Ōame Kasumi sobrevolaba los cielos de Konoha con gran velocidad. De la cintura para abajo, había convertido su cuerpo en una neblina rosada; a chorros de ésta, aceleraba con gracia en él cielo mientras que el resto de su torso y cuerpo los mantenía normales, para mayor comodidad y cautela, en caso de ser atacada de improviso. Había recibido el llamado de Yusei, lo que quería decir que había regresado y tenido éxito en su misión. Honestamente, ella no lo creía posible. El Nanadaime Hokage, el Shinobi más poderoso de todos los tiempos, finalmente derrotado por su compañero, compañero al que no consideraba exactamente como un brillante Shinobi, pero que cuyo poder era realmente abrumador. Recordó con gracia aquella vez que se enteró sobre las habilidades de Yusei. En aquel entonces tampoco podía creer que su compañero pervertido fueran el más fuerte de Jitsu, incluso más fuerte que ella, pero eso ya no importaba. Estaba de regreso, la había llamado y sin duda, no podía sentir la presencia del Séptimo Hokage en las inmediaciones del lugar. Incluso a la altura que se encontraba volando no había rastros del destello Naranja. Un destello de luz alimentado por una cantidad desbordante de chakra que, con sus habilidades sensitivas, definitivamente podría notar si es que el Hokage se encontraba en Konoha. Sobre todo, ahora que acontecía el atardecer.

Continuaba con su apresurado vuelo mientras el aire castigaba las quemaduras de sus mejillas. Hacía unos pocos minutos, estaba librando una batalla con Mirai Sarutobi, la hija del difunto Sarutobi Asuma y la Kunoichi experta en Genjutsus, Kurenai Yūhi. Sentir ese dolor lacerante volvía a recordarle los asuntos pendientes que había dejado con ella. Por otra parte, el característico ardor despertaba la intriga que las habilidades de Konoha no Aka fushichō (El fénix rojo de la hoja) habían sembrado en ella. Todo el fuego que Mirai Srutobi habría usado en su contra le había quemado, y eso, era simplemente imposible: considerando que el Gyōketsu no jutsu (Jutsu de condensación) le hacía inmune a quemaduras o heridas provocadas por el fuego. Incluso el Chōetsu Katon (Fuego trascendental) de Konohamaru no podía quemarle. No importaba que tan caliente fuera algo, lo máximo que ésto podía hacerle era desestabilizar el control sobre las moléculas de gas que su técnica le permitía generar. Aunque eso no significaba que no estuviera familiarizada con las quemaduras. Había sufrido muchas antes de lograr dominar el Gyōketsu no jutsu, así que algo raro había en esa Sarutobi; y con el dolor de contrariar su personalidad temeraria, se vio obligada a abandonar la batalla en pleno clímax. Huir no le significó un reto , incluso se mofó de Mirai Sarutobi diciéndole—era la primera vez que se enteraba de un Fénix que no podía volar.

Ya podía ver la arena de Konoha. Totalmente cambiada de como la dejo. Sonrió con gallardía al ver que todavía se libraban algunas batallas y aceleró con tal de echar un vistazo de más cerca. Después de todo ese era el punto de reunión.


El sol continuaba su descenso en el horizonte, pero la luz ya comenzaba a escasear notablemente. Kurotsuchi apenas y pudo percatarse de como Kankuro caía junto con Sanshoūo(Salamandra). La última vez que miró de soslayo la batalla de su compañero, éste había logrado concretar su plan con éxito, pero ahora caía del incipiente firmamento. Tuvo que dejar pendiente su batalla con Takumi para correr a asistirlo.

—Adelante Kurotsuchi, esta no será la última vez que nos veremos.—Dijo Takumi tranquilamente. La Shuriken gigante en la que residía de pie se había contraído considerablemente. Un efecto secundario del Sesshobaku(Toque explosivo). Al ser una técnica que convertía materia en energía, todo ese tiempo el denso metal estuvo sobrevolando como una imponente turbina a costa del mismo material del que estaba hecha.

Kurotsuchi apretaba la quijada con impotencia. Sabía que sus posibilidades de vencer a Takumi habían mejorado ahora que su Shuriken Gigante se había encogido. Después de todo la que realmente podía volar era ella. Si la batalla se prolongaba lo suficiente, eventualmente Takumi se quedaría con menor espacio para moverse.

