Ordainetan

Por GeishaPax

y

Light of Moon 12


NOTA DE LAS AUTORAS:

GeishaPax: ¡Por fin es jueves, quiero bailar, quiero bailar, quiero bailar! Esperen… creo que nos demoramos un poco en volver. ¿Qué ya es noviembre? Cómo pasa el tiempo volando, pero bueno, gracias a mi hermana del alma Light of Moon 12 y a nuestra querida beta sensei Violette Moore.

Light of Moon 12: Después de este letargo estamos de vuelta, mi querida Geisha, nuestra beta y master Violette Moore y una servidora para traerles un nuevo capítulo, que al menos para mí, es el mejor y mi favorito. Habrá muchas emociones hoy y esperamos que lo disfruten.


Resident Evil y sus personajes son de CAPCOM.

El argumento es de sus servidoras.

Gracias a nuestra beta Violette Moore.

Ordainetan

CAPÍTULO 6:

Resopló por octava vez, Kennedy le debía una muy grande. Estaban atascados de papeleo y archivos por revisar, el agente le pidió que la cubriera desde el día en que Oliveira invitó a Claire a cenar.

De verdad no entendía a los hombres. Leon no era un mal sujeto, perseguía a una mujer cuya relación no lograba comprender del todo, la mayoría de las personas que tenían en consciencia la relación con la espía habían aconsejado mil veces al agente en dejar de ser una marioneta de la asiática, y no lo entendía; entonces aparece Carlos Oliveira y empieza a rondar a su amiga, el agente al parecer cambia de idea y aunque no lo aceptaba, estaba casi segura que ahora ya tenía como interés romántico a la subdirectora de Terra Save al verla casi en brazos de otro.

Hombres…

No valorando lo que tienen hasta que lo ven perdido.

Ya le cobraría el favor con boletos para la fórmula uno o para ir a ver a Maroon 5.

Resignada al ver la hora, agradeció que el agente solo le pidiera que adelantara lo más que pudiera. Apagó el ordenador y lanzó de golpe unos documentos a la gaveta.

Tomó su chaqueta y se dispuso a salir de ahí cuando observó de reojo una silueta conocida con un gafete de visitante.

—¿Carlos?

—¡Hey princesa! —Saludó mientras regresaba sus pasos hasta estar frente a frente. —¿Tan tarde aquí?

—Lo mismo digo, ¿qué te trae a la D.S.O.?

—Vine por el reporte de Leon de Eslavia del este, me dijo que podía pedirlo y me dejó la autorización. —señaló el engargolado bajo su brazo. —Queremos verificar si la situación que tuvo en su momento con Svetlana arroja datos similares a la variante del suero que emplearon con los chicos secuestrados.

—Entiendo, desconozco lo que sucedió en aquella misión.

—Revisaré con tranquilidad esto en casa, tendré algo que leer antes de dormir. —Le guiñó el ojo.

Helena no prestó atención al gesto de galantería del brasileño y respondió:

—Suerte con eso, Carlos. —Y siguió su camino tomando las llaves de su bolso.

—Espera. —Le llamó en un impulso. —¿Tienes algo que hacer ahora?

—Además de llegar a dormir por veinte horas a mi cama… Creo que no.

—¿Te gustaría cenar conmigo? La verdad no tengo ánimos de comer solo y me halagaría la plática con una mujer inteligente y bonita.

Helena se cruzó de brazos, algo tramaba ese investigador.

—¿Y a dónde iremos a cenar? —Preguntó para saber si rechazaba o aceptaba la oferta.

—¿Te gustaría lo convencional o una aventura? —Preguntó con una amplia sonrisa dibujada en sus labios.

—¿Quieres decir que me dejas tomar a mí la decisión? —Lo cuestionó con astucia.

—Efectivamente, mi querida Lena.

—Bien, conozco un lugar… —Dijo haciendo un gesto para que su compañero la siguiera.

—No se diga más. —Asintió Carlos encantado, tomando las llaves de su Honda Civic azul para trasladarse al lugar.

—Un momento galán. —Frenó la castaña al brasileño. —Yo conduzco.

Carlos se sorprendió por la determinación de la joven, pero le agradaba. Si ella se ofrecía a conducir y conocía el lugar, ¿qué podría salir mal?

Ambos subieron a la camioneta de Harper e inmediatamente encendió la radio.

—¿Te molesta la música? —Preguntó a su acompañante mientras sintonizaba su estación de radio favorita.

—Para nada, adelante.

Escogió una estación y subió el volumen cuando escuchó las primeras notas de "Riding with the king" de Eric Clapton y B.B. King, y los poderosos riffs de las guitarras inundaron la cabina.

—Mi favorita para conducir.

Harper encendió la camioneta y la puso en marcha.

No llevaban ni tres calles de camino cuando Oliveira ya estaba lamentando no haber llevado su coche. Con las uñas prácticamente clavadas en el asiento miraba como Helena pisaba sin problemas el acelerador y esquivaba autos y peatones sin temor alguno, llevándose algunas rechiflas de los conductores que contestó con la misma "amabilidad".

—Esto es todos los días, no te preocupes. —Explicó con tranquilidad a la vez que tomaba una curva sin bajar la velocidad y las llantas rechinaron en el asfalto.

