FONTANERO

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7 AÑOS DESPUÉS

Edward levanta la cabeza y tiene que usar su mano para tapar la luz del sol para ver bien la edificación frente a él, sonríe satisfecho mientras suspira, el edificio frente a él era exactamente igual a como lo había visto en su mente antes de dibujarlo y planearlo con sumo cuidado, se sentía feliz y jodidamente realizado, cada obra terminada era como un hijo que acababa de nacer y cabe decir que tenía bastantes hijos en todo el maldito país.

No había sido fácil llegar a donde estaba, "Infiernos" que fue malditamente difícil, muchas veces pensó en darse por vencido, pensaba que no tenía la capacidad y la habilidad para terminar los trabajos y resolver los problemas que aparecían frente a él, pero Bella, su hermosa esposa, siempre estaba ahí, como su fuerte pilar de soporte, ella lo mantenía en pie, siempre motivándolo… y vaya que lo motivaba bien. Nunca se dio por vencido porque ella siempre estaba ahí, orgullosa y feliz por sus logros.

-jefe, creo que hemos terminado – Edward baja la mirada y ve a uno de los obreros parado justo a su lado, había una gran diferencia entre ambos, él llevaba un casco de seguridad blanco, el obrero uno azul, él estaba vistiendo con un traje Armani gris marengo de tres mil quinientos dólares con una camisa de lino blanca, una corbata verde de seda y zapatos italianos negros mientras que el hombre vestía unos jeans desgastados y un suéter de lana negro con unas botas de seguridad sucias. Aun así nunca se ha creído más o mejor que sus empleados.

-Tú crees, John? – pregunta sonriente. El hombre asiente igualando su sonrisa.

-Ya lo creo, jefe. Los electricistas terminaron y ya hemos recogido todo lo de la construcción.

-Perfecto. – Contesta asintiendo – ya solo falta que Deco Soursel haga el resto. Llama a todo el equipo, que vengan aquí.

-Sí, señor – John se va y él vuelve a mirar su última obra de arte. Un edificio de veinticinco pisos estilo gótico, su última jodida obra de arte, iba a ser un hotel para la cadena Grecco de hoteles transilvanos, eran nuevos en el país y querían imponerse como los mejores, habían pedido a Swan Soursel como constructores y Charlie lo había delegado a él para ese proyecto, se sentía halagado y asustado en partes iguales.

Pero ahí estaba, un año después todo el trabajo estaba terminado y sabía cómo el infierno que era su pasaje a un nuevo ascenso. Había oído rumores los últimos meses de que Donal Wells, el arquitecto estrella de Charlie estaba por jubilarse, el hombre tenía sesenta años y quería disfrutar de su vida con su esposa viajando por el mundo, el puesto iba a quedar vacante y él lo quería jodidamente.

Fue toda una sorpresa para él, cuando dos años más tarde, la gerencia de las constructoras lo ubicó como jefe de su propio grupo constructor alegando que estaba perdiendo potencial en el grupo rural, tenía el potencial, la destreza, el liderazgo y las mejores ideas, así que le dieron su propia oficina y lo volvieron el grupo H con cinco miembros en su plantilla con él como jefe, que manejarían construcciones nacionales randon. A veces eran urbanismos, a veces plazas, otras eran edificios, y todas fueron perfectas.

Los obreros comenzaron a aglomerarse a su alrededor junto con el equipo de mantenimiento y los de seguridad, siempre que terminaba una obra hacía lo mismo, reunía al equipo completo para darla por terminada, era algo emotivo para él porque se encariñaba con sus creaciones antes de tener que dejarlas ir. Se montó sobre una caja de madera y los miró a todos sonrientes.

-Amigos, ha sido un año bastante duro. Lamento de antemano mis días malos y los problemas que haya acarreado mi mal humor. No fue intencional y lo saben – muchos de ellos ríen – les agradezco que hayan sido tan eficientes y competentes con esta construcción, sé que casi siempre lo digo pero… esta es mi mejor creación. Una vez más… hemos concluido una obra. Felicitaciones a todos.

Todos aplauden y ríen antes de comenzar a dispersarse, ya era la hora de irse. Edward mira su reloj y suspira, eran las cinco de la tarde y aun debía esperar al ingeniero de seguridad para la inspección. Todos los obreros se marcharon poco a poco dejándolo solo en el lugar hasta que diez minutos después una camioneta derrapó en la entrada, Edward enarcó una ceja al ver que de esta salía un tipo rubio de traje marrón y una cazadora negra que corría hacia la entrada del hotel.

-Señor Cullen – saluda agitadamente mientras se sacude la poca nieve que le ha quedado en los zapatos.

-Liam… legas tarde – murmura mirándolo con estrés, este suspira y lo mira entornando los ojos azules.

-Lo sé, lo siento. La calle estaba trancada, tuve que rodear la avenida. – Edward vuelve a mirar su reloj, son casi las seis "malditamente tarde" piensa abatido mientras ve a Liam ir de espacio en espacio y piso por piso revisando todo. La noche había caído para cuando Liam terminó con todas las revisiones de cablería y cimientos.

-Y? – preguntó ansioso y molesto, Liam sonríe y asiente.

-Todo está en orden, señor Cullen. Otra obra maestra – le entrega la planilla certificada de que pasó la prueba y este sonríe más tranquilo antes de mirar de nuevo el reloj.

