Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling, yo solo los tomo prestados y trastoco un poco más sus vidas.
Muchísimas gracias por todos los comentarios que sigo recibiendo.
Capítulo 14: Cambios.
El mes de diciembre trajo consigo las primeras nieves del invierno. Pasadas dos semanas desde la pelea entre Ron y Cedric, las cosas habían vuelto a la normalidad. El pelirrojo se había incorporado a sus clases y a los entrenamientos con el equipo de fútbol; además, para complacencia de su madre, se había unido a la banda del instituto. La señora Weasley creía que manteniendo a su hijo ocupado le daba menos tiempo para meterse en problemas. El señor Weasley no estaba seguro de que algo se pudiera hacer para encarrilar a Ron. Este, ajeno por expreso deseo, de los pensamientos de sus padres, intentaba pasar todo el tiempo posible con Hermione.
La castaña, por su parte, estaba preocupada por otra cosa que ocurría todos los diciembre: los exámenes finales de trimestre. Siendo una alumna tremendamente aplicada y responsable, se creía capaz de robar horas al reloj ara estudiar. Al principio intentó hacerlo con Ron en su casa o en la casa de él. Pero pronto aquello se demostró una misión imposible. El pelirrojo se mostraba mas interesado en observarla a ella y en jugar con los rizos de su pelo que en estudiar. Sus sesiones terminaban con ellos dos pasando la mayor parte del tiempo besándose mientras los libros quedaban olvidados en un rincón.
Pansy tampoco mostraba la misma devoción que ella por los estudios; era más de dejarlo todo para última hora, al igual que Daphne. Ademas, esta última llevaba un mes comportándose de forma extraña. Quizás ella había pasado demasiado tiempo con Ron y demasiado poco con sus amigas, pero intuía que había algo que a Daphne le preocupaba. Así que estaba completamente sola para aprovechar el tiempo en la biblioteca, sin interrupciones, sin distracciones.
La biblioteca del instituto estaba casi vacía a aquellas horas de la tarde. Sobretodo aquel día en que la nieve había inundado los jardines y los tejados. Los alumnos más jóvenes se entretenían haciendo muchos de nieve y ángeles, mientras que los mayores llevaban las cosas más al límite y se enzarzaban en guerras de bolas de nieve bastante competitivas. Hermione miró por la ventana y suspiró antes de volver su atención a la combinación de libros desplegados sobre la mesa. En una libreta, con letra pulcra y apretada, se hacía resúmenes que le facilitarían más las cosas. Sin embargo, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas parecía que su mente no era capaz de abstraerse el tiempo suficiente de su caótica vida de los últimos meses.
Muchas cosas habían pasado y su corazón adolescente había sufrido demasiadas sacudidas. No había sido normal el modo en el que había perdido a su amiga Luna, su ruptura con Cedric tampoco se podía clasificar como civilizada a tenor de los últimos acontecimientos. Y su relación con su madre se podía etiquetar como tensa, amarga...un camino lleno de bombas.
Pero les bastaba con volver a mirar por la ventana para que a sonrisa regresara a su rostro. Ron reía como un chiquillo mientras lanzaba bolas de nieve a sus amigos y los perseguía alrededor de los jardines. El pelirrojo era de los muchos que se había unido a la algarabía de los mas pequeños y se habían hecho con la diversión. Vio como reunía nieve suficiente pata hacer una bola y corría detrás de Dean Thomas para lanzársela. Rió al ver como reparaba en ella y se la quedaba mirando embobado, omento que aprovechó Dean praa vengarse. Hermione se llevó una mano a la boca para no hacer ruido y movió la cabeza al ver como Ron se reponía y corría detrás de su amigo retomando la lucha.
-¿Qué haces aquí sola? Recuerdo que la nieve era uno de tus pasatiempos favoritos. Te pasabas todo el año esperando a que cayesen los primeros copos. -dijo una voz a su espalda.
Hermione dio un respingo ante aquella intrusión inesperada. Se dio la vuelta y se quedó mirando aquellos ojos verdes que una vez la había conocido tan bien. Parecía que había pasado una eternidad. Pero Harry tenía razón: en otro tiempo, en otro lugar...ella había amado la nieve. Ahora, pisarla solo le producía un dolor opresivo en el corazón. Harry Potter había sido su mejor amigo hasta que tras la muerte de su padre ella se desmoronó y terminó en los convenientes brazos de Cedric. Aunque no sería justo echarle toda la culpa al castaño. Ella se había dejado llevar, influenciar, caer en la tela de araña hasta que fue demasiado tarde. Había mantenido el contacto con Harry, después de todo. Y se sentía culpable por el daño que Cedric le hizo mientras estaban juntos. Recordaba bien a Susan Bones, una chica buena y sencilla que había sido el primer amor de Harry. Sintió como se sonrojaba y bajó la cabeza.
Siempre le había encantado la nieve...hasta que murió su padre. Desde entonces no había vuelto a disfrutar de un día blanco. Todo se volvía demasiado doloroso e insoportable. El recuerdo de su padre veló fugazmente sus ojos de tristeza y una lágrima amenazó con derramarse.
