—¡Aghhh!—Gritó Jiraiya mientras caía de sentón en el suelo y se sobaba un reciente chichón que se le había hecho en la parte posterior de la cabeza.

—¿Qué sucede Jiraiya?—Pregunto al ver al peliblanco en el piso y sobándose la cabeza con agudeza.

—No sé, creo que algo me golpeó en la cabeza—Agregó, con una mueca de dolor aún visible en su rostro.

—¿Cómo dices?—Se dio la vuelta para volver la vista al agujero y ver a lo que el peliblanco se refería. Al principio no veía más que la oscuridad brumosa del agua, pero solo unos segundos antes de apartar su vista, un pequeño bulto se asomaba lentamente—¿Pero qué…?—Se preguntó el viejo Ryōseima quién incluso forzaba un poco la vista para entender lo que sus ojos veían. La sorpresa que vino después finalmente trajo mayor sentido a las cosas cuando un niño de pelo púrpura salió abruptamente del agua e hiso retroceder a la vieja salamandra. Resultaba que el bulto era un chichón que sobresalía de la parte superior de la cabeza del niño.

—¡Rayos! ¿Qué demonios fue con lo que me golpee? —Se quejaba el recién llegado mientras se mantenía a flote en el agua del agujero.

—Un… ¿un niño?—La vieja salamandra no podía entender lo que sus ojos vislumbraban. Volteó a ver al viejo Jiraiya quién aún en el suelo también observaba estupefacto la pequeña cabeza púrpura que les regresaba la mirada con frustración y curiosidad.

—¿Qué hacía bloqueando la salida viejo tonto?—Dijo el niño dirigiéndose a Jiraiya y señalándolo con un dedo.

De pronto, la sorpresa se había borrado del rostro del legendario Sannin. Por lo que ahora, su única expresión era de enojo y reclamo. Sus ojos se habían puesto blancos de ira.

—¿A quién llamaste viejo niño loco?—Alegó mientras le regresaba el señalamiento con su dedo índice.—No se suponía que un niño como tu pudiera salir de allí ¿lo sabías?

—¿Sí? pues por su culpa casi muero ahogado. Debo reconocer que tiene la cabeza dura a pesar de ser un vejete decrépito.

—¿Cómo dices?—Vociferó mientras se ponía de pie.

—Je, y ni crea que le voy a tener lástima por haber perdido un brazo.—Replicó desafiante mientras sacaba el resto de su pequeño cuerpo del agua y se incorporaba al suelo de la reducida caverna.

—No hace falta niño, he aplastado cosas más grandes que tú con mi dedo meñique—Jiraiya se encontraba colérico ante la arrogancia del recién llegado.

Ryōseima, quién en todo ese tiempo había hecho el esfuerzo de entender lo que estaba pasando, se acercó a Jiraiya y lo golpeó con su bastón para que se tranquilizara.

—No me digas que te estás buscando pelea con un niño Jiraiya—El peliblanco volteó a mirarlo, pero la vieja salamandra solo observaba al niño. Éste se encontraba sacándose el agua de los oídos con unas cuantas palmadas en las orejas e ignorando por completo a ambos sabios—¿Me pregunto que hace un niño aquí?

Jiraiya también cayó en cuenta de lo que estaba pasando. ¿Un niño en Nezākōu, el recinto sagrado más celosamente guardado por los sabios del mundo primitivo? ¿El recinto al cuál era imposible llegar sin ser detectado? ¿Cómo era eso posible?

—Ya veo. ¿Cómo es que fue a dar con este lugar ese horrible niño?

—Shh, no hables tan fuerte o te escuchará.

—No le veo el problema. Ya debe estar consciente de la mala actitud que se trae.

—A lo que me refiero es que este niño puede ser…— Ryōseima no había terminado su frase, pero había dejado intrigado a Jiraiya.

—¿Qué?—Pregunto confundido mientras la vieja salamandra le regresaba una mirada misteriosa.

—WoW, ¿es esa su mascota?—Pregunto el niño, quien se acercaba sorprendido.

Jiraiya guardó silencio. Se atrevió a mirar de soslayo a la vieja salamandra esperando que se hubiera tomado el comentario con más tranquilidad. Lo hiso justo a tiempo para detenerlo de arremeter con su bastón al inocente visitante.

—¿Mascota? ¿Soy la Gran Salamandra Sabia niño incompetente? —Decía mientras agitaba su bastón de un lado a otro y una que otra vez acertaba contra la cabeza de Jiraiya—¡Suéltenme!, ¡Sueltenme!

