SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"
Desperté abruptamente, me sentía cansada, mi cuerpo dolía como si hubiera dormido más de lo normal. Cuando miré el reloj de la mesita este marcaba las 7:30 am. ¡Mierda! Se me hizo tarde. El despertador no sonó. Me levanté rápidamente y fui corriendo hacia el baño, me lavé rápidamente la boca y me di un rápido baño, tan rápido como me permitía el tiempo. Sé que el museo no abre al público hasta las 10:00am, pero según me habían informado tenía que estar allí a las 8:00 am. Salí rápidamente del baño, fui hacia el closet y cogí la primera ropa que me encontré, unos jeans desgastados y una camisa de manga corta beige, me los puse y rápidamente me coloqué unas converse negras. Fui hacia el espejo, me recogí el pelo rápidamente en una coleta y tras tomar el bolso con las cosas, salí de la habitación. Pasé por la nevera rápidamente de donde tomé un yogurt que fui abriendo mientras me dirigía hacia el garaje y montaba en el auto. Para cuando llegué al museo y parquee el auto ya eran las 8:20 am. Enseñé mi identificación en la entrada y me dejaron pasar. Cogí el pasillo y tomé el ascensor hasta el sótano y en cuanto las puertas se abrieron me dirigí hacia donde estaba Mia y Ethan.
—Buenos días. —dije un poco agitada mientras llegaba y los saludaba.
—Buenos días Ana—me saludaron Mia y Ethan mientras me miraban preocupados.
—Llegué muy tarde. —le pregunté a Mia mientras miraba mi reloj.
—Solo 25 minutos, que te sucedió. —preguntó preocupada.
—El despertador no sonó y me levanté tarde, traté de apresurarme lo más que pude, ya llegó el supervisor. —pregunté mientras miraba nerviosamente a su oficina.
—Sí, preguntó por la nueva en cuanto llegamos, está en su oficina. —dijo Ethan mientras yo lo miraba nerviosa.
— ¿Llegó primero que ustedes?
—Sí, es muy estricto con los horarios. —contestó Mia.
—Tiene las persianas cerradas. —pregunté nerviosa mientras continuaba mirando hacia su oficina.
—Lo hace cuando no quiere que lo molesten. —me dijo Mia mientras yo ponía mi rostro entre mis manos.
—Estoy en un lío verdad. —dije asustada.
—Pidió que fueras a su oficina en cuanto llegaras. —me dijo Mia.
— ¡Mierda! Maldito despertador que no sonó. —exclamé frustrada.
—No te preocupes, le explicas lo que te ocurrió, debe entender que no fue tu culpa. —me dijo Mia tratando de confortarme.
—O le inventas un cuento. —me dijo Ethan mientras Mia lo golpeaba en las costillas.
—Déjate de bromas, que la cosa es seria. — le riño Mia mientras volvía a mirarme.
—No me demoro más, será mejor que vaya a enfrentarme con la bestia, cuanto más rápido mejor. —dije mientras caminaba rumbo a la oficina del supervisor.
—Buena suerte. —escuché que dijo Ethan cuando yo llegaba a la puerta.
Respiré profundamente y toqué. Inmediatamente escuché una voz fuerte desde el interior.
—Entre. —fue lo único que dijo mientras yo hacía girar el pomo de la puerta y entraba en la oficina.
En el interior había un enorme buró con una computadora sobre este, justo en frente una butaca, varios cuadros colgados en las paredes del fondo detrás de la silla del buró. En el extremo derecho había un sofá que parecía muy cómodo ubicado bajo el ventanal. La oficina era amplia, mucho más amplia de cómo yo imaginaba, el supervisor se encontraba de espalda a mí, parado frente a la pared del extremo izquierdo, viendo un cuadro que no supe identificar que tenía pintado. Su postura era recta, con los brazos cruzados detrás de la espalda. Era alto, su pelo negro y un poco largo cayéndole en el cuello, vestía un traje oscuro que se amoldaba perfectamente a su cuerpo. La verdad era que aún no le había visto el rostro pero la descripción de Mia se había quedado corta. Por un momento me había quedado callada, así que decidí anunciarme y lo hice de la forma más amable posible.