El brasileño pasó saliva, no le apetecía soltar palabra en lo que restaba del camino. "Y pensaba que en Sudamérica éramos agresivos al volante, que ingenuo." —No traigo efectivo para tu fianza. —Bromeó en parte pensando en que debió pasar al cajero primero y retirar plata.


—¡Arráncale una mano! —Gritó la mujer tras ponerse de pie al ver a su luchador más a la defensiva y casi contra las cuerdas.

El investigador solo observaba a su alrededor pensando en lo risible que era el cuadro.

Un restaurante bar, de origen mexicano, con nada menos que un ring de lucha libre en el centro, ofreciendo un show diferente a lo extravagante del mundo latino.

—¿No vas a probar tu trago?

Carlos un poco amedrentado levantó el caballito y se lo bebió de golpe. El sabor era diferente a lo acostumbrado y casi escupe todo.

—¿Qué cosa es esto?

—Mezcal, el más fuerte, le llaman "El minero".

—Sabe a combustible de avión. —El latino se sintió una deshonra a la comunidad. —¿Y tú por qué estás tomando solamente cerveza?

—Porque yo conduzco. —Habló sin dejar de mirar la pelea y tomó otra alita del plato. —Carajo a esto le hace falta picor. —Continuó después de dar una mordida y tomó la botella de salsa búfalo para vaciarla en el pollo.

"¿Pero qué clase de estómago tiene esta mujer?" Se preguntó el ex mercenario al mirar la cantidad de picante que comía la señorita, que al parecer, no le bastaba el chile habanero de la preparación original y tenía que agregar más picante. Él apenas había comido tres piezas de alitas y ya sentía perforados los intestinos.

—¿Qué diablos? ¡¿Esto es lucha o es la telenovela de las nueve?! —Gritó enardecida cuando miró que ambos combatientes pararon el combate para insultarse de manera verbal a medio ring.

—Tal vez resulten ser hermanos… —susurró al ver la furia de su acompañante.

—¡Mi abuela pega más duro que ustedes y eso que murió hace quince años!

—Si no es indiscreción, ¿qué edad tienes Len?

—Cumplo veintiocho en un mes. Mi pastel preferido es el de fresas con nuez. —Respondió sin despegar la vista de la lucha.

—Anotado, cariño.

—Tranquilo galán, yo pongo las reglas.

"¿Uh?, es una chica difícil, como me gustan"

—¡Wooow! ¡Eso! ¡Sí! —Gritó la mujer de la D.S.O. seguida de varios chiflidos escandalosos que ella misma emitía, cuando vio al réferi alzar la mano de su luchador favorito después de que este dejara en el suelo a su contrincante a través de una llave en el cuello.

"Está bien, quizás más ruda y difícil de lo que yo creí." Afirmó mentalmente el brasileño al ver el ímpetu de la joven por los combates en el ring.


—¿Y desde cuando te gustan las luchas?

Lena suspiró y se llevó las manos a los bolsillos de la chaqueta.

—Uf, prácticamente de toda mi vida. Desde niña era muy aficionada e incluso le llegué a pedir a mamá que me inscribiera a alguna escuela de lucha libre pero obviamente me dijo que no. Y me inscribió a clases de danza junto con Deb. —Explicó con una sonrisa mientras caminaba en el estacionamiento de la D.S.O. Después de la "agradable" cena era momento de volver a casa.

—¿Quién es Deb? —Preguntó verdaderamente interesado.

La chica expresó una mirada triste.

—Mi hermana fallecida.

Carlos se sintió repentinamente incómodo y quiso disculparse de inmediato.

—Lo siento. No debí…

—No te preocupes. —Repuso enseguida asegurando que no había pasado nada. —Deb está descansando y ella es en gran parte mi motivación para que yo continúe con más ganas en este negocio.

Oliveira permaneció intrigado preguntándose el porqué la hermana de Harper era una gran motivación para ella. ¿Su muerte habrá tenido que ver con el bioterrorismo? No quería arruinar la noche, ya habría tiempo para preguntar más adelante.

—¿Te gustó el mezcal? —Le cuestionó la joven para cambiar de tema.

—Creo que necesito practicar. Mi garganta necesita acostumbrarse. —Respondió con honestidad al recordar el trago que casi le quemó la tráquea.

—Bien. Supongo que aún no eres profesional, pero fue un buen primer intento.

Ambos rieron por la experiencia de Carlos con las bebidas fuertes y después de ello, supieron que era momento de despedirse.

—Creo que debemos irnos, mañana tenemos trabajo con los demás. —Dijo Lena mirando su reloj y añadió: —Gracias por la cena, Carlos. Sé que no fue la más convencional del mundo, pero agradezco que hayas estado.

—No agradezcas, linda. Gracias a ti por aceptar mi invitación. Admito que fue bastante distinta a lo que imaginé, —mencionó esbozando una media sonrisa— pero en verdad me divertí demasiado, ha sido única.

La pareja de agentes sonrieron y Lena sacó las llaves de su camioneta para subir y regresar a casa.

—Hasta mañana. —Se despidió la castaña con un gesto de manos.

—Que descanses. —Respondió él dándose la vuelta para caminar a su coche cuando un brazo lo retuvo por el costado.

No tuvo tiempo de reaccionar cuando de repente Helena Harper lo estaba besando en los labios. Nunca había estado en una situación similar: normalmente él era el de la iniciativa y ahora le estaban robando un beso. Por primera vez en su vida, el dandy Oliveira no supo qué hacer.

