—¡¿Mi, mi hijo?! ¡¿Qué estas intentando decir con eso Yusei?! ¡¿Acaso quieres matar a mi hijo ahora?! ¡¿Crees que te lo voy a permitir?!—Naruto sujeto con fuerza el cuello de la camisa de Yusei. Lo miraba inquisitivamente. No entendía nada de lo que estaba pasando. Yusei sujeto sus antebrazos para responderle a su ademan. Jiraiya inmediatamente intervino para relajar las cosas.

—¡Naruto, Yusei cálmense ya!—Al ver que ambos se separaban dándose la espalda, habló de nuevo—Yusei, lo que has dicho es algo muy serio. Es mejor que te expliques. Tus argumentos son un poco….

—Inexactos, lo sé.

—Rozan en lo ridículo—Agregó Naruto en un tono irónico.

Yusei continúo desafiando la mirada de Naruto mientras se explicaba.

—Ryōseima-Sennin también lo percibió así. Al menos sugiere una idea interesante—Miró a Jiraiya buscando más apoyo de su parte. También se encontraba feliz de ver nuevamente a su viejo Sensei, sin embargo, no había tiempo para revivir recuerdos felices. Además de que estaba al tanto de lo molestó que seguramente debía de estar con él. El viejo sensei reconocía esa mirada. Fue entonces que decidió preguntarle:

—¿A qué idea te refieres?

El pelipúrpura parecía pensarlo un poco. Miró a Naruto de soslayo. Recordó la pelea que había tenido con él y como todo había llegado a aquella situación en la que ambos se encontraban hablando con su fallecido sensei. Finalmente llegó a la conclusión de que, a esas alturas, no había razón alguna para guardarse lo que tenía que decir.

—Estoy seguro de que Naruto no le ha dicho nada, pero sus hijos Sharin y Senkō, nacieron con un nuevo Dōjutsu—Naruto ya exhibía cierta molestia con las palabras del pelipúrpura. Se suponía que él estaba encargado de revelar la situación de sus hijos—Y tan pronto se supo esto, los problemas no han dejado de formarse a lo largo del mundo Shinobi. Naruto sintió que tuvo suficiente con la altivez de Yusei y lo tomó por el cuello de nuevo.

—Lo dices como si fueras una víctima Yusei. Si mal no recuerdo, tú formas parte de esos problemas, después de todo, eres el miembro que Jitsu envió para asesinarme ¡¿No es así?!—Continúo mirando a Yusei por unos segundos. Quería encontrar qué verdad se ocultaba en sus ojos púrpura, sintió un ligero alivio al ver que no era odio o alguna otra emoción que pudiera atentar contra la vida de sus hijos. Pero entonces ¿qué lo había llevado a usar aquel jutsu que ponía en riesgo la vida de ambos?

Jiraiya los observaba. Continuaba sentado en uno de los troncos y meditaba sobre lo que estaba sucediendo. Pudo intuir que aquel nombre, "Jitsu", sugería el de una especie de organización.

—¿Jitsu? ¿De qué están hablando?

—Si Yusei, debiste haber comenzado por ahí—Dijo Naruto quien continuaba sujetando a Yusei por el cuello. Comenzó a revelar información por su parte sin quitarle la vista a los ojos de Yusei. Quería ver su reacción mientras las palabras salían de su boca— Su nuevo pupilo se unió a una organización criminal que lo único que busca, es lucrar con las habilidades de mis hijos—La calma que durante todo este tiempo había tenido Jiraiya se vio interrumpida.

—¿Es eso cierto Yusei?

—Me uní a Jitsu con el único propósito de estar al tanto de lo que pasa—Apartó las manos de Naruto y se alejó de él unos cuantos pasos—Recuerda Naruto. El haberte dejado con vida sí resultó en desastre, lo menos que puedo hacer es compensar mis fallas ahora que las consecuencias nos han alcanzado a todos.—Ambos Shinobis se vieron con rencor por unos instantes más.

—¿Y entonces que significa esto Yusei? Usar "ese Jutsu" ¿es tu manera de compensar las cosas? ¿No pudiste matar a Naruto en aquel entonces, y decides hacerlo ahora? ¿Es eso lo que intentas decirnos chico?—Dijo Jiraiya. Con sus palabras, Yusei bajo la mirada en un semblante avergonzado.

