La luz de un lejano atardecer se filtraba por los numerosos arcos que componían la Arena Konoha.
Hinata Hyūga podía ver como las gradaciones de naranja y púrpura se reflejaban en el agua; a los pies del miembro de Jitsu, Uzumaki Sumiko. Las peleas se habían prolongado demasiado, tanto Hinata como Sumiko lucían un poco desgastadas. De pronto, el rostro de la peli azul no solo reflejaba cansancio sino ansiedad, preocupación y una sensación de vacío. Volteó a ver desesperada el ocaso, como si aquella luz hubiera evidenciado algo que le consumía el alma. Algo que le había sido arrebatado.
Sumiko vio el cambio repentino en todo el semblante de su enemiga. A Hinata le temblaban un poco las piernas, había bajado su guardia y agarrado el pecho con el brazo izquierdo. Un fugaz sollozo se había escapado de su boca mientras que al regresar la mirada revelaba una insufrible intriga.
—Vaya, en verdad debes estar enamorada de él—Dijo Sumiko, notando el ocaso en todo su esplendor después de la desconcertante agonía de Hinata—.Así que ya está hecho—Dijo Sumiko mientras la luz se reflejaba en su ojo, el otro yacía cubierto por su fleco carmesí.
Hinata sintió un auspicio amargo oculto en las palabras de Sumiko.
—¿De qué estás hablando Sumiko-San?
La pelirroja regreso su mirada.
—Creó que tú sabes. No entiendo cómo, pero lo sabes.
Hinata abrió sus ojos de par en par. Se dejó caer de rodillas en el espejo de agua.
—No es posible. Naruto no puede…—Le fue imposible contener las lágrimas, aquello era la culminación de su repentino sufrimiento.
Sumiko sintió la debilidad de su corazón, le costaba ver en ese estado a la amada del Destello Naranja. En ese momento lo reconoció. La miembro de Jitsu era fuerte por fuera, dura y relativamente invulnerable. Pero por dentro, no tenía la frialdad suficiente que le dijera que todo funcionaba de acuerdo a un plan.
—Una de las pocas cosas útiles que he escuchado de alguien, fue como soportar ser la causa de un sufrimiento—Sumiko fue acercándose a Hinata lentamente—.No diré que no es personal, herir a una persona siempre lo es, pero te aseguro Hinata Hyūga, que odio hasta el fondo de mi alma hacer esto, pero estoy desesperada. Es por eso que yo no tomo las decisiones, solo confió en un plan que parece lo más cercano a la paz. Algo que jamás he tenido.
—Si lo que dices es cierto, me lo estas quitando todo—Dijo Hinata mientras miraba a los ojos a Sumiko. Aquel reproche era poco hostil, pero guardaba un sinfín de emociones más.
—Si, tal vez eso sea cierto. Espero poder compensártelo desp…—Sumiko optó por detenerse, no era lo que realmente quería decir—.No. Dudo que quieras algo de mí después. Espero que la paz que consigamos te lo compense a ti. Reconozco tu fuerza, eres la única que ha logra herirme en batalla. Estoy segura de que superarás esto—Sumiko ya se estaba de pie, al lado de una Hinata casi derrotada.
La peliazul había vuelto a agachar su cabeza. Seguía derramando lágrimas y Sumiko no tenía problema con dejarla hacerlo.
—No necesitas decírmelo—Hinata dirigió su palma en forma de garra hacia el abdomen de Sumiko. Después la contrajo, formando un pico con sus cinco dedos. No había tocado a la pelirrojaen ningún momento. Aun así la fuerza del golpe la hiso retroceder algunos metros.
—Maldición ¿cómo lo hace?—Pensó Sumiko mientras sujetaba su abdomen con un poco de dolor.
—Alguien ya me ha dicho cómo sobrellevar esto—Hinata comenzaba a incorporarse del suelo—.Es una persona que ha sufrido tanto como tú y jamás… jamás ha buscado que sus problemas se resuelvan a costa del sufrimiento de los demás—Hinata se encontraba recordando las palabras de Naruto una noche antes de la situación en el hospital de Konoha. Una noche antes de conocer a Kushina Uzumaki, la madre de su marido.
Madre, creo que ya me iré a dormir—Dijo Sharin, mientras observaba a su madre tomando té en una pequeña mesa de la sala.
—Entiendo hija, no te preocupes. Yo esperaré a tu padre—Hinata miró de reojo una sombra que se movía a espaldas de la rubia.
