Capítulo 3: Sombra y estrella.

La segunda semana del curso empezó con mucha excitación para las Veelas. El jardín del instituto se convirtió en su sala de juntas particular. Estaban todas sentadas en el césped al resguardo de un viejo roble. El día había amanecido soleado y eso se notaba en el ambiente caldeado y en la ropa ligera que llevaban los alumnos. Las clases aún no se habían vuelto insoportables ni les habían cargado de apuntes o deberes. De ahí que las mentes adolescentes estuvieran preocupadas por otras cuestiones más de carácter sentimental. Particularmente Pansy Parkinson estaba radiante esa mañana y sus ojos brillaban de una manera especial. No podía creerse todavía lo ocurrido el sábado entre ella y Cormac. Tampoco es que hubiera ocurrido algo en mayúsculas, ni siquiera se habían besado. Pero precisamente por eso era especial.

Hermione escuchaba a Pansy con atención y se sentía muy feliz por ella. La morena era su mejor amiga y merecía ser feliz como el resto del mundo. El resto del mundo menos ella, claro. Recordó por un instante la discusión que había tenido el domingo por la noche con su madre y sus ojos adquirieron un tono más oscuro, el tono de la tristeza. Había comprobado una vez más que Jane Granger no abogaba por lo que deseaba su hija, tan solo le importaba el maldito imperio. No le bastaba con estar en el tercer puesto de la lista Forbes en cuanto a imperios empresariales, ella quería el primer puesto, y Hermione tenia la llave para conseguirlo. La empresa de los Diggory era modesta en comparación con las muchas que poseía ella, pero los beneficios económicos eran muy buenos.

En el instante en que unas manos pequeñas y cálidas aferraron las suyas, Hermione levantó la mirada. No le sorprendió encontrarse con los bondadosos ojos azules de Luna. La castaña sabía que mucha gente se preguntaba qué tenia Luna para que ella la considerase su amiga. Porque siendo sinceros, Luna Lovegood era una chica muy extraña y la mayor parte del tiempo parecía que estaba en otro planeta. Pero Hermione había descubierto algo que el resto ni se había molestado en buscar: la bondad, la ternura y la sabiduría que había en su interior. Apretó la mano de vuelta dándole las gracias en silencio por el gesto, y siguió mirando hacia el vacío.

Daphne escuchaba a medias lo que contaba Pansy. Parecía que tan solo Lavender estaba prestando íntegra atención. La morena pensaba que le estaban dando más importancia de la que tenia a una simple cita. Obvio que no se le ocurriría nunca decirlo en voz alta, pero era lo que pensaba. Ella tenía cosas más importantes que hacer que estar escuchando una escena que parecía sacada de un culebrón de la televisión. Sin embargo, tal vez en el fondo, en el hondo de su corazón, sentía celos de Pansy. Ella nunca se había ilusionado tanto con un chico; de hecho, su única ilusión siempre había sido jugar al baloncesto. Desvió su mirada y recorrió el jardín en busca de algo, o de alguien. Fue nuevo para ella el aura de decepción que la envolvió al no encontrarlo.

- …paseamos cogidos de la mano por el paseo de la playa. –terminó Pansy con ojos soñadores.- Después me acompañó a casa y me dio un beso en la mejilla antes de marcharse a la suya. Fue…fue muy bonito, de verdad. Nunca pensé que mi primera cita con Cormac fuese a ser así.

- ¿Entonces ya no estás enfadada por que arreglásemos lo de la cita a vuestras espaldas? –preguntó Hermione con una sonrisa en sus labios.- He de admitir que fue un poco complicado buscar excusas para todos, pero…

- Bueno, al principio quería mataros, pero luego ya no, claro. –sonrió Pansy.

- Me cuesta asimilar ese comportamiento en Cormac. Que se comportara como un caballero y no intentase nada raro…-Daphne se encogió de hombros.- No se, no casan con su forma de ser.

- Es que un chico se comporta diferente cuando está enamorado. –terció Hermione mientras seguía mirando al vacío.

- Yo no creo que Cormac esté enamorado. –opinó Luna mientras arrancaba pequeños trocitos de césped del suelo y los retorcía entre sus dedos para dejarlos caer de nuevo después.

- Bueno, pero Pansy le gusta mucho, lo que viene a ser lo mismo para que se comporte de forma diferente a como lo hace normalmente con nosotras. –siguió diciendo Hermione. Se sentía muy feliz por como estaba la morena y nadie le haría cambiar de actitud.

-Lo dices por Cedric, ¿verdad? –preguntó Lavender mirándola con sus ojos pardos.- Quiero decir que estoy segura de que no se comporta igual cuando está en el instituto que cuando está a solas contigo, ¿verdad? Es un chico tan encantador, tan atento, tan tierno y tan todo.

- ¿Entonces se puede saber si un chico esta enamorado o interesado en una chica según su manera de comportarse con ella? –Daphne llenó el incómodo vacío que se había instalado tras las palabras de Lavender. Hermione seguía estando sin estar allí. no le había hecho mucha gracia la referencia a Cedric.

- Eso parece, si. –declaró Pansy en un susurro. Estaba demasiado ocupada mirando a la castaña, aunque no quería que las demás percibiesen su misma preocupación. Eso era algo de lo que más tarde hablarían Hermione y ella a solas.

- Umm, ¿qué os parece si lo probamos? Miramos a los chicos que pasan por aquí y decimos si están enamorados o no. –propuso Daphne ajena a que su idea iba a ser recibida como un regalo caído del cielo.

- Claro. –asintió Pansy.

- Ay, si. Que emoción. ¿Por quien empezamos? –Lavender se dio la vuelta en su asiento y con las manos juntas a la altura del pecho, comenzó a mirar a todos los chicos que pasaban por delante. Para su desgracia, uno de los primeros que divisó fue a Blaise, que iba acompañado de Draco.

- Hola, Lav. –saludó el moreno mientras esgrimía una de sus sonrisas irresistibles. Se detuvo delante de ellas y se llevó una mano a la frente como visera contra el sol. También saludó a las otras chicas, pero estaba claro que su atención era solo para Lavender.- Te sienta bien ese vestido gris, Lav.

- Arg, márchate, Blaise. No quiero hablar contigo. –contestó ella enfurruñándose como una niña pequeña. Se cruzó de brazos arrugó el morro y se dio la vuelta para ofrecerle la espalda al moreno. El gesto no hizo más que acrecentar la sonrisa en el rostro de Blaise. Sabía que iba a ser difícil conquistar de nuevo a Lavender, pero no imposible.

- Bueno, solo hemos pasado a saludar. Vamos, Draco. –le hizo señas al rubio y comenzó a alejarse.

Pero Draco no se movió de su sitio; era como si estuviera clavado en el asfalto de grava que bordeaba la zona verde de los jardines del instituto. Sus ojos estaban fijos en los azules de Daphne. No había dicho nada a ninguna de las chicas, ni siquiera a ella. Simplemente se sentía irremediablemente atraído por esa mirada que hasta hacia unas semanas no le había importado nada. Se sintió dichoso cuando un pequeño rubor comenzó a teñir las mejillas de Daphne; un rubor que había provocado él con la mirada. Le dio un último vistazo a la chica, que seguramente tendría que dar explicaciones a sus amigas, y caminó airoso hacia Blaise.

