SI QUIEREN LEERLA EN INGLÉS BUSQUENLA POR EL MISMO SEUDÓNIMO POR EL NOMBRE DE "TWIST OF FATE"
El resto de la mañana lo pasé terminado de quitar los restos de las capas restantes de barniz. Era cerca de las 12:30 am cuando Mia y Ethan pasaron por mí para irnos a almorzar a un Deli´s9en central park.
Teníamos una hora para almorzar, así que no teníamos mucha prisa almorzamos con mucha clama mientras disfrutábamos de la vista de central park. Cuando faltaban 15 minutos para que se terminara nuestro horario de almuerzo decidimos regresar al museo. Cuando estábamos llegando a la escalinata de la entrada del MET Mia me llamó.
—Ya viste quien va justo delante de nosotros. —dijo mientras yo miraba hacia el frente.
A unos 10 mts por delante de nosotros iba Christian caminando, lucía el pantalón negro que se ajustaba demasiado bien a su cuerpo y la camisa de lino blanca aún recogida en los codos, se había sacado la corbata. Caminaba a paso firme y seguro y por más que quise no pude apartar mis ojos de él y observar su ancha espalda y sus movimientos ágiles y elegantes al subir las escaleras. Había cambiado demasiado, no recordaba que el caminara con tanta elegancia, Londres lo había cambiado y yo no sabía hasta que punto.
¿Pero acaso quería saberlo? No, mejor no, no quería saber lo que le había sucedido, eso solo pondría las cosas peor de lo que ya estaban, era suficiente con tenerlo de jefe. Esa iba a ser mi mayor tortura a partir de ahora. Subimos las escaleras de la entrada sin casi yo percatarme ya que venía metida en mis cavilaciones internas. Mia y Ethan venían detrás de mí, ya que los sentía riéndose y cuchicheando muy bajo, aunque no oía lo que decían.
—Ahora te alcanzamos. —escuché que Mia gritó pero yo continué caminando rumbo al ascensor, sin siquiera ver por dónde iba.
Estaba muy metida en mis pensamientos sobre el reencuentro con Christian, hasta que sin darme cuenta tropecé con alguien y fui a parar al suelo sobre mis nalgas.
— ¿Estás bien?—o no esa voz no, cualquiera menos esa.
Levanté mi mirada lentamente y agachado a mi lado se encontraba Christian mirándome muy preocupado, jamás lo había visto con esa mirada de preocupación.
— ¿Anastasia estás bien?—oh dios esa voz, como había cambiado.
Mierda porque él tenía que decir mi nombre de esa forma, no sabía que tenía pero sonaba muy diferente a como lo decían las demás personas. Y ese tono de voz que tenía ahora hacía que mis piernas temblaran como mismo lo habían hecho en su oficina.
—Si no me dices algo en los próximos cinco segundos voy a pensar que tienes una contusión y voy a tener que cargarte y llevarte para el hospital.
—No…estoy bien. —le dije un poco nerviosa mientras él se levantaba tendiéndome una mano para ayudarme a ponerme en pie.
Tomé su mano dudosa, tiró de mí con fuerza y rápidamente estaba de pie frente a él. No solo había cambiado físicamente, también estaba mucho más alto de lo que yo recordaba. Por un breve momento me quedé mirándolo fijamente a los ojos, perdiéndome en su profunda mirada gris sin decir absolutamente nada.
Pero había algo en su mirada, ya no era la misma mirada alegre que yo conocía, ahora lucía más fría, más oscura, más controladora. Aparté mis ojos de los de él y me solté de su mano, no me había dado cuenta que aún me la estaba sosteniendo.
—Gracias. —le contesté mientras subía al ascensor que abría las puertas en ese momento.
Christian subió junto a mí y las puertas se cerraron con nosotros dos solamente. En estos momentos lo que más deseaba era la compañía de Mia y Ethan, no sabía porque pero la cercanía de Christian me ponía nerviosa. El viaje en el ascensor se demoró más de lo normal, no sabía si era porque Christian estaba casi pegado a mi o porque en realidad el ascensor iba más despacio que de costumbre.
Se podía sentir la tensión entre nosotros, pero también había algo más, podía sentir una extraña sensación recorrer mi cuerpo completamente. Era extraño, algo como esto nunca me había ocurrido. Ninguno de los dos dijo nada, y por mucha curiosidad que yo tenía por conocer que había sido de su vida me contuve, porque sabía muy bien hacia donde me iba a llevar si le preguntaba. Y no quería volver a sufrir como lo había hecho seis años atrás. Para suerte mía las puertas del ascensor se abrieron en ese momento y yo salí rápidamente de allí sin siquiera mirar hacia Christian.
Continué toda la tarde trabajando en el cuadro, ni siquiera me había percatado cuando habían regresado Mia y Ethan. Estaba muy enfocada en lo que estaba haciendo, hasta que un sonido detrás de mi hizo que diera un brinco terrible. Christian se encontraba detrás de mí observando lo que estaba haciendo.
— ¡Me has asustado! —le dije mientras intentaba calmar mi respiración agitada.
—Lo siento, no fue mi intención solamente quería ver cómo iba la restauración. —contestó él muy serio mientras observaba el cuadro minuciosamente.
Lo observaba por encima de mi hombro, lo que solamente hacía que yo me pusiera más nerviosa de lo que ya estaba, tanto por su cercanía como por el susto que me había dado.
—Está bastante bien conservado, pero quiero ir con calma, al igual que cuando fue pintado en su época por Rembrandt. —le dije mientras el continuaba mirando el cuadro.
—Me gusta mucho eso, que quieras tomar con calma un trabajo tan complicado como este. —contestó apartando la mirada del cuadro por un momento y mirándome fijamente a los ojos.
