De los tres hombres que se encontraban sentados alrededor de una extraña fogata, uno de ellos hablaba y los otros dos escuchaban. Es así como después de una prolongada anécdota, el fuego se preparaba para escuchar las palabras de alguien más.
—Si no hubiera tenido la iniciativa de crear una técnica como el Sorubunshin, no creo que hubiera sido capaz de derrotarle—Dijo Naruto mientras miraba de reojo a un inconsciente pelipúrpura que se encontraba recostado muy cerca del fuego de aquella fogata. Aún era de noche, pero se trataba de una penumbra que Naruto jamás había presenciado. No había firmamento, una luna o siquiera un aroma familiar, solo un fondo negro, primitivo y antinatural.
—Ya veo. Esto que me cuentas Naruto es lo que precisamente quería evitar—Agregó Jiraiya con un rostro pensativo y preocupado.
—Los ninjas de ahora se han hecho con grandes poderes. ¿Pero ese jutsu…?—Comentaba Sakumo Hatake que se encontraba sentado y con brazos cruzados. Jiraiya le había interrumpido antes de terminar su observación.
—Sí. Ese último jutsu es la razón por la que Naruto y Yujin están aquí. Es un jutsu prohibido del clan Uzumaki, un jutsu hermano del Shiki Fūin(Sello de la parca).
—¿Jutsu hermano?—Preguntó Naruto intrigado. Nunca antes se había sentido tan curioso de lo que estaba pasando, y definitivamente, nunca había sentido ese sentimiento de inquietud que lo acompañaba desde el primer segundo que despertó en aquel lugar.
—Son aquellos jutsus que tienen una relación muy íntima debido a que, durante la creación de uno de ellos, el mismo creador se percata de que también puede formarse otro jutsu que funcione con los mismos principios, pero que involucra una consecución distinta—Respondió Sakumo mientras su compañero Jiraiya continuaba dubitativo y sumido en sus pensamientos.
—Ahora lo entiendo—Naruto sonrió a medias mientras agachaba la cabeza. La mirada con la que veía al suelo era de terror.
Las palabras de Ero-Sennin volvieron a despabilarlo:
—Tú no estás muerto Naruto, pero hay que darnos prisa—Dijo Jiraiya quien ya se había puesto de pie y se mostraba dispuesto a ponerse en acción. Aunque aún no había dejado en claro de que se trataba.
—Espere Ero-Sennin. Aún hay algo que tiene que decirme.
El peliblanco cerró los ojos y dio un largo suspiro.
—Antes eras un mocoso impaciente…—Jiraiya se dio media vuelta y se fue sentado de nuevo en el tronco dispuesto como asiento—…ahora estas dispuesto a sentarte y escuchar a tu viejo maestro. Vaya que has cambiado muchacho—El rubio le devolvió una sonrisa nostálgica y el peliblanco volvió a sentirse orgulloso de lo que sus ojos veían—Dime, ¿por dónde quieres que empiece chico?
—Usted ya me conoce Ero-Sennin, no soy muy bueno deduciendo cosas. Quiero escuchar desde el principio. ¿Es cierto que sobrevivió a la pelea con Nagato?, ¿Sí es así…porque no fue a buscarme inmediatamente?—Le cuestionó con un mirada acongojada.
—Es cierto…—El Sannin comenzó a perderse es sus más profundos recuerdos y su mirada procedió a tornarse perdida. Hacía remembranza de algo que nunca le había contado a nadie—…aunque, a decir verdad, yo debí haber muerto aquel día. Lo sé. El enemigo no había tenido ni un ápice de piedad conmigo. Y después de un agotador encuentro que había perdido, me fui sumergiendo en las profundas aguas del lago Amegakure. No sé si realmente me mantuve consciente hasta llegar a lo profundo del lago o si todo simplemente se había oscurecido en mi cabeza. Pero seguía sintiendo que flotaba en el agua, y fue ahí cuando en un instante dejé de sentir que me hundía y comencé a percatarme de que podía nadar hacia arriba.