- ¿Qué ha sido eso? –preguntó Pansy entre maravillada y curiosa.

- Eso ha sido un chico interesado en una chica. Aun es pronto para decir enamorado. –dijo Luna saliendo de nuevo de su ensimismamiento. Cuando parecía que no estaba allí o que no prestaba atención a lo que ocurría a su alrededor, la rubia siempre daba en el clavo con su explicación.

- ¿Enamorado? ¿Quién? ¿De quien? –inusualmente, Hermione se mostró curiosa. Cualquier cosa con tal de mantener su mente ocupada en algo que no fuera su penosa vida sentimental y familiar.

- Draco. –respondió Luna con sencillez.- Y de quién...bueno, eso ya se verá con el tiempo. Todo depende de si ella le corresponde.

- ¿Estábamos mirando al mismo Draco Malfoy las dos? Porque yo no he percibido nada de eso. –Pansy frunció el entrecejo.

- Es que tu eres muy poco observadora, cielo. –sonrió Hermione mientras le daba un toque en la pierna.

- Que graciosa.

- ¿Y ese chico de allí? ¿Diríais que está interesado en esa chica o no? –Daphne señaló hacia las mesas y los asientos de piedra que habían a la izquierda del camino de grava. Normalmente los alumnos los utilizaban para terminar de copiar los deberes a la hora del recreo o para charlar animadamente con sus amigos o su pareja.

Todas se voltearon para seguir la dirección del brazo de Daphne. Hermione fue la primera en reconocerlo. Allí estaba el chico pelirrojo, Ron, le había dicho que se llamaba. Reía mientras una suave brisa le acariciaba el cabello y lo echaba hacia atrás. Se le veía cómodo, feliz y tierno con su compañera de mesa. Mientras respiraba hondo, Hermione centró su atención en ella. No era precisamente una belleza, con el cabello teñido de ese color tan llamativo, la ropa negra al estilo gótico y sus maneras toscas de moverse. Sin embargo, en su rostro se adivinaban las mismas sensaciones que en el de Ron. Eso la molestó y no supo porqué. Ella casi no conocía a ese chico, tan solo habían intercambiado unas palabras sin importancia. Tampoco estaba interesada en él. ¿Entonces por qué le molestaba que tuviera una amiga tan especial?

- ¿No es el chico "mirón" del otro día en el gimnasio? –preguntó Pansy entrecerrando los ojos para que el sol no le diera de lleno en ellos.

- Creo que dejó claro que no era un mirón. –dijo Hermione secamente. Su voz sonó reseca, cortante.

- ¿Creéis que esa es su novia? –aventuró Daphne. Estaba feliz de haber desviado la atención de la actitud de Draco hacia ese chico. No estaba preparada para escuchar nada de lo que Luna iba percibiendo en el rubio. De hecho, no estaba preparada para nada que tuviera que ver con Draco y con analizar la forma en que la miraba y le hablaba desde que habían comenzado el curso.

- Pues si es su novia mejor. No puede ir comiéndose con los ojos a las novias de los demás. Si se llega a enterar Cedric de lo que ocurrió en el gimnasio… No entiendo como no sabia que Hermione era la novia de Cedric, todo el mundo lo comenta a todas horas. Son la pareja más popular del instituto. Cedric tiene un talante muy tranquilo pero no creo que se hubiese quedado de brazos cruzados viendo como a su novia…-dijo Lavender de carrerón.

- Yo no soy la propiedad de nadie, Lav. Si ese chico me hubiera estado comiendo con los ojos, cosa que no hizo, habría sido problema mío. Un problema que yo habría resuelto sin la participación de Cedric. –habló Hermione con los ojos fijos en ella. A Ron le habría gustado saber que allí estaban de nuevo esas pequeñas chispas alrededor del iris.

- Pero Hermione si Cedric se preocupa mucho por ti. Es el mejor novio que he visto en mi vida. –siguió diciendo Lavender.

- Pues si tanto te gusta de novio, quédatelo tu. –dijo Hermione al tiempo que recogía su bolso del césped y se ponía de pie para marcharse con prisa y enojo.

- Pero… ¿qué tiene de malo lo que he dicho? –Lavender no entendía la actitud de Hermione para con ella. Y no era la única. Pansy y Daphne intercambiaron una mirada y después se encogieron de hombros.

- Ese chico quiere mucho a esa chica, aunque no es su novia. La trata más como si fuera su hermana. –interpretó Luna.- Aunque por las veces en que ha mirado hacia otro lado, está enamorado de una chica.

Efectivamente, los ojos azules de Ron siguieron a la silueta de Hermione. La vieron alejarse con pasos airados y cada vez más grandes. Una arruga afeó el semblante de su rostro. ¿Qué le habría pasado a la castaña? Estaba enojada, de eso no cabía duda. Pero ignoraba que parte de su enfado estaba en él y en su compañera de mesa.

-cambio de escena-

Tenía el cabello teñido de un color morado chillón que la hacía destacar por encima de todas las personas que había en el muelle. Pero por si eso no fuera bastante, la chica vestía de una forma muy peculiar: botas de militar en negro, medias de color rosa, una falda tutú en negro y camiseta de manga corta y chaqueta de color negro también. Tanto las muñecas como los dedos de las manos estaban repletos de cientos de pulseras y al menos unos ocho anillos. Una nube de humo la envolvía mientras fumaba al estilo francés y miraba a los ancianitos guiñándoles un ojo. Nymphadora Tonks era una provocadora, pero tenía buen corazón y era una chica sensacional. O al menos eso debía de pensar Ron para ser amigo suyo.

Se habían conocido en la escuela de verano a la que sus padres le habían obligado a ir el verano anterior. Escuela para adolescentes conflictivos, recordó Ron en su mente. Salió del coche con una sonrisa en los labios, deseando poder abrazar ya a Tonks. Era la chica más rara que había conocido jamás, ni siquiera quería que la llamasen por su nombre. Pero desde que había dejado Londres, Tonks era su último y único vínculo con el pasado. Desde el principio, entre los dos, se había establecido una relación fraternal, sobretodo cuando Tonks había acudido en rescate de Ron durante su primera pelea en San Bruno. Ella era unos cinco años mayor que él, pero ante su comportamiento nadie lo diría.

Cuando Ron ya estuvo a la vista de ella, la chica no perdió el momento de hacer algo escandaloso para las puritanas mentes de los ancianos que se hacinaban alrededor del muelle y el embarcadero. Movió rápido sus botas negras, como cogiendo carrerilla al tiempo que una sonrillisa de niña pícara iluminaba sus ojos marrones. Con las manos a la altura de los hombros, los puños cerrados y sin dejar de moverlas como si estuviera agitando unas maracas, dejó salir unos grititos de emoción de su garganta, tal y como había visto hacer a las niñas pijas en la televisión. Y entonces, cuando ya todo el mundo estaba pendiente de ella, comenzó a correr como una posesa, haciendo aspavientos y obligando a todo el que estaba en su camino a apartarse si no quería ser arrollado. Ron se la quedó mirando un poco temeroso; nunca se podía estar seguro de lo que Tonks estaba a punto de hacer. Pero por la ligera idea que el pelirrojo tenía, ya se veía tumbado en el suelo con ella encima.

