Capítulo 6: Luz de luna.

Ron aun no podía creerse lo bien que había ido todo en su casa. Claro que también había ayudado que Ginny corroborara su historia en todo momento. El pelirrojo había reflexionado sobre lo que había dicho Harry. Vivían en un pueblo pequeño y la gente hablaba, así que mejor que se enterasen de la pelea por sus propios labios. No había sido fácil, todo había que decirlo. Pero la señora Weasley se había preocupado más que nada por el rostro magullado de su hijo. El señor Weasley le había mirado durante unos segundos con el semblante muy serio y después había asentido con la cabeza. Era la primera vez que sus padres le creían cuando decía que no había comenzado ni buscado una pelea. Ginny no había estado ahí, pero había al menos cien personas que podrían corroborarlo.

La cena había transcurrido con normalidad y habían hablado de la posible visita de Fred y George, los gemelos de la familia. Vivían en Rumania y, Fred era catedrático de Historia y George estaba licenciado en Antropología de lo oculto. Fascinados por el folklore transilvano, habían escrito un par de libros al respecto que habían tenido una gran acogida dentro del mundo de la enseñanza. La señora Weasley se sentía especialmente orgullosa de sus hijos, aunque el señor Weasley habría preferido que se hubieran hecho cargo de la clínica familiar en Londres, como habían hecho Bill y Percy.

Ron había estado ausente en casi todo momento, mareando la comida en el plato. No dejaba de pensar en Hermione y en como ella se había marchado a clase y ya no había vuelto a verla. Era egoísta de su parte, pero en cierto modo se sentía dolido. Prácticamente le había abierto su corazón mientras estaban en la enfermería. Tampoco esperaba que ella le dijera que sentía exactamente lo mismo por él, pero… Esperaba algo. Nunca había sentido esa debilidad por una chica y nunca había sido tan difícil conquistarla. No se paró a pensar que la castaña se sentía muy avergonzada por la actitud de su novio. Porque no había que olvidar que su novio era Cedric y no Ron.

El pelirrojo arribó a su habitación y se dejó caer hacia atrás en la cama con una mueca de dolor. Le dolía todo el cuerpo. Ya había pasado por eso varias veces en el futuro, pero en cierto modo esta vez era diferente. Porque esta vez giraba entorno a una chica. Y esta vez no estaba deseoso de pegarse una revancha con su atacante. Esta vez solo quería escuchar la voz de ella; saber que no lo juzgaba mal; que podía seguir contando con ella. Tenía miedo a que lo rechazara por ese lado salvaje que se había visto obligado a sacar esa mañana. Y porque tanto Draco, como Cormac y como Blaise, se habían dado cuenta de que esa no era su primera pelea. De que los musculos que adornaban sus brazos no eran en vano.

Realmente quería hacer las cosas bien esta vez. Sus reservas con respecto a la vida de Plymouth y el haberse visto obligado a abandonar Londres, se habían esfumado en el mismo momento en que se había topado con su mirada dorada. Nadie más en el mundo era capaz de ver lo que él veía en ella. Podrían estar rodeados de cientos de personas y él solo la vería a ella. Como esa mañana, tan solo se había detenido al escuchar la voz de ella. Si hubiera sido otro el que le hubiera mandado detenerse… Cedric estaría ahora mismo en el hospital. Podría haberle dado una paliza tranquilamente, pero ella le había detenido. Ella, con su dulce voz.

El amor te vuelve gilipollas, pensó, pero también mejor persona.

Eso le había pasado a él con Hermione: ella hacia que quisiera ser mejor persona.

Miró el techo blanco de su habitación y se la imaginó en la misma postura, con sus cabellos castaños desparramados por la almohada. ¿Podía haber algo más hermoso? Cuando pensaba en ella era como si se trasladara a otra realidad. Y en esa realidad no había espacio para el cansancio, la rabia, el dolor o cualquier otro sentimiento humano que no fuera lo que sentía por ella. Estaba seguro de que nadie le entendería pero…tenía la convicción de que Hermione era su alma gemela. Con ella a su lado se sentía más fuerte, más feliz, más atento, más cariñoso, más…mejor persona. Movió la cabeza hacia la derecha y desvió su mirada hacia el pequeño balcón que daba al jardín. La luna ya había ocupado su lugar en el firmamento y las estrellas la acompañaban en su silenciosa espera. Le habría encantado compartir aquella estampa con Hermione. Pero ella se había marchado sin decirle nada, se recordó.

Si alguien hace un año le hubiera dicho que estar enamorado iba a ser tan complicado…

Escuchó la voz de Ginny al otro lado de la pared. Seguramente estaría hablando por teléfono con su amiga de turno. Últimamente monopolizaba mucho el teléfono. Pero a Ron no le importó. De alguna manera, escuchar la voz calmada de su hermana, su risa, le reconfortaba. Se levantó de la cama con una nueva mueca de dolor y se sentó en la silla de delante del ordenador. Lo había dejado encendido antes de bajar a cenar, así que se entretuvo consultando unas cuantas páginas, algunas de juegos y otras de libros. También se pasó por un pequeño foro de aficionados a la escritura. Ese era su mayor secreto: quería ser escritor de mayor. No lo había comentado con nadie porque se habrían reído de él.

¿Qué pensaría Hermione de eso?, se preguntó. Aunque estaba seguro de que ella no se reiría y que seguro le pediría algo para leer. Le daría su opinión más sincera y él se sentiría feliz. Tampoco es que hubiera escrito demasiado, se recordó con un encogimiento de hombros. Pero era algo importante y personal para él.

Justo antes de apagar el ordenador e irse a la cama a intentar dormir, abrió su cuenta de correo. Fue algo mecánico, casi sin pensar. Quizás por eso su sorpresa al encontrarse su mensaje en la bandeja de entrada. Sus ojos azules se abrieron de repente, ávidos por leer las palabras que ella le había escrito. Ya no había cansancio en su cuerpo ni dudas en su mente.

"Querido Ron,

Siento muchísimo todo lo que ha pasado hoy. El comportamiento de Cedric es inexcusable y me duele haber sido la causa de tus heridas. Comprendería perfectamente que ya no quisieras saber nada de mí. Solo traigo problemas a los chicos con los que hablo. Sin embargo, no te negaré que me daría mucha pena perder tu amistad. Tú haces que vea la vida de otra forma.

¿Realmente me ves como me has dicho en la enfermería?

Detestaría que tus palabras hubieran sido efecto de la medicación.

Ron no puedo negar que me siento atraída por ti en todos los aspectos en los que se puede sentir atraída una mujer. Ejerces un embrujo en mí que no creía jamás poder sentir. Siento que tus ojos azules me guían hacia una luz donde nadie espera nada de mí. Supongo que lo que quiero decir es que contigo siento que puedo ser yo misma, sin máscaras ni miedos.

Sé que es pronto para que me sienta de esa forma, y además está Cedric. Pero si te soy sincera, hace tiempo que veo que nuestra relación está abocada al fracaso.

Tú me haces mejor persona, Ron.

Y si esa tarde no te he esperado, es porque me sentía demasiado violenta. ¿Qué derecho tengo yo a acompañarte cuando soy la causante de tus heridas? Si Cedric no fuera mi novio no te habrías peleado con él. Me parte el corazón ver tu rostro magullado y saber que no pude hacer nada por evitarlo.

Lo siento muchísimo, Ron. No sabes como lo siento.

Sinceramente,

Hermione."

El corazón de Ron había dejado de latir momentáneamente mientras hacia suyas cada una de las palabras de Hermione. ¿Cómo podía ser tan maravillosa? Cuando pensaba que no podría sorprenderle, hacía cosas como aquella. No tenía ni idea de cómo responder a aquella carta. Se la quedó mirando durante al menos diez minutos, releyéndola una y otra vez. Pensó que no debería de ser tan buen escritor si se había quedado en blanco. Su corazón estaba lleno y volvía a latir exultante de felicidad. Había perdido toda una tarde con sus elucubraciones pesimistas. Hermione solo se sentía culpable, aunque no llegaba a entender por qué. Quería hablar con ella, tranquilizarla, y decirle que sus palabras le habían llegado al alma. Sin darse tiempo a recular, pulsó la tecla de "contestar".