—Buenos días Sr. Grey. —dije tratando de esconder mi nerviosismo.
—No son muy buenos que digamos Srta. Stelle, pero siéntese. —dijo con voz grave y firme. Una voz de las que hacen que se te hiele la sangre.
Hice lo que él me dijo y me senté en la butaca frente a su escritorio. El cuero crujió y se hundió bajo mi peso y entonces el habló nuevamente.
— ¿Quiere explicarme porque llegó tarde?—dijo mientras continuaba inmóvil frente al cuadro y yo giraba mi cabeza hacia él.
Y decidí contar la verdad, no quería comenzar con un cuento el primer día de trabajo.
—Mi despertador no sonó, y me quedé dormida. —dije mirando hacia abajo apenada.
—Esa es la respuesta que siempre escucho, es la más fácil de inventar. — ¿qué fue lo que dijo? Acaso había escuchado bien.
—Usted me insulta, no lo he inventado, es la verdad. — dije levantando la mirada pero el continuaba de espalda, tal vez debía haber inventado algo.
—Yo conozco muy bien a las personas como usted Srta. Stelle. —mierda esto no estaba resultando nada bien.
— ¿Personas como yo?— pregunté extrañada, este tipo sí que era raro. De que me conocía él si no lo había visto en mi vida.
—Sí, personas como usted, de las que van de fiesta en fiesta y de cama en cama, estoy seguro de que llegó tarde porque no durmió en su cama anoche, como es costumbre ya y además se demoró porque estaba maquillándose y escogiendo la ropa que ponerse para lucir lo más sexy posible ante mí.
— ¿Cómo dice?— le contesté un poco más alto de lo que debía.
Este tipo se estaba pasando, acaso creía saber todo de mi, si no me conocía en lo absoluto.
—Cree que no sé que ya le contaron que soy joven y atractivo, yo lo sé todo Srta. Stelle, sé todo lo que ocurre en este sótano, nunca me equivoco. —eso fue todo, no aguanté más.
—Pues usted se equivoca esta vez Sr. Grey, yo no voy de fiesta en fiesta ni de cama en cama, usted no es más que un engreído y un arrogante, al parecer está adaptado a salir con esa clase de persona y se cree que todos somos iguales. Anoche dormí en mi cama, como todas las noches, y no me demoré maquillándome porque no lo hago mucho y tampoco escogiendo la ropa ya que me puse la primera que vi, ni siquiera desayuné para no perder tiempo, llegué tarde porque el maldito despertador no sonó.
Le grité mientras me ponía de pie, este tipo era un cabrón y de los más grandes. Mi respiración estaba agitada y respiraba dificultosamente. Mia no lo había descrito muy bien, el desgraciado era un maldito hijo de puta. Se me había agotado la paciencia, no sabía cómo había aguantado tanto sus insultos. En cuanto terminé de gritarle el con la misma calma comenzó a hablar nuevamente.
—Verá Srta. Stelle…—dijo mientras se giraba y unos ojos grises de pronto me miraban con asombro.
Y entonces caí sentada nuevamente en el sofá mientras veía su rostro, marcado por unas líneas duras, una mandíbula cuadrada, el pelo negro cayéndole ligeramente en el rostro con la raya a un costado, los labios cerrados en una firme línea, y unos ojos grises de mirada penetrantes, que me observaban con sorpresa y curiosidad.
Las cosas pasan por un motivo, y cada cosa tiene su explicación, pero yo aún no le encontraba explicación a lo que estaba sucediendo en aquellos momentos. En cuantas ocasiones no había deseado encontrármelo nuevamente. Pero el destino suele gustarle jugar conmigo y ahora me lo pone frente a mí y de esta forma. La verdad era que había cambiado y mucho, aunque el rostro continuaba teniendo los mismos rasgos de antes, ahora lucía como todo un hombre, ya no era aquel muchacho flacucho que yo había conocido una vez. El traje le quedaba a la perfección mucho mejor de como yo lo recordaba y la corbata de un gris muy claro le hacía resaltar los ojos que en ese momento me miraba abiertos de par en par. No tenía idea de cuál era mi cara en esos momentos pero debía de ser de sorpresa igual que la de él.