Harry la observaba en silencio, incapaz de moverse o decir algo más. Había pensado que aquella era su oportunidad. Hacia mucho tiempo que quería acercase a Hermione, pero siempre había algo o alguien que se lo impedía. Se dijo que aquella que tenia delante era su mejor amiga, que siempre lo había sido a pesar del tiempo separados. Sentía por ella un amor profundo, fraternal y verdadero; y era capaz de leer como nadie como se sentía en cada momento. Había odiado con todas sus fuerzas la máscara que ella se había puesto tras morir su padre. Pero ahora, al mirarla a los ojos, se dio cuenta de que la verdadera Hermione siempre estuvo ahí.
- Harry. -susurró finalmente Hermione para no llamar la atención de la bibliotecaria.
- ¿Cómo estás, Hermione? -preguntó Harry apartando una silla y sentándose a su lado. Era extraño volver a mirar esos ojos dorados tan de cerca y, al mismo tiempo, tan natural y tan íntimo. Las palabras se le agolpaban en la garganta, como si estuvieran peleando a ver cual salía primero.- Te he echado de menos todo este tiempo.
- Lo siento mucho, Harry. -dijo ella bajando la mirada de nuevo. Enfrentarse a los ojos verdes de Harry era también hacer frente a las decisiones que había tomado durante los dos últimos años, sobretodo las malas.
- ¿Por qué te disculpas? No fue culpa tuya. Además, si tu te disculpas, yo también tengo que hacerlo. Yo también dejé que todo ocurriera y dejé que dejaras de ser mi mejor amiga.
- ¿Y donde nos deja todo eso?
- No lo sé. Supongo que dependerá de lo que quieras hacer tú. Yo he venido hasta a ti; he hecho mi parte del trabajo. -afirmó Harry con una medio sonrisa.
- No soy la misma persona que fue tu amiga.
- Te equivocas. Yo creo que mi amiga está volviendo a resurgir.
- ¿Por qué dejé que pasara todo eso, Harry? -preguntó Hermione tapándose la cara con las manos.- Tengo la sensación de que arruino todo lo que toco.
- Creía que ya habíamos llegado al acuerdo de que nada de lo ocurrido fue culpa tuya. -le quitó las manos del rostro.- Hermione tienes que dejar de sentirte culpable por ser quién eres.
Hermione lo miró sorprendida.
Harry había conseguido atrapar en esa frase toda su desesperación. Aunque quizás lo que ocurría es que estaban cerca de la navidad y que estaba nevando fuera y que para ella amabas cosas eran sinónimo de tristeza y perdida. Pero Harry tenia razón. Se suponía que estaba renaciendo la antigua Hermione, o la nueva, como ella prefería pensar. Era demasiado dura consigo misma. Luna también supo captarlo en su momento. Suspiró al pensar en su amiga; Harry, Luna y ella se habían conocido en preescolar y hasta hacía dos años habían sido como una piña. Luego pasó lo que pasó y la rubia tomó partido por Hermione.
- ¿Puedo abrazarte? -preguntó finalmente con la emoción por el recuerdo de Luna pintada en su rostro. Harry abrió sus brazos, conmovido por la vulnerabilidad de ella, y se abrazaron.
- ¿Esto significa que volveremos a ser amigos? - preguntó Harry aun pegado a ella.
- Nunca dejamos de serlo.
- Así que ahora sales con Ron Weasley, ¿no? -dijo Harry pillándola desprevenida.- Es mucho mejor que tu anterior opción. Ron es un buen tío.
- Lo sé.
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Blaise Zabini estaba nervioso. Él quería hacer las cosas bien para con Lavender, pero no las tenía todas consigo. Era cierto que desde el funeral de Luna habían vuelto a estar juntos. Pero las cosas no eran igual que antes; Lavender no se comportaba como antes y era, en parte, esta la razón por la que volvía a sentirse atraído por ella. Y por eso y porque quería hacer las cosas bien, se encontraba un sábado por la noche delante de la casa de Lavender y no pillándose una cogorza y divirtiéndose con sus amigos.
Llamó al timbre y salió a abrirle la señora Brown. Se conocían desde que el chico era pequeño y habían entablado una relación de respeto mutuo cuando él comenzó a salir con Lavender. Sin embargo, el semblante de Aurora Brown en aquellos momentos era de todo menos amistoso. Sus ojos azules lo miraban con frialdad y en sus labios había estampado un signo de desaprobación. Por fortuna para él, Lavender apareció bajando las escaleras, le dio un beso a su madre en la mejilla, le dijo que sería prudente y no llegaría muy tarde y los dos salieron al frío clima del invierno.
Lavender caminaba mostrando una seguridad que en realidad no sentía. Se sentía así desde que había vuelto con Blaise, a pesar de que ninguno había pronunciado las palabras de la reconciliación. Se había peleado con su madre por él. La señora Brown no entendía por qué su hija volvía a salir con un chico que le había hecho tanto daño. Pero Lavender ni sabia ni quería estar sola. Así que el moreno era su tabla de salvación en esos momentos. Mientras caminaban en silencio de camino al restaurante, la rubia se encontró pensando en Seamus. Sentía mucho que las cosas hubieran terminado tan mal entre ellos dos cuando acababan de empezar. Seamus era la clase de chico que le habría encantado a su madre: respetuoso, atento, cariñoso, inocente y, sobretodo, incapaz de hacerle daño.
Al contrario, había sido ella la que le había hecho daño a él.
¿Qué hacía pensando en Seamus cuando salía a cenar con Blaise?
Lavender se sonrojó y apretó la mano del moreno para disimular.
