Capítulo 1: A primera vista.
El coche familiar enfiló el último tramo de carretera. Un giro de volante más y ya estarían en su nueva calle. Era el día perfecto para la mudanza. Soleado, sin nubes, y con las gaviotas sobrevolando el azul del cielo. La brisa del mar ayudaba a sobrellevar el calor y varias familias habían salido a montar en bicicleta, hacer volar una cometa o simplemente pasear. Era un domingo tranquilo y familiar. Sin embargo, de las cuatro personas que iban en el interior del coche, tan solo una no sonreía e insistía en tener el rostro pegado al cristal acompañado de una mueca aburrida y enfadada.
A Ronald Weasley no le había sentado nada bien que sus padres hubieran decidido cambiar el bullicio de la ciudad de Londres por la tranquilidad de Plymouth, al sur-oeste del país. A sus 17 años, se había visto obligado a abandonar a sus amigos, hacer las maletas y cambiar de escuela. Y a pesar de que sus ojos azules no podían evitar mirarlo todo con interés, no se iba a dar por vencido tan pronto. Él deseaba volver a Londres y a su vida de siempre, pero no tardaría en cambiar de opinión.
Su hermana Ginny tenía un año menos que él y no era ni por asomo tan testaruda. También había sido difícil para ella acatar la decisión de sus padres, pero afrontaba el futuro con una sonrisa. Sus ojos, del color del chocolate amargo, no estaban nada contrariados y ya contaba los minutos para asentarse en su nueva habitación. En el maletero del coche viajaban sus tesoros más preciados: todos los posters de Trading Yesterday y Maroon 5, sus bandas favoritas. Ron sentía náuseas cada vez que los escuchaba.
- Es una calle bonita, ¿verdad? –preguntó su madre desde el asiento delantero. La señora Weasley era una mujer regordeta, de rostro maternal y un genio de mil demonios. Había criado a siete hijos y ahora comenzaba a gozar de cierta libertad, siendo Ron y Ginny los únicos que quedaban en el hogar familiar.
- Es la mejor de Plymouth, y también la más tranquila. –opinó el señor Weasley mientras agarraba el volante con seguridad y soltura. Era un hombre hecho a si mismo, que a base de trabajar mucho había conseguido sacar a su familia adelante y posicionarla muy bien económicamente. Pero no era un hombre nada altivo o desdeñoso, al contrario, era toda dulzura. Despegó una mano del volante y la alargó hasta el regazo de su esposa, que la apretó suavemente.- Vamos a ser muy felices aquí.
- Ha sido una suerte que todavía quedasen plazas libres en el Instituto Hogwarts para jóvenes notables. –siguió diciendo la señora Weasley. Llevaba su cabello rojo recogió en un moño alto.- Me han dicho que es el mejor de Plymouth, y las clases no comienzan hasta dentro de dos días. Lo justo para que os aclimatéis a vuestra nueva vida aquí.
- Estoy deseando conocer gente nueva. –dijo Ginny para contentar a su madre. Su voz sonó algo lejana, pues estaba muy concentrada en mirar las lujosas casas que pasaban por sus ojos. Sin duda estaban en una zona muy buena de la ciudad.- ¿Queda mucho para llegar?
- No, cielo. Nuestra casa está al final de la calle. A la izquierda de la rotonda. Espero que os guste; es amplia y los dos tendréis vuestro propio cuarto de baño. ¿No es emocionante? –sonrió la señora Weasley con entusiasmo mientras volteaba la cabeza para mirar a su dulce Ginny y a su díscolo Ron.
- Pues claro que es emocionante, mamá. No todas las chicas de dieciséis años que conozco pueden decir que tienen baño propio. Se van a morir de envidia cuando lo sepan. –la pelirroja le guiñó un ojo a su madre y las dos compartieron una sonrisa cómplice.
- ¿Tu no dices nada, Ron? Has estado muy callado todo el viaje, cielo.
- Oh, si. Es justo lo que pensaba, tirar toda mi vida al retrete a cambio de un baño para mi solo. No he dejado de pensar en ello durante todo el camino. Espero que cuente con una soga fuerte, así podré colgarme de la viga del techo nada más llegar. –dijo Ron con sarcasmo y sin apartar la cabeza de la ventana.
- Ron, ya basta. No me gusta que digas esas cosas, ni siquiera en broma. –la señora Weasley usó un tono de disgusto que hizo que Ginny abandonara su semblante feliz y se concentrara en mirar por la ventana. Cuando su madre se enfadaba…no convenía estar cerca. Y ese tono de voz solo era el preludio.
- ¿Qué más da? Ya estoy muerto. Tengo diecisiete años y es mi último año de instituto. ¿Cómo quieres que no me sienta como si me hubierais destrozado la vida? No entiendo porqué nos hemos tenido que mudar a este estúpido pueblo. -repuso el pelirrojo cruzándose de brazos.
- Ron, no le contestes así a tu madre. –le reprendió el señor Weasley sin apartar la vista de la carretera.
- Nosotros solo queremos lo mejor para ti, cielo. Comprende que después de lo que pasó en Durmstrang el curso pasado, no podías seguir yendo allí. –la señora Weasley había dulcificado su tono de voz y habló con mucha paciencia.
- Ni siquiera me habéis dejado despedirme de mis amigos.
- Esos chicos no eran tus amigos, cielo. Eran unos gamberros que te llevaban a hacer cosas malas. ¿Dónde se ha visto que un chico de diecisiete años participe en carreras de coches? ¿O que se salte las reglas del internado? –el disgusto volvió a la voz de la señora Weasley.
- Eso ya da lo mismo. Habéis impuesto vuestro castigo. Me habéis cortado las alas. –dijo Ron dando por terminada la conversación.
La señora Weasley miró con impotencia a su esposo, pero este se limitó a encogerse de hombros. De todos sus hijos, Ron siempre había sido el más difícil, aunque no sabían muy bien porqué. De pequeño siempre había sido muy dócil, pero al llegar a la adolescencia parecía que se había cansado de esa docilidad. Habían abandonado Londres justo por él. Porque querían alejarlo de ese ambiente pernicioso que ejercía la ciudad. Con la jubilación del señor Weasley y dejando la empresa familiar en manos de su hijo mayor Bill, lo habían tenido más claro que nunca. Cuando fuera mayor, estaban seguros de que Ron se lo agradecería.
Ron seguía ceñudo, miraba por la ventana si gana alguna. Sentía que sus padres lo estaban matando poco a poco, porque para un chico de diecisiete años, no tener vida social era la muerte. Estaba dolido y rabioso con ellos, deseando cumplir dieciocho años para largarse a Londres de nuevo. Estaba pensando en todo eso y mucho más cuando el coche se detuvo en un semáforo. Un rayo de sol se coló por el cristal de la ventana, sofocando la piel del pelirrojo, así que se decidió por bajarlo. En Londres ni siquiera hacia tanto calor, pensó con un resoplido mientras sacaba la cabeza levemente y su cabello rojo era acariciado por el viento.
Fue entonces cuando la vio.
Pasó por sus ojos como si fuera una visión, una princesa sacada de un cuento de hadas. Y Ron ya dejó de pensar en sus padres y lo mal que lo estaba pasando para concentrarse en ella. Abrió sus ojos de tal manera que pensó que le dolerían más tarde, y la boca se le quedó abierta. La flecha de cupido había dado en el blanco de su corazón. Nunca pensó que él, Ronald Weasley se enamoraría a primera vista. Eso estaba reservado para los libros pastelosos que leía su madre. Pero la vida te da muchas sorpresas, y el pelirrojo estaba a punto de descubrir que después de todo, no iba a ser tan malo eso de mudarse a Plymouth.
La chica en cuestión caminaba de manera airada por la acera. Su falda de gasa en tono azul cielo volaba a su alrededor mientras ella no le prestaba atención. Sus mejillas estaban encendidas, signo de enfado. El color ambarino de sus ojos era lo más fantástico que había visto nunca. Era como si salieran chispas de ellos, y pensó que no le gustaría ser el blanco de las mismas. El cabello castaño y rizado, le llegaba hasta la cintura y bailaba al son del viento, con finas hebras arremolinándose en su rostro. No era la chica más bonita del mundo, pero para Ron era su chica.