Todo este tiempo Jiraiya había estado pensando en las implicaciones que tenía aquel antiguo jutsu del clan Uzumaki. Era más antiguo que los sellos de combate y tan antiguo como el siniestro Shiki Fūin(Sello de la parca). Él no hubiera podido saber de su existencia de no ser por el mismo Yusei. Según las propias palabras de su viejo alumno, era un sello de sacrificio en la que la vida de una persona podía llevarse las almas de todo un ejército consigo. Teóricamente, el rubio y el pelipúrpura estaban muertos, pero aún estaba esa sensación que emanaba de ambos Shinobis. Una esencia de vida. Tal vez Yusei supiera algo que él no.—Naruto nunca tuvo intenciones de matarte. Hasta el final, decidió buscar al hermano de enseñanzas que tenías escondido dentro de ti. Para que finalmente, tu usaras ese jutsu a costa incluso, de tu propia vida.

—¿Eso es lo que cree?—Yusei seguía con la cabeza baja. Todos habían guardado silencio después de la intriga que habían despertado sus palabras. Solo el chasquido del fuego acompañaba aquel silencio. El pelipúrpura dio un gran suspiro y continuó:—No mentiré, ¿está bien? Jitsu no es una organización que me desagrade del todo, tienen una idea clara de lo que quieren y lo creas o no Naruto-Senpai, es bastante razonable. Kazuto incluso ha estado moviendo mar y tierra para que tus hijos no salgan dañados en el proceso.

El rubio no tardó en revirar sus temerarias ideas.

—Deja de decir tonterías Yusei. No hay manera de justificar lo que Jitsu ha estado haciendo.

—Como sea. Mi prioridad no eran los asuntos de Jitsu. Si no descubrir lo que realmente estaba pasando aquí. Aunque ahora que lo pienso, no lo planee muy bien—Su semblante había cambiado por completo, ahora lucía preocupado. Tenía miedo de lo que estaba a punto de decir—Después de aquella noche en la que descubrí lo del hijo de Naruto, no deje de darle vueltas al asunto. Quería entender lo que se me escapaba, en lo que no habíamos pensado. No pude encontrar nada concreto, pero si se me ocurrió una idea. En las últimas palabras de la profecía de Ryōseima-sennin se menciona que usted viajará de nuevo… que caminara por ese mundo…viendo todos los pasados de la vida…viendo como todo tomó su forma, su rumbo y su destino…"

Todos parecían analizar las ideas del pelipúrpura. Entonces Jiraiya se sintió tentado a hablar. Tenía la ligera sensación de saber a dónde quería llegar su joven pupilo.

—Lo recuerdo. Yo también he pensado en eso desde que llegué aquí, pero…

—Lo siento, no encontré mejor manera de encontrar respuestas. Usted murió prácticamente después de que comprendimos el mensaje oculto tras la profecía. No viajó a ningún otro lugar más que a…bueno, a dónde todos vamos a parar eventualmente.

—¿Pero qué cosas dices muchacho? Has cometido un acto demasiado arriesgado. ¿Cómo sabías que resultaría de esta manera?—Dijo Jiraiya. La agitación era clara en sus ojos negros.

—No lo sabía, decidí arriesgarme.

—Y a Naruto, ¿le preguntaste si estaba dispuesto a correr el riesgo?

—De hecho, él es el que corre más riesgo. Yo tengo forma de salir de aquí, pero él no, así que sí jejeje, me siento un poco mal por eso.—Yusei empezó a lucir menos hostil y cada vez más tímido y desconfiado, y a Naruto no le agradaba esto, por más contradictorio que fuese.

—¿Este riesgo del que están hablando, de que se trata? ¿Y ese viaje de la profecía? Necesito saberlo todo. Ahora.—Pasó su mirada justo al lado de la del tímido Yusei, en el momento preciso en el que terminaba con sus palabras y esperaba escuchar las que cumplieran con sus preguntas. Luego paso a sentarse al lado de Jiraiya. Éste, giro su cabeza para darle un pequeño vistazo y encontrarse con su mirada, confortarla como solía hacerlo después de que pasaban horas y horas, invocando el poder del zorro de las nueve colas. Con el único fin de lograr que Naruto lo dominase poco a poco. Pero esta vez Naruto no buscaba ser consolado, al menos no por su viejo maestro. Estaba sumido en sus recuerdos. En el bello rostro de su esposa y las voces de sus hijos. Ellos eran en donde Naruto ahora buscaba el consuelo que necesitaba. El viejo Jiraiya ahora lo veía con claridad. Cuánto había crecido la habilidad de su alumno y el espacio en su corazón.