Todo el mundo se merece una segunda oportunidad, se dijo. Era cierto, Blaise había cometido muchos errores en el pasado. Pero estaba allí con ella. Y la había invitado a cenar a aquel restaurante porque sabía que a ella le gustaba.
Entraron en el local y agradecieron el ambiente calentito que los recibió. Un camarero los acompañó hasta su mesa, en un apartado muy íntimo y coqueto. Lavender se quitó el abrigo y, por primera vez esa noche, sonrió a Blaise.
- Gracias. -le dijo cogiendo su mano por encima de la mesa.
- No hay de qué. -Blaise aparto la mano delicadamente y cogió el menú que había a su derecha.- ¿Qué te apetece cenar?
Si el gesto del chico contrario a Lavender, esta no lo dijo.
El mismo camarero que les había recibido, recogió el encargo para la cena. Lavender levantó la cabeza para mirar a Blaise. El chico, que tenia la mirada en otro lado, giró la cabeza al saberse observado. Enarcó una ceja dando pie a que la rubia comenzara a hablar. Él, por su parte, no sabia que tema sacar para que los dos tuvieran una amigable charla. Había olvidado que sus relacion con Lavender no se caracterizaba por la fluidez de las palabras (o la conversación).
- Bueno...-dijo finalmente la chica.- Gracias por traerme aquí.
- No hay de qué. -cogió la copa de agua y la apuró de un trago.
- Blaise... ¿tú me quieres?
- ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Hombre, pues yo siria que una normal entre dos personas que están saliendo juntas.
- ¿No crees que vas un poco deprisa?
- Pansy y Cormac se quieren; y estoy casi segura de que Ron y Hermione también.
- Pero tú y yo no somos Pansy y Cormac, o Ron y Hermione.
- ¿Entonces qué somos?
- No te agobies, Lav. -y de paso no me agobies a mi, pensó Blaise. ¿A qué venía todo aquello?
Tras un largo e incómodo silencio, el camarero trajo la cena, aunque ninguno de los dos tenia ya apetito.
¿Por qué seguimos juntos?, pensó Lavender. ¿Estamos juntos realmente?
Sintió como una lágrima rebelde amenazaba con abandonar su ojo izquierdo y no estaba dispuesta a que el moreno la viera llorar de nuevo por culpa. Estaba claro que había sido una mala idea salir con él esa noche. ¿Por qué siempre se tenía que enamorar de los chicos malos? Por segunda vez esa noche se encontró pensando en Seamus. Sabría cual habría sido la respuesta del castaño sin dudar, y sabia que no se sentiría tan estúpida como en ese momento mientras continuaba esperando a que Blaise contestara a su pregunta.
- Es una pregunta bien sencilla, Blaise. ¿Qué somos tú y yo? Si no eres capaz de contestar a esa pregunta, está claro que estamos cometiendo un error. -dijo Lavender armándose de valor y decidida a sacar provecho de aquella nefasta noche.
- Lav, tú sabes que me gustas, y que lo pasamos bien juntos. -se vio obligado a decir el moreno con la esperanza de dar por zanjado el tema.
Y en otro momento lo habría conseguido, pero esa noche...
- ¿Eso es lo que soy para ti, Blaise? Alguien con quien pasar el rato. -resumió Lavender levantándose y yendo corriendo hacia el cuarto de baño.
- Lav, espera. -dijo Blaise, pero ella ya se había ido.- No quería decir eso, al menos no así. -murmuró para si mismo mientras se pasaba una mano por el cabello.
La había cagado bien.
No debería haber invitado a Lavender a salir esa noche, ni ninguna otra. Pero había algo en su interior, no sabia explicar qué, que le atraía irremediablemente hacia ella. Tal vez fuera su complejo de perrito faldero, su inseguridad, o su necesidad de ser querida. Pero Blaise era aun muy joven y no estaba preparado para comprometerse con nadie.
El mundo estaba lleno de chicas y Blaise estaba deseando adentrarse en él.
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Una vez terminado el castigo de Ron, el grupo se reunió en un parque cercano a la residencia de Cormac. A su parecer tenían muchos asuntos que tratar. Principalmente los mismos por los que Pansy había convocado las ultimas dos reuniones. La morena aun seguía preocupada por la situación de Cedric. No podía evitarlo, por mucho que sus amigas y su novio discutieran con ella por eso. Pero en el fondo, la reunión era una excusa para reunirlos a todos. Pansy sentía que desde lo de Luna el grupo se había fragmentado y cada uno había seguido su camino. Ella, la primera, no le importaba reconocer que había buscado refugio en los brazos de Cormac y se había quedado con él. Pero también Hermione se había apoyado en Ron, Daphne se había retraído aún más y Lavender... Bueno, Lavender seguía siendo Lavender. Y eso en lo que se refería a las chicas. No tenía ni tiempo ni fuerzas para averiguar cómo lo estaban pasando los chicos.
- Pansy, creo que deberías abstenerte de mencionar el tema de Cedric. -le dijo Cormac antes de que aparecieran los demás. Como siempre, habían llegado los primeros.
- ¿Y de qué se supone que vamos a hablar? -Pansy se cruzó de brazos en el banco de madera donde estaban sentados.
- De nosotros mismos. -Cormac le cogió las manos con las suyas.- Mira, tienes razón en que desde lo de Luna, el grupo está más dispersado. Aprovechemos esta reunión para recordar que somos amigos y que lo pasamos bien juntos.
- Sigo pensando que deberíamos hacer algo con Cedric.