Desgraciadamente, "su chica" estaba cogida. El blanco de las chispas de sus ojos debía de ser un chico castaño que venía corriendo detrás de ella. Iba vestido con un traje la mar de formal, y Ron se preguntó de donde vendrían. El chico se desvivía por alcanzar a la castaña, pero ella había cogido la directa a pesar de llevar unos tacones de diez centímetros. Se notaba que su enfado no era pasajero.
- Hermione, por favor…-las palabras del castaño llegaron a los oídos de Ron.- Detente, tenemos que hablar. Si me dejarás explicarme…
- No quiero que me expliques nada, Cedric. Yo sé muy bien lo que vi. –ella se dio la vuelta y lo encaró de tal manera que al castaño casi no le dio tiempo a frenar.
- No estábamos haciendo nada. Ha sido todo un malentendido. Hermione, por favor. –él intentó cogerle la mano, pero la castaña no se lo permitió.
- Tal vez debería de morrearme yo también con el primer chico que vea. Entonces te diré: no estábamos haciendo nada, ha sido un malentendido. –acusó ella con acritud.- Me has hecho daño, Cedric.
- Millicent es una vieja amiga de la familia, somos como hermanos. –se justificó él. Luego la miró a los ojos y vio que efectivamente ella estaba herida, aparte de molesta.- Lo siento. No sé qué más puedo decirte.
- Pues entonces será mejor que no me digas nada. –terminó ella antes de continuar su camino con paso airado. El castaño la siguió como un perrito faldero, pero ella no se dio la vuelta en ningún momento. Continuó con el ceño fruncido agarrando su bolso de cóctel con más fuerza de la normal.
Pasaron por delante del coche de los Weasley, pero ni los vieron. El semáforo cambió a verde y el señor Weasley pisó el acelerador. El coche los dejó atrás enseguida, pero Ron tenía un nuevo reto para su nueva vida. Quería a esa chica y sería suya tarde o temprano.
Al final hasta podría llegar a gustarle Plymouth y todo.
-cambio de escena-
- Ron, ¿puedes venir un momento? –pidió el señor Weasley levantándose de la mesa después de desayunar. Sin esperar la respuesta de su hijo, caminó hacia la puerta principal, la abrió y salió al jardín delantero.
- Vamos, hijo. –la señora Weasley dejó lo que estaba haciendo y se fue a reunir con su esposo. Aunque antes de desaparecer se volteó y añadió.- Tú también, Ginny.
- ¿Tu sabes algo de eso? –preguntó Ron con un movimiento de mentón para indicar hacia fuera. Estaba a medio desayunar, a pesar de que no tenía mucho apetito. Lo hacía más que nada por costumbre y para no tener que oír replicar a su madre.
- No. Pero vayamos a averiguarlo. Solo se ponen así cuando traman algo. –Ginny dejó la servilleta doblada encima de la mesa y se levantó con más rapidez que su hermano. Llevaba unos pantalones tejanos cortos y una camisa amarilla anudada en la cintura y dejando a la vista su ombligo.
- Umm, si piensan que con tanto misterio van a conseguir que se me pase el enfado de que me hayan traído aquí…van listos. Esto es algo que no les perdonaré en la vida. –refunfuñó Ron mientras seguía a su hermana y salía por la puerta principal, que ya estaba abierta.
Sus ojos azules se tuvieron que acostumbrar a la repentina luz solar. Por unos instantes lo cegaron y tuvo que llevarse un brazo a modo de visera. Pero fue el gritito de emoción de Ginny, lo que finalmente le hicieron mirar al frente. Sus padres estaban en el césped, a medio camino de la casa y la carretera, y sonreían, porque sabían que habían acertado en su decisión después de todo. Ron siguió mirando al frente al tiempo que su boca se desencajaba. En la carretera, aparcado delante de la casa, había un Ford Anglia azul y tenía un gran lazo rojo alrededor de la luna delantera. Se llevó una mano al estómago. ¿Era para él? Poco a poco fue saliendo al jardín y finalmente corrió sobre el césped hasta la acera que los separaba de la carretera. Como temiendo estar viendo una visión, se inclinó hacia delante y miró en el interior. No había nadie. Se dio la vuelta y miró a sus padres con una expresión de desconcierto y emoción a partes iguales.
- ¿Es…es para mi?
- Así es. –el señor Weasley se sacó las llaves del bolsillo de su pantalón y las agitó al aire.- Tu madre y yo pensamos que sería conveniente que tuvieras uno para poder moverte por aquí. Las distancias son largas y sabemos que no te gustaría ir en autobús. Eso si, tendrás que acompañar a tu hermana también.
- ¿De verdad? ¡Ohhh! ¡Qué ilusión! –fue Ginny la que habló primero y la que corrió y cogió el manojo de llaves de las manos de su padre. Siguió corriendo de vuelta hacia el coche y metió la llave en la cerradura y abrió la puerta acompañando su acción de un "ahh". Se sentó en el lado del copiloto.- ¡Vamos, Ron! ¡Tenemos que ir al instituto! Ya verás, vamos a triunfar.
- Espero que esto no haya sido un intento desesperado para que deje de estar enfadado con vosotros. El coche no cambia nada. Sigo pensando que este sitio es una mierda y me habéis jodido la vida pero bien. –dijo Ron metiéndose las manos en los bolsillos.
- Ron…-comenzó a decir la señora Weasley. Tanto por la expresión de su rostro como por su tono de voz, ambos, el señor Weasley y Ron, supieron que ahora venia una gran regañina.
- Está bien, Ron. No es ningún soborno. De verdad que tu madre y yo pensamos que seria más fácil para vosotros dos si pudierais moveros con algo de libertad por aquí. –la cortó el señor Weasley. Ignoró la mirada de reproche de su esposa, que estaba deseosa de darle un collejón a ese hijo tan testarudo que les había salido.- No te olvides de que Ginny también se beneficiará de él.
- Claro. Ginny, baja del coche. –dijo el pelirrojo volviéndose hacia su hermana.
- Pero, Ron, papá ha dicho que…-iba a protestar la pelirroja, aunque ya había sacado una pierna fuera del vehículo. No le gustaba discutir con su hermano, porque sabia que siempre tenia las de perder. Además de que necesitaba pedirle un favor muy especial.
- No has terminado de desayunar, ni siquiera has cogido tus cosas para el instituto. –se explicó Ron y le revolvió el cabello rojo cuando pasó por delante suyo. Había momentos como ese en que agradecía tener una hermana como Ginny, aunque no sabría decir a ciencia cierta porqué.
- Tienes razón. –recuperando su buen humor, la pelirroja entró dentro de la casa.
- Bueno, creo que ya está todo hecho y dicho aquí. –dijo el señor Weasley dándose la vuelta para entrar también en la casa y seguir su rutina diaria. Su esposa seguía mirándolo con el ceño fruncido, pero dejó, que por una vez, las cosas se hicieran como él quería. No había nadie más bondadoso y bueno que Arthur Weasley.
- Papá…-Ron se llevó una mano a la cabeza y se echó el cabello hacia atrás. La dejó en su nuca y con el rostro algo sonrojado, le dijo a sus padres lo que estos habían deseado oír pero que imaginaban que no iba a ocurrir.- Gracias.
- Haz un buen uso de él. Esa será tu forma de decir las gracias. –zanjó el tema el señor Weasley y cogiendo de la mano a su esposa, se dispusieron a entrar juntos en la casa.
- Perdón. –en la puerta se chocaron con Ginny, que salía con su mochila colgada a la espalda, la de su hermano en una mano y un par de tostadas frías en la otra mano. Corrió hacia el coche de nuevo y lanzó las mochilas hacia el asiento de atrás. Después se sentó en el asiento del copiloto de nuevo y esta vez cerró la puerta. Se puso el cinturón de seguridad y comenzó a comer sus tostadas tranquilamente.- ¿Nos vamos?
- Eh…-Ron estaba tan impresionado por la actuación de su hermana que no pudo replicar nada ingenioso para quedarse con ella. Además que se le veía muy emocionada de comenzar esa mañana en el nuevo instituto. Ahí fue cuando Ron arrugó la nariz. Algo le decía que el Instituto Hogwarts no era su sitio. Respiró hondo con resignación.- Nos vamos. –añadió mientras rodeaba el coche y se sentaba en el asiento del conductor.
- ¡Adiós papá, adiós mamá! –gritó Ginny mientras agitaba las manos y encendía la radio. Estaba de suerte, puesto que en la radio ponían a su grupo favorito: Trading Yesterday. Ron arrugó el morro, pero no estaba de humor para comenzar una discusión con ella, así que lo dejó estar. Además de que Ginny fue lo bastante sensata como para mantener el volumen ligeramente bajo.
