—Me pregunto si alguien de por aquí sabe que estamos aquí.—Dijo Yusei mientras juntaba ambas palmas de las manos y cerraba sus ojos con el propósito de concentrarse.
Yujin entendió a la perfección aquella indirecta que su compañero le había indicado. En los siguientes minutos el pelipúrpura se mantendría concentrado con el fin de contactar a todos los miembros de Jistu. La parte más importante del plan ya se había completado y Sasuke no se encontraba enterado de ello. Hinata ya había sido transportada hacia la base de Jitsu y en esos instantes la joven Azumi la estaría sujetando con el acero de Hagane Tetsukido, garantizando así que ni siquiera la experimentada usuaria del Byakugan lograra escapar por medio de sus habilidades. Sin embargo, era de suma importancia que la mayor cantidad posible de miembros de Jitsu regresará de aquellas intrigantes batallas. Aún se encontraban en territorio enemigo y el ocaso del día ya se estaba acercando. Era más que vital, que todo saliera de acuerdo a lo planeado.
—El plan triunfara por nosotros, la consecución que queremos tiene que ser lo que planeamos.—Pensaba Yujin sin relajar su concentración. Se le notaba claramente en la mirada.
A kilómetros de distancia, Azumi apareció en una cueva de grandes proporciones. Parecía un palacio cavernoso con un gran salón que albergaba un espacio infinito que solo la oscuridad se encargaba de ocupar. Y en la cúspide de aquella oscuridad había un gran agujero. Su origen parecía antinatural al igual que el tamaño de la guarida y el suelo inusualmente liso y regular. Durante el día dejaba entrar una gran cantidad de luz natural que si bien no iluminaba toda la estancia, hacía del entorno un lugar mucho más cómodo en el cual pasar una jornada entera. Sin embargo, el día era moribundo y la luz del atardecer ya no encontraba su paso por la oscuridad de aquella gruta. La luz predominante del lugar ahora era producida por una lámpara de aceite que posaba sobre el suelo.
Al lado y muy cerca de la lámpara una mujer pelirroja escuchó la repentina presencia de sonido en lo que antes era una atmósfera atestada de sopor y silencio. Se encontraba atada de pies y manos por medio de grilletes de acero a una silla completamente hecha de éste mismo material. A su vez, la silla se mantenía empotrada al suelo por la mismísima roca. Tan inesperado como aquel sonido, pudo ver de frente una singular escena. Se trataba de una joven que vestía el abrigo blanco de Jitsu y lucía unos cabellos recogidos tan rojos como los de ella. Llevaba a alguien entre los brazos, otra mujer joven con el mismo atuendo y una cabellera del mismo rojo. Kushina se encontraba muy curiosa en cuanto a lo que había pasado, tanto que no noto de inmediato a la mujer de melena oscura y piel clara que yacía sobre el suelo. La Kunoichi se adentró a la oscuridad de la cueva con su hermana entre los brazos, dejándola sola con la inconsciente Kunoichi.
—¿Por qué tengo la sensación de que he visto a ésta mujer antes?—Pensaba Kushina Uzumaki reclinando su cabeza y espalda hacia adelante. La luz no iluminaba muy bien el rostro que quería ver. Paso a escudriñar la ropa que ésta vestía, de nueva cuenta la iluminación era un problema al no permitirle distinguir los colores con claridad, pero la banda ninja sujetada a su cuello era claramente de la aldea escondida entre las hojas.—¿Una Kunoichi de Konoha?—Al regresar su postura al respaldo de la silla pudo ver el reflejo azulado de lo que creía un cabello completamente negro. Su mirada cambió en un instante. La remembranza que tanto le inquietaba no le hizo nada bien. Era imposible ¿cómo es que habían logrado capturarla?
De pronto se escuchó el sonido de unos pasos que se aproximaban. De la oscuridad volvía la mujer de cabellos rojos, ya no llevaba a aquella muchacha. Ahora cargaba con una silla idéntica a la que la mantenía cautiva; y colgados al hombro los grilletes provistos de sus cadenas.
—Esta silla pesa mucho.—Pensó Azumi, quien cargaba la silla con ambas manos, apoyándose también de su rodilla para distribuir mejor el peso.
