Capítulo IV


El heredero de los Stark se instaló en la Torre del mismo nombre y se dedicó a sus investigaciones; por supuesto que sin descuidar los negocios de su padre. Antes bien, no era muy visto y trataba de cerrar los tratos vía conferencia o de otro modo electrónico que le permitiera esconder un poco su físico.

Rodhey y Viernes se convirtieron en sus incondicionales. Porque Happy –quien llegó a ser su amigo–, también lo perdió en ese accidente al igual que sus padres.

Cuando Steve llegó a la torre y fue asignado a una de las habitaciones de la planta de los trabajadores de la Torre, no le pareció extraño. No obstante al momento en que fue a buscar sus asignaciones de labores, con el secretario de Tony se sorprendió al saber...

–¿Vigilar el ala medica?

El secretario asintió sin dejar de trabajar en su computadora. El rubio casi bufó al sentir que era ignorado y volvió a cuestionar:

–¿Está seguro?

–Sí, ese será su trabajo aquí.

–Pero es que...

El joven hombre alzó la vista y fue claro.

–Si señor Rogers, estoy seguro, por favor desde mañana preséntese en su lugar de labores o... renuncie.

Steve se quedó impactado ante la respuesta tajante de Jarvis, secretario de Tony.

El rubio exhaló aire para calmarse y pidió:

–¿Puedo hablar con Tony?

–El señor Stark está ocupado.

–¿Puede ser mañana?

Jarvis vio de nuevo al exmilitar y concluyó:

–Tiene algunas citas durante la semana y pidió no ser molestado.

Steve tuvo que ceder y se retiró, no obstante dudaba que Tony no lo recibiera, debía verlo, sabía que el gatito estaría muy deprimido y deseaba estar con él.

...

Conforme pasaba el tiempo; Tony se enfrascó en su mundo, sin embargo el dolor de no tener a sus padres no había mermado ni un poco.

Tony se alejó de la mesa de trabajo y fue hasta la pared de cristal viendo que el ocaso ya llegaba. El joven heredero tomó otro sorbo de café y dejó la taza para salir de su laboratorio. Caminó por los pasillos de su penthouse, pasando por las diferentes estancias y salió hasta el ascensor.

Tony se miró en las paredes metálicas del cubículo y sonrió, se pasó por el cabello los dedos para peinarse un poco sin dejar de sonreír; su vanidad quedó relegada al estar casi siempre solo, pero recordó que sus trabajadores no lo veían casi nunca, así que oprimió un botón y luego otro para regresar a su vivienda y arreglarse los suficiente; recordó las palabras de su madre para causar una buena impresión.

Al estar listo –en su opinión– Tony retomó su camino rumbo a los pisos de abajo.

Su intención no era interrumpir las labores de los diferentes departamentos, sin embargo en cuanto llegó a sus oficinas y Jarvis lo vio, se unió de inmediato a él para darle un recorrido.

El gatito, que ya no lo era tanto, fue viendo los lugares y personas, que si descubrían su presencia, lo saludaban con admiración.

Rhodey lo alcanzó en el ala de avances médicos:

–Ey por fin saliste de tu cubil. –bromeó el de color.

–Tenía ganas. –dijo sonriendo el minino.

–Que bien Tony.

Aseguró James. Jarvis movió la cabeza afirmando, estando de acuerdo con el guardia y amigo del heredero Stark.

El minino notó algo en el ala donde se encontraban y le preguntó a Jarvis:

–¿Por qué hay tan poca gente laborando?

–Aparte de ser sábado... –Jarvis revisó su tablet y acotó– Dos de los trabajadores del departamento se casan hoy.

–Oh... ¿El ala medica...? –murmuró Tony meditando– ¿No es esta donde Steve Rogers trabaja?

–Así es. –respondió el secretario.

Tony no preguntó más, se quedó en silencio recorriendo inconscientemente el lugar con la vista buscando a...

–Margaret Carter es quien se casó y... –informó Jarvis.

–Ya veo. ¿Cómo van los genetistas con la muestra que les envié? –cambió de tema el gatito, al intuir que su plan había funcionado y que Steve Rogers se quedó con su amor platónico, como lo predijo; el tiempo no lo pudo hacer olvidar al rubio, más debía seguir adelante como éste lo hizo.

–Recibí los resultados hoy por la mañana, y debo decir que los médicos me dijeron haber estado un poco confundidos.

–Lo imagino ¿resultados? –mencionó Tony.

Jarvis volvió a recibir su dispositivo y respondió:

–Que el sujeto en cuestión si tiene la capacidad de gestar.

Jarvis y Rhodey se quedaron asombrados, más Tony no pareció tener intenciones de aclararles sus dudas.

El gatito siguió su camino con una mezcla de emociones entre tristeza y alegría. Tristeza porque su único amor se estaba casando o se casaría ese día y felicidad por saber que podría tener un hijo... aunque ya no tuviera a ese alguien a quien deseaba dárselo.

El elevador abrió sus puertas y Tony abrió la boca con asombro.

–¡Oh! –exclamó el hombre que iba en el ascensor– Tony... digo, señor Stark.

–Ste... Steve ¿Qué haces aquí?

–Aquí trabajo. –dijo sonriendo con nerviosismo el rubio.

El mencionado agitó la mano y con una gran sonrisa aclaró:

–Me refiero a que creí que estarías en una boda y...

–Ah ya; no, me temo que no fui, no soy muy sociable y esos eventos no son lo mío.

