OUTTAKE
LA BODA
El apartamento estaba completamente silencioso, algo curiosamente inusual en esos días, René y Esme pasaban más tiempo alrededor de lo acostumbrado que otras abuelas y eso lo estaba perturbando un poco, le gustaba tener a sus mujeres solo para él, cerró la llave del agua y salió de la ducha para secarse, tomó una de las toallas y las aspiró antes de sonreír y secarse, la toalla olía a vainilla y a Bella, adoraba el perfume de su mujer.
Se envolvió las caderas con una toalla y tomó otra para secar su cabello, se miró en el espejo sobre el lava manos y verificó que no había quedado ningún rastro de vello facial, el día anterior había ido a la barbería a cortarse el cabello y a afeitarse, usualmente se afeitaba él mismo pero Bella había insistido en que se hiciera todo de una vez en la barbería, que tenía que estar lo mejor posible para ir a trabajar en su nuevo cargo.
Salió del baño y frunció el cejo, definitivamente había demasiada calma, iba a salir de la habitación pero vio que en la cama había una nota, se acercó curioso y sonrió al ver que era la letra de Bella, se sentó en la cama un segundo y sonrió, adoraba esos pequeños momentos amorosos con ella, él –en su infinito amor por ella – quería regalarle muchas cosas pero no tenía como y ella lo tenía todo así que le dejaba notas por toda la casa, ella había empezado a hacer lo mismo, adoraba esos pequeños momentos.
"Cariño, sé que has estado atormentado estos días, nervioso por tu nuevo cargo y sé que nuestras madres, Carlie y yo no hemos aportado mucho a tu tranquilidad así que he decidido dejar que te prepares con tranquilidad y silencio para tu nuevo cargo y me he llevado a nuestras madres a desayunar fuera de casa.
Pd: volveré para despedirte en la puerta.
Pd2: hay un regalo para ti en el armario, espero lo uses.
Te amo. Tu prometida.
Edward sonrió enamorado y se fue directamente al armario, él se había quedado sorprendido por lo grande que era la primera vez que lo vio, era mas grande que su habitación en la casa de sus padres, había percheros de lado y lado, estantes arriba de los percheros y cajones debajo, el lado derecho era de Isabella y el izquierdo de él, aun –dos años después de vivir juntos- su lado del closet seguía medio vacío, y no era por la falta de ropa, porque tenía pero no en exceso como su hermosa chica, el lado del closet de Isabella estaba repleto y tenía prendas aun nuevas, ahí supo cuál era la adicción de su mujer, la ropa.
Miró el closet con detenimiento encontrando todo normal, la ropa estaba ordenada y acomodada impecablemente pero si, había algo inusual, al final del closet, del lado izquierdo, el lado vacío dónde no estaba su ropa, había un gancho con una bolsa negra que decía "Gucci" frente a esta, se acercó y bajó el cierre de la bolsa, jadeó al ver el traje dentro de este.
-Joder – susurra pasando su mano por la suave tela, no sabe que tela es, no conoce de esas mierdas de marca y sinceramente es el primer traje de diseñador que toca en su vida, es jodidamente suave y de color gris oscuro con imperceptibles rayas grises más oscuras en el. También tenía una camisa blanca jodidamente impecable y una corbata verde musgo de satén.
Saca el traje de la bolsa y lo mira por completo, su mujer es una diosa, le había dicho muchas veces que no quería ese tipo de regalos caros, que sentía que la estaba explotando o aprovechándose de su plata pero ella le replicaba diciendo que ella trabajaba y ganaba su propio dinero y si ella quería gastarlo en él lo haría, Claro! Nunca le había comprado un traje Gucci.
Edward había estado más que cómodo de ir a trabajar en vaqueros, sus botas militares y una camisa de vestir, era solo un miembro de grupo, un diseñador o un analizador de planos dentro de un cubículo y Swan Soursel no era exigente con la vestimenta de los internos, pero ahora era diferente, ahora él representaba un grupo, era "Jefe" de un grupo y él era la imagen de este, la cara y debía estar presentable y formal para reuniones con altos mandos, y clientes.
Se puso el traje sintiendo la tela, la suavidad y la calidez de este, se acomodó la corbata y vio sus pies, frunció el cejo serio, no podía ponerse las botas con ese traje tan perfecto, volvió a mirar sobre el armario donde estaba el traje guindado y vio una caja que no había visto, era una caja de Valentino, al abrirla enarcó una ceja, sí que eran unos lindos zapatos.
Se vio en el espejo cuando el atuendo estuvo completo, su cabello estaba bien peinado, su rostro libre de barba, el traje impecable y zapatos jodidamente cómodos y costosos, sonrió y enarcó una ceja con arrogancia al mirarse por completo, ahora entendía un poco mejor a los ricos, vestirse de esa forma le hacía sentir poderoso y en cierta forma petulante. Suspiró y negó con la cabeza, él era Edward Cullen, un chico de clase media que estaba labrándose su propio futuro.