—¿Qué todavía no llega?—Replicó Senkō, quien se tallaba uno de los ojos y bostezaba de par en par.
—Me temó que estos días llegará más tarde de lo habitual.
—No está bien que duermas tarde mamá. Sé que a mi padre no le molestará que ya estés dormida cuando llegue—Agregó Sharin en un tono condescendiente.
—Lo sé Sharin, es sólo que…—Hinata le dio un breve vistazo al contenido de su vaso. El té reflejaba su melancólica mirada—No tengo mucho tiempo para hablar con tu padre. Te aseguro que no pienso esperarlo tan seguido. Él también se preocuparía, y nadie quiere eso—Hinata sonrió cálidamente al par de hermanos que la observaban inquietos.
—Muy bien, sólo no lo esperes más de 30 min mamá, tienes que descansar—Sharin se dio media vuelta tranquilamente, dirigiéndose a su cuarto.
Senkō vio lo responsable que se había vuelto su hermana. Cuando cambió su mirada hacia Hinata, ésta también veía con cariño a la rubia mientras se alejaba. Sharin se había vuelto una chica muy dócil y cariñosa, y sin embargo, guardaba en ella un conjunto de habilidades temibles y poderosas. El peliazul no dejó pasar la oportunidad para demostrar un poco de preocupación por su madre.
—¿Eh? ¡Si! No esperes tan tarde a papá, mamá. Si no, le diré que si no regresa más temprano a casa me… ¿eh? Me comeré todo lo que le hayas hecho de cenar. Sí, todo, incluso el Ramen—El peliazul se sonrojo un poco cuando Hinata volteó a verlo con sorpresa. Más rápido que su hermana, dio media vuelta y emprendió el viaje hacia su cama. Del otro lado la rubia lo miraba con una mirada de desaprobación.
—Eso fue ridículo Senkō.
—Nadie te pregunto hermana—Respondió el peliazul mientras ambos giraban las respectivas manijas de sus puertas y entraban al cuarto.
Hinata rio con más alegría después de la pequeña discusión que sus hijos tuvieron antes de irse a la cama.
25 minutos después, alguien deslizó la puerta. Hinata lucía un poco adormecida pero levantó la mirada inmediatamente.
—Oh no. Te hice esperar demasiado, perdóname Hinata—Dijo Naruto Uzumaki, mientras se sobaba la nuca y sonreía avergonzado.
Hinata le respondió con una sonrisa tierna y tomó la tetera apoyada sobre la mesa.
—No te preocupes Naruto—Hinata sirvió un poco de té en otro de los vasos. Cuando el líquido comenzó a arremolinarse en el fondo del vaso, no salió ninguna sugerencia de humo—Lo siento, creo que el té se ha enfriado. En un momento traeré más—Hinata se levantó rápidamente, se dirigía a la cocina pero Naruto la detuvo tomándola del brazo—¿Naruto?—Preguntó la peliazul mirando al rubio.
Naruto le sonreía con ternura. Tan tierna era la manera que miraba a Hinata, que podían notarse rastros de culpa en sus ojos azules.
—No te preocupes tanto por mi Hinata—El rubio jaló con delicadeza el brazo de su amada para darle un abrazo. La peliazul estaba sorprendida. Mientras la sujetaba entre sus brazos, Naruto cerraba sus ojos de manera muy apacible. Abrazar a su esposa en ese momento parecía traerle una gran sensación de paz—Lo que quiero es que no te despegues de mi por ahora.
—Sí—Respondió Hinata mientras también disfrutaba del cálido abrazo de su esposo.
Después de unos segundos que parecieron horas, Naruto se separó lentamente de Hinata. La miró feliz y tomó su mano.
—Ven, es hora de ir a dormir.
—Sí—Había respondido Hinata, on una especie de suspiro amable y delicado. Ambos se marcharon tomados de la mano hacia su alcoba.
El espacioso cuarto se encontraba más lejos las habitaciones de Senkō y Sharin que la sala de la casa. Tanto Naruto como Hinata, pasaron a cambiarse de ropa. El rubio solo colgó su abrigo, se quitó la camisa, los pantalones y sus sandalias Shinobi. Dejó las prendas parcialmente dobladas sobre una cómoda de roble negro y se acostó sobre la cama con los brazos en su nuca; esperando a Hinata mientras veía la luz de la luna que se colaba por el ventanal. Por otro lado, Hinata se tomó un poco más de tiempo. Llevaba años casada con el Hokage y su timidez no había cambiado a la hora de quitarse la ropa frente a él. Dentro de la habitación se encontraba una especie de Biombo en el que la peliazul se cambiaba de vestimenta.
