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—Estás segura de querer hacer esto. —me susurró al oído mientras se encontraba sobre mí.
—Muy segura. —contesté mientras nerviosamente deslizaba mi mano por sus hombros desnudos.
—Lo digo porque he escuchado que la primera vez de toda mujer es muy importante, bueno eso dicen. —dijo mirándome a los ojos fijamente.
—Muy segura Chris…muy segura…
Me desperté sobresaltada y sudando. Miré el reloj de la mesita de noche y marcaba las 2:00 am. Me levanté de la cama y fui hasta el balcón para tomar un poco de aire fresco. Abrí las puertas del balcón y me recosté en la baranda a pensar. El aire y los sonidos de la ciudad lentamente comenzaron a relajarme. Después de tantos años, no sé porque había soñado con él precisamente ahora, desde hacía años que no lo veía ni sabía nada de su vida.
Cientos de noches me había acostado mirando al techo de mi habitación pensando en él, pero nunca había soñado como lo había hecho hoy. Cuando se tiene 16 años, uno no entiende nada de la vida y por cosas del destino te enamoras del chico con el que creciste y da la casualidad que es tu vecino. De esto ya habían pasado 6 años, yo había seguido con mi vida y suponía que él también con la suya. Después de terminar la escuela en Newark, y salir primer expediente, me otorgaron la NYU1 y me había mudado a New York.
En estos momentos ya no era la ingenua chica de 16 años que se pasaba la mayor parte del tiempo dibujando. En estos momentos tenía 21 años, y ya había terminado el último año de la carrera. El miércoles era la graduación, y según mis resultados académicos tenía una buena oportunidad de hacer las prácticas en el MET2. Había estudiando la carrera de Bellas Artes y me había ido por la rama de restauración de obras. Había estado muy indecisa al principio y probé de todo: paisaje, rostro, impresionismo, escultura—que no se me da bien—y al final me había decidido por restaurar obras ya que podía hacer de todo un poco.
Aunque eran más de las 2:00 am y no estaba sola en el apartamento, no Creí conveniente despertar a mi compañera de piso y mejor amiga Katherine, aunque nadie la llamaba así, todos la conocen por Kate, además lo más probable era que estuviera acompañada, como casi siempre. Las luces y los sonidos de la ciudad lograron distraerme por un momento pero volvía a preguntarme porque había soñado aquello. Dicen que los sueños tiene significado pero aún me estaba preguntando qué significaba el mío. Si al menos aquella noche hubiera terminado bien…pero fue un desastre. En un momento nos estábamos besando y al otro sonó su celular y tras el contestar y hablar apenas 10 segundos, colgó se disculpó conmigo, se puso la camisa, que con tanto trabajo le había quitado y se marchó dejándome con cientos de preguntas en mi cabeza y aún completamente vestida. Esa fue la última vez que lo vi.
Días más tarde me enteré que él y toda su familia habían tenido que viajar a Inglaterra ya que su abuelo estaba delicado. Esperé pacientemente que el regreHanna o al menos me telefoneara, pero eso no ocurrió. Aquel chico flacucho y de ojos grises se había ido llevándose con él mi corazón. Los años pasaron lentamente, yo cambié, y con el cambio las ganas de verlo nuevamente desaparecieron. De Anastasia, la que todos conocían, ya no quedaba mucho, mi cuerpo había cambiado, ya no era tan menuda y delgada, había crecido, no mucho pero al menos ahora medía 1,68 mts, y mi cuerpo bueno había aumentado un poco de peso, ganando algunas curvas. Ya no usaba aparatos en los dientes y tampoco me hacía aquellas motonetas en el pelo. Ya nadie me conocía por Anastasia, todos me llamaban Ana. Aunque también habían algunas cosas que continuaban iguales; como mi pelo castaño oscuro y largo, mis ojos pardos y mi virginidad.
Cuando cumplí los 16 años sabía perfectamente lo que quería de regalo, pero este desgraciadamente no se cumplió. El destino tiene una forma muy curiosa de actuar y a veces juega contigo, como mismo lo ha hecho conmigo a lo largo de los años. Créanme no soy virgen porque lo desee, varias veces he cambiar mi estatus, pero en varias ocasiones o mejor dicho en las ocasiones en que he tenido una pareja estable y me he decidido a dar el paso, ha ocurrido algo. Uno de los accidentes fue la alarma de incendio que se activó en el apartamento, haciéndonos salir, otro fue Kate llegando en el momento oportuno, otro fue por un salidero en el piso superior del apartamento, más bien casi que una inundación, después de eso tuvimos que mudarnos a otro apartamento. De esto ya habían pasado 2 años y la verdad era que había desistido de intentar las cosas. Salía con algún que otro chico, pero nada más, porque sabía que en cuanto cruzáramos una puerta y nos quedáramos solos algo iba a ocurrir, como era costumbre ya.
