FONTANERO
.
-Vas a decirme que no eres la cosita más hermosa del mundo? – Bella sonríe recostada al marco de la habitación enternecida con la escena frente a ella, Edward no se ha dado cuenta de que lo está mirando mientras le cambia el pañal a la bebé – eres mi princesa – susurra y luego le da un beso en la frente, la bebé hace pucheritos y él sonríe feliz – lo sé, mi amor. Papi tiene algo para ti.
Ve como Edward la carga con delicadeza y la arrulla en su brazo antes de mostrarle el tetero, ella le hace caritas y él ríe mientras le hace cosquillas en la pancita, Bella no cree poder ser más feliz de lo que ya es, Edward es todo e inclusive más de lo que pensó, lo ama con toda su alma, y ahora tienen a su pequeña personita "Carlie Vanessa" la princesa de toda la familia, una hermosa bebé de dos meses con el cabellito corto abundante, pequeñas hebritas cobrizas adornaban su cabeza, sus ojitos eran de un azul claro con algunas motitas verdes, era claro que iba a tener los ojos de Edward, su nariz pequeñita y labios rosados, mejillas regordetas y un delicioso aroma de bebé.
-Quieres tu biberón, princesa? – pregunta Edward sentándose en la mecedora de la habitación de Carlie. Estaba junto a la de ellos en el espacioso apartamento, pintado en blanco y rosa, con una cuna de madera blanca y algunos adornos como ositos, nubes y unicornios, todos rosas, todo decorado por Edward que estaba más que feliz de preparar la llegada de su princesita. – es leche de mami, sé que te gusta.
Isabella sonrió nuevamente encantada, al principio había sentido algo de celos porque la atención de Edward estaba enfocada en la pequeña preciosidad que acababa de llenarles de felicidad la vida pero luego se dio cuenta que no era lo mismo, claro que ella amaba a su hija, con locura, pero el amor de padre jamás se compara con el amor que siente por su aun prometido.
Al principio Bella estaba reticente en que Edward estuviera presente durante la lactancia, ella se había sentido demasiado gorda, demasiado desagradable o atractiva para él, sus pechos estaban más llenos pero eso era un problema porque vivía con las camisas mojadas de leche que se le derramaba, al hablar con su gineco-obstetra le recomendó que se sacara la leche y la guardara en la nevera, podía dársela de igual manera a la bebé y dejaría de incomodarle los senos, aun así no quería a Edward presente hasta que este la sentó en el sofá y conversó con ella al respecto, notaba la actitud distante de Bella y no quería eso.
Un mes era demasiado tiempo para sus distancias.
.
-Hermosa, por qué no me dejas estar presente? – pregunta serio y algo dolido. Amaba ver la interacción entre sus dos mujeres favoritas y el lazo que creaban, deseaba ser parte de eso pero Bella no se lo permitía. – estás molesta que pase más tiempo con la bebé que contigo?
-Yo…
-Si es eso, de verdad lo lamento. Te amo, nena. Lo hago siempre pero Carlie es… - se detiene y sonríe – es nuestra pequeña creación, adoro verla y encontrar nuevas cosas en ella que no había visto, solo quiero pasar todo el tiempo posible junto a ella antes de volver al trabajo.
-Yo entiendo eso, no me siento mal porque estés con la bebé, adoro verlos juntos – musita nerviosa – es solo… - juega con sus manos en su regazo.
-Qué cosa, Bella? – Él le toma las manos y las besa – sabes que puedes decirme lo que sea.
-Me da… pena, que me veas darle pecho a Carlie – susurra bajando la mirada
-Qué? – Pregunta confundido – no entiendo. Por qué te daría pena? Es hermoso lo que haces.
-Es que… mis senos son más grandes y pesados y siempre se están derramando, y si es incómodo para mí… sé que para ti debe ser igual – susurra con la voz entrecortada.
-Oh, mi reina hermosa – Edward la arrulla recostándola en su pecho – nunca me he sentido así en referencia a tus senos – la separa un poco de él y besa sus labios con amor antes de mirarla a los ojos – en realidad me gustan más ahora – musita de manera coqueta.
-De verdad? – pregunta asombrada y confundida. Edward ríe y acaricia su mejilla.
