Poco a poco, Hinata Hyūga abría sus ojos. No veía con mucha claridad. Seguramente los efectos secundarios después de una extenuante batalla con el Byakugan. Aquello hiso que se sintiese muy fuera de forma, pero la mala visión no le evitó percatarse de que no se encontraba en el hospital, ni en casa, ni en algún lugar conocido. La peliazul, más lúcida ahora debido al vértigo de no saber en qué lugar se encontraba, notó que no estaba de pie ni recostada, sino sentada. Quiso levantarse, pero sus brazos y piernas se encontraban fijados a la estructura de la silla. Con más preocupación que antes, su debilidad pasajera cesó por completo y movió con más ímpetu sus brazos y piernas nuevamente, pero los grilletes no cedían.

"Es inútil, están hechas de un metal muy resistente por lo que alcancé escuchar. Será mejor que guardes tus fuerzas" Dijo una voz que se escuchaba muy cerca.

Hinata se puso a rastrear el origen de la voz. Notó que su mala visión no se debía tanto por el desgaste de sus ojos, el lugar en sí era muy oscuro. Tan solo iluminado por una lámpara de aceite posada al nivel del suelo. Pensó que lo más probable era que aquella voz fuese de la persona que la había aprisionado, aunque en realidad, la voz le parecía familiar e inclusive, cálida y amigable.

"¿Quién es? ¿Qué hago aquí? ¿Dónde estoy?" Pregunto Hinata sin saber que más decir. No entendía absolutamente nada.

"Tranquila, yo también estoy atrapada, así que solo puedo responder una de tus preguntas" Respondió la misteriosa voz.

Hinata ahora estaba segura de que la voz correspondía a la de una mujer. Y también, había rastreado el origen de ésta, provenía justo de enfrente de ella, a dos metros por mucho. Aunque sus dudas ahora, en realidad habían incrementado. Si la mujer no mentía, ¿Qué hacían las dos atrapadas allí? Fijó la vista al frente y con la poca luz, comenzó a discernir una silueta. Había alguien, al igual que ella, sentada, probablemente asegurada con el mismo mecanismo. También empezó a notar que la mujer tenía una larga melena roja.

"Creo que alcanzó a verle. ¿Quién es usted?" Pregunto Hinata, con la voz tímida y dulce, una manera de hablar muy propia de ella.

"¿Yo? Me llamó Kushina. Uzumaki Kushina, mucho gusto" Dijo alegremente Kushina, como si hubiera estado esperando la pregunta.

"¿Uzumaki Kushina?" Repitió Hinata lentamente. Inmediatamente después, se escuchó fuerte y claro, un suspiro de impresión por parte de ella. "Usted es… usted es…" La voz frágil de la peliazul no encontraba la forma de decirlo, su sorpresa era demasiada.

"Sí, soy la madre de Naruto"

"No entiendo, creí que usted…bueno, Naruto me dijo que…"

"Tranquila" Le dijo Kushina con suavidad. "Yo fui revivida. En este momento, los malditos que lo hicieron están fuera, pero ellos son los culpables de todo. No sé dónde estamos, pero parece ser una cueva. Durante el día, un poco de luz se alcanzaba a filtrar por el techo, pero ya anocheció" Dijo Kushina, tomándose un respiro. Lo había dicho todo de manera rápida y molesta. "Discúlpame, me desvié un poco. ¿Cómo te llamas?"

"¿Eh? ¡Oh! Hinata. Me llamo Hinata Hyūga, señora. Es decir…digo…yo…estoy…con su hijo" La voz de Hinata se iba haciendo más pequeña. Claramente se sentía apenada y muy sorprendida.

"¡Ahhhh! Mi hijo se casó con una mujer tan bonita. Y tu voz suena tan linda. Mis nietos deben ser muy guapos también. ¡Estoy muy feliz!" Dijo Kushina sin vacilar, se le escuchaba auténticamente alegre. La peliazul por el otro lado, se había quedado sin habla. "Dime Hinata, ¿el tonto de mi hijo es atento contigo?" Pregunto Kushina, con la intención de regresarle el habla a su sorprendida nuera.

"¿Ehhh? ¿Naruto? Sí, él es muy bueno" Respondió mientras bajaba la vista. Sentía su cara caliente y agradeció que la oscuridad del lugar no dejara ver el sonrojo que seguramente tenía.

"¡Y dime! ¿Cómo se llaman?"

"¿Quién…quiénes?"

"¡Mis nietos!"

Hinata sonreía. Ya más tranquila, encontró la voz de Kushina tan alegre y reconfortante, que comenzó a sentirse más cómoda e impaciente por contarle todo.