—Increíble, también sabe hablar—Agregó impresionado, mientras veía a Ryōseima agitarse entre los brazos de Jiraiya como si se tratase de un perro rabioso.

— Ō-Ryōseima-sennin tranquilícese por favor—Apretaba la quijada cuando recibía el daño colateral del bastón—No dice que este niño es algo…no sé…¿importante?

Al instante, Ryōseima cesó sus furiosos ademanes. Cuando Jiraiya hubo confirmado que el legendario sabio se encontraba más tranquilo, lo bajo con cuidado en el suelo de la caverna. Arregló sus ropajes. Después, con los ojos cerrados y un largo suspiro, Ryōseima continuo:

—Me disculpo por el indebido comportamiento. No estoy muy acostumbrado a los ademanes humanos—Abrió sus ojos y se dirigió al recién llegado quien lo miraba con curiosidad y confusión. —Mi nombre es Ryōseima, y soy una salamandra. La gran Salamandra sabia y guardián de este lugar.

—¿La Gran Salamandra Sabia?—Lo asimilaba como si lo hubiera escuchado antes—Increíble, usted de verdad me está hablando.

Ryōseima aprovechó el momento para continuar con la conversación.

—Si me permites, me gustaría saber tu nombre y de dónde vienes.

El niño sonrió con cierta arrogancia, revelando su identidad mientras se señalaba a sí mismo con el dedo pulgar y en el intento de darle cierto impacto a su presentación.

—Je, pues yo no soy un sabio o una salamandra, pero mi nombre es Kumorizora Yusei, y soy el alumno número uno de Konan-Sensei y Na…—El niño vaciló—Es decir Pain-Sama. Vengo de Amegakure y desde ahora, este lugar le pertenece a Pain-Sama

Ambos, Jiraiya y Ryōseima permanecían en un abrumador silencio. Sin embargo, era de percibirse que la mayor sorpresa era por parte de Jiraiya, quién observaba con inquietud al pequeño Yusei. La vieja salamandra lo miro de soslayo, el peliblanco se mostraba demasiado impactado como para pronunciar palabra alguna.

—No entiendo, ¿cómo fue que llegaste aquí?—Inquirió, ignorando por completo el asunto de Akatsuki y Pain.

Yusei parecía deliberar algo en su mente. Recién se percataba de la mirada que le estaba haciendo Jiraiya y de lo extraño que era la situación en la que se encontraba.

—Bueno, y… ¿Cómo qué autoridad tiene usted para hacerme ese tipo de preguntas? Ya le dije, vengo por parte de Amegakure y la organización secreta de Akatsuki. Este territorio esta debajo de nuestra aldea, por lo que es propiedad de Amegakure.

Ryōseima sonrió de manera forzada tratando de restarle hostilidad al infante.

—Eso parece, eso parece—Dijo con una sonrisa, acercándose con lentitud y exagerando sus movimientos para parecer más viejo y frágil de lo que en realidad era—Pero, no entiendo por qué esa es razón para no revelarme la naturaleza de tu presencia en este lugar. ¿Acaso tu sabías de su existencia?

—Bueno, antes necesito saber si acepta mi autoridad de ahora en adelante. Realmente necesito impresionar a Pain-Sama para que me deje unirme a las filas de Akatsuki.—Dijo con una mira esperanzada en su semblante.

A pesar de la actitud hostil y altiva que había mostrado en un principio, realmente se trataba de un niño que no parecía estar muy seguro de lo que estaba sucediendo. Su inocencia incluso conmovió por un momento al mismo Ryōseima, que con la dulzura de un abuelo aceptó con gusto a la recién proclamada autoridad del Recinto Sagrado de Nezākōu.

—Desde luego que acepto tu autoridad joven Yusei. Cuenta conmigo en el recorrido por este lugar.—Ryōseima hizo un gesto cordial con la mano, invitando a Yusei a adentrarse en la caverna.

Yusei sonrió victorioso y acepto la invitación. Adelantándose primero a paso ligero y pasando a lado de Jiraiya quién continuaba de pie, dubitativo.

—¿Eres alumno de Nagato y Konan?—Pregunto Jiraiya casi con una voz susurrante.

El pelipúrpura se detuvo abruptamente. Al ser considerablemente más pequeño que el peliblanco, tenía que levantar el rostro hacia el cielo para poder verlo a los ojos, sobre todo ahora que ambos se encontraban frente a frente.

—¿Cómo sabe del nombre de Nagato-Sama?—Inquirió, observando en suspenso a Jiraiya, quién con su imponente estatura, le regresaba una mirada sospechosa. De súbito, Ryōseima intervino al sentir que las cosas volvían a ponerse tensas.