¿Acaso Ron era adivino?

Porque eso fue exactamente lo que pasó. El impacto de Tonks saltando hacia sus brazos fue tan fuerte que terminaron los dos en el suelo de madera. La risa de la chica era contagiosa y su perfume embriagador, pero Ron nunca había abrigado ningún sentimiento que no fue amistoso hacia ella. El pelirrojo también rió y se pasó una mano por el cabello de forma despreocupada. Tonks seguía encima de él y no parecía tener ninguna prisa que salirse. Por el rabillo del ojo, ambos vieron como la mayoría de las personas mayores arrugaban el entrecejo y meneaban la cabeza al tiempo que susurraban "jóvenes".

- ¿Me has echado de menos, calabaza? –le preguntó Tonks a Ron mientras se dejaba caer a su lado en el suelo y se ponía en posición vertical. El sol dio de lleno en su rostro y arrancó destellos a los cientos de abalorios que llevaba encima. Cruzó las manos en su cintura y esperó.

- No me llames "calabaza". –repuso Ron frunciendo levemente el ceño. Solo Tonks le llamaba así cuando estaban a solas, y se lo permitía, claro que eso no significaba que le gustase.- ¿Tenías que montar el numerito?

- Pues claro. Sino no habría sido lo mismo. Imagínate, con el tiempo que hace que no nos vemos. Soy una chica, también puedo llegar a emocionarme con las pequeñas cosas de la vida.

- Pero si hace tan solo seis horas que nos vimos en el jardín de Hogwarts. ¿O ya lo has olvidado?

- Si, bueno, pero allí no pude explayarme en mi saludo. Además, no seas tan gruñón, que sé de buena tinta que te ha gustado.

- Si, claro. Por cierto, ¿qué hacemos todavía aquí tumbados?

- Contemplar el cielo.

- ¿Para qué?

- Ya vuelves a ponerte gruñón. –dijo Tonks incorporándose sobre un codo y alargando el otro para darle un manotazo en el abdomen al pelirrojo. No hizo caso del quejido que brotó de los labios de Ron y siguió mirándolo del mismo modo que una hermana mayor miraría a su hermano pequeño.- Te he echado de menos, Weasley. San Bruno no fue lo mismo sin ti.

- ¿Quieres decir que no tenías a nadie que te hiciera de dominguillo y te aguantara tus excentricidades? –sonrió Ron incorporándose a su vez, pero no se quedó sentado sino que se puso de pie y alargó una mano para ayudar a Tonks.

- Si, básicamente, si. –cuando estuvo de pie, miró a su alrededor.- ¿Y ahora qué hacemos? No me vayas a llevar a la bolera donde seguro que se reúnen todos tus compañeros de clase, eh,

- Vaya, que decepción, era justamente donde iba a llevarte. Mañana tendré que aguantar a mis compañeros quejarse, pero tranquila, les diré que el domingo lo tenemos libre para jugar al mus y puede que se contenten con eso. –contestó Ron volviendo a ser el chico bromista, ocurrente y gracioso, con un toque de rudeza, que no había encajado bien en el carísimo internado de Durmstrang.

- Ahora si que te conozco. –dijo Tonks mientras echaba a andar sin rumbo fijo y sintiendo la brisa del mar acariciar su rostro.- Vamos, Weasley, que siempre tengo que solucionártelo yo todo.

- Bueno, eres la mayor ¿no?

- Que jodío. Pero tú eres el chico.

- ¿Y qué? ¿No estamos en la era de la igualdad? Pues la chica también debe de tomar la iniciativa de vez en cuando. Además, reconoce que los tíos no tenemos tanta capacidad de inventiva como las tías. A vosotras se os da mejor eso de buscar un sitio para quedar.

Tonks se lo quedó mirando con una sonrisa en los labios.

- Parece que te enseñé algo aparte de a solucionar los conflictos sin el uso de los puños. ¿Hay algún pub por aquí o una cafetería? Algún sitio en el que permitan fumar, por favor.

- ¿No que lo ibas a dejar? –preguntó Ron mientras la escoltaba hacia un pequeño pub que había al final del muelle, cerca de donde estaba el faro de Plymouth. Era pequeño y estaba frecuentado sobretodo por turistas. La gente de allí tenía ya sus sitios tranquilos y amistosos.

Cuando entraron, nadie se fijó en ellos; la luz era tenue y de fondo se escuchaba música típicamente irlandesa, folklore. Tonks arrugó un poco la nariz ante este detalle, pero se alegró de poder pedir una pinta de cerveza. Se sentaron en una de las mesas más apartadas, pues no querían oídos curiosos escuchando su conversación. Un camarero curtido en años les atendió. Tonks pidió la consabida pinta y Ron un refresco. La chica enarcó una ceja y dejó entrever una sonrisa divertida, a lo que el pelirrojo, con los brazos en alto y encogiéndose de hombros dijo "soy menor de edad".

- Bien, ahora cuéntame como se vive en la patria del inserso y los disidentes de la vida urbana y moderna. –pidió Tonks llevándose el cigarrillo a la boca.

- Sigues siendo tan directa como siempre; y tu abanico de adjetivos no ha decaído ni un ápice. –Ron bajó la cabeza para mirar el mantel de papel en color verde.- La vida en Plymouth es tranquila, aunque tampoco es que haya tenido mucho tiempo para averiguarlo. Pero se podría decir que llevo la clase de vida que querían mis padres. Voy a un colegio de elite, tengo un grupo de amigos respetables que no saben lo que es meterse en problemas y hago de chofer de mi hermana siempre que me lo pide. Es un poco coñazo, la verdad. Echo de menos la adrenalina de cuando haces algo que sabes que está prohibido, pero lo llevo bien. –esbozó una sonrisa- Tampoco es que me hayan enterrado en vida.

Tonks iba a contestar, pero justo en ese momento apareció el camarero con sus bebidas. Sin embargo, tan pronto como este se fue, la chica no se pudo reprimir más. Conocía al pelirrojo demasiado bien, se atrevería a decir que incluso mejor que su madre. Y a ese chico que tenía delante, le pasaba algo que hacia unos meses no le pasaba. Así que después de dar un pequeño sorbo a su pinta y apagar el cigarrillo en un cenicero de vidrio, junto las manos encima de la mesa y lo miró con sus insondables ojos oscuros.

- Bien, dime quién es ella. ¿Cómo se llama?

- ¿Quién es quien?

- La chica que ha conseguido que dejar Londres por Plymouth no te parezca tan mal. La chica que ha embrujado tu corazón. La chica de la que estás enamorado. La chica…

- Bien, vale. Lo he pillado. –carraspeó un poco incómodo.- Hay una chica...

- Dime algo que no sepa.

- ¿Me dejas hablar? Hay una chica que…que lo es todo para mí. Desde el momento en que la vi…-cerró los ojos para dar más énfasis a sus palabras.- No puedo dejar de pensar en ella, Tonks.