- A ver que me sale y que sea lo que Dios quiera. –dijo a nadie en particular.

"Querida Hermione,

No sabes como me ha reconfortado leer tu mensaje. Ya creía que te había asustado con mis palabras y que ya no querías saber nada de mí. Me he pasado toda la tarde pensando en ti, pero sin encontrar la forma de decirte estas cosas. No quiero que te sientas culpable. Lo que ocurrió entre Diggory y yo solo fue culpa nuestra. Además, tampoco estoy tan mal. Si cierro los ojos es como si nada hubiera pasado. Ya sabes que los morados parecen más de lo que son. Pero enserio, basta ya de echarte la culpa por algo que no tiene sentido.

Creo que ambos sabemos las razones por las que Diggory me atacó. Y me alegro de ser yo, porque eso significa que gozo de tu atención. Tu amistad también es muy importante para mí. Desde que llegué a Plymouth he intentado hacer las cosas bien, del modo en que lo haría cualquier otro chico de mi edad. Pero a veces hay cosas que se nos escapan, y no es culpa de nadie.

Es curioso que pienses que te hago mejor persona, porque eso es exactamente lo que pienso yo de ti. Lo único que cambia es que tú me haces querer ser mejor persona. Porque hasta hace unos meses no me consideraba una buena persona ni una buena compañía. Ya sabes, por los problemas que tuve en Londres. Pero cuando te miro a los ojos siento que esos días están ya muy lejos de mí.

Lo que te dije en la enfermería no fue por los efectos de los medicamentos.

Hermione, realmente pienso todo lo que te dije, y muchas cosas más que no puedo decirte todavía, porque no sería justo. Nunca he sentido la necesidad de decirle a una chica lo que siento por ella o como me hace sentir. Tú eres la primera, y eres muy especial para mí.

Espero verte mañana en el jardín delantero de tu casa para acompañarnos al instituto. Odiaría tener que decirle a Ginny que ya no vas a venir más con nosotros. Ya sabes lo mucho que aprecia tu compañía.

Sinceramente,

Ron."

El pelirrojo le dio a la tecla de enviar y se echó hacia atrás en la silla. Después de todo, improvisar no se le daba tan mal. Había sido sincero con Hermione y le había lanzado la pelota a su tejado, como se solía decir. Era curioso que ella pensara lo mismo de él que él de ella. Aunque Ron no estaba seguro de que en su caso se cumpliera. Tampoco era tan complicado mantenerse alejado de los problemas. Sobretodo cuando en su cabeza solo había lugar para ella. Ya no sentía la necesidad de sentir la adrenalina de romper el límite de velocidad subido en una Harley. O de emborracharse y destrozar el mobiliario urbano. Hermione había terminado con su ansiedad de adolescente frustrado.

Volvió a mirar la luna y decidió probar algo. Una vez ya le había funcionado, así que… Abrió una ventanita y se puso a escribir con la esperanza de recibir respuesta.

Calabaza83: Hermione, ¿estás ahí?

Se mordió la mano izquierda mientras pasaban los segundos y no recibía contestación alguna. Podría ser que su corazonada se hubiera quedado por el camino. Miró fugazmente el reloj de la pantalla. Eran más de las once de la noche. A lo mejor ya estaba dormida y no veía su mensaje hasta la mañana siguiente. Había sido un impulso estúpido. Sería mejor que cerrase la ventanita, desconectase todos los programas que tenía en marcha y apagase el ordenador. Ya a la mañana siguiente vería qué más hacer. Con un suspiro, llevó el ratón hacia la "x" de la ventanita y le dio. Esta se cerró, pero casi al mismo tiempo volvió a aparecer y esta vez tenía una contestación.

Running away (flor): Hola, Ron.

Calabaza83: Creía que estabas durmiendo.

Running away (flor): No podía. Acabo de leer tu mensaje…

Calabaza83: ¿Si?

Running away (flor): Si… Yo…no sé qué decir. No estoy acostumbrada a… Salvo con Pansy o Luna, pero… Es diferente contigo.

Calabaza83: Si, yo también siento que es diferente contigo.

Running away (flor): ¿De verdad te hago querer ser mejor persona? Porque pienso que no se puede ser mejor persona de lo que ya eres. Ron, eres mejor persona de lo que crees.

Calabaza83: Hay muchas cosas que no sabes de mí, Hermione. Si las supieras cambiarías de opinión.

Running away (flor): Creo que en el mensaje que me has enviado esta todo lo que debería saber sobre ti. Todos tenemos problemas, Ron. Pero eso no te convierte en una mala persona. Y alguien capaz de escribir y decir las cosas que tu escribes y dices…definitivamente tiene todo lo necesario para ser una buena persona.

Calabaza83: Estás consiguiendo que me sonroje. Hermione… ¿de verdad sientes por mi lo que escribiste en el mensaje o solo te dejaste llevar por…lo que sea que te poseyera en ese momento?

Running away (flor): Ahora la que está sonrojada soy yo. Pero si, Ron, es cierto. Aun no puedo ponerle nombre porque ni siquiera yo misma sé lo que es. Y como te dije, aun está Cedric de por medio.

Calabaza83:¿Vas a cortar con él?

Running away (flor): Tengo que hacerlo. Estar con él no me hace ningún bien. No quiero que pienses que tú tienes algo que ver en el asunto. Mi relación con Cedric ya hacía aguas antes del verano. Si acaso, tu presencia ha ayudado a aclararme. Pero lo hago por mi, sobretodo.

Calabaza83: Me alegro de que así sea. Entonces… ¿Seguimos siendo amigos?

Running away (flor): Claro. Pero… ¿pueden dos simples amigos tener este tipo de conversación?

Calabaza83: No lo se. Pero no creo que nosotros seamos unos simples amigos.

Running away (flor): Ahí tienes razón. Supongo que me he comportado como una tonta, esta tarde digo. Pero es que no sabía cómo ibas a reaccionar al despertarte y…quise poner tierra de por medio.

Calabaza83: Reconozco que me ha cabreado un poco no verte, pero…supongo que en el fondo ha sido lo mejor. Sino, no estaríamos teniendo esta conversación ahora mismo.

Running away (flor): Cierto.

Calabaza83: ¿Puedo hacerte una pregunta?

Running away (flor): Claro.

Calabaza83:¿De que quieres huir? (N.A.: hace referencia al nik de Hermione.)

Running away (flor): De mi misma, supongo. No es fácil ser yo.

Calabaza83: Yo creo que si que es fácil ser tu. Lo que es difícil es ser como quieren que seas los demás.

Running away (flor): Hablas como si me conocieras perfectamente.

Calabaza83: Es que creo que te conozco perfectamente. En mi corazón sé como eres en realidad.

Running away (flor): ¿Cómo me dices cosas tan hermosas todo el tiempo?

Calabaza83: ¿Ves la luna desde tu ventana, Hermione?

Running away (flor): Si, es preciosa.

Calabaza83: Así es como te veo yo siempre. Durante el día eres un disco de fuego que ciegas al resto para que no se acerque demasiado a ti. Pero por la noche, sacas a relucir tu mejor cara y te muestras tal y como eres. Hermosa, majestuosa y brillante.

Running away (flor): Ron…me dejas sin palabras.

Calabaza83: Eso es bueno. Quiero que me prometas una cosa. Que cuando mires la luna flotando en el cielo, te acordarás de mí y de esta conversación.

Running away (flor): Lo haré.

Calabaza83:Bien. Te espero mañana para ir a clase, y no acepto un no por respuesta.

Running away (flor): Supongo que tendré que ir para no contrariar a Ginny ¿no?

Calabaza83: Exacto. Aunque yo también aprecio tu compañía.

Running away (flor): Es bueno saberlo.

Calabaza83: Buenas noches, Hermione.

Running away (flor): Buenas noches, Ron.