Se escuchó un golpe y Jiraiya cambio su intensa mirada por una de dolor y confusión.

—Es porque yo se lo dije. Verás pequeño Yusei, llevó muchos años en este lugar, desde luego que conozco a tus maestros y la historia que hay detrás, jejeje.—Le indicó a Yusei que continuara y que en un momento lo alcanzaba.

Por otro lado, y mientras se sobaba el nuevo chichón en su cabeza, Jiraiya le replicó.

—¿Qué demonios fue eso?

—Improvisación amigo mío, improvisación. No podía dejar que te delataras tan pronto—Jiraiya le regresó una mirada de comprensión—Además aún hay información que no nos ha dicho, lo mejor será hacerlo poco a poco, mientras nos ganamos su confianza.

La plática continuó a lo largo de los pasillos. En realidad, los únicos que hablaban eran Yusei y Ryōseima, Jiraiya solo los escuchaba, muy atentamente. La mayor parte del tiempo, la vieja salamandra solo hablaba del recinto, de las criaturas que vivían en él, y el tiempo que llevaba de existencia. Todos estos relatos, dejaban realmente sorprendidos al joven Yusei, y éste, satisfacía su curiosidad haciéndolo a la salamandra más preguntas. En torno a todo eso se podía resumir la conversación. Al cabo de unos minutos, llegaron a la cámara principal y el pelipúrpura, finalmente pudo ser capaz de ver aquel domo mágico que, desde luego, había sido uno de los temas de conversación.

—Increíble, realmente es hermoso—Dijo mientras levantaba la mirada con júbilo. No percibió que Jiraiya lo observaba con un poco de frialdad en su mirada.

—Que niño tan más extraño, no parece tan rudo ahora.—Dijo Jiraiya mientras relajaba su frio semblante. Ryōseima se percató de ello.

—Veo que ya te cae mejor.

—No precisamente—Cruzó sus brazos y se hiso el desentendido. —Aún no nos ha dicho cómo llegó aquí, y su relación con…bueno, ya sabe a lo que me refiero.

—Lo sé. Es por eso que decidí esperar hasta el banquete. A nadie le gusta hablar de temas delicados con el estómago vació, ¿no te parece?—Le sonrió como solo una persona de avanzada edad y experiencia podía hacerlo.

—Pero si acabamos de comer, ¿cómo es posible que usted tenga hambre?—Pregunto al ver a la vieja salamandra tan entusiasmada.

Ryōseima solo se limitó a sonreír de nuevo.

—Pero ¿qué estás diciendo? Siempre es un buen momento para comer un bocadillo.

Los tres individuos se sentaron en la mesa rectangular de piedra. Yusei tenía uno de los lados completamente para él, para que pudiera tomar con libertad toda la comida que se encontrara a su alcance. Del otro lado, Jiraiya y Ryōseima se había sentado juntos. Se suponía que por haber comido antes era lo más conveniente, pero sinceramente, el legendario Sannnin veía a Ryōseima comer con el mismo entusiasmo. Solo se limitó a comer un corte de carne y algunas verduras frescas. Estaba inquieto por escuchar la parte de la conversación que realmente le interesaba.

—¿Si claro, un bocadillo?—Pensó el peliblanco. Entonces, fijo su atención a Yusei y finalmente decidió hablarle—¿Te gusta la comida?

—Uhmm, me encanta—Respondió Ryōseima en su lugar.

—Le pregunte a nuestro invitado—Reiteró Jiraiya con cansancio.

—Sí, es excelente—Respondió Yusei, quien no se molestó en dar una respuesta más larga y tener que parar de masticar.

Jiraiya estaba listo para formularle otra pregunta, pero Ryōseima comía con tanto entusiasmo que ni siquiera le dejaba escuchar sus propios pensamientos. Con su codo le dio un discreto, pero contundente golpe a su salvador, haciendo que se atragantase con un pedazo de carne y le regresase una mirada de fastidio. La vieja salamandra había comprendido la indirecta.

—Oh, Yusei, si no te importa, me gustaría escuchar esa historia de cómo llegaste a este lugar—Tan pronto hiso el comentario, volvió a renovar su apetito, esperando que el peliblanco estuviera satisfecho y no siguiera incomodándolo.

—Oh, ¿eso? Lo leí en un pergamino que se encontraba en la Gran Biblioteca de Amegakure.

—¿Cómo?—Pregunto Ryōseima, deteniendo lo que estaba haciendo.