Sakumo también se reacomodo en uno de los troncos alrededor de la incesante fogata. Y Yusei, era ahora el único de pie. Con el calor del fuego a sus espaldas, volteó para buscar la cálida luz y tomar la decisión que había aplazado durante su primer encuentro con Kazuto. Los titubeos, no haber tomado partido por un bando, es precisamente lo que le aquejaba y le hacía sentir o patético o confundido, también se mostraba indeciso con éstas dos últimas. Volvió a meditar y miró de soslayo a Naruto. Su pelo rubio le brillaba como una corona y sus ojos azules no dejaban de mirarlo con inquisición. Tenía a Naruto dónde a Jitsu mejor le convenía y a él también. Ya tenía su plan de escape y no había de manera de que Naruto pudiera salir de ahí, aunque de eso no estaba seguro del todo. Entonces regresó toda su atención a la luz de la fogata y frunció el ceño. Recordar lo que no sabía, de lo que no estaba seguro, lo molestaba. Entonces le fue inevitable recordar todo eso de lo que no estaba seguro y que lo inquietaba cuando no estaba pensando en hermosas chicas y la melancólica lluvia de Amegakure. Aquellas reuniones secretas que Kazuto tenía con los tres abrigos blancos de Jitsu, eran una de ellas. Los mismos tres abrigos blancos, que eran también miembros del clan Uzumaki. Y no miembros cualesquiera. Esos tres hermanos descendían del antiguo linaje que se encargaba de resguardar los más enterrados secretos del clan. Los que hacían aquellas reglas tan estrictas para proteger la integridad de la aldea, a la familia real y, sobre todo, los secretos que incluso Konoha, un viejo aliado e incondicional amigo, deseaba descubrir.

—Me estas poniendo nervioso con esas caras Yusei—Dijo Naruto. Con ese ¡Dattebayo! al final de la oración que siempre solía usar cuando niño y que rara vez lo hacía ahora de grande, al menos que se encontrara nervioso o preocupado. Pero Ahora Yusei lucía más callado que nada.

"Dattebayo", susurraba Yusei cuando recordó porque le sonaba familiar. Esto le recordó a la segunda cosa que lo aquejaba tanto como la primera. Aquella mujer que habían revivido y que no dejaba de agregarle "Dattebane" a todo lo que decía. Kushina Uzumaki, la madre de Naruto. Siempre había pensado que traerla de nuevo a la vida era solo una medida de provocación, para inducir en Naruto la imprudencia y la duda. Pero algo en el fondo de su desconfiado instinto de niño huérfano de Amegakure le decía que algo siniestro existía detrás de todo eso. –"Siniestro"—susurró de nuevo y recordó la tercera y última cosa. No la había considerado unos segundos antes porque ésta última no solo le preocupaba, le carcomía. Aunque estaba consciente de que era el miembro más fuerte de Jitsu, existían 4 abrigos blancos que le ponían los pelos de punta siempre que Jitsu se reunía. Los Fukitsu Jinchūriki (Los Jinchūriki siniestros). Así es, él les había puesto esos nombres y todos los demás abrigos blancos estuvieron más que de acuerdo con el sobrenombre. Incluso su pareja, Doku kiri no Kasumi, la más sanguinaria de Jitsu, le había confesado que la única ocasión en la que se sintió abrumada por algo, fue cuando ella y Zabuza fueron rodeados por un pelotón ANBU de 50 ninjas.