Salió de la habitación directo a la cocina donde encontró un plato tapado, y un delicioso silencio, lo tomó y vio que eran unos panqueques con chocolate, sonrió nuevamente, esta vez porque sabía que los había preparado su madre, lo hacía cada vez que él tenía algo importante que hacer o por un nuevo logro. Comió en silencio y agradeció nuevamente la paz que se respiraba en casa, tomó un poco de café y miró la hora.
8:10am
Se fue hasta la habitación y tomó su portafolios de cuero negro –Regalo de sus padres- y se encaminó a la salida, al abrir la puerta del apartamento se encontró con Bella saliendo del ascensor con Carlie en brazos, sonrió feliz al ver a sus dos mujeres, sus princesas, toda su vida. Bella sonrió al mirarlo y se mordió el labio al recorrerlo con la mirada, Edward suspiró, siempre deseaba a su mujer pero la voz de su nenita lo hizo dejar de pensar en su deseo por su mujer.
-Papá – Edward jadea y siente como los ojos se le humedecen al ver a su princesa, a su pequeña niña, su pequeño universo – papapa… papá – repite y él deja el portafolio en el piso para acercarse a ambas y tomar a Carlie en sus brazos.
-dilo otra vez, mi amor – pide Edward sonriendo enamorado, su pequeña se ríe y le agarra la nariz con su manito regordeta – dilo, princesa. Di papá – pide ansioso y feliz.
-Papapa papapa – dice la pequeña y el ríe para luego llenarla de besos y abrazarla.
-Desde cuando lo dice? – pregunta mirando a Bella y ella sonríe feliz cuando él la atrae hacia su cuerpo para abrazarlas a ambas.
-Desde hace una hora más o menos empezó a gritarlo en la cafetería. – Musita acariciando la mejilla de su prometido – tenía que traerla para que te lo dijera antes de irte.
-Gracias, amor. – Besa sus labios y luego la cabecita de Carlie – por dejarme respirar esta mañana, por el traje – sonríe y ella acaricia las solapas del saco – por darme este maravilloso y hermoso regalo – musita apretando a su pequeña a su pecho. Suspira y deja de sonreír – pero ya voy tarde, debo irme – susurra triste.
-Lo sé – contesta Bella separándose de él y quitándole a Carlie – solo quería venir a despedirte y a que te despidieras de Carlie.
-Te amo, nena – murmura besando los labios de Bella, luego besa la frente de su niña – también te amo, princesa.
-Hasta más tarde, amor. Acaba con ellos – Edward le sonríe ladinamente y entra al ascensor – por cierto, te vez sexy con ese traje.
-Gracias, nena. – musita y las puertas se cierran.
Edward se pasa una mano por la cara y mira fijamente su cena mientras juega con esta sin mucho apetito, Carlie está en su sillita junto a él con una taza de cereal y ríe cuando algunos caen al piso, Edward la mira y sonríe dulcemente antes de acariciar sus cabellos y volver a su letargo, Bella está en el marco de la entrada de la cocina mirándolo desde hace un rato, sabe que algo no fue bien el día de hoy, él había llegado con una sonrisa en su rostro pero sus ojos no reflejaban eso, se veía molesto y perturbado pero no le había dicho nada.
Ahora lo confirmaba, él adoraba a su hija y le gustaba pasar cualquier momento con ella, siempre riendo y haciendo cariño pero apenas y jugaba con ella y estaba ensimismado, taciturno, demasiado callado. Decidió que era hora de hablar, ellos siempre hablaban, podían pelear y discutir, tener opiniones distintas y no coincidir, la convivencia nunca era fácil, pero siempre hablaban y se iban a la cama cada noche juntos, enamorados y abrazados.
Excepto cuando él se lo merecía, lo dejaba dormir en el sofá.
-Edward, amor. Qué ocurre? – pregunta acercándose por detrás, lo abraza por la espalda y afinca su barbilla en su hombro. Él se había quitado el saco y la corbata, también los zapatos y se había arremangado la camisa. Edward acaricia sus brazos y suspira.
-Estoy bien – susurra y Bella bufa.
-No lo estás – gruñe separándose – esta mañana te fuiste feliz de que ibas a empezar un nuevo cargo y Carlie dijo sus primeras palabras, ahora no comes, no juegas con ella y apenas hablas. – Lo gira en la silla para mirarlo a la cara – hasta tus ojos están tristes. – se sienta en su regazo y lo toma del rostro – dime que pasa, por favor. – él baja la mirada y niega.
-Hay rumores. – susurra sin mirarla.
-Rumores? Que rumores? Sobre qué? – pregunta sin soltarlo. Él frunce los labios y la mira con tristeza.
-De que me dieron el cargo por… - niega molesto – por ser el yerno de Charlie, que en realidad habían otros más calificados que yo para el puesto.
-Qué? – pregunta ella confundida. – quien dijo eso?
-No lo sé. – Se encoge de hombros – es lo que se escucha en los pasillos de la empresa. Lo oí por casualidad cuando estaba en el baño, algunos hablaban.