—Buenas noches. —Se despidió finalmente separándose de él.

—Buenas noches. —Contestó aún aturdido llevándose una mano a los labios.

—Oye, eso fue por soportar en silencio la cita quizás más extravagante a la que has asistido. —Advirtió subiendo al vehículo. —Aún no has ganado Oliveira, así que no te hagas ideas, que las reglas las pongo yo. —Terminó guiñándole un ojo a la vez que arrancaba para salir del estacionamiento. —Esto nunca pasó. ¿Entendido?

—Entendido. —Asintió el brasileño haciendo un saludo militar.

Carlos la miró marcharse, quedándose de pie en medio del asfalto.

—¡Qué mujer!


Llegó muy temprano a su oficina y comenzó a estudiar los papeles que había fotocopiado del archivo de la B.S.A.A.

"No se sabe demasiado sobre la espía internacional Ada Wong, ni siquiera se conoce su edad o para quién trabaja. Incluso su nombre o sus objetivos son un misterio. Lo que sí se sabe de cierto es que no importa cuán difíciles sean sus misiones, tiene habilidades físicas y mentales par lograr su objetivo sin perder el aliento. Aunque trabaja de forma estoica es más famosa por su sangre fría y elegancia. Siempre parece tener un objetivo en específico y una vez que cumple su cometido, es la clase de persona que traiciona y se deshace de sus colaboradores sin ningún escrúpulo…" Rezaba el documento adjunto a la fotografía de una hermosa mujer de rasgos asiáticos.

—Las mismas palabras de Claire Redfield...

Había investigado con cuidado minucioso el historial, o al menos lo que se sabía de esa misteriosa mujer. Había estado presente en el incidente de Raccoon City, el secuestro de la hija del presidente Graham, las plagas, incidentes en Asia Oriental e incluso en el último ataque bioterrorista a nivel mundial, donde fue culpada de múltiples crímenes junto con Neo Umbrella, pero al final y muy a su manera había demostrado su inocencia probando que la culpable había sido Carla Radames, una científica clon suyo manipulada por el ex Consejero de Seguridad de los Estados Unidos, Dereck. C. Simmons.

La manera de actuar de la dama de rojo era inquietante. No jugaba del lado de los buenos, eso era seguro, pero tampoco era ruin como cualquiera de los bufones de Umbrella que habían caído a lo largo de los años. Era una espía, una asesina a sueldo tal vez, pero no tenía ninguna certeza de ello. Creía que quizás con su experiencia de agente de Interpol y el haber tenido tantos años bajo la lupa a las mentes más brillantes y criminales del mundo le ayudarían a comprender el comportamiento de la asiática, sin embargo no llegó a ninguna conclusión; Ada Wong actuaba bajo quién sabe qué intereses, los propios probablemente pero no podía asegurarlo. Lo que sí sabía y no tenía duda de ello es que la fémina era de cuidado. Y de mucho cuidado.

William suspiró, no iba a llegar a nada averiguando de Ada Wong a base de solo documentos y rumores entre las personas que se habían topado en su camino. Si quería conocerla, tendría que verla en persona.

"No será la última vez que nos encontremos, soldado." Recordó en su mente las palabras de la espía. Si efectivamente tenía razón, ambos volverían a verse y cuando llegara la ocasión, tendría un par de preguntas para ella. En fin, tenía asuntos más importantes que resolver.

A pesar de trabajar en equipo William mantenía su propia investigación paralela a la que llevaba con los demás miembros de las organizaciones antiterroristas. No tenía nada en contra de sus compañeros, pero siempre había trabajado en solitario y le hacía sentirse más práctico y funcional. Y a base de las reuniones anteriores había decidido rastrear a Jessica Sherawat, la otra famosa espía que al parecer estaba detrás de todo esto. Su trabajo había dado frutos y obtuvo de manera extraoficial que la mujer ex agente de la B.S.S.A. se reuniría con un traficante famoso de Medio Oriente en un exclusivo club nocturno el viernes por la noche en la Toscana, Italia. Había que verificar si esa información era cierta o en realidad era un simple rumor. El verdadero problema era zafarse del equipo comandado por Chris Redfield considerando que prácticamente no sabía cómo reaccionaría el hombre de guerra.

De repente, alguien comenzó a tocar la puerta de su oficina. Era Sheva.

—Buenos días. —Saludó la amable jovencita.

—Buen día, Sheva. —Expresó saludándola con un beso en la mejilla. —¿Qué te trae por aquí tan temprano?

—En realidad quería sacar una copia del informe sobre el virus T-Abyss. Prácticamente no conozco el caso del "Pánico de Terragrigia" y me gustaría estudiarlo. Pero mi copiadora se ha quedado sin tinta y quería preguntarte si no te importaba que usara la tuya. —Explicó señalando el expediente que cargaba en las manos.

—De ninguna manera, usala todo lo que necesites.

—Gracias.

Se deshizo rápidamente del espiral del expediente y dejó los papeles en la bandeja de la copiadora para que fueran fotocopiandose una a una. Esa tarea se llevaría un rato, así que la mujer se sentó en una silla cercana. Estaba ya tan acostumbrada a Billy que no le importó su presencia y se acomodó para esperar su expediente.

