Los altos muros de la Arena Konoha ya no dejaban pasar la luz del ocaso. La penumbra pintaba el agua que inundaba el suelo de un color grisáceo y el naranja fosforescente en el cielo oscurecido ya no provenía del sol, si no de las batallas y destrozos provenientes de afuera. Pero la Arena lucía realmente aislada de todo ese caos que acontecía en sus inmediaciones.—Unos minutos más y se volverá difícil ver más allá de mi propia nariz—Pensaba Hōzuki Kai. Recién había notado que la intensidad de las batallas había aminorado. De hecho, estaba seguro de que habían cesado por completo y esto tenía una razón de ser. Yusei lo había llamado y eso solo significaba una cosa: el plan se encontraba en sus últimas etapas. Ya solo se alcanzaban a vislumbrar unos pequeños destellos y explosiones en el extremo sur de la arena. Si su memoria no fallaba, aquella era la dirección en la que los mejores abrigos negros de Jitsu habían sitiado a Shizen no kumi(El par de la naturaleza). Por lo visto esa era la única batalla que continuaba a parte de la suya.

—Qué suerte que esta batalla se ha vuelto aburrida, o de lo contrario me costaría trabajo rehuirle—Dijo Kai. Volvió su completa atención al solitario paisaje que tenía de frente. Su enemigo acechaba en el agua y con la incipiente paleta de colores grises, era complicado visualizar el arma que el asechador empuñaba. Entonces miró de soslayo algunas cortadas que tenía en el brazo. Aún se encontraban frescas; la espada y el espadachín que lo acechaban eran los causantes.

Ante la espera de un ataque, el miembro de Jitsu se dio tiempo de divagar nuevamente. Después de todo, sus heridas le recordaban que Suigetsu Hōzuki no había mentido. Cuando Kubikiribōchō era bañada con la sangre de un Hōzuki, se volvía una Katana capaz de cortarlo todo, incluso a él. Y no solo eso, era también una espada que adquiría las propiedades del Suika no jutsu(Jutsu de hidratación). Tomaba las formas más inesperadas, podía fundirse con el agua y saltar inesperadamente. La mítica espada se visualizaba como un manchón de tinta negro capaz de ondearse como una bandera junto al plano líquido por el que se movía. Cuando salía del agua, ésta se solidificaba y adquiría nuevamente su peligroso filo. —Es una espada que se mueve como una serpiente y ataca como cocodrilo—Pensó el espadachín. Esa era la razón por la que esperaba en medio de la quietud. Aquella espada se había adueñado del agua. La situación entonces le pareció muy irónica. Siempre había tenido la ventaja en un medio como el agua, pero ahora era la presa que no tenía a dónde ir.

Fundirse con el medio acuático como así lo permitía su linaje Hōzuki, no era buena idea. Incluso mezclado con el agua esta espada era capaz de cortarle. Definitivamente le sería más fácil lidiar con la amenaza estando de pie, sobre el agua.

—¿Piensas seguir escondiéndote Suigetsu?—Dijo Kai. Esperó algunos segundos para ver si el fúnebre ambiente había cambiado. Lo único que escuchó fueron algunos gritos distantes, provenientes de las afueras de la arena—Se nota que fuiste alumno de Zabuza, a ese desgraciado también le encantaba esconderse en alguna parte.

Kai miraba en todas direcciones con escepticismo. Los delicados rumores del agua lo hacían sentirse en medio de un lago desierto dónde un monstruo lo tenía sitiado, esperando a que muriera de hambre.

—No tengo tiempo para esto.—Pensaba mientras una idea cruzó por su mente. Se encontraba empuñando a Shibuki(Pulverizador). Gracias a la especialidad de esta espada había logrado detener los ataques de la reformada Kubikiribōchō. Aquellas explosiones concentradas en el filo de la Katana generaban un buen ataque de contención que habían estado manteniendo a raya a Suigetsu. Tanta había sido su funcionalidad que ahora el miembro de Akatsuki había optado por la estrategia actual; esconderse y esperar por un ataque sigiloso y contundente.