-Amor, sabes que eso no es cierto. Charlie no tiene influencia en tus ascensos. Él solo trabaja presidiendo la compañía, hace negocios alrededor del mundo y compra empresas, habla con potenciales socios y solo toma proyectos gigantes, tiene un personal completamente cualificado para decidir quién es el mejor para ascender. Lo sabes – contesta seria.
-Lo sé, nena. Pero aun así me molesta. He trabajado tan duro y todo lo que oigo es esa mierda.
-Hey – le levanta la cara para mirarle a los ojos – el que te conoce bien sabe que no estás ahí porque eres el yerno de Charlie, eres bueno en lo que haces y te esfuerzas.
-Yo… pensé en dejar la empresa.
-Qué? No, claro que no – exclama molesta – tienes casi dos años trabajando ahí, estás feliz con ello, sé cómo te gusta tu trabajo – acaricia su mejilla – has estado trabajando duro.
-Pero…
-Tu no vas a dejarlo – Sentencia interrumpiéndolo - eres increíble en lo que haces y eres feliz ahí. No vas a dejarlo por habladurías de idiotas celosos. – Isabella suspira y besa sus labios – sabías que están celosos de ti? – pregunta dulcemente y él frunce el cejo.
-Por qué iban a estarlo?
-Porque atrapaste a la hija del jefe – sonríe y él hace una mueca.
-Más de que hablar – gruñe y ella suspira
-Sabes cuantos hombres de esta sucursal están detrás de mí? – pregunta con petulancia y el gruñe.
-No.
-Todos, amor. No es por presumir pero soy un partidazo – él resopla una sonrisa – tú tienes lo que ellos quieren, me tienes a mí, atada a ti con una hermosa niña y un matrimonio en puerta.
-Aun no eres mi esposa – musita acariciando sus piernas y su espalda.
-Porque tú no quieres, cielo. Te dije que nos casáramos antes del nacimiento de Carlie.
-Y yo te dije que no iba a dejar que tus padres pagaran toda a boda. Se supone que el novio o la familia del novio hace todo eso.
-Eres un neandertal, cielo – replica sonriendo – podemos hacerlo juntos, a mitad. Y no necesitamos una gran boda. Solo te quiero a ti. Casémonos, si?
-Pero yo quiero darte la boda de tus sueños – susurra abatido – quiero que sea perfecta para ti.
-Y va a ser perfecta si tú estás esperándome junto al sacerdote con una hermosa sonrisa. – Se acomoda en su regazo y se sienta a horcadas sobre él – casémonos, algo sencillo. Puede ser en una pequeña capilla, tú, yo, Carlie, nuestros padres y Alice. Nada grande, solo nosotros.
-Segura? – Pregunta aun sin convencerse – no quiero que te arrepientas luego – ella suspira y besa sus labios.
-Cuando vas a entender que no me interesa más nada que tú amándome… y nuestra bebé – él sonríe y asiente.
-Hagámoslo, casémonos. – Decide feliz – pero yo pagaré la mitad de todo, o todo, si es que puedo – ella rueda los ojos y sonríe.
-Lo que te haga feliz, amor.
-Y firmaremos un acuerdo prenupcial – dice cuando ella va a levantarse.
-No – sentencia ella volviendo a sentarse en su regazo.
-Si – gruñe Edward serio – no voy a tomar tu dinero.
-Va a ser de ambos y en realidad no lo vamos a tocar mientras estemos casados. El acuerdo prenupcial es para prevenir problemas con el divorcio. Tú vas a querer divorciarte de mí luego?
-No – contesta contrariado – nunca. Eres mía para siempre.
-Entonces no hay porque complicarnos con papeleo sin importancia. – Besa sus labios y se levanta de su regazo – nos casamos en un mes – dice apartándose.
-Qué? - Jadea levantándose de la silla, ella sonríe satisfecha.
-Un mes, Cullen. Una boda sencilla, solo nosotros, nada ostentoso. Un mes – y sin más sale de la cocina llevándose a Carlie con ella.
-Maldita sea, Isabella – gruñe bajo
-Por qué demonios no puedes entenderlo? – pregunta ella rabiosa.
-Tú no quieres razonar conmigo! – exclama agitando las manos.
-Puedes callarte? Carlie está durmiendo – él suspira y camina de un lado a otro por la habitación, se detiene frente a ella que está sentada a la orilla de la cama y se arrodilla entre sus piernas.
-Nena… - susurra mirándola a los ojos, ella sonríe con arrogancia y enarca una ceja.
-Sí, cariño? – pregunta dulcemente con sarcasmo. Él suspira y niega mientras le toma de las manos.
-Por favor… por favor, por mí – ella niega lentamente – por favor, amor. Me estás haciendo sentir como un aprovechado.
-Pero no lo eres – susurra ella acariciando su mejilla
-Lo sé, y tú lo sabes. Pero… y si Charlie y René se dan cuenta que no soy lo suficientemente bueno para ti? Si te piden que me dejes? Estaría arrebatándote lo que por ley te pertenece y… no quiero quedar como el malo.