Ron apagó el ordenador sintiéndose la persona más feliz del mundo. Una vez más, las nuevas tecnologías se habían convertido en su aliado. Hablar con Hermione de aquella manera había apaciguado su espíritu y agrandado el hueco que le tenía reservado en su corazón. Había eliminado la desazón, la incertidumbre y había dejado paso al momento más romántico de su corta vida. Juntos habían contemplado la luna desde sus respetivas habitaciones pensando en el otro. Ese era un recuerdo que bien valía una pelea y unas magulladuras en el rostro. Cuando se acostó en su cama y cerró los ojos, Ron Weasley vio en sus sueños otros momentos románticos que le tenía deparado el futuro.

Eso si, siempre compartidos con Hermione.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o

A la mañana siguiente, Ginny Weasley se despertó muy temprano. No había pasado una buena noche, pensando en lo que podía haber pasado y no había pasado. ¿De verdad había estado a punto de besar a Harry? Se sonrojaba tan solo de recordarlo. Harry era uno de los nuevos amigos de su hermano, y estaba segura de que a Ron no le haría ninguna gracia lo que pasaba por la cabeza de su hermana en esos momentos. Pero es que Harry era…tan guapo, tenía unos ojos tan maravillosos, le hacía sentir tan bien. Y por encima de todas las cosas, parecía querer corresponder a su beso. No se había apartado cuando ella había acercado su rostro y mirado sus labios con deseo. Si no llega a ser por la inoportuna intromisión de Ron…

En momentos como ese, deseaba haber tenido una hermana. Pero el destino le había premiado con seis hermanos varones y mayores que ella. Ron era el que más se le acercaba, al que más unida estaba, pero…que Harry fuera su amigo imposibilitaba cualquier tipo de conversación sobre el tema. Podría haber hablado fácilmente con Parvati o Padma. Desde que había comenzado el instituto se habían hecho muy buenas amigas y habían compartido infinidad de confidencias. Pero ninguna de las dos chicas podría darle una visión más madura del tema. Luego pensó en la otra referencia femenina que tenía más cerca, aparte de su madre, claro.

Hermione. Ella sabría qué hacer en su lugar. Estaba segura de eso. Solo había un problema. Encontrar un momento para hablar con la castaña sin que su hermano estuviera presente. Ginny no era tonta y sabía que el cambio que se estaba produciendo en su hermano se debía a la influencia de Hermione. Era curioso que la chica más popular, la más admirada y también la más temida en el instituto Hogwarts, fuera su vecina y tuviera una especie de "relación especial" con su hermano. Ginny nunca se había sentido impresionada por Hermione y no entendía por qué el resto de la gente la creía de una forma que en realidad no era. Pero volviendo a su problema para con Harry, Ginny pensó que hablar con Hermione antes de dirigirse hacia el instituto sería lo más acertado.

Bajó a desayunar corriendo y antes de que Ron saliera de su habitación. Su padre ya se había marchado y su madre se encontraba en el mercado, así que se quedó en la cocina. Untó un par de tostadas con mermelada, se sirvió un vaso de zumo de naranja y cogió una manzana para el camino. Escribió una nota apresurada a su hermano diciéndole que le esperaba en el jardín y, con la manzana todavía en la mano, salió de la casa. Se echó la mochila al hombro y cruzó los pocos metros que separaban su casa de la casa de Hermione. El corazón le latía apresuradamente y durante unos segundos pensó que estaba cometiendo un error. ¿Qué se suponía que iba a decirle? ¿Qué se había enamorado del mejor amigo de su hermano?

Ese pensamiento la asustó y dejó sin aliento. Pero ya había llamado al timbre y la puerta se estaba abriendo. Apareció una señora de mediana edad, que no tenía nada que ver con la señora Granger. Ginny la había visto de lejos un par de veces y era una mujer sofisticada y de una gran belleza. La señora que tenía delante suyo no era sofisticada ni tenía una gran belleza, pero sus ojos reflejaban un candor, una calidez, que los de la señora Granger no parecían conocer. Se preguntó cómo había salido Hermione tan maravillosa con una madre así. Aunque no era oficio de ella juzgar a las personas solo por el envoltorio exterior.

- ¿Puedo ayudarla en algo? –preguntó la mujer con una confiada sonrisa y un timbre de voz tierno y pausado. Iba vestida con un pantalón negro y una blusa roja debajo del delantal blanco. El cabello blanco estaba recogido en un moño bajo y aun tenía retazos de su color negro original.

- Hola, me llamo Ginny y soy la vecina de al lado. –explicó la pelirroja señalando hacia su casa.- Mi hermano y yo acompañamos a Hermione cada mañana al instituto. Pero me preguntaba si podría hablar con ella unos minutos primero. Es un asunto importante.

- Claro. Hermione se encuentra en el comedor de verano desayunando. –la mujer se apartó y dejó que Ginny entrara.- Me llamo Lottie. Si necesitas cualquier cosa, házmelo saber. Estoy aquí para cuidar de Hermione, aunque ella a veces me ponga las cosas difíciles.

- Sé cómo se siente. Mi madre suele decir lo mismo de mí y de mi hermano. –Ginny sonrió a Lottie y la siguió por el interior de la lujosa casa. Pasaron dos salones y un amplio comedor que no parecían tener mucho uso. Sabía que la familia de Hermione era una de las más ricas de Inglaterra, pero…no imaginaba que tanto, a juzgar por la colección de antigüedades que poblaban todas las estancias.- ¿La señora Granger no está?

- No. La señora se marchó ayer por la mañana a una reunión del consorcio que lleva las finanzas de la empresa en Suiza. Pero regresará el viernes, a tiempo para la fiesta de este fin de semana. Vendrán muchas personas influyentes de la industrial empresarial. –Lottie se detuvo al principio de un pequeño pasillo que terminaba en la cocina y la puerta del jardín trasero.- La primera puerta a la derecha. Ese es el comedor de verano para la familia.

- Gracias. –cuando Ginny se quedó a solas, tragó saliva. No entendía cómo Hermione podía vivir en un ambiente tan regio, aunque parecía que Lottie le tenía aprecio sincero. Caminó sin hacer ruido hacia donde la mujer le había indicado. Hermione estaba de espaldas a ella, sentada frente a una gran mesa de madera de caoba. Delante suyo había una bandeja con gran parte de su desayuno, a la que no le prestaba ningún interés. Parecía sumamente pequeña y perdida. Podía verlo en sus gestos, en la forma en que dejaba caer la cabeza hacia delante y se llevaba las manos a la cara.

Ojalá todas las personas que la admiran y la temen pudieran verla ahora tal y como es, pensó desde el vano de la puerta. Hizo ruido para que Hermione levantara la cabeza y no se sintiera más violenta de lo que seguramente se sentía. Los ojos de la castaña se encontraron con los suyos y enseguida se dio cuenta de porqué le habían intrigado tanto a su hermano. Eran de un color ámbar inusual, con pequeñas motitas doradas alrededor del iris. En cuestión de décimas de segundos, el semblante de la castaña se transformó y volvió a ser la perfecta Veela, el tipo de persona que todo el mundo esperaba de ella.

- Ginny, ¿qué haces aquí? –le indicó con la mano que entrase y se sentase a su lado. La cristalera de la habitación daba a otra parte del jardín, aquella que estaba más cerca del límite con el bosque. Ginny entendió porqué Hermione se sentía tan bien allí, en el silencio y con el paisaje verde que se extendía delante. Parecía que nada malo pudiera ocurrirte allí.- ¿Te manda Ron?

- No. Ron no sabe nada. Ni siquiera se ha levantado aún. –echó un vistazo a su reloj de pulsera para asegurarse de que aun tenía tiempo de hablar con ella un rato. Sintió como sus mejillas se ruborizaban y comenzó a titubear de nuevo.- Yo…siento haberme presentado así, pero…necesitaba hablar contigo de algo. Y si está mi hermano presente…

- No te disculpes, por favor. ¿De qué querías hablarme? ¿Es sobre algún chico? –Hermione le envió una sonrisa cómplice, de aquellas que solo se mandan entre chicas cuando tratan un tema importante para alguna de ellas. Era la primera vez que Ginny intentaba algo así, aunque también era la primera vez que le interesaba un chico de verdad. Se sentía igual de desorientada que un pececillo fuera del agua.