Después de unos minutos Hinata salió a la vista de Naruto. Llevaba un hermoso vestido para dormir de color lila. Se acercó con timidez a la cama mientras Naruto la observaba con su característica sonrisa.
—Te ves hermosa como siempre Hinata.
La peliazul se sintió más confiada con las palabras de Naruto. Se sentó con delicadeza en la espaciosa cama, sacudió con ligereza sus pies para retirarse las sandalias y se incorporó entre las sábanas. Apoyándose entre un cojin y el pecho de Naruto. El rubio la rodeo con el brazo izquierdo y la acomodó juntó a él. Ambos yacían en la cama. Hinata escuchaba los latidos de Naruto. El Hokage miraba con melancolía como la luz de la luna se reflejaba en los cabellos azules de Hinata.
—Hinata, hay algo que necesito decirte—La voz de Naruto se notaba triste.
—¿De qué se trata Naruto?—Pregunto la rubia con nerviosismo.
—Si me llegara a pasar algo, quiero que seas muy fuerte. Sé que Sasuke, Sakura y los demás te darán todo su apoyo. Además, Senkō y Sharin necesitaran de ti como nunca.
Hinata se separó del rubio súbitamente. Veía al séptimo con seriedad y reproche.
—¿De qué estás hablando Naruto? ¿Por qué me dices esto? ¿Qué sucedió? —Hinata hacia todas aquellas preguntas con desesperación. El rubio la miró con asombro por un momento, luego relajó su mirada.
—Nada en especial, es solo que…Después de lo que sucedió con Sakura en la cumbre. Desconozco de lo que Jitsu pueda ser capaz. Sin los consejos de Shikamaru y Sasuke, no sabría cómo manejar esto— Naruto bajó la cabeza con aflicción.
—Pero Sasuke-kun y tú son muy fuertes. Akatsuki ha sido formado y ya se están tomando medidas—Hinata decía aquello sabiendo de antemano que Naruto se encontraba consciente de ello.
—No solo se trata de poder Hinata. Jitsu ha crecido con mucha rapidez. Algunos de ellos son miembros de mi clan y los demás han desertado de su aldea. Es preocupante que Shinobis tan sobresalientes no se sientan seguros en esta paz— Naruto volvió a agachar el semblante. Se encontraba un poco deprimido.
—Pero… Naruto—Hinata fue incapaz de decir algo más.
—Jitsu existe porque tiene una razón para hacerlo. Y en parte, yo tengo la culpa de ello, yo soy…una de las razones. Aunque sea fuerte, eso no sirve de mucho cuando se trata de establecer la paz para todo el mundo—Naruto volteó a ver su abrigo de Hokage—En parte esa es la razón por la que impulse el nuevo proyecto de Akatsuki. No quiero que las cosas se compliquen más.
—Si eso es cierto, ¿porque hablas de perder tu vida?
—Porque aunque quiera mantenerme a raya, siempre habrá una cosa que no pensaré dos veces—Naruto tomó la mano de la peliazul y la miro a los ojos—Si fuera necesario, daría mi vida por mi familia y por la aldea. Esa es mi debilidad y mi gran fortaleza. Si el enemigo es lo suficientemente astuto para usarla a su conveniencia, solo te tengo a ti Hinata. Para que te asegures de que mi voluntad de fuego… trascienda a ustedes—Naruto sonrió como Hinata nunca había visto. Era la sonrisa de alguien que se encontraba listo para morir. Que entendía lo que significaba sacrificarse por un deber digno y honorable.
Los ojos de Hinata comenzaron a llenarse de lágrimas. Súbitamente, agachó su cabeza para desplomarse de melancolía en el pecho de Naruto. El Hokage correspondió con un abrazo tierno.
—Naruto—Decía Hinata con un sollozante susurro. No solo era tristeza lo que la peliazul sentía, sino un conjunto de emociones que evocaban recuerdos, orgullo, amor. No había razón para que fuera solo abatimiento. Era imaginar que algo así sucediese y que la determinación de Naruto lo hiciera parecer inevitable. Era vislumbrar una vida sin él.