-Mis padres jamás me obligarían a dejarte – contesta seria – eres lo que más amo en esta vida y en realidad fue Charlie quien me dio la idea de proponerte matrimonio. – Ella besa sus labios castamente y le sonríe – eres mío y no vamos a dejarnos.
-Entonces hazlo por mí. Vamos a firmar un acuerdo prenupcial, por favor – ella se levanta dejándolo arrodillado en el piso y se aleja a la puerta de la habitación.
-dije que no – concluye – y te espero mañana en el altar, a menos que quieras que sea yo la que camine el pasillo – pregunta con burla. Él bufa y niega mientras se levanta del piso y mete las manos en sus bolsillos para mirarla con amor y algo de molestia.
-Te amo, Bella. Pero hay veces que simplemente eres una jodida patada en el culo – ella sonríe y asiente.
-Es lo más dulce que me has dicho jamás. – y sale de la habitación dejándolo más enamorado y frustrado.
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La imagen que le mostraba el espejo era asombrosa, no todos los días vestía de esa forma, no todos los días tenía esa mirada alegre y ansiosa, no todos los días iba a casarse. Se pasó una mano por el cabello previamente cortado y sonrió limpiando una invisible mota de polvo de su saco. Miró la hora en el reloj de pared sobre la cómoda junto a la ventana y vio que falta poco, media hora más y sería un hombre casado, estaba ansioso por llegar ahí.
La puerta de la enorme habitación se abrió dejando ver a Esme, Edward la ve a través del espejo y se gira cuando su madre entrar por completo a la habitación, no puede evitar sonreír al ver a su madre con un lindo vestido amarillo de tiras finas que le quedaba un poco más abajo de las rodillas, estaba preciosa. Esme sonríe mientras los ojos se le llenan de lágrimas al ver a su hijo.
-Dios – susurra acercándose a él – te vez hermoso, hijo – musita abrazándolo. Edward deja un beso en su frente y la mira sin dejar de sonreír.
-tu igual, mamá – ella acaricia su mejilla libre de barba y suspira.
-cómo estás? – le pregunta alisando las invisibles arrugas de su traje, él aprieta un poco los labios y traga grueso.
-Un poco nervioso…- se frota las manos - ansioso, inquieto – suspira – con ganas de verla – Esme ríe levemente.
-Falta poco, cariño. Ya todo está casi listo, Bella aún sigue preparándose. – Él frota sus manos un poco sudorosas con más fuerza y mira al piso
–Quiero verla, necesito verla – intenta caminar hacia la puerta – necesito saber que no va a arrepentirse y…
-Edward, Edward, cariño! – Esme lo toma del brazo regresándolo, él la mira asustado y respirando con ansiedad – todo está bien – susurra acariciando su mejilla – Bella no está arrepentida, está tan ansiosa como tú de verte en el altar.
-Pero… mamá… ella…
-Tranquilo, muchacho – Ambos giran la cabeza para ver a Charlie entrar a la habitación – Esme, podrías dejarnos un momento, por favor? – pregunta con una pequeña sonrisa, ella asiente y besa la mejilla de su hijo antes de salir de la habitación – como la llevas, muchacho? – pregunta Charlie metiéndose las manos en los bolsillos de su pantalón.
Edward mira a su suegro un segundo, tiene un traje negro de cuatro piezas con americana y una corbata roja, si hace dos años le hubieran dicho que iba a estar en la misma habitación con Charlie Swan a punto de casarse con su hija, se reiría hasta la muerte y le diría a quien sea que es una completa locura.
-Bien, bien… si, bien – suspira y Charlie ríe audiblemente sentándose a la orilla de la cama.
-Ven aquí, hijo – palmea la cama a su lado y Edward suspira antes de ir ahí y sentarse a su lado. Charlie palmea su hombro y lo mira un segundo – no tienes por qué estar nervioso ni asustado, Isabella te ama.
-Sí, lo sé – susurra pasándose las manos por el pantalón con nerviosismo – es que… me siento inseguro – suelta su mayor miedo – Bella no quiso firmar el acuerdo prenupcial y yo… la amo, Charlie, la amo con mi vida pero y si no funciona? Si no soy suficiente y decide dejarme? No quiero arrebatarle nada. – Charlie sonríe y asiente.
-Desde el inicio me di cuenta que eras un muchacho de principios, leal y honesto – comienza con seriedad mirándolo a los ojos – llegaste a conocer a Tyler Crowley? – Edward frunce el cejo y asiente.
-Sí, el ex novio de Bella. – Contesta serio – trabajé muchas veces reparando su casa – continúa recordando, Charlie asiente y bufa.
-Un niño rico, egocéntrico y demasiado petulante – niega rodando los ojos – muy bueno para los negocios pero un hijo de puta con la gente.
-Hubieras preferido que Bella se casara con él? – pregunta nervioso.
-Dios, no! Claro que no! – Niega enseguida exaltado – Tyler tiene dinero, sí. Tanto como nosotros pero sé que jamás podría hacer feliz a mi hija como lo haces tú. – Pone una mano en su espalda y lo mira fijamente – Te conocí humilde, Edward. Un muchacho de bajos recursos que trabajaba como obrero para ayudar a su familia.
