SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"
Comencé a seguirla hacia una parte del museo que no había ido jamás y por más que intenté evitar no mirar las obras me fue imposible, no era la primera vez que entraba en el museo, pero siempre me quedaba igual de impresionada cuando entraba a uno. Caminamos hasta unas doble puertas completamente de cristal donde se podía leer solo personal autorizado. Entramos por un pasillo completamente blanco e iluminado completamente hasta llegar a un escritorio muy similar al de la recepción y unas puertas a su lado.
—Espere un momento aquí. —me dijo la muchacha mientras se dirigía hacia las puertas y las abría levemente pero sin entrar.
—Señor Taylor, la señorita Stelle ya se encuentra aquí.
—Hágala pasar. —contestó una voz aguda y firme desde el interior de la oficina.
—Puede entrar. —me dijo la secretaria de Taylor llegando donde yo estaba.
—Gracias. —contesté mientras me dirigía hacia las puertas y entraba.
La oficina no era como yo me la había imaginado, y lo primero que captaron mis ojos fue los hermosos cuadros colgando en las paredes que iban desde marinas, hasta paisajes y bodegones. Por mucho que lo intenté no pude dejar de admirarlos.
—Estos cuadros son hermosos. —dije mirándolos sin prestar siquiera atención al Sr. Taylor.
—Puede verlos si quiere, no me molesta. —me contestó con voz firme.
—Gracias. —dije mientras comenzaba a recorrer la oficina admirando los cuadros.
Estaban trabajados mayormente con colores fríos, tales como azules y violetas, pero entre todos resaltaba uno porque era fuera de lo normal, este tenía combinados los colore fríos con los cálidos como el naranja y amarillo haciendo que llamara mucho la atención. Me dirigí hacia el cuadro para examinarlo más de cerca, estaba trabajado a espátula y pincel, pero lo que más llamó mi atención fue el autor de aquellas hermosas obras. En la esquina inferior derecha resaltaba una letra A seguida de un punto y la palabra Taylor junto con el año, esta obra tenía más de 20 años.
—Usted los hizo. —dije asombrada girándome por primera vez hacia Taylor.
—Sí. —contestó con mucho orgullo.
—Son verdaderas obras de arte. —dije caminando hacia el escritorio donde se encontraba el sentado.
—Gracias. —dijo haciéndome un gesto para que me sentara.
Me senté frente a él y por primera vez lo observé bien. El señor Taylor era mayor, tendría cerca de 60 años, su pelo completamente blanco en canas, vestido con un traje negro. Sobre su escritorio habían varios marcos con fotos y una placa identificativa donde se leía en letras negras y cursivas: Director de Restauración de Obras Jason Taylor.
—Señorita Stelle, no es así. —preguntó mientras me acomodaba en la silla.
—Sí, pero me puede llamar Ana, si no le molesta. —le dije mientras me acomodaba la falda un poco y después lo miraba fijamente.
—Bien Ana, te voy a hacer una serie de preguntas y quiero que me contestes con toda sinceridad.
—Sí señor. —contesté nerviosa.
—He leído tu currículo y la verdad es que es muy bueno, eres una de las mejores estudiantes de arte de tu promoción, lo que me lleva a hacerte una pregunta. Con este historial puede ir hacia un museo como el Smithsonian o el Louvre si viviera en Paris. ¿Por qué quiere trabajara aquí en el MET?
Esa pregunta tenía tantas respuestas, y la verdad era que ni yo misma lo sabía, siempre había querido ir para el MET, pero nunca había sabido el porqué.
— ¿Le puedo preguntar algo señor Taylor?—le contesté con una pregunta.
—Sí. —dijo el dudando por un momento.
— ¿Nunca ha sentido que pertenece a un lugar desde la primera vez que puso un pie en él?
Taylor no contestó, solamente miró una de las fotografías que había en su escritorio y después volvió a mirarme a mí.
—Así me siento yo, no sabría explicarle porque quiero trabajar aquí, simplemente es que no me veo trabajando en el Louvre o en el Smithsonian, sin embargo cuando me imagino trabajando aquí, tengo la imagen muy clara.
Taylor no decía nada, solamente me miraba, y nuevamente miraba una fotografía que yo no podía ver.
— ¿Qué edad tiene señorita Stelle?—preguntó inclinándose hacia atrás en la silla.
—Tengo 21 años. —le contesté firmemente.
— ¿Sabe usted cuantos años llevo yo trabajando aquí?—preguntó nuevamente mientras me miraba fijamente.
—No señor.
—Llevo 40 años trabajando aquí, y comencé con la misma edad suya. —vaya no tenía idea. Taylor por un momento se quedó en silencio. —Sabe que me dijeron cuando comencé a trabajar aquí. —me preguntó nuevamente.
—No señor.
—Me dijeron que necesitaban a alguien que estuviera disponible a todas horas y que debía dejar de pintar mis obras, ya que debía enfocarme en las obras del museo, solamente dedicarme a mi trabajo exclusivamente. — ¡Cómo! dejar de pintar, no me veía a mi misma haciendo eso.