El Ford Anglia dejó atrás la calle donde estaba su nueva casa y pronto giraron hacia otra que era un calco. Se notaba que estaban en una urbanización de lujo, aunque se podría decir que había muchos niveles de lujo. Ron conducía despacio, con responsabilidad. En parte era una de las razones por las que la señora Weasley había accedido a comprarle el coche. Al contrario que los gemelos, Ron siempre había demostrado un respeto inusitado por los coches y las normas de tráfico. Todo lo contrario que por las normas de casa o de la sociedad. Y por mucho que al pelirrojo le molestase, el detalle de sus padres para con él, le había emocionado. A lo mejor estaba equivocado y era cierto que todo lo que hacían era por su bien. Suspiró de manera imperceptible, porque no quería que Ginny lo molestase luego al decirle que suspiraba como una chica o cualquier tontería de las suyas.
- Ron… ¿puedo pedirte algo? –dijo la pelirroja cuando se hubo terminado sus dos tostadas.
- ¿Qué quieres, Ginny? –Ron desvió ligeramente los ojos de la carretera para mirarla.- ¿Ya estás pensando en que te lleve al centro comercial?
- No. ¡No! Aunque ahora que lo dices…-se puso una mano pensativa en el rostro.- Pero a lo que iba. Aun no necesito que me lleves al centro comercial, aunque te tomaré la palabra claro.
- Claro. Porqué será que no me sorprende lo más mínimo. ¿Entonces qué quieres? ¿Ya te echaste una nueva amiga aquí y quieres que te deje en su casa a la salida?
- No listillo, aunque eso también lo apuntaré en la lista para cuando suceda. Y ahora escúchame a mí, o la lista va a ir creciendo por tu propia culpa. Lo que quería pedirte es que…-se sonrojó, cosa nada frecuente en ella.- Me da un poco de vergüenza, pero…
- ¿Qué ocurre, Ginny? –a Ron le desconcertó su sonrojo.
- Me preguntaba si… Bueno, esta tarde están las pruebas del equipo de baloncesto, necesitan a una nueva jugadora porque la anterior ya terminó el instituto y pues no puede seguir jugando en el equipo el instituto. El caso es que…había pensado en presentarme. –hizo una pausa, y al ver que su hermano no hacia ni decía nada, añadió.- Ya puedes reírte si quieres.
- ¿Porqué habría de reírme? No es como si me hubieras contado un chiste. Se que echas de menos jugar, aunque no estoy seguro de que aquí se tomen tan enserio el baloncesto como en tu antigua escuela. Pero si quieres intentarlo…yo te apoyo.
- ¿De verdad? ¡Ay, Ron, que bueno eres! –Ginny le echó los brazos al cuello y le dio un beso en la mejilla. Fue una suerte que estuvieran parados en un semáforo, porque sino habrían corrido el riesgo de que del coche se hubiera desestabilizado.
- ¡Ginny! ¡No me beses en la calle! –Ron suspiró, al menos no estaban aun en la calle del instituto.
- Las pruebas son en el gimnasio después de la última clase. –le informó Ginny ignorando el último comentario de su hermano. La verdad es que estaba muy nerviosa por las pruebas. Hacia ya seis meses que había dejado de jugar por culpa de una lesión, pero ya estaba bien. Ginny sabía que era buena, pero como Ron había apuntado implícitamente, a lo mejor era demasiado buena para el equipo de baloncesto de Hogwarts.
Llegaron a la calle del instituto y no se sorprendieron al comprobar que estaba llena de coches, motos, bicicletas y autobuses. Lo bueno es que delante tenían un gran descampado donde podrían aparcar. Ron giró hacia la derecha y a punto estuvo de darse un golpe contra otro coche que venia contra dirección. El conductor le dedicó una mirada despectiva con sus ojos grises y después les hizo un gesto despectivo que incluía el dedo corazón de la mano izquierda hacia arriba. Ron murmuró algo por lo bajo y no le quitó ojo hasta que el Lexus negro se fue. Ginny se volteó para mirar a los ocupantes y llegó a la acertada conclusión de que se habían tropezado con uno de los chicos más populares del instituto. Eso la emocionaba mucho, al contrario que a su hermano. Ron ya maldecía el tener que ir a un instituto de snobs como ese. Nada bueno podría salir de aquel primer día. Estaba seguro de ello.
La seguridad le duró veinte segundos. Fue el tiempo que tardó en aparcar el coche y levantar la cabeza hacia el frente. Sus ojos azules la encontraron como los imanes encuentran los objetos de metal. Fue como si una honda invisible le hubiera conectado a ella. Su mente estaba en blanco y solo era capaz de mirarla. Parecía fuera de lugar entre tanta escena ordinaria. Ella era como una diosa, con su vestido blanco de tirantes y su chaqueta tejana sobre los hombros. Llevaba los cabellos castaños sueltos, se había puesto dos clips para evitar que le tapasen la cara. Durante una milésima de segundo, sus ojos se encontraron. No había chispas esta vez en los de ella, y Ron esbozó una medio sonrisa. También le gustaba cuando estaba serena.
- Ron…Ron… ¡Ron! –Ginny lo zarandeaba para que saliera de su ensoñación, y surtió efecto, porque al instante, el pelirrojo la miraba con cara de pocos amigos. Volvió a mirar al frente, pero la chica castaña ya se había dado la vuelta, y lo que era peor, caminaba abrazaba por la cintura de un chico alto y moreno. Ron lo reconoció como el chico con el que discutía el domingo.-¡Ron!
- ¡¿Qué quieres Ginny? –dijo al fin exasperado.
- Llevo un rato llamándote. Ya podemos bajar o llegaremos tarde. Y no querrás llegar tarde el primer día de clase, ¿verdad? Quita el seguro automático anda, que sino no puedo salir.
- Claro. –Ron lo hizo y ambos salieron del coche. Esta vez, la luz del sol se le antojó como un vaso de agua fría que hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo de arriba abajo.
- ¿A quien mirabas con tanto interés? –preguntó Ginny con curiosidad.- Parecías como ido.
- No miraba a nadie, Ginny. Solo estaba pensando. –le quitó importancia él.
- Bueno, pues que el pensar no te haga olvidarte de mi prueba. Recuerda, es a las cinco en el gimnasio.
-cambio de escena-
Un nuevo año comenzaba, Hermione Granger suspiró con resignación mientras subía las escaleras de la puerta principal. No es que le disgustase estudiar, ni mucho menos, era la mejor alumna del instituto, pero no dejaba de molestarle tener que aguantar a Cedric hasta en clase. Cedric Diggory era su novio, el chico perfecto, aquel por el que todas las alumnas de Hogwarts suspiraban. Pero Hermione no pensaba lo mismo. Para ella su relación con Cedric era una imposición de sus familias por el bien de las empresas de los dos. Cuando era pequeña hasta le había parecido divertido, pero ahora ya no. Ahora que su corazón se movía por otras lindes, no quería tener que aguantar un compromiso con Cedric. "Compromiso", la palabra maldita en su casa. Esa misma mañana ya había discutido con su madre por mencionar le tema. Jane Granger le recordó a su hija que después de la graduación le esperaba una boda por todo lo alto. Cedric no se había declarado aun, pero no eso importaba.
Hermione suspiró de nuevo al ver que todo el mundo se apartaba para dejarlos pasar y Cedric alzaba la cabeza con orgullo mientras blandía esa sonrisa de anuncio que hacía que todas las chicas cayeran rendidas a sus pies. Dentro ya les esperaban su grupo de amigos igualmente populares. La castaña se desasió del abrazo posesivo de Cedric y corrió hacia donde estaban sus amigas. Se alegró sobretodo de ver a Pansy, no sabría qué hacer sin ella. La morena era su mejor amiga y confidente, la única que se atrevía a decirle las cosas tal y como eran. El resto siempre tendía a dorarle la píldora, no demasiado tampoco, pero lo suficiente para que de cuando en cuando Hermione se rebotase. Deseaba con todas sus fuerzas tener una vida normal, ser como las chicas que cuchicheaban en las escaleras del instituto. Cedric fue al encuentro de sus amigos e intercambiaron los típicos saludos masculinos al tiempo que se congratulaban de lo guapos y populares que eran.