A excepción de dos, las demás Katanas de la niebla las tenía selladas en unas prácticas muñequeras que Yujin Uzumaki le había provisto. Podía verse con claridad el distinguido emblema del clan Uzumaki en ellas. Y su funcionalidad era igual de buena que las que solía usar Sasuke. Sin embargo, Samehada estaba enfundada sobre su espalda. Aún no había pensado en cómo usarla, pero tenía bastante presente que no existía mejor arma a la hora de pelear con un Jinchūriki, y se encontraba peleando con uno. Cuando acercó su mano derecha hacia el mango de Samehada, Suigetsu salió de frente, empuñando a una sólida Kubikiribōchō lista para atacar. Para mala suerte de Kai, el espadachín de la niebla se encontraba en modo Jinchūriki fase dos.

Aquella malla de denso negro y rojizo que rodeaba su cuerpo resplandecía como una siniestra antorcha en medio de la oscuridad que engendraba la arena. La velocidad de Jinchūriki le permitió encontrar una grieta en la defensa que hasta ahora, había sido impecable. Esta vez Kai no tendría tiempo de activar los rollos explosivos de Shibuki, lo único que su enemigo podía hacer era recibir su ataque de frente, intentando usar la amplia hoja de Shibuki contra la de su Kubikiribōchō. Pero el ataque escondía un secreto letal, pues al momento de que las hojas chocaran, haría que Kubikiribōchō perdiera su solidez, adquiriendo una consistencia líquida que le permitiría ser cortada por Shibuki, avanzando así a través del metal y el pergamino de su hoja y acercándose inevitablemente al torso de Kai. Y en el momento preciso en que la espada estuviera a centímetros de su adversario, volvería a solidificar su filo, hiriendo de gravedad al enemigo y terminando con la pelea de una vez por todas.

—Regrésame esas espadas Kai—Dijo Suigetsu tan pronto había salido del agua. Las armas que ambos empuñaban habían chocado en centésimas de segundo. Todo su plan habría acabado en unos instantes, de no ser porqué de una u otra forma el abrigo blanco de Jitsu vio venir su ataque.

Tan pronto había salido Suigetsu del agua, Kai decidió convertir su cuerpo en líquido. Aquella anticipación lo había salvado de ser alcanzado por la engañosa Kubikiribōchō, que, con éxito, había logrado pasar de largo a su Shibuki.

—Eso estuvo cerca.—Pensó Kai tan pronto se había fundido con el agua. Emprendió la retirada, avanzó algunos metros en el agua y después se incorporó, solidificándose por encima de ésta. Ahora residía de pie, con Samehada aún enfundada en su espalda, pero sin la Katana que alguna vez le perteneció al espadachín de la niebla, Jinpachi Munashi.

Suigetsu se sorprendido al ver a Kai convirtiéndose en agua, sin embargo, su ataque no había resultado ser un total fracaso. Había obligado a su enemigo a soltar su arma. Rápidamente vio la oportunidad y tomo la katana de la niebla antes de que ésta cayera al agua. Intento hacer lo mismo con Samehada pero sus manos estaban ocupadas. Cuando escaneó la zona en busca de Kai lo vio de pie a unos metros de distancia, con Samehada nuevamente en su espalda.

—Veo que me hiciste caso Kai. Gracias por ser tan educado y regresarme a Shibuki—Se jactó Suigetsu, mientras hacía malabares con su nueva adquisición como si se tratase de un simple juguete.

—¿Eso crees?—Kai acercó los dedos de ambas manos hacia los símbolos de las muñequeras—Quería prestártela y ver de qué estas hecho. Algo me dice que haberte vuelto un Jinchūriki a arruinado tu Kenjutsu—Agregó mientras ya se encontraba empuñando a las míticas Kiba: las katanas de la niebla que alguna vez le habían pertenecido a Ameyuri Ringo.