Al principio Kate decía que eran cosas mías, que era casualidad lo que ocurría, pero después de varios fracasos, llegó a la misma conclusión que yo: El destino estaba jugando conmigo y no estaba de acuerdo al parecer en que yo dejara de ser virgen. Aunque Kate y yo nos llevábamos muy bien no estudiábamos lo mismo. Nos habíamos conocido en una exposición colectiva de pintura que habíamos hecho los estudiante de arte cuando estaba en primer año. A ella le había tocado nada más y nada menos que hacer un reportaje para el periódico de la universidad ya que estaba estudiando periodismo. Y tras hacer la entrevista intercambiamos números, y después de varias salidas juntas decidimos mudarnos juntas.
Ya habíamos enviado las solicitudes para las prácticas a diferentes lugares desde hacía una semana y esta semana teníamos las entrevistas. Kate había enviado sus solicitudes a varios canales de televisión y a varios periódicos entre ellos el New York Times3, mientras yo la había enviado a unos cuantos museos y entre ellos al MET, solo esperaba que me aceptaran en este.
Sin apenas darme cuenta ya eran cerca de las 3:00 am y aún me encontraba recostada en el balcón del apartamento admirando lo hermosa vista de New York y pensando en demasiadas cosas. Creo que lo mejor era acostarme y tratar de dormir sino mañana no me iba a despertar nadie. Al menos me había despejado un poco la mente. Regresé a la cama cerrando las puertas del balcón y pasando la cortina, acomodé la almohada, puse mi cabeza y me quedé rendida al momento.
El sonido del despertador me pareció muy insistente a la mañana siguiente, no sabía porque pero hoy no tenía ganas de levantarme. El reloj marcaba las 6:00 am y sentía como si me hubiera acabado de acostar, tenía que levantarme o iba a llegar tarde a las entrevistas. Me levanté de la cama y salí de la habitación aún medio dormida rumbo al baño. Me desnudé, abrí la ducha y me metí debajo de la refrescante agua hasta que me sentí completamente despierta y renovada. Salí de la ducha y tras cepillarme los dientes, recogerme el pelo con una liga y ponerme nuevamente la ropa de dormir que consistía en una camiseta larga, gris, vieja y desteñida, salí rumbo a la cocina a preparar el desayuno, pero ya se me habían adelantado. Kate se encontraba en la cocina, ya había preparado el café y estaba preparando las tostadas, pero eso no era lo más extraño, lo más extraño era que estaba sola.
— ¿Aidan no vino anoche? —le pregunté por su novio con mucha curiosidad mientras sacaba el jugo de la nevera.
Ella simplemente me miró por un breve momento antes de continuar con las tostadas y contestar.
—No. —dijo muy cortante, lo que solo significaba una cosa.
— ¿Tú o él?—dije mientras ponía el jugo en la barra, dos vasos y me sentaba.
— ¿Quién crees?—me miró enarcando una ceja. Se sentó a mi lado poniendo frente a nosotras las tostadas y un pomo de mantequilla de maní.
—Sé la respuesta, solo quería confirmarla. —contesté tomando una tostada y untándole mantequilla de maní.
—Yo. —contestó ella mientras vertía el jugo en los vasos y sonreía.
—Y el motivo esta vez fue…—dije dejando la pregunta en el aire.
—Quería tenerme a todas horas y le dije que si no entendía que yo también necesitaba mi espacio, y mi tiempo entonces se terminaba. —dijo mientras tomaba un poco de jugo.
— ¿Y cómo lo tomó él?—pregunte mientras mordía una tostada y ella me miraba fijamente.
—Como mismo lo toman todos, me dio la espalda y se fue diciendo que ya encontraría otra. —dijo tomando una tostada ella también.
— ¿Y tú?—pregunté mirándola de lado y por encima del vaso de jugo.
—Ya llegará otro. —me dijo sonriendo mientras bebía de su jugo.
Eso era normal en ella, no había un chico en la universidad que no hubiera puesto los ojos en Kate, o que no la notara, era imposible no notar a Katherine Kavanagh. Pelo negro largo, un poco más alta que yo, ojos azules, un cuerpo con mucho más curvas que el mío, jefa de redacción del periódico de la universidad…en fin el chico que no se fijara en ella es porque era ciego, porque hasta los que tenían novia cuando esta se despistaba un poco, la miraban como si quisieran comérsela. Terminamos de desayunar y me dirigí hacia mi habitación a vestirme para ir a las entrevistas.
Kate y yo teníamos muchas cosas en común, como los gustos musicales, y el gusto por los chicos, así como el gusto por la misma comida, solo había una cosa que no compartíamos y era el gusto por la moda. Mientras que Kate solía andar con lo último de la moda…en otras palabras, mientras más corto y apretado mejor, sin hablar de los tacones de aguja, yo me iba más por jeans, camisas y camisetas ajustadas y mientras más pegados al suelo estuvieran mis pies mucho mejor, aunque había sus excepciones. Hoy era una excepción. Me había puesto una falda negra que me llegaba un poco más arriba de la rodilla y unos tacones no muy altos—debo decir que era una de las pocas faldas que tenía y no me ponía con mucha frecuencia—y los tacones eran los que tenía para ocasiones especiales. Para arriba me puse una camisa blanca, con un pañuelo gris anudado en el cuello y una chaqueta también negra que combinaba con la falda.