- Menos mal que has venido, Pans. –dijo Hermione abrazando a la morena.- Cuando te llamé ayer tu madre me dijo que estabas enferma y que no sabía si hoy vendrías al instituto o no.
- Bueno, obviamente mi madre se equivocaba. He pasado un par de días muy malos. ¿Quién iba a pensar que me resfriaría en pleno verano? Pero bueno, me han cuidado bien. –Pansy desvió sus ojos azules hacia delante durante una milésima de segundo, después volvió a sonreír mirando a Hermione.- ¿Y qué te cuentas tú?
- Nada nuevo, lo de siempre. Mi madre dice que este es mi último año. –suspiró Hermione. Últimamente lo de suspirar se le daba muy bien, pero claro, no estaría bien que una chica de su clase se pusiera a llorar o a gritar.
- Chica, tu madre es un autentico coñazo, no dejes que te amargue el primer día de clase. –Pansy le pasó un brazo por los hombros y la llevó hacia donde estaban las otras chicas.
- Hola, Hermione. Bonito vestido. ¿Sabes que las mariposas se sienten atraídas por el color blanco? No te extrañe que si sales al jardín acudan todas a ti. –dijo Luna Lovegood. Era una chica soñadora que enseguida desvió sus ojos azules hacia una mosca que se había colado por una de las ventanas del techo. Iba vestida con unos pantalones naranjas, una camiseta amarilla y una cinta de pelo rojo que contrastaba sobremanera con su cabello rubio.
- Si, Hermione, vas ideal. –Lavender Brown ensombreció su mirada castaña al ver que su vestido verde no era ni mucho menos tan estiloso como el de Hermione. Y eso que el blanco era mucho más sencillo, no tenía ningún adorno, era básico. Pero Lavender tuvo que reconocer que ella nunca tendría ese aire de dignidad y elegancia que derrochaba Hermione se pusiera lo que se pusiera.
- Si me gustasen los vestidos, seguramente me pondría uno de esos. –dijo Daphne Greengrass; ella siempre iba con ropa de deporte y con tejanos cuando hacia un esfuerzo. Desde que terminaron la escuela elemental, nunca la habían visto con vestido ni siquiera en una fiesta.- ¿Qué tal el verano?
- Podría haber ido mejor si don perfecto no hubiera insistido en venir también. –murmuró Hermione de manera que tan solo Pansy lo escuchó. Luego, en uno tono de voz más alto, añadió.- Bien. Estuvimos en París. Fue una gozada estar en el museo de Louvre. También pasamos una semana en Saint Tropez, a mamá se le antojó.
- Ay, que romántico. Pasaste el verano en París con Cedric. –Lavender, que era con diferencia la más romántica de las cinco, se puso a dar saltitos de emoción mientras aplaudía con sus manos.- Yo tuve que quedarme en Londres. Papá quería que le ayudase en la empresa.
- Mira que sois petardas. Yo me fui a un campamento de baloncesto en Brasil. –Daphne cerró su taquilla con un fuerte golpe y le quitó importancia a su comentario.
- Pues ya que estamos de repaso, tengo que decir que yo me quedé aquí todo el verano. Y fue una suerte que mis padres se marcharan a Nueva York. Pude estar a mis anchas durante dos semanas. –terció Pansy mirando su reloj de pulsera.- Y ya se nos hace tarde para el discurso de Dumby. Ese viejo no se cansa de decir siempre lo mismo cada año.
- Hola, Hermione. –dijeron los chicos cuando la castaña y el resto de chicas se acercaron a ellos. Draco, Blaise y Cormac la miraron de arriba abajo. Siempre hacían lo mismo, cualquier cosa con falda era su perdición. Pero Cedric siempre estaba ahí para dejar claro de quien era ella. Y esa era una actitud que últimamente le molestaba mucho a Hermione.
- ¿Nos vamos ya? –preguntó Daphne mientras hacia explotar la burbuja que había creado con su chicle de fresa. No esperó a que nadie le dijera "si" o "no", sino que emprendió el camino hacia la sala de actos con sus andares despreocupados. Draco Malfoy se la quedó mirando con sus ojos grises entrecerrados. Esa chica…bueno, a veces de chica no tenía nada, pero…si algo era cierto es que le intrigaba…y mucho.
- Si, claro. –se apresuró a contestar Pansy. Miró hacia donde estaba Hermione, y al ver su incomodidad, le pasó un brazo por los hombros y la llevó con ella hacia delante. Cedric se la quedó mirando con pocos amigos.- Ey, que tu ya la tuviste todo el verano. Ahora deja que sus amigas disfrutemos un poco de ella también.
- Gracias. –susurró Hermione a su amiga.
- No sabía que pudieras poner cara de lagarto australiano, Cedric. –comentó Luna como si fuera la cosa más normal del mundo. El castaño se la quedó mirando totalmente desubicado, pero Luna no agregó nada más a su comentario.
- Hola, Lav. ¿No vas a saludarme? –preguntó Blaise Zabini mientras se acercaba a la rubia con sus andares de chulito. Todo era una pose, claro, porque en el fondo el chico era un romántico empedernido, pero eso no habría quedado bien de cara a sus amigos.- Te eché de menos este verano.
- Veo q ue empiezas el curso del mismo modo que terminaste el anterior: siendo un mentiroso. –dijo Lavender mientras se echaba su cabello rubio hacia atrás y componía la mejor expresión de indiferencia ante su exnovio. Blaise y ella habían estado saliendo durante el último año, pero todo se había ido al garete cuando el moreno la había engañado con otra alumna del instituto.
- Vamos, Lav, no seas así. –insistió Blaise. Su piel de ébano contrastaba sobremanera con la lechosa de ella, pero más aun contrastaban los ojos entrecerrados y poco confiados de Lavender y los sonrientes de Blaise. Parecía mentira que unos mismos ojos pudieran expresar tantas emociones.
- Olvídame, Blaise. –la rubia aceleró y pronto se encontró entre Luna y Cormac. La infidelidad de Blaise le había hecho mucho daño, aunque nunca lo reconocería delante de él. Ella realmente había estado enamorada de él, y en cierto modo aun lo estaba. Sin embargo, cada día era más consciente de que lo suyo con Blaise nunca había tenido futuro. Ahogó un suspiro y entró junto a los demás a la sala de actos.
- ¿Porqué eres así? –le preguntó Draco a Daphne cuando se sentaron en una de las filas del final. El rubio era la clase de chico que siempre controlaba todo lo que ocurría a su alrededor. Pero con Daphne todo era saltar a la piscina sin saber si habría agua o no al llegar al fondo. La había estado observando desde el curso anterior y durante el verano no había podido quitarse su recuerdo de encima. Y eso para un chico como Draco Malfoy…era más bien un maleficio.
- ¿Así como? –la bella Daphne se encogió de hombros mientras miraba hacia el escenario. El viejo director de Hogwarts aguardaba a que todos los alumnos se sentasen y guardaran silencio. Sabia que su discurso seria seguido con un mínimo o nulo interés, pero aun así disfrutaba de ese pequeño intercambio de palabras con los más jóvenes.
- Así como tu. –simplificó el rubio. Daphne lo miró de manera que le invitaba a que le dijera como era ella, o más exactamente, como la veía él a ella. Draco carraspeó y se pasó una mano por su cabello pulcramente peinado.- Pues…despreocupada. Ese sería el adjetivo con el que te definiría. No sientes la misma atracción por la ropa ni los buenos modales que el resto de chicas del instituto. No te importa lo que piensen de ti, y creo que nunca has salido con nadie de por aquí.
- Me has definido perfectamente, Malfoy. Cualquier diría que te intrigo. –afirmó Daphne, lo miró fugazmente y dejó caer la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, señal inequívoca de que la conversación había terminado. A ella también le gustaba controlar la situación.
- ¿Qué te pasa con Hermione, tío? –le preguntaba Cormac a Cedric. Estaban sentados juntos porque a la castaña se le había ocurrido sentarse con Pansy y Luna. El castaño no estaba de muy buen humor y mantenía los labios en tensión continua. Sin embargo, era un actor pésimo si hasta el despistado Cormac lo había notado.
- Nada. –Cedric escuchaba con atención el discurso del director, que había comenzado tres minutos antes. Era mejor eso que comenzar a analizar la actitud fría y distante de Hermione. Desde lo ocurrido con Millicent en la fiesta de los Malfoy que estaba así. No debería de haberse arriesgado tanto, se dijo a si mismo Cedric. La próxima vez intentaría que Hermione no estuviera merodeando por los alrededores.
