Capítulo II
Tony revisó algunas de sus investigaciones sobre su especie y con estas en mano fue un día de clases a la oficina de su profesor.
Hank McCoy al verlo serio, sonrió y lo invitó a pasar…
–¿Qué sucede Tony?
–Quiero corroborar algo con usted.
–Adelante.
Dijo el maestro e investigador quien por esa misma línea de estudio –junto con su compañera–, descubrieron que los híbridos poseían una gran inteligencia muy por encima de la mayoría de seres humanos. Por lo tanto Tony Stark debía tener algo muy interesante en esos apuntes que fue colocando sobre el escritorio del mayor. Con estos listos, el gatito comenzó…
–Recuerda que me dijeron los del lazo obligado entre los de mi clase y su amo.
–Sí, una desgracia.
–Bueno sí, pero según opinión de los científicos este existió.
–No comprendo.
–Sí; a todos nos adiestraron con eso en mente, que cuando saliéramos de ese lugar nuestro dueño o dueña sería lo más importante para nosotros y no dudo que para los primeros creados, fue de ese modo…
–… –Hank dejó que el menor se explayara.
–Sin embargo; mis dos congéneres que estudian aquí, me ayudaron con mi investigación y hubo muchas dudas –de ellos y mías– que fuimos resolviendo entre todos.
–¿Si?
–Que tanto seres humanos y nosotros nos parecemos mucho o nos diferencian pocas cosas.
–Claro, eso es la verdad. –acotó con seguridad Hank, pues siempre les inculcó a sus alumnos, pocos en ese momento, que era tan importantes como lo humanos.
–Pues eso, que podemos tener un freno natural.
–No comprendo…
–Sí, nos crearon para servir y seguir a nuestro amo, pero la naturaleza y evolución nos otorgaron una pequeña oportunidad… la de escoger a quien lo será, y si este o esta se convierte en una amenaza para nuestra persona, ese lazo nunca se llegará a dar.
–No obstante es solo una ínfima oportunidad según comprendo.
Tony afirmó moviendo la cabeza y acotó:
–Pero una al fin y al cabo. En mi caso no había, digo he conocido a mi lazo, porque mis padres son eso, mis padres, pero…. El lazo de pareja no existía…
–¡¿Existía?! –se sorprendió Hank.
El gatito se sonrojó y carraspeó nervioso al componer:
–Existe, quise decir existe. Bueno mi duda es ¿que tanto ha evolucionado esta situación o si acaso aún existe entre las generaciones después de mí?
Hank suspiró, más negó…
–Desearía saberlo con certeza, pero no tenemos alumnos más jóvenes que tú, de hecho como bien sabes, solo son ustedes tres por el momento. Y todos muestran un amor muy grande por las personas con las que están. Por lo que Virginia y yo creímos que esa impronta, perdura hasta el día de hoy ¿Estás seguro que ustedes podrían elegir?
Tony meditó un momento y siguió:
–Amo a mis padres… no sé qué haría si me faltaran… pero… –Tony dejó inconcluso ese pensamiento– Creo que mis investigaciones no están completas.
Concluyó el hibrido y recogió su papeles saliendo de la oficina.
Esa tarde en su habitación, Tony se quedó mucho tiempo pensando en ese lazo que los científicos que los crearon les colocaron ¡¿De verdad creyeron que las emociones podían crearse en un laboratorio?! ¿Podían?
Tony se quedó dormido enroscándose en su cama y así lo encontró su madre, quien lo acarició temiendo que su niño tuviera malos sueños.
–Tony… cariño…
El minino despertó y al ver a la mujer mayor, se echó a sus brazos.
–Te quiero mamá…
Susurró éste. Ella contestó:
–Y yo a ti, mucho. ¿Tienes hambre? Vamos a cenar.
El niño asintió y siguió a su madre hasta el comedor, donde Steve se encontraba. Una sonrisa del rubio alegró a Tony, más de inmediato volvió a pensar si no era solo la química o lo que fuera que manipularon sus creadores…. Aunque que adorara los ojos azules de Steve no era tan malo, a pesar de que este no lo viera más que como el precioso hijo de su salvador. Tony al pensar en eso, quiso rodar los ojos; el rubio era demasiado sincero e inocente para su gusto.
La comida fue servida y Tony vio que Rogers se retiraba por lo que mencionó:
–¿Tú no comes Capitán?
El rubio sin dejar de sonreír volteó y respondió:
–Tony, te recuerdo que soy o fui un soldado raso y si como, pero…
–Siéntate con nosotros.
Cortó el gatito. Mary se unió a la invitación de su hijo:
–Por favor Steve, Howard no viene a cenar y nos gusta estar acompañados.
El de ojos azules aceptó y se sentó. Tony sonrió gatunamente, le agradaba conseguir lo que deseaba.
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El auto comenzó a avanzar y Tony vio al frente, llamando…
–Happy, hoy salgo temprano.
–Lo tengo señorito.
Tony se acomodó en su asiento junto a Steve.
–¿Vendrás por mi verdad? –preguntó el menor.
El rubio negó:
–Voy con el Doctor.
Tony se enfurruñó y se cruzó de brazos. Steve percibió la molestia del gatito, pero no podía hacer nada, sus deberes eran sus deberes, por más que quisiera concederle sus caprichos a ese minino por el que sentía debilidad.
–Puedo jugar contigo en la noche. –ofreció como ofrenda de paz.