— ¡Anastasia! —exclamó perplejo.
— ¡Christian! —exclamé yo sin poderlo creer.
— ¿Qué haces aquí?—me preguntó asombrado mientras se pasaba una mano por el pelo frustrado.
—Trabajo aquí. —contesté como si fuera lo más obvio.
—Si eso veo pero… ¿Porque? ¿Cómo?
Christian estaba tan o más confundido que yo, ni siquiera podía coordinar las palabras en una oración.
—Siempre he querido trabajar aquí. —le conteste sin apartar mi mirada de la suya.
—Yo, lo siento por lo que te dije…yo…
—No Christian, no te disculpes, no quiero que me trates diferente a como tratas a los demás simplemente porque nos conocimos. —le dije interrumpiéndolo
—Pero Anastasia, nos conocemos desde…
—No, la verdad es que no me conoces, ni yo a ti, tu conocías a Anastasia la chica de 16 años con coletas y aparatos, no a mí. Y difícilmente dudo que seas el chico de 18 años que yo conocí una vez. —le contesté mientras él me miraba frunciendo el ceño ante lo que le estaba diciendo.
—Tienes razón, no soy el chico que conociste, pero yo…—estaba muy serio y apenas podía terminar una frase completa.
—No, no quiero que me trates diferente, si así es como tratas a todos, yo no voy a ser la excepción. —le dije muy seria sentándome recta en la butaca.
—Muy bien, si así lo deseas. —dijo mientras caminaba y se sentaba frente a mí en la silla detrás de su escritorio.
Tras sentarse apoyó los antebrazos en la mesa entrecruzando los dedos de las manos y posando su gris mirada en mí. Estaba más cerca de mí y no sabía porque, pero en ese momento un escalofrío recorrió completamente mi cuerpo ante su cercanía.
—Entonces, llegó tarde por culpa del despertador no es así. —dijo muy serio mirándome fijamente.
—Sí. —contesté firmemente sin a apartar por un momento mis ojos de los suyos. Aunque en algún momento inconscientemente se desplazaban hacia sus labios mientras él hablaba y no sabía porque.
—Y supongo que no volverá a suceder. —dijo inclinándose hacia atrás en su silla descruzando las manos dejando solamente una apoyada en la mesa
—No. —dije mientras mis ojos recorrían su rostro nuevamente deteniéndose esta vez en sus labios.
—Eso espero, me gusta que el personal que trabaje conmigo cumpla con los horarios establecidos, las reglas y las normas, soy muy estricto con ellas. —dijo con su mirada aún fija en la mía.
—De acuerdo, no se volverá a repetir. —dije sintiendo mis piernas temblar levemente.
—Eso espero, puede incorporarse al trabajo. —dijo mientras apartaba su escrutadora mirada de mí y la dirigía hacia el ordenado.
—Gracias, con permiso. —dije mientras me levantaba del sofá y me dirigía hacia la puerta para abandonar la guarida de la bestia.
Una vez afuera respiré varias veces y me relajé un poco, quien se iba a imaginar que después de seis años, iba a encontrarme nuevamente con Christian. Caminé hacia donde se encontraba Mia mientras sentía mi cuerpo completamente temblar. Al parecer mi cara no había cambiado mucho desde que había salido de la oficina porque ella me miró preocupada.
— ¿Ana estas bien, que te dijo?
—Creo que te quedaste corta con la descripción. —le dije con la mirada perdida.
— ¿Qué?—preguntó extrañada.
—Nada, solamente me pidió que no volviera a llegar tarde. —le contesté mirándola.
—Solo eso, no te dio el discurso. —preguntó asombrada.
—No, pero por lo que pude observar tiene un serio problema con las reglas y de confianza con el sexo femenino. —le dije pensando en lo sucedido en la oficina.
—Porque lo dices. —preguntó con curiosidad.
—Por nada, cosas mías, entonces cambiando de tema en que estamos trabajando. —le dije tratando de cambiar de tema y así el rumbo de mis pensamientos.