En las filas del medio hubo un movimiento para dejar pasar a un chico que llegaba tarde. La mayoría de los alumnos se voltearon para mirarlo con curiosidad, pero el chico pelirrojo no se dio cuenta del escrutinio al que era sometido. Él estaba demasiado concentrado en no pisar a nadie. Tenía un semblante tranquilo, en el cual destacaban unos enormes ojos azules. Era increíble como una sala tan grande se podía llenar de aquella manera. Parecía que ningún alumno del ilustre Instituto Hogwarts se quería perder el discurso de su director. Ron Weasley era nuevo, y como tal solo atinó a vislumbrar a un hombre mayor con el cabello blanco y una larga barba puntiaguda que vestía con túnica. Decir que no le llamó la atención sería quedarse corto, pero nada más allá de eso. Las palabras del viejo no atravesaban los conductos de sus oídos ni llegaban a su subconsciente. Y encima, la hilera de asientos era tan grande que parecía no tener fin.
- Aquí hay un asiento libre. –le susurró un chico cuando ya estaba por darse por vencido y tenía pensado sentarse en el suelo. Ron levantó la cabeza y vio a un chico castaño de ojos azules y rostro bonachón. Estaba rodeado de otros chicos que también le sonreían invitándole a unirse a ellos.
- Gracias. Soy Ron, Ron Weasley. –se presentó entre susurros el pelirrojo mientras miraba a un lado y a otro de su nuevo asiento. Si había algún alumno más pendiente de sus movimientos, en ese momento ya pudo volver su atención al director.
- Neville Longbottom. Bienvenido a Hogwarts. –le tendió la mano y procedió a presentarle al resto.- Ellos son Harry Potter, Dean Thomas y Seamus Finnigan.
- Encantado. ¿Tanto se me nota que soy nuevo? –preguntó con una sonrisa que escondía sus pensamientos. Porque en realidad pensaba que dos meses antes no se habría fijado en ninguno de los cuatro chicos, pero tiempos desesperados exigían medidas desesperadas. Así que Ron se prometió que trabaría amistad con esos chicos y dejaría de pensar en la forma en que lo hacía en Londres. Ya no estaba en Londres, eso era Plymouth, las reglas cambiaban.
- Un poco si. –sonrió el chico que se llamaba Harry. Era imposible no fijarse en sus increíbles ojos verdes, aunque estuvieran escondidos tras una gafas de montura redonda.- Si te estás preguntando sobre el discurso del viejo Dumby…no te has perdido nada. Cada año es lo mismo, le gusta mantener las tradiciones y eso nos da una excusa a nosotros para librarnos de las primeras clases del día.
- Ah, ya decía yo que esto estaba excesivamente abarrotado.
- No te creas, hay gente que siempre está atenta. –comentó Seamus abriendo mucho los ojos y ganándose miradas de complacencia del resto.
- ¿Todavía no hemos tenido ni una sola clase y ya estás hablando de ellas? –le preguntó Dean y puso los ojos en blanco.- Madura un poco, tío. Ella nunca se fijará en ti, juega en otra liga superior.
- No seas así, Dean. Estás coartando todas mis posibilidades de crecer como persona.
- Querrás decir que te mantengo en la realidad ¿no?
- ¿Quiénes son ellas? –preguntó Ron con bastante curiosidad. Era la primera vez que se sentía excluido de un tema de conversación en la escuela. Normalmente, él era el tema de conversación, él era quien proponía los temas, él era el que hablaba primero. Pero volvió a recordarse que aquello era Plymouth no Londres.
- Hablamos de las Veelas. –le explicó Harry bajando mucho más la voz.
- ¿Las Veelas? –Ron no había escuchado ese nombre en su vida.
- Si. Son las componentes del equipo de baloncesto.
- ¿De verdad? Mi hermana va a presentarse a las pruebas esta tarde. –la afirmación de Ron hizo que los cuatro chicos se echaran a reír, aunque de forma muy discreta, no querían llamar la atención más de lo que la estaban llamando. Aunque en el fondo estaban disfrutando de ese momento de gloria gratuito. La actitud de los cuatro chicos hizo que Ron torciera el morro.- ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué he dicho?
- Nada, nada. En realidad no es gracioso. Es solo que… ¿Sabe algo tu hermana de las Veelas? –al ver como el pelirrojo negaba con la cabeza, Neville prosiguió.- Son las chicas más populares y bellas del instituto. No se juntan con el resto de nosotros, son como un clan cerrado. Son simplemente…
- …inalcanzables. –terminó Dean mientras miraba a Seamus.- Lavender no te hará caso este año tampoco. Tienes que superar lo que ocurrió entre vosotros cuando ibais a preescolar.
- Pero es que me besó. –se justificó Seamus y dejó caer la cabeza hacia atrás en el mullido asiento.
- ¿Tu hermana es guapa? –preguntó Harry con interés.
- Bueno, no sé, es mi hermana. Nunca me lo he planteado, la verdad. No se parece a mí, si es a lo que te refieres. Ella tiene el cabello rojo también, aunque más largo, sedoso y brillante, como esos que salen en los anuncios de televisión. Y sus ojos son marrones.
- Pues si no se parece en nada ti…tiene posibilidades de ser guapa. –bromeó Dean.
- Estoy seguro que la hermana de Ron será más que satisfactoria para las Veelas. –terció Harry.- No quedan muchas chicas guapas en Hogwarts, no con esa belleza elegante que desprenden esas chicas.
- Hombre, yo nunca diría que Daphne Greengrass es elegante. –opinó Seamus y los otros tres se rieron. Ron también sonrió, aunque fue más por inercia que por otra cosa. Pensaba que durante el descanso, en la cafetería, sería un buen lugar para aprender sobre las Veelas esas. Le habían dejado intrigado, y de todas formas las vería a la tarde si tenía que esperar a que Ginny hiciera su prueba para el equipo.
-cambio de escena
La cafetería del instituto Hogwarts era muy amplia, se parecía más bien a un gran comedor de techos altos y regio mobiliario. Las mesas eran alargadas, no redondas, y de madera de roble, no de plástico y hierro. Los alumnos parecían avenirse muy bien y todos sabían donde estaba su sitio. Ron estaba seguro de que no había cambiado desde el año anterior. Con su bandeja en la mano, siguió a Harry, que abría la marcha del grupo de cuatro chicos que había conocido durante el discurso de inauguración del director. No se había enterado de nada de lo que había dicho, no había prestado atención alguna. Pero es que Ron Weasley no se caracterizaba por eso, por acatar las normas. Se sentaron en la mesa de un lateral. Desde allí podían ver al resto y pasar desapercibidos. Aunque claro, Ron todavía no sabía que se había unido al "club de ciencias" del instituto y que estos no tenían muy buena acogida en el resto de gente. Tampoco es que le fuera a importar demasiado, pero era un dato a tener en cuenta.
- Supongo que estarás en las mismas clases que nosotros. –comentó Harry mientras atacaba su sándwich de pepino y queso. Ron ya se había dado cuenta de que de los cuatro, Harry era el más sensato y el más a tener en cuenta.- Siempre es mejor conocer a alguien que entrar completamente solo.
- Si, supongo que si. –contestó Ron con un encogimiento de hombros.- ¿Y vosotros os conocéis desde siempre? ¿Siempre habéis sido amigos y siempre habéis estudiado aquí?
- Así es. Mis padres se trasladaron aquí cuando yo apenas era un bebé. Tú eres de Londres, ¿no? –ante el movimiento de cabeza afirmativo del pelirrojo, Harry prosiguió.- ¿Y no lo echas de menos? Plymouth es muy diferente a Londres.
- Y que lo digas. –Ron dio un trago largo a su coca-cola.- Lo echo muchísimo de menos, pero ante la decisión de mis padres de venir aquí no puedo hacer nada. –carraspeó.- De hecho, creo que fui yo el catalizador del traslado, lo que me jode aun más.
- Bueno, aquí tampoco se pasa tan mal. –dijo Neville. Era el más tímido y tranquilo de los cuatro, pero Ron no tenía duda de que si tenía algún problema debía acudir a Neville en busca de apoyo. El castaño era la clase de persona que pasaba desapercibida pero sin la que no podías vivir.- Tenemos la playa, es muy entretenida en verano.
