Ordainetan
Por GeishaPax
y
Light of Moon 12
NOTA DE LAS AUTORAS:
GeishaPax y Light of Moon 12: Perdonen la demora pero estabamos ajustando detalles para el clímax de la historia, hemos estado escribiendo mucho, así que recuerden que el argumento está un 80% realizado. Agradecemos las sugerencias pero tendrán que esperar y leer, ya nos dirán en comentarios si lo que estaban pensando se cumplió o si seguimos sorprendiendo cada vez.
Nos daremos la oportunidad de responder reviews en la próxima ocasión. Recuerden dejarnos palabras bonitas de amor.
Resident Evil y sus personajes son de CAPCOM.
El argumento es de sus servidoras.
Gracias Violette Moore por ser nuestra beta.
Ordainetan
CAPÍTULO 4:
Colocaba con cuidado meticuloso las sales aromáticas en la bañera. El agua estaba en la temperatura perfecta y el hidromasaje estaba listo. Estando a punto de quitarse su bata roja de satín cuando el móvil comenzó a sonar. Volvió a anudar el camisón y tomó el aparato electrónico. Nadie tenía su número privado de celular salvo ciertos contactos, por lo que dedujo que era una llamada importante.
—¿Sí?
—Querida, ¿cómo has estado? —Preguntó una voz masculina.
—Excelente, como siempre.
—Lamento interrumpir tu tarde, querida, pero tenemos una nueva misión para ti.
—Lo imaginaba, ¿Qué más podría ser? —Respondió ella sin sorprenderse.
—Hemos visto a Jessica Sherawat rondando nuevamente las viejas instalaciones de Tricell. Sabemos de buena fuente que han estado secuestrando adolescentes de diecisiete años con características físicas similares; pelirrojos, ojos azules y algún tipo de discapacidad…
La dama escuchaba con atención, la conversación se estaba poniendo interesante.
—Los están usando de conejillos de indias para probar un nuevo agente patógeno que por lo que sabemos, es capaz de mejorar las capacidades humanas a niveles inimaginables, haciendo que estos jóvenes recuperen la salud de manera casi instantánea. Como imaginas, sabemos que este proyecto no es altruista y se trata del inicio para formar un ejército de B.O.W.'s para después venderlos al mercado negro como armas biológicas con la particularidad de que mantendrán siempre su aspecto humano para evitar el levantamiento de sospechas…
—Imagino que ya se reunieron con los primeros negociantes para obtener toda esa información. —Dedujo la mujer sentándose en la orilla de la tina.
—Así es y también pagamos una fuerte suma de dinero para hacernos pasar por los primeros compradores.
—Qué elegante…
—En fin querida, ya conoces tu trabajo. Nos importa poco lo que esos dementes deseen hacer con esos chiquillos; lo que queremos es una muestra del virus que utilizan e investigar su funcionamiento. —Determinó el sujeto misterioso, dando la orden a la espía.
—Entendido.
—Ten cuidado, linda. La B.S.A.A., la D.S.O., Interpool, Terra Save e incluso el asesor de la policía están metiendo las narices en esto. —Advirtió el sujeto.
"Este asunto es un pez gordo", pensó la fémina al escuchar que tantas dependencias estaban interesadas en el caso.
—Descuida, no habrá ningún problema con eso.
Ada Wong terminó la llamada y dejó el celular en una mesita cercana mientras cerraba el grifo de la bañera.
—Creo que mi baño de burbujas tendrá que esperar…
—¿Nervioso? —Preguntó Sheva a un ansioso Chris Redfield.
—Un poco, no sé qué nos podemos esperar de los resultados.
Billy permanecía callado en el quicio de la puerta, era un hombre que sabía guardar la calma.
Finalmente llegó un empleado que entregó los resultados del análisis de laboratorio. Sin pensarlo dos veces, el mayor de los Redfield abrió los resultados y su compañera se acercó para mirar también.
—El estudio arroja varios agentes patológicos desconocidos y residuos del suero PG67A/W. —Informó el castaño, bastante intrigado.