-Mierda, voy tarde! – Exclama y mira a Liam – lamento no poder acompañarte pero tengo que tomar un vuelo en media hora. Adiós! – exclama y corre a la salida, se sube al jeep negro que le había asignado la compañía por el tiempo que estuviera en Seattle trabajando y condujo a exceso de velocidad para llegar al aeropuerto.

Ya su maleta estaba en la camioneta desde la mañana, él sabía que iban a terminar la obra ese día pero no contaba con que Liam tardara tanto en la inspección, evita la autopista para no quedarse en el atasco y gruñe cuando en la vía alterna se encuentra con un embotellamiento.

-Ah, maldita sea! – gruñe y golpea el volante. El semáforo cambia y él logra pasar rebasando carros y se apresura hasta Sea Tac. Deja el auto aparcado en los estacionamientos sabiendo que luego alguien de la compañía iría por él y corre hacia el aeropuerto. Al entrar se mueve como torbellino entre la gente mientras lo miran confundidos, no es usual ver a un hombre con traje correr en un aeropuerto.

Al llegar al punto de abordaje se mete entre la gente que comienza a pelear porque estaba coleándose pero no le importa, necesita abordar, necesita ir a casa, con su familia, llega con el guardia y entrega sus papeles y le hacen la revisión antes de ir a las puertas de abordaje. Cuando pasa la revisión de maleta corre a la puerta de abordaje C pero ya la puerta está cerrada, mira a la mujer y esta hace una mueca de disculpa.

-Lo lamento, señor. Ya el vuelo ha salido – Edward siente que desfallece, se asoma por los ventanales de la sala de espera y puede ver el vuelo 513 de American Aerolines dar vuelta en la pista para irse. Se sienta en uno de los asientos y esconde su cara entre sus manos.

-Joder – gruñe cansado

"Bella va a asesinarme"

Cansado y decepcionado suspira, debe llamarla, debe decirle que no alcanzó el vuelo, debe decirle que no va a pasar otro año con ellos, su familia, otra navidad lejos de casa. Sabía que iba a molestarse, como el infierno iba a cabrearse, él le había prometido volver a tiempo, le dijo que estaría con ellos el veinticuatro para cenar y pasar las navidades juntos, ahora se encontraba ahí, al otro lado del país, solo, un día antes de navidad, con un vuelo perdido. Sacó su teléfono y la llamó, mientras más antes avise mejor.

-Hola, cielo! – la escucha decir, sonríe con tristeza porque la extraña inmensamente, lleva casi dos semanas sin verla y lo odia, es la única parte muy mala de su trabajo. – ya estás abordando?

-Bella, nena… - susurra y suspira, no quiere decirle.

-Oh, Edward – la escucha decir muy bajo, con tristeza. Eso le rompe el corazón, nunca le ha gustado ponerla triste.

-Lo lamento, hermosa – susurra casi deprimido – he llegado tarde al aeropuerto. Fui un estúpido por no hacerte caso y ahora… - niega cansado – no quiero pasar otra navidad lejos de ustedes.

-Tranquilo, amor. Puedes tomar un vuelo mañana – dice tratando de animarlo, él niega.

-Todos los vuelos están agotados hasta el veintiséis, nena. No sé qué hacer. – suspira con derrota.

-tranquilo, amor. Déjame hacer unas llamadas y ver qué podemos hacer. Vuelve al apartamento, te llamaré si resuelvo algo, de acuerdo?

-Está bien, nena. Gracias – suspira y se pasa una mano por la cara. – cómo están los niños?

-Están bien, amor – escucha un ruido y Bella maldice bajo – cielo, te llamo luego, te amo.

-Y yo a ti, hermosa. Besos a los niños. – cuelga la llamada y sale del aeropuerto cabizbajo.

Se monta en la camioneta y conduce sin prisas, había perdido el jodido vuelo, ahora se encontraba en la otra punta del país, un veintitrés de diciembre, solo, sin su familia, tan jodidamente genial, piensa con sarcasmo. Iba a ser el segundo año sin pasarlo con ellos y se maldecía mentalmente por ello, el año pasado si fue completamente inevitable, Charlie había estado enfermo y no pudo concluir un proyecto importante para Soursel así que se lo dio a él.

Era en California, y estaban cortos de tiempo, debían entregarlo en la fecha tope si no querían problemas, Edward tuvo que pasar dos meses en california, lejos de su familia, se había perdido todo diciembre y enero, hablaron por Skype y se llamaron todos los días pero no era lo mismo, a final de cuenta él terminaba cenando y durmiendo solo en la enorme mansión de los Swan, dónde Charlie, prácticamente le obligó a que se quedara.

Una mansión jamás le había parecido más deprimente.

En vez de irse al apartamento –Uno de los tantos que tenían los Swan en cada estado para disposición familiar- se detuvo en un bar en el centro de la ciudad, estacionó la camioneta al frente y se acomodó la cazadora para que no le cayera mucha nieve. Ya eran casi las nueve de la noche, estaba empezando a nevar y el frio estaba calándole los huesos. A él le gustaba el invierno y la nieve y el frio pero solo si tenía sus hijos y a su mujer a su lado.

Entró al bar encontrándolo casi vacío, era lógico que siendo casi navidad, todos estuvieran en sus casas con sus familias, todos excepto él, se acercó a la barra mientras escuchaba sonar una canción de navidad en remix y suspiró, el tipo tras la barra estaba atendiendo a dos personas más antes de ir hacia dónde estaba él, al final de toda la barra.