-Lo sé – susurra bajando la mirada.
-No debes sentirte avergonzado de tus raíces, con tu esfuerzo y tu sudor mira hasta dónde has llegado. Tú mismo has labrado tu camino en la empresa y sí, he escuchado los rumores – continua antes de que él hable – y tú sabes que son mentiras, no te pondría en un alto puesto solo porque estás con Bella, sé lo que se siente ganarte tu puesto y tú no necesitas que te ayuden, has sabido hacerte notar.
-Aún siguen hablando sobre ello – susurra bajo y Charlie asiente.
-Lo sé. Los he oído pero no debes hacer caso de eso. Tú sabes dónde estás y eso es lo que importa. Sabías que yo era como tú? – pregunta y Edward frunce el cejo confundido.
-Como yo?
-Sí. Era un muchacho de bajos recursos. – Sonríe levemente recordando su juventud – en realidad era un muchacho pobre y huérfano.
-De verdad? – pregunta asombrado. Charlie asiente.
-Una triste historia. Mi madre murió cuando nací y mi padre me abandonó con mi abuela, no me quería por haber matado a su esposa. Viví con la abuela Marie hasta que tuve quince, ella murió dejándome completamente huérfano de familia.
-Que hiciste?
-Servicios sociales me llevó a una casa de acogida, me maltrataban como a todos los niños y escapé a la semana. Viví en la calle hasta que un día en un parque se me acercó una linda jovencita de cabellos castaños y lindos ojos verdes. – Edward sonríe
-René – musita y Charlie asiente.
-Me regaló un sándwich y se fue. Desde ese día la veía diariamente en el mismo lugar, ella me regalaba comida y hablábamos de cualquier cosa. Admito que al principio me aproveché de ella. Necesitaba dinero y René… bueno, era demasiado indulgente. Yo no tenía futuro pero quería tenerlo, quería ser alguien.
-Que hiciste? – pregunta nuevamente.
-René financió mis estudios, yo le prometí que le pagaría cada centavo luego. Terminé la preparatoria y saqué las mejores notas, quería ser el mejor, quería ser bueno para ella. Al graduarme apliqué para varias universidades y fui aceptado en tres, decidí estudiar en UDub para estar cerca de ella, ella aún estaba en la preparatoria, aun le faltaba un año para salir pero estudiaba en la preparatoria Coleman cerca de la universidad.
-Y la familia de René que decía? – pregunta absorto en la historia.
-Ellos no sabían nada, la familia de René siempre tuvo dinero pero no tenían tiempo para pasarlo con su hija, ella siempre fue cuidada por nanas y sirvientes, tenía una cuenta sin límite de gastos y vivía a sus anchas. Por eso mismo me ayudó enseguida, tiene un corazón de oro.
-Vaya – susurra Edward asombrado.
-Ella pagó toda mi universidad y mis créditos estudiantiles, inclusive, luego de graduarme me prestó el dinero suficiente para iniciar mi propia empresa, era demasiado dinero el que le debía, cantidades industriales que eran imposibles para mí de pagar pero estaba completamente seguro de que podía devolvérselo.
«Trabajé duro por años, días y noches sin descanso, de lunes a lunes esforzándome por subir entre los más grandes, trabajando sin parar, inclusive había dejado de hablar con René por varios años porque estaba enfrascado en el trabajo.
-La dejaste?
-Sí, la dejé – contesta con una sonrisa triste – pero regresé a ella seis años después, a mis treinta y un años, llegué a la puerta de su casa y ella me miró sorprendida, emocionada y llena de odio. Le pedí disculpas por alejarme y luego le entregué un cheque por la cantidad que me había prestado durante diez años más intereses.
-y que hizo? – Charlie resopla una pequeña risa y niega.
-Ella rompió el cheque y luego de darme una muy fuerte cachetada me besó. Y me imploró que nunca volviera a dejarla. Desde entonces estamos juntos y nunca he vuelto a separarme de ella. Entiendes lo que quiero decirte?
-No – susurra Edward confundido
-Lo que quiero que entiendas es que veo la misma determinación y fuerza en ti, tú eres como yo, eres orgulloso y necio. No quieres la ayuda que cualquiera puede darte sin pedir nada a cambio. Y eso lo aprecio. Bella te ama y entiendo que no quiera ningún acuerdo prenupcial entre ustedes, eso quiere decir que confía en ti más que en nadie y que así como René me ayudó a mi ella está dispuesta a hacerlo contigo.
-Pero no quiero su dinero.
-Lo sé. Y no lo necesitas. Solo… piensa que eso no existe, no tienes que tomarlo si no lo quieres pero siempre estará ahí como en caso de emergencias. No te agobies más por ello y disfruta de este día, de acuerdo?
-De acuerdo – Charlie se levanta de la cama y palmea su hombro para luego mirar su reloj
–Creo que ya es hora, muchacho – Edward mira el reloj de pared y ve que ya son las cinco de la tarde.