—¿Qué es ese suero PG67A/W?—Preguntó el titular de Interpol acercándose un paso.
—Es un suero hecho a base del virus Progenitor que utilizaba Albert Wesker para controlar el Uroboros dentro de sí y mantener a raya las mutaciones. —Respondió Chris sin quitar la vista de los resultados.
—¿Albert Wesker? —Replicó el ex teniente.
—¿Conoces a Wesker? —Cuestionó la mujer al agente de la Policía Internacional.
Billy se quedó sin saber qué responder cuando Redfield intervino.
—Es evidente que el suero lo están utilizando para controlar los efectos de mutación en el cuerpo de las víctimas.
—¿Pero quién puede estar detrás de todo esto? Los únicos además de nosotros, que conocíamos la existencia y consecuencias de los virus eran Excella Gionne y Albert Wesker, pero ambos están muertos. —Dijo la morena bastante confundida.
—Es seguro que alguien más sabía de la existencia de este suero y quizás fue alguien cercano a ese par. O que al menos trabajó de cerca con ellos.—Dedujo el antiguo S.T.A.R.S.
Después de que abandonaron la oficina de Chris para que este se comunicara con su hermana y la D.S.O., Billy y Sheva caminaron juntos hacía sus respectivos cubículos.
—No conocí personalmente a Albert Wesker, pero sí a su viejo maestro James Marcus. —Habló respondiendo la pregunta que la mujer había hecho en la oficina de Chris.
Sheva se detuvo atónita.
—¿Qué dices?
—Lo que escuchaste, no conocí en persona al famoso Wesker, pero sí conocía sus planes y los de sus socios; los Birkin, el doctor Marcus e incluso Spencer. —Informó William con aire sombrío.
La africana se quedó de piedra. ¿Cómo era posible que un agente de Interpol conociera hasta los detalles más pequeños de lo que había sucedido en los inicios de Umbrella?
—¿Estuviste en Raccoon City?
William sonrió de lado.
—Me enteré de todo, antes de que sucediera lo de Raccoon City. Sígueme.
La joven curiosa siguió callada al misterioso agente. En verdad estaba intrigada de lo que él pudiera contarle.
Sentándose ambos en un pequeño sofá que el varón había instalado en su oficina, empezó a contarle a la agente todo lo que sabía.
—Antes de integrarme a Interpol, era teniente del cuerpo de Marines de los Estados Unidos, siendo militar por mucho tiempo. Lamentablemente y muy a mi pesar puedo decir que pertenecer a las fuerzas del Estado, no es sinónimo de ir en el camino de la rectitud. —Mencionó bajando la mirada con cierta decepción. —En una de las misiones me negué a usar mi arma contra inocentes y me condenaron injustamente con cargo de desobediencia, rebeldía y el homicidio de veintitrés personas.
La de ojos avellana se estremeció, la historia de Billy se estaba tornando sombría.
—Me condenaron a muerte, girando mi orden de ejecución en la base Raghiton cerca de Raccoon City. Pero el día de mi muerte, algo pasó. La camioneta donde me trasladaban se volcó y algo había matado a los custodios y fue cuando encontré a una criatura extraña rondando los alrededores. No sabía lo que era, pero lo que si era seguro es que esa cosa era la responsable de la muerte de los policías. Salí huyendo al bosque y había un tren detenido en la mitad de la nada, distinguí el logo de la famosa compañía "Umbrella" y supe que se trataba del tren donde trasladaba a sus trabajadores. No era para nada seguro seguir más tiempo en el bosque, así que sin pensarlo dos veces, me oculté en el Ecliptic Express…
Ecliptic Express… Ahora todo tenía sentido.
—¿Estuviste en el incidente del tren? ¿Sobreviviste a las sanguijuelas? —Preguntó la morena sin poder creerlo.
—No lo hubiera logrado, sin la oficial Rebecca Chambers.
—Pero, ¿cómo es posible? En los informes del Ecliptic, la versión oficial es que no hubo ningún sobreviviente más que la doctora Chambers.