Hubo una ligera pausa por parte del peliblanco. En ese momento Naruto y Sakumo mostraron una expresión de intriga. El tono con el que Jiraiya hablaba era muy distinto al que solía emplear. Al ver que no había necesidad de contener su relato, renovó su misteriosa narrativa:
—Debí haber nadado muy rápido en aquel entonces porque en unos breves segundos podía ver una luz muy blanca en la superficie. La luz se reflejaba por completo en toda la superficie del agua que mis ojos alcanzaban a ver. Estaba seguro de que era hora de irme, mi cuerpo y mi alma ya no se sostenían el uno del otro y cuando di una mirada a lo que dejaba atrás, pude ver mi cuerpo que continuaba hundiéndose en el lado oscuro del agua. Se dice que la luz del otro lado es hipnótica y que solo quieres ir hacia ella. Lo cierto es, que lo que me parecía más hipnótico era pensar en la vida que dejaba atrás. Así que me tome el tiempo para ver como mi cuerpo continuaba su camino hacia la penumbra, mientras me despedía de él y de la vida.—Jiraiya suspiró, como si aún no pudiera entender lo que le había pasado. Continuo con la misma serenidad:
—Fue ahí cuando lo vi. Vi a una sombra que se acercaba a mi cuerpo con una gracia natural, como si el agua fuera su medio. Al principio pensé que se trataba de un animal que encontraría un mejor uso a mis restos físicos, pero no me sostuvo como un pedazo de carne o como una presa, me sostuvo como algo que pensaba procurar, y cuando ya se marchaba, volteó a verme. Sabía que mi alma lo observaba y que yo estaba a punto de irme. Lo sé porque la manera en la que se dio todo despertó en mí una gran curiosidad.
Así fue como el extraño ser nadó hacia el lado oscuro del agua, y yo lo fui siguiendo con la poca luz a mis espaldas que me incitaba a regresar. Pronto dejé de verlo y la oscuridad lo volvió a cubrir todo. De pronto, tuve la sensación de que mis ojos se encontraran cerrados. Debido a que estaba rodeado por la oscuridad no tuve tiempo de darme cuenta. Así que forcé mis parpados; con cada vez que lo hacía los sentía más pesados, llegando hasta el punto en el que no podía simplemente abrirlos. Me costó mucho trabajo, pero finalmente, vislumbre una luz que se colaba por medio de mis pestañas. Lentamente, poco a poco, mi vista se fue esclareciendo. Reconocí algo parecido a un techo cavernoso y a través de él, pequeñas y largas corrientes de agua que fluían desafiando a la gravedad. Iluminaban toda la estancia con una luz que no sé exactamente dé dónde venía pero que se asemejaba a la de los rayos del sol a través del agua.
Jiraiya estuvo viendo fijamente a la fogata mientras contaba su historia. Levanto entonces su vista para ver el rostro de Naruto. Este lo veía fijamente. Ahora ambos se veían el uno al otro.
Jiraiya agregó que tan pronto había despertado, alguien comenzó a hablarle y después tuvieron una ligera conversación. La primera palabra la tuvo aquel misterioso personaje:
—Elegiste la penumbra y encontraste la vida nuevamente—Dijo una voz algo ronca y ligeramente grave. Después prosiguió—.Y La elección que has hecho, decidirá nuevamente el futuro del mundo Shinobi.
—¿Estoy vivo?
—Lo estas Jiraiya.
—Imposible, no había manera de salvarme—Dijo Jiraiya quien inmediatamente escuchó una ligera risa como respuesta. Sentía su cuerpo ligeramente entumecido, los oídos resonantes y la mirada exhausta. Sin embargo, no había seña del individuo que le hablaba. Se escuchaba cerca, pero por alguna razón no había rastro de él en aquel cuarto cavernoso.
—En eso estamos de acuerdo. Tu salvación no fue gracias a mí, yo solo hice la parte sencilla. Quien te haya salvado debe ser alguien que aún tiene cosas por hacer.
—¿Y eso que tiene que ver conmigo?—Dijo Jiraiya mientras se incorporaba del suelo. Le habían improvisado una especie de camilla en una barra de piedra sólida y lisa. Justo ahora que se encontraba inconsciente sentía el castigo que su espalda había recibido. El misterioso personaje continuaba con una ligera risa después de su última pregunta.
—Por supuesto, estoy hablando de ti.
—¿De mí? ¿Yo tengo algo que hacer aún? —Dijo el Sannin quien ahora sentado, buscaba a la persona que hablaba con él. A simple vista no podía vislumbrar a nadie.
—Si no es así, ¿por qué un hombre habría de regresar de la muerte?—Jiraiya bajó la vista al ubicar de donde venía su voz.—Si aún hay decisiones por tomar, aún existe la necesidad de vivir. Solo un hombre que le da la espalda a la luz del eterno descanso, es un hombre que no ve a la muerte como algo ulterior, al menos no aún.
Cuando Jiraiya pudo ver de quien se trataba se llevó una sorpresa momentánea. No era una persona normal si no una especie de reptil provisto de un bastón y una túnica gris. Su piel era naranja con manchas negras. Sus ojos grises y su pupila negra y alargada. Le recordaban un poco a los de Orochimaru, solo que estos parecían más amables y mucho más viejos.
—Disculpa, pero no te conozco. ¿Cómo es que supiste mi nombre desde un principio?
