Mermaid boy


Summary: Si había algo que no esperaba Sakura ese aburrido verano en Goto con su mamá era a un apuesto y arrogante mujeriego que decía ser príncipe del mar.


Disclaimer: Naruto es del señor Masashi Kishimoto. La historia a continuar es de mi total autoría.


2


—¿Y esto para qué sirve? —Sasuke sostuvo la escoba desde el mango como si fuera una espada y apuntó a Sakura con ella.

—Sirve para barrer, limpiar —Sakura tomó por la escobilla y trató de quitárselo, pero Sasuke dio un tirón y la hizo caer de rodillas —. ¡Oye! ¿Qué demonios te ocurre?

—Ay, no seas llorona —se fastidió Sasuke al verla mirándolo como si quisiera hacerlo trizas. Suspiró. Dio unos cuantos pasos hacia ella y la tomó por la ropa para alzarla del suelo.

Sakura se apresuró en tomarlo por los hombros para evitar caer de nuevo y se quedó allí, quieta en sus brazos. Sasuke sonrió para sí cuando los deditos delgados de Sakura se clavaron en sus hombros con fuerza. Las manos de Sasuke se afianzaron con sutileza en la cintura de la chica, acariciando, subiendo y bajando.

—Eres preciosa, Sakura, tu aroma es tan atrayente que me dan ganas de hundir mi nariz en tu cuello mientras…

El cuerpo de Sasuke cayó al suelo con fuerza mientras Sakura se sacudía las manos ante una muy sorprendida y enfurecida Mebuki que había presenciado el final de la situación, sacando sus propias conclusiones.

—¡Él empezó! Me empujó al suelo y me estaba queriendo tocar —intentó defenderse ante una cabreada Mebuki que sacudía un palo de amasar con la mano.

—¡No es motivo alguno para que le hagas la llave del sueño, Sakura! Maldita sea el día que permití que tu tía Tsunade te enseñara esas cosas. Levanta al muchacho y llévalo a su cuarto.

Sakura, a regañadientes, levantó a Sasuke por el hombro y lo llevó como costal de papa. Mebuki sonrió cuando la escuchó murmurar y quejarse sobre hombres pesados y madres traidoras.

—¿Madres qué? —alzó la voz Mebuki al escuchar una grosería por parte de Sakura. La chica huyó de la escena como si el diablo le siguiera el paso. La mujer se acercó hasta la escoba y la levantó del suelo, arrimándola contra la pared cerca de la entrada para que fuera usada.

Sasuke despertó e intentó abrir los ojos, pero un trapo húmedo le impedía abrirlos. Se lo quitó y lo sostuvo entre sus dedos mientras lo observaba. Era de color verde chillón y tenía dos símbolos. Se incorporó y observó la habitación. Desde hacía una semana era su hogar provisorio, no estaba mal pero no era su habitación el cual estaba provisto de sus cosas. Sumándole que no tenía sirvientes a los cuales mandar y no podía disfrutar de sus platillos favoritos ni de la atención de las señoritas del palacio. Suspiró. Aquí sólo tenía a una mocosa gruñona y una habitación con las comodidades que sólo a los humanos podía agradarles. Aunque no se quejaba de eso que ellos llamaban aire acondicionado ni de la bañera en la que se daba largos baños de agua tibia con sales de baño.

Estaba empezando a extrañar su hogar por más que detestara todo lo que tuviera que ver con protocolos de la realeza. Hasta extrañaba al fastidioso de su hermano mayor y los regaños de su madre.

Se apretó el puente de la nariz y cerró los ojos. Al abrirlos, solo se encontró con sus extremidades. Maldita sea, ¿cómo haría para volver? Se frotó la cabeza con fuerza y se tiró del cabello, hasta su cabello largo extrañaba. Masculló una maldición y lanzó el trapo hacia la puerta. Éste cayó a los pies descalzos que estaban en el dintel.

—Ya veo que te has despertado —Sakura se acercó con una bandeja en la que había dos sándwiches de queso y tomate que Sasuke devoró con entusiasmo.