- Si, es sobre un chico. Yo…bueno, tú eres una chica, y eres mayor que yo. No tengo ninguna hermana con la que hablar sobre el tema, y mis amigas…aun no creo que sean de fiar cuando se trata de guardar un secreto. ¿Te molesta si hablo contigo del tema? Eres una chica muy maja y vivimos cerca la una de la otra, además, sé que no te reirás de mi.

- ¿Cómo puedes estar tan segura de eso? –preguntó Hermione con el ceño fruncido.

- Porque si fueras de otra forma, no le gustarías tanto a mi hermano. –afirmó Ginny con contundencia. Luego, al ver la expresión de sorpresa en el rostro de la castaña, añadió.- Tú has preguntado primero.

- Está bien. Pero no es de Ron de quién has venido a hablarme, ¿verdad?

- No. A ver…me gusta un chico, ¿vale? Y me gusta mucho, de verdad. Pero no estoy segura de si él siente por mi lo mismo. –se llevó una mano al cabello rojo.- Además, es mayor que yo. No mucho, tan solo un año. Y es amigo de mi hermano.

- ¿Te gusta Harry? –esta vez, la pregunta de Hermione pilló por sorpresa a la pelirroja, que notó como su rostro bullía de sonrojo.- Tranquila, no se lo voy a decir a nadie.

- Gracias. Pero… ¿tan obvio es?

- Solo para una persona lo suficientemente observadora. No te preocupes, no creo que nadie más se haya dado cuenta. –hizo una pausa y respiró hondo.- Conozco a Harry desde que éramos pequeños y es una muy buena persona. No puedo decirte si él siente lo mismo que tu sientes por él, pero nunca te hará daño. Harry no es así.

- Lo se. Pero…ayer estuvimos a punto de besarnos. –le confesó.

- ¿Enserio? ¿Y qué ocurrió para que no llegara a término?

- Mi hermano. –suspiró.- Veníamos del instituto y, bueno, después de la pelea y de que estuviera en la enfermería todo el día, no era aconsejable que condujera, así que Harry se ofreció a llevar el coche. Fue lo mejor, porque Ron se estiró en el asiento de atrás y Harry y yo pudimos estar delante. Mi hermano estaba de mal humor, supongo que algo tenías que ver tú. Pero el caso es que…cuando llegamos a casa…Harry y yo nos quedamos solos junto al coche y…estuve a punto de besarlo. Y entonces…Ron me llamó para que le abriera la puerta de la casa y…

- El momento se rompió ¿no?

- Exacto. Me he pasado toda la noche dándole vueltas al asunto. Cuando me incliné para besarlo, Harry no se apartó. Eso tiene que significar algo ¿no? Además, no soy una experta en chicos, solo estuve saliendo con uno de mi antiguo colegio durante unas semanas. Pero…la forma que tiene Harry de mirarme…no mira igual a las otras chicas. –se llevó las manos al rostro.- Dios mío, ¿crees que me he vuelto loca?

- No, no te has vuelto loca. Solo estás viviendo el que creo que es tu primer amor de verdad. –replicó Hermione con tranquilidad y una sonrisa.- Tienes razón, si Harry no se sintiera atraído por ti, se habría apartado de la forma menos incómoda posible.

- Para no hacerme daño.

- Si. Harry no ha tenido muchas novias tampoco. De hecho, yo solo le recuerdo una. Con eso quiero decirte que es un chico que merece la pena, no el típico que juega con todas y no sabe lo que quiere. –dijo pensando más en Cedric que en el propio Harry, que era de quién supuestamente estaban hablando en ese momento.- Lo que quiero decir es que…si de verdad te gusta Harry, deberías decírselo. No se va a reír de ti, y es muy posible que seas correspondida.

- ¿Lo crees de verdad? –tanto la mirada de Ginny como su tono de voz contenían numerosas dosis de esperanza. Hermione cogió una mano entre las suyas y se la apretó a modo de apoyo.

- Si. El que no arriesga no gana ¿no? –sonrió ligeramente pensando que ella también tendría que arriesgar con respecto a Cedric y a Ron. Era curioso como sus vidas parecían entrelazarse.- Por cierto, anoche estuve hablando con las chicas y queremos que juegues con nosotras el próximo partido contra la Academia Beauxbatons.

- ¿Qué? ¿Soy una de las Veelas? –preguntó la pelirroja emocionada.

- Si. Eras la mejor candidata, así que…habría sido un error dejarte escapar. –sintió el impacto de los brazos de Ginny cuando se tiró a abrazarla exultante de alegría.

- Gracias, gracias, gracias.

- Date las gracias a ti misma; realmente eres buena, mejor que yo misma. La única que puede sacarte un poco de ventaja es Daphne. –echó una ojeada al reloj de plata que había colgado en la pared.- Y ahora será mejor que salgamos si no queremos que tu hermano comience a sospechar.

- Si. –contestó la pelirroja y recogió su mochila del suelo.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o

Ron aparcó el coche en el mismo sitio de siempre, aunque con gran reserva. Durante todo el camino de su casa hasta el instituto, la actitud de Hermione y su hermana había sido…extraña. También le había sorprendido levantarse y encontrarse con la nota de Ginny colgada en el frigorífico diciendo que estaba en casa de Hermione. ¿Qué se suponía que tenían que decirse las dos? Que él supiera, Ginny no tenía ninguna relación de amistad con la castaña. Era un pensamiento un poco egoísta y posesivo, pero le fastidiaba que su hermana hubiera pasado un tiempo con Hermione que él no había pasado. Lo más seguro es que hubieran estado hablando de cosas de chicas, pero aún así…

En cambio, él y Hermione apenas habían intercambiado unas palabras y unas cuantas miradas tímidas por parte de ella. Ginny había acaparado toda la conversación con el anuncio de que formaba parte oficial de las Veelas. Estaba contento por ella, pero…después de lo que Hermione y él habían compartido la noche anterior, esperaba algo más que un simple "hola, Ron". Definitivamente estaba perdiendo la cabeza por esa chica. ¿Cómo podía tener celos hasta de su hermana? Háztelo mirar, Weasley, se dijo a si mismo. Sin embargo, Ron se vio obligado a dejar de pensar cuando vio salir a su hermana a toda prisa del coche. ¿Adonde narices iba su hermana? ¿Y por qué Hermione con su sonrisa serena parecía saberlo?

- Hermione…-comenzó a decirle a la castaña, pero ella, una vez más, tejió un nuevo hilo de la telaraña que lo paralizaba. Hermione se dio la vuelta para mirarlo con sus ojos dorados y hacerle olvidar lo que quería preguntarle.

- ¿Cómo es posible que siempre sepas cuando me hace falta escuchar tu voz o leer tus palabras? –preguntó ella de repente, refiriéndose a lo ocurrido la noche anterior. Con Ginny en el coche, no habían tenido tiempo de comentarlo. Aunque era una cuestión incómoda para los dos. Parecía que al amparo del ordenador, podían hablar más abiertamente de lo que en realidad sentían.

- Yo…no lo sé. Simplemente…-Ron no sabía qué decir, y se quedaron mirándose el uno al otro durante varios largos minutos. La gente pasaba por detrás y por delante del coche. Algunos se los quedaban mirando con curiosidad, y otros pasaban sin mirarlos siquiera. Pero cualquiera que los mirase, se daría cuenta de que estaban siendo testigos de un momento especial.

Ginny fue una de las personas que no fue testigo de ese momento especial. La pelirroja había emprendido la cuesta hacia el instituto. Había decidido seguir el consejo de Hermione y jugárselo todo a una sola carta. No tenía nada que perder y si mucho que ganar. Conforme se iba acercando, los latidos de su corazón se iban ralentizando, hasta casi no sentirse en su caja toráxica. Tragó saliva, sintiendo de repente la lengua pastosa. Tal vez no era tan buena idea hablar con Harry delante de todo el colegio, pero era el único momento del día en el que coincidían. Además, estaba segura de que Ron no los interrumpiría esta vez. Hermione estaba con él, con eso estaba dicho todo.