—De eso puedes estar seguro Takumi. Te voy a llevar conmigo de regreso—Dijo Kurotsuchi. Apartó rápidamente su mirada de Takumi y se zambulló al vacío. Mientras seguía el pequeño trazo de humo que dejaba la marioneta Sanshoūo en su aparatoso descenso, pensaba en el castaño. En el fondo de su distraída y tosca alma, estaba enamorada de él. En el pasado nunca hubiera pensado que se enamoraría de aquel muchacho flaco y tímido que se la pasaba estudiando pirotecnia en la biblioteca. De hecho, nunca pensó que se enamoraría en lo absoluto. Pero presenció desde la intimidad el cambio de Takumi. Después de despertar de aquel coma, el castaño había pasado de un niño vulnerable a un hombre decidido en pocos meses. Tanto fue el cambio que se había impuesto a sí mismo, que alcanzó la supremacía como el Tokubetsu Genin más poderoso de toda su generación. Muchos atribuían su madurez a la avanzada edad que naturalmente había alcanzado, pero ella sabía que sin el esfuerzo del mismo Takumi, el cambio nunca hubiera llegado. Desafortunadamente , el cambió llegó y fue demasiado lejos. Pero esta vez no se trataba de un coma, esta vez podría ayudarlo a despertar.

Conforme se iba acercando, pudo ver que la marioneta había liberado una especie de Paracaídas. Ya decía ella que era muy raro que alguien como Kankuro no hubiera pensado en algo tan indispensable como un paracaídas en una marioneta voladora. Incluso se encontraba usando a las marionetas Karasu(Cuervo) y Kumo(Nube) con el propósito de aminorar la velocidad de su caída. Y aun así había algo extraño, su descenso era antinatural y demasiado acelerado. Tanto que cuando se acercó a detenerlo, el paracaídas se rompió y Kankuro cayo con mayor agresividad; desapareciendo así de su vista. Emprendió de nuevo el apresurado descenso para nivelarse a su altura y ayudarlo a salir.

—¡Oye genio! ¿Por qué no sales de la marioneta y me haces las cosas más fáciles ah?—Dijo Kurotsuchi con dificultad. Aún así se alcanzaba a percibir su tono altanero.

—¡No puedo! ¡La arena de hierro ha sujetado mis pies! ¡Estoy atorado en la marioneta, no puedo salir!—Gritó Kankuro. No estaba tan acostumbrado a volar como Kurotsuchi y ya se le dificultaba respirar. Tenía en mente usar a Karasu y Kumo para que lo ayudaran con la arena de hierro, pero tan pronto movía a una de ellas sentía como se aceleraba hacía el vacío considerablemente. Estaba atado de pies y manos.

Kurotsuchi rápidamente dedujo la razón por la cual Kankuro caía tan rápido. Hagane Tetsukido lo repelía con su Jiton. Pero ya habían descendió mas de mil metros y su compañero seguía descendiendo con el mismo ímpetu. Hagane debía encontrarse volando cerca, en algún lado. Entonces lo vio, unos reflejos de los últimos rayos del sol en el horizonte, delataron al miembro de Jitsu. Había estado descendiendo a lo largo de unas nubes, por eso no lo había visto. Sin embargo, ya estaban a menos de 2000m de tocar tierra y a esa altura ya no existían suficientes nubes en dónde esconderse.

—¡Maldito!—Gritó la pelinegra. Escupió varios proyectiles de lava hacía el acorazado titiritero, pero éste los evadía en el cielo como un ave de rapiña que desiste de abandonar a su moribunda presa—¡Maldición!, es mejor volando de lo que creí—Pensó la pelinegra al ver la audacia con la que Hagane podía moverse en el cielo. Quería confrontarlo cara a cara, pero de hacerlo se alejaría de Kankuro; y a la velocidad con que éste caía, corría el riesgo de no poder alcanzarlo de nuevo. Al menos no antes de que tocara tierra. Entonces otra idea interesante surgió en su cabeza. No era una Kunoichi de estrategias, sino más bien de fuerza bruta, y la medida por la que estaba a punto de optar era fiel a ese actuar suyo.