- Uy, si. Pero no por la clase de entretenimiento al que Neville se refiere. Es que el pobre es muy inocentón. –rió Dean mientras le daba un codazo a Seamus y los dos se reían. Ron miró a los tres chicos y después a Harry, el moreno no cambió su semblante en ningún momento. No había seguido la broma, pero tampoco le había desagradado. Neville, sin embargo, se había puesto rojo.- Las Veelas suelen ir a la playa todas juntas y…umm…
- Eso. –apoyó Seamus mientras se reía.- Aunque para mi no hay ninguna como Lavender.
- ¡Que dices! Donde estén Hermione y Pansy que se quiten las demás. –lo contradijo Dean. Miró a Ron y estuvo más que encantado de ponerlo al día. Se volteó en su asiento y buscó con sus ojos negros la mesa de las Veelas.- Vaya, Hermione parece que no está hoy. Pero en aquella mesa de allá están el resto.
- ¿Hermione? Que nombre más raro, ¿no? –comentó Ron mientras seguía la vista de Dean.
- La morena con esos arrebatadores ojos azules es Pansy Parkinson. Tiene mucho genio, así que yo de ti, si alguna vez te la cruzas en el camino…cambia de lado. La rubia de ojos azules alelados es Lunática Lovegood. Está como una cacerola, pero a saber tú porqué, Hermione la tiene en mucha estima.
- No la llames Lunática. Se llama Luna. –corrigió Neville un poco molesto.
- Daphne Greengrass es la que se viste como un chico. Es una pena, porque la chica es muy mona, pero…nadie quiere salir con alguien que es más masculina que uno ¿no? Lavender es la del pelo color trigo. Pero esa ya sabemos todos que es propiedad de Seamus, lástima que ella nunca llegue a saberlo. –rió de nuevo Dean.
- ¡Oye! Que me besó. –siguió justificándose el castaño.
- Olvídate ya de eso. Pasó hace más de diez años, tío. Desde entonces ha cambiado tanto que ya ni siquiera recuerda tu existencia. –Dean hablaba con un tono tranquilo, sosegado, incluso en broma, pero hasta debajo de la broma más preparada se podían apreciar restos de verdad absoluta. Quizás por eso, a sus palabras siguió un silencio algo incómodo.
Fue entonces cuando Ron desvió la mirada y se concentró un poco más allá de donde estaba la mesa de las chicas que habían estado repasando. La verdad es que él casi no les había prestado atención. Desde el domingo que solo tenia en mente a una chica, y desgraciadamente no sabía ni como se llamaba. El haberla visto esa mañana en la calle le había devuelto las esperanzas de conocerla, pero ya habían pasado casi tres horas de eso y no había habido ni rastro de ella. Hasta ese momento, claro. Porque los ojos azules de Ron se vieron atrapados como imanes hacia la figura de ella. Allí estaba, con su mismo cabello castaño suelto y su mismo vestido blanco de gasa, con una actitud de dignidad y elegancia absoluta que la hacia destacar por encima del resto. No sabía qué tenia esa chica, pero nuevamente se convenció de que era "su chica".
- Ah, esa es Hermione Granger. –dijo Harry bajando la voz. Pronunció su nombre como si lo reverenciara. Y todos se voltearon para mirarla. De hecho, todo el colegio estaba a expensas de lo que iba a hacer la castaña. No había entrado acompañada de su inseparable novio Cedric, y eso ya era señal de alarma.
Ron se dio cuenta enseguida de la curiosidad que suscitaba.
- ¿Quién es? ¿La reina de Hogwarts? –preguntó sin llegar a creérselo y esperando que el resto se lo tomara como una broma. Pero la reacción de los cuatro chicos fue justamente la contraria. Harry fijó sus ojos verdes en él y básicamente asintió con ellos y la mueca de sus labios. Lo mismo hicieron Neville, Dean y Seamus.- No jodas.
- Hermione es la capitana del equipo de baloncesto. Digamos que es la VEELA original. Y no solo por eso es famosa. Su familia es la más rica de la escuela y ella es la heredera de las empresas Granger. Además, su novio es el capitán del equipo de fútbol y todas las chicas suspiran por él. Es extraño que no haya aparecido colgada de su brazo. –explicó Harry.
- Están peleados. –comentó Ron sin pensar. Luego, al ver que los demás lo miraban expectantes y curiosos, añadió.- Los vi esta mañana mientras aparcaba el coche. Entonces no sabía quienes eran, pero estaban discutiendo. Ella estaba especialmente enfadada. –Ron se refería a la discusión del domingo anterior, pero no pensaba decirles ese pequeño detalle. No pensaba revelar a nadie que esa chica…pronto pasaría a ser "su chica".- Es guapa.
- ¿Bromeas? Es la chica más espectacular de la escuela. –terció Neville con emoción. El rubor hizo que sus mejillas se tiñeran de rojo.- Además es muy buena persona. Quiero decir que siempre me saluda cuando me ve y no le importa compartir conmigo un libro si coincidimos en la biblioteca, no es como el resto del grupo.
- ¿Y quien es la pelirroja que está con ella? –preguntó Harry con renovado interés.- No la había visto nunca por aquí, tiene que ser nueva. -todos centraron su atención de nuevo en la castaña. El moreno, sobretodo, se dio cuenta del buen cuerpo que exhibía la recién llegada. Sus ojos se sintieron atraídos enseguida por ella y la boca se le hizo agua cuando detuvo su escrutinio en sus carnosos labios rojos.
- Es mi hermana. –dijo Ron con total despreocupación, pero sus ojos se contrajeron al ver como Hermione sonreía y blandía sus brazos en todas direcciones.- ¿De qué estarán hablando?
- Bueno, tu hermana es nueva, sí que le estará preguntando por donde se va a la próxima clase. Menos mal que eligió a Hermione, cualquiera de los otros del grupo se habría reído de ella o la habría ignorado. –comentó Neville.
- Tenías razón al decir que tu hermana no se parece mucho a ti. Es guapa. –advirtió Dean mientras daba un mordisco a su sándwich de jamón y queso.- Hasta ahora no lo había pensado, pero tiene posibilidades de entrar a las Veelas.
- Oye, que estás hablando de mi hermana. –a Ron no le había gustado el tono en que Dean había dicho que Ginny era guapa. Al fin y al cabo, era su hermana pequeña y su deber era protegerla.- Solo tiene dieciséis años.
- Uuuu, ha salido el instinto de hermano mayor, eh. –rió Dean.- Tranquilo, solo hablaba por hablar, no tengo ningún interés en ella. Es demasiado pequeña, ¿verdad, Harry?
- ¿Eh? Ah, si claro. –contestó el moreno vagamente y se obligó a desviar la mirada. Lo tenía claro si empezaba a fijarse en la hermana pequeña de su nuevo amigo. Tal vez debería centrar su atención de nuevo en Cho. Lástima que su relación se había enfriado durante el verano.
- Bueno, chicos, siento tener que ser yo el que lo diga, pero ya es hora de ir a clase. –dijo Dean levantándose.- ¿Con quien tenemos clase, Nev?
- Clase de matemáticas con Snape en el aula 247. –informó el castaño después de consultar el horario que llevaba pegado en el reverso de su carpeta. Imitó a Dean y también se levantó junto al resto.
- Uff, Snape, vaya forma de comenzar el curso. –refunfuñó Seamus. Había estado medio ausente durante todo el desayuno, mirando a Lavender. Caminaron con despreocupación hacia el centro de la cafetería, donde aun estaban Hermione y Ginny.
- Hola, Hermione. –saludó Dean con una sonrisa y prosiguió su camino sin esperar contestación alguna. Sin embargo, los ojos de la castaña se posaron en los azules de ese chico pelirrojo que iba con ellos. Sintió como algo la recorría de arriba abajo y se quedó bloqueada. El pelirrojo la miró con intensidad, pero no le dijo nada.