—Sí. Estaba buscando unos jutsus secretos, quiero hacerme mucho más fuerte para ganarme el respeto de Pain-Sama y Konan-Sensei. Ellos me entrenan, pero cada vez ha sido menos frecuente, así que quiero que lo hagan más seguido, pero tengo que demostrarles que vale la pena. Porque si soy fuerte, pero debo esforzarme más y….

—Comprendemos Yusei. Pero dinos, ese pergamino tuyo, ¿qué es exactamente?—Inquirió Ryōseima.

—Bueno no estoy seguro, estaba entre las páginas de un libro. Ni siquiera se trataba de un libro de rango alto, de hecho, era de los básicos. Sin embargo, en una de las páginas estaba firmado con el nombre de Hanzō, ya saben, el antiguo líder de Amegakure.

Ryōseima paró con su insaciable hambre y se puso de pie sobre el banco en el que antes se encontraba sentado. Apoyó su bastón sobre la mesa e inclinó su cabeza sobre este.

—Me temí que esto fuera a pasar—Quitó su bastón de la mesa y volvió a dirigirse a Yusei.—¿Te importaría mostrarme el pergamino?

Yusei también había pausado lo que se encontraba haciendo, ahora solo miraba a ambos ancianos frente a él. Tenían rostros intranquilos, pero amables. Ryōseima le extendía su mano cordialmente.

—Claro, es este. —Metió su mano en un bolsillo de tela impermeable y se lo extendió a la vieja salamandra. Se trataba de una mitad de hoja de pergamino, la letra tenía trazos depurados y cuidadosos. Como si se hubieran escrito conforme alguien los relataba al escritor. Jiraiya le echó un vistazo y levanto su ceja.

—¿Y cómo sabemos que esto lo escribió Sanshōuo no Hanzō (Hanzō de la Salamandra)? No parece tener firma ni nada por el estilo.

—No…—Replicó Ryōseima de inmediato—…definitivamente es de él, no existe otra explicación.

—¿Pero cómo puede estar tan seguro?—Inquirió Jiraiya.

—Por Ryōsaki.

—¿Ryōsaki? ¿Qué está tratando de decir? ¿Qué es Ryōsaki?

Yusei los observaba en silencio. Ambos ancianos tenían un aura muy intensa en sus miradas y la conversación que acababa de surgir se escuchaba muy interesante para su infantil y curiosa mente. La vieja salamandra continuó:

—Ryōsaki era una de las salamandras que vivía en este lugar. Era un camarada de todos nosotros, un amigo—Una gran cantidad de salamandras caminaban y jugaban alrededor de ellos mientras Ryōseima recordaba a su antiguo alumno—Se hizo un entrañable amigo de Hanzō cuando ambos eran pequeños. Tanto, que dejo Nezākōu para convertirse en su compañero y estar presente en todas sus batallas.

Jiraiya recordaba aquella batalla que él, Orochimaru y Tsunade habían tenido con Hanzō hacía muchos años atrás.

—¿Esa salamandra gigante se llamaba Ryōsaki? Vaya compañero que se consiguió Hanzō, realmente era un dolor de cabeza cuando peleaba al lado de su salamandra.

—¿Peleaste contra Hanzō y Ryōsaki?—Pregunto Ryōseima sorprendido.

—Fue solo una vez, gracias a ello nos dieron el titulo de legendarios Sannin. Pero jamás me hubiera imaginado que esa salamandra estaba relacionada con este lugar. Entonces….

—Sí. Seguramente Hanzō buscaba la manera de hacerse más fuerte y Ryōsaki no dudo en contarle sobre mí y este lugar. Este escrito lo comprueba, describe detalladamente cómo llegar a este lugar. No puedo creer que haya decidido confiarle nuestro secreto a ese Shinobi belicoso.—Agregó con el rostro cabizbajo.

—Bueno, es de comprenderse. Hanzō había escuchado hablar de Pain-Sama antes de que lo asesinaran. Ese viejo Shinobi sabía que mi sensei estaba tras él—Agregó inesperadamente el infante. Ambos sabios se habían olvidado de que se encontraba ahí escuchando su conversación.

—¿Cómo dices?