Hagane se mantenía a la expectativa cuando de la nada, un mono gigante de pelaje rojizo apareció frente a él. Con una de sus monumentales manos envolvió a Sanshoūo e hizo fuerza con el propósito de detenerlo. Sintió entonces la resistencia que ejercía la musculatura del Bijū contra su repelencia magnética. Se imaginó que Kurotsuchi ahora concentraría todas sus fuerzas en detener la caída de Kankuro y que a él simplemente lo ignoraría. Con semejante tamaño a favor de la peligra, los ataques que Hagane serían insignificantes (Su estilo de pelea no era muy adecuado contra enemigos tan grandes). Pero su adversaría olvidó un pequeño detalle. Su armadura no era el único armamento que tenía a su disposición. Ya tenía un buen ataque en mente con el que le demostraría su grave error.

Ante los ojos atónitos del Yonbi, una gran pirámide cuadrada comenzó a materializarse a partir de un fino material negro. Se trataba de un cuerpo ahora sólido, con el suficiente tamaño como para significar una estaca en el cuerpo del Bijū.

—Tchu, olvidé que puede usar Satetsu.

—¿Qué quieres que haga niña?—Dijo Son Goku, ligeramente preocupado por aquella estaca de hierro que caía junto con ellos. En cualquier momento Hagane la aceleraría lo suficiente para clavarla en su corazón; y sabía que no era exactamente un blanco difícil de impactar.

—Usa tus dos manos para detener a Kankuro—Respondió Kurotsuchi en la conversación mental que tenían.

—Pero eso me dejará completamente expuesto.

—No te preocupes. No estamos salvando a un completo inútil. Es mi compañero y somos miembros de Akatsuki—Dijo Kurotsuchi.

Son Goku sintió la confianza de su Jinchūriki y tomó con sus dos manos a Kankuro y a la accidentada marioneta.

—¿Qué está haciendo? —Se preguntó Hagane. Unos instantes después se imaginó lo que llevo a su enemigo a tomar tan ilógica decisión, pero ni siquiera su rápida deducción de los acontecimientos le sirvieron para evadir el ataque venidero.

La diminuta marioneta Kumo había escupido uno de sus Kyūito(Esferas de hilo) desde uno de los puntos ciegos de Hagane Tetsukido. Los Kyūito eran unos ingeniosos proyectiles hechos de hilos de chakra que se expandían como una red y después se contraían con una increíble fuerza. Su núcleo estaba conformado por un elaborado alternador de chakra que el mismo Kankuro había inventado. Éste alternador no era más que un sello y liberador de chakra que hacía que los hilos se expandieran o contrajeran, dependiendo de su objetivo. La cantidad de chakra que guardaban era tan inmensa que eran capaces de envolver entre sus redes a un Bijū en su totalidad. Como era de esperarse, el proyectil se expandió con tanta velocidad que atrapó a Hagane junto con su estaca de Satetsu. La contracción posterior fue tan intensa, que rompió los enlaces magnéticos de la arena de hierro y envolvieron por completo al abrigo blanco de Jitsu. Desafortunadamente, para cuando lograron intervenir a Hagane solo unos cuantos metros los separaban de tierra firme.

Kurotsuchi sintió que la fuerza magnética ya no estaba acelerando a Kankuro. Se acomodó en el aire para transferir toda su fuerza a sus brazos y detener a su compañero antes de que aterrizaran. La fuerza del Yonbi se impuso a la inercia, aterrizando así con sus dos piernas; ya habiendo detenido a la marioneta Sanshōuo y a Kankuro. La pelinegra suspiró de alivió, abrió su mano con cuidado y elevó a Kankuro a la altura de su ahora, gigantesco rostro.

—Por poco nos matas a los dos, genio.—Dijo Kurotsuchi, su voz resonaba como un eco emanando de Son Goku.

Kankuro bajo el rostro con vergüenza y apretó la mirada con brusquedad e impotencia. Las marionetas Karasu y Kumo flotaban como globos encima de su deprimida cabeza—Lo siento, fue más astuto que yo.

—No dejes que te afecté—Le respondió Kurotsuchi con ternura.

Kankuro relajó su semblante por completo y alzó su vista hacia los ojos rojizos del Yonbi. Nunca antes había escuchado a Kurotsuchi mostrando gestos de empatía o apoyo. Esta continuó:

—La próxima vez no perderemos—Y alzó la vista al cielo.