—Esto no es algo que le vaya a contando a todos, todos los días. —Dijo Coen a la menor. —Soy un ex convicto y limpiar mi nombre me requirió demasiado esfuerzo y tiempo hasta llegar a donde estoy ahora. Ese siempre fue mi objetivo principal. Cambiar la verdad histórica del antecedente de Raccoon City, no es algo que me apetezca recordar.
Ahora la de ojos avellana podía entender un poco más el carácter enigmático del ex Marine; había pasado por una vida muy agitada y era normal que hiciera sus reservas y barreras ante los demás. Y se sentía profundamente halagada de que el veterano militar no creara esas barreras para con ella.
—¡Wow, Billy! Es simplemente increíble todo lo que me cuentas y ahora entiendo por qué conoces tanto sobre el ámbito de los "no muertos" y epidemias virales.
—Ahora lo sabes, Sheva.
—En verdad, agradezco tu confianza.
No había día en que la señorita Alomar no sé sorprendiera de un nuevo detalle de la vida de su misterioso camarada y su compañía cada día se volvía más agradable. A veces se preguntaba si existía algo que el agente de Interpol no pudiera hacer.
A través de la puerta entreabierta, Chris observaba la escena del tal William Coen y Sheva juntos, sentados en un sillón conversando cómodamente. Desde que lo conoció le dio la impresión de ser un hombre reservado, hostil y de pocas palabras y así lo había sido con todos, salvo con su compañera del incidente de Kijujú. Ante ella, el enviado de Interpol parecía otra persona; alguien más atento y amable, pero sólo con la jovencita.
Es cierto, desde la primera vez que se topó con Sheva sólo la había visto como una compañera, una amiga muy especial, tan importante como Jill o Becca y nada más. No negaba que la chiquilla era guapa, linda, atractiva y que en algún momento había llegado a verla con ojos de hombre, pero no era su costumbre tener amoríos con sus compañeras de trabajo, en primera porque lo consideraba una falta de profesionalismo y segunda, él era mucho mayor que ella, además de ser su capitán, por tanto eran superior y subordinada. No estaba bien pensar en algo más allá que una estrecha camaradería. Pero, el hecho de que el agente Coen estuviese monopolizando su atención, comenzaba a inquietarle. Desde que ese sujeto había llegado Sheva ya no parloteaba por su oficina, ni pasaba sus tiempos libres para platicar con él y tampoco lo acompañaba por el café de las mañanas. Quizás eran simples detalles, pero eran cotidianidades a las que ya se había acostumbrado y que ahora que no las tenía, empezaba a extrañarlas. Se sorprendió a sí mismo arrugando con fuerza los resultados de los estudios que llevaba en las manos y decidió seguir con su camino. Era mejor ir a buscar a Claire, antes de que se siguiera haciendo ideas en la cabeza.
—¿Tu nombre es Alexander Rostov?
—Sí, ¿por qué me pregunta lo obvio agente Kennedy?
—El registro. —Leon señaló la cámara de vídeo. —Alexander, ¿qué es lo que recuerdas?
—Muy poco, solamente que estaba por entrar del descanso a clases, estaba por tomar mis muletas, y solo sentí un pinchazo en el cuello. —Volvió a señalar en dónde percibió el dolor. —Recuerdo como si fuesen sueños, imágenes, estoy sobre una camilla, veo luces, rostros…
Carlos que estaba del otro lado del cristal, golpeó ligeramente con los dedos la división. De inmediato Leon, pidió unos segundos, y fue a la habitación contigua con Helena, Claire y el ex mercenario.
—¿Creen que pueda identificar con claridad alguna fotografía? —Cuestionó la castaña.
—Podemos intentarlo. —Claire tomó las fotografías de todos los científicos y virólogos del archivo.
Todos los presentes la miraron un tanto desconcertados.
—Más vale, hemos tenido gente que vuelve de entre los muertos. —En esa última miró fijamente a Leon.
El rubio entendió el mensaje, se refería a Ada, se sonrojó ligeramente y le cedió el paso a la activista.