Suigetsu mostró un rostro divertido, hacía mucho que no peleaba con un espadachín tan adiestrado en las artes con espada. Incluso pensó que dejar de usar el poder del Sanbi lo haría aún más divertido. Sin embargo, ya no podía comportarse de manera tan temerosa. Era un miembro de Akatsuki y eso le invocaba una responsabilidad por encima de sus propios deseos. Además, no se debía subestimar a Kai y sus habilidades. El Abrigo blanco de Jitsu aún tenía a Samehada, Kiba, Nuibari y Kabutowari a su disposición.

—Adelante Kai, veamos quién es el mejor espadachín de nuestra generación.

El miembro de Jitsu corrió rápidamente hacia Suigetsu. Ambos empuñaban una espada en cada mano. Cuando volvieron a encontrarse frente a frente, ambas Kiba chocaron agresivamente con Shibuki y Kubikiribōchō respectivamente. Los experimentados espadachines rechazaban y renovaban ataques con una habilidad y velocidad impresionantes. La gracia de los movimientos, los patrones y los estilos eran de lo más variado.

Al encontrase blandiendo a las intimidantes hojas de Shibuki y Kubikiribōchō, Suigetsu y su abrumadora fuerza como Jinchūriki se imponían a base de movimientos simples pero vertiginosos; pesados, pero al mismo tiempo amplios e inesperados, obligando al enemigo a holgarse sin posibilidad de encontrar una abertura. El intercambio de ataques se prolongaba, siendo Suigetsu el que claramente había impuesto el ritmo de la batalla, obligando a su enemigo a retroceder ante las pocas posibilidades de contraatacar. Ahora Kai solo se defendía. Cuando el miembro de Akatsuki decidió probar las habilidades de Shibuki las explosiones abrumaron a un más al enemigo, dificultando así la situación en la que Kai se encontraba.

—Maldición, este tipo….—Pensaba Kai. Cada explosión proveniente de la hoja de Shibuki le hacía retroceder más de la cuenta, abriendo aún más su defensa y recibiendo el castigo posterior por parte de Kubikiribōchō. Sentía las incómodas vibraciones de la explosión correr por los mangos de Kiba al igual que las provocadas por la amplia hoja de Kubikiribōchō cada vez que ésta chocaba con el filo de sus espadas.

—Interesante elección que hiciste Kai—Dijo Suigetsu en tono de burla. Ya había llegado a la conclusión de el porqué su enemigo decidió empuñar aquellas Kiba en lugar de las otras Katanas de la niebla. Le pareció entonces una razón ridícula e ingenua la que había llevado a Kai a tomar esa decisión—¿Seguro y quieres clavarme esas espadas no es así?—Kai le regresaba miradas fruncidas. Entonces notó que sus palabras provocaban menos reacciones que los azotes de Shibuki y Kubikiribōchō. Su enemigo se encontraba demasiado abrumado como para responderle. Rió y continuó:—Sí… nosotros los Hōzuki somos débiles al Raiton según dicen por allí. ¿Pero acaso no eres también un Hōzuki? ¿No te parece una tontería usar espadas contra mí? Kiba son las únicas espadas que no podemos dominar completamente. Incluso mi hermano no podía usarlas más de 5 minutos.

Las palabras del peliblanco eran ciertas. Kiba siempre habían sido espadas problemáticas para los miembros del clan Hōzuki. El Raiton y la humedad que el usuario mantenía latente no se llevaban para nada. Después de un tiempo, usar el Raiton de las Kiba terminaban por agotar al miembro del clan Hōzuki. Era por eso que hasta ahora solo había estado empleando el filo de sus hojas metálicas y no el de las hojas eléctricas, el cuál era mucho más letal y contundente. Además, con el manto de Jinchūriki fase dos que Suigetsu ostentaba, sus espadas no podrían atravesarle, siendo entonces una total carga para él. Por consiguiente, haber seleccionado a Kiba para pelear contra Suigetsu realmente parecía una decisión estúpida y carente de razón. Aunque cabe aclarar que, a pesar de esto, el miembro de Jitsu tenía un plan. Un plan que solo él, el único espadachín capaz de blandir las 7 espadas de la niebla al mismo tiempo, podía llevar a cabo.