- Bueno, nunca antes te habías pillado por una chica. –sonrió Tonks.- ¿Y ella que tiene que decir al respecto?

- Nada, ella no tiene que decir nada porque ni siquiera sabe que existo. Bueno, si lo sabe. Vive en la casa de al lado y…

- Ay, que bonito. Es la chica de la habitación de al lado, como la de la canción. –Tonks no podía evitar ser una romántica debajo de esa imagen de chica dura que pretendía mostrar en todo momento.

- Hombre…yo no iría tan lejos…-Ron se encogió de hombros e intentó recular en sus declaraciones. Porque si que era cierto que estaba enamorado, pero también era un chico y la cursilería no tenía cabida en su vida.

- Si vive en la casa de al lado lo tienes súper fácil para ligártela…-una mirada a la mueca que hizo Ron, le bastó para cambiar el verbo-…quiero decir enamorarla.

- Bueno, es que hay un pequeño problema: tiene novio. –suspiró el pelirrojo.

- Vaya, ese si que es un gran problema. –dijo Tonks fingiendo grandilocuencia.- Vamos a ver, no es porque me considere tu hermana mayor, pero tengo que decir que eres un chico muy guapo, casi demasiado, así que no creo que ese noviete de tu chica te haga sombra alguna.

- No lo entiendes, Tonks. Hermione es la chica más popular de Hogwarts y su novio es el chico más popular. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en su relación. Me han dicho que pueden estar presionándola de alguna forma para que siga con la relación. Es más una cuestión de conveniencia y negocios.

- Pero, ¿quién podría hacerle eso a tu chica?

- Su madre. ¿Conoces las empresas Granger? –a un asentimiento de Tonks, el pelirrojo prosiguió.- La chica de la que estoy enamorado se llama Hermione Granger, y es su única heredera. Hasta que cumpla 18 años las empresas están controladas por su madre, y al parecer también la controla a ella. El novio es un Diggory. Si sabes algo de la petrolera Diggory…no hace falta que te diga más.

- Pues si que lo tiene complicado tu chica. Cualquier tonto sabría que si se une el imperio empresarial Granger con la petrolera Diggory, serán el grupo más influyente del planeta. –repiqueteó en la mesa con sus uñas pintadas de negro.- ¿No podías enamorarte de la hija del lechero?

- Tonks…-suspiró Ron. Hasta ese momento, cuando lo había puesto todo sobre la mesa, no se había dado cuenta de lo complicado que era que Hermione se fijase en él. Ni qué decir lo de alejarla de su círculo de amistades. Lo único que tenia a su favor parecía ser que no quería a Cedric.

- Bueno, es todo un reto para ti.

- Lo es. Pero no quiero conseguirla porque sea parte de un reto, sino porque la quiero. –respiró hondo.- No dejo de pensar en ella, incluso cuando duermo sueño con ella. La mayor parte del tiempo me tengo que contener para no correr detrás de ella y tocarla. Me estoy volviendo loco, Tonks.

- El amor en si es una forma de locura, calabaza.

- Supongo que si quiero que se fije en mi, tendré que destacar. –reflexionó Ron mientras una idea cruzaba por su mente a la velocidad de un rayo.- Pero para ello voy a necesitar tu ayuda. ¿Qué tal llevas la asignatura de historia?

-cambio de escena-

El plan de Ron se puso en marcha el lunes siguiente. Después del almuerzo tenían su primera clase de historia. El pelirrojo se sorprendió al enterarse de que ninguno de sus nuevos amigos tomaba esa clase, aunque minutos después Harry le explicó el motivo. Al parecer, el profesor Bagman tenía la "mala" costumbre de convertir todas sus clases en debates que ponían en cuestión las diferentes fases de la historia. Harry también le avisó de que el viejo profesor siempre comenzaba el curso con su tema favorito: la revolución francesa. A Ron le bailaron las neuronas y tuvo que contenerse para no hablar más de la cuenta, pero lo cierto era que él también era un apasionado de ese período de la historia.

La clase de historia estaba en el último piso y como Ron pudo comprobar, muy pocos alumnos asistían a ella. El resto de los alumnos se repartían entre la profesora Véctor y el profesor Binns, que eran mucho más tradicionales a la hora de dar la asignatura. El pelirrojo llegó con soltura, apoyando la mochila en un solo hombro y dando zancadas seguras y confiadas. Una semana había sido más que suficiente para que las féminas del instituto se dieran cuenta de su presencia. Y aunque Cedric seguía siendo el parangón de dios griego en la tierra, Ron tenía un encanto especial que no pasaba desapercibido.

El profesor Bagman era bajito y tenía sobrepeso. A Ron le recordó a un retrato de Enrique VIII que había visto en un museo de Londres. Las arrugas de sus ojos indicaban lo bien predispuesto que estaba a echarse unas risas con quien fuera. Dio la bienvenida a Ron con una amigable palmada en la espalda, comentó cuatro cosas con él y se maravilló con las respuestas que le daba el pelirrojo. No le gustaba tener a gente tonta en su clase, quizás por eso sus alumnos era tan solo 14 en ese instante. El aula era pequeña y contaba con los asientos justos, así que a Ron no le quedó otra que esperar a que todos se sentasen en sus sitios habituales y conformarse con el que quedase libre.

Hermione arribó la última y con cara de pocos amigos. Acababa de discutir con Cedric. Últimamente era lo único que hacían. Pasó por delante de la mesa del profesor con la mente en otra parte. No tenía pensado ser muy participativa en esa primera clase. Dejaría que el resto de sus compañeros discutieran en su lugar. Todos sabían que Hermione era la mejor debatista de la clase y muy pocos se atrevían a enfrentarse a ella porque tenían las de perder. Estaba a punto de llegar a su pupitre cuando la carpeta se le resbaló de las manos y todos sus papeles se esparcieron por el suelo. De su boca salió una maldición que fue acallada por el murmullo de sus compañeros. Se agachó para recoger todas sus cosas y se sorprendió cuando una mano pecosa se interpuso en su ángulo de visión mientras le ayudaba a recoger. Alzó sus ojos color ámbar y la sorpresa se adueñó de ellos momentáneamente. El chico del jardín de al lado estaba allí con ella. ¿Era su compañero de clase? Sin saber porqué, el corazón se le aceleró al tiempo que alargaba la mano de manera mecánica para recibir los papeles que él le tendía. Ni siquiera fue capaz de darle las gracias. ¿Porqué le ponía tan nerviosa ese chico? Había sido así desde el principio, aunque apenas lo conocía. Se levantó antes de que un rubor incómodo inundara su rostro y se parapetó detrás de su pupitre con la vista fija en su carpeta mientras la reorganizaba de nuevo.

A Ron le mandaron sentarse justo en el pupitre de al lado de Hermione. Cuando se sentó, aspiró hondo y se encontró maravillándose con el perfume a fresas, orquídeas y rosas de ella. No le dijo nada, ni esperó que ella le dijera algo. El profesor Bagman comenzó con su explicación habitual, pero ninguno de los dos lo escuchaba. Hermione apoyó el brazo en la mesa y después descansó el mentón en el puño. Un suspiro se escapó de sus dulces labios rojos y Ron pensó que se desmayaría de amor en aquel mismo momento. ¿Es que ella no era consciente de lo que le provocaba?