-Que tomas, hermano? – le preguntó amable, la noche era ligera y el ambiente tranquilo.

-Un Jack Daniels, seco – el bartender asiente y se aleja. Edward apoya los codos en la barra y recuerda con algo de gracia el día de su primera navidad con la familia Swan, fue unas semanas después de que Bella le propusiera matrimonio y tratara de convencerlo de vivir juntos.

Bella quería que pasaran las navidades juntos, él siempre pasaba las fiestas con su familia, pero los Swan insistían en que debían pasarla con ellos en California, al final hicieron un trato y decidieron pasar navidad con los Swan y año nuevo con los Cullen, él estaba algo nervioso por pasar la navidad con sus suegros en una mansión, pensó que no iba a encajar, pero fue perfecto.

La familia Swan celebraba la navidad solos, solo René, Charlie y Bella. Le daban las fiestas libres a su personal y no hacían reuniones sociales con nadie, las fiestas eran solo para la familia. Se sorprendió cuando, el veinticuatro en la mañana encontró a Charlie armando el árbol de navidad en el enorme salón mientras Bella y René preparaban ponche y galletas navideñas, todos en pijamas.

-Buenos días, Edward – este mira a Charlie en el enorme salón de paredes beige. Él había quedado fascinado con la elegancia y simpleza de la decoración de la mansión, nunca creyó que un lugar así pudiera parecer un hogar.

Los muebles eran marrón oscuro con cojines color caramelo, había una alfombra afelpada beige cubriendo parte del salón donde estaban los muebles y la mesa de centro de madera caoba. Las lámparas eran simples y pequeñas, nada ostentosas, tenían una chimenea de piedra lisa y sobre esta un montón de fotos medianas en la pared, fotos de Bella, de ellos como familia. También había un mini bar en la esquina del ventanal con vista al lateral de la casa dónde había un pequeño parque de juegos privado, un parque que habían mandado a hacer para Isabella.

Todo en esa ostentosa y enorme mansión irradiaba calidez y hogar y por primera vez se sintió aceptado y cómodo en un lugar como ese. Había pensado mucho en la ropa en su maleta y en que no iba a coincidir con lo que vestirían los demás, tampoco era como que le importaba mucho lo que pensaran de él, pero después de todo iban a ser su familia y no quería sentirse excluido.

-Buenos días, Charlie. – saluda y sonríe al ver el enorme pino en la esquina junto a la chimenea, la noche anterior cuando llegaron a la mansión ese árbol no estaba o quizás estaba demasiado cansado que no lo notó, él solo quería dormir abrazado a su chica – ese árbol siempre estuvo ahí? – pregunta al llegar al salón y ve a su suegro reír.

-Lo trajeron hace una hora – contesta abriendo unas cajas que estaban junto al sofá, lo ve limpiarse las manos en el pantalón gris de pijama antes de tomar el cúter para seguir abriendo las demás, son cajas con adornos de navidad – quieres ayudarme? Bells y René están haciendo la comida para la noche y el desayuno.

-Por eso el olor? – sonríe Edward, toda la casa olía a galletas y pollo, ese fue el aroma que le despertó, su suegro asiente mientras saca un montón de luces de la caja.

-Creo que vas a necesitar ir al gimnasio después de hoy – se burla Charlie – van a meterte comida hasta por los oídos. – Edward ríe y camina hacia él para ayudarlo con las luces, va a dejar que Bella pase un rato con su madre, ella le había dicho que estaba ansiosa por pasar tiempo de calidad con René.

-Por eso hay un gimnasio al final del pasillo? – pregunta con burla y Charlie asiente.

-Pasó ahí cada mañana, hijo. – Contesta con pesar – después de un tiempo me acostumbré pero si no fuera por ello sería un gordo mórbido, lo digo en serio. – Edward ríe mientras lo sigue ayudando.

Una hora más tarde el árbol estaba listo, Charlie había pasado una mano por su hombro y le había palmeado la espalda mientras miraban su obra recién terminada. Edward sonrió con satisfacción, era la primera vez que adornaba un árbol tan grande, con Alice siempre adornaban un pequeño árbol sintético de un metro en una esquina del salón de su casa, humildemente tomaban chocolate caliente y pollo horneado antes de abrir los regalos. Ahora el árbol era más grande, la casa también pero sentía el mismo sentimiento de hogar. Le agradaba.

-a desayunar! – ambos caminaron a la cocina cuando escucharon la voz de René y Edward jadea al ver como el enorme mesón de la enorme cocina estaba lleno de comida, mucha comida.

-Hola, bonita – saluda Edward besando la mejilla de Bella, se habían sentado en una pequeña mesa de vidrio para cuatro en la misma cocina, cada uno tenía un plato con tortitas, galletas, bacón, huevos, salchichas, sirope de chocolate y tres tazas con chocolate caliente, jugo de naranja y café. – no es… demasiado? – pregunta viendo con asombro su plato. Bella y René ríen.

-Te lo estoy advirtiendo, Edward. Gimnasio – contesta Charlie tomando el primer bocado de comida.

Ese día había comido como nunca lo había hecho en la vida, todo el día fue comida tras comida, postre tras postre, galletas, ponche, más dulces y más ponche, esa noche cenaron pavo, puré de patatas, pernil asado, pan relleno y mucho vino. A Edward le había sorprendido que ellos no abrieran los regalos esa noche, esperaban a la mañana del veinticinco. Él había comprado pequeños obsequios, nada costosos pero llenos de amor y cariño hacia su nueva familia.