— ¿Y lo hizo? Dejó de pintar. —le pregunté mientras por un breve momento lo veía sonreír.
—No, no lo hice, solamente les hice creer eso, y cuando me nombraron director de restauración hace 10 años, puse varias de mis obras de aquella época aquí en la oficina.
—No me veo tampoco dejando de pintar, no me puedo imaginar un día en que al menos no haga un boceto de algo. —le dije sinceramente.
—Ese es el espíritu que busco aquí, gente joven que no pueda vivir sin pintar, como mismo era yo en mi juventud. —contestó con una sonrisa.
—Gracias. —contesté sonriéndole también.
—En caso de que la acepte aquí, cuando podría comenzar. —preguntó inclinándose sobre el escritorio.
—En cuanto hiciera falta. —contesté muy nerviosa.
Taylor por un momento se quedó mirándome, evaluándome, en ese momento cualquier cosa podía suceder, los mismo me decía que si o me decía que no y mi sueño se iría por el drenaje.
—Felicidades, le parece bien comenzar el próximo lunes, o es muy pronto para usted.
—Sí, es perfecto, digo me parece bien el lunes. —dije ansiosa mientras él escribía algo en un papel.
—Muy bien, dele esto a mi secretaria, ella le ayudará con la identificación y otras cosas. —dijo extendiéndome un papel.
—Muchas gracias, no se va a arrepentir. —le dije mientras tomaba el papel de sus manos.
—Sé que no. —dijo mientras yo me levantaba de la silla y me dirigía a la puerta de su oficina.
Cuando estaba saliendo me vino una interrogante a la mente. ¿Debía llevar uniforme?
—Una pregunta señor Taylor. —le dije desde la puerta. — ¿Debo llevar uniforme?
—No señorita Stelle, el personal de restauración no usa uniforme.
—Gracias. —contesté mientras salía por la puerta y me dirigía hacia el escritorio de su secretaria con una sonrisa deslumbrante en mi rostro.
En cuanto llegué allí le di el papel que me había dado el señor Taylor y ella solamente me sonrió.
—Bienvenida al MET. —me dijo sonriéndome.
—Gracias. —le dije muy ansiosa.
Estaba eufórica la verdad, jamás me había imaginado que mi sueño se iba a hacer realidad.
—Siéntate y espera un momento para preparar tu identificación. — me dijo señalando una silla.
Me senté y diez minutos más tarde la secretaria de Taylor me entregó mi identificación.
—Sígueme. — me dijo mientras me ponía de pie.
Salimos nuevamente al pasillo y caminamos hasta el final donde había un ascensor.
—El departamento de restauración está en el sótano. —dijo mientras apretaba el botón de llamar el ascensor.
En cuanto las puertas se abrieron entramos y un minuto más tarde estas se estaban abriendo dando paso a una enorme estancia con varios caballetes y mostradores.
—Esta es el área de restauración de obras. —dijo señalando el local.
— ¡Wau!, es inmensa. —dije admirando asombrada la gran estancia.
—Ven te voy a presentar al personal con el que trabajarás, que no son muchos.
Caminamos hasta donde se encontraba una chica de cabello corto y negro de aproximadamente mi estatura y junto a un muchacho de pelo negro también un poco más alto que yo.
—Hey Hanna, que te trae por aquí abajo. —dijo la chica muy sonriente.
—Le estoy dando un recorrido a la señorita Stelle, trabajará con ustedes a partir del lunes. —dijo señalándome.
—Llámame Anastasia. —le dije sonriendo a la chica de pelo corto.
—Una nueva recluta he. —dijo el chico sonriendo también y acercándose a nosotras para saludar.
—Genial, mi nombre es Mia y este es Ethan. —dijo la muchacha acercándose a mí y dándome un beso en la mejilla.
—Mucho gusto. —le dije extendiéndole la mano a Ethan que la tomó estrechándomela cálidamente.
—Mia creo que se te olvidó mencionar algo. —dijo el chico girándose hacia Mia después de soltar mi mano.
—No lo creo. —dijo ella riéndose.
—Es que a ella no le gusta mencionar la parte de que somos pareja. —dijo mientras la abrazaba por la cintura.
—Siempre se me olvida esa parte, es que es mucho tiempo. —dijo riéndose mientras Ethan la apretaba más contra él y le daba un beso en la frente.
— ¿Ellos son siempre así?—le pregunté a Hanna mientras esta sonreía.
—Y peores también, bueno te dejo con ellos, para que te expliquen las cosas y te den el tour subterráneo. —dijo riéndose.
—Gracias Hanna. —le dije mientras ella iba camino al ascensor.
—No hay de que, cualquier problema, sabes dónde encontrarme. —dijo mientras entraba en el ascensor.
—Está bien. —le grité mientras las puertas del ascensor se cerraban.
—Me encanta la parte del Tour. —dijo Mia mientras salía de los brazos de Ethan y me tomaba por el mío. —Vamos, te enseñaré todo.
