FONTANERO

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-Las acciones han bajado un cinco por ciento esta semana – continua Bella mirando la pantalla de su Mac – ya varios inversionistas gordos están pensando en vender mientras que un veinte por ciento de los minoritarios han vendido todo.

-los minoritarios no importan mucho, solo necesitamos que Windor y su séquito sigan con nosotros – murmura Eleazar Denali, el CEO que estaba esa semana torturándolos con información. Agradecía que esa iba a hacer su última reunión con ese hombre. Era una patada en el culo.

-El señor Windor dio un ultimátum, si las acciones bajaban dos puntos más se retiraba.

-Entonces tienen trabajo que hacer, señores – Eleazar se dirige al resto en la sala – necesito que vendan. Ya! – todo el mundo se levanta y sale enseguida de la sala de conferencias, Isabella recoge sus cosas y sale detrás de los demás, cansada de un largo de día de trabajo. Mira la hora en su reloj cuando llega a su cubículo, las cinco treinta

-Malita sea – gruñe, era tarde, muy tarde. Toma su teléfono y llama al discado número dos. Al segundo repique toma la llamada.

-Habías tardado en llamar, preciosa – sonríe al escuchar su voz arrogante.

-Cállate y dime que puedes pasar por mí – pide sonriente y preocupada. Maldito el momento en que su auto se había dañado.

-Me adelanté a los hechos, hermosa. Estoy abajo. Mueve tu lindo trasero y ven aquí.

-Dios! Eres un amor. En seguida estoy contigo – Isabella despeja su mesa y mete todo en su bolso para luego bajar en el ascensor, se recogió el cabello en una cola alta y movió la cabeza de un lado a otro tratando de estirar el cuello y liberar el estrés, había sido una semana jodidamente dura. Al salir del edificio buscó rápidamente en la calzada entre la gente y los autos hasta que lo vio, con una chaqueta de cuero curtida por el sol sobre su camiseta blanca, unos vaqueros desgastados y sus infalibles botas negras militares, una linda vista entre tantos trajes sosos de Wall Street.

-Hola, preciosa – saluda cuando llega hasta él, este la toma por la cintura y besa su mejilla antes de sonreírle – por qué la tardanza? – pregunta subiéndose a la moto.

-El bastardo de mi jefe necesitaba los balances de los inversionistas antes de irse. – gruñe subiéndose a la moto, una Harley davidson negra, detrás de él para sujetarle con fuerza por la cintura.

-Cuál? El que tiene el palo en el culo o el que necesita una polla en el culo? – pregunta él arrancando la moto, ella sonríe, siempre se refería sus jefes de esa forma y él los llamaba igual.

-El que tiene el palo en el culo, estoy harta de ese hombre, nunca se cansa de llamarme para pedirme cualquier tontería que puede buscar él mismo. – gruñe mientras Edward se incorpora en el tráfico.

-Te dije que ese hijo de puta te desea, hermosa. – gruñe Edward con la voz más tensa de lo normal.

-Pues, que busque follarse a su asistente porque a mí no me tendrá.

-Así se habla, bonita – alaba Edward pasando entre los autos, iban tarde para una cena con la familia de Edward, aun debían pasar por el apartamento de ella antes de dirigirse a la casa de los padres de Edward cerca del barrio chino en Manhattan, su familia era modesta y humilde y habían acogido a Bella como una más de ellos cuando Edward se las presentó por primera vez a dos meses de conocerse, la había invitado al cumpleaños de su hermana Alice que estaba cumpliendo los veinticinco.

Habían pasado ya cinco meses desde que había conocido a Edward, una que otra vez ellos la invitaban a comer en su casa y ella siempre aceptaba, adoraba a Esme y sus cálidos abrazos maternales con esas comidas deliciosas que solo ella sabía preparar y a Carlisle y sus largas conversaciones sobre la vida y el universo, era un hombre con el que podías hablar horas sin aburrirte. Alice se había vuelto su amiga en cuestión de segundos y pasaba tanto tiempo con ella como su agenda apretada se lo permitía.