–…
–Tony…
–Mucho tiempo y te perdono.
Steve sonrió al responder:
–Sí, lo prometo.
El auto se detuvo en el Colegio y Tony bajó corriendo, Rogers le siguió y poco más tarde regreso. El auto avanzó ahora en dirección de los laboratorios.
Happy vio por el espejo retrovisor al rubio y comentó:
–Ese niño te adora.
–Y yo lo estimo mucho.
El conductor negó sin dejar de sonreír:
–No Steve ese niño que te recuerdo ya no lo es, te ve de otro modo…
–No. Eso no es posible; yo le debo mucho al Doctor Howard, ¡jamás lo traicionaría de ese modo!
–Pero ¡¿de qué hablas?! Eso no es malo
–Por favor Harold. Estamos hablando de un niño, la mera mención es un crimen.
–El señorito Tony ya no es un niño, la señora dice que es un adolescente, que su médico le hizo estudios por una vez que se puso enfermo.
–¿No fue una enfermedad?
–No, o en parte; pues al ser un poco diferente crece de modo diferente y sus defensas estaban bajas. Creí que lo sabías; fue antes de que llegaras a trabajar, pero supuse que sabías la edad de Tony.
–Bueno debe tener unos diez años.
–No; ya tiene dieciséis. Por eso el Doctor le regaló para su cumpleaños su propio laboratorio en el edifico Stark.
–Vaya…
–Mi estimado Steve, para ser su guardia no sabes mucho de él.
–Y tú sí. –aceptó a regañadientes el rubio.
–Yo lo conozco desde que llegó a alegrar la vida de los señores y la nuestra.
–Ya veo… bueno yo me tuve que ganar la oportunidad de conocerlo. Los señores Stark lo tienen muy protegido de las personas.
–No es para menos. Tony no sería bien visto o hasta podría ser lastimado en…
–¡Nunca lo permitiría!
Happy sonrió y ya no le dijo más al rubio; la reacción sincera sobre lo que sentía por el pequeño gatito ya la había conseguido. El conductor tenía muchos años trabajando para el matrimonio Stark y por eso los estimaba como si fueran su familia, sufriendo con ellos la muerte del pequeño Gregory y luego la llegada de ese pequeño minino que regresó la luz a esa casa.
…
El tiempo no se detuvo. Steve vio el rostro orgulloso del Doctor Stark y sonrió. Tony le mostró un invento a su padre, Inteligencia artificial en una computadora y si bien no estaba detallada la primicia, según comprendió Steve, era excepcional.
Esa tarde el minino arribó a la torre sin avisar y si bien su padre se preocupó un poco, Tony lo calmó, al decirle que deseaba mostrarle su invento en el que llevaba trabajando varios meses…
–¿Y cómo se llama? –escuchó decir Steve a Howard Stark.
–Ahm… Viernes…
Howard rió al agregar:
–¿Cómo tu chofer?
–Es mi amiga, papá.
El científico acarició el cabello castaño oscuro de su hijo y de paso las orejitas de este, recibiendo un ronroneó en respuesta.
–Lo sé, Tony...
Mary y Howard amaban a su hijo y si bien deseaban todo para él, convivir con la gente de su círculo no era ni siquiera una opción, no deseaban que fuera lastimado por las malas miradas o palabras desagradables. Por todo eso, Tony convivía solo con los sirvientes de su casa y los pocos conocidos del Colegio.
–Entonces hijo… vamos a ver que necesita Viernes para mejorar.
Tony asintió y escuchó a su padre y las sugerencias que le daba.
Steve desde su lugar admiraba la hermosa convivencia entre esos dos, que se perdían en su mundo conversando de cosas que ni de lejos comprendía.
Más tarde casi para la hora de la cena; Tony regresó de la torre con su padre y en cuanto el auto se detuvo bajó corriendo buscando a su madre.
Mary lo recibió y el gatito la abrazó con fuerza. Ella preguntó:
–¿Cómo te fue?
–¡Le gustó, Mamá! ¡Dice que es un extraordinario invento!
–Felicidades hijo.
Dijo contenta Mary. Luego Tony alzó la vista y sus mejillas se notaban rojas, al comentar…
–Steve también estaba, Mamá…
–¿Si?
–Sí; él también se sorprendió.
–Oh ya veo.
–¿Crees que me consideré inteligente?
–Por supuesto que sí, lo eres y también muy guapo.
Tony sonrió emocionado mostrando su colmillitos, adoraba que su mamá le dijera que era guapo; eso significaba que tal vez podría gustarle a Steve.
Mary entró al despacho de su esposo y fue hasta él.
–¿Qué te pareció lo que Tony te mostró?
–Mary… nuestro hijo es un genio.
–Lo sé y me alegra que lo guíes en este camino de la investigación.
–¿Cuánto tiempo ha pasado?
–No lo sé, siento que es nuestro desde siempre… Nunca te di las gracias por traerlo.
–Al contrario, a ti por aceptarlo y darle el amor de madre.
–Es nuestro hijo.
–Si.
–Y precisamente por eso este día llegaría.
–¡¿Qué?!
Se asombró el hombre; más su esposa acarició su cabello con canas y continuó:
–Tony se enamoró.
…
Mil gracias por leer y comentar a : noona-kane y a Chiharu que a pesar de no ser ni de lejos su favorito sigue apoyándome.