–Ya...

Tony se removió nervioso, pues por dentro gritaba hurra porque el rubio no era el novio de esa boda.

James y Jarvis hicieron regresar a la realidad a Tony.

–Vamos al piso de tecnología, señor Rogers.

Dijo Jarvis y Steve pareció reaccionar y salió del elevador permitiéndoles pasar. Los tres entraron y el rubio vio al minino que alguna vez y con un par de años menos, se le declaró y con nostalgia dijo...

–Cuídese... señor Stark.

Tony movió la cabeza –recordando que la relación cercana que tuvo con el rubio se perdió hacia un tiempo y que su alegría era momentánea, hasta que Steve encontrara a su pareja, que por supuesto no era él– y respondió.

–Igualmente señor Rogers.

Las puertas se cerraban y los ojos azules buscaron los de color chocolate, pero no los hallaron.

Steve no supo cómo tuvo el valor, pero colocó la mano en la puerta para que no se cerrara y con algo de angustia, por fin después de mucho tiempo de haberlo deseado, preguntó:

–¿Por qué ya no puedo ser su guardaespaldas?

Tony abrió la boca, no obstante no supo que responder y fue Rhodey el que lo hizo por él.

–Podrí utilizar un par de días libres, si te interesa ¿puede verdad Tony?

El minino levantó las orejitas moviéndolas después y solo movió la cabeza en consentimiento.

Steve sonrió y soltó las puertas asegurando.

–Bien, avísame cuando me presento.

James agitó la mano.

–Claro, nos vemos.

El ascensor se movió de nuevo y Rhodey comentó:

–Lamento eso, pero me pareció una buena idea, él fue muy fiel a tus padres.

–Sí; comprendo. Solo te pido que no sean muchos días y que no tenga que verlo tanto.

–... Si te molesta algo de él, olvidaré la opción de ponerlo en mi lugar.

–No, no... Solo permite que Jarvis lo agende.

Tony deseaba tener muy presente los días en que el rubio seria su guardia, no deseaba sufrir innecesariamente y toparse con éste.

Eso planeó el gatito, sin embargo el destino era un bromista y posteriormente, Steve, en su turno se aseguraba de estar cerca de Tony y muy pendiente de lo que necesitara éste.

Poco a poco el rubio se fue haciendo nuevamente de un lugar en la vida del gatito, sin que este sospechara de ello hasta que fue inevitable.

Una de esas noche Tony escuchó la puerta de su laboratorio abrirse y la voz del rubio enseguida...

–Te traje la cena, ya es casi media noche.

–Oh lo olvidé. –respondió el castaño estirándose.

–Lo imaginé. Ven, deja eso por un momento.

Tony caminó hasta el aseó y se lavó, regresó y se sentó en donde Steve ya le servía. El minino vio al más alto y recargó su cabeza en una de sus manos que colocó sobre la mesa.

–¿Qué haces aún trabajando? Ya deberías de haberte ido a dormir o... salir a divertirte.

–No tengo sueño, y tampoco ganas de salir. Menos sabiendo que te olvidas de comer cuando te enfrascas en tus experimentos o inventos.

Tony se encogió de hombros.

–Jarvis me manda mensajes para recordarme la hora de alimentarme.

–Pero los ignoras.

–...

El Stark comió y vio que Steve lo acompañó con una taza de té.

–Sabes... he pensado que ya es hora de casarme.

El rubio casi se ahogó con su infusión, y al terminar de toser cuestionó intrigado:

–¿De qué hablas?

–De eso, que soy joven, pero que no tengo la certeza de una vida larga...

–Nadie la tiene.

–Precisamente. Y no hay más Stark que sigan con la Compañía.

–No creo que sea necesario que...

–Lo es.

Steve tuvo que preguntar algo que no deseaba saber y a la vez sí.

–¿Amas a alguien?

Tony se rio divertido.

–Eso no es necesario; los casamientos entre los empresarios por lo regular no son por amor. Sin embargo deseo tener un matrimonio como el de mis padres y haré todo lo posible por hacer feliz a la persona con la que me case.

–Entiendo... –Rogers bebió de nuevo de su taza y la dejó para mirar largamente a Tony.

–¿Qué?

–Ese lazo que los... híbridos tiene ¿no te preocupa?

El gatito frunció el ceño.

–¿Cómo sabes de eso?

Rogers suspiró y respondió:

–El Doctor Howard me lo contó posteriormente de un tiempo trabajando con ustedes.

–...

–¿Y lo has pensado?

–No. Ese lazo no existe ya.

–No entiendo.

–Que ese lazo existió como una posibilidad para los que nos crearon, pero la evolución nos liberó de esa cadena.

–...

–Lo estuve investigando desde hace años.

–¿Lo comprobaste ya?

–Si. ¿Por qué el interés?

Steve negó y colocó una sonrisa nada sincera:

–Curiosidad, no me hagas caso.

–Como digas. En fin, creo que ya me dio sueño, voy a dormir.

Steve asintió y recogió los trastos y sobras de la cena saliendo del lugar. Tony lo vio irse sintiendo melancolía. Era hora de dejar sus ilusiones de niñez atrás y hacer algo por la empresa de sus padres. Ese tiempo nuevamente juntos no cambió nada y Steve nunca lo vería como pareja y era mejor buscar una relación provechosa para sus fines empresariales.

...


Muchísimas gracias a: Lunatica Drake Dark y Chiharu.