Observando a la mujer dentro de su oficina, William tuvo una idea con la cual podría obtener un poco más de información respecto al titular de la B.S.A.A.

—Chris es un hombre reservado, ¿verdad? —Preguntó con simulado interés a la chica.

Sheva se giró y prestó toda su atención al representante de Interpol.

—Un poco. En realidad es muy profesional y siempre mantiene la calma, eso lo hace ver como un hombre serio, pero en realidad es muy noble y tiene un gran corazón. —Contestó con honestidad la morena para describir al capitán.

—¿Lo conoces de hace mucho?

—Un par de años. En 2009 fuimos compañeros en la misión de África en Kijujú, donde detuvimos al genocida Albert Wesker.

—Ya veo. —Comentó distraídamente y volvió a preguntar. —¿Y tiene familia? Quiero decir esposa, hijos…

—No, su única familia es su hermana Claire. Chris es un hombre muy solitario, y más desde…

La mujer se interrumpió, estuvo a punto de meter la pata.

—¿Desde...? —Replicó Coen al notar su interrupción.

—Creo que estoy hablando de más.

—Puedes confiar en mí, Sheva. Si pregunto todo esto, es porque me interesa saber con qué tipo de persona estoy tratando.

Y en parte no mentía, William Coen en verdad estaba interesado en conocer un poco más a la gente que lo rodeaba en el día a día. La africana sonrió, sabía que él sería discreto.

—Hace un tiempo, Chris estaba saliendo con una mujer. Era una agente encubierta que era auxiliar de la B.S.A.A., Cathy White. Iniciaron una relación al poco tiempo de conocerse y que se fue convirtiendo en algo formal. Pero un día, de repente fue secuestrada junto con Zack, el único hijo de Cathy, a manos de Glenn Arias, quien los mantuvo cautivos por dos semanas en una mansión abandonada en Querétaro. Chris hizo todo para salvarlos pero desgraciadamente llegó tarde. Glenn los infectó a ambos y… Ya imaginarás cómo terminó todo. —Expresó la morena con tristeza.

—Que bastardo. —Dijo el varón con indignación, refiriéndose a Glenn Arias.

—Fue un golpe terrible para Chris, que aún no se recuperaba del todo por la pérdida de Piers Nivans, su camarada y subordinado en la misión de China. En el pasado también perdió temporalmente a Jill, y muy joven perdió a sus padres en un accidente automovilístico. No ha tenido una vida fácil.

—Ya lo creo.

—Así que cuando sucedió lo de Cathy y me contaron lo mal que Chris la estaba pasando decidí dejar Johannesburgo, para pedir mi cambio hasta aquí para apoyarlo.

—¿Estabas en otra sede? —Preguntó William realmente interesado.

—Sí. Era capitana de mi propio equipo, y estaba por obtener la titularidad de la rama de África Occidental. Pero en cuanto supe que aquí me necesitaban, no dudé en dejar todo y venir. —Explicó con su misma amabilidad de siempre.

—¿Dejaste todo por Chris? —Cuestionó directamente.

—No me malentiendas. —Dijo a la vez que se levantaba para tomar sus fotocopias que estaban listas. —Se lo debía. En nuestra misión en África, Wesker estuvo a punto de matarme en dos ocasiones durante nuestro enfrentamiento final; la primera arrastrándome con él al vacío cuando un bombardero iba en picada y la segunda cuando me lanzó hacia una roca gigante en el volcán, donde quedé colgando a la deriva y a punto de caer al río de lava. Chris no dudó ni un segundo en arriesgar su propia vida para salvar la mía y es algo que nunca olvidaré. —Relató con una voz cargada de orgullo y admiración por el gesto de valentía que Redfield había tenido en el pasado para con ella.

William estaba realmente sorprendido. El tal Redfield en verdad era un tipo honorable y Sheva, una buena persona, demasiado buena.

—Muchas veces nos hacemos juicios de las personas antes de conocerlas, y la mayoría de las ocasiones son juicios equivocados. Chris parece un tipo frío y calculador, pero en el fondo tiene un corazón enorme. Sólo hay que descubrirlo.

—¿Y tú, Sheva?

—¿Yo?

—¿Qué me dices de ti? ¿También te reservas algún misterio interesante de tu vida?

La africana tomó sus documentos y volvió a acomodarlos en orden a la vez que contestaba a la pregunta de Coen.

—Yo no tengo nada que esconder, Billy. De hecho, la mayoría de las personas piensan que soy un libro abierto.

—Y lo eres. No se necesita conocerte a fondo para darse cuenta que eres una gran persona. Eres muy buena, Sheva, en verdad eres una mujer increíble.

La jovencita esbozó una sonrisa encantadora, la más linda que William jamás había visto en sus poco más de cuatro décadas de vida. Era tan linda, tan dulce, tan generosa y desinteresada que cada día se sentía inevitablemente más atraído por la agente. No era común que él mostrara este tipo de interés con alguien con quien compartía tiempo en el ámbito profesional, pero la chica era un imán; atrayendo todo lo bueno y positivo hacia ella. Quizás cuando todo esto acabara… Ya el tiempo lo diría.


—Buenos días. —Claire saludó a dos personas en el interior de su oficina.

Carlos solo revoloteó la mano izquierda mientras se masajeaba la sien.

—Hola, linda. —Chris le dio un abrazo mientras la subdirectora miraba con cierta diversión al antiguo mercenario.