Bella le había regalado un par de botas militares nuevas, él adoraba las suyas pero sabía que debían pasar a mejor vida, le encantó que su chica le había comprado unas idénticas, le estaba diciendo en silencio que lo amaba tal y como era y no pretendía cambiarlo en ningún aspecto. René le había obsequiado la utilería administrativa de Soursel, que contaba de libretas, carpetas, lapiceros, porta notas, sellos, agendas y demás, todos en color negro con las letras doradas de Swan Soursel, Edward estaba extasiado por ello.

Charlie por su parte le regaló una botella de Jack Daniels y una de Blue Level en sus cajas de edición especial, él estaba asombrado, nunca había tomado ese tipo de bebidas, el dinero no era suficiente para lujos como esos, no se resistió y destapó la primera y brindó con su suegro, se dijo que esa era su nueva bebida favorita. Y aun, siete años después, tenía ambas botellas medio llenas en su estudio, solo para brindar con su suegro o su padre.

-Otro Jack, por favor – pide Edward luego de beberse el primero, se queda mirando fijamente la barra mientras piensa que demonios hacer para estar con su familia en navidad.

-Hola, guapo – Edward gira la cabeza levemente antes de llevarse el vaso de wisky a la boca, junto a él estaba una mujer hermosa, muy hermosa, de cabello rojo, ojos azul claro y un cuerpo de infarto. Tenía un vestido negro ceñido que dejaba ver su voluptuoso trasero, sus esbeltas piernas y sus enormes tetas, sí. Él era un hombre de tetas, la estudió concienzudamente durante un minuto con una ceja enarcada.

-Hola – musita volviendo a su trago.

-Necesitas compañía? – pregunta de manera coqueta mientras posa una de sus manos en su hombro, él mira la tibia mano con uñas muy lindas y suspira.

-Estoy bien. – Levanta su mano y le muestra sus dos anillos, con el que Bella le pidió matrimonio y el de matrimonio – soy casado – murmura sin mirarla.

-Eso no es un impedimento – continúa ella con voz baja y sensual – puedo hacer como que no existen esos anillos – Edward bufa y la mira irritado.

-Pero yo sí sé que están ahí. Existen para mí. – Contesta tajante mientras le aparta la mano del hombro – gracias, pero no, gracias. – la mujer bufa y se aleja contoneando el trasero. El tipo tras la barra se acerca sorprendido.

-Eres el primero hombre en rechazar a Vic – Edward lo mira confundido – nunca nadie le ha dicho que no.

-Es bueno ser el primero – gruñe y bebe el resto de su bebida. El tipo ríe y asiente.

-Tu mujer debe ser perfecta para rechazarla a ella – Edward sigue la mirada hacia la pelirroja que ha ido con otro hombre y bufa.

-Mi esposa es la mujer ideal, nadie es como ella.

-Entonces que haces aquí? Deberías estar con ella – Edward niega cansado.

-Perdí mi vuelo a casa, no hay más hasta el veintiséis – el tipo silva asombrado.

-Vives lejos?

-New York – contesta triste.

-Vaya. Lo siento, amigo.

-Sí, bueno… - se levanta y paga lo que tomó – no puedo hacer más. Gracias – murmura y sale del bar y se va directo al apartamento. Mira el edificio frente a él. La Torre Tompson, había sido un proyecto de Soursel hace mas de veinte años, Charlie había comprado un piso en ese lugar, eran apartamentos enormes, espaciosos y llenos de luz, se usaban solo cuando iban al estado por trabajo y ahora lo estaba usando él pero no quería estar ahí sin su familia.

Cansado y deprimido entra al edificio y saluda a Rick, el portero, el cual lo saluda con un asentimiento de cabeza formal, siempre amable y disponible cuando supo que era parte de la familia Swan, subió en el ascensor hasta el piso veinte y salió al pasillo. Apenas había dos apartamentos por piso y bufó cuando escuchó música alta, quizás su vecino ya había empezado con las fiestas, suspira y abre la puerta y frunce el cejo, algo no anda bien. Piensa al mirar la estancia.

Las luces estaban encendidas, igual la televisión, había un extraño aroma en el lugar y abrió los ojos asustado cuando escuchó un ruido que venía de la cocina, dejó la puerta abierta y caminó en completo silencio hacía la cocina, era extraño que alguien pudiera meterse ahí, no había puerta forzada y Rick le hubiera dicho si alguien entró allá. O quizás es algún otro familiar Swan de paso, pero… no quedaban mas Swan que René, Charlie y Bella.

-Pero que… - jadea cuando ve a Bella con René y Charlie en la cocina recogiendo unas ollas que se habían caído – Bella? – pregunta pensando que podía ser una alucinación, quizás el Jack estaba empezando a afectar su cerebro.

-Edward, cielo! – exclama ella, rodea la barra de la cocina y salta sobre él para besarlo y abrazarlo. Él aún sigue en shock, mirando alrededor sin entender nada, cuando aspira su aroma a vainilla es que entiende que ellos están ahí, que es real.

-Dios, nena – jadea y la aprieta fuerte a su cuerpo mientras esconde la cara en su cuello y aspira su aroma por completo – te amo tanto – susurra y besa su hombro, luego su cuello hasta llegar a su boca, ella sonríe con los ojos brillosos.