-Nena, crees que me molestaría que tus preciosos senos fueran más grandes? – pregunta con sarcasmo mientras ella se queda esperando su respuesta. Edward suspira y se lame el labio inferior antes de mirarla con deseo contenido – eres la mujer más sensual que he conocido jamás, tienes las curvas exactas para mis manos pero unos senos grandes jamás me molestaran. En realidad… me excitan.
-En serio? – sonríe ella algo temerosa.
-Pensaras que soy un pervertido pero… verte con una blusa sencilla, sin brasier, tus pechos grandes y llenos, derramándose y mojándote, dejando tus ricos pezones a la vista… nena, me he masturbado mucho este mes pensando en ello.
-Yo… no lo sabía – susurra asombrada. Ella sabía que aún no podían tener sexo, la cuarentena no acababa y estaba tan metida en Carlie que no había pensado en las necesidades sexuales de Edward.
-Bueno, ahora lo sabes. – Contesta sonriéndole – estoy ansioso por tenerte de nuevo pero sé que debo esperar, me conformo con esas deliciosas imágenes que me regalas cada día. Aunque… - se relame los labios y mira sus senos – no me molestaría probar un poco de ti… de lo que disfruta Carlie y yo no.
-Edward! – exclama ella sonrojándose y bajando la mirada nerviosa.
-Lo sé. No me pertenecen aun. Pero lo haré… te probaré – advierte y besa su frente – ahora puedo estar presente mientras alimentas a nuestra hija? – ella sonríe y asiente.
-Si puedes. Te amo
-Y yo a ti, bonita.
.
Ahora, un mes después, ella estaba lista para entregarse de nuevo a su hombre. Él había estado tanteando el terreno con ella luego de los cuarenta días pero Bella estuvo adolorida mucho tiempo, el parto fue rápido pero doloroso así que le daba un poco de miedo, Edward había decidido seguir esperando hasta que ella tuviera la confianza de nuevo. Ahora la tenía, lo quería esa noche. Eran casi las nueve y Edward estaba alimentando a su hija con el último tetero de la noche antes de irse a la cama.
En una semana debía volver al trabajo, esta vez había aceptado el hecho de que era el prometido de Bella y el yerno del dueño de todo el grupo Soursel y se aprovechó de ello para tomarse dos meses libres antes de volver al trabajo, su suegro obviamente no se lo negó. Edward estaba feliz con su vida actual, era difícil tener todo y no tener nada al mismo tiempo pero estaba lidiando con ello lo bastante bien como para no frustrarse.
Aún tenía discusiones con Bella sobre el dinero, él no lo quería, y no lo tomaba a menos que fuera estrictamente necesario, como por ejemplo, para el nacimiento de su hija, él había trabajado duro y había quedado contratado después de las pasantías, fue tomado por el grupo de construcción urbana alegando que tenía un excelente ojo para la planeación de áreas recreacionales y conjuntos residenciales, estaba mas que feliz, el trabajo era duro y extenuante pero ganaba su propio dinero.
Aportaba con la comida para la casa y compraba regalos sencillos a su prometida, él estaba reuniendo dinero para comprarle un anillo de compromiso a su chica, un anillo real, aún seguían usando sus anillos de promesa pero no era lo mismo, él lo sabía, ella debía llevar un lindo diamante en su mano, entonces el parto de Bella se adelantó una madrugada y Edward no tenía el dinero suficiente para el hospital y por todo lo consagrado no iba a dejar a su mujer tener a su bebé en el seguro social.
A regaña dientes tomó la tarjeta negra de Isabella y la llevó en el SUV hasta la clínica más cercana. Casi se cae de culo al ver la cuenta del parto pero todo era por la comodidad de su mujer y su hija. Sus padres y los de Bella llegaron temprano en la mañana y ya Carlie estaba en brazos de Bella entonces, fue el dinero mejor gastado de su vida. Ahora, diez meses después de su primer día de trabajo, había reunido todo el dinero para el anillo, ahora solo debía encontrar el momento perfecto para pedirle matrimonio.
-Buenas noches, princesa – susurra cuando ve a su hija ya dormida, era una pequeña copia de él y la amaba. La acostó en su cunita y cuando iba a salir vio a Bella recostada a la puerta – cuanto tiempo llevas ahí, amor? – pregunta en un susurro mientras sale.