Siempre se debe causar una primera buena impresión y mucho más en una entrevista de trabajo. Me maquillé un poco, y mi pelo lo dejé suelto cayendo en ondas por mi espalda y mis hombros. Cogí una carpeta negra con los papeles y documentos necesarios para las entrevistas y salí de la habitación. Afuera me encontré con Kate quien se me quedó mirando sorprendida.
—Deberías vestir así más a menudo, luces sexy y sofisticada. —dijo Kate mientras me examinaba completamente.
—Dime que no luzco sexy Kate, es una entrevista de trabajo y no precisamente en un club de strippers. —le dije mirándome nuevamente la ropa que me había puesto.
—Luces bien así. —contestó riendo y haciéndome reír también.
—Nos vamos entonces. —le pregunté emocionada.
—Vamos.
Salimos del apartamento y tras coger el ascensor y bajar hasta el parqueo subterráneo nos dirigimos hacia nuestros autos parqueados uno al lado del otro. El de Kate era un Chrysler Grand Voyager y el mío un Mazda MX 5.
Aún no entendía como a ella le gustaba ese auto, lo veía demasiado grande para mí. Me gustaban más los modelos chicos y convertibles de ser posible, Kate era más de autos grandes donde cupiera mucha gente. De ser por ella en estos momentos estaría conduciendo un Hummer en lugar del Chrysler.
—Nos vemos en la tarde. —dijo ella detrás del volante de su auto mirando hacia mí.
—Nos espera un día muy largo. —dije yo mientras arrancaba mi auto y ambas salíamos del parqueo en direcciones diferentes.
Casi nunca sacaba el auto ya que vivíamos relativamente cerca de la universidad, y la verdad era que al menos a mí me gustaba atravesar central park caminando. Era lo que más me gustaba en el día, y a la salida solía sentarme en uno de los bancos para hacer unos bocetos. En verdad lo que más me gustaba era pintar rostros y personas, incluso aunque no las conociera, me sentaba allí y pintaba de todo un poco. Ya tenía unos cuantos cuadernos llenos de bocetos de personas en el parque, tanto de niños como de mayores, y lo más gracioso de todo es que no conocía a ninguna.
Conducía por la ciudad sin siquiera prestar atención a nada, solamente había una cosa en mi cabeza, las entrevistas, pero solamente me preocupaba una, la del MET. Pasé la mayor parte de la mañana de una entrevista hacia otra y cerca del mediodía me detuve a almorzar en una pequeña cafetería cerca del MET donde preparaban unas deliciosas hamburguesas. En cuanto terminara de almorzar iría hacia la última entrevista, y había dejado la del MET para el final. En cuanto terminé de almorzar tomé nuevamente la carpeta y me dirigí a paso firme hacia la entrada del MET. Subí los escalones de la entrada como si fuera la primera vez que lo visitaba, cuando la verdad era que me conocía sus pasillos y salones de memoria. Había ocasiones en que venía hasta tres veces en la semana y me quedaba hasta casi la hora del cierre. Aún no entendía que era lo que me atraía tanto de aquí. Allí justo en la entrada en la recepción, detrás de un enorme escritorio negro y con una computadora en frente, me recibió una señora mayor con espejuelos y algunas canas a la cual había visto en incontables ocasiones en mis visitas al museo y ya me conocía.
—Buenos días, en que la puedo ayudar. —me dijo ella muy amablemente levantando la vista del ordenador hacia mí. —Oh Ana eres tú, no me di cuenta querida, de visita nuevamente. — me preguntó sonriendo.
—Buenos días, hoy no, tengo una entrevista con el director de restauración de obras. —le dije con mi mejor sonrisa en el rostro.
—Nombre completo. —dijo mientras miraba a la pantalla del monitor.
—Anastasia Stelle. —dije mientras ella tecleaba en la computadora.
—Si aquí está, señorita Stelle, siéntate por favor, voy a informar que estás aquí y en un momento te hago pasar. —dijo tomando el teléfono en la mano.
—Gracias. —contesté mientras me sentaba en un enorme sofá que había allí en la recepción.
No habían pasado ni 5 minutos cuando llegó donde yo estaba una muchacha vestida con el uniforme del museo y se dirigió a mí.
—Señorita Stelle. —dijo mientras yo levantaba la vista para mirarla.
—Si soy yo. —contesté levantándome del sofá.
—Venga conmigo el señor Taylor la atenderá ahora. —dijo mientras comenzaba a caminar al interior del museo.