Alice Cullen era asistente de diseñador, le gustaba la moda pero no había podido estudiarlo por lo costosa que era la carrera, así que hizo cursos y con empeño llegó a trabajar de asistente de Ali Fonté, que casualmente era uno de los diseñadores en la compañía de Rosalie Hale, su mejor amiga. Edward se había vuelto un amigo incondicional y necesario para ella.

Al principio quedaban de vez en cuando en algún Starbucks o en alguna cafetería a tomar algo y hablar de todo y nada, a ella le gustaba su compañía, él era diferente, fresco, sin prejuicios, gracioso y con un amor infinito por los animales, ella escapaba de la asquerosa rutina con él, adoraba su tiempo con él. La situación que había pasado en su apartamento había quedado en el pasado, habían hecho como que nada pasó y empezaron de nuevo.

Ambos se dieron cuenta que tenían demasiadas cosas en común y eso los fue uniendo poco a poco hasta forjar una hermosa amistad, Isabella se sujetó fuerte a Edward cuando este tomó una curva cerrada, lo adoraba pero odiaba cuando manejaba la moto como un desquiciado. Entre sus tantas conversaciones, él le había dicho que tenía un amor profundo por las motos y que, aun siendo un universitario, viajó por todo el país en ella luego de haberse graduado.

Isabella se había sorprendido, ella nunca hubiera tenido ese espíritu aventurero, pero le avergonzó sorprenderse de que él haya ido a la universidad. Y la sorprendió aún más cuando le dijo que había estudiado con una beca completa en UDub, se había graduado como tercero de su clase en ingeniería civil, lastimosamente no pudo continuar con sus estudios, no tenía el dinero para postgrados ni nada de ello.

-Si eres un ingeniero civil, que haces trabajando como fontanero? – la pregunta había salido sin poder contenerla, él sonrió y se encogió de hombros.

-Siempre piden gente con experiencia y mi familia estaba pasando por un momento crítico, tenía que ayudar y aportar en casa. Fue lo primero que encontré y me quedé.

-Pero aun puedes ejercer de arquitecto o algo así, no? – pregunta ella y hace una mueca con la boca.

-Debería empezar de abajo, claro. Ser pasante y trabajar sin paga. No todas las empresas les pagan a los pasantes, no puedo darme ese lujo. Siempre quise ser parte del grupo Soursel pero las vacantes eran limitadas.

-Entiendo – contestó ella. Era horrible ver como los sueños de una persona se iban por el retrete por necesidad.

-Llegamos, hermosa – Isabella despegó su cara de la chaqueta de Edward y se bajó de la moto al ver su edificio – te espero aquí – murmura él bajándose de la moto.

-Puedes… subir conmigo – contestó algo nerviosa, desde aquella vez que él fue a reparar su tubería no volvió a subir.

-Estás segura? – pregunta serio. Ella mira hacia arriba y asiente.

-Claro, está haciendo algo de frio. No tardaré pero preferiría que subieras.

-De acuerdo – ambos entran al edificio y suben al elevador. Isabella lo miraba de hito en hito, aun se sentía atraída por él, en realidad le gustaba más de lo que podía admitir y no sabía cómo actuar a veces. Entraron a su apartamento y él se sentó en el sofá mientras ella corría a cambiarse, Esme Cullen había sido un amor invitándola a su "reunión" de aniversario con su esposo y obviamente adoraba el amor de ellos, hasta les tenía un lindo regalo que esperaba no rechazaran.

Mientras caminaba al baño su teléfono sonó y vio la seria cara de su padre en esta, sonrió porque su padre nunca sonreía para una foto, era el hombre más estoico y serio que había visto jamás, nunca daba de que hablar a los amarillistas y siempre era alguien de orden, claro todo eso era de puerta para afuera porque en casa él nunca dejaba de sonreír, era el padre más gracioso y amoroso del mundo, cada segundo era valioso para ellos y amaba su limitado tiempo compartido.

-Hola, papi – saluda sonriente al contestar.

-Cómo estás, princesa? – pregunta este con voz dulce.

-Muy bien y tú? Como está mamá?

-Bien, bien. Estamos abordando un avión ahora mismo en Tokio, deberíamos estar dentro de una semana en New York, haremos algunas escalas.

-Eso es increíble. Se quedaran conmigo? – pregunta esperanzada.