—¿Mal día? El alcohol no es buena elección cuando tienes que trabajar al otro día. —soltó la pelirroja con picardía.

—¡Qué va! —Exclamó un poco más tranquilo. —Tengo migraña.

—Seguro, la migraña es muy común al beber. —remató Chris.

Claire no pudo evitar soltar una risita al ver como su hermano se divertía molestando al pobre Carlos.

—Esto no hubiera pasado, si hubieses ido a cenar conmigo. —Recalcó Oliveira al mirar de reojo a la mujer de cabello rojo.

—Tienes razón. —Respondió. —Seríamos dos tipos con migraña.

—¿Y qué tal tu cita con Kennedy? ¿Ya seré tío pronto?

Carlos se puso más pálido de lo que estaba; la activista se puso en un tono violeta y rojo.

—¡¿Pero qué demonios te sucede?! —La voz alterada entre vergüenza y enojo.

—Hola, ¿sucedió algo? —Helena se asomó por la puerta abierta seguida del rubio.

—Nada, nada, cosas de mi hermana.

—Estaba por hacerte mierda, pero sí, fue tu hermana. —El brasileño se puso de pie y se dirigió al pasillo. —Iré por un café y una Aspirina, avísenme cuando aparezca la princesa Willemina.

Los agentes de la D.S.O. se hicieron a un lado mientras observaban caminar al investigador de forma que arrastraba los pies.

—Leon. —La activista se acercó al rubio y casi de un saltito le dió un abrazo, abrazo que no era como los cotidianos.

Abrazo que no pasó desapercibido por la castaña y el capitán de la B.S.A.A.

—¿Cómo amaneció mi heroína?

—¿Heroína? —La voz al unísono de sus camaradas los hizo salir del encanto.

—Chiste local. —Contestó el ex policía con una sonrisa.

La morena fue la última en llegar, cargando un puñado de documentos y varias carpetas en sus manos.

—¿Qué le pasa? —Preguntó a los demás al mirar a Carlos en pésimo estado recargado sobre la máquina de café del pasillo.

—Creo que es malo bebiendo. —Respondió Helena con fingida inocencia sin despegar la vista de la computadora, o eso parecía.

—Pobre. —Se compadeció la morena y gritó en dirección a donde reposaba el brasileño. —Oye tengo una caja de Ibuprofenos junto con algunas botellas de agua mineral en el auto, quizás puedan ayudarte. ¿Quieres que las traiga? —Ofreció a la morena al hombre con resaca.

—Eres un sol, Sheva. —Agradeció Carlos con un hilo de voz.

Helena dio una risita baja, estaba disfrutando su pequeña victoria.

La africana dejó los documentos sobre la mesa de juntas y tomó las llaves para ir al auto, pero antes se detuvo para dar un anuncio a sus compañeros.

—Por cierto, chicos. Billy no vendrá.

—¿Pasó algo? —Preguntó Claire con consternación.

—No, todo está bien. Sólo que tenía unos asuntos urgentes por resolver en Interpol y tuvo que salir del país, pero estará de regreso en tres días. —Informó para después salir al estacionamiento a traer la ayuda para Oliveira.

—Vaya, el caballero medieval se fue. —Comentó Leon refiriéndose al enigmático agente de Interpol. —Me pregunto qué asuntos tendrá por resolver.

—No lo sé, no dio detalles. —Respondió el capitán con indiferencia.

—Tal vez Sheva lo sepa.

Chris hizo una mueca, pero ignoró las insinuaciones de Kennedy. No iba a atormentarse con ideas infundadas antes de trabajar.


"El Jefe" era un hombre que había cometido pocos errores en su vida, y todos ellos le habían servido de experiencia.

Solo hubo una persona que adivinó las verdaderas intenciones del hombre: Albert Wesker, y por ello no se sorprendió cuando lo dejaron actuar con total libertad.

Al principio, la propuesta de moverse libremente fue recibida por "El Jefe" con total desconfianza. ¿Acaso el antiguo líder de los S.T.A.R.S. estaba preparando alguna especie de trampa? ¿Intentaba lograr que sus enemigos bajaran la guardia? ¿Preparaba una carnicería para vengarse de sus viejos camaradas? Wesker, sin embargo, no tardó en convencerlo de su sinceridad.

No se metió en su camino, y le dejó rienda libre, tal vez como medida asegurada por si algo salía mal y el traidor de Umbrella era asesinado.

Y parece que de alguna manera, la voluntad de Albert Wesker se cumpliría de una u otra forma. "El Jefe" era un hombre que, para mantener su independencia, llegaba al asesinato de ser necesario. Sólo la muerte podía doblegar su voluntad. O la razón.

Pasó una vez más la rasuradora por su nuca y se quitó el cabello sobre los hombros.

—¿Quieres ir por el contacto? ¿No crees que es una medida extrema? —Jessica otra vez se estaba poniendo histérica.

Observó a la mujer prepararse para salir al punto de encuentro en la Toscana.

—Lo que digo es una medida extrema, ya lo sé. —Replicó, midiendo cuidadosamente sus palabras. — Sin embargo, hay ocasiones en que cualquier extremismo está justificado. La asiática ya sospecha quién soy; imaginemos que sí matamos a Arnau, al traficante. Lo que procedería, ante todo, sería implicarlo hasta tal punto que no sea solo un comerciante, sino un peligroso terrorista mezclado con círculos peligrosos. La prensa y esos idiotas jugando a los héroes irían tras otra pista, no es lo mismo que muera un contacto, que un bioterrorista secuestrador de niños. ¿Es o no es buena mi idea?