-Ya es hora – contesta sonriendo mientras se levanta de la cama. Vuelve a mirarse al espejo y ve que su traje de Armani negro mate está impecable, su camisa de lino sigue igual de impoluta y su corbata verde sigue en su lugar, suspira una última vez y sale de la habitación con Charlie.
Edward mira a los camareros ir de aquí a allá acomodando y arreglando, la última vez que Edward había estado en la mansión de Los Swan fue en su primera navidad, ahora estaban ahí para oficiar la boda. Como la ceremonia iba a ser algo sencillo decidieron que no querían hacerlo en una iglesia, habían trasladado a las dos familias y algunos amigos hasta ahí dos días antes.
El patio fue decorado exquisitamente para la ocasión, todo sencillo con sillas blancas y al final de un improvisado pasillo de pétalos blancos, un arco de flores dónde estaría un pastor oficiando la boda. Cuando salen, Edward puede ver a todos en varios grupos conversando mientras esperan, él los mira a todos detenidamente, solo estaban los más allegados, aun así seguía siendo un gran grupo.
-Hey, Hermano! – Edward camina un par de pasos en el lindo y bien adornado jardín para encontrarse con Emmett.
Emmett McArty había sido el guardaespaldas de los Swan por más de cinco años, un excelente tipo, alto y ancho como un camión, con porte rudo e intimidante pero era todo sonrisas y chistes malos cuando no estaba trabajando, era el mejor amigo de juegos de Carlie y eso ya era decir demasiado. Tenía puesto un smokin gris claro con una corbata azul que combinaba con el vestido de Rosalie, ella lo había obligado a vestir con algo que combinara con ella.
Habían empezado a salir unos días después de que Bella le pidiera matrimonio a él y se casaron al año siguiente, Isabella le había contado sobre la extraña relación de Rosalie y Emmett, un amor-odio que se tenían desde que él había empezado a trabajar para su familia. Se amaban a pesar de querer matarse la mayoría del tiempo pero no tuvieron nada serio hasta hace dos años.
-Nervioso? Deberías estarlo. – Edward frunce el cejo al ver a Emmett serio – hace un momento pasé por la habitación de Bella y creí oír algo sobre fugarse y parar todo este circo.
-Qué? – jadea Edward sintiendo el pánico subir por su garganta. – no estás hablando enserio o sí? – pregunta en un jadeo sintiendo como empieza a hiperventilar.
-Bueno… quisiera decir que es mentira pero…
-Emmett! – Exclama Rosalie acercándose rápidamente, Edward no puede prestarle atención, siente la vista nublada, tiene que sujetarse de las rodillas y respirar tomando grandes bocanadas de aire. – Edward, estás bien? Emmett, que le hiciste? – gruñe golpeándolo.
-Nada, bonita. Yo solo le dije que Bella se quería fugar y…
-Sabes qué? Cállate! No ayudas – gruñe y pasa una mano por la espalda de Edward – tranquilo, Edward. Cálmate, por favor. Bella no va a ir a ningún lado, Emmett solo quiere molestarte. – Edward levanta la mirada aun agitado.
-Segura? No está arrepentida? – Pregunta parándose recto otra vez. Rosalie sonríe y niega.
-Ella ya está casi lista. Tu sabes… lo típico de la novia de aparecer un poco tarde, pero no va a ir a ningún lado, así que cálmate y vea tu lugar – Edward respira más tranquilo y mira a Emmett que está tratando de no reírse.
-Bastardo – gruñe hacia él y este sonríe más abiertamente.
-tu y yo hablaremos más tarde, McArty – gruñe Rosalie y enseguida deja de sonreír, Edward sabe que le espera una fea reprimenda a su amigo. Respira hondo una última vez antes de dejar atrás a Emmett y seguir caminando a su puesto.
Entre los invitados también estaba Jasper Whitlock, el medio hermano mayor de Rosalie que estaba particularmente muy cerca de Alice pero Edward no tenía cabeza para celar a su hermana justo en ese instante. Carlisle y Esme ya estaban sentados en los primeros lugares a la derecha, Rosalie peleaba bajo con Emmett mientras lo guiaba a uno de los asientos, René salía rápidamente de la casa y después de sonreírle dulcemente a Edward se sentó en su sitio.
Había también varios amigos del trabajo, tanto amigos de la familia Swan como algunos amigos que había hecho Edward. Un minuto más tarde Jasper se ubicó junto a Alice en las sillas y Emmett se detuvo junto a Edward, este tragó grueso cuando comenzó a oír el canon de Pachelbel, Bella no quería la típica música de bodas, el padre estaba junto a Edward sonriendo y fue entonces cuando Edward miró a Kate –La niñera que habían contratado hace unos meses- llevar a Carlie por el pasillo de pétalos con un lindo vestido rosa princesa lanzando pétalos rojos mientras reía.