Ambos sobrevivientes de Raccoon City entraron de nueva cuenta con el hijo perdido del embajador ruso.
—¿Has sentido alguna molestia o algo raro, Alexander? —Preguntó Claire con suavidad al tomar asiento junto a Leon.
El chico negó ligeramente. Los dos adultos aún seguían sorprendidos. Alexander Rostov no solo apareció caminando, desorientado por una carretera, el hijo del embajador tenía parálisis cerebral, un grupo de trastornos del desarrollo psicomotricidad, que causan una limitación de la actividad de la persona. El trastorno es permanente y no progresivo, trastorno que Alexander no presentaba. El habla y la movilidad corporal del chico era normal.
—¿Podrías ayudarnos con unas fotografías? Tal vez la gente que te llevó, esté aquí. —la pelirroja señaló la pila de fotos.
El muchacho asintió a la par que Leon comenzaba a mostrar algunas fotografías.
Fantasmas del pasado como Frederic Downing, Glenn Arias, Osmund Saddler y los más temidos hermanos Wesker pasaron por los ojos del muchacho y para su alivio la respuesta fue negativa.
—¡Esperen! —Exclamó el muchacho con la foto de Excella Gionne.
Los cuatro agentes esperaron lo peor.
—El logotipo, reconozco el logotipo, lo ví en una especie de maletín.
—¿Estás completamente seguro? —Preguntó Claire mientras León revisaba los informes de los demás chicos.
—El logotipo de Tricell. —Susurró Carlos.
—Eres bueno rastreando gente Oliveira, pero no sabía que el hallazgo del niño del embajador nos daría estos resultados. —Respondió Helena.
—Mi intención era ayudar a Kennedy a irse. —rápidamente repuso. —No me mal interpretes, se notaba tenso trabajando en este caso. Pero esto es más grande de lo que imaginábamos.
Alguien golpeó la puerta.
Moira Burton apareció en la habitación brevemente.
—En cuanto acabe Claire, ¿podrían informarle que su hermano llegó con los resultados de las pruebas a los chicos?
—Por supuesto, linda. —contestó Carlos aún pensativo.
La chica se sonrojó y salió.
—Hola. —saludó con tranquilidad la pelirroja a su hermano, que la esperaba en su oficina. —Ha sido un día muy movido.
—Vaya que lo fue. —Respondió el hombre dándole un abrazo rápido. —Encontramos muestras del suero PG67A/W en todos los chicos secuestrados.
—Y el hijo del embajador apareció, y ¿a qué no adivinas que reconoció?
—Ni idea, ¿Umbrella?
—Casi, Tricell, un logotipo.
—Aunque no lo creas, no me sorprende.
Y extendiendo su mano le entregó a su hermana los resultados de los análisis. La pelirroja enarcó una ceja. Ya estaba entendiendo a lo que se refería.
—En cuanto acaben, te mandaré las cintas con la transcripción de las entrevistas a los chicos. —dijo la mujer mientras colocaba los documentos en su escritorio. —Chris, hay algo me inquieta...
El interpelado alzó la vista para enfocar toda su atención.
—Todas las víctimas, son jóvenes, pelirrojos, entre los diecisiete y diecinueve años, justo la edad en la que yo llegué a buscarte a Raccoon City y después fue lo de Trent, París, Rockfort… Carlos y Leon no me lo han querido decir pero, es mucha coincidencia. —Cruzó los brazos y observó de reojo los análisis en el escritorio. —Yo también fui infectada, pero no de esto… no sé qué pensar, si ponerme paranoica o… olvídalo, creo que me está afectando no haber tomado mis vacaciones.
Chris miró los ojos asustados de su hermana y no pudo portarse indiferente. Con un cariño casi paternal la tomó por los hombros y le dio un abrazo protector para calmarla.
—Tranquila, no voy a dejar que nada te pase.