Sakura lo observó un largo rato en silencio. No tenía muchas ganas de disculparse, pero si no lo hacía, su madre le daría una nalgada que le dolería hasta el día después de mañana. Se acarició los brazos con pena y frunció los labios, disgustada.

—Si no lo hago ahora no lo haré jamás. Escucha bien: ¡Lo siento! No quería hacerte la llave del sueño, pero estabas haciendo de nuevo eso con tus ojos y me dio miedo.

—Sólo quería probar si mi Sharingan aún funcionaba. Creo que eso también se vio afectado.

—¿También?

—Sí, no puedo respirar bajo el agua, algo debe estar fallándome en el cuerpo porque cuando estoy en tu tina gigante, empiezo a sofocarme.

—Creo que te diste muy fuerte —la voz preocupada de Sakura extrañó a Sasuke.

—¿Qué cosa me di fuerte?

—¡La cabeza! Te habrás golpeado cuando caíste y por eso estas diciendo estupideces. A ver, déjame tocarte la frente para saber si tienes fiebre —estiró la mano hacia Sasuke, pero éste la cacheteó antes de que llegara a tocarlo.

—Hablo en serio, Sakura, no estoy bromeando. Estoy preocupado porque no sé si podré volver a mi casa.

—Si necesitas dinero, yo te presto.

—No necesito dinero, necesito volver a casa.

—¿Y si intentas lanzarte al mar? Quizás puedas transformarte en el hombre pez y salir nadando como todo un campeón de natación.

—No te tomas nada en serio ¿no?

Sakura sonrió divertida, Sasuke puso los ojos en blanco. La chica se puso de pie y estiró el cuerpo, tronando huesos de paso y gimió en voz alta al desperezarse con gusto. Sasuke se puso en pie y la siguió, aún tenían que limpiar ya que su estadía no era gratis.

—Enséñame a usar esa escoba.

—Es muy fácil, lo tomas de un extremo y vas juntando la mugre en un solo lugar. Si haces bien la tarea, te llevaré a por unos helados, seguramente te gusten.

—Me das asco.

—Hn.

—No puede no gustarte el helado. ¡Es lo más rico que hay!

—Hmp.

—¿Su alteza sólo tiene monosílabos incorporado en sus conocimientos lingüísticos o qué? ¡Responde como una persona normal! Oh, sí, es cierto, no me gusta el helado. Soy un pescado con un poco de retraso y con mal gusto para los alimentos y… ¡Ay! Eso dolió.

Sakura se frotó el brazo que fue pellizcado por Sasuke mientras lo fulminaba con la mirada. Éste se hizo el desentendido mientras iban de regreso a la posada.

—Cuando quieres eres muy molesta. Es muy asqueroso, ¿cuál es el problema?

—¡Que a todo el mundo le gusta!

—Yo no soy todo el mundo.

—Te compraré unas papas Pringles. Quizás te gusten.

—¿Te gustan a ti? — la miró de reojo, Sakura saboreaba su helado con mucho amor.

—Sip. Son deliciosos.

—Entonces, no quiero. Seguro es otra cosa asquerosa, tienes tan mal gusto. Puaj.

—¡Tú… estúpido!

—¿Sakura?

Una voz demasiado conocida que la tenía soñando una que otra vez se hizo eco entre ellos. Sakura volteó a ver a la persona que estaba detrás. Ojos azules como el cielo mismo, cabellos rubios puntiagudos y la piel morena besada por el sol se habían convertido en la visión más hermosa que podía haber tenido en ese desastroso verano.

—Menma ¡Qué coincidencia! Pe-ro que… ¿Qué haces aquí, en el fin del mundo?

Menma arqueó una ceja y miró de reojo al chico que estaba junto a la su compañera de curso. El chico le devolvía la mirada con una camuflada curiosidad y observaba de reojo a Sakura, que había cambiado totalmente de actitud. Entrecerró los ojos, su instinto le decía que ese tipo no era alguien al cual subestimar por lo que chasqueó la lengua y se dio media vuelta, levantando la mano en forma de saludo.