- Como viene siendo habitual, comenzaremos la primera clase del año haciendo un debate sobre la revolución francesa. Un tema apasionante, ¿no creéis? –el profesor Bagman estaba apoyado en la mesa del profesor y miraba expectante a todos.- El debate de este año estará centrado en el período del terror. ¿Fue negativo o positivo para la población francesa de finales del siglo XVIII? ¿Se podría haber evitado? –paseó su mirada por la clase.- ¿Quién quiere empezar? ¿Hermione, querida?

La castaña respiró hondo y se obligó a mirar al frente. La única suerte era que ese tema le apasionaba tanto como al profesor Bagman y no tendría ningún problema en hacer una presentación precisa y concisa del período.

- El terror estaba caracterizado por la brutal represión de los revolucionarios mediante el recurso del terrorismo de estado. Fue negativo y se perdieron muchas vidas inocentes durante casi un año. La población francesa no volvió a ser la misma y es la base del golpe de estado de Napoleón. Como ya he dicho en diversas ocasiones, mi lectura sobre ese periodo es negativa. Se podrían haber hecho las cosas de otra manera.

- ¿Ah si? ¿De cual? Porque yo pienso lo contrario que tu. –Ron pensó que era el momento que había estado esperando. Se haría notar delante de ella. Por el momento parecía haberlo conseguido, porque la mirada sorprendida que le dedicó, bien valía lo que estaba a punto de decir.- Vale, es cierto que murió mucha gente inocente, pero también se acabaron con complots que pretendían desestabilizar al país. Así que en parte fue un período necesario. Tal vez algo negro, pero necesario. Francia no sería como es sin haber vivido ese período.

- ¿Enserio? Ninguna persona civilizada de nuestro tiempo puede pensar igual que tu. –Hermione enfatizaba sus palabras con una vocalización perfecta y un tono monocorde que por momentos se convertía en enfado o repulsión.- Murieron más de 35.000 personas; nada justifica la muerte de tantas personas inocentes.

- El terror no es más que la justicia rápida, severa, inflexible. –citó Ron satisfecho consigo mismo. Sus compañeros se habían volteado en sus pupitres para mirarlos con atención, y el profesor Bagman no podría estar más complacido. Al fin parecía que había un alumno capaz de seguir el ritmo de debate que presentaba Hermione.

- ¿Robespierre? –la castaña alzó una ceja mientras lo taladraba con sus ojos ambarinos. No echaban chispas en esta ocasión, pero Ron estaba seguro de que no tardaría en conseguir que lo hicieran.- Ese hombre se convirtió en todo lo que supuestamente odiaba. El terror no fue más que la excusa de unos cuantos literatos con aires de grandeza.

- Uff, es una declaración un poco arriesgada ¿no crees? –el pelirrojo resopló y respiró hondo.

- No es más arriesgada de lo que han sido tus declaraciones hasta ahora. –Hermione colocó ambas manos encima de la mesa y frunció el ceño.- ¿Te recuerdo como murió Robespierre?

- Lo guillotinaron. Pero fue porque no se supo adaptar a los nuevos tiempos. Cuando después de la batalla de Fleurus, el ejercitó francés salió victorioso, se dieron cuenta de que ya no hacia falta el comité de salvación publica. Y Robespierre se quedó solo, pero fue porque defendió sus ideales hasta el final. –una ojeada rápida a Bagman estuvo a punto de hacer carcajear a Ron. El viejo profesor se había sentado en su mesa y miraba embelesado a sus dos alumnos como si de un partido de tenis se tratase. Pero no era un partido cualquiera, aquello era como la final de Wimbledon.

- No fue por eso. –Hermione se reprendió mentalmente por haber subido el tono de voz. Cerró los ojos, respiró hondo y los volvió a abrir. Ese chico pelirrojo empezaba a sacarla de quicio. ¿Cómo podía ser el mismo chico de la noche del jardín?- Fue porque no quería resignarse a perder un poder que nunca llegó a imaginar que estaría en sus manos. Nunca pensó que la alta burguesía le reprocharía al gobierno la política económica dirigista que había implantado. Pensaban que guillotinando a la nobleza estaban protegidos, pero la burguesía creciente siempre fue el gran problema de los regimenes absolutistas.

- No fueron sus compatriotas jacobinos los que llevaron a Robespierre a la guillotina. Fue victima de una conjura de girondinos no confesos y de varias personas que clamaban venganza por las muertes tanto de los hebertistas como de los "moderados" del grupo de Danton. –Ron nunca había sido un alumno tonto, pero estaba sorprendido de lo que podía conseguir si tenía un objetivo al final del camino. Quería hacerse notar, que Hermione lo recordase, y lo estaba consiguiendo a golpe de datos históricos.

- Robespierre murió según su criterio.

- Robespierre no murió según su criterio. No creo que alguna vez pensase en lo "digno" que sería morir en la guillotina. –una sonrisa afloró a sus labios y se dio cuenta de que Hermione volteaba la cabeza, de manera nerviosa, para no mirarlo. Un momento, ¿la ponía nerviosa?

- Pero si que lo pensó para miles de personas ¿no? La muerte de Robespierre fue un pequeño consuelo para muchas personas que lo habían perdido todo. –ese chico la ponía muy nerviosa, y encima tenia una sonrisa encantadora y preciosa. Hermione había tenido que dejar de mirarlo porque había notado como un escalofrío la recorría de pies a cabeza. Cada vez que se encontraba con esos ojos azules mirándola, era como si se accionase algo dentro de ella. Algo desconocido, y eso no le gustaba nada.

- Chicos, chicos, este no es un debate sobre la muerte de Robespierre, recordad. –a pesar de que lo estaba pasando de maravilla, el profesor Bagman era muy profesional y nunca olvidaba el tema a discusión. Aunque tal vez, mas adelante, se decidiera por uno sobre la muerte de Robespierre. Esos dos chicos tenían madera.- Aquí debatimos si el régimen del terror implantado en Francia de septiembre de 1793 a la primavera de 1794, fue justificado o no.

- Obvio que no fue justificado. –rugió Hermione con la misma intensidad que una leona cuando acecha a su presa.- Francia ya vivía momentos de penuria y hambruna antes de la revolución. Pero después fue peor, la gente no se atrevía a salir de sus casas, estaban aterrorizados. Nadie estaba a salvo, cualquiera podía morir en la guillotina.

- En tiempos de guerra no se puede pensar con sentimentalismos. Hay que actuar por un bien mayor. –más que por seguir el debate, Ron habló por contradecirla. Creyó que había muerto y subido al cielo cuando ella se volteó lo miró con los ojos echando chispas. Las mariposas revolotearon en su estómago y tuvo que echar mano de todo su control para no levantarse y cogerla por el cuello para plantarle un beso en la boca.- ¿Qué importan unas cuantas muertes si con Napoleón Francia recuperó su esplendor de antaño?

