Disclaimer: los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi
Aléjate de las bestias
Desde que era pequeña, viví con el miedo de llegar a conocer alguno de estos monstruos.
Recuerdo cómo mi madre, con manos temblorosas me habló sobre ellos. Sin duda alguna, ella había sido testigo directo de las atrocidades y la verdadera naturaleza de aquellos a los que solía llamar "bestias".
Fue una noche, cuando yo tenía 10 años, que esto ocurrió. Mi madre, llegó a la casa después del trabajo, con su rostro cubierto en lágrimas. Cerró la puerta de la entrada con un gran golpe y tenía la respiración agitada. Preocupada la abracé, y le pregunté qué era lo que había pasado.
—No es nada, mi amor—. Me dijo mientras tomaba mi rostro con una de sus manos, y con la otra, intentaba secarse sus propias lágrimas que surcaban por sus mejillas— Lo que pasa es que me encontré con una bestia. Un monstruo que quiso engañarme y hacerme daño. Pero, logré salir de su trampa.
Ese fue el comienzo, después de eso, poco a poco fui preparándome para lidiar con esas terribles bestias que se encontraban entre nosotros.
—Ellos parecen humanos —, me dijo un día— Hay de distintos tonos de piel y estaturas, pero sin duda puedes creer que son de nuestra misma especie. ¡Ni lo imaginarías!, tienes que tener mucho cuidado cariño —me decía observando a su alrededor, mientras caminábamos por la calle —Ellos tienen el poder de entrar en tu mente, y controlar tus decisiones. A pesar de tu saber que no es lo que quieres, ellos te manipularán de tal manera que te olvidarás de ti misma. Comenzarás a creer que los amas, te tendrán en sus garras.
—Pero, ¿qué quieren ellos de nosotras? —Le pregunté mientras me afianzaba de su mano, y comenzaba a ver a mi alrededor, de igual manera que ella.
—Nuestro cuerpo, cerebro y corazón. Parecen inofensivos al principio, y hasta yo había creído que así era, cariño, pero no. ¡Y los peores son los que mejor lucen! ¿Qué sabré yo sobre eso? Los que tienen mejores ropas y que hablan con un elegante vocabulario, son los más entrenados para jugar con nosotras y ganarse nuestra confianza.
Las advertencias veían a mí, cada vez que me alejaba de ella. Cuando iba a la escuela, cuando salía de paseo, cuando iba con mis amigas, la despedida siempre era la misma.
—Cuídate de las bestias, cariño —me decía dándome un beso en la frente.
—Siempre ma.
Ahora que vivo sola, estas costumbres se quedaron tan arraigadas en mí, que comencé a ver el mundo desde la perspectiva de mi madre. Observaba a todas las personas a mi alrededor, intentando saber, cuál de ellos quisiera tomarme como su presa, e ideando millones de planes sobre cómo podría escapar de alguno, si esto fuera necesario. Pero mi madre no me advirtió lo difícil que sería el enfrentarse cara a cara, con uno de ellos.
¡Estúpida bestia de ojos hermosos!
Lo conocí un día en la cafetería que frecuentaba después de salir del trabajo. Me senté en una mesa olvidada en la terraza y me puse a leer un libro de fantasía, al que le faltaban pocas páginas para terminarlo.
Él llegó, con su cabello blanco y largo. Una cosa completamente inusual. Se sentó al otro extremo del área en la que yo me encontraba, pero de frente a mí. Quise ignorarlo, y seguí pasando las páginas de mi libro lentamente, intentando leer las palabras que estaban escritas, pero no podía concentrarme. Sentía su mirada fija en mí, entonces, cuando levanté la mirada a su dirección, pude ver cómo me sonrió coqueto.
"Mierda" pensé.
¡Se había levantado! Y ahora comenzaba a caminar a mi dirección. Se sentó en mi mesa, con toda la naturalidad, e intentó hacerme plática.
—¿Te he visto aquí antes? —me preguntó.
Su voz sonaba rasposa, pero aun así me pareció muy atrayente. Inmediatamente mis sentidos se pusieron alerta y comencé a sospechar de él.