—Vamos te enseñaré en lo que trabajarás. —dijo mientras tiraba de mi mano.
Mia me condujo hasta donde estaban las obras que serían restauradas y escogí nada menos que un autorretrato de Rembrandt de 1660 y comencé a trabajar en él. El cuadro estaba bastante bien conservado, aunque estaba craquelado casi completamente. Comencé eliminando las capas de barniz y repintes anteriores para después proceder a su restauración utilizando la técnica de retoque ilusionista o imitativo. A las 10:00 am Ethan y Mia pasaron por mí, fuimos hacia la cocina y nos preparamos una hamburguesa acompañada por una soda que sacamos de la nevera. La verdad era que yo estaba famélica pues solamente había desayunado un rápido yogurt. Después de terminar regresamos nuevamente al trabajo. Y entonces me percaté de que las cortinas de la oficina ahora estaban corridas y Christian se encontraba sentado detrás de su escritorio. Se había sacado la chaqueta del traje y traía una camisa blanca con las mangas recogidas a la altura de los codos, aún traía la corbata puesta aunque con el nudo un poco suelto. No sé porque pero por más que quise no pude apartar mis ojos de él. Ahora que se había sacado el saco se podía apreciar mucho mejor como había cambiado su cuerpo a lo largo de los años. La camisa le quedaba ajustada haciendo que sus músculos se marcaran por encima de esta. Mis ojos se quedaron clavados en el mientras mi boca se secaba. Él se percató que yo lo estaba mirando, he intercambiamos una rápida mirada que evadí rápidamente mirando hacia otro lado. Continué caminando hasta mi puesto de trabajo, donde pasé un buen rato terminando de limpiar el lienzo hasta que Mia me interrumpió.
—La bestia te está mirando. —me dijo mientras yo miraba brevemente hacia su oficina y Christian quitaba sus ojos de mi en ese momento mirando hacia su escritorio.
—Y…—dije apartando la mirada de él y mirando nuevamente a Mia.
—Nada, solo es extraño. —dijo encogiéndose de hombros.
— ¿En qué sentido?—pregunté intrigada.
—El nunca había mirado a nadie así, te mira como si te conociera. —dijo sorprendida.
Si ella supiera que en realidad estaba en lo cierto, me conocía o al menos creía conocerme.
—No sé que le habrá picado. —dije sin darle importancia.
—Y tampoco nunca se había quitado la americana. —dijo frunciendo el ceño.
—Tendrá calor. —dije encogiéndome de hombros.
—O le dijiste algo que lo alteró. —dijo mirándome fijamente.
Me miraba con ojos de quiero saber lo que sucedió allí adentro, y no pude contenerme, tenía que contárselo a alguien o iba a explotar.
—Está bien, te lo voy a contar, pero promete que no dirás nada. —dije apuntándole con un dedo.
—Ok, soy una tumba. —dijo mientras cerraba sus labios con dos dedos.
—Lo conozco. — o solía hacerlo dije para dentro de mí.
— ¿Al supervisor?—dijo asombrada.
—Su nombre es Christian. —le dije mirando de reojo a Christian en su oficina haciendo algo en la computadora.
—Siempre me había preguntado de que era la C. —contestó pensativa.
—Bueno lo conocí hace mucho, pero es completamente diferente al que yo conocía. —dije mientras regresaba mi mirada a ella que me miraba con la curiosidad marcada en su rostro.
— ¿Y de que lo conoces?—me preguntó con demasiada curiosidad.
—Digamos que tuvimos una relación inconclusa. —dije sin darle mucha importancia
—No te entiendo. —dijo frunciendo el seño.
—El se marchó sin romper conmigo. —contesté.
—Ah, ya entiendo entonces él lo que está es frustrado. —dijo sonriendo.
— ¿Porque lo dices?—pregunté con curiosidad.
—Porque nos está mirando en estos momentos como si presintiera que estamos hablando de él. —me dijo Mia que se encontraba de frente a su oficina mientras yo me encontraba de espaldas.
—Entonces será mejor que regresemos a nuestro trabajo, no quiero que la bestia me vuelva a rugir. —le dije mientras Mia se reía alejándose de mí.