-Y yo te amo a ti, amor.

-Pero… - mira a Charlie y a René sentados en el desayunador sonriendo – que hacen aquí? Como es que llegaron? Y… donde están los niños? – pregunta ansioso y sonriente.

-Bueno, íbamos a esperarte en casa – musita Bella sin soltarlo

-Pero yo estaba seguro que no terminarían a tiempo, sé cómo son estos trabajos en fechas de navidad – continua Charlie.

-Así que propuse que viniéramos todos aquí y pasar las navidades juntos – dice René mirándolo con cariño.

-Pero… como llegaron tan rápido? – pregunta luego de besar el cabello de su esposa.

-El jet de la compañía, Edward. Lo olvidas? – pregunta René con aire burlón. Claro, el jet, piensa asintiendo. Él había llegado a Seattle en el jet pero Charlie tuvo que usarlo luego para salir del país así que no pensó en ello como opción para regresar.

-Lo había olvidado, sí. Y los niños? – pregunta al ver alrededor, no era usual que sus hijos estuvieran en silencio.

-Ellos…

-Papá! – Edward se gira para ver a sus pequeños correr hacia él, salían del pasillo de las habitaciones recién bañados y cambiados. Detrás de ellos venían Carlisle y Esme.

-Mamá... papá… pero? – se queda igual de aturdido hasta que sus hijos lo taclean tirándolo al piso, él ríe y los besa a cada uno como si su vida dependiera de ello. – Carlie, princesa. Estás más grande o yo me estoy encogiendo? – pregunta burlón y ella ríe abrazándolo por el cuello.

Su tesoro más grande, su hermosa Carlie Cullen, es toda una pequeña coqueta rompe corazones con su cabello cobrizo en ondas, sus mismos ojos verdes, mejillas sonrosadas y una sonrisa coqueta igual a la de su madre, era toda una artista, hacía ballet, tocaba piano y amaba dibujar, decía que algún día quería ser como su papá y trabajar en la empresa de la familia, o ser una super héroe, lo que ocurriera primero. Ella era el mundo entero de Edward y odiaba a cada niño que se acercaba a su pequeña, nadie era suficiente para su niña.

-Estoy creciendo, papi – responde ella saltando sobre él, a sus escasos seis añitos de vida, Carlie le llegaba a la altura de los senos a su esposa, era una niña alta y preciosa que no aparentaba sus pequeños y dulces seis años.

-Yo también estoy creciendo!

-No, yo crezco más que tú!

-No, yo soy más alto que tú – Edward ríe y se sienta en el piso para abrazar a sus hermosos gemelos, llena sus cabellos de besos y estos ríen apretándolo en un fuerte abrazo.

-Ambos son de igual tamaño y los amo mucho, mis niños – contesta terminando la pelea entre ambos. Sus hijos menores eran Ethan y Antony Cullen, sus gemelos de tres años. Tenían el cabello castaño de Isabella pero seguían predominando los ojos de papá y a parte de la sonrisa arrogante de su padre también tenían hoyuelos, lo que los hacía ver mas adorables.

-Qué bueno que llegaste, hijo. Pensábamos que te habías ido conduciendo hasta New York – Edward levanta la mirada para ver a su padre sonreírle. Le tiende la mano y lo ayuda a levantarse.

-Lo sopesé por un momento pero igual no hubiera llegado a tiempo – murmura y lo abraza – hola, papá – luego se separa y va con su madre – mamá, te extrañé.

-y yo a ti, cariño. Por lo menos ahora podemos pasar las navidades juntos. – le contesta dulce y maternalmente.

-Pero no tenemos árbol ni una cena y… - Bella se acerca nuevamente y lo calla con un beso.

-Lo tenemos preparado. Tú solo ve a darte una ducha y ponte la ropa que está sobre la cama. – Él sonríe y asiente antes de besarla de nuevo.

-Sí, mi señora. – comienza a caminar hacia el pasillo y se detiene al ver a su hermana salir del baño principal con Jasper, su esposo, detrás de ella. – Alice, Jasper! – exclama sonriendo, no se acordaba de ellos con todo el alboroto del principio.

-Hermanito! – Alice hace el intento de correr pero Jasper la detiene tomándola fuerte por el brazo y la mira con seriedad.

-Reposo, Alice. Por favor! Ten piedad de mi salud – gruñe y ella frunce la boca apenada antes de caminar hacia su hermano y abrazarlo.

-Hola, hermanito – susurra y él le sonríe con dulzura antes de agacharse y acariciar su prominente vientre de siete meses, había tenido unos cuantos problemas para concebir pero Jasper siempre estuvo a su lado consolándola cada vez que lloraba por no embarazarse.

-Hola, pequeña princesa – susurra Edward y luego besa su estómago – el tío Edward espera tu llegada. Te quiero – besa nuevamente sobre su ombligo y se pone de pie para luego besar en la frente a su hermana – como te sientes? – pregunta preocupado, Jasper lo había llamado mucho últimamente exasperado que intercediera por él con Alice, estaba demasiado hormonal e hiperactiva y ella necesitaba reposo absoluto. Era como pedirle a un perro que no ladrara.

-Estoy mejor, ya me han quitado la medicina, ahora solo hay que esperar la fecha de parto. – Se soba su prominente estómago y sonríe – tiene hambre, iré a comer algo.