- ¿Por qué? -preguntó Cormac sorprendiendo a su novia.- Yo pienso igual que Hermione. Nosotros no podemos hacer nada por él, Pans. Solo mantenernos alejados de su camino.
- No te reconozco, Cormac. -dijo Pansy apartándose ligeramente del chico para poder mirarlo a los ojos.
- No es eso. Lo que ocurre es que nunca antes te había llevado la contraria. -vio como la morena volvía a cruzarse de brazos.- ¿Ves lo que ha conseguido? Ha hecho que discutamos, y eso que no se encuentra a nuestro lado.
- No quiero discutir contigo, Cormac.
- Pans, no puedes salvar a todo el mundo.
- ¿Crees que no lo sé? -preguntó ella llorosa.
- ¿A qué viene esto, Pansy? ¿Qué no me estás contando?
- No pude salvar a Luna. Y ahora tampoco voy a poder salvar a Cedric... Era nuestro amigo.
- Pansy...
Cormac iba a decir algo más, pero se limitó a abrazar a su novia. La chica se resistió un poco al principio, pero pronto sucumbió a los ruegos del castaño. Habían descubierto una grieta en su perfecta relación. Y Pansy también había descubierto su miedo a estar sola, a que sus amigos la abandonaran, a que Cormac la dejara. De sus labios escapó un largo sollozo.
- No me dejes nunca. -sollozó de nuevo.
- Me estás asustando, Pans.
- Prométemelo.
- Te lo prometo; nunca te dejaré. -afirmó Cormac dándole un beso en la cabeza.
Pansy se fue calmando en los brazos de su novio. Apoyó la cabeza en su pecho y se concentró en la respiración regular de este. Parecía que el trauma por lo ocurrido con Luna, sumado al incidente con Cedric, habían abierto su caja de inseguridades. Cormac la abrazó con fuerza, haciéndole sentir su amor verdadero de adolescente. No entendía cómo habían terminado así y, conociendo a Pansy, suponía que tardarían en volver a tratar el tema. Él tenía sus razones para negarse a ayudar a Cedric. No es que fuera un desaprensivo ni nada por el estilo. Simplemente habían heridas que no sanaban nunca.
Pasaron diez o quince minutos y el grupo se fue reuniendo.
Habían llegado todos en parejas.
Hermione no se soltaba de la mano de Ron, sobretodo después de lo que le había dicho su madre. La señora Granger había tomado una decisión que era innegociable. Ron todavía no lo sabía; pero Hermione estaba segura de que se sentiría tan desolado como ella al conocerla. Durante la última semana su relación se había vuelto más estrecha, más íntima. Ron había pasado un par de noches con ella. Hermione aun no se creía que hubiera encontrado en Ron a la pieza del puzzle que la completaba. Lo suyo había sido casi amor instantáneo, aunque al principio era cierto que el pelirrojo la desconcertó.
Daphne y Draco, por su parte, también llegaron juntos. No iban cogidos de la mano, se notaba en el ambiente que la relación había cambiado. ¿En qué sentido? Eso aun no lo sabían ni ellos mismos. De momento, el rubio había conseguido que Daphne se relajara un poco y aceptara todas sus muestras de cariño, cuando estaban solos, eso si. Draco nunca se había visto en la tesitura de ser él quién tuviera que hacer el trabajo afectivo en la relación.
Lavender llegó con Blaise. El chico se sentía culpable por cómo había salido su cita del sábado. No había sido nada prudente en sus contestaciones. Como consecuencia, la rubia ni le prestaba más atención de la necesaria. Se sentó en el banco junto a Pansy y Cormac y no abrió la boca.
- ¿Qué pasa, chicos? -preguntó Hermione para romper el hielo.
- Nada. Que hace varios días que no nos vemos. -se apresuró a contestar Cormac.- ¿Verdad, Pans?
- Si. Echo de menos pasar tiempo con mis amigas. -dijo la chica alargando una mano para coger la de Hermione.- Es como si en cierto modo todos tuvierais ya puesta la mente fuera de aquí.
- No seas tan dramática, Pansy. Aun queda mucho para el verano y el momento de abandonar Plymouth. -dijo Daphne llamando la atención de Draco. Él no había pensado en eso tampoco.
- ¿Es que te vas a algún lado, Daphne? -Lavender se adelantó a Draco.
- Bueno, quería esperar un poco más para asimilar la noticia pero...-Daphne se mordió el labio inferior y miró a Draco de reojo mientras añadía.- Me han concedido una beca deportiva en la Universidad de Brown, en Estados Unidos.
- ¡Wow, Daphne eso es fantástico! -exclamó Hermione adelantándose para abrazar a su amiga.
El resto de los presentes se quedó un poco estupefacto con la noticia. Todos sabían que el próximo curso ya no iban a estar juntos, pero la confirmación por parte de Daphne era como un jarro de agua fría. Pansy se echó a llorar, Blaise miró hacia otro lado, incómodo, Cormac volvía a consolar a su novia, Ron lo observaba todo con mucha cautela, y Draco había cambiado por completo el semblante de su rostro, incluso se le veía más pálido de lo habitual.
- Pero, bueno, ¿qué son esas caras? -preguntó Hermione con los brazos en las caderas.- ¿Es que no os alegráis?
- Es que Estados Unidos está muy lejos. -sollozó Pansy.