Vio a Harry apoyado contra un árbol y su corazón se aceleró. Ahora los latidos seguían el compás de una marcha militar, contundente. Estaba tan guapo con su chaqueta de cuero negro y sus ojos verdes mirándola. Ginny se olvidó del resto de la gente que subía apresuradamente la cuesta y se concentró en lo que tenía que decirle a Harry. Era la primera vez que se iba a declarar a un chico. Tendría que estar realmente loca para hacerlo. Pero de nuevo recordó las palabras de Hermione. Le había sentado muy bien intercambiar aquellas palabras con la castaña. Cuando arribó al lado de Harry, él se la quedó mirando con algo de azoramiento en los ojos.

- Hola Harry. –le dijo ella tomando la iniciativa. Si había algo que la tranquilizaba era ver la actitud del moreno. Porque si no sintiera nada por ella, no estaría tan nervioso ¿no?

- Hola Ginny. –Harry carraspeó.- Ehh…

- ¿Puedo hablar contigo un momento? –le preguntó y comenzó a andar dando un rodeo por los jardines. No dudaba del poder que ejercía Hermione en su hermano, pero…por si acaso lo mejor era quitarse de su vista. No quería arriesgarse y que les interrumpiera en el momento más decisivo si había alguno entre los dos.

- Claro. –sintiéndose un perfecto pardillo, Harry tosió para aclararse la garganta, que le impedía formular una frase completa con sentido. Caminó detrás de Ginny y no se detuvieron hasta llegar a la zona de los merenderos. A aquellas horas de la mañana, no había nadie. Vio como Ginny se sentaba en uno de los bancos de piedra y él la imitó.- ¿Qué…qué quieres hablar?

- Bueno, ayer estuvimos a punto de besarnos, así que…no se tú, pero yo no he dejado de pensar en el asunto. –soltó de carrerilla y sintiendo que se estaba quitando un tremendo peso de encima.

- Vaya, eres muy directa. –Harry volteó la cabeza para mirar a su alrededor. Quizás asegurándose de que Ron no estaba por allí.- Pero tienes razón, sería una tontería negarlo.

- A ti no se te da muy bien esto ¿no? –observó Ginny recordando lo que le había dicho Hermione de la poca experiencia que tenía Harry con el mundo de las chicas.- No te preocupes, a mi tampoco.

- Es bueno saberlo. –la miró con una medio sonrisa.- Ginny, me gustas…mucho.

- Tú también me gustas mucho, Harry. –ahora que ya lo habían dicho, parecía mucho más fácil.- ¿Y ahora qué hacemos?

- No lo sé. Podríamos ir poco a poco. ¿Qué te parece? –propuso Harry mirándola con ternura.

- Me parece muy bien. –admitió Ginny con una sonrisa muy amplia.

- Claro que también podría besarte ahora. –dijo el moreno sonrojándose ligeramente. Nunca había sido un chico que hiciera las cosas sin consentimiento. Respetaba mucho a la chica que estuviera con él y pecaba de una inocencia poco usual en los tiempos que corrían. Además, tal y como había señalado Hermione, tampoco es que hubiera tenido demasiadas novias.

- Eso estaría muy bien. –lo animó Ginny. Sus palabras le habían dado confianza, pero después de lo ocurrido el día anterior, no se atrevía a dar el paso. Podría suceder cualquier cosa, así que agradeció que Harry tomase la iniciativa esa vez.

Harry se inclinó hacia delante, poniendo la mano en el frío banco de piedra. Ginny lo aguardaba con el corazón latiéndole a mil por hora. ¿Era eso lo que sentía una chica cada vez que la besaba el chico que le gustaba? Sintió el dulce perfume masculino que emanaba la piel de Harry y cerró los ojos con regocijo. El moreno acercó sus labios a los de ella y lo rozó levemente. Eran más suaves de lo que se había imaginado. La besó de forma delicada y exquisita, como si fuera más una tierna caricia que un beso. Y cuando se apartó de ella, escuchó como de sus labios salía un suspiro. Ginny abrió los ojos de manera lenta, como si terminara de salir de un largo sueño. Miró a Harry a los ojos y se inclinó para darle un beso en la mejilla.

El timbre que anunciaba el comienzo de la primera clase sonó a lo lejos y los dos se levantaron para no llegar tarde. Aun tenían muchas cosas que decirse, muchos besos que compartir, muchas caricias que prodigarse. Pero para ser un primer beso, no podrían haber pedido más.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o

La clase de física era el momento más aburrido del día para Daphne. Seguramente la razón se debía a que era malísima en dicha asignatura. Siempre la había aprobado por los pelos, y gracias a la ayuda de Hermione. Pero ese año, la castaña había cambiado la física por la historia con el profesor Bagman. Daphne apoyó la cabeza contra la mesa del pupitre y cerró los ojos durante unos segundos. El profesor Crouch era de los de la vieja escuela, es decir, hablan y hablan sin parar. Lo único que los alumnos tenían que hacer era coger apuntes. Luego, al final de la clase mandaba una serie de ejercicios para poner en práctica la teoría que había explicado. Daphne podía aprenderse de memoria la teoría, pero eso de ponerla en práctica…

Draco observaba a Daphne desde el fondo de la clase. Sin duda, era mejor entretenimiento que escuchar la aburrida disertación del profesor Crouch. Él era bastante bueno en física, de hecho, era el mejor de la clase sin esfuerzo alguno. Tenía la libreta de ejercicios llena de tachones. Se sentía sumamente atraído por ella, y era algo que nunca le había ocurrido con una chica. Recordó como se había comportado ella cuando se había puesto un vestido el día anterior. A él nunca le había molestado que vistiera de forma deportiva y con pantalones siempre. Pero el verla con una pieza tan femenina, había despertado sus instintos más íntimos.

Daphne podía llegar a ser una persona muy complicada, lo sabía. Principalmente porque él era también así. Vaya par se habían juntado, pensó. Aunque de momento tampoco había nada que contar. Daphne y él no habían hablado ni habían compartido un beso ni nada romántico. Pero había cambiado tanto desde el verano. Había cambiado de cara a sus ojos, porque para el resto de la gente seguía siendo la misma chica masculina y temeraria. Draco creía que era como la princesa cisne, que durante el día se mostraba de una forma y durante la noche salía a relucir su verdadera personalidad. Lo creía de verdad, aunque el ejemplo de la princesa cisne le resultara demasiado cursi.

- Señor Malfoy, podría…-la voz del profesor Crouch fue interrumpida por el timbre que anunciaba el final de la clase. El hombre frunció el ceño y se retiró a su mesa para coger su libro y su maletín. Los alumnos ya empezaban a dispersarse.- No se olviden de realizar los 20 ejercicios de la página 98 del libro. El que no los realice contará con un punto menos de cara al examen de diciembre.

- ¡¿Qué? Este tío está loco, ha perdido el norte. –comentó a Daphne en particular. Recogía con furia el libro, la libreta y el estuche de encima de la mesa para meterlos en su mochila. Sus ojos azules lucían algo más oscuros de lo normal, por el cabreo.- ¿Cómo pretende que tengamos hechos esos ejercicios para pasado mañana? Hay vida más allá de estás cuatro paredes, joder.

- Si quieres yo te puedo ayudar…ha resolver los ejercicios, digo. No querrás tener un punto menos en el examen de diciembre ¿no? –se ofreció Draco con parsimonia y las manos metidas en los bolsillos. Daba igual que por dentro estuviera como un flan.

- ¿No tienes nada que hacer esta tarde? –preguntó Daphne con el ceño fruncido.

- Nada en particular que no pueda hacer en otro momento. Además, yo también tengo que hacer los ejercicios. Podemos hacerlos juntos y así terminamos antes. –comenzaba a pensar que no había sido una buena idea. Quizás estaba llevando las cosas demasiado lejos. Nunca antes se había ofrecido a ayudar a nadie en ninguna asignatura.

- No estés tan seguro de que terminaremos antes. Yo soy una absoluta zoquete en esta asignatura. Quiero decir que no se me da nada bien. Ni siquiera sé por qué la sigo cursando. Tendría que haberme cambiado a historia con Hermione. Claro que la historia tampoco se me da bien. –elevó la cabeza para mirarlo con sus ojos azules, que iban recuperando su tono claro habitual.- Antes me ayudaba Hermione, pero…como ya he dicho, ella ya no cursa física.