Hagane sentía dolor mientras las sólidas piezas de metal que conformaban su armadura lo apretujaban con una desmesurada fuerza. Flotaba a unos 800 metros del suelo, concentrándose en no morir asfixiado por la red que lo comprimía desde todos los ángulos. En un acto de desesperación y coraje, repelió toda su armadura de su cuerpo, expandiendo la red y abriendo un hueco por el que él mismo se repelió, saliendo disparado hacía el vació y comenzando a caer. La red volvió a contraerse, atrapando en una masa sin forma las indestructibles piezas de metal que el miembro de Jitsu dejó atrás. Mientras caía, formó con su mano derecha un solo sello manual. Entre finas nubes de humo, las piezas de metal iban apareciendo en sus respectivas partes. Hagane volvía a flotar en el aire, pero aun jadeaba del cansancio y el estrés.

—Nos volveremos a ver Kuro kyōhaku(Amenaza negra)—Dijo mientras observaba el suelo. Enfocando la posición en donde Kankuro y Kurotsuchi habían aterrizado. Después se elevó algunos metros más y voló hacia la arena de Konoha.


Sasuke miraba con inquietud a su vencido adversario. El líder de Jitsu parecía cargar con una extraña aura de confianza y serenidad. Como la actitud de alguien que ha sido el indiscutible vencedor de un juego de ajedrez que se ha alargado durante demasiado tiempo. Y el pelinegro no podía dilucidar en qué momento había dejado pasar la jugada que daba por terminada la partida. Fuese lo que fuese, le sacaría toda la verdad a su enemigo. Kazuto no podía oponérsele más, al menos no en cuestión de poder. Todos sus ataques habían sucumbido ante su Tsuyome Susanoo(Susanoo acorazado).

—¿A qué has venido realmente Kazuto?—Preguntó el pelinegro mientras desaparecía su armadura revestida de dos Susanoos. Comenzó a descender grácilmente en el aire, como si hubiera una escalera invisible por la que bajaba al suelo inundado de la arena. Aterrizó a solo unos centímetros del líder de Jitsu. Éste, seguía hincado en el agua, recuperándose de la fatiga que había significado pelear contra él.

—¿Te has dado cuenta?

—Déjate de tonterías y respóndeme maldito—Aseveró Sasuke. Se sentía molesto al ver que estaba en lo cierto. Solo esperaba que no fuera demasiado tarde para enmendar su falta de observación.

Kazuto demoraba su respuesta. Aún no sentía la presencia de todos los abrigos blancos cerca de él. Había que esperar el momento justo. Ante la espera, Sasuke Uchiha levanto su mirada al cielo, buscaba al ave gigante de Sai. Pudo ver con claridad como el ANBU y su esposa se llevaban a Senkō lejos de la arena horas atrás. Sin embargo, esta vez no podía ver nada. Sabía que eso podía significar muchas cosas, pero de solo pensar que Jitsu los había capturado agravió su orgullo y su molestia. Jitsu ya había herido a Sakura. Recordó cómo eso lo hizo sentir. Extendió entonces su pierna y restregó la planta del pie contra el pecho de Kazuto.

—¡¿Dime que has hecho Kazuto?!—Le gritó el pelinegro en una escena que Kazuto no concebía propia de él. La frialdad del pelinregro se había condensado por completo. Buscaba con desesperación el escenario en el que Sakura y los demás estuvieran bien. Si Kazuto le revelaba lo contrario entonces lo mataría allí, en ese mismo instante.

—¿Qué haces Sasuke? ¿Qué te preocupa tanto?—Dijo Kazuto, rendido ante la pierna de Sasuke que lo apretaba contra el espejo de agua.

—Mi familia. No dejaré que les vuelvas a hacer daño.

Kazuto comenzó a reír, lo hacía con dificultad, pero podían notársele las carcajadas ahogadas.

—Veo que has aprendido.

—¿Aprendido qué?

—A valorar lo que tienes.

Por alguna razón, las palabras de Kazuto le habían traído a Sasuke cierta tranquilidad. Su desarrollado instinto le decía que el líder de Jitsu no sabía nada de Sakura y el ave en el que se marcharon.

—Y veo que tú lo has olvidado—Le respondió el pelinegro, buscando con igual ímpetu los secretos de su adversario.

