Capítulo VI


La sonrisa de Tony no se borró durante el rellenado de los documentos y si bien eso le pareció extraño a Rhodey, no comentó nada, sospechando el motivo de esto.

Steve por su parte; se quedó meditando lo informado por el gatito y es que contra la admiración de éste en favor de ese atractivo y amable hibrido Alfa, se sentía casi perdedor. No obstante, se debía y se lo debía a Tony, el hacer su mejor esfuerzo para atraer de nuevo el interés del minino por él.

Los trámites llegaron a su término y el Stark se estiró, después de que Okoye se retirara de la salita privada.

–Esto fue rápido. –comentó Tony– Espero alcanzar a Clark y Bruce.

Rhodey al escuchar a su jefe pedir eso, acotó:

–¿Puede ver si ya salieron?

–Ya salgo yo.

Se adelantó Steve. Tony y Rhodey se asombraron por lo rápido que se movió el rubio guardia.

El minino recogió sus documentos y Rhodey lo esperó.

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Steve se internó entre los pasillos y buscó las figuras de ese par de pelinegros. Steve los ubicó en una de las salas, saliendo de esta y estaba por dar la vuelta e ir por Tony cuando vio que el llamado Bruce se giraba y...

–Oh...

Steve sonrió al seguir observando; pues el más alto y quien era el hibrido Alfa, agarró de forma amorosa al otro para guiarlo rumbo a la salida.

Steve ahora si se apresuró y llegó al pasillo donde Tony y Rhodey ya venían caminando por él.

–Ya han salido también. Podemos alcanzarlos si se apresura. –Tony notó la sonrisa del rubio y sospechó, pero confirmó su teoría de que Rogers ya sabía lo de esa pareja– Aunque debo desilusionarlo, el señor Bruce Wayne parece estar gestando...

Tony casi rodó los ojos, más mintió:

–¡¿Si?!

Steve asintió y Tony se lamentó:

–¡Oh ese Wayne me gano a Clark! –El rubio exmilitar esperó por las órdenes del gatito, sin embargo estaba exultante de haber descubierto todo sobre esa pareja.– En fin, eso no me hará perder esa amistad. Vamos a verlos.

Tony caminó apresurado y sus guardias los siguieron. El hombre de color vio a su compañero y este sonrió radiantemente, Rhodey negó moviendo la cabeza sin dejar de sonreír.

El Stark alcanzó a los de Ciudad Ghotica, porque ellos lo esperaron y el trio decidió salir a comer para celebrar la noticia del futuro heredero de los Wayne, del que Clark Kent estaba orgullosísimo.

Steve, Rhodey y los guardias de los Wayne estuvieron muy cerca de sus jefes, pues estando juntos dos multimillonarios era algo muy extraño y peligroso para estos. Por lo que Steve dejó su alegría de lado y se puso en total alerta.

Afortunadamente no hubo ningún contratiempo y los amigos se despidieron. Clark vio al gatito Stark retirarse y le comentó a su pareja:

–Siempre que lo veo, recuerdo agradecer a la suerte o a quien sea por esa ayuda que recibimos de esos otros hombres y de ti.

–Dos de ellos, los principales iniciadores, ya murieron.

–Pero su buena obra no se olvidará, no por nosotros los híbridos.

–Hemos sido más que recompensados. Howard teniendo un hijo en Tony, yo te tengo a ti como mi compañero y Alfred constató que no hace mucho uno de ustedes llegó con los Lehnsherr.

–¡Wow! Eso no lo sabía.

–No quise decirte nada, por si debíamos rescatarlo también de ahí, más... No fue así.

–Lo ves, es genial saber de más congéneres felices.

–Lo imagino.

La pareja subió a la limusina para regresar a su ciudad, viajarían en avión.

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Tony vio la torre ya cerca y se estiró aburrido.

–Tengo sueño. No tengo idea de porque hacen estos trámites tan temprano.

–Podrás descansar en cuanto lleguemos. –aseguró Rhodey.

–Ya lo creo. –afirmó feliz Tony, luego vio al rubio en el asiento de enfrente– ¿Steve me preparas chocolate?

–Por supuesto.

El rubio sonrió y sin querer Tony se sonrojó por ello.

Al arribar a la Torre, el gatito salió seguido del exmilitar. Rhodey optó por dar una vuelta por el edifico revisando los diferentes departamentos, y con eso darles tiempo a ese par.

El minino entró a su penthouse y caminó hasta su habitación.

–Solo espero mi cocoa y dormiré.

–Bien, no tardo en preparártela.