La pelirroja se quedó descansando en silencio por unos instantes en los hombros de su hermano. Chris miró la preocupación real de Claire y entendía que era bien justificada. Como bien lo había dicho ella sus argumentos no eran mera coincidencia y por un segundo temió por la seguridad de su hermanita. El mayor de los Redfield no era ningún imbécil y una teoría con nombre y apellido se formó en su cabeza para explicar el fondo de este desastre. Pero deseó con todas sus ganas que lo que pensaba no fuera cierto.
—Pensé que vendrías con Sheva. —La ojiazul se separó de su hermano mayor y le dirigió una sonrisa más serena.
—No. Se quedó en la B.S.A.A. con William Coen.
—¿William? ¿El huraño de la Interpol? ¡Qué extraño!
—¿Huraño? Deberías verlo con ella. —Dijo con una nota de desdén. —Cuando está con Sheva se convierte en el sujeto más sociable, amable y extrovertido que existe.
—Quizás le gusta. —Señaló la menor. —Sheva es una chica muy encantadora y Coen a pesar de parecer que siempre va a rompernos la cara, se ve que es buen sujeto.
—¡Por Dios! ¡Qué cosas dices, Claire! —Exclamó él a la defensiva. —No niego que Sheva es todo eso que dijiste pero el tipo debe tener mi edad y ella es una niña a su lado.
—Creo que es mayor que tú. —Señaló provocando una mirada asesina por parte de su hermano. —Tal vez eso a él no le importe y a ella tampoco. Sheva es joven, guapa... Y él es un tipo maduro, y apuesto. No le veo el impedimento.
—¿A dónde quieres llegar con todo esto? —Habló en tono de reclamo. Chris conocía perfectamente a su hermana y sabía que cuando se comportaba de esa manera e intentaba acorralarlo era porque seguro ya tenía una hipótesis en la mente.
—Déjalo así, no pretendo llegar a ningún punto, es una pena, imaginé que en un futuro sería mi cuñada.
Fulminó a la pelirroja con su mirada. No le gustaban para nada las insinuaciones de Claire. Era lo más sano cambiar el tema.
—Debemos ir con Leon y con Carlos a contarles lo que descubrimos en los análisis.
—Tienes razón, además si dejo a ese par solo, seguramente terminará en asesinato. —Suspiró con resignación.
—¿Ese par aún siguen peleándose por la mujer más pecosa de la ciudad? —Mencionó el mayor en tono de burla, pellizcando con suavidad una de las mejillas de su hermanita y en respuesta, recibió un manotazo.
—No jodas Chris, bastante tuve de tus bromas en tu jodida adolescencia.
Claire no había superado el hecho de ser comparada con Pippi Longstocking y las constantes bromas de Chris con respecto de las múltiples pecas que decoraban sus mejillas.
La ojiazul tuvo una mejor idea.
—De hecho, el otro día entraron Leon y Helena cuando Carlos me tocaba los senos empapados. —Guiñó el ojo y abrió la puerta para salir a buscar a los mencionados.
—No creo que haya tocado mucho. —Después tendría unas atentas palabritas con el brasileño, ahora tenían asuntos más importantes que resolver.
Los tres varones y Claire Redfield se movieron a la pequeña sala de juntas mientras Helena se quedaba en la habitación de interrogatorios armando el expediente con la información de las entrevistas.
Los Redfield tomaron la palabra cada uno exponiendo la información que habían conseguido en ambos bandos; Chris expuso los resultados de los análisis de los chicos secuestrados que arrojaban los residuos del suero PG67A/W y cómo esto se vinculaba con Uroboros y Albert Wesker, y Claire por su parte, recalcó el reconocimiento del logo de la compañía de Excella Gionne por parte del chico de origen ruso. El punto en común era Tricell y la planta más grande era la que operaba en la aldea de Kijujú.
—¿Sugieres un operativo en África? —Concluyó Leon a las explicaciones del mayor de los Redfield.
—Una expedición de reconocimiento, solamente. Si Tricell tiene algo que ver seguro allí encontraremos algo. —Contestó el capitán del equipo Alpha.
—¿Cuándo partimos? —Preguntó la pelirroja.