Le lanzó un beso a su hija cuando Kate llegó al final y se detuvo del lado donde debe ir Isabella. Contuvo el respiro cuando la vio salir de la casa del brazo de Charlie, tenía un hermoso vestido blanco sin magas, ceñido hasta la cintura y caía libremente hasta sus pies, él no estaba pendiente de los detalles de este solo pudo ver que debajo del busto tenía una cinta verde del color de su corbata.
Estaba jodidamente hermosa, su cabello peinado en bucles y un maquillaje suave. Estaba nervioso, malditamente nervioso y sentía que todo estaba pasando demasiado lento, sentía que ella iba a detenerse y dar la vuelta, iba a huir de él pero solo bastó ver su rostro, solo su sonrisa y su brillante mirada le confirmaron que ella estaba ahí, con él, ansiosa por casarse, por ser uno con él.
-Sé que ya es más tuya que mía – musita Charlie cuando llegan hasta él – pero aun así quiero entregártela formalmente. Cuídala mucho, hijo.
-Con mi vida – susurra sin deja de ver a Bella que sonríe emocionada y feliz. – Estás preciosa – susurra mientras se acomodan frente al cura.
-Tu igual – responde ella en un bajo susurro sin apartar su mirada de él.
-Queridos hermanos, estamos reunidos hoy en este día especial… - Edward ni siquiera pudo escuchar al padre mientras hablaba su vista estaba siempre en Bella, pensando en lo malditamente hermosa que se veía y que en menos de media hora iba a ser solamente suya.
Nunca dejó de tocar sus manos, acariciaba el dorso de estas con sus pulgares y le guiñaba el ojo de momentos causándole leves sonrojos y quitándole sonrisas. Estaba jodidamente enamorado de esa mujer. Se imaginó dentro de un par de años con ella en una linda casa a las afueras de New York, con cinco hijos y un perro, aunque por ahora disfrutaría de su pequeña familia y de su feliz vida.
-Edward? – susurra Isabella hacia él algo nerviosa. Él sacude la cabeza y deja las imaginaciones para después.
-Sí, hermosa? – ella señala con la cabeza al cura que lo mira sonriendo de manera burlona.
-El sacerdote acaba de preguntarte algo – musita muy bajo, aun así varios espectadores se ríen. Él mira al cura frunciendo el cejo y este suspira.
-Edward Anthony Cullen – repite el hombre sin dejar de sonreír – aceptas por esposa a Isabella Swan para adorarla, amarla, respetarla y serle fiel por el resto de tus días?
-Acepto – contestó enseguida mirándola a ella.
-Isabella Marie Swan, aceptas a Edward Cullen como tu esposo para amarlo, respetarlo, adorarlo y serle fiel por el resto de tus días?
-Sí, acepto – contesta sin apartar la mirada de Edward el cual sonríe emocionado.
-Por el poder conferido a mí por la iglesia y el gran poder de Dios… los declaro marido y mujer – mira a Edward sonriente – puedes besar a la novia.
-Al fin – susurra Edward y tomando a Bella por las caderas la jala hacia él y besa sus labios con un ansioso suspiro. Los aplausos y silbidos no se hacen esperar y él, de mala gana, suelta a su –Ahora- esposa. – Eres mía ahora – musita sin dejar de mirarla.
-Siempre he sido tuya – contesta con adoración. Él la abraza y besa su cuello.
-Pero ahora es legal, no vas a deshacerte de mí – musita y ella ríe.
-Ni tú de mi – contesta feliz.
-Vamos, suéltala. Ya sabemos que es tuya pero déjanos felicitarlos – Edward suelta a su esposa para que una efusiva René se lance a los brazos de su hija.
-Hijo, no sabes lo orgulloso que me siento de ti – Carlisle lo abraza y palmea su espalda – te felicito, hijo.
-Gracias, papá – musita feliz mientras ve como Rosalie, Alice y Esme abrazan a Bella.
-Debes compartirla – Edward se gira para ver a Emmett – solo por hoy, ya después puedes negársela a su familia las veces que quieras – Emmett se encoge de hombros sonriendo.
-Se lo diré a mi madre, lo sabes, no? – Jasper junto a él lo mira inquisitivamente, Emmett vuelve a encogerse de hombros y sonríe.
-Se lo dejé claro a tu madre y su papá cuando nos casamos. La verán solo cuando yo la deje apartarse de mi lado – luego mira a Edward y sonríe – privilegio de esposo.
-No creo que pueda hacerle eso a Bella – murmura contrariado pero sin dejar de sonreír, no cree que nada en ese día deje que su sonrisa se marche.
-Qué bueno que lo dices – Edward ve a Charlie acercarse – te castro si me prohíbes a mi hija.
-Primero me castra ella, Charlie. La conoces – el hombre asiente y ríe.
-Sí, es igual a su madre.
La fiesta siguió sin ningún contratiempo, el clima estaba cálido y el cielo despejado, las sillas fueron apartadas para colocar rápidamente las mesas y el banquete, Edward había estado impresionado por el costo de todo, no sabía que una boda podía ser tan costosa pero gracias a su padre, pudo lograr pagar la mitad de todo, Charlie pagó la otra parte, excepto el vestido, eso lo quiso comprar solo Bella, Edward quería comprarlo por ella pero esta se negó.