Eran solo ellos dos únicamente y Zabuza acabó con el asunto en menos de 5 minutos. Era la primera vez que ella veía su asesinato silencioso. Le describió con lujo de detalles la horrible experiencia y por qué fue tan traumático para su entonces, ya frío corazón. Era simple. Ni siquiera Zabuza podía asesinar a 50 ANBU solo con su "jutsu de ocultarse en la neblina", en conjunto y con su experiencia podían ver venir los ataques y prepararle una trampa. Así que el espadachín de la niebla agregaba un Genjutsu que con la densa capa de neblina te volvía loco y agresivo. Mató a los pocos especialistas que intentaba desvanecer el Genjutsu y entonces dejó que la locura hiciera todo. Los ANBU se habían matado entre ellos y todo ese tiempo, ella estuvo en esa cruel neblina. Zabuza quería probarla. Si sobrevivía, era digna de estar con él, si no, solo sería otra persona que se perdió en la niebla. Lo que alimentaba el Genjutsu era el miedo colectivo, por eso solo funcionaba cuando los enemigos eran numerosos. Así que conservó la calma, mantuvo a raya el miedo y se libró del jutsu de Zabuza. Ahora lo que quedaba era mantenerse con vida de las impredecibles ataques y cortes al aire, la incesantes Shuriken que todos se lanzaban unos con otros, los papeles bomba que flotaban en el aire sin cuidado alguno, los jutsus traicioneros que aparecían de todos lados. –"Al no ser presa del miedo era invisible para los demás en aquella neblina"—Le había dicho Kasumi.—"Pero eso no significó que yo no pudiera ver la miseria y el sufrimiento por el que esos pobres pasaron. Sobre todo, porque el miedo desaparecía justo cuando eran apuñalados y miraban confundidos, el rostro de su asesino. Asesino que alguna vez había sido un amigo. Bueno, esa misma sensación de miseria es lo que siento cuando estoy cerca de esos tipos. Cualquiera de ellos. Y, vamos, al menos en aquella neblina la gente se estaba matando. Pero estos tipos solo están ahí, de pie, cerca de Kazuto y vigilando nuestros pasos. Así que no me imagino lo que tienes que ser para poder proyectar un aura así. De verdad que no me lo puedo imaginar"—Le había terminado de decir Kasumi.

—Yusei. ¿Está todo bien? —Preguntó Jiraiya, alejando los siniestros recuerdos de la mente de Yusei y despabilándolo un poco.

—Si Jiraiya-Sensei—Le respondió y después dio un largo suspiro. Entonces tomó su decisión—Lo siento, por eso de la tardanza. Estaba acomodando mis ideas. Vine aquí…es decir…—Se detuvo, se había encontrado con el confundido rostro de Naruto—…nos traje aquí, porque creí que no había mejor lugar que encontrar respuestas.

Yusei se explicó comenzando por el origen del Gyaku Shiki Fūjin(Sello Inverso de la parca) que según sus propias palabras, se encontraba íntimamente relacionado con el Hiraishin no jutsu(Jutsu del dios trueno volador) aunque en ese tiempo, no se le conocía con aquel nombre. Simplemente se le concebía como un Kuchiyose no Jutsu(Jutsu de invocación), aunque estaba lejos de ser algo tan simple. La anécdota se remontaba en las primeras décadas del origen del ninjutsu, mucho antes de que existiera cualquier aldea oculta. En aquel entonces, el clan Uzumaki ya se había formado desde hacía mucho y entre sus técnicas, el Shiki Fūjin también era debidamente temido y respetado. Sin embargo, esas épocas eran muy conflictivas, y con regularidad el clan tenía que vérselas con otras facciones y clanes pequeños, pero mucho más hostiles. Estos clanes ansiaban los conocimientos del clan de los del pelo rojizo. Creían que su poder y unidad se debía a que también era descendientes de Kaguya. Incluso se decía que, a este clan en específico, se le habían confiado más secretos que al clan Uchiha o al clan Senjū. Estos dos últimos estaban demasiado ocupados en aquel entonces matándose el uno al otro, no hacían caso de las historias o leyendas de los demás. Por lo que el antagonista del clan Uzumaki, siempre fueron los demás clanes y las masas Shinobis demasiado retrógradas y violentas como para conformar un clan.