—No, no. No creo que sea prudente ir todos hasta la planta abandonada de Tricell y dejar el asunto abandonado por aquí. Iremos nosotros, conocemos de sobra las instalaciones, —dijo refiriéndose a Sheva y a él. —William Coen nos acompañará para la misión de reconocimiento.
—Correcto. ¿Es todo? —Cuestionó Oliveira poniéndose de pie.
—Aún no, Carlos. Quiero hablar contigo acerca de mi hermana y un incidente donde salió empapada de la parte superior de su cuerpo.
Leon rió bajito. Ese tonto iba a conocer al bisonte Redfield enfadado.
Chris y Carlos salieron de la habitación en donde una muy sonrojada Claire seguía atónita por el valor de su hermano de usar el incidente que ella mencionó en broma.
—Sabes, siento un poco de envidia de Oliveira.
—¿Por qué? —Preguntó más extrañada la pelirroja.
—El tipo solo habló contigo cinco minutos y se volvió una persona muy cercana a ti. —Tomó aire y prosiguió. —A mí me costó toda una noche llena de muertos vivientes, una ciudad volando y la custodia de una niña.
—Bueno, son circunstancias diferentes.
—Ni siquiera pude cumplir mi promesa de vernos en un lugar más agradable.
Claire meditó con cuidado las palabras de su amigo. Tenía razón, en cuanto acabó el incidente en Raccoon, una serie de sucesos en su vida por la búsqueda de su hermano le impidieron entablar una mejor plática o relación con el agente.
—Lo lamento Leon, después de mi búsqueda de Chris, tú ya estabas en entrenamiento por parte del gobierno, nuestros tiempos no han coincidido.
—¿Y si te lo pidiera ahora? Tener la oportunidad de hablar por fin en un lugar en donde no estemos rodeados por virus, monstruos o científicos locos.
—¿Me estás invitando a salir?
—¡Wowowow! —Exclamó Oliveira haciendo un sonido para interrumpir.
—Creí que estaban ocupados hablando sobre un incidente de agua. —Dijo el rubio en voz alta sin mirar a ninguno de los dos recién llegados a la conversación.
—Carlos ya me explicó que fue un pequeño accidente con un vaso de agua, cosa que le puede pasar a cualquiera. —Informó Chris con naturalidad y tomando su asiento al lado de Leon.
—Podría ser hoy, si no tienes inconveniente. —El ex policía ignoró olímpicamente a los dos hombres. —No es una cita como tal, solo dos amigos que pueden salir y hacer cosas como la gente normal.
—Cielo, me encantaría, pero hoy no puedo. —La activista miró a Oliveira. —Había prometido a Carlos ir a cenar juntos.
—No hay problema, puede ser otro día, si Romeo no planea raptarte toda la semana. —Leon se contuvo lo más que pudo, en verdad estaba sintiéndose desplazado con una de las personas más importantes en su vida.
Claire era su amiga, amiga a la cual tenía descuidada, y justo cuando podrían trabajar juntos, apareció ese George de la selva. ¿En qué maldito momento Carlos Oliveira tuvo que cruzarse?, ¿no podía haber ido a buscar a Valentine?
—¿Todo bien, "príncipe encantador"? —Preguntó Chris con fingida preocupación hacia el agente de la D.S.O. que permanecía enfurruñado en su asiento, viendo como el brasileño alejaba otra vez a la pelirroja del pequeño grupo, dejándolo sólo con Chris en la mesa.
—No fastidies, Arnold Schwarzenegger.
El ex S.T.A.R.S. sofocó una carcajada. Desde el incidente donde estuvo implicado Glenn Arias y habían trabajado juntos nuevamente, él y el sobreviviente de Raccoon City se hicieron buenos camaradas, al grado de salir a beber una copa, —varias copas—algunos viernes, trabajar en conjunto en los asuntos del bioterrorismo en los que podían apoyarse, e incluso mirar los partidos importantes de la Champions League y apostar en la final del Super Bowl. Podría decirse que de la desgracia ambos veteranos se hicieron grandes amigos, al grado de jugarse bromas pesadas cuál adolescentes de secundaria.