—Oh no, yo no he olvidado Sasuke. No, a mí me pasó algo mucho más cruel. Me obligaron a ver como perdía a la mía. Pero sigo recordando lo que era, cómo se sentía. El recuerdo es sagrado para mí Sasuke, no defraudaré lo que significa. Así es, hago lo que hago porque no lo he olvidado.

En ese momento Killer Bee, Taji, Shiroyi Yuki y Shimizu Nanami aparecieron frente a Sasuke. Aunque sabían muy bien Kazuto era el enemigo, la escena de la que eran testigos les parecía muy contrastante. Se podía vislumbrar la clara molestia e impaciencia del líder de Akatsuki, arremetiendo contra un enemigo que ya había vencido.

—Sasuke-San.—Dijo Nanami, buscando que el pelinegro se percatara de su presencia y dejara ir la idea de continuar con su interrogatorio. Aunque indirectamente, buscaba la reacción de quien parecía ser Kazuto.

—Te recuerdo. Eres la ex prometida de Kazuto—Dijo Sasuke, quitó con sutileza el pie del humanoide negro al que aplastaba y dirigió su atención a los demás.—¿Qué haces aquí Killer Bee?

—Vine a recuperar a Gyūki. Pero veo que vine en mal momento—Dijo Killer Bee con seriedad. También podía notar la hostilidad con la que Sasuke había estado tratando a Kazuto hace unos momentos. Un Sasuke Uchiha molesto no podía pasar desapercibido.

—No sé de qué estás hablando, pero aquí lo tienes.

En esos instantes Kazuto comenzó a perder la envestidura negra de Jinchūriki fase dos que manejó durante su batalla con el líder de Akatsuki. Éste, ahora lo veía con un aire más familiar. Recordó la primera vez que pelearon. Eran 8 años más jóvenes. No había logrado dominar el Kamui, mucho menos combinar su Susanoo y el que su hermano le había heredado en secreto. Por otro lado, Kazuto solo poseía al Nanabi y no tenía ni idea de cómo sellar otros tres Bijū en sus corazones. Pero algo no había cambiado. Sasuke tuvo entonces la sensación de que nuevamente eran enemigos por las razones equivocadas. Razones disfrazadas y manipuladas por algo que no conocían. Con la diferencia de que esta vez el que estaba detrás del engaño no era un Shinobi mediocre como Tsubasa. Se trataba de algo más poderoso o de lo contrario ya hubiera identificado un indicio, una pista. Un rostro entre las sombras orquestando todo con extrema cautela. Sin embargo, solo era una idea que cruzaba por su mente—En cuanto a mi concierne, tengo al enemigo frente a mí—Pensó el pelinegro. Miraba con curiosidad a Kazuto. Se preguntaba si éste había considerado el mismo escenario que él.

—Kazuto—Dijo Nanami, interrumpiendo las sospechas de Sasuke y llamando la atención de todos los que habían llegado con ella. Todo ese tiempo se debatía consigo misma. Por una parte no estaba segura de que hacer si volvía a mirar a su ex prometido; y por otro, le costaba trabajo creer que el humanoide negro al que el Uchiha trataba con rencor fuera en efecto, el Kazuto que ella recordaba con recelo.

Kazuto ignoraba de nuevo la tierna voz de Nanami. La primera vez que ésta había pronunciado palabra no se dirigía a él y, aun así, sabía que esperaba una respuesta de su parte. Un susurro o un gesto, algo que delatara su identidad. Que verdaderamente estaba allí, frente a sus ojos.

—¿No piensas responder Kazuto?—Dijo Killer Bee.

La hija del Kazekage Gaara noto que, de nuevo, su sensei no había agregado ninguna rima a sus palabras. Eso quería decir que realmente se encontraba molesto e indignado. El silencio, sin embargo, se prolongó durante unos segundos más.

A pesar de que Kazuto se encontraba vendado de los ojos con su banda de Takigakure, Sasuke Uchiha vislumbraba la tensión en el resto de su rostro. Una idea interesante sacó de ello. Kazuto no mentía. No formaba parte de su naturaleza. Ni siquiera ahora que se había proclamado como el enemigo de la Alianza Shinobi. Seguramente uno de los últimos vestigios morales que el líder de Jitsu se negaba a perder. Y algo que lo hacía aún más peligroso. Esta vez, Nanami irrumpió en la estresante atmósfera con una agitada voz.

