PLEDGE
xiii; morder.
Es demasiado tarde cuando las alarmas se encienden en el pueblo.
La gente corre despavorida entre los callejones y los entroncamientos hacia sus casas, la noche cae y con ella las capas rojas bajan de las montañas que encierran la villa del reino de Dnnu. No pasa mucho tiempo antes de que las capuchas de la corte de Kuroo desciendan a las calles principales y esperen las indicaciones de su superior quien analiza el aire con interés, Bokuto está detrás de él con una mano al aire, esperando justo el momento en que le pidan comenzar a saquear las casas.
—Puedo olerlo cerca.
Y antes de que los demás pudieran seguirlo, él salió corriendo.
Porque el aroma dulce crepitaba por sus fosas nasales y él podía sentirlo incluso en su sangre marchita y en su alma llena de podredumbre. Sus sentidos se habían agilizado demasiado luego de haber asesinado al anterior rey, y aun así Oikawa era capaz de esconderse de sus cuidados. Pero Kuroo debía estar un paso delante del rey, o dos de ser necesario. Y ese olor a flores y postres mundanos le llamaba incluso cuando intentaba no ser encontrado; contra todo pronóstico, el peli-negro lo encontraría así tuviera que voltear la tierra completa y traerlo a rastras a su lado de ser necesario.
¿Por qué el rey regente sólo quería verlo sumido en la desesperación? Era su deseo ardiente, era la fuente de su poder y era todo lo que buscaba siempre. Incluso cuando lo intentaba, cuando Kuroo quería ser condescendiente y no volverse completamente loco ante los desvaríos del castaño, este sólo lograba que se volviera irracional. Kuroo ya era por mucho irascible, era alguien incontenible y con quien prácticamente todo el mundo tenía que tener cuidado. Por eso cuando Oikawa lo desafiaba de esa manera sólo podía pensar en que quería tener un total control de todo lo que pasaba en su vida. Si Oikawa no quería ser algo sustancial en su vida ¿por qué lo había utilizado? ¿Por qué había aceptado ser una vela que nunca moriría en su mundo de oscuridad si a la primera ventisca lo había abandonado y no quería que volviera a recuperarle?
Esto fue lo primero que pensó cuando lo encontró entonces en la plaza principal, empero, Oikawa tenía toda su atención puesta en ese hombre que lo oprimía contra el suelo, tenía una espada clavada sobre el estómago y el hombre ataviado en blanco lo mantenía preso por el cuello, apretando tanto que los nudillos se le volvían pálidos. El rey estaba allí con los ojos saliéndose de sus cuencas cuando empujó hacia arriba con una violencia que a Kuroo le espantó. Boqueó como un pez fuera del agua, irguiéndose en toda su magnificencia sin importarle la gente a su alrededor o el conocido olor de los demonios a cercándose a donde él estaba. Tenía demasiado con el hombre bajo él, que gateaba intentando alcanzar su espada infructuosamente. Siendo pateada por el demonio.
Cuando Bokuto llegó corriendo detrás de él, lo detuvo con un brazo y ambos lo observaron.
No quieras a nadie, Kuroo Tetsurou, estás maldito igual que todos nosotros.
Por que esa persona allí frente a ellos, ese ser de oscuridad y palabras bermejas que asemejaban a la muerte, no era sino un espectro compuesto por aquellos quienes no somos amados por los dioses para traer miedo y diatribas por la tarde. Un cuerpo cayó al piso de nueva cuenta, las voces sólo eran coreadas por las maldiciones del infierno:
Grito, sangro, lloro, concédeme la dicha de un parpadeo.
Ushijima ¿qué es lo que has hecho?
La locura engendra locura.
No te olvides, no te abandones, Tooru.
Precisamente por el amor a Dios, no lo haré.
Pero fue muy tarde cuando Bokuto sostuvo a Kuroo por los brazos para que no avanzara más, porque ese cuerpo que se iba consumiendo bajo el contrario, en respiraciones incipientes, era sólo la decadencia de la humanidad y las atrocidades cometidas por el hombre y la mujer. Era sólo el reflejo de la pudrición gemebunda que acompaña a seres malditos como los humanos. ¿No es terrible ser uno? Están malditos desde que nacen, pues viven los minutos hasta que estos se les acaben ¿y qué queda luego de eso?
Nada, sólo queda allí una ceniza y polvo de donde venimos y en lo que te convertirás.
Es por eso que Kuroo sólo giró la cabeza esa noche y se negó a enfrentar el destino incierto que fluía en sus propias manos; cómo era todo tan efímero y fácil de quebrantar.
Una vez más, huye.
Una vez más, abandóname.
Mi corazón está perturbado por ti.
