero nunca pensó en nada tan terrible.
Cuando el almuerzo terminó y pasaron veinte minutos de clase, Satou era el único que no había regresado, además que ciertos alumnos hablaban por lo bajo sobre esto y las posibles razones detrás.
Así que se dedicó a escucharlos susurrar atentamente, incluso más que Yuzuru, ya que ella estaba pensando en la clase y no en el muchacho.
—Oye, ¿es cierto que la hizo llorar?
—¿A quién?
—A Tokisaki-san de la otra clase, dicen que se le vio llorando.
—Ah, ¿en serio? Maldito, ¿cómo se atreve? —preguntó uno indignado.
—Sabe lo que hizo, por eso no vuelve a clases.
«No, no, esto no puede ser, ¿la hizo llorar? Pero se supone que iban a hablar, ¡no pueden hablar en serio!» Apretó los puños y agachó la cabeza por completo mientras seguía escuchándolos. «Satou no haría esas cosas, él quería arreglar las cosas, ¿por qué terminó así? ¡Tienen que estar mintiendo!»
—Pero escuché que también él estaba llorando… ¿Será que eran pareja y rompieron?
—No digas estupideces, él es una basura por hacer llorar a una chica, y más a Tokisaki-san —dijo otro bastante enfadado.
«Cállense, no saben nada de lo que está pasando, Satou no puede tener la culpa, Kurumi-senpai tampoco, algo debió de salir mal, ¡lo sé! ¡Cállense!» Kaguya no pudo soportarlo más, porque estaba diciendo cosas feas sobre su amigo, y eso no podía permitirlo, así que se levantó abruptamente de su silla.
—¿Qué sucede, Kaguya-san? —preguntó la maestra.
—¡Sensei, Haruhiko y sus amigos no se callan y no me dejan escucharla!
—¿Qué? Pero si tú ni sabes hablar, menos entender.
Ante esto, Yuzuru apretó los dientes y varios se rieron por la broma que hizo Haruhiko, la maestra les regañó, por supuesto, pero las gemelas se sintieron ofendidas, incluso si era la verdad, no veían maldad o error en su lenguaje, ¿por qué tenían que señalarlas para que se rieran en frente de sus rostros, totalmente expuestas como si fueran animales de circo?
Pasada la hora de clases, Satou regresó a su salón con el humor apagado, con los ojos rojos como si no hubiera dormido en dos días, así como tomándose del corazón; ahí le dolía mucho y de forma constante, aunque era menos después de haber visitado la enfermería.
«¡Satou!» Se sorprendió como todos de verlo entrar al salón, pero él no les hizo caso, solo fue hacia su pupitre y se sentó para empezar a tomar notas del pizarrón. «Satou… ¿Qué te pasó? No me digas que… No funcionó, ¿verdad?»
Fue obvio el fracaso de hacer las paces, lo vio sumamente triste, no tenía por qué recordarle sobre la asesoría después de clases, porque era claro que no iba a darse.
Quería saber en verdad qué había pasado, pero no lo supo hasta después, cuando persiguió al chico de cabello negro en un intento de hablar con él, pero lo perdió de vista y después de unos momentos, lo encontró tirado en el pasto, afuera de los salones, su mochila estaba lejos de él.
—¡Satou! ¿Estás bien? —preguntó al llegar con él, pero solo se preocupó más cuando vio su mejilla inflamada, su ojo izquierdo más rojo y de la comisura de sus labios se hallaba un líquido rojo, muy vivo—. ¿Quién te hizo eso?
—Me lo merezco… —dijo derrotado y con los entrecerrados, se recostó en el pasto para ver al cielo azul—. No te preocupes, ellos tienen razón, Haruhiko-san tiene razón, solo la hice llorar…
—¿De qué estás hablando, Satou? Dijiste que ibas a aclarar las cosas, ¿qué fue lo que pasó? Tienes que contármelo, están diciendo que… ¿Tú realmente hiciste llorar a Kurumi-senpai? —preguntó con tristeza al mirarlo, él entonces se sentó con la cabeza agachada, mirando al pasto.
—Está bien.
Mientras le contaba lo sucedido, Kaguya no podía entender la situación, no podía imaginarse toda la tristeza que su querida amiga guardaba en su corazón; era un peso pesado, porque de otra forma no entendía la intensidad al liberarlo de golpe.
—Todo lo que planeamos, todo lo que le dije, todas las alegrías que me… "regaló" ese día… Son solo una equivocación, Kaguya-san, yo lastimé a Kurumi-san, todo este tiempo ella ha estado sufriendo por cosas que tan solo de pensarlo me ponen triste… —dijo con la voz quebrada al agachar el rostro—. No es justo, todo ha sido un grave error… No puedo hacer nada, las disculpas no valen, yo… Soy un desgraciado, así que no te preocupes, ¡me merezco esto!
—No… ¡No digas eso, Satou! —dijo ella con fuerza al tomarlo de los hombros.
—¿Uh? —Alzó la cabeza con lágrimas en los ojos, ella palideció al verlo—. Pero lo soy, solo la lastimé… No hay nada que pueda hacer, ella tenía razón, no tengo derecho a acercarme… No tengo perdón…
—No es así, no hemos hablado mucho, pero ha sido suficiente, ¡hoy lo supe! Tú realmente eres bueno; tal vez sea una habilidad pasiva, pero es genial, Satou —dijo con una pequeña sonrisa y con una voz dolida—. No pienses que te mereces esto, no es así, no has matado a nadie y Kurumi-senpai entenderá, ella es sensible y cerrada, pero sé qué podrán arreglar las cosas.
—Kaguya-san… —Sonrió con amargura y agachó la cabeza, las puntas de su cabello taparon sus ojos, pero vio como cayeron las gotas al suelo, sus lágrimas hidrataron el pasto—. Solo hay algo que arreglaría todo esto, pero no puedo hacerlo. Entendía que no todos eran como yo, pero no sabía por qué, los veía y con solo sus miradas lo entendía… Era desagradable y difícil.
El chico se secó las lágrimas y se levantó para tomar su mochila, ella no pudo decir nada más que mirarlo.
—Pensé que era el único diferente y el único que sufría por ello. Pero en eso también me equivoqué, no soy diferente de las personas que más odio… No soy diferente de las personas que señalan adrede…
—No, Satou, tú eres…
—Soy ese tipo de basura.
La chica tembló al escuchar eso y se quedó estática, incluso si pensó en que iba a detenerlo, a convencerlo de que no todo estaba perdido, que había algo qué hacer, pero con eso se dio cuenta de cómo se sentía.
Una basura; algo que debe ser desechado y aplastado, por eso dejó que lo golpearan hacer un rato, ¿para qué defender lo indefendible?
—Perdón, Kaguya-san… Prometí que iba a ayudarte después de clase, hoy no podrá ser… —dijo en voz baja y dándole la espalda—. Adiós.
El joven se fue caminando, dejándola atrás con lágrimas contenidas, llenas de impotencia, tristeza y preocupación. Fue la primera vez que vio a un hombre llorar.
Ambos habían quebrado sus corazones ese día; ambos por tristeza, haya sido escondida o guardada, por fin había salido a la luz. Ella sabía que así fue.