-Quizás tu madre, yo no lo sé. Voy a dar una serie de conferencias en New York y va a ser un caos, pequeña. No quiero importunar tu privacidad – Charlie había estado orgulloso de que su hija se mantuviera de incógnito en lo que concernía su privacidad y su trabajo, iba a ser una excelente presidenta de Swan Soursel algún día.

-Oh, entiendo. Pero aun así podré verte, no?

-Claro que sí. Te avisaré cuando estemos allá. Te amo, pequeña.

-Y yo a ti, papá. – cortó la llamada y se fue al baño.

Edward acarició el asiento aterciopelado de sofá recordando aquel momento que la tuvo sobre él, fue excitante y perfecto, pensó que ella podía demandarlo o acusarlo de abuso si seguía por donde iba, una mujer como ella no era para él pero ahí estaba, ella le había demostrado de no todas las mujeres con dinero piensan con la tarjeta de crédito.

Isabella era diferente, humilde, trabajadora, luchadora, le gustaba su independencia pero también compartir y pasar tiempo con sus amigos, él se volvió constante en la vida de ella y eso le gustaba, a veces iban por desayunos, otras veces solo por un helado, le gustaba la simpleza que ella le otorgaba, no había que ir a la quinta avenida o a Madison Av para hacerla feliz.

También había llegado a compartir un poco de tiempo con Rosalie Hale, le había sorprendido ese hecho puesto que siempre eran ellos dos en algún lugar apartado, paseando, en la biblioteca pública –Cuando iban por algún libro interesante y él se perdía por un segundo en el ala de diseño- siempre estaban solos, quizás ella se avergonzaba de él pero le dejó claro que no presentándole a su mejor amiga e incluyéndolo en alguna de sus salidas, se sentía fuera de lugar a veces pero ellos se encargaron de incluirlo, por lo menos Rosalie y Bella, eran lindas y humildes, no como algunos otros "amigos" de ella.

Roice Kin III, Maldito bastardo

Recordó el cumpleaños de Alice, fue la primera vez que la llevó a ver a su familia, estaba jodidamente nervioso de invitarla pero no hacerlo era horrible, él le había hablado demasiado a su familia de su nueva amiga Bella y anhelaba que ellos la conocieran, se sorprendió cuando ella, con gesto asombrado y alegre, aceptó ir, y le regaló a Alice un hermoso vestido rosa de Prada que su hermana venera con su alma.

Le hubiera gustado decir que las cosas fueron más allá de una amistad pero era una mentira. Si, le gustaría tener algo con ella pero Bella seguía siendo la novia del hotelero al que estaba odiando con todo su ser, él la tenía y ni siquiera la valoraba, su trabajo era más importante que Bella. Aunque era extraño que últimamente no lo hubiera visto, aunque no era raro saber que estaba fuera del país haciendo negocios "maldito bastardo millonario"

Lentamente y con calma se fueron conociendo, ella le había contado de sus años en Harvard y como tuvo que contratar tutores para las matemáticas, odiaba esas materias con su vida pero luego les agarró cariño, también le habló sobre su casa en California y su mascota "copito" un conejito blanco que tuvo de niña. Ahora que lo pensaba mejor, conocía cosas de Bella pero no tanto como ella de él, no le hablaba sobre sus padres y tampoco sabía su apellido. Tampoco le dio importancia, la quería a ella, no a su árbol genealógico.

Encendió el tv mientras esperaba, naturalmente las mujeres tardaban mucho en acomodarse, sacó su teléfono y le mandó un mensaje a Alice avisando que llegarían tarde a la reunión, que Isabella había tardado en el trabajo. Alice solo le dijo "ok" sonrió confundido, su muy expresiva hermana solo le respondió una simple silaba, quizás estaba ocupada con la reunión, treinta años de casados es mucho.

Comenzó a hacer zapping viendo las propagandas, películas y canales de música hasta que vio una noticia que lo hizo jadear. El magnate Soursel Charlie Swan iba a estar en New York dentro de una semana para las conferencias de arquitectura moderna y gerencia progresiva, casi grita de excitación. "está bien excitarse por un hombre al que admiras?" Se preguntó confundido a la vez que negaba con la cabeza. Charlie Swan era su ídolo, algún día quería ser como él, lastimosamente sus sueños estaban demasiado lejos de la realidad, quizás, si tenía suerte, podía ir a una de sus conferencias.