"La más grande tiene ahora 15 años, su nombre es Sharin. El menor, es un niño y su nombre es Senkō. Tiene 13 años"

"Sharin y Senkō" Kushina dio un largo suspiro. "Me gustaría conocerlos".

Hinata se sintió motivada a contarle más, pero la aparición de un abrupto sonido puso alerta a ambas.

"¿Cuánto tiempo tendremos hasta que se den cuenta?"

"Si no nos vieron, menos de 12 hrs"

"Entonces hay que darnos prisa"

El sonido de varias pisadas se iba acercando de manera preocupante. Hinata sintió un vació en el corazón cuando Kazuto emergió de la oscuridad para posar sus siniestros ojos sobre ella. El líder de Jitsu la miró por algunos segundos más, mientras otros individuos de similar vestimenta emergían de la oscuridad también, trayendo consigo más lámparas de aceite y posándolas en distintos puntos del lugar.

"¿Al fin alguien me puede explicar por qué secuestramos a la esposa del Nanadaime?" Comento uno de los individuos que recién había aparecido. Hinata entonces, sintió una preocupación mucho mayor. Aquel hombre, el que había hecho la pregunta, llevaba puesto el abrigo de Naruto. No había duda. Aquel abrigo blanco era el del séptimo Hokage y lo llevaba puesto alguien a quién no reconocía.

"Ese abrigo… ¿De dónde lo sacaste?"

"Ya quítate ese maldito abrigo Yusei. Y encima vienes aquí y se lo muestras" Dijo un hombre de pelo rojo.

"Vale, vale, mi culpa" El individuo se sacó el abrigo y lo arrojo lejos de él. Sin embargo, Hinata lo había seguido con la vista, viendo como éste se había perdido en la oscuridad.

"¡El abrigo, dime de dónde sacaste el abrigo!" Dijo Hinata mientras miraba de manera desafiante al pelipúrpura. Kushina, quién hasta ahora se había mantenido al margen, vio con total asombro cómo la personalidad de su nuera había cambiado por completo. Se retorcía en la silla, en un esfuerzo sobrehumano por liberarse solo con fuerza física. Se preguntaba qué significado podía tener ese abrigo. Cuando recordó el parecido que tenía éste con el de su esposo, pudo intuir lo que pasaba.

"Yujin, llévate a Yusei de aquí" Dijo Kazuto, y el hombre de pelo rojo se alejó junto con el pelipúrpura.

"¡No!, ¡dile que regrese!" Dijo Hinata, quien no cesaba sus esfuerzos por levantarse de la silla y perseguir al hombre de pelo púrpura.

"Tranquila, esto pronto terminara. Te prometo que tan pronto pase esto, regresaras con tus hijos" Dijo Kazuto mientras se acercaba a la peliazul.

"¡Aléjate de ella, maldito!" Dijo Kushina con profundo odio. "¿Qué le has hecho a mi hijo?"

"También te prometo que pronto regresaras a tu lugar de descanso" Dijo Kazuto como respuesta hacia Kushina.

"Espera aquí Yusei" Dijo el pelirrojo. Desvió entonces su mirada hacia una mujer que yacía recostada sobre el suelo. "Y cuida de mi hermana" El pelirrojo emprendió su caminata de regreso hacia donde estaban los demás.

"¿Al menos dime que van a hacer?"

Yujin se detuvo ante el cuestionamiento. "Después" Respondió.

"Espera hermano" Dijo esta vez la voz de la mujer que yacía en el suelo. "¿Entonces lo harás después de todo?"

Sin darse la vuelta, el pelirrojo respondió mientras se alejaba. "Descansa un poco Sumiko"

"Tu hermano está más antipático de lo normal" Dijo Yusei mientras se agachaba y tomaba asiento en el suelo. Alzó la cabeza de Sumiko y la apoyo en sus piernas, después tomo una cantimplora y se la acercó.

"Te respondería que 'no lo conoces', pero pasaste por lo mismo que nosotros. Así que no te golpearé esta vez" Respondió la pelirroja, aceptando el sorbo de agua que le ofrecía el pelipúrpura.

"¿Tú sabes lo que va a hacer?"

"Si. Removerá un sello de Hinata Hyūga"

"¿La mujer que te dejo así?"

"Si" Respondió Sumiko, desanimada. Ni siquiera había reaccionado a la pequeña burla de Yusei.

"¿Y después qué?"

"¿A qué te refieres?"

"Imagino que esto será un logro muy importante para Jitsu, tal vez el haz bajo la manga del que tanto habían estado hablando. Una vez lo consigan, ¿qué será de ti?"