—¿Qué se siente ser el "mejor amigo" desplazado? —Cuestionó con inocencia y señaló por lo bajo a su hermana y al ex mercenario.
—No lo sé, Redfield. ¿Dónde está Sheva? —Contraatacó con veneno haciendo alusión que la fiel jovencita ya llevaba varios días sin acompañar al capitán como era de costumbre.
—Bien jugado, Kennedy. —Alabó el militar y agregó: —Pero yo no dejo que otro salga con mi chica.
—¿Entonces por fin aceptas que te gusta esa niña? Pedófilo enfermo…
—No estoy hablando de mí. —Soltó poniendo una mueca de seriedad. —Pero parece que alguien ya te lleva un paso adelante.
—Sé que te van a ganar los celos y lo vas a ahuyentar como a todos, "abuelo". —Soltó haciendo referencia a la última película de Terminator.
—¿Entonces por qué no te has ido?
El móvil de Chris empezó a sonar. Revisó en la pantalla y era su compañera.
—Preguntabas por Sheva, aquí está. —Mencionó mostrándole el teléfono a su camarada y tomando la llamada.
—Sí.
—¿Todo está bien, Chris? —Preguntó la morena con consternación.
—Seguro, Shev. ¿Qué pasa? —Dijo él poniendo el teléfono en altavoz por si ella tenía algún mensaje importante que valiera la pena que los demás escucharan.
—Nada en especial. Sólo que como tardabas en reportarte, creí prudente llamar para preguntar si te encontrabas bien o necesitabas algo.
"Aún se preocupa por mí." Se dijo a sí mismo y sonrió con suficiencia.
—No, linda. Está todo bien. —Respondió con amabilidad. —Se extendió un poco más la reunión con mi hermana y su equipo, pero estaré allí después de la comida para informarles la situación.
—¿Estarás de regreso después de la comida? ¡Genial! Entonces supongo que no te molestara que salga un poco antes con Billy para ir a comer a un nuevo restaurante de comida mexicana que abrieron al otro lado de la ciudad.
Al escuchar esto y ver la cara de decepción de su amigo, Leon intentó con todas sus ganas no romper a reír escandalosamente. Era su turno de devolverle al grandulón toda esa joda.
—Seguro, no hay problema. —Contestó con expresión seria borrando todo atisbo de sonrisa de unos momentos antes.
—Gracias compañero. ¿No quieres que te llevemos nada para comer? —Se ofreció con su característica amabilidad la africana.
—No gracias, Shev. Comeré algo por aquí. Diviértanse.
Terminó la llamada y colgó. Guardó el móvil en su bolsillo para quedarse serio en su asiento, tratando de disimular una molestia evidente.
—Vaya, veo que hasta se da el lujo de llamarle Billy y no William a ese tipo tan serio y reservado de la Interpol. Me pregunto si servirán tacos en ese restaurante… —Escupió Leon con aire triunfal, era el turno de Chris de sentir la patada en las bolas.
—¿Y cuándo planeas aceptar que te atrae mi hermana?
—No confundas Redfield, somos amigos.
—Seguro, amigos…
Helena abrió la puerta de golpe, volviéndose el centro de atención.
—Leon, llegó algo a la D.S.O. —La agente se acercó a su compañero y le mostró su PDA.
El rubio por inercia se tensó en automático y salió de la oficina sin decir nada.
—¿Qué sucede Harper?
—Wong ha sido vista de nueva cuenta en territorio norteamericano. —Soltó con seriedad mostrando una fotografía del satélite.
—¿Esa mujer no puede simplemente casarse de un millonario en Dubai para no volver? —La molestia de Claire ahora fue evidente.
Y era lógico.
Se la pasaba jugando con el rubio y confundiendolo, le daba rabia.
Chris solo observaba confundido el cambio de situación. Añadió:
—Si Ada está rondando suelo norteamericano, es mala señal, algo grande está sucediendo.
La motociclista salió de la oficina también.