—Mi nombre es Ryōseima. Y la razón por la que sé quién eres se debe a tu Senjutsu.
—¿Mi senjutsu?—Hubo una ligera pausa—¿Cómo es que una lagartija como tu puede darse cuenta de eso?
De manera inmediata, aquella lagartija dirigió su bastón a la cabeza de Jiraiya. El golpe resonó de manera graciosa en el cavernoso espacio en el que ambos se encontraban, y el sannin se percató de que su intuición le había fallado de nuevo.
Después de un suspiro quejumbroso el misterioso personaje tomó la palabra.
—No soy una lagartija Jiraiya, soy una salamandra. Y por más sorprendente que parezca, una más vieja que tú.
—¿Una salamandra?—Jiraiya intentó sopesar el golpe recibido con su brazo izquierdo. Sintió entonces, un dolor punzante y un vació en la boca de su estómago. Dejó escapar una risa fútil e inmediatamente cambio de parecer. Ya se encontraba sobando su cabeza con el brazo derecho.
—No todo… se puede volver a recuperar—Comentó con pesar la salamandra, al percatarse de los pensamientos de su invitado.
Jiraiya se sorprendió al ver que su inusual salvador había notado la naturaleza de sus pensamientos. Decidido a no seguir luciendo tan lamentable, sonrió con energía y continúo hablando:
—Con tal de que no haya sido el derecho, todo está bien. Pero…—Jiraiya vacilaba pensativo—¿Quién eres tú?—Nuevamente, el peliblanco sintió la madera sólida de aquel bastón en la punta de su cabeza.
—¡Ya te había dicho mi nombre viejo mequetrefe!—Vociferó Ryōseima.—¡Bah!, y todavía que me compadecía de ti.—Agregó mientras se daba media vuelta y caminaba lentamente hacia la única entrada y por lo tanto, salida del cuarto.
—Oye, ¿adónde vas?
—¡A comer! —Profirió Ryōseima, sin detener su andar.
Jiraiya sintió como sus entrañas gruñeron con fuerza. Incluso le dolían. Ignorando el patético sonido que habían propagado por el cavernoso cuarto, se puso de pie y empezó a hablar en tono dramático.
—¡Oh, me siento mal! ¡Creo que esos golpes que recibí en la cabeza me están afectando! —Se arrodilló cuidadosamente y continuó con su desvariar— ¡No, no de nuevo!, ¡la luz, la luz me llama! ¡Si no como habré de ir…habré de ir a la luz!
—Oh ya cierra el pico Jiraiya—La vieja salamandra se había detenido a unos metros de la puerta— ¿Crees que te reviví para matarte de hambre después? Sígueme y deja de arruinar el poco respeto que aún tengo por ti.
Aún de rodillas y con la mirada perpleja, Jiraiya se puso rápidamente de pie. Con una sonrisa infantil se propuso a alcanzar al viejo Ryōseima. No le tomó mucho tiempo. Al salir del cuarto continuaron su caminata por un estrecho pasillo. Miraba con asombro los pequeños canales de agua que fluían a través del techo, justo como los que había visto cuando recién despertaba. Se trataban de canales interminables de luz que iluminaban la estancia de la manera más hermosa que jamás hubiera visto.
—¿Qué es este lugar?
—Te encuentras en el fondo del lago Amegakure. En la cueva submarina de Nezākōu.
—Nunca había escuchado hablar de ella.
—Me alegra escuchar eso—Dijo el viejo Ryōseima con una sonrisa nostálgica en su rostro—Desde tiempos inmemoriales, se llegó a la decisión de que Nezākōu debía convertirse en el lugar sagrado más celosamente guardo de todos. Una decisión en la que, por cierto, no estuve de acuerdo desde un principio, pero que Gamamaru y Hakujya me hicieron ver finalmente.
En ese momento Jiraiya se detuvo estupefacto, mientras el viejo Ryōseima seguía con su lento andar.
—Un momento, usted conoce a Gamamaru, ¿el Gran Sapo Sabio?
—Jijiji. Claro que lo conozco, crecimos en el mismo estanque. Vaya, hace mucho que no veo a esa vieja rana de expresión distraída.
Jiraíya solo tuvo que dar unos cuantos pasos para volver a alcanzar a la vieja salamandra.
—¿En verdad estamos hablando del mismo sapo?
—¿Porqué? ¿No me crees? ¿Acaso no me veo lo suficientemente viejo? Si es así me alagas. Aunque déjame decirte que desde que vi por primera vez la cara de Gamamaru sabía que envejecería antes de tiempo. —Ryōseima comenzó a soltar una carcajada de recordar la cara de su viejo amigo cuando era tan solo un renacuajo, realmente era la misma expresión que ostentaba ahora.