- Son seis horas de avión, y con el cambio de hora ni te enteras. -dijo Daphne compadeciéndose de su amiga y agachándose para darle un abrazo. Ladeó la cabeza para que sus ojos se encontrasen con los de Draco cuando añadió.- Además, no es como si estuviera completamente incomunicada. Que es Estados Unidos no Marte. Podemos hablar con teléfono, escribirnos por Whatsapp, mandarnos emails, vernos por Skype...
- No será lo mismo. -insistió Pansy. Se enjuagó las lágrimas con el dorso de la mano derecha.- Aunque estoy muy feliz por ti.
- ¿Es que ninguno ha pensado lo que hará el año próximo?
- Yo me iré a Dublín a estudiar Educación Social. -dijo Lavender con la voz queda desde su asiento.- Mis abuelos viven allí, así que...estaré con ellos.
- Yo iré a Oxford; como mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo...-se encogió de hombros.- En fin, como todos los Malfoy.
- Pues yo estudiaré Comunicación Audiovisual en Edimburgo. -dijo Blaise sorprendiéndolos a todos.
- Yo quiero ser escritor. -dijo Ron sonrojándose.- Pero aún no tengo muy claro lo que quiero estudiar. Supongo que estoy abierto a todas las posibilidades. -esto último lo dijo mirando significativamente a Hermione.
- Yo...yo la verdad es que no lo sé tampoco. Es complicado en mi caso. Están las empresas de mi familia, que cuando cumpla 21 años pasaran a mi nombre y...-Hermione se retorció las manos; era un tema que le preocupaba profundamente.- Se suponía que iría a Cambridge, como todos los Granger, pero...
- ¿Lo ves? ¡Todos se marchan! -le dijo Pansy a Cormac y lloró con más fuerza. El chico miró a sus amigos con cara de circunstancias y negó con la cabeza.
- Supongo que no es el mejor momento para deciros que pasaré la navidad en Aspen, en Estados Unidos. -remató Hermione provocando un nuevo sollozo de Pansy y la mirada de sorpresa de Ron.- Lo siento. Mi madre ha insistido y se muestra inflexible.
-¿Por qué no me lo habías dicho antes? -preguntó Ron. Él había hecho una serie de planes para su primera navidad juntos. Y con el anuncio de Hermione se iba todo al traste. Además, la echaría mucho de menos.
- Porque no quería disgustarte antes de tiempo.
- ¿Tampoco vamos a pasar navidad juntos? -preguntó Pansy entre lamento y lamento. Era como si hubiera abierto una compuerta y ya no pudiera cerrarla. Pero lo cierto es que Pansy comenzaba a ser consciente de que dentro de poco el mundo que conocían dejaría de existir. Si, tenían móviles, portátiles, aviones...pero la relación que tenían ahora estaba abocada a dejar de existir.
- Tía, deja ya de llorar, que no se ha muerto nadie. -dijo Blaise perdiendo la paciencia. Lavender se levantó y le dio un manotazo.- ¿Pero a ti que te pasa?
- Eres un insensible. -medio sollozó la rubia también.
- ¿Es que estáis todas con la regla o qué? -Blaise se arregló el abrigo y dio un paso hacia atrás.- Os habéis vuelto todas locas.
- No me gustaría estar en el sitio de Zabini ahora mismo. -le comentó Draco a Ron.
- ¿Pero a ti que te pasa, Blaise? -le increpó Hermione.- Tienes la sensibilidad en los cojones, si sabes lo que es eso.
- ¿Te has dado un golpe esta mañana al levantarte o ya naciste siendo así de gilipollas? Imbécil. -prosiguió Daphne acercándose a él.
- Estáis todas locas. -se defendió el moreno mientras daba pasos hacia atrás ante el empellón de Daphne.- Yo me largo. -se dio la vuelta y se fue haciendo oídos sordos a los reclamos de Draco y Cormac.
- ¿No crees que os habéis5 pasado un poco con el pobre Blaise -preguntó Draco con cautela.
- ¿Quieres tú correr la misma suerte? -Daphne se giró para mirarlo con sus ojos azules aun enfadados por el comentario del moreno.
- ¿Qué te pasa, Pans? -Hermione se arrodilló delante de su amiga y la obligó a mirarla a la cara.- No tienes por qué ponerte así, mujer.
- Lo siento. -sollozó y se abrazó al cuello de la castaña.
- Tengo una idea. -dijo Ron con la esperanza de distraer el ambiente.- Aun me debes la revancha por la guerra de bolas de nieve del otro día, Malfoy.
- Chicos. -Daphne rodó los ojos.- Solo pensáis en formas de reivindicar vuestra hombría. -no se dio cuenta de que tanto Ron como Draco habían armado sendas bolas de nieve y amenazaban con tirárselas a ella.
- Vamos Draco. -le animó el pelirrojo mientras lanzaba su bola y le daba de lleno a la chica en el hombro.
- Ahhh. -gritó Daphne sorprendida.- Vamos, Lav, ayúdame. -tiró del brazo de la rubia y la colocó delante suyo cuando el lanzamiento de Draco iba dirigido directamente hacia ella. Lavender se llevó un tartazo de nieve en la cara.
- ¡Ahhhh! -se quejó la rubia, pero enseguida se agachó para reunir nieve.
- Vamos, Cormac. -llamó Daphne.- Ayuda a ese par de damiselas en apuros.