—Es una historia muy conocida en mi aldea. Después de todo, gran parte de los Shinobis que le servían a Hanzō ahora le sirven a Pain-Sama. Incluso los antiguos funcionarios y generales que ocupaban altos cargos durante el gobierno de Hanzō, tuvieron que dar mucha información a cambio de que se les perdonaran sus vidas. Una de ellas mencionaba que, de hecho, Hanzō había encontrado un lugar de vital importancia en el cual refugiarse, pero que nunca reveló su ubicación. Le había dado dos razones a su personal de seguridad. La primera era que odiaba tener que esconderse, y la segunda, era un lugar muy importante para uno de sus más cercanos amigos, por lo que lo pondría en un excesivo riesgo si se paraba por allí, además de que guardaba un secreto muy importante del cual el enemigo jamás debía enterarse. Esto le llamo mucho la atención a mis Sensei. Durante mucho tiempo intentaron dar con ese lugar, pero nunca lo encontraron. Un momento…—Dijo Yusei como si acabara de descubrir algo—Ese lugar, ¿es este no es así?—Agregó con entusiasmo.

—Bueno, eso es correcto.—Respondió Ryōseima algo inquieto.

—Esto es realmente increíble. Yo, Kumorizora Yusei, he podido dar con ese lugar. Una oportunidad como esta es lo que estaba buscando. Tengo…tengo que decírselo a Pain-Sama y Konan-Sensei—Yusei se levantó de la mesa y se puso a brincar y trotar hiperactivamente por el césped que rodeaba la mesa. —Vamos Ryōseima-San, dígame la manera más rápida de llegar a Amegakure.

—Espera Yusei, esto no es momento para…—Jiraiya fue entonces interrumpido.

—¿Cómo fuiste tú a dar con este pergamino? Es realmente algo desconcertante. Toda Amegakure estuvo buscando esta información. Y tu solo abriste un libro y lo encontraste, si lo piensas bien, parece algo cercano a lo que ustedes los humanos les gusta llamar "destino".

—¿Destino? —Repitió Jiraiya intrigado. Yusei había dejado de revolotear por allí. Se había percatado de la mirada que le estaba echando Ryōseima. Éste, lentamente se le acercaba.

—De casualidad, ¿eres descendiente del clan Uzumaki?—La pregunta de Ryōseima había tenido un efecto abrumador. Jiraiya se había llevado una gran sorpresa con esa pregunta, pero Yusei lucía realmente atónito, como si la sangre de sus venas se hubiera detenido. Inmediatamente se había puesto pálido y sus ojos lucían como si quisiesen salirse de sus cuencas. Sin duda alguna, la mayor parte de la sorpresa de aquella pregunta se la había llevado el pequeño joven.

—Imposible, nadie sabe eso sobre mí. ¿Cómo es que…

—Entonces eres tú. Realmente eres tú.—Dijo Ryōseima interrumpiendo la perplejidad del chico.

—¿De qué está hablando Ō-Ryōseima-sennin?—Jiraiya se puso de pie abruptamente. Sintió como su voz temblaba mientras formulaba la pregunta.

—Kumorizora Yusei es el niño de mi profecía Jiraiya. Él es el alumno al que debes preparar para la nueva amenaza del futuro.

—¿Qué? ¿Este chiquillo afiliado con el enemigo?

—¿Enemigo? ¿Quiénes son ustedes? ¿Y cómo saben que mi padre era miembro del clan Uzumaki?—El chiquillo de pelo púrpura sacó un Kunai de su bolsa de herramientas y se mostró amenazante tanto a Jiraiya como a Ryōseima.

—Tranquilo Yusei, no somos tus enemigos—Agrego la vieja salamandra, pero el pelipúrpura seguía mirándolos de manera insegura.

—Mi padre dijo que todos aquellos que supieran de mi linaje Uzumaki eran enemigos.

Jiraiya observaba a la distancia. Entonces recordó a Kushina y todos los problemas que había pasado por ser un miembro del clan Uzumaki. Incluso había escuchado historias a lo largo de todo el mundo Shinobi. Personas que descendían del clan Uzumaki eran constantemente acechadas por los cazarreconpensas, tanto privados como de aldeas ninja. Sus secretos eran muy anhelados. Pero nunca había visto en carne propia el miedo que se vislumbraba en aquellas personas que eran cazadas de tan cruel manera. La mirada de Yusei era de terror, seguramente no era la primera vez que alguien lo buscaba por ser del clan Uzumaki. En su mirada se podían identificar las cicatrices de una vida tortuosa.

—Así que tu padre era del clan Uzumaki—Jiraiya se fue acercando más, acaparando toda la atención del pelipúrpura.—Dime algo Yusei, si realmente eres del clan Uzumaki, ¿por qué tienes el pelo morado? Creí que aquellos que descendían de ese clan tenían el pelo rojo.

—No te voy a decir nada…y…no…no te acerques más, o te clavaré este Kunai.

—¿Piensas hacerle daño a este pobre viejo sin un brazo? Vaya, vaya, sí que te subestimé. De todas formas, no hay necesidad de que me respondas. Conozco a un chiquillo del clan Uzumaki en una situación similar a la tuya. Se trata de mi alumno, su nombre es Naruto Uzumaki.