- Bueno, como has reconocido que eres mala en la asignatura, supongo que no pasara nada si digo que todo lo que tu tienes de mala yo lo tengo de bueno. –cuando ella enarcó una ceja y esbozó una medio sonrisa, el rubio añadió.- De verdad. Para mi la física es algo natural, se me da muy bien.

- No sé…supongo que podría saltarme el entrenamiento de baloncesto, aunque a las chicas no les va a hacer ninguna gracia. Hoy viene la chica nueva.

- Venga, Daphne. Te estoy ofreciendo mi ayuda, y sin que sirva de precedente, nunca me había visto obligado a insistir en esta situación.

- Está bien, está bien. Me estoy comportando como una tonta. Lo siento. Pero es que…no entiendo por qué me ofreces tu ayuda. Tú no ayudas a nadie más que a ti mismo. No lo niegues.

- No lo niego. Pero esta vez quiero ayudarte. Si me dejas, verás que la física no es algo tan complicado. Lo que pasa es que las técnicas de enseñanza del profesor Crouch están pasadas de moda y no entretienen a nadie.

- ¿La física es entretenida? –Daphne se lo quedó mirando, ajena a que ya habían comenzado a entrar los alumnos de la siguiente clase que se daría en ese aula.- ¿Cómo puede ser?

- Queda conmigo esta tarde y déjame demostrártelo. –Draco no entendía porqué insistía, pero sentía una necesidad en su interior difícil de obviar.- ¿Qué me dices?

- Está bien. –Daphne, que de nuevo vestía con pantalones, salió del aula con el rubio detrás de ella.- Aunque te aviso de que tendrá que ser algo tarde, después del entrenamiento.

- ¿No decías que no te importaba saltarte el entrenamiento? –preguntó él con una sonrisa, apoyándose contra el frío metal de una taquilla cualquiera.

- He cambiado de opinión. El partido contra Beauxbatons es demasiado importante, y si perdemos, Hermione jamás me lo perdonaría. –miró su reloj de pulsera. Tenía exactamente tres minutos para subir al piso de arriba, donde se impartía su próxima clase.- ¿En tu casa o en la mía?

- ¿Cómo? –la pregunta le pilló por sorpresa. No la pregunta, exactamente, sino la manera de formularla. Podría haber escogido cualquier otra frase hecha que no tuviera una connotación sexual en el ámbito social juvenil. Pero al mirarla a los ojos, Draco se dio cuenta de que Daphne no se había dado cuenta de nada.

- Los deberes. ¿Voy yo a tu casa o vienes tú a la mía? –repitió ella.

- Voy yo a la tuya, si no te importa. Mis padres están en casa y…bueno, no son muy partidarios de recibir visitas por sorpresa. –confesó Draco con un poco de azoramiento. Nunca le había importado demasiado lo que pensaban sus padres, pero era mejor tenerlos de buenas.

- Muy bien. Te espero… ¿a las siete y media te va bien?

- Perfecto. Yo…bueno, nos vemos en tu casa.

- Allí estaré.

- Hasta esta tarde entonces. –Draco se dio la vuelta para marcharse a un aula cercana. No es que se fuera a enterar de mucho en su próxima clase, pero…al menos haría acto de presencia. Estaba claro que durante el resto del día no dejaría de pensar en Daphne y su "cita" para hacer los deberes de física.

- Ehh…Draco…-lo llamó ella y esperó a que se diera la vuelta.- Gracias por ayudarme.

- De nada. –el rubio le sonrió por última vez y dio las gracias porque ningún amigo suyo le hubiera visto en aquella situación. Al fin y al cabo, tenía una reputación que cuidar ¿no?

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o

El viernes por la mañana, Cormac sorprendió a Pansy con una inesperada invitación. ¿Quién se iba a imaginar que haría una cosa así? La había invitado a ir a cenar con sus padres. ¡Con sus padres! Para presentarla como su novia, le había dicho. Al principio Pansy se sintió alagada porque eso significaba oficializar su relación, pero…ahora estaba nerviosísima. No dejaba de dar vueltas en su habitación y seguía sin saber qué ponerse. Aquello era peor que los minutos previos a una primera cita. ¿Cómo Cormac no le había dejado más tiempo para hacerse a la idea? Había terminado la última clase de la semana y llevaba más de dos horas encerrada en su habitación. Por suerte para ella, sus padres volvían a estar de viaje, porque lo último que le faltaba era tener a su madre entrometiéndose y haciéndole preguntas incómodas.

Desistió de llamar a Hermione, porque no podía recurrir a ella cada vez que tuviera un problema de inseguridad. No. Esta vez tendría que resolverlo ella sola. Además, conocía a los McLaggen de toda la vida. De pequeña, la señora McLaggen le había dado de merendar, el señor McLaggen la había recogido en la escuela elemental y había hecho de canguro un par de veces para Birdie. Pero nunca se había presentado como la novia de Cormac. Aquello era diferente, ya no era la vecina de al lado. Se mordió el labio inferior. Tal vez no pasara nada porque recurriera a Hermione también en esta ocasión.

Pero no, se dijo mientras alargaba la mano hacia el teléfono de la mesita de noche. Hermione ya tenía bastantes problemas con su propia vida como para preocuparse con una pequeñez como esa. Todo iba a salir bien, lo único que tenía que hacer era tranquilizarse y ser ella misma. ¿No era eso lo que decían siempre? Naturalidad ante todo. Pansy estaba convencida de que esas personas no habían tenido una primera cena familiar en la vida. Miró de reojo el reloj de la pared y chasqueó la lengua. Cormac pasaría a recogerla en cualquier momento. Se quitó el albornoz rojo y lo arrojó a la cama. Se puso la ropa interior y fue al baño para encender la plancha alisadora. Su cabello era liso de manera natural, pero…nunca venía de más una ayuda para que quedara perfecto. Mientras la plancha se calentaba, regresó a la habitación y al dilema de qué ponerse. Lo más fácil habría sido coger un vestido, de los muchos que tenía, y listo. Pero no tenía el humor para un vestido. Así que se puso unos pantalones cortos de color blanco y una blusa del mismo azul zafiro que sus ojos. Se miró en el espejo de cuerpo entero que había tras la puerta del armario. No estaba nada mal. Natural pero sin perder un ápice de su personalidad. Se volteó para coger las sandalias de esparto y poco a poco fue mejorando su opinión. En el cuarto de baño se alisó el cabello y se maquilló lo justo.

El corazón seguía latiéndole a mil por hora cuando llamaron a la puerta. Como estaba sola, bajó las escaleras a toda prisa y ella misma recibió a su novio. Le agradó comprobar que Cormac también iba vestido de manera informal y que por sus movimientos estaba nervioso. Al menos no sería la única. Recibió un beso fugaz por parte del castaño y lo dejó en la entrada para subir a recoger su chaqueta y su bolso. Cuando bajó, Cormac estaba sentado en el último escalón de la escalera. Nuevamente se mordió el labio inferior y se sentó a su lado. Se cogieron de la mano casi de manera instintiva.

- ¿Nerviosa? –preguntó él mirándola con una sonrisa en los labios.

- Como un flan. ¿Cómo se te ha ocurrido hacer algo así? le recriminó de una manera dulce.

- Quería hacer oficial lo nuestro. Mi familia es muy importante para mí, y ahora también lo eres tú de una manera especial. –Cormac tosió antes de continuar.- Eres la primera chica que llevo a que conozcan.

- Pero si ya me conocen. –observó Pansy enternecida por las palabras del castaño.

- Te conocen como la chica de los Parkinson, no como mi novia. –aclaró él.

- Debe de ser por eso que estoy tan nerviosa. No me irán a comer, ¿verdad? –enfocó sus ojos azules hacia el rostro de él y esperó.

- Pans… -Cormac le llevó una mano hacia la mejilla izquierda.- Estás muy guapa, ¿lo sabes? –le dijo antes de inclinarse hacia delante y atrapar sus labios con los suyos en un beso candoroso.

- Cormac…te quiero. –las palabras salieron de su boca como un torrente que no encuentra dique alguno. Era la primera vez que se las decía a un chico o a alguien que no fuera de su familia. Pero sintió que era el momento adecuado para decirlas. No dejó de mirar sus ojos y sintió un cosquilleo extraño en el estómago cuando él sonrió. No eran mariposas, de eso podía estar segura, eran otra cosa, aunque aun no sabía el qué.