Igual Edward había sospechado que entre Rosalie y Alice habían diseñado el vestido perfecto para su mujer –su esposa- que tan malditamente bien podía sonar eso? Estaba feliz, jodidamente feliz. Kate llegó a la mesa principal y Edward se levantó enseguida para tomar a su hija en brazos. Su hermosa bebé estaba comiendo un dulce y tenía sus deditos sucios pero no le importaba ensuciarse, no iba a ver a su nenita durante la luna de miel y debía disfrutarla.
Como regalo –Ya que ellos no querían obsequios en la boda- todos los invitados decidieron aportar para la luna de miel a la cual ellos no sabían dónde sería ni cuánto duraría. Al principio Edward se había negado, era algo que quería pagar él pero todos –incluyendo sus padres- insistieron, si ya tenían la casa y estaba bien equipada y tenían todo y no querían regalos, por lo menos debían dejar que aportaran en la luna de miel.
Y así lo hicieron.
Bailaron su primera pieza como esposos, él le quitó el liguero –luego de dejar varios besos húmedos en su muslo- picaron el pastel, compartieron fotos con todos en la fiesta, Alice fue la que atrapó el ramo, a Jasper le cayó el liguero en la cabeza, comieron y bailaron hasta que se cansaron y alrededor de las diez de la noche Edward estaba buscando a una desaparecida Bella, la cual apareció media hora más tarde vistiendo un vestido blanco más veraniego.
-Es hora de irnos, señor Cullen – musita acercándose a él.
-Pensé que nunca me diría eso, señora Cullen – ella ríe y besa sus labios al ponerse de puntillas.
-Despídete de nuestra hija, el auto nos espera.
La despedida estuvo llena de besos babosos y apretones de mejilla, su hija iba a quedarse con los Swan y luego pasaría otros días con los Cullen, hubo abrazos fuertes de parte de los padres y consejos subidos de tono por parte de los amigos. Pero él no necesitaba consejos, ya sabía cómo hacer gritar de placer a su esposa.
-Entonces… - Edward toma su mano cuando van en la limosina – sabes a dónde vamos?
-Ni idea – niega ella en un susurro mientras se recuesta en su pecho – pero Papá me entregó esta carta – Edward la toma y la abre para leerla.
Sr y Sra Cullen.
Nada me acusa más alegría y felicidad que saber que mi hija está en excelentes manos, usualmente en una boda, el padre termina perdiendo a su hija porque la está entregando a un nuevo hombre pero en realidad, esta noche, he ganado a un hijo, los quiero y los amo a ambos y espero que tengan un matrimonio tan feliz y próspero como el de nosotros y el de los Cullen.
Ahora, yendo al punto, ustedes no querían una gran boda ni regalos y eso tuvieron, pero de parte de todos los presentes queríamos darle la mejor luna de miel que pudieran tener. Justo ahora Jonah va a llevarlos al aeropuerto, sé que deben estar cansados pero el viaje tiene un itinerario. Saldrán en el jet de la compañía y ahí encontraran todos los lugares a donde los llevaran en sus dos meses de viaje, y no se preocupen por Carlie, nuestra nieta estará bien cuidada.
Disfruten el viaje.
De parte de:
Familia Cullen
Familia Swan
Familia Whitlock
Familia McArty
Familia Stevens
Familia Whitherdale
-Valla! Son muchas familias – musita Edward cerrando la carta. Llegan al aeropuerto en cuestión de media hora y Jonah baja las maletas y se las entrega a la sobrecargo que los espera para abordar, Bella saluda al piloto y a la azafata y luego de que abordan, la chica –Margaret- les entrega una carpeta – Demonios! – exclama Edward al abrirla.
-Qué? Qué dice? – pregunta Bella sonriente a su lado que miraba el despegue del jet.
-Bora Bora, Cancún, Los roques, Maldivas, Venecia, Suiza – jadea asombrado – joder! Iremos a Francia – la mira asombrado y ella ríe. – esto tuvo que haber costado una millonada.
-No lo creo. Lo pagaron entre todos – ella se inclina y besa su mejilla.
-Pero… también están los hoteles donde nos hospedaremos, las estadías están pagas. Esto es demasiado!
-Hey, Cariño – Bella lo toma por las mejillas y lo obliga a mirarla. – es nuestro regalo de bodas, nuestro único regalo de bodas. Acéptalo, si? Pasaremos dos meses viajando y tú me harás el amor en todos esos lugares. De acuerdo? – él sonríe más tranquilo y besa su nariz.
-De acuerdo, señora Cullen. Solo por ti. Te amo.
-Y yo te amo a ti.
FIN
.0.0
BIEN!
Ahora si hemos llegado al final.!
que les ha parecido? les dije que no habría mucho drama y seria una historia corta.
Les agradezco a todas ustedes que estuvieron desde el principio hasta el final.
Gracias por estar aqui y por seguir mi historia.
besos para todas y nos leemos en otro fic.
Bye Bye.
;)