En una noche nublada, varios de estos Shinobis se juntaron y reunieron los números suficientes para atacar al clan Uzumaki y obligarlo a retroceder por los antiguos bosques, hacia un viejo acantilado lo suficientemente extenso como para terminar con el clan entero una vez fueran rodeados por el enemigo. El bosque se encontraba entre colinas altas y ríos abundantes, por lo que el acantilado albergaba en el fondo incesantes corrientes de agua que se aplastaban y arremolinaban una con la otra. Cualquiera cosa que cayera ahí no sobrevivía. Uno de los más brillantes Shinobis del clan Uzumaki en aquella época, vislumbro el plan del enemigo y decidió actuar. La leyenda nunca menciona su nombre, pero es conocido como el inventor del Gyaku Shiki Fūjin y el pionero del Hiraishin. Seguramente Tobirama Senjū había escuchado aquella leyenda al igual que Minato Namikaze después de él.

Esa noche, fue la primera vez que se usó un jutsu espacio temporal tan poderoso, capaz de traer de nuevo a aquellos que habían sido llevados al reino del "Shinigami", la deidad sagrada a la que el clan Uzumaki le rendía culto desde sus primeros ancestros de pelo rojizo. Aquel genio del clan Uzumaki, había estado estudiando y desarrollando nuevos jutsus, ya había trazado los bosquejos del Gyaku Shiki Fūjin al igual que el Kuchiyose no Jutsu. Si ambos eran usados con éxito, la técnica que daría como resultado sería poderosa y de cierta forma, libre del sacrificio definitivo. Porque al igual que el Shiki Fūjin, el Gyaku Shiki Fūjin requería que el usuario sacrificara su vida a cambio de los poderosos efectos del Jutsu. Y estos efectos, eran realmente mucho más devastadores que los del original. A diferencia del Shiki Fūjin, no se buscaba invocar a la muerte en dónde uno aguarda, si no a uno en dónde la muerte espera. –"El reino del Shinigami"—Dijo Yusei una vez más. Entonces Jiraiya recordó que cuando se enteró de la existencia del jutsu, Yusei no había sido tan explícito. Esta era una descripción que se había guardado. Así que concluyó que era cierto, algo más sabía Yusei sobre este Jutsu.

Yusei continuo con la anécdota. Agrego que este genio del clan Uzumaki había sospechado del ataque días atrás, preparando antiguos sellos en los campos centrales del bosque. Sellos que servían como canales de chakra que expandían el área de acción que podía tener un Jutsu. No demoró en advertir de el plan a sus tres estudiantes, entregándoles un poderoso pergamino que, según él, contenía la esencia de su chakra, junto con una cantidad inimaginable de sellos que reafirmaban y ataban su alma a la de este mundo, el mundo de los vivos. Les explicó que tan pronto él hubiera desaparecido, los tres juntos habrían de infundir durante días, todo su chakra para poder invocarle de regreso. Tendría que pedir asistencia de los demás miembros del clan para que estos los curaran y alimentaran, pero por ninguna razón debían de interrumpir el proceso de invocación o de lo contrario, él se quedaría en el reino del Shinigami para siempre. Solo siguiendo estas instrucciones, con un poco de suerte y la voluntad del Shinigami, el regresaría. Así que cuando el clan Uzumaki retrocedió con prisa, dejando un amplio espacio entre ellos y sus perseguidores, instó a que sus estudiantes retrocedieran unos pasos más, ya que se encontraban dentro del rango de acción del Jutsu. Cerró sus ojos, escuchó a las masas de asesinos, ladrones y saqueadores acercarse, realizó los sellos y junto con ellos, se hundió en una gran mancha oscura que había aparecido de repente en el suelo. Una mancha deforme, delimitada precisamente por los sellos que había colocado con anterioridad. Los tres alumnos lo vieron todo. Unos pasos más y ellos también hubieran sido llevados al reino del Shinigami. El enemigo había sido completamente diezmado. Más de 3000 almas habían sido entregadas al dios de la muerte aquella noche.