—Su…¿su alumno?—Yusei seguía con la guardia en alto y el filo del Kunai apuntando hacia Jiraiya. Pero había caído en cuenta de que la mirada del legendario Sannin no se parecía en nada a la de aquellas personas que lo cazaban. Ryōseima los observaba en sereno silencio.

—Así es. Se trata de un muchacho de cabello rubio y actitud problemática. Se supone que es más grande que tú, pero yo diría que son bastante parecidos, seguramente se llevarían bien—Jiraiya podía ver como la mirada de Yusei se desprendía de aquel terror que lo abrumaba por completo—Su madre tenía el pelo rojo y su padre el pelo rubio, al final el terco de mi alumno quiso nacer con el mismo pelo rebelde de su padre. ¿Acaso eso fue lo que te paso a ti?

—No, mi pelo púrpura lo heredé de mi madre—Yusei se dio cuenta de que lo habían hecho revelar aquella información y volvió a ponerse en guardia.

—Oh, ya veo—El peliblanco se percató de que la a mano con la que Yusei empuñaba el Kunai se encontraba temblando. Fue entonces cuando Jiraiya pudo sentir como la ira brotaba de su propio corazón. Quería hacer pagar a todos aquellos que hubieran atormentado a aquel niño de esa forma—Escucha Yusei, se por lo que estás pasando. Lo he visto antes. Todo este tiempo has estado solo y lo único que buscas es un lugar en el cual encajar, personas con las que rodearte y sentirte protegido, un propósito por el cual pelear y entender todo el sufrimiento que te ha perseguido desde que naciste. No solo tienes un parecido con Naruto, también has vivido una vida parecida a la de mis otros pupilos, Konan y Nagato.

—¿Qué? ¿Nagato-Sama y Konan-Sensei también fueron sus alumnos? —Inquirió con sorpresa mientras veía como el viejo Jiraiya le regresaba una sonrisa—Por alguna razón no le creo, puede que este lo suficientemente viejo para decir la verdad. Sin embargo, no se supone que tenga que creer todo lo que los adultos digan.

—Que inteligente. Pero no estoy mintiendo. Esa persona a la que llamas Pain-Sama, es en realidad Nagato no es así ¿o me equivoco?

—¿Cómo? ¿Cómo lo sabe?

—Vaya, así que estoy en lo correcto—Jiraiya agachó la cabeza por un momento y después pasó a sentarse en el césped, con las piernas cruzadas y viendo nuevamente hacía los ojos del pelipúrpura.

—Konan, a ella de hecho la pude ver hace poco. Una hermosa mujer de cabello azul, con un gran dominio en el Origami ninja. Por otro lado, Nagato es un muchacho de pelo rojo y portador del Rinnegan.

—Eso es correcto—Bajo por completo su Kunai y se sentó al igual que Jiraiya.—Pero es imposible que los haya visto hace poco. Nadie los ve a menos que ellos deseen ser vistos. Ni siquiera un 1% de la aldea sabe cómo lucen. Nos gobiernan a todos en las sombras y se han asegurado de mantenerlo así por varios años.

—Bueno, entonces yo sería una excepción a esa medida de discreción. No dudaron por un momento en revelarse ante mí tan pronto entre a la aldea—Sonrió incómodamente mientras recordaba lo que había pasado—Me pregunto si fue por nostalgia o resentimiento. Sea como sea, fue porque me conocían y yo los conocía a ellos.

—Un momento…¿Usted es aquel intruso con el que pelearon unas semanas atrás? Entonces sí es un enemigo.—Lo señalo con el dedo mientras lo miraba con el ceño fruncido.

—Tal vez sea el de ellos, pero no tengo razones para ser el tuyo.

—Pero si es enemigo de mis Sensei entonces también es mi enemigo.

Jiraiya le regresó una sonrisa a Yusei y éste se quedó confundido.

—Honestamente, debo de decir que me alegra saber que mis antiguos alumnos aún tienen un lado amable. Cada vez que mencionas sus nombres pareces sonar orgulloso. Los conozco…no…de hecho, solo conozco una parte de ellos. Pero tal vez comprendas a lo que me refiero cuando te diga la razón de mi actual enemistad con mis antiguos pupilos. Al igual que tú, ese alumno del que te conté, Naruto Uzumaki, está siendo cazado por Akatsuki. La organización que Nagato y Konan encabezan.

—¿Qué? No, eso no puede ser cierto. Akatsuki es una organización que nos ha protegido desde hace mucho tiempo.