-Umm – ella se encoge de hombros, lleva la misma pijama rosa con la que lo conoció, esa mujer era una incitadora, ella sabía cuánto lo excitaba verla vestida así – solo el tiempo suficiente para esperarte. Vamos a la cama – susurra ella caminando delante de él por el pasillo.
-Pero… tengo que revisar unos planos – comenta confundido, después de dormir a Carlie adelantaba algo de trabajo antes de irse a la cama – pronto vuelvo al trabajo y… - Bella lo calló regresando a él y besándolo con intensidad, tanteando su lengua y acariciando su pecho, al separarse ella sonríe ladinamente.
-Y yo dije… vamos a la cama – ordena suavemente. Él asiente un poco idiotizado y excitado mientras la sigue a la habitación. Bella cierra la puerta detrás de él y él la mira cómo se quita el pantalón y la blusa quedando completamente desnuda.
-Oh, maldición! – gruñe Edward mordiéndose el labio. Su mujer ahora tenía más curva que antes y eso lo estaba poniendo a mil, sus caderas estaban más anchas y sus tetas "joder, sus tetas". Piensa ansioso sin perderla de vista. Su vientre sigue un poco hinchado pero lo entiende, Carlie hizo subir diez kilos a Bella, aun así se veía preciosa.
-Vas a quedarte ahí parado sin hacer nada? – pregunta burlona al verlo estático. Él sacude la cabeza y suspira.
-Me vuelves loco, nena – gruñe acercándose para tomar sus pesados senos entre sus manos y gemir – maldición, Bella... están pesadas y tibias. – gime mordiéndose el labio.
-Son todas tuyas, cariño – susurra ella sacándole la camisa y desabrochándole el pantalón.
-Hablas enserio? – pregunta asombrado, ella sonríe y asiente.
-Muy en serio. Toma todo lo que quieras de mí, amor – Edward gruñe y la toma del culo cargándola para luego tirarla sobre la cama, ella suelta un chillido y ríe cuando él va hacia ella con ansias.
-Vas a volverme loco – gruñe devorando su boca, sus manos acarician cada parte de su cuerpo mientras ella lo sujeta por el cabello con fuerza, Edward había descubierto que su nuevo fetiche era que Bella le manipulara en la cama, le excitaba que ella le ordenara lo que debía hacerle y mientras más salvaje era más erótico se volvía. – qué quieres, nena? – pregunta ansioso.
-pruébame – ordena y él suspira y baja hasta su coño perfectamente depilado y sin contemplación toma todo su coño en su boca, lame, chupa y muerde haciéndola gritar de placer. – oh joder! Edward! – grita ella antes de correrse en su boca. Edward toma todo de ella, es dulce cuando se corre. Luego, poco a poco sube quedando en medio de sus senos.
-Satisfecha? – pregunta arrogante, ella niega.
-Ni un poco. – Gruñe sonriente – toma mis senos, Edward. Son tuyos – dice y reafirma el hecho subiéndolos hacia él con sus manos.
Edward se muerde el labio inferior y suspira antes de pasar su nariz por sus pezones, a pesar de haberse duchado tienen un sutil aroma a leche y en vez de desagradarle solo lo excitó más. Él la mira un segundo a los ojos buscando alguna señal de que lo que estaba a punto de hacer estaba mal, pero no, solo encontró lujuria, placer, ansias, deseo y ganas de que él lo hiciera, sin dejar de mirarla tomó primero uno de sus pezones, lo lamió levemente antes de metérselo por completo a la boca y succionar un poco.
-Ah, joder! – la ve cerrar sus ojos y gemir mientras mueve sus caderas, el gruñe excitado, lleva una de sus manos a su coño y con la otra amasa el otro pecho mientras vuelve a succionar y siente el tibio y dulce sabor de la leche de Isabella.
-Mierda, eres tan deliciosa, nena. – gruñe pegando la frente a su pecho soltándola, mueve sus caderas sobre ella, empuja su pantalón de pijama por sus piernas, necesita sentirla por completo, sin nada entre ellos, su polla palpita con fuerza por lo duro que está, la tantea con los dedos pero está muy apretada aun, necesita fricción, necesita estar dentro de ella, "aun no" y se restriega contra la pierna de ella – siento que voy a correrme – gruñe ansioso.