—Como dije, has sustituido tu creatividad por el chakra de un Bijū.—Dijo Kai mientras acomodaba sus espadas para recibir los ataques de Shibuki y Kubikiribōchō.

Resultaba que las hojas de Kiba no eran planas. En cada hoja había dos protuberancias en forma de colmillo; cada una perpendicular a la hoja principal. Kai había usado aquellas que se encontraba cerca de la empuñadura, juntando así las Kiba y formando un triángulo con sus hojas principales. Con éste ingenioso movimiento había logrado que tanto Shibuki como Kubikiribōchō se atascaran en el triángulo formado por las hojas de Kiba.

Kai no se detuvo ahí. En el torso, debajo de los brazos que aprendían las espadas de Suigetsu, comenzaron a formarse unos brazos de agua a los cuales se les proveía de huesos. Con una velocidad impresionante se formaba el Húmero, después el Radio y el Cúbito hasta culminar en los diminutos huesos y falanges que constituían la estructura de la mano. Cuando se hubieron formado por completo, Kai parecía llevar dos brazos extra de piel acuosa y traslucida que dejaban ver la cadavérica arquitectura de sus huesos. Las manos neófitas se acercaron a las muñequeras de los brazos carnales e invocaron la legendaria Nuibari, aquella Katana de la niebla que alguna vez había pertenecido a Kushimaru Kuriarare. Los nuevos brazos pasaron rápidamente el hilo metálico de la Katana por los mangos de Kiba, formando una serie de nudos que conectaran a ambas Kiba con Nuibari.

—¿Crees que to voy a dejar?—Dijo Suigetsu mientras alteraba la consistencia de Kubikiribōchō, volviéndola liquida y liberándola de su aprensión. Su estrategia era de nuevo la misma a la que había recurrido con anterioridad. La Katana que alguna vez había sido portada por Zabuza Momochi, atravesó a ambas Kiba como si se tratase de una espada fantasma, y se solidificó de nuevo con la intención de cortar el cuerpo de Kai. Pero el filo se había encontrado con otra cosa. Una extraña serie de huesos curvos y punzantes habían cubierto todo el cuerpo de Kai. Ahora su enemigo parecía estar resguardado por una armadura de marfil que lo hacía invulnerable a ataques físicos.

Kai sonrió con confianza mientras levantaba la mirada hacia los ojos destellantes y perfectamente redondos de su enemigo. Suigetsu pensó que era una simple reacción por haber eludido su ataque de nuevo; supo que no fue así cuando sintió lo que parecía una mordida en la pierna izquierda. Cuando bajó la mirada para ver de qué se trataba, la levanto de nuevo incrédulo, dirigiendo toda su atención a la espalda de Kai. La Samehada que éste parecía traer consigo desapareció en una nube de humo.

—Veo que caíste en mi pequeño truco.—Dijo Kai con confianza.

La envoltura de chakra fue replegándose con velocidad del cuerpo de Suigetsu; bajando por su cuello, torso y hasta llegar a su pierna izquierda, la cual estaba sujetada por los colmillos de la verdadera Samehada. La espada cuyo usuario más famoso había sido el Bijū sin cola, Kisame Hoshigaki; había estado en el fondo del agua todo este tiempo, esperando las órdenes de Kai para emboscar al confiado Jinchūriki. En cuestión de segundos drenaba todo el chakra de Suigetsu, tanto de del Sanbi como el propio. Sin demorarse un instante más, Kai empleó la punta de Nuibari para atravesarlo en el estómago. Había impulsado a la espada con tal fuerza, que ésta dejó el cuerpo de Suigetsu para avanzar algunos centímetros más de manera horizontal y después continuara su camino hacia el fondo del agua, clavándose como un ancla en la tierra firme debajo de ellos. El hilo metálico ahora atravesaba a Suigetsu en su totalidad. Sin embargo, ni una sola gota de sangre pareció derramarse después esto.