-cambio de escena-
El gimnasio del instituto era el sitio elegido para las tan esperadas pruebas del equipo de baloncesto. Todo el mundo sabía que pertenecer al equipo te daba un estatus diferente dentro de esa sociedad de adolescentes tan reducida. Tal vez por eso, había más de cincuenta chicas postulando para un solo puesto. Poco importaba si sabían jugar al baloncesto no; ganarse la simpatía y la confianza de Hermione y compañía era suficiente. Sin embargo, no todas estaban por ese motivo, como muy bien comprobaría la castaña. Una chica más segura, elegante, descarada y cínica que el resto, escondía su figura detrás del cuerpo de otra chica más robusta. Pero sus ojos azules no quitaban ojo a la castaña. Siempre habían sido principales rivales, y no todo el mundo lo sabía. Luego estaba Ginny Weasley, una chica sencilla, que tenía nociones básicas de baloncesto y sabía muy bien cual era su lugar. Estaba nerviosa mientras hablaba con su nueva amiga: Parvati Patil.
Ron llegó al gimnasio más por obligación que otra cosa. Siendo las pruebas después de las clases, no le quedaba otro remedio que esperar a su hermana para llevarla a casa. No sabía que el que estaría más entretenido de todos sería él. De momento, entró con paso cansino y la cabeza gacha. Los grititos femeninos de aquellas chicas eran molestos a más no poder. Solo se trataba de una prueba de baloncesto, ni que les fueran a decir quien era el chico de su vida. Con un suspiro se sentó en una de las gradas más altas y alzó la cabeza para mirar el conjunto de la estancia. No pudo ver mucho, porque enseguida sus ojos, como si dispusieran de visión rayos X, captaron el movimiento de ELLA. Se la quedó mirando sin vergüenza ninguna. Así que ELLA era una de las jugadoras del equipo; nunca lo habría dicho, pues era más bien pequeña y frágil.
Hermione estaba sentada en el centro de todo el grupo. Sus piernas cruzadas y enfundadas en una mini falda desatacaban por encima de las de las demás. Se notaba que tenía mucha clase y saber estar. Se pasó una mano por el cabello castaño y captó un reflejo azul. Levantó la cabeza y miró hacia las gradas. Un chico la estaba mirando. Debería de estar acostumbrada, pero había algo en sus ojos que le decía que aquella no era una mirada cualquiera. Incómoda, se removió en la silla y bajó la vista hacia el suelo. Carraspeó y se miró las uñas de las manos. No entendía porqué esos ojos azules habían hecho que sintiera mariposas en el estómago. No conocía a ese chico, no lo había visto nunca antes.
- Mirad, chicas, tenemos un mirón. -dijo la morena de los ojos azules. Sin duda era la más guapa del grupo, pero también la más predecible. Pansy sonrió coqueta mientras miraba hacia las gradas.
- Pansy...no empieces con tus numeritos. -le reprendió la castaña que tenía hechizado al pelirrojo. La chica levantó la cabeza y miró fugazmente, con sus ojos ambarinos, a Ron. Se sonrojó ligeramente y volvió a bajar la cabeza.
- Pues no te quita ojo. Pansy tiene razón. Tenemos un mirón-admirador de Hermione. -opinó Daphne repantingada en su silla de cualquier manera. Era una chica muy poco femenina.
- Ya basta. Sigamos con las pruebas. -puso orden la castaña mientras arreglaba las hojas de las posibles candidatas.
- Te has puesto roja. -le señaló Pansy y se echaron a reír todas menos la castaña, claro.
- Es un gimnasio muy pequeño y el aire está muy cargado. Afuera hay unos 35º; es normal que la pobre Hermione esté sofocada. -acudió en su ayuda Luna y le guiñó un ojo cuando sus miradas se encontraron.
- La verdad es que el chico es la mar de mono. –siguió diciendo Pansy ignorando el comentario bienintencionado de Luna. A ella le interesaba caldear el ambiente de otra manera, y conociendo a la castaña como la conocía, solo había una manera de hacerlo.- Tiene que ser nuevo, no lo había visto antes por aquí.
- Pues alguien debería de decirle que Hermione está con Cedric. –aconsejó Lavender analizando también al pelirrojo.- Se la está comiendo con los ojos.
- Yo creo que le ha entrado algo en el ojo. –Luna seguía buscándole el lado inocente a la situación, pero siempre estaba Daphne para hacer todo lo contrario.
- Si, claro. Lo que le ha entrado por el ojo es el escote de Hermione. –rió haciendo que su coleta alta se agitara.- Si es que...no se puede tener tanto, luego pasa lo que pasa. –le dio una palmadita en la espalda a la castaña y siguió riendo acompañada por el esto.
- ¿Queréis parar de decir gilipolleces y dejar al chico tranquilo? Hemos venido aquí a hacer las pruebas para el equipo. Y el chico no me está mirando a mí. Fin de la discusión. Ahora comencemos…-quiso imponerse de nuevo Hermione.
- ¿Quién estaba discutiendo? –sonrió Pansy sosteniéndole la mirada. Le gustaba sacarla de sus casillas de vez en cuando, y nuevamente sabia cómo.- Solo estábamos constatando un hecho.
- Pansy…-Hermione levantó sus ojos ambarinos de la carpeta con los nombres de todas las participantes en la prueba. No le gustaba que la interrumpiesen cuando estaba haciendo algo que consideraba como un trabajo.
- ¡Al chico pelirrojo le gustas! –dijo Pansy con un tono de voz más elevado de lo habitual. Suerte que estaban lo bastante alejadas como para que nadie más que ellas lo escuchase.
- ¡Pansy! –gritó Hermione al tiempo que se le caía el bolígrafo. Se agachó para cogerlo, pero recordando lo que había dicho Daphne, se puso una mano en el pecho. Enseguida se sintió como una tonta, tampoco tenía tanto.
- Vale, vale. Ya me callo. –Pansy puso las manos al aire de la forma más teatral posible. Se repantingó en su silla, aunque más finamente que Daphne, cruzó las piernas y miró de reojo la carpeta de Hermione.- Empieza con las pruebas.
Fue entonces cuando Hermione repasó la conciencia la larga lista de candidatas para suceder a Angelina, que se había graduado al final del curso anterior. Los labios de la castaña se apretaron hasta formar una línea recta. No ocurría muy a menudo que la veían realmente enojada, pero cuando pasaba, todas sabían que tenían que apartarse de su lado. Y eso fue lo que percibieron cuando levantaron la cabeza y la miraron. Los ojos de Hermione buscaban con ansias al objeto de su desasosiego repentino. La búsqueda fue rápida y brutal. Varias chicas abrieron mucho los ojos al ver la expresión furibunda de la castaña. Esta se guardó las ganas de levantarse y personarse allí mismo para solucionar el conflicto en cuestión. Sin embargo, en vez de eso, lo que hizo fue pedir explicaciones a sus amigas.
- ¿Y esa qué coño hace aquí? –tenía los dientes tan apretados que su voz chirriaba. La susodicha le devolvió la mirada con astucia e incluso tuvo el descaro de sonreírle y saludarla de manera "cariñosa" con la mano.
Ni Lavender, ni Daphne, ni Luna sabían qué decir. Así que recayó en Pansy la difícil tarea de hacer frente a la mira inquisidora de Hermione. La morena era su mejor amiga y quien mejor la conocía, así que se podía tomar unas licencias que el resto no tenía permiso. Desvió su cabeza hacia donde Hermione señalaba, aunque ella ya la había visto al entrar. Y después respiró hondo antes de contestar con su menor tono de indiferencia.
- ¿Millicent? Pues supongo que se apuntaría a la pruebas, sino no tiene sentido.
- ¡Eso ya lo veo! –contestó Hermione tamborileando en la carpeta con sus uñas rojas.- Pero… ¿quién la dejó? ¿Quién es la responsable de que esté aquí?
- Cielo, no podemos prohibir a nadie que se presente a las pruebas. Es una convocatoria abierta. –siguió diciendo Pansy con su voz más calmada.
- Es una zorra. Solo lo ha hecho para fastidiarme.
- Lo más probable, pero no dejes que te incomode.
- Pansy…la encontré comiéndole la boca a Cedric. Y no es la primera vez que me hace algo así. –en su voz había rencor y rabia más que dolor.
- Bueno, tu lo has dicho, es una zorra. No pienses en ella. Hermione, tu estás por encima de ella, haz valer tu saber estar. Ella quiere que te rebotes, que montes una escena. Pero no vamos a darle esa satisfacción, ¿verdad?
- No…no. Tienes razón, Pans. –Hermione respiró hondo y se serenó. Miró a la morena y le sonrió ligeramente.- Gracias, no se que haría sin ti.
- Pues probablemente tirarte de los pelos. –rió Pansy.- ¿Comenzamos?