El hombre miró deferentemente a su empleada.

Jessica parecía abatida y guardó silencio breves segundos, dijo:

—Bien, lo estás haciendo muy bien, adelante. Tal como solía decir Excella Gionne, la sabiduría está en la boca de la juventud, adelante, sigue hablando.

—Quieren que te entrevistes con Arnau, bien. Seríamos tres: el imbécil, tú y yo. Arréglatelas para llegar a su mesa con la oferta de negociación en forma discreta. Por obviedad nos registrarán al acercarnos, por lo que deberemos acudir a la cita sin armas. Me encargué de dejarte un arma debajo de la mesa principal en su lugar favorito con antelación, en caso de ser necesario, indetectable, números de serie borrados y balas hechas de forma artesanal. Creo que mi propuesta es la única salida viable, no podemos darle la oportunidad a F.O.S o a la B.S.A.A. de liquidarnos dejando viva a esa rata. Si algo raro pasa en esa reunión, seré el único que va a poder percibirlo. —Señaló su cabeza rapada.

—Tu razonamiento es coherente.

—En caso de que surja un inconveniente, recuerda que puedo acallar a cualquier testigo si está en mi rango de alcance, pero si te atrapan con el arma en la mano, se acaba todo. —Se acercó al mueble en donde tenía una botella de whisky y se sirvió un trago.

—Cuidado —advirtió Jessica —. Es preciso que tengas la cabeza muy clara.

—Deja de jugar a la novia angustiada, he luchado contra enemigos más peligrosos, si llegasen los de Mossad o la Interpol, ¿Dónde tienen sus morteros? ¿Ha minado ese italiano pedante el terreno? Arnau no es más que un listo hijo de puta, apoyado por sus contactos en el mercado negro y revendiendo el material. Hablarás en italiano con él, sus matones son rusos y la única palabra italiana que entienden es soldi, dinero, por lo que no se enteraran de nada. Antonio Arnau sabe que comprendes la lengua.

—Pero como me hace falta práctica, no hablaremos demasiado. —Señaló con brusquedad.

—De acuerdo. —Replicó "El Jefe" —A trabajar. En lo que partimos, la computadora cargará a internet una tonelada de material contra Arnau. —Se acercó al perchero con su portatraje. —Hora del show.


El club nocturno "Deluxe", se encontraba en las afueras de Florencia, en la región montañosa de la Toscana Italiana, en un sitio bastante alejado de la civilización pero muy bien ubicado para las actividades que allí se desempeñaban; venta ilegal de armas, drogas, juegos de azar, peleas en jaula y toda clase de ilegalidades propias de la mafia, disfrazado de casino de alta categoría en el cual sólo se podía llegar en Jeep todo terreno o en helicóptero, ya que contaba con su propio helipuerto.

Vestido con un frac Hugo Boss, zapatos nuevos perfectamente lustrados y un moño de corbata al puro estilo de James Bond, William Coen llegó al club nocturno en una Jeep Patriot blindada que aparcó en el estacionamiento del lugar para enseguida entrar por la amplia puerta que en su fachada tenía un enorme diamante de neón donde anunciaba el nombre del afamado y exclusivo "casino".

Adentro todo parecía completamente normal, nada diferente a cualquier casino de las Vegas; dados, ruletas, máquinas de monedas y gente con mucha pasta apostando grandes cantidades. Se preguntaba dónde podrían estar los negociantes con los que Sherawat se encontraría, pero por experiencia sabía que el primer paso era mezclarse entre la multitud. Se sentó cerca de la mesa de blackjack y observó cómo varios hombres miraban expectantes las cartas y con notable ambición codiciaban la montaña de fichas rodeados obviamente de un séquito de mujeres bellas vistiendo sus ropas más elegantes. Pero, hubo una mujer que llamó su particular atención.

A unos metros de distancia se encontraba una hermosa dama enfundada en un vestido de seda color rojo carmesí, que descubría una de sus largas pantorrillas a la par de unos tacones altos.

"Ada" Pensó reconociéndola a la distancia.

No lo pensó dos veces cuando se acercó a ella y se sentó en el asiento contiguo.

—Buenas noches. —Saludó acomodándose en el banquillo continuo.

—Buenas noches. —Correspondió ella sin sorprenderse ni un poco.

—Como bien dijiste nos volvimos a ver, señorita Ada Wong. —Le dijo llamándola por su presunto nombre.

—Siempre cumplo mis promesas, agente William Coen. —Respondió sin prestarle mucha atención.

—Veo que sabe mi nombre.

La asiática se volteó a mirarlo por primera vez.

—Soy espía. —Soltó sin titubeos y agregó: —Por supuesto que sé quién eres, guapo. Es mi trabajo saberlo.

Los rumores no eran falsos, era una mujer con sangre fría.

—También sé quién eres, Ada. Lo sé todo sobre ti. —Murmuró tuteándola, para tratar de amedrentarla.

—Que gusto.

Lejos de perturbarse a la dama de rojo parecía no interesarle lo que el agente de Interpol le dijera. Enseguida llegó el mesero con su copa de Chateau Petrus y le dio un pequeño sorbo.