Los ánimos de Sakura decayeron al verse ignorada ante el chico popular de su grado. Jamás podría tener un acercamiento con el guapo y misterioso Menma Uzumaki. Se giró nuevamente para retomar el paso, pero no sintió los pasos de Sasuke. Lo miró de reojo y no pudo evitar ruborizarse ante la burlona y casi cruel sonrisa que decía "descubrí tu más sucio y oscuro secreto".

—No digas ni una pala-

—Yo no dije nada —quizás no con palabras, pero su expresión lo decía todo y Sakura estaba demasiado avergonzada para seguir mirándolo. Había delatado su talón de Aquiles.

—¿Qué estás esperando? ¡Volvamos a casa antes de que oscurezca!

—Como quieras.

—Y para que sepas, sólo es un compañero de escuela, es popular y…

—No me interesa saber quién es.

—Yo… bueno, yo —Sakura balbuceó más avergonzada por haber dado una explicación que Sasuke no había pedido.

Lanzó lo que quedó de su helado al cesto de basura que había en una esquina de la calle en donde estaban caminando y, más que furiosa, emprendió con rapidez para volver a casa, siendo seguida de los pasos presurosos y las carcajadas de Sasuke.

¡Cómo lo odiaba!

Algo estaba haciendo eco en sus oídos, entumeciéndolos por momentos y aturdiéndolo. Abrió los ojos y la sensación persistió. Encendió la luz de la mesa de noche y miró por toda la habitación. Nada.

Se calzó con unas pantuflas y emprendió camino hacia donde ese casi imperceptible sonido lo atraía. Bajó las escaleras y se dirigió a la sala de recreación. Se detuvo frente a un mueble que contenía adornos de todos los colores y tamaños; un solo adorno pertenecía al mar y estaba brillando tenuemente ante su Sharingan. Tomó la caracola gigante y se lo colocó en el oído. Un grito lo hizo alejarlo de su oído. Era su madre.

—¿Quién habla?

¡¿Dónde te has metido Sasuke Uchiha?! ¡Estamos como locos buscándote! Maldita sea, gracias a Dios que estás bien.

—¿Dios?

El Dios de los humanos. Hemos estado buscándote en el mundo humano y sus frases son pegadizas. Ay, cariño, estaba tan preocupada ¿Por qué no te has comunicado con nosotros? ¿Tan difícil era una llamadita a tu madre? Estuve con el Jesús en la boca.

—¿Jesús?

Otro dicho de los humanos ¿Dónde estás? Dinos así vamos a buscarte, hemos recorrido gran parte del mundo, bueno, los súbditos de tu padre han hecho el trabajo. Muchos de ellos llegaron hasta el mundo humano, yo he paseado muy poco por el mundo humano. Son tan horribles los humanos.

—Yo estoy en el mundo humano, de hecho, me estoy quedando en la casa de uno de ellos y me han tratado muy bien, la comida es buena y la señora Mebuki me trata muy bien. Aunque su hija, ella es otro caso, pero ella fue la que me trajo.

¿Te secuestró? ¡Oh, no! Cariño, mi bebé está en peligro.

—Cálmate, madre —el sudor en su frente y la migraña estaban comenzando a molestarle. —Sakura es una buena chica, ella me acogió en su casa. Estoy bien, no me falta ni un brazo ni las piernas.

¡Ay, no, qué horror! Mi bebé tiene piernas —el llanto de su madre lo estaba comenzando a cabrear, estaba poniéndose escandalosa y pesada. Como Sakura. Sonrió, ahora entendía por qué le recordaba a alguien a veces.

—Tranquila, estoy bien. Espero que hayas regañado a Itachi.

¿A Itachi? ¿Por qué?

—Acaso ¿no te dijo por qué está pasando todo esto? —se la veía venir, tonto hermano.

Claro, nos dijo lo que pasó… eres un irresponsable, Sasuke ¿Cómo se te ocurre hacer una cosa así mientras Itachi te advertía que no lo hicieras?

¡Hijo de puta!

—No, madre… Itachi me dijo que lo hiciera. Me hizo un tonto reto y caí en la red.