—Hinata yo…—Naruto quiso tomar la palabra después de que el llanto de su amada se prolongó mucho. Se sintió sorprendido cuando la misma Hinata lo interrumpió.
—No lo haré, no lo haré Naruto.
—¿Hinata? —Preguntó Naruto. El abatimiento de Hinata estaba a punto de hacerlo regresar sus palabras.
—No lo haré a menos que prometas—Hinata levantó su mirada y vio a Naruto con un temple a punto de colapsar— que tú también te esforzaras como nunca para que puedas regresar a casa. Sé que siempre lo haces, pero ya que no podre estar contigo, una promesa es como si lo estuviera.
—Sí, lo prometo Hinata—La promesa de Naruto fue breve. Sabía que Hinata siempre podía verlo todo a partir de su mirada. Y eso fue lo que pasó cuando la peliazul le sonrió después de verlo a los ojos.
—En ese caso, hagas lo que hagas, vayas a donde vayas, estaré tranquila, porque siempre estaré a tu lado—Hinata volvió a acomodarse en el pecho de Naruto. Su tristeza la había desgastado pero tener en ese momento a su amado no le dejaba desperdiciar el momento. Aquel sufrimiento solo serviría para dejarla dormir en paz, al lado de Naruto.
—Tenía razón, eres fuerte —Dijo Sumiko, casi con una sonrisa orgullosa.
—Alguien mucho más fuerte que tú me lo ha dicho antes. ¿Sabes a quién me refiero?—Hinata observó a la pelirroja con resolución.
—¿Qué si lo sé? —Sumiko salió disparada con una increíble velocidad hacia Hinata. La peliazul no se inmutó, no era igual de rápida que el adversario pero su percepción compensaba su inferioridad física .
Sumiko acercó su imparable puño hacía el hombro de Hinata. La peliazul se movió ligeramente, solo para esquivar con perfecto equilibrio el golpe de su adversario. La clave de su contrataque era no alejarse demasiado. Era como ver el puño de una persona intentado golpear una hoja en el aire. Al mismo tiempo, deslizó su palma izquierda por abajo y con el mismo movimiento de hace poco. Sin tocar a Sumiko y evadiendo su estremecedor golpe, una especie de brisa hiso retroceder a la pelirroja unos metros. De nuevo, aquel golpe la había lastimado y Sumiko no comprendía el porqué.
—Esto no tiene sentido. Soy usuario del sello de combate Shōgeki no jutsu (Jutsu de choque). El Jūken no debería afectarme —Dijo Sumiko, casi como un reclamo hacia su contrincante.
—¿Jūken? Así que piensas que eso es lo que me encuentro usando—Hinata sonrió con ligereza. Por otro lado, nuevamente la pelirroja comenzó a tomar coraje contra ella.
—¿Qué estás diciendo?
—Es comprensible Sumiko-San. Esta técnica puede confundirse con el Jūken. Sin embargo, se trata de una técnica cuyo único usuario dentro del clan Hyūga, soy yo —Hinata volvió a levantar su guardia en un hermoso despliegue de habilidades marciales—¡Gojūken! (Palma de cinco sutilezas).
—¿Gojūken?—Pensó Sumiko, jamás había escuchado hablar de él.
—Con mi Byakugan puedo verlo claramente. La razón por la que eres invulnerable a ataques físicos. Hay un misterioso velo de energía que cubre tu cuerpo. Es como si fuera una capa extra que compone tu piel.
—¿Y que hay con eso?
—Los únicos lugares expuestos son tus puntos de chakra. Puntos que puedo ver perfectamente con mi Byakugan.
—Buen intento, pero yo no uso mi chakra. Es por eso que ni siquiera el Jūken puede afectarme. Así que ver mis puntos de chakra no te servirá de nada—Agregó la miembro del clan Uzumaki con seguridad.
—En eso te equivocas Sumiko-San. Ver tus puntos de chakra es lo que necesito para derrotarte.
—¿De qué estás hablando?
—Cuando descubrí en que consistían tus habilidades, llegué a la conclusión de que tal vez, soy de los pocos usuarios que pueden contrarrestar el Shōgeki no jutsu—Hinata levanto su palma en forma de garra—A diferencia del Jūken, mi finalidad no es desbaratar tus canales de chakra ya que solo usas tu energía física. La verdadera finalidad del Gojūken es crear un daño interno en la anatomía del usuario, no en su red de chakra. Y el punto de entrada a ese invulnerable cuerpo que tienes, son tus puntos de chakra.