—¡Ustedes ¿qué han hecho?!—Vociferó Kushina tan pronto pudo ver a los ojos a la miembro de Jitsu. Sus demandas no fueron respondidas, la joven esquivaba sus miradas e ignoraba sus gritos. Al parecer la única reacción que ocasionó en la pelirroja fue que esta se diera prisa en sujetar a Hinata Hyūga a la silla—.Respóndeme por favor, ¿dime que ha pasado?—Pregunto esta vez con una voz angustiada.
—Lo siento, no tengo permitido hablar con usted.—Respondió Uzumaki Azumi al mismo tiempo que terminaba de colocar el ultimo grillete a la esposa del Séptimo Hokage. Después de atarla de pies y manos a la silla, hizo un movimiento con sus manos y cuatro columnas rectangulares de piedra se formaron del suelo, aferrándose a las patas de la silla y empotrando así el metal en la roca.
—Esa habilidad, ¿cómo te atreves a usar un jutsu del clan Uzumaki en contra de lo más sagrado que se le encomendó proteger?
—En verdad… lo lamento.
Kushina estuvo a punto de recriminarle de nuevo, sin embargo, la chica desapareció frente a sus ojos. Que se fuera de aquella manera la llevo a encontrarse directamente con el rostro inconsciente de Hinata. Ahora podía ver claramente sus facciones. Ya no existía duda alguna, se trataba de aquella mujer que había visto en Konoha cuando Kazuto la obligó a hacer acto de presencia en el hospital local.
—No puede ser, tienen a la esposa de mi hijo. Hinata.
Azumi apareció sin previo aviso al lado de su hermano. Éste inmediatamente comenzó a cuestionarle de manera metódica todo lo que había hecho en esos dos minutos. Azumi no se guardó nada y Yujin aplaudió su sensatez.
—Bien, ahora necesito que te concentres en esto. Porque durante tu ausencia hemos sido acechados, y los problemas dejados atrás han regresado sobre tus pasos.—Dijo Yujin sin apartar su vista del cielo de Konoha.
Azumi no pudo entender en un principio a lo que su hermano se refería, no hasta que alguien salía repentinamente del agua para atacar a Kumorizora Yusei. El pelipúrpura se encontraba a su espalda y no parecía estar consciente de lo que sucedía a su alrededor. Quien orquestaba el ataque era la miembro de Akatsuki, Samui.
—¿Que hace este tipo con el abrigo del Hokage?—Fue lo primero que pensó Samui al salir del agua y ver en las espaldas del enemigo los Kanjis rojos que decían "Séptimo Hokage". Sin embargo la experimentada Shinobi no le dio muchas vueltas. Con la mano provista de una aguja senbon y la nuca del enemigo a su total disposición, podría inhibir al enemigo de la manera más eficaz. Estaba bien colocada en tiempo y forma para concretar el ataque sin ser interrumpida y aun así, el objetivo desapareció frente a sus ojos. Lo que vio después fue un cúmulo de agua que la golpeaba con fuerza y la hundía de manera antinatural. Era como si el agua la sujetara, arremolinándose sobre ella una y otra vez con tal de no dejarla sentir el aire nunca más. La mirada de Samui bajo el agua denotaba estrés más no sorpresa, parecía saber lo que lo provocaba y tomando la forma del Matatabi, el agua se evaporo al instante, abriéndose su propio camino hacia la superficie con una niebla espesa que pretendía ocultar su gigantesca forma como el Nibi.
—Esto se está complicando onii-sama—Dijo Azumi con la intención de advertirle y al mismo tiempo pedir ayuda. Las patas del Matatabi no dejaban de hervir el agua sobre la que posaban y su tórrida presencia le dificultaba respirar.
—No te dejes intimidar por el tamaño Azumi. Puede que el agua no pueda hacerle nada, ¿pero no es fuego lo que la envuelve ahora?—Las palabras de su hermano habían cambiado el rostro de la joven pelirroja por completo.
En esos mismos instantes Samui observaba como el Shinobi que vestía el abrigo de Uzumaki Naruto se encontraba tranquilamente de pie, al lado del miembro de Jitsu, Uzumaki Yujin.
—Debí habérmelo imaginado. Él es usuario del Hiraisshin del Yondaime Hokage, debió haberlo transportado justo antes de que le clavará la Senbon en sus cervicales—Pensaba la rubia sin perder de vista a Azumi.