-No, corras, Alice – pide Jasper al verla irse por el pasillo. Cuando ella se va, Edward ve como su cuñado deja caer los hombros y pega la espalda de la pared con cansancio.

-Día pesado? – pregunta Edward recostándose frente a él en la otra pared, Jasper hace una mueca y asiente. Era su cuñado desde hace cuatro años y tenía casado con Alice tres años.

-La amo, hermano pero… a veces solo quiero salir corriendo – Edward ríe y asiente entendiendo el sentimiento – como lo haces? – pregunta frunciendo el cejo.

-Como hago qué? – pregunta confundido.

-Eso! Aguantar un embarazo. No sé cómo fue el de Carlie porque aún no pertenecía a la familia pero… lidié con el de los gemelos y Bella era… - hace una mueca de horror al recordar, Edward sonríe, el segundo embarazo de Bella fue un caos – a veces quería correr lejos por sus extremos cambios de humor, sus rabietas, sus llantos y los extraños antojos, agradecía que siempre me iba a casa pero me compadecía de ti porque debías quedarte. Siempre te vi con una sonrisa en el rostro a pesar de las duras palabras de Bella y siempre estabas para ella, nunca te vi flaquear. Como lo hiciste? – susurra al final. Edward suspira y sonríe enternecido al recordar los embarazos de Bella.

-El de Carlie fue fácil, demasiado en realidad, el cuerpo de Bella no comenzó a cambiar hasta los seis meses de embarazo, si, tenía náuseas y cambios de humor pero nada grave, a veces reía y lloraba al mismo tiempo pero el chocolate siempre la hacía feliz, cualquier cosa que pasara podía calmarla con chocolate, por eso subió mucho de peso.

-Eso suena sencillo – musita con las manos en los bolsillos.

-Lo fue, cada noche llegaba a casa con cajas de chocolate para Bella para tenerla feliz – Ambos ríen por la táctica – con los gemelos si fue frustrante – musita más serio mientras recuerda. – no tuvo nauseas ni mareos pero vivía molesta… cabreada es más acertado.

-Si – susurra Jasper recordando algunos momentos.

-Le había agarrado asco al chocolate y odiaba el helado así que la táctica del dulce había muerto desde el principio. Su cuerpo comenzó a cambiar el segundo mes de embarazo por ser doble y eso la desequilibró por completo, odiaba el exceso de peso y lloraba constantemente, cuando le decía que era hermosa solo me gritaba y comenzaba a lanzarme cosas y a gruñirme. A veces me insultaba.

-Sí, varías veces la oía decirte bastardo maldito o… miedoso de mierda – Edward resopla una sonrisa y asiente.

-Peleas diarias que mantenía conmigo.

-Pero siempre estabas feliz y sonriendo. Cómo? – pregunta angustiado y ansioso.

-Es que había encontrado la debilidad de Bella, había encontrado lo que ella quería para ser feliz durante todo el embarazo y no podía dárselo en el día.

-Que era? – pregunta expectante, Edward ríe arrogante.

-Sexo.

-Qué? – pregunta Jasper confuso.

-Eso, sexo – contesta sonriendo – Las hormonas de Bella estaban revolucionadas al mil por ciento y todo lo que ella quería era sexo, todo el día, todos los días.

-Diablos – jadea Jasper con la boca abierta impresionado, Edward ríe y asiente.

-Sí, hermano. Bella se volvió una completa ninfómana y no es que me quejara pero no iba a hacerle el amor a mi esposa con la casa llena de gente. Mucho menos si estaban sus padres. Se había vuelto más receptiva después del cuarto mes de embarazo y créeme cuando te digo que los vecinos se quejaban de los gritos de Bella – ríe negando antes de mirarlo en confidencia y susurrar – multi orgásmica.

-Oh, infiernos! De verdad? – pregunta asombrado – el embarazo puede hacer eso? – pregunta curioso y Edward asiente.

-Le pasó a Bella… quizás pase con otros embarazos. – Jasper se muerde el labio inferior pensativo.

-Alice vive molesta… tú crees que…

-Oye! – Edward levanta las manos callándolo – ya te di el tip, inténtalo, pero no quiero saber cómo se lo haces a mi hermana – Jasper ríe y asiente.

-De acuerdo. Gracias, hermano.

-Vale. Voy a bañarme, nos vemos en un momento.

Edward entra a la habitación principal, encuentra en la cama un traje de Gucci gris arena con una camisa de lino blanca y una corbata verde agua, en el piso estaban unos zapatos negros Valentino y en la mesa de noche estaban las yuntas de oro y uno de sus relojes favoritos el primero que su esposa le regaló.

Luego de su primer año de trabajo Bella le había regalado un costoso y lindo rolex que Edward amó, no era un snob pero sabía apreciar las cosas elegantes, luego de ello, cada año que pasaba se regalaba a sí mismo un reloj como premio. Miró la ropa y no recordó ese traje entre sus pertenecías, quizás Bella se lo había comprado recientemente, ahora que lo pensaba bien todos vestían elegantes, trajes y vestidos de fiesta.

Se dio una ducha de cinco minutos con agua tibia y salió para vestirse rápido, era casi la hora de comer, podía oír la bulla afuera y él estaba ansioso por pasarlo con su familia, se puso la ropa lo más rápido posible y se peinó el cabello hacia atrás, tenía el cabello algo largo, le caía en la frente, a lo mejor ya era hora de recortarlo un poco, mientras se acomodaba la corbata la puerta se abrió dejando ver a su Bella, su esposa, que tenía un hermoso vestido rojo puesto y unos tacones blancos.