- Yo también te quiero, Pansy. –correspondió él ofreciéndole su corazón de una manera silenciosa cuando volvió a besarla, esta vez de manera más apasionada y tomándose todo el tiempo del mundo para saborearla. Cuando se apartó, apoyó su frente contra la de ella.- ¿Por qué me haces sentir tan bien?

- No creo que te hagas una idea de lo bien que me haces sentir tú también a mí. –la sensación en su estómago se incrementó, pero seguía sin saber qué era. Movió los labios para darle un último besito rápido y se apartó de él para levantarse.- Será mejor que nos vayamos moviendo ¿no?

- ¿Nerviosa aún? –Cormac también se levantó y la cogió de la mano.

- Más que antes. –Pansy se dio la vuelta para poder seguir mirándolo a los ojos.- Esto va enserio ¿no?

- Muy enserio. He tardado diecisiete años en decidirme a dar el paso, y no te pienso dejar escapar.

- No pienso ir a ninguna parte. –sonrió la morena antes de salir de su casa y cerrar la puerta.

El hogar de los McLaggen se encontraba dos casas a la izquierda. Caminaron de la mano por la vereda asfaltada y alumbrados por las farolas de los jardines colindantes. A esas horas de la noche, no había nadie en la calle, tan solo algún que otro vecino paseando a su perro. Era un barrio residencial muy tranquilo y plagado de familias. La mayoría llevaba viviendo allí desde siempre y todos se conocían al menos de vista. Para Pansy, era la primera vez que caminaba de la mano de un chico por aquella calle. Siempre se preguntó cómo sería, y la realidad había superado con creces a toda su imaginación. Aun le costaba verse como la chica dichosa que era.

Arribaron a la casa más pronto de lo que esperaba. Si Cormac estaba nervioso, no lo dejaba traslucir. Su chico era como un muro, seguro y protector. Las luces del salón y el comedor estaban encendidas. Los señores McLaggen eran pasantes de arte y solían viajar por todo el mundo. Pero siempre se las ingeniaban para estar, al menos, uno de ellos con sus dos hijos. Birdie era la hermana pequeña de Cormac. Tenía seis años y Pansy era una de sus personas favoritas en el mundo. Sintió como el castaño le oprimía la mano que tenía sujeta y levantó la cabeza para mirarlo. Cormac se rió al ver como ella respiraba hondo y se atusaba el cabello con una mano. Chicas, pensó. Hacia dos días que había hablado con sus padres para celebrar esa cena y aun no se podía creer lo encantados que se habían mostrado. Al contrario que la mayoría de sus amigos, los McLaggen eran un núcleo familiar muy unido y él, particularmente, sentía devoción por su hermana pequeña.

- Que comience el espectáculo. –dijo antes de abrir la puerta y entrar en la casa. Era una frase hecha que para nada se correspondía con la realidad, pero le encantaba como sonaba. Pansy le dio un golpecito en el brazo y él rió con más fuerza.- ¡Mamá, Papá! Ya estamos aquí.

Patricia McLaggen salió de la cocina con un vaso de ponche en la mano. Era una mujer castaña y menuda, con una sonrisa dulce en el rostro. Su hijo Cormac se parecía mucho a ella físicamente. Pansy respiró tranquila al ver que iba vestida de manera sencilla, como ella. El señor McLaggen apareció detrás de su esposa. Llevaba puesto un delantal dejando constancia de que él era el chef esa noche. Unos centímetros más alto que su hijo, siempre contaba con un par de chistes en la manga. Los McLaggen se abrazaron por la cintura y se quedaron mirando a su hijo mayor y a su novia. Era muy emocionante para ellos. El tiempo pasaba demasiado deprisa cuando se era feliz.

- Pero que guapa vienes, Pansy. –observó la señora McLaggen.- Y ese pelo, a Birdie le va encantar. Está ahora pasando la fase de "quiero ser peluquera", pero tranquila, no dejaré que se acerque a él.

- Gracias, señora McLaggen. No se preocupe, estaré encantada de dejar que Birdie me peine. –dijo ella con una sonrisa y apretando la mano de Cormac.

- Espero que vengáis con hambre. –el señor McLaggen movió las pinzas de cocinar que llevaba en la mano izquierda. Después olisqueó el ambiente y añadió.- Ups, se me queman las hamburguesas. –salió corriendo hacia la cocina.

- No le hagáis caso, lo tiene todo controlado…espero. –comentó la señora McLaggen.- ¿Qué tal tus padres, cielo?

- De viaje. –Pansy se quitó la chaqueta y el bolso y se los dio a Cormac para que los colgara en el perchero del vestíbulo. La señora McLaggen aprovechó el momento y se colocó en el sitio que antes ocupaba su hijo. Le pasó un brazo por los hombros a la morena y la condujo hacia el salón.

- Es una lástima. Bueno, supongo que ya tendremos ocasión de reunirnos todos en el futuro. –bajó el tono de voz para que solo pudiera oírlo Pansy.- Me alegro de que seas tú, cielo.

- Gracias.

- Y llámame Patricia, señora McLaggen me hace sentir más vieja de lo que soy. –rió la mujer. Soltó el agarre de Pansy y le dio un beso en la mejilla a su hijo al pasar por su lado.- Voy a ver donde está Birdie. Es extraño que no haya bajado ya a verte. –salió del salón dejándolos a los dos solos.

- Tampoco ha ido tan mal ¿no crees? ¿Aun estás nerviosa? –Cormac se inclinó hasta pegar su cabeza contra el cuello de Pansy.- Mi madre tiene razón, estás muy guapa.

- Gracias. Y si, aun sigo nerviosa. –le rodeó la espalda con los brazos y sintió su corazón latir contra su pecho.- Aunque me alegro de que lo hayas hecho. Significa mucho para mí.

Cormac levantó la cabeza para mirarla a los ojos. Sintió la imperiosa necesidad de besarla. Sus palabras significaban mucho para él. Su familia era lo más importante y ahora sentía que Pansy formaba parte de ella. Eran un todo que no se podía separar. Y nunca se había sentido tan feliz en la vida. La besó regodeándose en el momento, ahora que estaban solos. Pero en una casa con niños pequeños, siempre había que estar preparados para su entrada.

- ¡Pansy! –gritó una vocecilla que se acercaba corriendo desde el vestíbulo. Birdie McLaggen era una niña adorable de cabello rubio y perspicaces ojos marrones. Sentía absoluta devoción por su hermano mayor, y Pansy era una de sus personas favoritas en la tierra, como solía decir ella misma. No se dio cuenta de que interrumpía un momento íntimo entre los dos jóvenes y se puso a saltar cuando llegó a su altura.- Cormac me dijo que vendrías a cenar y has venido.

- Claro que he venido. No me lo habría perdido por nada del mundo. –Pansy se agachó para estar a la altura de la pequeña.- A mi Cormac me ha dicho que te han dado el papel de hada madrina en La Cenicienta.

- ¡Siii! ¿Vendrás a verme al teatro de la escuela? Cormac dice que eres su novia ahora, pero puedes ser mi amiga de todas formas. –Birdie mostró su semblante más dulce y cogió a Pansy de la mano para ir a sentarse al sofá mientras esperaban la cena.

- Lo tendré en cuenta. –le revolvió el cabello rubio.- Claro que iré a verte al teatro. Estoy segura de que serás un hada maravillosa.

- Mamá me va a comprar una varita con forma de estrella. –explicó la niña sentándose en medio y recostando su cuerpo en el pecho de su hermano. Pansy y Cormac se miraron por encima de la figura de la pequeña y sonrieron. Parecía que alguien había reclamado su espacio.- Ahora que eres novia de Cormac, ¿vendrás más veces a casa?

- Bueno, no sé. Es probable.

- A mi no me importa que vengas, así podemos jugar a hacer peinados. Me gusta mucho tu pelo, ¿sabes? Podría hacerte unas trenzas y unas coleteas. Tengo unos pasadores con flores azules y amarillas que quedarían muy bien. ¿Me dejas pintarte las uñas?