—¿Qué piensas hacer ahora Samui-San?—Dijo una voz femenina dentro de su cabeza. Se trataba de Matatabi, quién ahora en modo Bijū era una parte fundamental de la estrategia de la Kunoichi. Samui sabía que el solo cuerpo del Nibi era un arma peligrosa que podía quemar inclusive a la distancia, por lo que su ataque sería simple.
—Vamos a abalanzarnos sobre ellos y aplastarlos con el calor—En ese momento el Matatabi dio un gran brinco pasando sobre Azumi y descendiendo con hostilidad hacia Yujin y Yusei.
—Listo, todos lo saben ahora—Dijo Yusei tan pronto hubiera terminado. Yujin le devolvió una sonrisa antes de que se percatara que algo les hacía sombra. Levantó la vista y vio con preocupación como un gato gigante envuelto en llamas azules caía sobre ellos con amenazante velocidad—¿Pero qué…? ¡Demonios un gato gigante esta sobre nosotros maldito lunático, sácanos de aquí!—Gritó Yusei al ver como el pelirrojo conservaba esa tranquilidad que lo caracterizaba. Sus ojos estaban perplejos pero el calor que comenzó a sentir lo obligó a cerrarlos. Estaba a punto de hacer algo cuando escuchó la voz de Yujin.
—Espera. No hagas nada aún, te necesitaremos lo más fresco que se pueda.
Yusei abrió de nueva cuenta sus ojos, aún sentía un calor abrazador pero pudo ver como el gato se había detenido por encima de ellos. Parecía flotar como si algo más lo estuviese sosteniendo.
—¿Qué es esto?—Pensó Samui al ver que se encontraba inerte, en el aire.
—Incluso tú, eres más ligera que las llamas de Amaterasu—Dijo Azumi a sí misma. Con un movimiento sistemático de todo su cuerpo, mandó al Matatabi lejos de la arena, haciéndola volar por los aires con un movimiento que el mismo Bijū no podía evitar.
—Matatabi ¿qué está pasando?—Dijo la rubia con desesperación al no poder hacer algo al respecto.
—No lo sé Samui-San, es como si algo invisible nos estuviera sujetando. No puedo siquiera mover mis extremidades.
—No puede ser, ¿acaso ella puede controlarnos también?—Dijo la rubia antes de caer con fuerza en un complejo residencial a unos metros de la arena. Afortunadamente, éste se encontraba desalojado para entonces.
Desde la superficie acuática que atestaba la Arena de Konoha, todos los miembros de Akatsuki pudieron observar al Nibi volar hacia el exterior de una manera claramente inusual.
Sasuke Uchiha peleaba con el líder de Jitsu cuando noto al imponente gato azul volando hacia el ala este de la aldea.
—Esa era Samui y Matatabi.—Pensó el pelinegro. Su pelea aún no terminaba pero se acercaba a un final. Uno que fallaba a su favor. Tanto que tuvo bastante tiempo para ver en qué dirección había sido lanzada su compañera Samui.
—Justo a tiempo—Se decía a si mismo Kazuto mientras jadeaba falto de aire. Permanecía al pie de un humanoide gigantesco. A esas alturas, Sasuke había desistido de usar su Rinnegan asegurándole a Kazuto que podría vencerle solo usando su Mangekyō Sharingan eterno. Por lo que el líder de Jitsu no dejaba de darle vueltas al asunto, llegando a la conclusión de que Sasuke Uchiha había dejado de ser presuntuoso desde hace mucho. En su momento no consideró que el Sharingan pudiera tener algo más que lo desafiara, pero el Susanoo que lo había llevado al punto de la fatiga era difícil de imaginar. Aquella técnica que caracterizaba a los usuarios más poderosos del Sharingan, había sido llevada a la forma definitiva por Ryōgan no Uchiha(El Uchiha de las dos miradas).
—Hay más actividad en la aldea. Me pregunto si no será demasiado tarde para ti ahora. Kazuto—Dijo Sasuke. Lucía imponente, flotando en el corazón del majestuoso Susanoo. Su armadura lucía infalible, la combinación del rojo y el púrpura amenazante y la variedad de armas un símbolo absoluto de supremacía. En pocas palabras, era el Susanoo más poderoso que se hubiera usado jamás.