—Entiendo cómo debe de sonarte esto Yusei, pero es cierto. A diferencia tuya, no lo cazan por ser un Uzumaki, si no por ser un Jinchūriki.

—¿Un Jinchūriki?—Repitió Yusei dubitativo.

—Al igual que tú, Konan y Nagato eran dos niños huérfanos que la Guerra Mundial Shinobi había dejado atrás. De hecho, no eran solo ellos dos, había otro chico llamado Yahiko, pero por tu rostro veo que no lo conoces. Ahora entiendo que es lo que pudo haber pasado—Jiraiya reflexionó por un momento en silencio.— En resumen, Konan y Nagato han sufrido demasiado todo este tiempo y la desesperación se ha apoderado de ellos. Tú no la notas porque eres lo que quieren proteger, pero créeme, los medios por los que piensan conseguirlos no son nada diferentes a los de un cazarrecompensas. Tanto, que no dudaron en asesinarme.

—Espere, ¿acaso ellos intentaron matarlo a usted que era su Sensei? Eso no puede ser cierto…

—Es cierto—Agregó Ryōseima, finalmente intercediendo en la conversación—Yo mismo le hice las curaciones. De no haberlo hecho, Jiraiya estaría muerto.

—Jiraiya, ahora lo recuerdo. Sí, creo haber escuchado a Konan-Sensei pronunciar ese nombre una vez, durante los entrenamientos. Lo había olvidado porque creí haber escuchado mal, nunca creí que Konan y Nagato-Sensei hubieran tenido un maestro—La conversación se detuvo por un momento y se puso a reflexionar—Pero eso no explica cómo es que saben de mi linaje Uzumaki.

—Ahí es dónde entro yo Yusei—Ryōseima vio de reojo a Jiraiya y este le regresó un gesto de aprobación asintiendo con la cabeza—Hay algo que necesitas saber, algo sobre una profecía y un niño que tiene un papel muy importante en los conflictos que están por venir….

La fogata seguía ardiendo con un fuego intenso a pesar de lo prolongada que había sido la anécdota. Y todos los que escuchaban aquella anécdota no se habían dejado distraer ni por un momento. Jiraiya seguía hablando, pero se acercaba la hora de terminarla.

—Después de que Ryōseima y yo le contamos acerca de la profecía, Yusei no tardó mucho en comprender que él era ese niño que estábamos buscando. Tan solo tenía doce años y todas las pistas apuntaban a él. Después de lo que había visto con Nagato y Konan, no quería dejarlo solo convirtiéndose en el próximo Pain de Amegakure. Decidí confiar en lo que mi corazón decía y me quedé con él, entrenando y preparándolo para un destino que solo hasta mis últimos días de vida, logre averiguar.

—¿Qué?—Inquirió el rubio con desesperación. Aun recordaba las palabras de Yusei durante su batalla en los lindares del bosque Yosamu. Algo que hablaba sobre la amenaza que significaba para el mundo Shinobi que él siguiera con vida.

—Naruto. Yo viví algunos años después de que Nagato me derrotase en Amegakure—Jiraiya pudo ver la sorpresa en el rostro de Naruto.

—Eso quiere decir que…

—Así es. Viví lo suficiente para saber que la alianza Shinobi triunfo y que tu habías derrotado al verdadero rostro detrás de todo el sufrimiento que se estuvo gestionando por años en el mundo Shinobi…

—Kaguya.—Dijo Naruto con seriedad. Jiraiya asintió lentamente con su cabeza.

—Lo sé todo Naruto. Madara, Obito, tu padre, Sasuke y finalmente, la ayuda que lograste conseguir de Nagato. Está de más decir que tanto Yusei y yo estábamos maravillados con lo que habías logrado. Fue entonces cuando nos preguntamos ¿qué es lo que seguiría ahora? La paz ahora reinaba en el mundo Shinobi y todos los enemigos habían sido derrotados entonces…que significaba la profecía de Ryōseima. ¿Todos esos años de entrenamiento, para que habían servido?...

Alrededor de la fogata comenzaba a reinar un silencio sepulcral. Jiraiya comenzó a recordar la parte más significativa de la profecía.

—La profecía de Ryoseima es muy parecida a la de Gamamaru con excepción de algunos detalles, detalles que sugieren que la profecía de Gamamaru antecede a la de Ryoseima. En esta última se menciona que yo "decido entrenar a un alumno que va a ser responsable de una gran revolución en el mundo... en la que finalmente tendrá que destruir el símbolo de la paz con tal de alejar su completa destrucción, el resultado decidirá el destino de todos. Yo intentaré de convencerlo de que no lo haga… pero finalmente tendré que viajar de nuevo… no se sabe a dónde ni porqué…pero yo caminare por ese mundo…viendo todos los pasados de la vida…viendo como todo tomo su forma, su rumbo y su destino…"

—Ya veo. No se necesita ser un genio para entender lo que la metáfora significa. —Dijo Sakumo Hatake.