- ¿Napoleón? –Hermione abrió mucho los ojos. ¿Ese chico se estaba quedando con ella? Aunque lo cierto era que estaba disfrutando. Normalmente discutía ella sola con el profesor Bagman, y ya era hora de encontrar a un compañero a su altura. Aunque ese compañero la estuviera sacando de sus casillas a base de datos históricos muy bien contrastados.- Te recuerdo que fue un dictador que pretendía conquistar toda Europa y el mundo entero.

- ¿Y no es eso lo que todos queremos? Conquistar el mundo entero. –solo que ahora mi mundo se reduce a ti, pensó Ron.

- No estamos hablando de nosotros ni de ahora. Estamos hablando de una época en la que se produjeron muchas injusticias: tasación a la alta del precio de los granos de cereales y legumbres. La gente no podía comprarlos y se moría de hambre. El impuesto sobre la fortuna que confiscaba las tierras de los "enemigos del pueblo" y de los sospechosos. Mucha gente se quedó sin nada por meras conjeturas. –Hermione ahora no podía quitar sus ojos de la tranquila mirada azul del pelirrojo. ¿Tenían ese mismo color la otra noche? No se había fijado lo suficientemente bien, aunque si que lo había hecho en otra ocasión. ¡Claro! Ahora caía, era el mirón del gimnasio. Bueno, no era un mirón, se autocorrigió, pero era así como Pansy lo había bautizado. ¿Cómo había podido olvidar ese incidente?

- Abolición de la esclavitud fue otra de las medidas adoptadas durante el terror y la supresión del derecho de primogenitura, dotando a todos los hijos del mismo patrimonio. Ah, y se hizo un proyecto de Código Civil que quedó inacabado. –viendo que ella enumeraba las cosas malas, quedó en poder de Ron enumerar las buenas. ¡Dios, como le gustaba debatir con ella!

- Eso no son más que nimiedades en comparación con lo que yo he dicho. ¿Abolición de la esclavitud? ¡Ja! No te lo crees ni tu. ¿Cómo puedes decir eso después de saber que murieron más de 35.000 personas por no pensar igual que cuatro energúmenos? O simplemente por tener más dinero o más títulos que ellos.

- Se hizo un censo de indigentes y percibían ayudas de las tierras y riquezas confiscadas a esa gente que tenía más dinero y que tu tanto defiendes.

- No las defiendo porque tenían más dinero. –el grado de indignación de Hermione estaba ahora en lo más alto.- Las defiendo porque el tener más dinero o no tener dinero no debería de ser motivo para matar a nadie. Todas las guerras se han llevado a cabo por desacuerdos nimios que han costado la vida de muchos inocentes. Así que no voy a aceptar de ninguna de las maneras que el período del terror fue algo positivo para Francia.

- El período del terror no se simplifica en cargarse a la gente de dinero de la época.

- ¡Ya lo se!

- ¿Entonces porque no hacemos más que discutir sobre eso? –le preguntó Ron con una sonrisa.

- No lo se. –río Hermione. Era extraño verla así de relajada y "cordial" con otra persona que no fuera nadie el grupo de las Veelas o los chicos del equipo de fútbol.

- Bueno, lo que está claro del período del terror es el carácter expedito y muchas veces sumario de los procesos incoados contra los supuestos o reales contrarrevolucionarios. Aunque muchas personas fueron enviadas a la guillotina injustamente, a veces solo por meras sospechas, también es cierto que el terror revolucionario se volcó primariamente sobre los ricos y los involucrados en conspiraciones con las monarquías vecinas para el derrocamiento del gobierno revolucionario.

- ¿Justificas el período del terror como arma de los jacobinos para defender su gobierno? –Hermione entrecerró los ojos mientras lo miraba. Tenia que reconocer que era sumamente guapo e intelectualmente rebigorizante.

- Así es. El efecto del Terror en la sociedad francesa y europea tuvo dos vertientes. Por un lado la manera en que se hacían las ejecuciones públicas en la guillotina promovían la violencia popular y callejera, y ello coadyuvó a la misma muerte de Robespierre, que fue abucheado y apedreado por la muchedumbre, en la cual probablemente pocos sabían con certeza a quién apedreaban. Por otra parte tanto la vieja nobleza francesa como el clero reaccionario fueron fuertemente desmembrados y diezmados como estamento, además de que fue un proceso que aceleró la repartición de tierras en el campo entre los campesinos y sentó las bases para erradicar el latifundio. Puede decirse que la fuerte reforma agraria promovida por los jacobinos y sustentada con la violencia del Terror fue el primer ladrillo de la economía agro-industrial de la Francia actual.

Hermione se quedó muda ante esa conclusión del pelirrojo. ¿Podía ser real un chico como él?

- Muy bien, chicos. –el profesor Bagman se bajó de la mesa y miró con una sonrisa a todos sus alumnos, pero en especial a los dos debatientes. En sus treinta años de profesor, esa había sido la mejor clase a la que había asistido.- La clase ha terminado.

Mientras sus compañeros iban saliendo de la clase, Ron y Hermione se quedaron en sus pupitres. Cuando ya estaban casi solos, la castaña no pudo evitar reírse. Ron se la quedó mirando con una sonrisa de tonto en su rostro, le encantaba su risa. Ella subió las manos hacia arriba y las colocó junto a su mejilla derecha.

- ¿Realmente piensas todo lo que has dicho? –preguntó ella sin dejar de mirarlo.

- Bueno, se trataba de un debate con datos históricos contrastados. Realmente lo que yo piense no importan mucho ¿no?

- Supongo que no. Eres un buen compañero de debate. –concedió ella mientras alargaba una de sus finas manos y la sacudía contra la del pelirrojo.- Supongo que ahora, aparte de maleducada, soy una repelente sabelotodo, ¿no?

- Solo si tu piensas que aparte de mirón, soy un intelectualoide insoportable. –sonrió el pelirrojo sin soltarle aun la mano.

- No creo que seas un intelectualoide insoportable. Y en ningún momento pensé que fueses un mirón.

- Bien, porque yo tampoco creo que seas una repelente sabelotodo y ya te dije que entendía que estabas pasando por un mal momento.

- Pareces un buen chico, Ron. –Hermione se soltó del apretón de manos y comenzó a recoger sus cosas.

- Lo parezco, pero no lo soy. –dijo él levantándose al fin.

- Yo sé que lo eres. –Hermione se levantó también y caminó hacia la puerta.- Hasta otra, Ron.

- Hasta otra, Hermione. –vio como ella se perdía al otro lado del pasillo y se dejó caer de nuevo en la silla. Esa chica iba a ser su perdición, y lo peor de todo, realmente lo iba a convertir en un buen chico y en un intelectualoide insoportable.

-cambio de escena-

El buen humor que esa primera clase había dejado en la mente de Hermione, se esfumó cuando se reencontró con Cedric a la salida del instituto. El castaño estaba inusualmente contento y cariñoso para con ella. Tanto es así que se ofreció a llevarle la carpeta y sus demás cosas mientras caminaban hacia el coche. Hermione siempre se había sentido muy confusa con respecto a Cedric. Al principio había llegado a quererlo, pero ahora simplemente había un vacío donde se suponía que debía de estar su amor por él. Con la mente aun puesta en la clase de historia, Hermione subió al coche y se mantuvo mirando por el cristal mientras iban hacia su casa. Cedric también estuvo callado, lo cual era algo inusual en él. Normalmente se pasaba el viaje hablando de lo que los chicos y él habían hecho en el entrenamiento de fútbol. Cierto era que la temporada aun no había comenzado, pero aun así, el castaño no dejaría pasar una oportunidad de alabarse a si mismo.