Pero… Itachi es… —Sasuke lo supo, allí venía. Alejó la caracola del oído — ¡Itachi! ¡Maldito hijo desgraciado! —los gritos se fueron alejando, clara señal de que su madre estaba buscando a su hermano. No pudo evitar reír por lo bajo.

Sasuke.

—Padre. Estoy bien, sólo no sé cómo volver.

Sólo lánzate al mar. ¿Estás en Goto?

—Aa. ¿Cómo lo sabes?

Las personas en Japón son muy amables, en especial, en Goto. Espero que te hayas divertido. Pasarán a recogerte mañana por la tarde.

—Bien. Estaré esperando. Adiós.

—¿Sasuke?

Sasuke dio un respingo y dejó la caracola en su lugar. Dio media vuelta y vio a una Sakura muy ligeras de ropas en la entrada de la sala. Parecía preocupada y asustada. Debía estar pensado que estaba loco por hablar a esas horas de la noche con una caracola.

Ella se acercó al chico con dudas, preocupada de la charla extraña que estaba teniendo con la caracola. Cuando estuvo frente a él, tocó con su mano derecha la frente del chico; estaba sudado y un poco caluroso, pero no era fiebre. Deslizó su mano hasta su mejilla, acariciándolo con ternura. Algo le decía que ya no volverían a verse.

—Es demasiado pronto… y aunque me caes mal, voy a extrañarte.

Las manos de Sasuke temblaron antes de posarse en la cintura de Sakura. Acarició arrastrando parte de su camiseta que se quedó por encima de sus caderas, dejando su ombligo y un tramo de piel expuestos a la calurosa noche. Sus ojos se clavaron en los de ella; amaba el color de los ojos de la chica, eran tan únicos y hermosos que no dudaría en perderse en ellos para siempre. Si fuera una sirena y su canto no cautivara, sus ojos lo harían sin esfuerzo alguno.

Sakura lo abrazó y él le devolvió el abrazo. Olía malditamente bien y era tan suave al tacto, era preciosa. Sería para siempre su humana favorita, la chica mística de la que contaría historias para sus futuros hijos en el mundo acuático. Si tan sólo pudiera llevársela.

—Gracias, Sakura.

Ella lo abrazó aún más fuerte, sintiéndose romántica por primera vez. La boca de ella no lo dudó y buscó la de Sasuke en un beso cargado de cariño y de tristeza. Sasuke se lo devolvió con gratitud y con la esperanza de que nunca terminara. Porque ella le gustaba. Si, le gustaba. Desde el primer momento que la vio le pareció hermosa y si la trató como un patán fue porque lo era, era un gran idiota que le gustaba aparentar ser genial. En parte, en el mundo acuático, lo era por ser hijo del rey. Pero allí, en el de los humanos, dónde sólo era Sasuke, era un chico más.

Se apartó de ella y la llevó hacia las escaleras, sabía que al siguiente día Sakura volvería a ser la misma niña chinchuda y esquiva de siempre, pero mientras tanto, se despediría de ella con otro beso y otro abrazo que guardaría por siempre en sus recuerdos.

—Quiero agradecerle, señora Mebuki, por su hospitalidad.

—Oh, Sasuke... es una pena que te vayas tan pronto, pero quiero que sepas que siempre podrás volver aquí cuando quieras —la pena era palpable en su voz y Sasuke se sintió tan extraño, pero reconfortado.

—Muchas gracias, señora.

—De nada, cariño. —ella giró hacia Sakura, ella parecía tal cual como siempre, sólo que demasiado silenciosa. Mebuki acarició la cabeza de la chica y ésta le devolvió la sonrisa.

—Iré a pescar más tarde con Kakashi, me ha invitado de nuevo —anunció Sakura a su madre.

—Cofcofcánibalescofcof.

—Cierto, pecesín es anti pescado.

—No puedo comer a mi gente, está mal eso.

—¿Y qué comen?

—Somos herbívoros, vivimos de frutos, raíces o plantas. Nos gusta mucho el pan. Una comida de la realeza son las perlas, pero últimamente están siendo muy difíciles de conseguir.

—Eso he notado, además de que no comen nada que sea cocido o frito, eres muy sano. Qué envidia, yo no podría estar sin mi ración de comida chatarra.