—Me podrían explicar, ¿Quién es Ada Wong y por qué hizo enojar a "Brad Pitt"? —Preguntó aún más confundido Carlos.
—Es la mujer de la que hablaba Nikolai en el reporte que nos compartiste. —Respondió Chris.
—¿La espía? Debe ser muy importante para que Kennedy se ponga así.
Leon llegó a estacionamiento como alma que lleva al diablo. Revisó el bolsillo de adentro de su chaqueta y sacó un paquete de cigarrillos.
—¿Le invitarías uno a la subdirectora de Terra Save?
El ex policía giró confundido ante la frase que externó la mujer de cabello rojo.
—¿Desde cuándo?
—Que no me hayas visto hacerlo, no significa que no lo acostumbre.
Le extendió la cajetilla y la chica tomó uno. Aún estando bajo la sorpresa, sintió como le arrebataba el mechero, posaba el cigarro en sus labios y lo encendía lentamente.
—Eres un mar de sorpresas Redfield.
—¿Y tú estás bien? —Interrogó la mujer buscando no ser brusca.
—No, realmente no, he estado muy confundido recientemente…
—Ahora entiendo el mal humor.
"Si supieras…" pensó el agente.
—Es obvio que nos están siguiendo. —Refunfuñó Jessica Sherawat cruzándose de brazos. —Ya no sólo se trata de huir de la B.S.A.A. sino también de la D.S.O., Terra Save, y hasta la Policía Estadounidense. Ah y por supuesto Interpol.
"Si al muy estúpido no se le hubiera ocurrido secuestrar a los hijos de mandamases…" Pensó enfadada, tratando de disimular un poco más la molestia que profesaba contra los planes de su jefe.
—Creo que te pago lo suficientemente bien como para tener que soportar quejas y lloriqueos, Sherawat. — "El Jefe" se puso de pie y caminó lentamente hasta la mujer.
Puso su mano en su rostro y lo acarició lentamente.
—No estamos huyendo de las autoridades, al contrario. —Le apartó el rostro con brusquedad, en dirección a una camilla. —Los estamos "advirtiendo" de lo que se viene, nadie sospecharía que unos niños enfermos serán mis soldados.
"Niños enfermos" pensó la ex B.S.A.A., el único enfermo aquí era "El Jefe". Por más que cavilaba no lograba entender las motivaciones de este sujeto. Tenía una mente más torcida que la de Albert Wesker y Excella Gionne juntos, ya que al menos estos dos últimos eran unos genios sin duda, y este tipo sólo era un loco con extrañas motivaciones de venganza hacia alguien. A saber quién o qué cosa lo movía a actuar así.
—Terminaré refundida en una cárcel. —Murmuró finalmente cuando este la soltó.
—Son "riesgos de trabajo", querida. —Respondió sin dejar de observar fijamente a la hermosa mujer que tenía enfrente. —¿Por qué no me dices directamente lo que estás pensando? Sí, estoy enfermo, no soy un genio, pero te aseguro que lo que me hicieron es lo suficientemente importante y no lo supieron aprovechar.
—¿P-pero cómo…?
—Pasó tanto tiempo desde que me usaron de conejillo de indias, que no supieron con exactitud qué habilidades iba a desarrollar, y cuándo lo desee, querida, podré hurgar en tu cabeza y saber lo que estás tramando. Por ahora, tu miedo me es suficiente.
La mujer hiperventiló, ¿Qué clase de persona era él para que incluso pudiera saber lo que ella estaba pensando? Ahora ni siquiera su mente era un lugar seguro.
—Por cierto, te ves preciosa con ese vestido esmeralda. —Expresó mirándola como un perro que mira un pedazo de carne. —Resalta el color de tus ojos.
Jessica se quedó muda, empezaba a tenerle pavor a ese "hombre".
"El jefe" mostró una sonrisa torcida y respondió:
—Gracias por el cumplido, querida. Pero no soy un niño, de hecho, incluso creo que soy mayor que tú, pero sé cómo conservarme en tan buena forma.