-Edward! – el grito de Bella alertó a este que salió corriendo enseguida en su búsqueda. – Edward! – volvió a gritar

-Bella... donde estas, hermosa? – grita él corriendo por el pasillo.

-Aquí! – escuchó el grito proveniente de una de las puertas al abrir vio una linda habitación blanca pero no estaba para fisgonear, Bella volvió a gritar y él corrió a la siguiente puerta encontrando un baño. –Edward… Edward! – gritó y este se sorprendió al verla sobre el inodoro casi desnuda, solo tenía un conjunto de lencería negro de encaje demasiado sensual.

-Qué pasa? – preguntó desconcertado al verla.

-Mátala! Mátala! Me iba comer! – exclama aterrorizada y la ve señalar bajo el lava manos, él camina hacia este y revisa encontrando un pequeño ratón escondido en la canaleta del desagüe principal. Ríe y vuelve la vista a Bella.

-Es solo un pequeño ratón, bonita. No va a hacerte nada – ríe al verla aun histérica.

-Me quería comer los pies – solloza y él suspira "Es tan malditamente adorable" – mata ese horrible engendro del demonio.

-No voy a matarlo, es solo un pequeño ratón – dice y pone el cesto de ropa sobre la canaleta. – con suerte se irá por ahí mismo. – se gira hacia ella y se para frente al inodoro para verla hacia arriba, su cara justo ahora está de frente a su pequeño ombligo – ese pequeño animalito tiene más miedo de ti que tú de él.

-Lo dudo – gruñe y suspira.

Tomar nota, le teme a los pequeños ratoncitos.

-Estás bien? – pregunta él en un susurro mientras mira su cuerpo con deseo, ella se agita un poco y asiente.

-Me ayudas? – susurra y él la toma por la cintura bajándola lentamente sin perder de vista su mirada chocolate, Edward podía sentir el calor de su piel, su respiración agitada, podía ver como su pecho bajaba y subía con rapidez, sus labios le llamaban pero no podía, no debía.

-Creo que… - susurra estudiando sus labios y su pecho – debo… salir de aquí – jadea y da un paro atrás sin soltar sus caderas, no quiere dejar de tocarla.

-No – susurra ella cuando comienza a sentir que él la suelta, lo toma por los brazos para mantener sus manos callosas y sus dedos sobre ella. - no quiero que te vayas. – susurra mirándolo fijamente.

-Bella – trata de advertirle pero ella da el paso que él retrocedió.

-Te deseo, Edward. Y sé que tú también me deseas.

-No podemos, bonita – dice él tratando de convencerse en vez de a ella.

-Por qué no? – pregunta confundida y temerosa.

-Tú tienes novio y… - se detiene molesto – no puedo competir con ello.

-Tyler y yo terminamos, Edward – él la mira confundido.

-Qué? Cuando? – pregunta apretando su agarre en ella.

-Un mes después de conocerte.

-Pero… él seguía viéndote, lo sé. Varias veces me lo dijiste y… los vi un par de veces.

-Si, bueno. Solo eran negocios que teníamos que terminar. Nada relacionado con nuestra relación. Ambos sabíamos que no estábamos yendo a ningún lado y… - ella baja la mirada nerviosa – a mí me gustaba alguien más.

-Pero, Bella… yo no puedo darte todo lo que mereces – musita abatido, ella sonríe levemente.

-Solo te quiero a ti – él niega aun reticente.

-No quiero que te arrepientas de esto, Bella. Te quiero, lo digo en serio y, tenerte como amiga es más importante que perderte por una aventura. No tengo dinero y no puedo ofrecerte las cosas que te mereces, no quiero que te arrepientas de tu decisión más adelante. – ella sonríe dulcemente.

-No voy a arrepentirme, te deseo, te quiero… - sonríe nerviosa – te amo y si todo lo que puedes darme es tu amor, entonces lo acepto.

-Nena, yo…

-cállate y bésame, Edward – ordena y él con un suspiro devora su boca con deseo y anhelo, cuantas noches y días no soñó con hacerla suya y ahora podía. Era toda suya.

So...

Rw?

Volveré pronto.

Kiss