Y así comenzó a darme el recorrido por todo el sótano, enseñándome las obras que estaban restaurando en esos momentos y la zona donde podíamos pintar lo nuestro. Así como una pequeña cocina donde había una nevera, un microwave y una cafetera, allí podríamos prepararnos algo para comer en los horarios establecidos, tanto de merienda como de almuerzo. Aunque también podíamos salir a almorzar si lo deseábamos mientras lo hiciéramos en el horario establecido.
—Esto es genial, hay tanta tranquilidad, tanta paz. —le dije mientras me sentaba frente a un caballete admirando la vista de todo el lugar donde trabajaría.
—Eso es esta semana nada más. —dijo haciendo una mueca de disgusto.
Y esto solo hizo que le prestara más atención en ese momento.
— ¿Por qué lo dices?—le pregunté con mucha curiosidad. Acaso no siempre había esta paz aquí.
—Ven conmigo. —dijo tirando de mi mano haciendo que me levantara de la banqueta.
Me condujo hacia una oficina que se encontraba en un extremo de la zona de restauración. Dos de las paredes eran de cristal que permitían ver al personal trabajando. Las ventanas tenían unas cortinas de las que se cerraban con un mando y se encontraban completamente cerradas evitando poder ver hacia el interior. La oficina estaba cerrada y en la puerta había una chapilla donde se leía: C. Grey. Supervisor de Restauración.
— ¿No puede ser tan malo?—le pregunté mientras ella me miraba con una mueca de fastidio.
—Créeme, no nos deja ni siquiera que nos miremos. Y es muy estricto con los horarios y las normas del museo. — dijo mientras caminábamos lejos de la oficina rumbo a la cocina.
— ¿Tiene algún problema?—le pregunté cuando llegamos allí y ella se dirigió hacia la nevera.
—No lo sé. —dijo sacando una caja de jugo y cogiendo dos vasos.
—Ya, es un viejo cascarrabias. —dije tomando uno de los vasos que ella me ofrecía.
—Ojalá, al menos así sería más tolerable y justificado. —me contestó vertiendo jugo en ambos vasos.
—Gracias. —le contesté mientras ella sonreía y guardaba el resto del jugo en la nevera nuevamente.
Caminamos hasta unas banquetas y nos sentamos mientras bebíamos el jugo. La verdad era que no entendía nada. Era imposible que una persona fuera tan mala simplemente por placer.
— ¿Aún no entiendo que quieres decir?—le dije aún pensando en la descripción que ella me acababa de hacer del supervisor.
—No es ningún viejo,…cascarrabias puede ser, tiene muy mal carácter. —dijo dejando a un lado el vaso.
— ¿Es joven?—le pregunté asombrada. No me había pasado por la cabeza en ningún momento que fuera joven.
—Te contesto si prometes no decir nada. —dijo mirándome fijamente y después a Ethan.
—Bien. —le dije intrigada porque me contara.
—No solo joven, está buenísimo, un modelo digno de la portada de una revista. —dijo mientras se reía muy bajito y yo la miraba abriendo mucho los ojos y casi atragantándome con el jugo.
— ¡Eh!—le contesté asombrada.
—Sí, tendrá a lo sumo 28 años, no más, comenzó aquí hace dos años, se trasfirió desde Francia, o Inglaterra, no recuerdo.
— ¿Y cuando regresa?—pregunté con mucha curiosidad mientras terminaba mi jugo y ponía el vaso a un lado.
—El lunes, te aconsejo que no le hagas caso al discurso que te dará. —me dijo poniendo una mano en mi hombro.
— ¿Qué discurso?—le pregunté asustada.
—El que le da a los nuevos. — contestó Mia muy seria.
—Yo no veo a nadie más aquí. —dije mirando en todas direcciones.
—No han aguantado la ira de la bestia, Ethan y yo continuamos porque no le hacemos caso, además llevamos aquí cerca de 6 años, estábamos antes que él llegara.
—No hacerle caso, ok. —le dije sonriendo.
—Otra cosa, no le digas a Ethan lo que dije de la bestia. —dijo mirándome fijamente.
— ¿Qué cosa? —le pregunté haciéndome la despistada.
—Genial, creo que nos vamos a llevar muy bien. —dijo mientras sonreía.
— ¿Ya le contaste de la bestia? —dijo Ethan mientras llegaba donde estábamos y abrazaba a Mia por detrás.
—Si ya le conté. —dijo ella sonriéndole.
—Entonces…Anastasia no, que te parece el local de restauración. —me dijo Ethan mientras continuaba abrazado a Mia.
—Genial, me encanta. ¿Puedo pedirles un favor?—dije mientras ambos me miraban.
—Sí lo que te haga falta. —dijo Mia mirando a Ethan preguntándose qué les iba a pedir.
—Me pueden llamar Ana, nadie me llama Anastasia desde hace mucho tiempo, solamente lo hacen mis padres a veces.
—Ok, Ana entonces. —dijeron ambos riendo.
La verdad que Ethan y Mia me había caído muy bien, creo que me iba a gustar estar aquí. Solo esperaba que la bestia, como le llamaban ellos no fuera tan temible como ellos decían, pero para eso iba a tener que esperar al lunes. Ya entonces vería si la bestia era tan feroz como la pintaban.