Cormac miró a Pansy y a Hermione y decidió que sus servicios como novio ya no era requeridos. Con un grito de júbilo, se unió a la contienda. Los cinco amigos repartieron nieve a todas bandas. El parque se llenó de carreras, de gritos, de provocaciones, pero sobretodo de risas. Las dos chicas sentadas en el banco lo observaban todo con una sonrisa triste pintada en sus labios. Hermione entrelazó su brazo izquierdo con el derecho de Pansy y dejó que esta apoyara la cabeza en su hombro.
- ¿Qué te ocurre, Pans? -le preguntó más tranquilamente ahora que estaban solas.
- Nada. Todo esta yendo demasiado deprisa.
- Bueno, así es como tiene que ser, ¿no? Es la prueba de que estamos vivos.
- Has cambiado, Hermione. Antes te daba miedo el futuro.
- Antes no tenia a Ron.
- Soy muy feliz por ti. -sollozó de nuevo Pansy y apretó el brazo de Hermione.- De verdad que si.
- Si me lo dices llorando, no lo parece, Pans. -forzó una sonrisa la castaña.
- Es que...es que todas me abandonáis. Primero Luna, ahora tú...
- Yo no me voy a ningún sitio, tonta. -rió Hermione más abiertamente.- Además, acuérdate de nuestra promesa: las dos viviremos juntas cuando seamos viejitas, en una casa junto al mar maravillosa. Así yo podré pintar y tú pasear por la playa y coger conchas.
- ¿De verdad? -Pansy levantó la cabeza y cruzó sus ojos azules con los dorados de su amiga.
- Eres mi mejor amiga, Pans. Y eso no va a cambiar jamás.
Un silencio tierno las envolvió y las dos observaron la "pelea" creyéndose a salvo. Pero cuando una bola de nieve lanzada por Ron dio en la cabeza de Hermione, el tiempo de tregua se terminó. La castaña se levantó sorprendida e indignada y miró al chico con intensidad. Ron sabía que ella lo pasaba mal en la nieve, pero así como le había dicho a Pansy que las cosas cambiaban probando que continuaban vivos...tal vez había llegado el momento de dejar atrás la tristeza del pasado.
- ¡Ron! -se quejó.- ¿Se puede saber qué estás haciendo?
- ¿Yo? -dijo el pelirrojo con exageración.- Ha sido Draco.
- A mi no me metas, Weasley. Ya bastante tengo con defenderme del ataque de Daphne y Lavender. -comentó el aludido mientras corría en pos de cierta castaña con un puñado de nieve en la mano.
- Ron...-volvió a reclamarle Hermione.- No tiene gracia.
- ¿Acaso pensabas que te ibas a librar? -le preguntó el chico acercándose amenazadoramente hacia ella. Adivinando sus intenciones, Hermione echó a correr mientras gritaba.- No huyas de mi. Solo estamos jugando.
- Ron...Ron...como me tires esa bola de nieve...-la bola se estampó contra su cara impidiéndole ver o hablar.- ¡Roooooon!
- Ha sido sin querer. -se defendió Ron mientras caminaba hacia ella. Hermione volvió a echarse a correr y dio una vuelta completa al parque hasta que Ron la atrapó y los dos cayeron al suelo. Hermione se resistió al principio, pero finalmente dejó que Ron la besara.- Te atrapé.
- Eso parece. -dijo ella antes de devolverle el beso.
Definitivamente las cosas estaban cambiando, pero para bien...o al menos eso esperaba Hermione.
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El lunes, día previo a los exámenes, fue un día distinto para Neville Longbottom. Por primera vez en todos los años que llevaba en Hogwarts, su presencia llamaba la atención por los pasillos. Claro que si éramos del todo sinceros, no era él sino la persona que iba a su lado y el hecho de que fueran cogidos de la mano lo que realmente llamaba la atención. Porque el tímido, bonachón y algo torpe de Neville Longbottom tenia novia. Ninguno de los presentes se lo esperaba, ni siquiera sus amigos de siempre. Dean siempre había sido el ligón, Seamus el guapo, Harry el líder y él...bueno, muchos consideraban que él estaba por estar.
Pero Hannah Abbott no pensaba lo mismo.
La pelirroja por fin se había dado cuenta de que el chico más bueno de la escuela se sentaba en el pupitre de al lado en las clases de biología, inglés y aritmética. Un par de encontronazos fuera de Hogwarts hicieron el resto. Neville quería seguir manteniendo su relación en secreto, pero Hannah opinaba que, después de dos meses viéndose a escondidas, había llegado el momento de presentarse ante el mundo. Y si alguien tenía algo que opinar que se lo dijera a ella a la cara.
Otra pelirroja de cuidado, pensó Neville.
Tal vez influía en el temperamento.
Al menos es lo que decía Ron cuando hablaba de su madre o de su hermana.
Hannah se detuvo delante de su taquilla, cambió sus libros y miró a Neville a los ojos. Eran de un suave azul que poca gente sabia apreciar. Se puso de puntillas y le dio un gran beso en los labios. Neville abrió mucho esos ojos que tanto le gustaban y la pelirroja rio. Otra cosa para que los ojos indiscretos tuvieran que hablar. Cerró la taquilla y volvió a coger a Neville de la mano. Sabía que cuando estaba con ella no carecía de seguridad. Era ese instituto y esa gente hipócrita y odiosa la que ponía nervioso a Neville.
- ¡Wow, wow, wow, Longbottom! ¿Qué has hecho para que Abbott se de cuenta de que existes?