- Ehh…

- ¿Por qué no cenamos primero y después Pansy deja que le hagas todo eso? –propuso Cormac guiñándole un ojo a la morena. Esta tenía un poco cara de espanto ante lo que le esperaba a su cabello.

- ¡Vale! Voy a ver si papá ya ha terminado de hacer la cena. –Birdie se bajó de un salto del sofá y se marchó corriendo.

- Tranquila, antes de que termine de cenar estará pidiendo irse a dormir. –le aseguró Cormac salvando el espacio que había entre los dos y abrazándola por la cintura.- Te has asustado, ¿verdad?

- Bueno…es que mi pelo…me ha costado mucho alisarlo. Y…no quiero terminar la primera cena con tus padres con el pelo como si acabara de salir del musical Hairspray. –confesó Pansy haciendo una mueca de descontento.

- Tienes suerte de que yo sea tu novio. –afirmó Cormac sin dejar de mirarla a los ojos.

- ¿Si, y eso por qué? –preguntó la morena exhibiendo una medio sonrisa.

- ¡A cenar! –llamó la señora McLaggen y tuvieron que dejar la conversación ahí.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o

El primer partido de las Veelas se celebró el sábado por la mañana. El ambiente en el polideportivo del instituto era sumamente festivo. Siempre lo era cuando las que jugaban eran las Veelas. La mayoría de los que estaban allí, iban para verlas a ellas. Al fin y al cabo, era el conjunto de chicas más popular del instituto. Todas las chicas seguían a las Veelas y todos los chicos se morían por sus huesos. Ninguno de los dos grupos las conocía de verdad, pero así era como funcionaba el entramado social de los adolescentes. El hecho de que jugaran contra el equipo de Legacy era un aliciente más. Las chicas del internado francés poseían un aura especial, capaz de embrujar hasta al más escéptico.

En los vestuarios del equipo, las chicas se afanaban en vestirse con el uniforme rojo y el escudo del instituto cosido a la izquierda. El ambiente era tenso, aunque no entre ellas. Estaban más bien pensando en sus adversarias. La única que permanecía ufana y con una sonrisa de oreja a oreja era Ginny Weasley. La recién llegada al equipo no estaba enterada del enfrentamiento que desde tiempos inmemoriales se vivía entre Hogwarts y Legacy. Aunque en la última generación, esa rivalidad había trascendido al ámbito personal entre las chicas. Hermione en particular no podía estar en la misma habitación que la nueva capitana del equipo contrario. Theodora Sheen había sido una de las muchas conquistas de Cedric durante su relación, y que no se había molestado en ocultar. Pero la cosa no terminaba allí. De pequeñas, Theodora y Hermione habían compartido juegos y secretos. Todo terminó cuando Theodora traicionó a Hermione revelando sus secretos a sus compañeras del internado francés. Tampoco Daphne les tenía en mucha estima. Los adjetivos con los que se referían a la castaña hacían que saliera su lado más masculino a relucir. Pansy se limitaba a hacer como que no existían, su orgullo no le permitía pararse a pensar en ellas ni un solo segundo. Claro que cuando era necesario, una sola mirada de sus ojos cristalinos bastaba para hacerlas retroceder. Lavender y Luna eran las que menos conflictos tenían, pero se solidarizaban con sus compañeras.

- Ginny, jugarás el primer tiempo en el sitio de Luna, ¿de acuerdo? –dijo Hermione atándose los cordones de sus zapatillas de deporte. Se había hecho una coleta alta con su cabello castaño.

- Vale. –contestó la pelirroja.- Pero no se muy bien lo que tengo que hacer. Quiero decir que no se como juegan esas chicas ni que tácticas tienen.

- Juegan a matar. –intervino Daphne.- Porque son un atajo de matonas. Ahí tienes la respuesta. Hermione no te lo diría así porque ella es demasiado femenina, pero yo…-se encogió de hombros.- Me gusta llamar las cosas por su nombre.

- Daphne tiene razón. Esas chicas no dudaran en empujarte y atosigarte si con eso consiguen quitarte la pelota. Por eso, tienes que pasarla rápidamente, antes de que lleguen a ti. –le explicó Pansy, que ya estaba lista para salir a la cancha.

- Estoy empezando a tener miedo. –Ginny tragó saliva mientras terminaba de ponerse la camiseta.- ¿Debería de preocuparme?

- No. Es cierto que juegan sucio, pero nosotras jugamos mejor al baloncesto. –afirmó Hermione.- Hay pocos equipos que puedan quitarnos la pelota cuando la tenemos en nuestro poder.

- Intentaré no defraudaros. –la pelirroja se puso de pie y respiró hondo.

- No vas a defraudarnos. –le aseguró la castaña.- Pero tienes que estar prevenida, sino te comerán viva.

- ¿Puedo preguntar de donde viene esa rivalidad entre los dos institutos?

- La general se remonta a un par de siglos de antigüedad, cuando los dos internados (en aquella época Hogwarts también era un internado) peleaban por acoger a los niños de las familias más ilustres. Los directores de ambos eludían a su colegio como el mejor de toda Inglaterra y el más prestigioso. –explicó Hermione echando una ojeada al pasillo que las llevaría hasta la cancha.- La actual es personal. Theodora me traicionó hace unos años.

- Ahh. –Ginny no supo que responder a eso. Estaba claro que si era personal, no tenía porqué influirle a ella.

- Procura que no se den cuenta de tu talón de Aquiles. –le aconsejó Lavender.- Como se enteren de que tienes un tobillo más flojo que el otro, no dudaran en pisotearlo para que te lesiones y así ganar el partido de manera más fácil.

- Eso es jugar sucio. –frunció el ceño y comenzó a pensar en las chicas de Beauxbatons como sus enemigas.

- Ya te lo he dicho. Son unas matonas. –recalcó Daphne.

- Bueno, chicas, ya tenemos que salir. –anunció Hermione mirando el reloj que había colgado en la pared. Todas se arremolinaron en círculo y unieron sus manos.- Recordad: nosotras jugamos para ganar no para matar.

- Es fácil decirlo ahora, pero cuando estás ahí afuera solo quieres apretarles el cuello hasta que dejen de respirar.

- ¡Daphne! –le medio reprendió Hermione, aunque no puedo evitar reírse al final.

- ¿Qué pasa? Es la verdad. –contestó la aludida con un encogimiento de hombros.

- Pero no vamos a hacer nada eso. Vamos a ganar limpiamente, como siempre hacemos. –las chicas chocaron las palmas de las manos y comenzaron a salir por la puerta. Pansy agarró a Hermione por el brazo y la obligó a retrasarse un poco.- ¿Qué?

- ¿Cómo que qué? ¿Qué te pasa, Herm? Tienes una cara…-observó su mejor amiga. Hermione sabía que a Pansy no podía engañarla.

- Mi madre organiza esta noche una fiesta…y vendrá Cedric. –suspiró.- Tendré que hacer el paripé porque también vendrá gente importante del mundo empresarial.

- ¿Y no te puedes escaquear?

- No, porque todos saben que cuando cumpla los dieciocho las empresas pasaran a mis manos. Todos esperan que le ceda a mi madre los derechos o un porcentaje mayoritario de acciones, pero… no quiero pensar en eso ahora.

- Bueno, pues cuando nos enfrentemos a esas matonas…-no pudo continuar porque Hermione comenzó a reírse.- ¿Qué pasa? Daphne tiene razón, son unas matonas.

- Lo son.

- Pues eso, cuando estemos ahí fuera pelándonos por la pelota, imagínalas con la cara de Cedric o la de tu madre.

- Es una buena táctica.

- Lo es.

- Gracias, Pans. –le apretó la mano de manera sentida.

- Para eso estamos.

Las chicas se reunieron en la cancha con el resto de sus compañeras. Hermione y Theodora se echaron una mirada que dejaba pocas dudas a los sentamientos que albergaban la una por la otra. Y cuando la señora Hoch tocó el silbato, comenzó el primer partido de la temporada entre Hogwarts y Legacy.

Nota autora: el partido de baloncesto lo interrumpo aquí porque no tiene nada trascendental. Lo importante es que Ginny se ha unido al equipo.