-Estás listo, amor? – pregunta dulcemente.

-Ya casi, solo me falta la corbata – contesta mirándola a través del espejo, ella se acerca a él y para adelante para acomodársela.

-Aun no entiendo como haces para parecer tan hermoso con el paso de los años – Él se encoge de hombros sonriéndole.

-Es un don, nena. – ella termina de acomodarle la corbata y alisa arrugas inexistentes en su camisa. Él pone sus manos en sus caderas y la mira detallándola – te he dicho que eres la mujer más hermosa de todo este jodido mundo? – pregunta en un susurro antes de besar su cuello. Ella ríe nerviosa.

-Solo unas mil veces. – él suspira aun en su cuello y sube la cara para besar sus labios.

-Pues debo decírtelo unas mil veces más este próximo año – comenta acariciando su mejilla, ella asiente y suspira para luego recostarse en su pecho.

-Te amo, lo sabes, verdad? – pregunta mirándolo a los ojos. Él sonríe y asiente antes de besar sus labios.

-Lo sé, preciosa. Y yo te amo demasiado a ti. – Ella toma sus manos y acaricia sus anillos, Edward sigue su mirada a sus manos y toma la de ella para tocar los anillos de ella, que a diferencia de él que tiene dos, ella tiene tres. Tiene el anillo de promesa cuando le pidió matrimonio, el sencillo pero lindo anillo de compromiso de diamantes que le compró él y el anillo de casados. – Debí comprarte un anillo más llamativo – musita viendo la simple banda fina de oro blanco con el diamante de cuatro quilates.

-Lo amo – musita acariciando su anillo antes de mirarlo a los ojos – lo amo porque lo compraste con tu esfuerzo, con tu sudor, con tu corazón y eso lo hace mucho más valioso para mí.

-Si pero… quizás si hubiera esperado un año más… ya estaba trabajando en Soursel y ganaba mejor, te hubiera dado mucho más.

-Pero este me encanta – contesta acariciando su mejilla – te amaba antes con vaqueros desgastados, camisetas y botas viejas, te amaba siendo un fontanero con mala paga, te amaba siendo humilde y terco.

-No me amas ahora? – pregunta frunciendo levemente el cejo, ella sonríe. – tenemos más, nena. Tengo un increíble trabajo que me he ganado con esfuerzo, tenemos una preciosa casa en los suburbios de Manhattan, tenemos dos autos, tres hermosos hijos, y puedo llenarte de lujos y regalos siempre que quiera.

-lo sé – sonríe dulcemente – y claro que lo hago, te amo más que nadie en esta vida. Lo que quiero es que entiendas que te amo ahora que tienes todo y te amaba antes que no tenías nada. No me importaba tu falta de dinero, solo me importabas tú. – Edward la abraza fuerte y besa su frente.

-Soy el hombre más afortunado de todo el maldito planeta. – ella ríe en supecho.

-Lo sé. Ahora vamos. La comida se enfría.

La cena había sido la mejor en toda la vida de Edward, sus dos familias, Cullen y Swan, estaban unidas, sus padres, que seguían viviendo en el mismo lugar ya no pasaban trabajo, Edward y Alice se encargaban de que a ellos no les faltara nada. Charlie y René seguían trabajando duro pero trataban de ir más veces a New York para estar con sus nietos, Alice había conocido al medio hermano de Rosalie Hale, la mejor amiga de Bella, en un evento de pasarela, se enamoraron enseguida.

Alice seguía trabajando con Rosalie pero esta vez como diseñadora de su propio departamento, Rose la dejaba diseñar a sus anchas alegando que Alice tenía un talento nato y no necesitaba parámetros, Jasper Whitlock era abogado y tenía su propio bufete aunque atendía, como favor personal, la empresa de su media hermana. La vida de Edward era perfecta, no necesitaba nada más. Charlie, que estaba en la cabecera presidiendo la mesa, se puso de pie con una copa de champaña.

-Me gustaría brindar porque al fin tenemos una vida perfecta – mira a todos alrededor y sonríe – siempre habíamos sido René, Bella y yo pero con el tiempo ganamos un hijo mas – Miró a Edward y este asintió – y con él llegó una segunda familia a la que amamos y apreciamos muchísimo – miró al resto de los Cullen y a Jasper – ha habido obstáculos y siempre los hemos superado, nada en la vida es fácil y hay que luchar por lo que queremos. Así que propongo un brindis, porque hemos llegado a la cima de la felicidad.

-Por la felicidad! – exclaman todos bebiendo su champaña mientras los niños bebían jugo.

-Una cosa más – dice mirando a Bella y Edward – ustedes han sido mi mayor orgullo. Hija – mira a Bella que le sonríe con amor – eres la mejor hija que jamás podría tener, eres devota a tus hijos y tu esposo pero también le pones amor a la compañía por la cual hemos trabajado mucho. Estoy orgullosa de ti.

-Gracias, papá – susurra emotiva, Edward aprieta su mano por sobre la mesa.

-Edward – este se gira para ver a Charlie – durante estos años me has demostrado que no hay nada más importante para ti que mi hija y mis nietos, eres un hijo ejemplar y así como nosotros, amas tu trabajo y veo el amor que le pones a cada proyecto, eres un excelente líder y he visto cómo te aprecian en la compañía, eres mi mejor adquisición y el mejor yerno del mundo.