-Solo por probarme? – pregunta jadeante y asombrada, él asiente mordiéndose el labio. Ella sonríe y le empuja el otro pecho – tómalo – ordena sonriendo con deseo – chúpame, Edward – ordena cuando él no se mueve.
-Joder – gruñe y toma el otro pezón en su boca, succiona dos y tres veces hasta que siente de nuevo la tibia y dulce leche en su lengua, puede probarla mejor, los chorros son más grandes, gime extasiado sin querer soltarla mientras inserta tres dedos en su coño. Ella gime, el gruñe, su leche, su coño, todo… es demasiado, se restriega en ella y se corre sin poderlo contener. – maldición! – jadea sin separarse de ella.
-Recupérate rápido, cariño. Aun te necesito dentro de mí – él levanta la cabeza para ver el deseo en los ojos de su mujer.
-Joder, Bella. Vas a matarme – sacude la cabeza y besa sus labios. – te amo, nena.
-y yo a ti…
00..00..00..00
Isabella abre los ojos y frunce el cejo mientras gruñe, se siente agotada y pesada. Aún sigue odiando levantarse temprano los sábados, agradece que Edward se apiade de ella y atienda a su hija mientras ella duerme un poco más. Se sienta en la cama y enseguida siente el peso extra de los senos, maldice en silencio porque están muy llenos otra vez, debe sacarse leche antes de que comiencen a derramarse de nuevo.
Desnuda se va al baño y se da una ducha antes de ir al armario por ropa, sonríe como todos los días, aun es un poco increíble ver la ropa de Edward junto con la de ella, el cielo y el infierno saben cuánto le costó convencerlo de mudarse, él se quedaba con ella cinco de siete días a la semana, inclusive seis pero siempre volvía con sus padres alegando que era pronto para vivir juntos y no iba a aprovecharse de ella.
Tuvo que recurrir al chantaje para retenerlo con ella, luego de llevar su ropa a casa no lo volvió a dejar ir. Se puso unos pantalones cortos de licra negra y una blusa holgada blanca sin brasier, necesitaba sacarse leche antes de hacer ejercicio. Sale de la habitación y va a la recamara de Carlie pero no está, se devuelve y se va a la cocina donde escucha como su prometido le tararea a su pequeña y esta hace ruiditos al oírlo.
-Buen día – dice entrando a la cocina, ve a Edward con unos jeans, sus botas negras y sin camisa cocinando mientras tiene a Carlie en el porta bebé sobre el desayunador.
-Hola, bonita. – musita él sin girarse, solo gira el cuello para sonreírle – justo a tiempo, ya el desayuno está listo. – Bella avanza y se acerca al porta bebé.
-buenos días, mi preciosa princesa – saluda cargando a la pequeña que ríe y mueve sus manitas. Bella besa sus mejillas y la abraza a su pecho antes de girarse hacia Edward – hola, cielo – se alza un poco y este la recibe con un dulce beso en los labios. – dónde estabas? – pregunta al verlo con las botas puestas, no era usual verlo en casa con zapatos, siempre estaba descalzo.
-Fui al salón de James – Isabella frunce el cejo confundida, había escuchado de él sobre ese tal James, era un tipo con la increíble habilidad de hacer tatuajes asombrosos y únicos.
-con Carlie? – pregunta asombrada. Él asiente sonriéndole.
-Le dije que la llevaría para que la conociera.
-Te hiciste un tatuaje? – pregunta mientras lo ve servir el desayuno. Él le sonríe y se gira para quedar de frente a ella, Isabella jadea mientras los ojos se le llenan de lágrimas.
Justo en el pectoral izquierdo, sobre su corazón estaban tatuada la imagen de Carlie y de Isabella, era una foto que tenían en su recamara, una foto que tomó él una mañana paseando por el parque, ambas sonreían, la imagen era delicada y muy hermosa, tonos suaves de monocromático negro y gris dejando solo los ojos verdes de Carlie y los marrones miel de Bella. Debajo de la imagen de ambas decía "Mis amores. Mi vida!"
-Oh, Edward. Eso es… hermoso – musita sonriéndole.
-Siempre van a estar justo en mi corazón – contesta besando sus labios – ahora sabes que te amo más que a nada… las amo. Más que nada – recalca besando el cabellito cobrizo de su pequeña y los labios de Bella.
-Te amo, Edward. Te amo muchísimo.
.
Y BIEN?
Lindo?
falta mas...
