Ella se detuvo frente a su restaurante, las mesas estaban iluminadas por los pequeños centros de mesa solares que siempre daban luz, abierto o cerrado.
Abrió la puerta y entro poniendo la traba en la puerta y camino a su mesa favorita, allí tenia vista de todo el restaurant y de la ciudad.
Dio un largo suspiro y miro el exterior, comenzaba a enfriar y las personas se acurrucaban mientras caminaban aprisa para llegar a su destino.
Sintió un estremecimiento en su corazón y cerró los ojos, ese de todos los recuerdos volvía a atormentarla y todo por la instancia de sus padres de encontrarle un marido.
La única diferencia era que aquella noche estaba nevando. Levanto los ojos y frente a ella estaba sentado Cato.
- Gatita - le había dicho -¿cómo te sientes? Al fin cumpliste tu sueño.
- Es fabuloso. Me siento realizada, feliz, esto es todo lo que soñé y más.
- Eso me da gusto. Katniss - le dijo tomando su mano.
- Prometo que esto no me distraerá de nosotros. Sé que.
- No habrá mas nosotros - dijo el - Katniss - debo irme.
- ¿A qué te refieres?
- Necesito pensar sobre el futuro.
- ¿Pero qué? - Dijo la castaña sintiendo un desgarrón en el pecho.
- No me busques yo lo hare.
Todo fue tan rápido que no supo cómo reaccionar, pocos días después la llamo para decirle que Clove era perfecta.
Ahora no estaba dispuesta a volver a entregar el corazón. Cerró los ojos y respiro profundo había prometido no volver a llorar. No por él.
- Sé que es una grosería espiar. Pero debo confesar que yo estaba aquí antes que tú. - Katniss abrió los ojos y se sorprendió de verlo nuevamente frente a ella.
- ¿Qué haces aquí?
- me pidieron algunos bollos de queso extra y le pedí a Enobaria que me dejara hacerlo. ¿Estás bien?
- Si solo algo cansada.
- Bueno he terminado, ven acompáñame.
-¿A dónde?
- Vamos.
- Tu acompáñame – dijo ofreciéndole la mano.
Ella miro la mano que tenía delante, era extraño, el único con el que tenía cualquier tipo de contacto era con Gale, pero eran como hermanos, y Cato por supuesto pero de eso hacía mucho tiempo ya.
- Vamos no te voy a morder. – dijo el rubio sonriendo, ella tomo su mano y se dejó guiar.
- Espera voy a cerrar – dijo Katniss y puso la alarma y la llave y se preguntó cómo no se dio cuenta de que no tenía alarma el restaurant cuando entró.
El contacto con el chico era muy cálido, sus manos eran grandes y callosas, quizá por el trabajo en la panadería, pero sus anteriores panaderos le habían saludado y su contacto era diferente, el de él era, Katniss pensó en la palabra. Seguro, esa era la palabra. Había seguridad en su mano.
- ¿Dónde estamos? –dijo al sentir que se detuvieron – Es en serio ¿es un restaurant?
- No es un restaurant, es El RESTAURANT – dijo Peeta sonriendo a lo que ella lo miro mal.
- Es broma es un café, ven te invitaré uno, es el mejor de todo Panem.
- Claro – dijo ella, no tenía ventanas y solo era una pequeña puerta situada entre dos grandes almacenes. – Al abrir la puerta se topó con un pasillo largo e iluminado, tenía hermosas pinturas que por alguna razón le recordaban algo y al final dieron con un hermoso café en un jardincito lleno de flores y plantas.
- Es lindo no – dijo buscando una mesa desocupada y se sentaron uno frente al otro.
- ¿Cómo lo conocías? Yo tengo años viviendo aquí y nunca lo había visto.
- Bueno no es un lugar que frecuenten muchas personas, como decirlo es muy selectivo.
- ¿De verdad? No hay seguridad.
- Crees que estas tranquilas personas permitirían que alguna persona del Capitolio de esas extravagantes vinieran aquí? Romperían esta paz.
- Bueno – dijo Katniss recordando a los amigos de sus padres – Tienes razón.
- Ves, ahora – levanto la mano y una chica pelirroja le saludo y lo miro con los ojos radiantes.
- Hola Lavina – dijo el chico a la mesera, ella parecía flotar al verlo.
- Hola Peeta, volviste, puedo ofrecerte algo.
- Katniss ¿quieres algo?
- Yo – dijo mirando la carta que tenía delante – Un capuchino y un bollo de queso.
- A mi tráeme lo mismo – dijo Peeta.
- Claro en un momento – la mesera miro a Katniss evaluándola de arriba abajo, pero al parecer lo que vio le gusto de modo que le sonrío de nuevo radiante.
- Tienes una admiradora – dijo Katniss.
- ¿Quién ella?
- Sí, no viste como te miraba.
- No.
- Y bueno cuéntame ¿Qué te hace estar tan triste?
- Es algo personal.
- Bueno, de alguna forma debemos conocernos, además trabajaremos juntos.
- Tengo muchos empleados y no les cuento estas cosas.
- Podemos ser amigos.
- ¿Amigos? – dijo Katniss mirándolo curiosa – No tengo amigos.
- Debes tenerlos, eres muy linda.
- Claro – dijo ella sarcástica.
- Por ejemplo – dijo el rubio tomando una servilleta – Cuál es tu color favorito.
- Eso es demasiado personal. –dijo Katniss riendo.
- Vamos no seas tímida – dijo Peeta riendo – Yo te diré el mío, pero después tendré que matarte.
- No lo divulgaré – dijo Katniss sonriéndole, era muy fácil hablar con él. – Es el naranja.