—Así es, cómo dijo Sakumo, no tardamos en comprender que el símbolo de la paz se refería a Naruto. Mi antiguo alumno y compañero de enseñanzas de Yusei. La razón por la que yo intentaría convencerlo de que no cumpliera su destino era porque éste, significaba que tendría que matar a Naruto, el primer niño de la profecía. Y, sobre todo porque no se nos decía el por qué. ¿Qué secretos resguardaba el destino para sugerir semejante barbaridad?—Aseveró Jiraiya con una voz abatida y desconsolada—¿Por qué alguien que solo había hecho el bien por los demás, porqué alguien como Naruto tenía que morir sin una razón en específico? y peor aún, por un Shinobi que solo sentía cariño y admiración por él. Sin embargo, había algo de sentido en ello. Tú mismo lo dijiste Naruto, de no haber sido por el Sorobunshin no hubieras tenido oportunidad contra Yusei. Yo mismo lo supe en aquel entonces. Sabía que él era capaz de derrotarte incluso cuando te habías vuelto tan fuerte. Era como si hubiese estado contemplado para que sucediese de esa forma. —Exhaló prolongadamente y prosiguió. —Esa verdad fue insoportable para mí y rápidamente caí enfermo. No lo podía creer en aquel entonces. Había resistido tanto y justo cuando tenía pensado revelarme ante ti, fui preso de una enfermedad de la que ya no pude recuperarme. Le hice prometer a Yusei que no haría lo que dicha profecía sugería y todo parecía indicar a que mantendría aquella promesa….

—Y lo hice, por mucho tiempo lo hice, pero Ryoseima-Sennin y yo nunca pudimos conciliar el sueño pensando que poco a poco, estábamos dejando que el mundo Shinobi se derrumbase sobre su propio peso. —Interrumpió Yusei, quién se ponía de pie lentamente y con algunos traspiés. Sakumo se levantó con la intención de neutralizarlo, pero Jiraiya le pidió que no lo hiciera. Naruto en cambio, lo observa silenciosamente por encima de su hombro. Jiraiya fue el único que le replicó

—Entiendo que no era fácil, pero simplemente….

—¿Simplemente qué? ¿No podía matar a Naruto? Sí, eso mismo me dije muchas veces y muchas veces eso mismo me detuvo, pero después comprendí que a pesar de la crueldad que significaba hacerlo, tenía que hacerse. Por algo Ryoseima-sennin había recibido dicha profecía, por algo usted me había ayudado a dominar el Senjutsu, por algo el Oshoku no jutsu del clan Uzumaki me había sido confiado antes de la muerte de mi padre. Por algo, alguien como yo, que podía entender a Naruto-Senpai, había sido elegido para dicho destino y por algo, aquella ansiedad me carcomía cada vez que dejaba pasar un día sin haber resuelto mi destino.

—Y entonces….lo hiciste—Precisó Jiraiya en un tono serio y molesto.

—¿Eso cree?—Yusei sonrió entristecido—Hubo un día…bueno, una noche para ser más precisó, en la que simplemente deje de tener esa ansiedad que siempre me atormentaba. Ryoseima-Sennin también dejo de sentirla. En ese momento supimos que algo había pasado y entonces pude comprender un poco más de aquella profecía. Cuando viaje a Konoha, cuando me entere de lo que estaba pasando, supe que fuese lo que fuese, aquella profecía de alguna manera no mentía.

Naruto se había puesto demasiado ansioso escuchando la voz de Yusei a sus espaldas. Se levantó abruptamente y fijo su mirada en la del pelipúrpura.

—¿De que estas hablando? Es mejor que lo digas ya Yusei…¿qué demonios te has estado guardando todo este tiempo?

—Tu hijo—Durante unos instantes, el silencio que recién se había formado parecía retumbar con crueldad en la mente de los que lo escuchaban. —La noche en la que deje de tener esa ansiedad, fue la noche en la que nació tu segundo hijo. ¿Entiendes Naruto? ¿Entiende Jiraiya-Sensei? No entiendo porque, pero el hecho de que Naruto tuviera ese niño significa que algo terrible esta por suceder. El destino no quería en sí la vida de Naruto, lo que quería es que ese niño no naciera.