—Por eso los flotadores en tus caderas —murmuró su madre. Sakura la miró mal, Sasuke sonrió. — Ya que es tu último día aquí con nosotras ¿Qué te gustaría hacer? —dijo Mebuki mientras colocaba el plato que sostenía en la mesada.

—Mmm… no sé, no se me ocurre algo.

—¿Por qué no lo llevas a pasear en moto? Puede usar la mía, si sabe —resolvió Mebuki, Sakura pensó que era buena idea.

—¿Sabes conducir una moto? —ante la negativa de Sasuke, ella sonrió y se puso de pie —: Bueno, entonces seré la que conduzca.

—Tu sonrisa me da escalofríos — Sasuke fingió temblar, aunque la expresión de Mebuki decía que sí debería temer a ello.

—A Sakura le gusta correr, así que sostente fuerte y suerte.

Ya la idea no parecía tan bonita que digamos.

A pesar de que al principio sentía que iba a caer y morir a manos de Sakura en esa bestia que hacía más ruido que Itachi roncando, había disfrutado del paseo. El viento en su rostro, el aroma del mar y la calidez del cuerpo de Sakura habían sido una de las sensaciones más maravillosas que había sentido en un largo tiempo.

Se estaba sensibilizando demasiado, no se reconocía así mismo y no le agradaba mucho. Era sus últimos momentos con la chica que le había parecido horrenda en su momento por su detestable actitud, pero se había ganado parte de su cariño con el correr de los días. Días que habían parecido años. La extrañaría de verdad.

Ella lanzó una piedra brillosa al mar y colocó su mano sobre sus ojos para poder ver la donde caía. La distancia había sido larga y vio satisfacción en su sonrisa. Sasuke, queriendo molestarla, la empujó con el hombro haciéndola trastabillar.

—No lances piedras a mi casa, es de mala educación.

—Cierto, tu castillo de arena se va a derrumbar y me sentiría muy mal que eso ocurriera.

—¿Con que te crees graciosa? —se lanzó sobre ella, pero Sakura fue rápida y lo esquivó.

La carrera comenzó y ella rió cuando comenzó a notar que Sasuke no estaba en forma, pues parecía muy agitado y las piernas le temblaban. Se detuvieron en el muelle, ella unos cuantos metros más lejos que él. Sasuke se recargó en sus piernas tratando de recobrar el aliento y Sakura se acercó al borde de la rambla que estaba a unos pasos de ellos.

Sasuke miró de reojo a una silueta que se acercaba por su lateral izquierdo a toda prisa. Sin darle tiempo, sintió un embiste y perdió el equilibrio.

—Sasu-

Las palabras de Sakura murieron al ver a Sasuke al borde de la rambla y caer de espaldas al agua, intentando agarrarse de algo cuando solamente había aire a su alrededor. De pie, en el lugar donde estaba Sasuke, Menma miraba todo lo que estaba ocurriendo. Lo último que Sasuke vio fue a Sakura correr hacia Menma y gritarle algo que fue incomprensible a causa del ruido que causó su zambullida. El agua, antes tranquila, se tornó agresiva mientras su cuerpo sufría de la metamorfosis.

El rostro desesperado de Sakura se grabó en su retina mientras el mundo de las profundidades negras se lo tragaba y lo dejaba inconsciente. Había sido divertido mientras había durado.

Gracias por todo, Sakura.


N/A: Holaaaaa! Tanto tiempo y yo olvidándome de este fic. Mil disculpas, es que desde que me compré la pc estoy en otra y lo peor que me dio un ataque de amor hacia Evangelion otra vez así que estoy meta boludear en ese fandom jajaja descuidé a mi waifu Sakura por el baka Shinji *snif snif*

Bueno, este es el segundo capítulo y si, muy intenso todo(? Creo que les había dicho que era corto este fic pero no se preocupen que aún hay más… creo(?

Mil disculpas de nuevo y muchísimas gracias por comentar, dar fav y follow. Muchísimas gracias *cora cora*

Abrazos! Y me pondré a trabajar, lo prometo aunque me tarde porque estoy con falta de inspiración :c