—Sobrevivir a tu Susanoo solo significa una cosa…hoy es mi día de suerte—Agregó el líder de Jitsu envuelto en el negro de su forma Jinchūriki. En su forma actual no tenía una mirada que denotar o una sonrisa que evidenciar. Su enemigo
Sasuke Uchiha notó una cierta confianza en él, podía verlo a través de la siniestra malla fantasmagórica que lo envolvía.
Kankuro libero la protección de Sanshoūo, el calor de la explosión ya no era una amenaza. La batalla no había sido sencilla. Durante todo ese tiempo, el movimiento de hace unos instantes era la primera vez que Kankuro había logrado concretar un ataque en contra de Hagane. Tanto que consideró un golpe de suerte que por fin lo hubiera logrado. El día seguía dirigiéndose al ocaso y se encontraba exhausto. Sentía un poco de nostalgia por haber sacrificado a su vieja marioneta Kuroari(Hormiga negra). Sin embargo, la conocía a la perfección. Lograría armarla de nuevo una vez volviera a Sunagakure. Estaba por volverse y asistir a Kurotsuchi cuando vio a Hagane provisto de su armadura y preparado para golpearle con gran fuerza. El miembro de Akatsuki se encontraba alerta porque reaccionó justo a tiempo ya que con un movimiento fugaz de su pulgar, levanto un grueso panel de madera y piedra que lo protegió del golpe. Sin embargo la fuerza hiso que la marioneta fuera empujada. El Shinobi de Sunagakure recuperó el control de Sanshoūo inmediatamente, preocupado porque su enemigo realizara otro ataque. Para su sorpresa, Hagane flotaba en el mismo lugar en el que lo había emboscado.
—No entiendo, la explosión debió acabar contigo, aún si la armadura resistió, el calor debió haberte matado—Alegó Kankuro con Karasu y Kumo listos para cualquier combinación ofensiva o defensiva. Algo le decía que depender de la suerte no era un buen augurio para un maestro de marionetas ninja.
—Fue un buen plan. Digno de alguien que se base en planes y artimañas. Justo como lo escenificaste, me confíe en adentrarme al espeso humo pensando que era veneno, debí haberme imaginado que lo que era obvio para mí también lo era para ti.
—¿Te refieres al veneno? Supuse que harías algo al respecto en cuanto a esa debilidad. Por lo que opte por un plan más elaborado, completamente adecuado para ti. El humo era un compuesto de gases volátiles que se quema a 5341 grados Celsius, cualquier metal se fundiría en segundos a una temperatura como esa. Y Kuroari estaba provista de un imán de gran potencia y un poderoso explosivo. No entiendo que pudo haber salido mal.
—Nada, tu plan se llevó a cabo justo como lo planeaste, pero yo también pienso como titiritero ninja Kankuro. Cuando lanzaste a Kuroari contra mí y esta se pegó con gran fuerza a mi armadura, supe que se trataba de un imán, lo suficientemente potente para intervenir con mi Jiton. Fue así que relaje mi influencia magnética, cayendo al vacío y dejando mi armadura atrás.
—¿Qué?—El miembro de Akatsuki no podía concebir lo que escuchaban sus oídos.
—No me viste caer porque la nube era muy amplia, pero así fue como sucedió. Y justo antes de que detonaras a Kuroari, invoqué mi armadura de vuelta a mí. Una simple artimaña que me dio la victoria contra tu mentor, Akasuna no Sasori. Pensar que he engañado a un maestro titiritero por segunda vez…—Agregó Hagane.
—Maldito—Reviró Kankuro preparando a Karasu para el ataque.
—No te molestes. Tanto tú como yo, tenemos problemas más importantes que atender
Las palabras del miembro de Jitsu llegaron acompañadas de una realidad. Kankuro empezó a notar un sonido extraño en los sistemas de propulsión de Sanshoūo(Salamandra). Parecía que algo estaba atascado en las turbinas. Al bajar la vista vio varias partículas de un polvo oscurecido atorado en las articulaciones inferiores.
—¿Satetsu(Arena de hierro)? Pero…—Kankuro comenzaba a caer hacer mientras escuchaba las palabras de Hagane.
—Aún hay mucho que no saben de nosotros ¿no es así?