—Si eres tan viejo como el Gran Sapo Sabio, tú debes ser la Gran Salamandra Sabia ¿no es así?
Mostrando un rostro orgulloso y halagado, el viejo Ryōseima comenzó a hablar con más condescendencia y humildad fingida.
—Bueno, bueno, no me han llamado así muchas veces, pero supongo que se me puede considerar de esa manera.
—Pero pensándolo mejor, no me parece tan sabio. A decir verdad, Gamamaru es bastante grande, además, aunque nunca he visto a Hakujya en persona, dicen que es la serpiente más larga de todas, así que ¿por qué debería creerle?
Con cada palabra que involucraba el tamaño y aspecto de sus semejantes, el viejo Ryōseima torcía su boca y fruncía todo el ceño.
—Ja, me importa muy poco si me crees—Dijo Ryōseima en un esfuerzo por no volver a golpear a su recién invitado con el bastón de madera—Pero creo que has olvidado que volviste a la vida. Me pregunto si tal logro no te parece prueba suficiente.
—Pero usted dijo que yo me reviví solo—Respondió Jiraiya con total tranquilidad e ignorancia de que su viejo anfitrión estaba a punto de propinarle una golpiza.
Ryōseima se volvió hacia él, y en lugar de golpearlo en la cabeza empezó a azotar el bastón contra todo su cuerpo repetidamente.
—No, no y no, yo no dije eso ignorante pervertido. Lo que dije es que mis grandes poderes no hubieran servido de nada si tú no hubieras tomado la decisión de regresar a la vida—Ya cansado, el viejo Ryōseima detuvo su represalia y con un suspiro cambio su tono—Aghh, pero olvídalo, esto es lo que me gano por ser un humilde sabio cuyo nombre nadie sabe y nadie respeta—Ryōseima continuo con su lento andar y Jiraiya lo siguió, esta vez mas empático y atento a la identidad de su anfitrión.
—¿Y como esta eso de que nadie sabe sobre usted? ¿No se supone que todos los recintos sagrados son guardados en secreto?
—Je, ¿de verdad te interesa? —Ryōseima se encontraba cauteloso de cualquier otra descortesía que pudiera hacerle el peliblanco.
—Bueno, me interesa más saber por qué me revivió, pero no me gustaría escucharlo antes de comer. Además, tengo cosas pendientes, por lo que ya no tendremos mucho tiempo para charlar después.
—Ya veo—Sonrió y continuo—Los recintos sagrados son locaciones secretas cuya ubicación solo muy pocos conocen. Pero dar con ellos no es estrictamente imposible ¿o sí? Además, sus enseñanzas pueden estar al alcance de los que son dignos. En mi caso nunca le he enseñado mis secretos a nadie y ningún alma extranjera ha podido dar con este lugar.
—¿Nadie? ¿Por qué?—Inquirió Jiraiya, esta vez realmente intrigado por la respuesta.
—Ya lo había mencionado, es un acuerdo al que llegue con Gamamaru y Hakujya. Solo en los otros recintos existe un mapa detallado para llegar a este lugar.
—Humm, interesante, uno simplemente se dejaría llevar por la idea de que lo más importante que pueden resguardar esos lugares es el secreto del modo sabio, no que existe otro recinto sagrado—Decía Jiraiya mientras se mostraba pensativo, con su mano derecha masajeando su barbilla.
—Exactamente.
—Pero…¿por qué Nezākōu no puede ser como los demás recintos?—Esta vez Jiraiya agregó un tono de seriedad a su pregunta para incentivar a Ryōseima a que le respondiera.
—Mis enseñanzas del Senjutsu son muy peligrosas. Sería imprudente que cualquiera que no fuese yo, pudiera entender el poder que guarda el Modo Sabio de la Salamandra—Hubo un silencio que lleno el pasillo por el que caminaban. Solo se escuchaban sus pasos. Ryōseima decidió confiarle más información al legendario Sannin al ver que esta vez su curiosidad había despertado—De todos nosotros los sabios del mundo primitivo, yo fui el que más ahonde en la energía de la vida y el modo sabio. Con el tiempo a mi favor, termine llegando a una parte demasiado profunda en el abismo de dudas que es el universo. Pero al concentrarme en el poder y el conocimiento, descuide la espiritualidad y la mesura, por lo que no vi en su momento lo peligroso que sería que alguien más se enterase de esta particularidad presente en el Senjutsu. Así que Gamamaru y Hakujya me ayudaron a esconderlo. Fue la mejor decisión. Sin embargo, el secreto de Nezākōu ha tenido que ser develado.
—¿Lo dice por mí?—Agregó el peliblanco esbozando una sonrisa.
—No exactamente Jiraiya—Respondió la vieja salamandra con una calma disfrazada.