"Estaré el lado de mi hermano. Apoyándolo por supuesto, que pregunta tan tonta"

"¿Entonces por qué te dejo aquí conmigo en un momento tan importante como este? Tu derrotaste a Hinata ¿no es así?"

Sumiko volteó a ver al pelipúrpura a los ojos. Había algo distinto en él.

"Porque necesitaba descansar, tú lo escuchaste"

"¿No se suponía que tenían que proteger esta información? Tal vez la pequeña Azumi era muy pequeña, pero seguro y tu recuerdas las palabras de tu padre. La importante labor que dejó en tus manos. Yujin siempre te ha protegido, pero lo que está haciendo ahora también te está hiriendo, porque él sabe que tú no estabas tan resuelta como él"

"¿Cómo sabes…? Tú no eres tan perfecto tampoco. Incluso eres peor. Usaste el más poderoso de los sellos de combate, aquel que tu padre te había confiado ¿para qué?, para sustituir al lunático que convirtió Amegakure en una prisión. Y después de eso, te regodeaste de las riquezas, las mujeres y el poder que el liderazgo de tu aldea te dio. Solo aceptaste colaborar con nosotros porque nuestras agendas coincidían en un punto en común, jamás creíste en nuestra causa. Tu asquerosa vida ya te satisfacía por completo y finalmente, asesinaste al Nanadaime Hokage solo por vanidad. Le hiciste más daño a esa mujer que yo. A diferencia tuya yo estaba desesperada, al igual que mi hermano" Sumiko dejó brotar sus lágrimas.

"Parece que le has puesto mucha atención a mi vida. ¿Acaso te gusto?"

Sumiko abofeteó al pelipúrpura con fuerza. "Solo me pregunto porque hiciste lo que hiciste. Pero creo que ahora lo sé. Tan solo te deshiciste de todo. Tu pasado, tu sufrimiento, todo, incluso los recuerdos valiosos y las promesas. Es por eso que siempre te burlas de todos, porque muy pocos pueden hacer lo que tú. Puedes seguir riéndote si quieres, adelante"

"Tienes razón, por un tiempo olvidé todo. Pero no lo hacía por mí, lo hacía por alguien más. Y al final, la culpa me alcanzó. Incluso cuando creí que hacia lo correcto" Yusei miraba a Sumiko de una manera completamente diferente que la pelirroja no conocía. Ésta, se había quedado sin habla mientras un Yusei que hablaba y actuaba distinto, la tomaba de su cabeza para apoyarla con cuidado nuevamente en el suelo.

"¿Me creerías si te dijera que toda mi vida no he sido yo? Todo lo que hice, fue por la misma razón que la tuya. Porque al final, gente como tú y yo hacemos lo que hacemos por una sola razón: nunca nos gustaron nuestras opciones. Desafortunadamente, el camino para hacerse una nueva es una verdadera tortura. Pero finalmente esa tortura se ha acabado y espero que la tuya también acabe pronto"

"¿A dónde vas?" Dijo Sumiko, quién aún estaba muy débil para poder moverse.

"A detener a tu hermano" Yusei se fue trotando, dejando a Sumiko profundamente perpleja.

En su mente, el pelipúrpura recordaba su pasaje por el reino del Shinigami. En sus memorias de lo ocurrido, Naruto se mostraba molestó ante las declaraciones del dios de la muerte.

"En ese caso debiste haberme matado desde el principio. Me hubieras ahorrado toda esta miseria" Naruto se levantó abruptamente de la silla, con la intención de salir de aquel lugar. Había alcanzado la puerta del cuarto, abriéndola a la brevedad.

"Tuve mi oportunidad, Uzumaki Naruto" Las palabras del Shinigami hicieron que Naruto se detuviera. "Yo estuve allí, el día que tu naciste. Tu padre me invocó para poder usar el Shiki Fujin, así que yo estuve ahí. No era tan poderoso como solía serlo, pero me había preparado con antelación y acumulé suficiente poder para romper las reglas del contrato y actuar a mi propia voluntad. Con tus padres dando sus últimos alientos de vida, no habría nadie que pudiera detenerme."

"Entonces, ¿por qué no me mataste?" Pregunto, mientras le daba la espalda al dios de la muerte. Aún sujetaba la manija de la puerta, ansioso de salir de allí y aclarar su mente. Pero tenía curiosidad.

"Si tu morías, el mundo Shinobi estaría a salvo de mis hermanos, eso es cierto, pero no estarían a salvo de Kaguya. Sin ti, otra guerra se hubiera desatado, una que involucraba al mismo clan Ōtsutsuki y que finalmente traería la destrucción de tu planeta. ¿Qué sentido tendría el sacrificio de mi hermana, si lo que intentaba proteger terminaba muriendo de todos modos?"