—Te dije que los ataques físicos son inútiles contra mí—Dijo Suigetsu quién continuaba sujetando a Shibuki y a Kubikiribōchō. Aún con el chakra suficiente, intentó usar a Shibuki y su poder explosivo para repeler al enemigo. Desafortunadamente, una fuerte descarga eléctrica le imposibilitó activar el mecanismo de la espada.

—¿Se sitió bien esa descarga de Raiton?

—Maldito—Respondió Suigetsu con dificultad antes de recibir una descarga eléctrica inmediatamente después.

El miembro de Akatsuki gritaba con dolor y desesperación mientras sentía como la electricidad iluminaba todo su cuerpo. Incluso percibió como la cegadora luz emanaba de sus ojos. Y todo mientras Samehada continuaba devorando su chakra con insaciable apetito. Ya ni siquiera tenía el aliento para maldecir a su enemigo.

—Te preguntarás cómo estoy usando Kiba sin verme afectado en lo más mínimo. Bueno, eso es simple, Nuibari está conectada a Kiba por medio de este cable de metal. Luego este cable te atraviesa y se prolonga hasta la misma Nuibari, la cual está clavada a la tierra debajo de nosotros. La electricidad se mueve del cuerpo de mayor contenido energético al de menor, y el menor de todos desde luego no eres tú, es la "tierra"; pero al estar en medio de seguro sientes que toda la energía se concentra en ti—Kai dejó que otra descarga transitara desde Kiba, pasando por el cuerpo de Suigetsu y finalmente escapando a través de la tierra—De esta manera poca energía se queda en mi cuerpo. Después de todo, resulté no ser tan malo con estas espadas.

Suigetsu sentía que perdía la conciencia poco a poco. Usando sus últimas reservas de chakra y voluntad, soltó a Kubikiribōchō. Cuando esta cayó en el agua se volvió una con ella, atacó a Samehada obligando a que soltara su pierna izquierda y después hiso que atacara a las piernas de Kai, formando prolongados picos de color negro que salían de agua como estalagmitas hostiles. El Abrigo blanco de Jitsu se vio obligado a retroceder.

Debido a que el cuerpo de Suigetsu aún mantenía su consistencia acuosa, el simple movimiento de Kai hizo que el hilo se recorriese hacia el lado derecho, dejando al miembro de Akatsuki libre de Nuibari y el tránsito de energía eléctrica. Una vez liberado, Suigetsu se sintió demasiado fatigado como para mantenerse de pie, soltó a la pesada Shibuki y comenzó a caer hacia las oscurecidas aguas de la Arena. Aún consciente, le encomendó a su Kubikiribōchō que tomase su forma original y lo atrapara antes de que tocara la superficie del agua. Se acostó en su amplia hoja y emprendió la huida. La espada se fue alejando con velocidad como si se tratase de una tabla de surf con un motor integrado en la parte trasera.

—Maldición, allí va Kubikiribōchō—Dijo Kai mientras jalaba a Nuibari y volvía a lanzarla al fondo del agua. Quería perseguir a su enemigo, pero estaba impelido a obedecer el plan de Jitsu. Jaló de nueva cuenta a Nuibari y entre sus hilos logró pescar a Shibuki. La libero de la aprehensión y ésta continuó su ascenso por el aire, giró amenazadoramente y después la atrapó por el mango. La sopeso por unos instantes, sonrió como un niño que acaba de recuperar un juguete perdido y después la recargó en su hombro. Volvió a ver hacia la dirección en que Suigetsu había escapado—Eres un espadachín después de todo—Dijo con una sonrisa. Comenzó a caminar hacia el centro de la arena mientras se quejaba de algunas cosas con fastidio.—Maldición, Kasumi no va a dejar de recriminarme por esto—Continuo con su caminata tranquila. En los rumores del agua, se alcanzaban a distinguir las escamas de Samehada siguiéndole con cautela.