—¡Kazuto! ¡¿Ya deja esto quieres?! Te estás convirtiendo en un verdadero monstruo.

No hubo respuesta por parte del líder de Jitsu. Ni siquiera pareció mostrar un rastro de inmutación en su rostro. Sasuke por otro lado, creyó ver un instante de vacilación en el semblante de Kazuto.


Yusei, Azumi y Yujin se encontraban en uno de los puntos tranquilos de la arena. Después de Samui, ningún miembro de Akatsuki se había percatado de su presencia. A espaldas el uno del otro, el trio se mantenía alerta, esperando algo.

—Aquí esta.—Dijo Azumi al notar algo que descendía del cielo.

—Pero qué necesidad de meterse en los asuntos de los demás—Dijo Kasumi, quien comenzaba a materializar sus piernas para posarse sobre las serenas aguas.

—Bien, al fin llegas—Dijo Yusei con alivio. Le alegraba ver a su hermosa compañera de vuelta. Pocas veces había tenido la oportunidad de verle sin la máscara. Su misteriosa boca resultó ser un aditamento más a su belleza poco grácil pero intrigantemente atractiva.—¿Notas algo diferente en mí? ¿ah?—Se dio una vuelta completa y extendió sus brazos para denotar que traía puesto el abrigo blanco del séptimo Hokage.

—¡Olvídate de eso!—Agregó la pelirosa mientras lo apartaba con reclamo. Se acercó a Yujin y lo vio directo a los ojos. Era exactamente 10 cm más alto que ella por lo que inclinaba un poco su cabeza hacia arriba. Uso su dedo índice para picar uno de sus musculosos pectorales una y otra vez.—Estaba teniendo una pelea con Mirai Sarutobi. ¿No pudiste simplemente transportarme cuando me necesitaran?

Yujin tomo con firmeza la mano de su compañera antes de que le volviera a magullar. Le pareció que ésta lo hacía más por malicia que por verdadera molestia. Para su sorpresa, la piel de su estoica compañera se sentía inusualmente suave, pero igualmente se deshizo de la mano con la misma frialdad con la que solía tratar a su dueña; haciéndola a un lado después de haberla sostenido por unos breves segundos.

—Es obvio que en estos momentos no me encuentro capaz de hacer algo así. Además, te recuerdo que venimos con un propósito específico, no para buscar peleas sin razón—Pasó de lado a la pelirosa y volvió a echar una mirada a los alrededores.

Kasumi se sintió inquieta por saber lo que limitaba a Yujin. Siempre se había comportado irritante con él pues le encantaba la manera fría y graciosa en la que reaccionaba. Esta vez, sin embargo, el pelirrojo le había fulminado con la mirada.

—¿Creí que Yusei restablecería tus reservas de chakra?—Dirigió una mirada hostil a su compañero—¿Lo hiciste verdad?

—Sí, sí, claro que sí. Sólo míralo, como nuevo—Dijo el peli púrpura con nerviosismo, señalando hacia Yujin para que la peli rosa dejara de mirarlo con rencor.

—El chakra no lo es todo. Aún no he logrado recuperarme de la fatiga mental que significó transportar de regreso a Yusei. Después de que traje a Azumi de regreso sentí una horrible punzada en la cabeza. Seguramente pasara de nuevo cada vez que quiera transportar a alguien que este a más de 1km de distancia. Espero que esto no ocasione algún problema en nuestro plan inmediato—Agregó Yujin endureciendo su semblante en señal de lamento.

—No hermano, no te preocupes. Incluso los tres mejores pupilos del gran maestro Uzumaki tardaron casi dos años en regresarlo. Tú en cambio lo lograste en unas pocas horas—Dijo Azumi, tomando del brazo a su hermano para extender sus condolencias. En ese momento, Hagane irrumpió en la incipiente reunión.

—Aquí estoy—Anunció el miembro más longevo de Jitsu.

—Sí, ya nos dimos cuenta Hagane—Respondió Azumi con impaciencia. Aún se sentía incómoda por la manera en que Yujin la había mirado. Aunque en parte, no quería aceptar que se sentía ligeramente preocupada por éste.

—¿Y Takumi?—Preguntó el pelirrojo al recién llegado.

—Está en posición.

—Bien, no demoremos más. Kazuto está rodeado por el enemigo.