- Ey, Abbott, ¿fuiste al mercado de saldos t eso era lo único que quedaba?
- Longbottom, ¿cuanto le has pagado para que finja ser tu novia?
- Preferiría beber el agua del váter antes que comerle la boca a Longbottom.
Los comentarios, cada vez más hirientes, se sucedían por el pasillo. La estupefacción había dejado paso a las burlas y a la maldad. Hannah notaba como el agarre de Neville se hacía cada vez más inseguro. ¡Que ganas tenía de terminar el instituto y perderles a todos de vista! Eran todos un grupo de perdedores inmaduros, pero hasta ella se daba cuenta del poder y el dolor que producían aquellas palabras. Suspiró aliviada cuando vio a Harry Potter, uno de los mejores amigos de Neville, acercarse con la chica Weasley. El moreno los observaba con una sonrisa sincera en los labios.
- Que calladito te lo tenías, Neville. -le dijo cuando es dio alcance.- Ahora me explico por qué ibas más distraído de lo normal últimamente. Hola Hannah.
- Harry. -dijo la aludida.
- Salgamos de aquí. -propuso Ginny. Hasta ella se daba cuenta del ambiente extraño que los rodeaba. Mirando hacia la otra chica añadió.- Hola, soy Ginny.
- Hannah, la novia de Neville. -dijo esta mirando al castaño y hablando alto y claro para que todo el mundo lo tuviera claro.
- Una chica con agallas, me gusta. -decidió Ginny y las dos se echaron a reír.
- Bien hecho, Neville. -le dijo Harry a su amigo.- Pero ten cuidado, las chicas pelirrojas son...explosivas. -le advirtió riéndose.
- Cuidadito conmigo, Potter. -le recordó Ginny.- Ahora somos dos pelirrojas en el grupo. El doble de explosivas.
Hannah rio ante la contestación de Ginny y los cuatro salieron a los jardines dejando una ráfaga de murmullos a sus espaldas. Neville, aun sonrojado, miró a Harry agradecido. Luego ladeó la cabeza para observar a Hannah y se tranquilizó.
Neville Longbottom tenia novia...y menuda novia.
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La primera tanda de exámenes tuvo lugar el último martes antes de navidad. Y seguirían así hasta el jueves. Iban a ser tres días muy intensos, especialmente para los alumnos de último curso. Los nervios estaban a flor de piel y eso hacía tensar las relaciones. Lavender y Blaise no se hablaban desde lo ocurrido en el restaurante. Aunque el moreno tenia la esperanza de arreglar las cosas una vez pasaran las fiestas navideñas. Draco estaba, de nuevo, confundido con el comportamiento de Daphne. Nunca antes una chica se había mostrado tan indecisa para con él. Pansy continuaba más sensible de lo normal y Cormac comenzaba a preocuparse de verdad por ella. Y Hermione solo tenia tiempo para estudiar y ojos para los libros. Llevaba toda la vida siendo una de las mejores estudiantes de su curso y no pensaba flaquear en su último año. Esto para Ron significaba cero diversión. Él estaba acostumbrado a aprobar por los pelos y volverse ahora un empollón no entraba en sus planes.
Hermione pasó la página del libro que estaba repasando. La mesa de la cafetería estaba en absoluto silencio mientras cogían fuerzas para el siguiente examen. Miró de reojo hacia su izquierda, donde Ron degustaba un desayuno digno de un rey. No entendía donde iba a parar después toda esa comida. Suspiró y volvió su atención al libro.
- Ya es oficial. -dijo Daphne cerrando sus apuntes.- No me entra más conocimiento en mi cabeza.
- Que exagerada eres, Daph. -contestó Cormac con una sonrisa.
- Eso si, como el profesor Dipet no pregunte la lista de los faraones egipcios completa...estoy jodida.
- ¿Te los has aprendido todos? -Draco la miró sorprendido.
- Claro. ¿Tú no?
- ¿Por qué has hecho eso, Daph? -preguntó Hermione muy seria.- El profesor Dipet dijo que nos abstuviéramos de memorizarla. Eso no entra en el examen.
- ¡¿Quéééééééé?! -dijeron todos a coro.
- No me jodas, Hermione. -Daphne se había quedado pálida del susto.- ¿No había que estudiar eso? -preguntó a punto de hacer un puchero, lo que le valió la compasión de Hermione.
- Es broma, Daph. -rio la castaña dejando a todos con la boca abierta.
Hermione Granger haciendo bromas era algo totalmente nuevo.
- No ha tenido gracia, Hermione. -dijo Daphne llevándose una mano al pecho.- Casi me da un infarto.
- No seas exagerada. Lo siento, solo quería rebajar la tensión.
- Podrías haberla rebajado metiéndote con Draco.
Ey, ¿yo que he hecho ahora? -dijo el aludido falsamente ofendido.
- Si, si. Vosotros reíros de mi, pero como pregunte por Amenhotep III, Sesostris, Hatshepsut y compañía...estáis todos jodidos. -siguió diciendo Daphne orgullosa de haber estudiado tanto.- Ah, y mi preferido...Akenatón.
- ¿Ake...quién? -preguntó con los ojos muy abiertos.- En mi libro no habla de ningún personaje con ese nombre.