Tony sonrió gatunamente y asintió. Rogers se quitó el saco y corbata, arremangándose la camisa.

Se puso a juntar los ingredientes y se dispuso a hacerlo.

Por su parte Tony se colocó algo más cómodo para vestir. Un chándal y una camiseta sin mangas. El gatito fue hasta su computadora portátil y tecleó algunas indicaciones para que su secretario Jarvis las hiciera y no lo buscara en un par de horas. Luego revisó algunos documentos que tenía guardados, para su uso personal.

Escuchó la puerta ser tocada y dijo:

–Adelante.

Tony esperó en su escritorio y Steve entró llevando una bandeja con una taza de cocoa caliente con algunos bombones en la superficie.

–Perfecto... –ronroneó el minino. –Bebió con tranquilidad, luego le dijo a Steve– Quiero conocer a Charles

–¿Quién es Charles?

–Un hibrido como yo, pero de menos edad, lo cuidan lo Lehnsherr.

–¿Los de Metales Lehnsherr?

–Exacto.

—Ellos ¿Lo tratan mal o...?

–No, no; al contrario, si lo que dicen mis antiguos maestros es cierto; es apreciado como lo fui yo.

–Aun eres apreciado.

–.. Supongo...

Steve dejó la charola sobre el escritorio y se hincó para ver a Tony hacia arriba.

–Eres muy importante... para mí.

–Porque soy el hijo de...

–No solo por eso. Eres lo más importante para mí desde poco tiempo después de que te conocí.

–...

–Sé que dije cosas que fueron algo... No. Fueron mentiras, no hay vuelta de hoja. Mentiras para no herirte...

–Pero lo hiciste y mucho.

Steve agarró la mano del gatito y la puso en su propia frente.

–Perdóname, Tony. Perdona mi estupidez.

El minino suspiró y dejó su taza.

–¿Por qué?

Steve sabía que el menor esperaba la respuesta del motivo de sus mentiras y armándose de valor, continuó.

–Ese lazo... lo creí cierto y que este era el que te guiaba hacia mí; no quise obligarte a nada de eso...

–Sí que eres tonto ¿por qué no preguntaste?

–¿A quién? Tu padre fue el que me comentó de ese lazo y que yo llegara con esas dudas... sería como una confesión de culpabilidad y me alejarían de ti... eso creí.

Tony bufó y se giró para agarrar el rostro del rubio y mirarlo cara a cara.

–Steve me gustas...

–Y tú me gustas... No. Te quiero.

Tony se quedó estupefacto, pues ese rubio atolondrado lo había superado.

Tony se puso todo rojo y el rubio besó la mano de éste que aún tenía agarrada. El gatito sintió los labios del de ojos azules y moviendo su colita, respondió:

–Bueno, aun no te perdono.

–Lo sé, pero puedo esperar y trabajar para que lo hagas. ¿Tony quieres ser mi novio?

–Steve Rogers, no crees que de por sí ya perdimos mucho tiempo y si seguimos así de lento... podrías ser un ancianito cuando nos casemos.

El rubio se rió y le recordó:

–Dijiste que aún no me perdonabas.

Tony sonrió y acercó al mayor para besarlo. Fue un beso torpe, pero en opinión de los dos, maravilloso.

El gatito se levantó y sin dejar de sonreír. Abrazó a Steve que respondió la caricia y lo atrajo entre sus brazos.

–Soy un tonto como dijiste, por perderme esto.

–Bueno, es cierto, pero no todos pueden ser genios como yo.

–Tony... yo no tengo más que mis ahorros y...

–Eso no importa. Me quieres... eso es lo único trascendente.

El exmilitar sintió como el gatito lo guiaba hasta la cama y se frenó...

–Tranquilo Capi, solo quiero dormir a tu lado. –Lo calmó el hibrido.

Rogers suspiró aliviado, pues si bien era un hombre con deseos no quería ir tan rápido con su... novio o prometido.

Los dos se recostaron y Tony lo hizo sobre el rubio ronroneando satisfecho de estar en ese lugar.

Estando felizmente descansando, uno con el otro, ni siquiera despertaron para cenar. Por lo que la mañana que siguió la recibieron hambrientos y fue Steve el encargado de hacer los huevos con tocino y más chocolate para Tony.

Los dos comían tranquilamente, cuando Jarvis le confirmó a su jefe, por medio de un correo electrónico que su cita con los Lehnsherr, serían en menos de dos horas, por lo cual los dos tuvieron que apresurarse.

Tenían un camino por andar, más lo harían juntos y ya sin dudas... o no muchas.

...


¡Muchísimas gracias a Lunatica Drake Dark!