Llegaron a la casa de Hermione, y para su disgusto se encontraron con el coche de su madre en el camino. Eso solo podía significar que Jane estaba en casa. La castaña había discutido con ella aquella mañana y no estaba de humor para compartir una de las elaboradas cenas de Jane. Pensaba coger una bandeja con una cena ligera y subírsela a su habitación. Cedric salió del coche para abrirle la puerta y esperó hasta que ella salió para plantarle las manos en las caderas. A Hermione el contacto no le gustó, pero tampoco lo rechazó. A pocos metros de allí, un Ford Anglia se detuvo en la casa de al lado. Ron y Ginny salieron a la vez y enfilaron el camino hacia el interior de su casa. Hermione tragó saliva con algo de dificultad e intercambió una fugaz mirada con Ron. ¿Porqué le ponía nerviosa que el pelirrojo la viera con su novio? Cedric siguió en su particular planeta y le cogió del mentón para girarlo y besarla en los labios. Hermione correspondió con un par de movimientos, pero casi todo el trabajo se lo llevó el castaño.

- ¿Quieres que te acompañe adentro? –preguntó Cedric mientras le colocaba un mechón de cabello castaño detrás de la oreja. Sabia que Hermione estaba enfadada con él, y todo eso formaba parte de su estratagema para ablandarla.

- No, gracias. Sé el camino perfectamente. –dijo Hermione apretando la carpeta contra su pecho y ahogando un suspiro. No sabía cuanto tiempo más podría aguantar a Cedric. Estar con él solo le proporcionaba quebraderos de cabeza, y él ni siquiera la amaba. Había transigido en todos los deseos de su madre hasta la fecha, pero había llegado el momento de parar.- Te veré mañana en el instituto.

- ¿No quieres que venga a buscarte? Vamos, Hermione, sé que he hecho mal en hablar con Millicent después de lo que ocurrió en el cóctel de hace dos semanas, pero es que es mi compañera de laboratorio en ciencias. –intentó justificarse Cedric.- Tan solo estábamos hablando, no es como si la hubiera besado delante de toda la escuela.

- Bueno, te doy permiso para hacerlo la próxima vez. –dijo Hermione con amargura y se dio la vuelta para entrar en su casa. Cedric la alcanzó cuando tan solo había dado unos pasos.

- No entiendo que te pasa últimamente, Hermione. Y ya me estoy cansando. No estoy haciendo nada para que me trates así. Solo demuestras que eres una niña engreída, caprichosa e infantil.

- ¿Ah si? Pues no deberías de salir con una persona tan caprichosa e infantil. Supongo que si tan poco deseable te parezco, deberíamos de dejarlo. –Hermione respiró hondo y se obligó a mirarlo. La mueca de estupefacción que había en el rostro de Cedric era la que espera encontrar.- Eso pensaba.

- Hermione, sabes que ni tu madre ni mis padres…

- Lo sé perfectamente, Cedric. –le cortó Hermione. El dolor que había en su corazón veló sus ojos momentáneamente. ¿Es que no era capaz de decirle que la estimaba? ¿Qué le tenía, al menos, algo de cariño?- Nos vemos mañana, Cedric.

Esta vez, cuando la castaña se dio la vuelta para caminar hacia el interior de su casa, Cedric no la retuvo. Hermione cerró la puerta de la calle tras ella y apoyó la espalda en la madera blanca. Con los ojos cerrados y la carpeta fuertemente cogida contra su pecho, se obligó a contener las lágrimas que pugnaban por salir de sus cansados ojos. Un nudo atenazaba su garganta y estaba segura de que no saldría ningún sonido en toda la noche. Si tan solo tuviera a alguien con quien hablar… Respiró hondo y abrió los ojos de nuevo. No quería encontrarse con su madre en ese momento, así que subió de golpe las escaleras hasta su dormitorio. Una vez allí, tiró la carpeta y el bolso en la cama y ella se fue a refugiar al pequeño alfeizar que había en su ventana.

La luz del sol dio de lleno en sus ojos, robándole destellos dorados. Se quitó los zapatos con un par de puntapiés y recogió las piernas hasta que tocaron el abdomen y el pecho. Las envolvió con sus brazos y recostó la cabeza en las rodillas. Ojalá alguien supiera lo desdichada que se sentía. Sacó la cabeza de su escondite para recoger una bocanada de aire que aliviara sus pulmones. Fue entonces cuando lo vio. El chico pelirrojo, Ron, estaba haciendo unas canastas con su hermana. Los dos se reían y jugaban con confianza fraternal. Durante una jugada que terminó en canasta por parte del pelirrojo, Hermione vio como este acariciaba los cabellos de su hermana. Se notaba que la quería mucho y que estaría dispuesto a bajar la luna a la tierra si ella se lo pidiese. ¿Por qué ella no podía tener alguien así?

Se apartó de la ventana y encaminó sus derrotadas piernas hacia la cama. Allí se dejó caer de una manera muy poco elegante. Su habitación estaba pintada de un color lila difuminado, aunque el techo era azul, en un intento de imitar al mismo cielo. Sus ojos ambarinos se perdieron en esa basta mancha de azul. Sendas lágrimas mojaron la almohada por ambos lados, pero de la garganta de Hermione no salió ni un sonido. Daba gracias a dios de que al menos su madre no se hubiera dado cuenta de su presencia. No estaba en condiciones de discutir con ella de nuevo. Se sorbió la nariz al cabo de un rato y cerró los ojos. Pensó que si leía un rato dejaría de sentirse tan atribulada, pero lo más seguro es que no se concentraría en la historia, así que para qué molestarse.

No supo el tiempo exacto que estuvo en duermevela, pero abrió los ojos con el sonido de su teléfono móvil entrando por sus oídos. Alargó la mano hasta su bolso y buscó entre las cientos de cosas que había dentro. Cuando lo encontró, había dejado de sonar. Pero tan solo se trataba de un mensaje de texto. Era de Cedric. "Hermione, siento lo de hoy. Te recogeré mañana como siempre. Cedric."Sabia que era una estúpida por esperar un "te quiero" o alguna palabra cariñosa por parte de él, pero aun así la esperaba. Cerró el móvil con más fuerza de la requerida y lo tiró de nuevo en el interior del bolso. No quería saber nada de Cedric en ese momento. Miró por la ventana y vio que había anochecido. Se levantó y fue hasta su cuarto de baño. Allí se quitó la ropa, deshizo su coleta y limpió su maquillaje con una toallita. Después se metió en la bañera y dejó que el agua corriera por su cuerpo. Contra más caliente, más la calmaba. El cuarto de baño pronto se llenó de vaho y calor. Hermione salió de la bañera, se secó y se puso un camisón de algodón en color azul marino. Volvió a recogerse el cabello en una coleta y salió a su habitación.