La mancha seguía abierta en el suelo, cuando uno de los estudiantes le grito a los miembros del clan Uzumaki que regresaran y vinieran a asistirlos, justo como su maestro les había explicado. Los tres pupilos se sentaron frente al pergamino extendido y comenzaron el proceso de invocación. Lamentablemente, el maestro se había equivocado, el proceso llevo meses, casi 2 años, pero sus pupilos nunca desistieron, al igual que el resto del clan. Tanto fue su voluntad por traer de regreso al gran maestro, que se asentaron ahí y fundaron Uzushiogakure. Por lo cual, una noche nublada, muy parecida a la de 2 año atrás, el gran maestro fue invocado, apareciendo entre una nube de humo. De pie, encima del pergamino y justo en medio de éste, como una criatura que acabara de ser invocada por su invocador. Solo los estudiantes estaban despiertos, solo ellos tuvieron la sorpresa de ver el regreso de su maestro.

Les reveló que de haber tardado más, su alma le hubiera pertenecido al Shinigami. Ya que el Shinigami nunca deja pasar la oportunidad de quedarse con el alma de un Shinobi, y más si este era tan fuerte y habilidoso. Pero el gran maestro le había llevado más de 3000 almas. Además, su alma no era cualquier alma, era el alma de un Uzumaki, aquellos Shinobis que siempre le rendían culto y con los que compartía una historia significativa, y eso tenía que contar para algo. Además, un nuevo jutsu había sido concebido y, por lo tanto, nuevas reglas habrían de aplicarse. Por lo que el Shinigami declaró que, a partir de ese momento, 7 días de vida serían concedidos a aquellos miembros del clan Uzumaki que hicieran uso del Gyaku Shiki Fūjin. Si en esos 7 días no lograban regresar al lugar de origen, su alma pertenecería por siempre al reino del Shinigami. Oficialmente estarían muertos, en todo el sentido de la palabra. Desde luego que el gran maestro se sobresaltó. Una semana apenas y alcanzaba para sus estimaciones. No era nada sencillo traer a alguien del reino del Shinigami al mundo de los vivos. Ambos estaban demasiado separados el uno del otro. Entre capas y capas de otras dimensiones y mundos incompletos. Además, si había errado en algunos trazos y configuraciones de sellos en el pergamino, la invocación al mundo de los vivos podía prolongarse incluso meses, hasta años. Sin embargo, el Shinigami reiteró que no podía hacer nada. Ese era el tiempo máximo en que la vida tardaba en extinguirse del cuerpo físico. Pues se encontraba en el reino del Shinigami y en éste, la vida no era bienvenida. El Shinigami ya había hecho bastante manteniendo a raya la hostilidad del lugar. Pues tan pronto llegaba un rastro de vida, este era extinguido hasta desaparecer. Por eso la gente moría primero en el mundo de los vivos, para dejar allá sus últimos rastros de vida y ser recordados por los seres queridos. El reino del Shinigami solo debía recibir muertos, pues la vida llamaba la atención de monstruos y criaturas, que incluso, ansiaban devorar las almas consumadas. Una atiborrada de vida como la suya, podían olerla a dimensiones de distancia inclusive. Y de encontrarle eso sería muy peligroso, pues al reunir suficiente vida, eran capaces de invadir otros mundos, el suyo incluido. El Shinigami entonces, también se encargaría de protegerlo de estas criaturas. Finalmente, el Shinigami aplacó su preocupación con el detalle del tiempo. 7 días eran 730 días en el mundo de los vivos. Una semana equivalía a dos años. Entonces, todo dependería de sus alumnos. Tendrían más que tiempo suficiente para corregir los errores que él hubiera cometido en el pergamino y lograr invocarlo de vuelta. Y así fue como sucedió.

—Eso fue lo que les contó a sus estudiantes. Convirtiéndose en una anécdota que paso de generación en generación entre el clan Uzumaki y que sobrevivió como leyenda entre los relatos de las demás aldeas ninja—Dijo Yusei. Aquella anécdota había dejado a Naruto boquiabierto. Jiraiya y Sakumo en cambio, fruncían el entrecejo.

—¿Y eso es cierto?—Preguntó Naruto. Ese tipo de relatos lo ponían un poco nervioso. Incluso ahora que era un Hokage, padre y esposo.

—No lo sé con seguridad. Pero tenemos una semana para averiguarlo. En mi caso, tal vez menos.—Reiteró Yusei, inquieto y caminando de un lado a otro. Mientras Naruto apenas entendía a lo que se refería—Pero estaría dispuesto a ayudarlo, dependiendo de la respuestas que encontremos aquí. En el reino del Shinigami.