-Gracias, Charlie – contesta Edward orgulloso de sí mismo, triunfó en lo que jamás pensó lograr.

-Por esto mismo, nosotros… - toma la mano de René y la ayuda a levantarse, le besa el dorso de esta y los vuelve a mirar – queremos delegar nuestros puestos.

-Qué? – Jadean Bella y Edward al mismo tiempo.

-Pero… que harán… que pasará con la presidencia? – pregunta Bella confundida.

-Ya estamos viejos, hija – contesta Charlie sonriéndole – queremos disfrutar de nuestra vida como lo hacen Carlisle y Esme. Queremos jubilarnos.

-Pero… yo no puedo manejar Soursel sola, es imposible! – dice Bella asustada.

-Lo sabemos – contesta René – es un trabajo para dos – musita viendo a Edward y este frunce el cejo confundido.

-La compañía se divide en cuarenta por ciento de acciones de René, cuarenta por ciento mías – dice Charlie – diez tuyas – señala a Bella y diez a inversionistas – contesta y Edward sabe que ahí entra él, había comprado apenas el dos por ciento de las inversiones en siete años, si se retiraba seguiría ganando dinero.

-Eso lo sé. Pero no explica nada.

-El caso es, que nosotros delegaremos puestos, hija – continua Charlie – Edward tendrá mis cuarenta por ciento de acciones, tú tendrás el cuarenta de René, mis nietos el diez y los otros diez serán para los inversionistas externos.

-Estás seguro de esto, Charlie? – Pregunta Edward serio y confundido – van a quedarse sin nada.

-Lo sabemos – Responde René feliz – ahora les toca a ustedes mantenernos a nosotros – Bella ríe y asiente, era la hora de devolver los veinticinco años de crianza amorosa.

-Están de acuerdo? – pregunta Charlie. Edward mira a Bella seriamente y esta le sonríe con dulzura.

-Solo si tú estás de acuerdo, bonita. Lo que tu decidas eso será – susurra y ella acaricia su mejilla y besa sus labios.

-Hagámoslo – contesta y él asiente. Bella mira a sus padres y sonríe – aceptamos.

-Perfecto! – Exclama René feliz.

-Por los nuevos presidentes de Swan y Cullen Soursel – Charlie levanta su copa y Edward lo mira asombrado y confundido.

-Qué? – jadea y Charlie le sonríe.

-Crees que te iba a dejar por fuera? Eres mi otro hijo, y sé cuánto amas a mi hija y a esa empresa. Lo harás mejor que yo, eso lo sé. Y debes mantenerla firme, es el legado de mis nietos.

-No sé qué decir – los ojos de Edward se humedecen, siempre quiso ser parte de Soursel, trabajar con ellos y ser un arquitecto de renombre pero nunca pensó que algún día llegaría a ser el nuevo dueño de Swan Soursel y mucho menos que la empresa llevaría su apellido. Se levanta de la mesa y lo abraza – no te defraudaré, Charlie. Lo prometo.

-Lo sé, hijo. Confío en ti.

Después de la cena y una amena conversación en el salón Bella y Edward llevaron a los niños a la cama, Charlie, René, Carlisle y Esme se habían ido a un hotel porque las habitaciones no eran suficientes, Alice y Jasper se habían quedado en la habitación al final del pasillo mientras que los niños estaban en la habitación de al lado, cada uno en una litera, Edward ya tiene su pijama de mono gris y camiseta y está acostado mirando al techo, Bella sale un minuto después del baño con una camisa de él como pijama, Edward amaba verla así.

-En que piensas, amor? – musita ella recostándose a su lado, recuesta la cabeza en su hombro y acaricia su pecho con una mano mientras entrelaza sus piernas con las de él.

-En lo que dijo Charlie hace un rato – susurra sin mirarla, no puede apartar la vista del techo – aun no creo que voy a ser el nuevo dueño de Soursel, es decir… sé que es tuya, es tu legado y de nuestros hijos, pero que confíe en mi de esa forma y me entregue el cuarenta por ciento de las acciones es… - niega y suspira – es demasiado.

-No es demasiado, te lo has ganado. Has trabajado mucho más que yo en esa empresa, lo haremos bien.

-Pero que pasa si en unos años nos separamos? Que pasará entonces? – Ella se apoya en un codo y lo mira seria.

-Quieres separarte de mí, Edward? – pregunta algo molesta.

-No! – Exclama y acaricia su costado viéndola por primera vez desde que se acostó – te amo más que nada y una vida sin ti no la concibo pero… si tú me dejas…

-Nunca voy a dejarte – sentencia ella seria – en lo que a mi concierne, este anillo – señala el de él – te ata a mí de por vida. No vas a deshacerte de mí tan fácil. Vas a hacer esto conmigo o no? Es un trabajo para dos, has visto a mis padres, es duro pero juntos podemos lograrlo – Edward sonríe y asiente para luego besarla con amor y ansias.

-Contigo hago lo que sea y voy a donde quieras. Me tienes a tu merced siempre, nena. Sé que lo haremos bien – vuelve a besarla. – te amo.

-Yo también te amo – contesta ella feliz – ahora hazme el amor. – exige sonriéndole de manera coqueta, él suspira y asiente.

-Como órdenes, bonita.