—¿Qué te trae por aquí?

—Creí que lo sabías todo, William. —Respondió con astucia.

—Entonces creo que vienes al mismo asunto que yo, ¿También te dijeron que Sherawat estará aquí?

Eso sí la sorprendió. William Coen no se andaba por las ramas y al juzgar sabía jugar muy bien sus cartas. Sin duda era más astuto que Leon, Chris o cualquier otro del bando de "los buenos" con los que se había topado en el pasado.

—Ahora veo que no es mentira la buena reputación que te precede en Interpol. —Comentó cruzando una de sus piernas.

—Gracias, lo tomaré como un cumplido. Pero no me has contestado, ¿vienes por Sherawat o estás aquí por iniciativa propia?

—Ni una, ni otra. A mí la tal Jessica no me interesa en lo absoluto.

—¿Ah, no? Ella es una espía como tú. —Argumentó el ex Marine.

—Yo no la llamaría espía. —Expresó con cierto desdén. —Asesina a sueldo, mercenaria probablemente.

—¿No eres una asesina a sueldo? ¿Nunca has asesinado a nadie?

Ada dio una risa por lo bajo.

—¿Me vas a decir que nunca has matado a nadie? —Insistió él.

—No voy a negarte que he quitado a varias personas de mi camino, pero te diré que tengo ética y jamás he descargado mi arma sobre inocentes. Creo que me entiendes.

Interesante, Ada estaba cooperando. Sin duda su mente era un enigma, pero ya tenía un mejor panorama.

—¿Entonces no vienes por Jessica? —Habló continuando su interrogatorio.

—No. Mi interés surge en su posible comprador.

—¿Cuál es tu interés? ¿Acaso piensas mejorar la oferta?

—¿Acaso dejarás de hacer tantas preguntas? —Contestó para contraatacar. —Escucha querido, me importa poco quién esté detrás de las órdenes que está siguiendo Sherawat, derrotar a los malos no es mi trabajo, ese es el tuyo y el de las organizaciones como la D.S.O., B.S.A.A. y compañía. Yo sólo me dedico a recolectar información.

—¿Y quién necesita toda esa información? —Preguntó nuevamente.

—Eso no te importa, cariño. Pero, ya que estás tan interesado en esa mujer y en descubrir quién está detrás de todo ese desastre deberías mirar hacia otra dirección, en el pasado tal vez.

—No te entiendo. —Admitió el varón.

—No todos los muertos se quedan en sus tumbas, William. Creo que tú mejor que nadie debería saberlo. —Señaló haciendo una clara referencia a que conocía todo el pasado del agente de Interpol.

Coen entendió el mensaje oculto dentro de las palabras de la espía, era obvio que sabía del Ecliptic Express donde lo dieron por muerto, pero no le dio importancia al menos por ahora, necesitaba averiguar más de ella.

—¿Por qué me ayudas, Ada? ¿Acaso ya te aburriste de jugar con Kennedy y ahora soy el prospecto para nuevo juguete? —Interrogó de manera directa, ya que ambos hablaban con toda sinceridad.

—No eres el juguete si participas en el juego. —Afirmó guiñándole un ojo. —Eres muy apuesto, William y me has caído bien, pero eso no basta para que te considere un prospecto.

Coen esbozó una enorme sonrisa, le agradaban las respuestas genuinas de la asiática.

—No te preocupes, no pensaba entrar al juego, querida. Eres muy atractiva, pero las chicas duras no son mi tipo. —Respondió devolviéndole el guiño.

Entonces llegó el camarero a traer un copa para el varón, un exquisito Domaine de la Romanée-Conti.

En cuanto le sirvieron su copa lo removió para aspirar su aroma primero.

—Vino tinto borgoña, que buen gusto. —Felicitó la dama de rojo.

—Me gusta porque es un vino longevo pero suave, tiene una buena acidez y el aroma es delicioso. Una obra de arte sin duda. —Apreció él, mirando el líquido dentro del cristal.

—Ya veo que no sólo tu frac es elegante. —Acertó Ada reclinándose más en su asiento.

—Gracias. Tu también te ves hermosa esta noche. —Dijo esbozando una sonrisa seductora, que causó otra de satisfacción por parte de la fémina.

Ambos chocaron sus copas y bebieron el vino. Sin duda, ambos personajes estaban a la defensiva, pero no por ello dejaban de admitir que la compañía mutua les resultaba un completo deleite.


—Me alegro que haya venido señorita Sherawat. —Espero que podamos llegar a un acuerdo con la negociación.

—También yo espero que quede todo arreglado. —La doble agente le tendió la mano al hombre y se la estrechó. La mano era fría, firme y seca.

—Voy a hablar en italiano con la dama. —Dijo Arnau a uno de sus elementos de seguridad. —No es que desconfíe de mi gente, sino que es difícil encontrar las palabras exactas en ruso, alemán o inglés.

El hombre empezó a hablar velozmente en el idioma local:

—Debemos tener claro que está reunión es meramente, laboral, si desea llamarla así. Siento un gran respeto e interés por su empleador y me gustaría tener la oportunidad de trabajar a su servicio. Su jefe es relativamente joven en esto y debe entender que hay gente anticuada, mi negocio es mejor, hay muchos millones para todos. Supongo que está autorizada a pactar.