—No lo sé —dije ignorándolo un poco. No creo que nos hayamos visto antes, porque de ser así, sin lugar a dudas yo lo recordaría.
—¿Cuál es tu nombre?, linda. Yo soy Inuyasha—. Dijo con una sonrisa en su rostro, observándome con detenimiento. No sé si era por que esperaba mi respuesta, o me estaba analizando igual que yo a él.
—Kagome —contesté sin pensar.
Me regañé internamente, ¡no debía hablar con él!
Volví la vista a mi libro, e intenté retomar la lectura.
—Un gusto Kagome —dijo mi nombre suavemente —Espero volver a encontrarnos —se levantó y volvió a la mesa en la que antes estaba. Solté un suspiro aliviada.
Los días siguientes que iba a la cafetería, él estaba ahí. Siempre se acercaba por unos momentos, hacía un poco de plática y volvía a su lugar. Me sentía extraña. Podría haber dicho que era un acosador y que me molestaba, pero jamás hice el intento de alejarlo. También pude haber hecho el intento de cambiar de cafetería, y no volver ahí, pero me excusaba diciendo que era la más cercana a mi casa, a pesar de que existía otra a unas cuantas cuadras. ¿Qué era lo que me pasaba?
Todo lo que había dicho mi madre era real, justo cómo los había descrito. Inuyasha era carismático y con una sonrisa que podría derretir a cualquiera. Habían sido ya varios días en los que se había acercado a mí, pero aquel día, cuando comencé a sonreírle también, fue que entré en pánico. Inmediatamente me di cuenta de esto, tomé las cosas que tenía sobre la mesa y me fui dejándolo solo.
No fui a la cafetería por toda una semana. Estaba confundida, toda la vida había sido preparada para este momento, pero no pude simplemente ignorarlo. Decidí ir a la cafetería y enfrentarlo, no tenía por qué ser yo la que escapara. Tenía que ser fuerte.
Cuando volví, nuevamente ahí estaba él, y se acercó como de costumbre, pero ahora, su rostro lucía un tanto preocupado.
—¿Pasó algo el otro día? —me preguntó— te fuiste sin decir nada.
—Déjame en paz —le dije con un tono serio, tratando de marcar mi distancia con el joven que ahora me veía con una ceja levantada. Pero no se movió, se cruzó de brazos y me miró detenidamente, ignorando el hecho que lo acababa de correr —¿No tienes alguien más a quien molestar? Sé exactamente lo que eres, y créeme que tu galantería y tus juegos manipuladores no podrán conmigo.
Ya no escapé. Seguí en mi asiento y no esquivé esos hermosos ojos dorados. Estaba cansada de pensar tanto en él, y esta bestia debía saber que no le tenía miedo.
—¿A sí? —dijo con una sonrisa engreída— ¿Y qué es lo que soy? Exactamente.
—Eres una bestia —Dije con seguridad.
Su mirada dorada seguía fija en mí, y pude notar cómo en un instante su iris cambiaba a un tono más oscuro... por un instante, parecieron carmesí.
—¿En serio? —preguntó. Se relamió los labios y miró detenidamente los míos —eso suena muy interesante, si eso fuera verdad —, dijo. Colocó sus codos sobre la mesa y acercó un poco su rostro al mío— Quizás te has topado con el peor de mi especie.
Se levantó se su asiento y susurrándome en el oído me dijo: —Ya eres mía.
Su rostro a centímetros del mío sonreía cómo un niño pequeño que acababa de conseguir un nuevo juguete. Tomó sus cosas y salió de la cafetería.
"Mamá, lo siento...creo que me han atrapado".
Quiero que disfruten de mis historias como yo lo hago con muchas de las de ustedes. Dejen sus sugerencias en sus comentarios.
Esta historia está pensada para ser un One-Shot, por el momento seguirá así. Muchas gracias por aquellas personas que me han animado a continuar escribiendo esta historia. Una vez que termine mis proyectos, puedo plantearme la idea de extenderla un poco más. Agradezco cada uno de sus mensajes.
Nos seguimos leyendo.