Encima de la cómoda había una bandeja con un poco de fruta, un yogurt y un zumo de frutas del bosque. Hermione dio gracias mentalmente a Lottie por preocuparse en subírselo. La vieja ama de llaves era la única que seguía tratando a Hermione con amor. Y aunque no tenía casi apetito, la castaña se obligó a comer un poco de aquí y un poco de allí. Se sentó delante de su ordenador y abrió la pantalla del portátil. En cuanto se conectó a Internet, aparecieron cuatro pantallas para hablar con ella. Eran Pansy, Daphne, Lavender y Luna. Hermione las ignoró y enseguida se puso en "no conectado". Estaba a punto de cerrar la página cuando una petición de amistad, le llamó la atención.

"Calabaza83 quiere ser tu amigo, ¿lo aceptas?"

Hermione se quedó mirando el mensaje. Dejó la manzana a medio comer encima de la bandeja y se arrellanó mejor en su silla. ¿Calabaza83? ¿Quién podría ser? Como estaba en modo "no conectado", se dijo que no pasaba nada si lo aceptaba. Y así lo hizo. Enseguida se abrió una nueva pantalla. Calabaza83 le estaba hablando. ¿Pero es que no se había dado cuenta de que ella no estaba conectada? Aun así, Hermione abrió la pantallita y no pudo más que sonreír. Primero por la imagen de perfil que tenía Calabaza83. Era una calabaza, y también era la primera sonrisa que Hermione esgrimía en toda la tarde. Segundo, por el mensaje que Calabaza83 le estaba dejando.

"Hola, Hermione. Espero que no te importe, pero he encontrado tu dirección en el plano de alumnos. Quería decirte que esta tarde lo pasé estupendamente discutiendo contigo. Bueno, eso tal vez no ha sonado muy bien. No quería decir que quisiera discutir contigo… Me estoy haciendo un lío. Lo que yo quería decirte era que espero poder seguir hablando contigo, ya sea de Robespierre, los jacobinos o lo que tu quieras. Nos vemos. Ron. P.D.: no tengas en cuenta mi nik, me lo puso mi hermana una vez que se enfadó conmigo."

Si pudiera verse la cara en ese momento, Hermione se habría caído del susto. Sus ojos refulgían como pequeñas velas de candil y sus mejillas estaban arreboladas por el calor del baño, pero también por la calidez que transmitían las palabras de Ron. Se mordió el labio inferior, indecisa en si contestar a Calabaza83 o no. La verdad es que tenía muchas ganas, pero…que su corazón latiera acelerado la desconcertaba. Se llevó una mano al rostro y mordió el dedo índice ligeramente. Sacó la mano de su boca y se dejó caer hacia atrás en la silla. ¿Porqué no podía hablar con Ron como hacia con Harry? Ahora recordaba vívidamente el color de sus ojos cuando la estuvo mirando durante las pruebas de baloncesto. Eran de un azul tan intenso, tan maravilloso…

Movió el ratón para poner algo de música y fue cuando se dio cuenta de que eran las nueve de la noche. Bajó el volumen de los altavoces y enseguida la habitación se llenó de la dulce voz de Katie Melua. Era una cantante con matices de blues que le ayudaba a relajarse, sobretodo cuando estaba en el ordenador o cuando estaba leyendo un libro.

Siguiendo un impulso, finalmente se decidió a contestarle a Calabaza83.

"Hola, Ron. Para nada me importa que te pongas en contacto conmigo. La verdad es que a mi también me ha gustado mucho discutir contigo esta tarde. Ha sido muy gratificante encontrar a alguien, por fin, con los conocimientos suficientes como para seguirme. Nos vemos, Hermione. P.D.: vaya con tu hermana, jaja. Pero me gusta tu nik, me recuerda al color de tu cabello."

Hermione pensó que seguramente sonaba demasiado soso y empollón, y que Ron no le contestaría. Pero se equivocaba.

Calabaza83: Hermione, ¿estás ahí? ¿Hola?

(flor): Si. Hola, Ron.

Calabaza83: Veo que te llegó mi mensaje.

(flor): Y a ti el mío.

Calabaza83: Jaja, si. Bueno, lo que es seguro es que nos gusta discutir.

(flor): Si, pero sobre temas históricos. No pienses que voy discutiendo con todo el mundo. Aunque no te culparía, después de la noche en que nos conocimos y yo…

Calabaza83: Deja de disculparte por estar pasando un mal momento. ¿Eres así siempre?

(flor): ¿Así como?

Calabaza83: Bueno, así de correcta. Ya te dije que no hacían falta más disculpas. ¿Qué estás haciendo ahora?

(flor): ¿Me preguntas que estoy haciendo? Bueno, aparte de hablar contigo, tomo una cena tardía y escucho música.

Calabaza83: Umm, interesante. Yo estoy a punto de arrancarme los pelos de la cabeza por culpa de mi hermana. Tiene puesta su música a todo trapo. Pero me resigno.

(flor): Que buen hermano eres.

Calabaza83: ¿Es eso una ironía?

(flor): No, lo digo enserio. Hoy te vi jugando con ella al baloncesto. Se os veía muy a gusto el uno con el otro.

Calabaza83: Bueno, es mi hermana. A veces querría matarla, pero mataría por ella.

(flor): Si, lo suponía.

Calabaza83: Un momento. Eso quiere decir que nos estabas espiando.

(flor): ¡Noo! Coincidió que estaba sentada en el alfeizar de mi ventana.

Calabaza83: Ah, bueno. Ya pensaba que te habías enamorado de mi y que pensabas acecharme desde la distancia.

(flor): Jaja.

Calabaza83: Oye, no es broma. Gente más rara hay por ahí.

(flor): Eres gracioso.

Calabaza83: Bueno, cada uno hace lo que puede con sus cualidades. Por cierto, ¿qué haces en desconectada?

(flor): Oh, bueno, es que no tenía ganas de hablar con nadie y…

Calabaza83: Vaya, y yo te he interrumpido.

(flor): No, no. Me…me ha hecho bien hablar contigo, me he reído un poco.

Calabaza83: Pues me alegro de haberte servido de algo. ¿Y sueles hacerlo muy a menudo, esto de ponerte en desconectada?

(flor): De vez en cuando. Sobretodo cuando he pasado un día duro.

Calabaza83: Entiendo; todos tenemos días duros.

(flor): Si.

Calabaza83: Ahora tengo que irme, antes de que mi hermana se entere de que le he escondido su dvd favorito.

(flor): Oh, pues…

Calabaza83: Ha sido divertido hablar contigo, Hermione. Espero que podamos seguir haciéndolo.

(flor): Claro. Suerte en la pelea que seguro te espera con tu hermana.

Calabaza83: Gracias. Hasta mañana en el instituto.

(flor): Hasta mañana, Ron.

Hermione se quedó mirando la pantalla con una sonrisa. Ese chico, Ron, tenía algo que la hacia sentir muy bien. No habían hablado concretamente de nada y, sin embargo, se había divertido mucho. Se planteó que con el tiempo, Ron podría llegar a ser un buen amigo. Esa clase de amigo con el que compartes todo. Se recostó en el sillón de cuero negro y pensó que el día no había terminado mal después de todo.