—Déme más detalles del enfoque de su propuesta y de la forma de entrega del material.

—¿Qué más quiere que le diga de mi propuesta? La presa soy yo, en cuanto hagamos la transferencia electrónica desde alguna cuenta segura, le daré instrucciones precisas del sitio de su entrega.

—Tendré que hacer una llamada, si gusta —dejó su bolso frente a él. — desde su teléfono de reserva para que vea que todo es honesto.

—Confío en usted, su jefe sabe cuidar sus intereses, esperaré la autorización para que haga la transacción.

La castaña se levantó de su asiento, con suma elegancia, luciendo su figura en aquel vestido gris con espalda descubierta. Se alejó lo suficiente para no ser perdida de vista y llegó a la barra, "El Jefe" no tardaría en acercarse por un trago.

—Mucho cuidado con hacer algo, Sherawat. —Una voz masculina desconocida la desconcertó. —Vas a volver a esa mesa y dirás el nombre de tu empleador, hablarás de tu misión, y puede que consigas reducir veinte años de doscientos a tu sentencia.


El hombre cuya identidad nadie conocía estaba tirando los dados cuando entre tanto bullicio mental, un hombre reconoció a Jessica.

Se separó con lentitud en cuanto salió un número malo y pagó sus fichas.

Avanzó entre grupos de personas para evitar ser reconocido. Y la vió.

Ada Wong se estaba separando de un hombre y avanzó a unos cuantos metros de Antonio Arnau. Estaban por armar una emboscada.

Se escondió detrás de una columna, fingiendo observar a una chica, cuando miró de reojo el gran candelabro que adornaba el lugar justo en medio. En su mente no había lugar más que para la tarea que estaba a punto de realizar. De pronto, la fina cristalería de todo el lugar empezó a caer y herir a unos apostadores.

Jessica aprovechó la oportunidad para llevarse el teléfono verdadero del hombre y tomar su arma, los guardaespaldas ya estaban moviendo la mano a la cintura cuando ella ya había disparado a uno y Ada casi le da en un brazo.

Una delgada línea roja apareció en el lugar donde rozó el proyectil. Billy estaba por avanzar al contacto de la ex agente de la B.S.A.A cuando observó a un hombre menor que el, de apariencia dura, en un elegante traje totalmente negro, moverse extrañamente más rápido de lo normal, rompiéndole el cuello a su traficante. Estuvo a punto de correr hacia la asiática si no es por sus reflejos acertados, que le dispararon en el momento. El monstruo con apariencia humana no giró al sentir los impactos de bala, pero corrió de nuevo a una velocidad increíble, salvando a Jessica Sherawat de la buena puntería de la espía de vestido rojo.

—¿Te has cepillado a Arnau?

—Casi le separó la cabeza del cuerpo ¿conseguiste el sitio de entrega?

—Por supuesto, es hora de volver a Norteamérica.

—No te acostumbres Jessica, la próxima vez no vendrá un caballero de valiente armadura a salvarte.

Billy que observaba la escena desde varios metros de distancia, observó como Jessica y su acompañante se iban a marchar por la puerta trasera.

—No irán a ningún lado. —Amenazó en voz baja y como si fuera un resorte se puso de pie para emprender la carrera tras el par de malvivientes.

Corrió ágilmente detrás de ellos esquivando las mesas de juego y personas que yacían en el suelo cuando sintió que alguien lo empujó de manera brutal contra la pared lateral del casino, impidiéndole que alcanzara a Jessica y al sujeto que ya habían salido por la puerta de evacuación. Segundos después toda la parte trasera del casino por donde habían desaparecido ambos colegas, voló en mil pedazos.

—¿Qué fue eso? —Preguntó Billy tirado en el suelo mientras contemplaba a su lado a la espía escarlata en posición a la defensiva, sosteniendo su lanzagarfios.

—Colocaron una bomba de corto alcance en el vitral de la pared trasera que explotaría justo después de que ellos cruzaran la puerta. No ibas a alcanzarlos guapo, de lo contrario te matarían.

Ahora lo entendía todo, Ada Wong le había salvado la vida. Se puso de pie con cuidado y se sacudió el traje que se había llenado de escombros y polvo.

—Creo que nos arruinaron la noche. —Mencionó la femme fatale al mirar en el suelo el cadáver de Antonio Arnau, que era su objetivo de esa noche.

—Que desastre. —Mencionó al mirar los cuerpos tirados del traficante y sus guaruras, sin contar a los múltiples heridos y la mitad del inmueble hecho añicos.

—Ahora debes limpiar todo esto. —Dijo la espía con desinterés mientras caminaba a la salida.

—¿A dónde vas? —Le preguntó WIlliam al mirarla alejarse.

—Debo encontrar un plan B, querido. Nos veremos después. —Se despidió para después tomar su lanzagarfios y desaparecer de la escena.

WIlliam se acercó a uno de los guardaespaldas rusos y lo notó respirar débilmente. Se agachó y le tomó el puño para verificar su pulso. Aún había vida en ese hombre que quizás le sería de mucha utilidad. Sacó su radio del bolsillo de su pantalón y lo encendió para comunicarse.

—Aquí el agente Coen, la operación terminó; el ave voló del nido. Traigan refuerzos y ambulancias, hay varios heridos y mucho que limpiar...