- ¿Cómo el que estuvo de moda la temporada pasada en el Capitolio?
- Oh no, eso es una abominación – dijo el exagerando – Aun me lloran los ojos, es como el del atardecer.
- Ese es un lindo color – dijo Katniss – El mío es el verde, me recuerda a la esperanza de cosas vivas, aquí – dijo mirando el restaurant, este lugar me recuerda a algo, pero no se a que – dijo ella.
- Es como mi hogar –dijo Peeta.
Los dos comenzaron a platicar de cosas irrelevantes, la mesera trajo el café y el pan y después siguieron sin notar el paso del tiempo, al final el rubio volvió con la misma pregunta.
- Dime ¿Qué te tiene tan triste?
- Bueno – dijo ella tomando su segundo café – Hace un año inauguré mi restaurant, ayer para ser exactos.
- Eso es genial – dijo Peeta – sabes que es uno de los favoritos de este distrito, de hecho La Saeta Capitolina tiene muy buena crítica de tu comida.
- ¿Lo has leído? –dijo Katniss riendo – Creí que era una revista amarillista que solo los capitolinos leían.
- Bueno a veces uno encuentra trabajo en ellas, así fue como di con tu anuncio y te envié la solicitud hace un año – dijo Peeta.
- Vaya – dijo Katniss.
- Y entonces, ¿no deberíamos estar celebrando?
- Hoy hace un año mi prometido me abandono.
- ¿Qué? –dijo Peeta mirándola no con lastima como todo el mudo lo hacía, más bien como con simpatía, como si su corazón estuviera igual de roto que el suyo.
- Si, dijo que había encontrado el verdadero amor en otro lugar.
- Es un tonto – dijo Peeta.
- ¿Y tú? –dijo Katniss – debes tener a alguien especial.
- No, claro que no – dijo él.
- Pero mírate, eres tan atractivo, con esos ojos azules debes romper corazones a diestra y siniestra, tienes a alguien en tu distrito.
- No, bueno, había una chica, pero nunca le dije que sentía por ella.
- Pues hazlo, ve te doy unos días y tráela.
- No es tan fácil.
- Peeta –dijo una voz junto a él, era un hombre de cabello morado que lo miraba sonriente.
- Hola Caesar –dijo Peeta. – Ella es Kat…
- Katniss Everdeen – dijo Caesar, la castaña lo miro sin reconocerlo. – Conozco a tus padres, maravillosas joyas.
- Oh – dijo Katniss – Claro que sí.
- Deliciosa tu comida. Eres toda una estrella querida. Peeta debes traer más personas así al café.
- Bueno no soy tan popular.
- Lo serás pronto. Tenemos que hablar de…
- Otro día será, debemos irnos – dijo Peeta interrumpiéndolo – Vendré otro día y hablaremos.
- Claro – dijo Caesar.
Katniss miró el intercambio sin entender, les dieron la cuenta y Peeta ignoro el que fuera cortesía y salieron del café, ella miro las pinturas al salir y el frío del exterior le sorprendió.
- Ven aun tengo algo que mostrarte – la mano de Peeta tomo la de ella y la guío por las calles, era la primera vez que caminaba por tantas calles, aunque tenía casi doce años en ese lugar, pocas veces caminaba y mucho menos tan tarde.
- ¿Qué hacemos aquí? – dijo mirando el lugar donde estaba, era una plaza, donde hacía tiempo una rebelión hizo la guerra y los llevo a vivir ese país democrático, al parecer durante 50 años vivieron en un estilo de monarquía cruel y excedido en placeres y vicios en el Capitolio y dejo en pobreza y trabajo forzado a los demás distritos, ahora aún era así, pero había igualdad y todos podían buscar ser alguien más que un simple esclavo.
- Bueno, mira – dijo Peeta.
La plaza era un circulo perfecto, nadie iba allí, aun ella evitaba ese lugar, todos decían que estaba maldito o algo así, durante la guerra allí había una escuela y exploto una bomba justo en el centro y murieron cientos quizá miles de niños, nunca se encontraron todos, ella solo conocía la historia como un mito, pero allí estaba frente a algo real.
De pronto una luz se encendió en el suelo y esta encendió otras, como una llama, poco a poco se iluminaron, fue un espectáculo hermoso de haber una total oscuridad, ahora había luz el monumento tenía forma de una vela. Unas letras aparecieron al pie.
- ¿Qué dice? – Pregunto Katniss sin soltar a Peeta, curiosa por saber.
- Que la suerte este de su lado.
- Es maravilloso, ahora no puedo ver la muerte en este sitio. – Dijo ella.
- El hermano de mi abuela murió allí, fueron exiliados al distrito 12 después de la rebelión.
- Lo siento.
- No es nada, solo me gusta venir y recordar que sin su sacrificio y el de tantos más yo quizá no existiría.
- ¿Tu crees?
- Nunca lo sabremos – dijo el – Pero es una suerte que ella fuera al distrito 12, allí conoció a mi abuelo y bueno mi padre a mi madre.
- Es una buena historia – dijo ella y sintió el frío colarse por su abrigo y titirito – Katniss – dijo Peeta. Creo que tienes frío, debemos irnos.
- Si – dijo ella.
Ella camino a su lado y el la dejo fuera del restaurant, sintió como la magia de esa noche pronto se desvaneciera, que la sensación de calor en su corazón pronto comenzaba a extinguirse y sintió melancolía en su ser.
- Hasta mañana.
- Peeta – dijo ella cuando él se despidió. Él se giró y le sonrió. -¿Te gustaría ser mi prometido?
De pronto sintió que su corazón se detuvo y supo por su mirada que no debió decir nada.