- Si. –Hermione cogió de nuevo la lista de las chicas inscritas e hizo una cábala mental de las que había que rechazar de entrada. Miró al frente y carraspeó antes de alzar la voz.- Las chicas que tienen menos de dieciséis años se pueden marchar, por favor.
- Y las que no sepan jugar al baloncesto también. –añadió Daphne con un gruñido.- Esto no es un club social, es un equipo deportivo.
Las protestas no se hicieron esperar, pero enseguida vieron como la zona de las aspirantes se clareaba bastante. Hermione suspiró, no entendía porqué cada año les sucedía lo mismo. Miró a las que se marchaban con cara de decepción, apenas eran unas crías. Después, sus ojos se desviaron hacia las gradas. Allí estaba aun el chico pelirrojo que no dejaba de mirarla. ¿Tendrían razón las chicas y se trataba de un mirón? Ella particularmente no lo creía, pero… ¿entonces porqué no dejaba de mirarla? Volvió a desviar la mirada, esta vez nerviosa. No prestó demasiada atención a las pruebas de la veintena de chicas que habían quedado. Sabia de antemano que muchas de ellas se habrían presentado por formar parte del grupo más allá del equipo. Eso la exasperaba. Ellas eran buenas, habían ganado varios trofeos, entre ellos el del condado. Necesitaban a alguien sencillo, que se tomara más enserio el juego que la popularidad.
- Ginny Weasley. –dijo Pansy leyendo el nombre de la lista. Hermione enseguida levantó la mirada y vio como la chica pelirroja que le había preguntado por las aulas en la cafetería daba un paso al frente. Le había caído bien.- ¿Has jugado alguna vez al baloncesto?
- Era capitana del equipo junior en mi anterior escuela. La academia Beuxbatons. –explicó Ginny con algo de nerviosismo. Todas aquellas chicas eran impresionantes, tal vez no había sido tan buena idea presentarse a las pruebas. Pero nada más lejos de la realidad. Ginny había impresionado a las chicas con esas dos afirmaciones.
- Vaya, la academia Beuxbatons. Nos enfrentamos a ellas el año pasado. No me gustó su capitana. –comentó Daphne.- Parecía una princesa perdida en un día de mercado en la ciudad.
- Bueno, es que Fleur no le gustaba a mucha gente, la verdad. Excepto a los chicos, claro, porque es muy guapa, pero… -Ginny se retorcía las manos.- Perdón, tal vez no debería de haber dicho eso.
- Tranquila, nos gusta tu sinceridad. –habló Pansy con delicadeza. Hermione se dio cuenta enseguida de que la morena compartía sus pensamientos. Ginny era lo que estaban buscando para el equipo: una chica sencilla, sin pretensiones y que encima sabia jugar al baloncesto.- ¿Cuánto hace que juegas al baloncesto?
- Pues creo que desde que tengo memoria. Soy la menor de siete hermanos, así que cuando era pequeña mi hermano Charlie se entretenía conmigo pasándome la pelota. Él es jugador profesional. Está en los Chudley Cannon's.
- ¿Enserio? –Daphne abrió mucho los ojos.- ¿Tu hermano es Charlie "trueno" Weasley?
- Si. –sonrió la pelirroja.
- Que pasada, soy su fan número 1. Hizo una temporada fantástica con los Cannon's. –se acomodó mejor en su silla.- Chica, si juegas un tercio de bien que él…va a ser sensacional tenerte en el equipo.
- Daph, aun no hemos decidido nada…y hay más gente esperando a hacer la prueba. –terció Hermione, siempre intentando mantener la diplomacia. Sin embargo, cuando miró a Ginny le sonrió abiertamente.
- Esto…hay algo que probablemente influirá en vuestra decisión. –declaró Ginny después de tragar saliva. Le gustaba como la estaban tratando las chicas y para nada se sentía cohibida, tan solo un poco nerviosa. Vio como Lavender dejaba de limarse las uñas, pero Luna siguió mirando a saber tú donde.- Hace seis meses sufrí una importante lesión en el tobillo. Fue en un partido contra las Arpías de Holyhead. Me tuvieron que operar dos veces, pero ya he recibido el alta y mi tobillo no esta resentido. Soy la misma de antes pero… Quería que lo supierais.
- Admiro tu sinceridad, Ginny Weasley. –declaró Hermione antes de escribir unas líneas en la hoja de candidatas.
- Las Arpías de Holyhead…-pensó Daphne en voz alta-…son un equipo duro, que a menudo utiliza el juego sucio. No me extraña que te lesionases. Por cierto, ¿quién ganó ese partido?
- Mi equipo. –suspiró Ginny al recordarlo.- Fue así como me lesioné, al lanzar el tanto de la victoria. Calculé mal a la hora de apoyar el pie en el suelo y me rompí el tobillo.
- Umm, tuvo que ser un momento agridulce para ti, ¿no? –preguntó Pansy sintiendo también simpatía por esa chica pelirroja.
- Bastante. –sonrió Ginny algo más calmada, no entendía porque todo el mundo hablaba de esas chicas como si las temiera, aunque en el fondo era más respeto que otra cosa.- He pasado todo el verano practicando en el jardín de mi casa y fortaleciendo el tobillo, no quería quedarme oxidada.
- Eres una luchadora. –afirmó Daphne.
- Bueno, yo creo que estamos todas de acuerdo en que queremos verte jugar. Pero esa es la siguiente prueba, que la haremos dentro de dos días. –terminó por decir Hermione.- Muchas gracias por venir, Ginny.
- A vosotras. –más contenta que un niño con una piruleta, Ginny se dio la vuelta y corrió hacia la zona de la gradas. Iba dando saltitos a su paso y contenía las ganas que tenía de gritar. Ella no era tonta y sabía que por la forma en que había ido la "entrevista", tenía ya un pie dentro del equipo.
Ron se levantó de su asiento en las gradas y bajó los seis escalones que lo separaban de la pista. No era ningún secreto que siempre se había sentido orgulloso de su hermana pequeña como jugadora. También había sufrido mucho cuando le pasó lo del tobillo; durante un par de semanas temieron que no pudiera volver a jugar al baloncesto. Así que cuando Ginny llegó a su lado, no tuvo reparos en participar de su alegría. La cogió al vuelo y dio una vuelta sobre si mismo con ella en brazos. La pelirroja le plantó un beso en la mejilla y rió como si volviera a ser una niña pequeña. En los últimos años Ron se había dado cuenta de que era importante para él ver feliz a su hermana. Era algo que le hacia feliz a él también.
Los dos hermanos eran ajenos al par de ojos ambarinos que habían seguido todo el camino. Hermione no pudo evitar sonreír al ver esa muestra de afecto entre los dos hermanos. Ella era hija única y siempre había echado de menos ese sentimiento de consanguinidad con otra persona. Se consoló pensando que en Pansy había encontrado a una amiga y hermana del alma. Sin embargo, su sorpresa fue mayor cuando el chico pelirrojo se alejó de su hermana y caminó hacia donde estaban ellas. Andaba con seguridad, sin perder ni la compostura ni la alegría de su rostro. Eso puso nerviosa a Hermione y agarró con fuerza la carpeta que había encima de la mesa. Era más alto de lo que pensaba, y tremendamente atractivo, con ese cabello rojo y rebelde.
- Perdona, quería aclarar una cosa. –dijo Ron cuando llegó a la altura donde estaba ella. Sus ojos azules se clavaron en los de ella. Hermione sentía que estaba siendo atravesada por un rayo láser. A su alrededor las conversaciones cesaron y todas prestaron atención al singular intercambio de palabras.
- Tu dirás. –a Hermione le costó una eternidad pronunciar esas palabras sin que se le notase lo nerviosa que estaba. Nunca ningún chico había conseguido ponerla nerviosa, y ese desconocido conseguía eso y mucho más.
- Mi nombre es Ron Weasley, y no soy un mirón. Solo estaba esperando a mi hermana, que acaba de hacer la prueba. –declaró con algo de descaro y mucho encanto. Había apoyado sus manos en las esquinas de la mesa de Hermione. Se quedó esperando unos veinte segundos, tal vez a que Hermione contestara, pero la castaña estaba literalmente muda. Se apartó de la mesa y después de mirar al resto de chicas, añadió.- Aun así, ha sido un placer contemplarte. –dicho esto, caminó de regreso a donde estaban Ginny y Parvati y salió por la puerta del gimnasio más ufano que cuando había entrado.