- ¿Quééé? -Hermione le arrancó el libro de las manos y comenzó a pasar las páginas nerviosa.- Es imposible que el faraón hereje, que decidió cambiar el culto al sol por el culto a la luna no aparezca en tu libro. Causó un cisma importante en el mundo egipcio. Su mujer era la famosa Nefertiti y su hijo Tutankamon. Cambien es conocido como Amenofis IV. Su reinado inicia el denominado período de Amarna, porque decidió trasladar la capital del imperio a esa ciudad, la ciudad de Akenatón. Constituyó el primer culto monoteísta a Atón y...
Hermione se interrumpió al ver que todos la miraban sorprendidos. Luego movió la cabeza para observar a Ron con los ojos entrecerrados. El pelirrojo tenia un brillo pillo en la mirada.
- ¡Rooooon! -se quejó mientras le daba un toque en el brazo.- Serás...serás... ¡Me habías engañado completamente!
Llegados a este punto todos se echaron a reír a carcajada limpia llamando la atención de las mesas de alrededor. Daphne chocó su mano con la del pelirrojo al tiempo que decía:
- Justicia divina, Granger.
- Que malos sois. -rezongó Hermione intentando mantener un semblante serio que se vino abajo cuando Ron le dio un beso en la mejilla.
- Venga chicos, que esto en nada lo tenemos hecho. -dijo Cormac confiado.
Lo cierto es que las pequeñas bromas sirvieron para destensar el ambiente y relajarles. Los exámenes se iban a producir igual y, a esas alturas, el que no hubiera estudiado...lo tenía mal.
Pansy miró a todos sus amigos y suspiró.
Intuía que el nuevo año traería consigo números cambios...buenos y malos.
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El sábado antes de navidad, y con los exámenes ya terminados, Ron quedó con Hermione en la casa de invitados que había en el extenso jardín de ella. Se había llevado una desagradable sorpresa cuando la chica le dijo que no pasarían la navidad juntos. Sin embargo, enseguida su cabeza se había puesto manos a la obra. Adelantaría la navidad para ellos dos, aunque al resto le sonara cursi su decisión. Pero Ron era un experto en ignorar las opiniones que lo gustaban. Por eso, mientras Hermione entraba en la casa y se quedaba con la boca abierta, el pelirrojo no tenia más ojos y pensamientos que para ella.
Hermione estaba sorprendida.
Cuando Ron le dijo que tenia una sorpresa para ella, nunca pensó que podía tratarse de algo así. La chimenea estaba encendida, del techo colgaban algunas guirnaldas y en el centro la mesa redonda estaba preparada para dos, con velas incluidas. Hermione se llevó una mano a la boca y ahogó una exclamación. Le corazón le latía acelerado y amenazaba con salírsele del pecho de la emoción. No podía creer que en tan poco tiempo hubiera llegado a significar tanto para Ron. Y comenzaba a darse cuenta de que también se había enamorado de él.
- Feliz navidad. -dijo Ron acercándose a ella con los brazos abiertos.
Hermione se lanzó sin pensárselo hacia ellos y le besó. Puso todo su empeño en que su beso transmitiera todo lo que estaba sintiendo en esos momentos. Ron enseguida se recuperó de la sorpresa y envolvió la figura de ella con sus brazos. Cuando se separaron, se quedaron muy juntos, frente con frente, corazón con corazón.
- Wow. -susurró el pelirrojo.
- Feliz navidad a ti también, Ron. -dijo Hermione antes de besarlo de nuevo.
- ¿Tienes hambre?
- La verdad es que no mucha.
- Perfecto, porque la pizza tardará media hora en llegar.
- ¡Ron! -rio la castaña moviendo la cabeza.
- Soy un negado para la cocina. -se defendió él encogiéndose de hombros.- Era eso o un bocadillo de mortadela.
- Que tonto eres. ¿Y qué hacemos mientras tanto?
- Umm...-Ron se llevó una mano al mentón y puso su mejor cara de concentración.- Ya se nos ocurrirá algo, ¿no?
- ¿Qué estás tramando, Ronald Weasley? -rio Hermione mientras reculaba hacia atrás hasta que sus piernas dieron con el sofá y se dejó caer en él sin quitar los ojos de los de Ron. Sintió como sus mejillas se encendían de rubor. Por suerte, o por desgracia según Ron, el momento fue interrumpido por el ladrido de Bella, que comenzó a pasearse de un lado a otro para llamar la atención de Hermione. La chica cogió a la perrita en brazos y dejó que le lamiera la mejilla.- Bella, pero que bonita eres.
Ron se dejó caer a su lado y miró al animal con un poco de reproche.
- Traidora. -le dijo y se cruzó de brazos.
- Ron, no seas malo. -rio Hermione y volvió a concentrar su atención en la perrita. Era la cuarta carcajada de se le escapaba desde que estaba allí.
Y Ron apuntó a la lista de cosas que le gustaban de Hermione el sonido de su risa. La observó durante largo rato, sin que ella echara cuenta.
- Hermione...-le dijo al fin.
- Dime Ron. -contestó ella aun distraída con Bella.
- Te quiero. -declaró el pelirrojo sintiendo totalmente el peso de aquellas dos palabras.
Hermione dejó de hacerle carantoñas y Bella y lo miró con sus ojos dorados emocionados.
- Yo también te quiero, Ron. -le devolvió.
No sabia hacia donde le llevarían aquellos sentimientos; las decisiones que tendría que tomar en el futuro; los obstáculos que tendría que saltar, pero en aquellos momentos, la declaración de Hermione era sincera y el mejor regalo de navidad que Ron había recibido jamás.