—Gracias. —le contesté mientras volvía a mirar el cuadro.
—No te molesto más entonces, puedes continuar. —dijo mientras se alejaba de mi.
Christian se marchó nuevamente hacia su oficina, pero antes de entrar miró hacia donde yo estaba. Después de entrar cerró las cortinas de la oficina nuevamente y no volví a verlo más. Continué con mi trabajo hasta las 5:20 pm que comencé a recoger las cosas para marcharme. Y a las 5:30 pm estábamos Mia Ethan y yo bajando las escaleras de la entrada del MET.
—Nada mal para ser el primer día. —me dijo Mia mientras sonreía.
—No nada mal. —le contesté.
—Nos vemos mañana. —me dijo Mia dándome un abrazo.
—Hasta mañana Ana. —me dijo Ethan.
—Hasta mañana. —les dije mientras buscaba mi auto y salía rumbo a casa.
Al llegar me encontré a Kate en la cocina, más contenta de lo normal preparando la cena.
—Veo que estas de muy buen humor hoy. — le dije mientras dejaba el bolso en la barra y me sentaba en una banqueta.
—Muy contenta. —dijo con una enorme sonrisa en su rostro.
—Bueno cuéntame cómo te fue, te aseguro que fue mejor que mi primer día de trabajo. —le dije prestándole toda la atención posible.
—Bueno, te diré que vive a las afueras de Manhattan, en una enorme casa, bueno se podría decir que es una mansión. —dijo muy emocionada.
— ¿Es su casa o la de sus padres?—le pregunté con curiosidad.
—La de sus padres, el está viviendo aquí para estar cerca de los negocios.
—Entonces te presentó a su familia. —le pregunté intrigada.
—Sí, no fue tan malo como yo me imaginaba. —contestó sonriendo.
—Te lo dije. —le contesté con una sonrisa.
—Y que tal tu día de trabajo. —me preguntó con curiosidad.
—No me vas a creer cuando te lo cuente. —le dije mientras ella dejaba lo que estaba haciendo y me prestaba toda su atención.
— ¿Qué sucedió?—preguntó ella muy intrigada.
— ¿Recuerdas la historia que te conté de Christian?
—Sí, él chico con el que te ibas a acostar cuando tenías 16 años cierto. — vaya ella sí que tiene buena memoria.
—El mismo.
— ¿Qué pasó con él?—preguntó Kate nuevamente.
— ¿Recuerdas lo que te conté del supervisor?—le dije mirándola fijamente.
—Sí que lo llamaban la bestia o algo así y que era muy estricto con los horarios según te habían contado. —me dijo ella. Ya veía que no se le escapaba nada.
—Exactamente. —coincidí con ella.
—Y bueno que tiene que ver una cosa con la otra. —dijo extrañada.
—Pues que son la misma persona. —le contesté.
— ¡Nooo!—dijo abriendo mucho los ojos.
—Sí, y eso no es todo. —le dije mientras veía su reacción.
— ¿Hay más?—contestó asombrada.
—Si el maldito es un hijo de puta. —le dije y comencé a contarle lo sucedido en la oficina que hasta ahora no se lo había contado a nadie.
—Bueno es un hijo de puta como mismo me dijiste. —coincidió ella conmigo mientras continuaba con la cena.
—Si ha cambiado completamente, no tiene nada del Christian que yo recuerdo, aunque no puedo negar lo obvio y es que está muy bien. Pero cambiemos de tema no quiero seguir hablando de cosas que no valen la pena, voy a darme un rápido baño y regreso para que me cuentes de la fiesta. —le dije rogando para que no me preguntara nada más.
Salí hacia la habitación y me bañé rápidamente despejando así un poco mi cabeza de Christian y lo que había sucedido en la oficina. Aún no podía creer que nos hubiéramos reencontrado después de tantos años. Regresé y me senté nuevamente en la banqueta.
—Cuéntame de la fiesta. —la animé.
—Está bien, bueno te contaré que la fiesta estuvo genial, Elliot me presentó a mucha gente y a su mejor amigo, el dueño del club nocturno al que fuimos.
—Veo que lo pasaste muy bien. —dije animada por verla feliz.
—Sí y Trey nos invitó a pasar el fin de semana en su yate, a ti también. —dijo poniendo un plato frente a mí.
— ¿Trey? No conozco ningún Trey. —dije extrañada.
—Trey es el mejor amigo de Elliot. —contestó a mi pregunta, pero aún así no lo conocía.
— ¿El dueño del club?—pregunté con asombro.
—Sí. —dijo sonriendo.
—Y porque me invitó a mí, yo no lo conozco. —le dije frunciendo el ceño.
—Eso es culpa mía. —dijo sonriendo mientras yo la miraba fijamente.
— ¿Katherine Kavanagh que hiciste?—le dije fulminándola con la mirada.
—Le hablé de ti y quiere conocerte. —dijo sonriendo.
—Kate, sabes lo que sucede cuando me quedó a solas con un chico en una habitación. —le dije resoplando mientras negaba con mi cabeza.
—Nadie ha dicho que te quedes a solas con él, solamente que lo conozcas— me dijo ella sonriendo.
—Tú entendiste. —le dije haciendo una mueca mientras la miraba fijamente.
—Te diré algo parecido a lo que me dijiste ayer en la tarde, nada malo podría pasar porque pases el fin de semana con unos amigos y conozcas a alguien. —dijo poniendo un plato con pollo asado en la barra.
—Voy a aceptar, pero creo que ya me estoy arrepintiendo de esto, no creo que sea una buena idea. —le dije negando con la cabeza, esto no iba a salir bien, lo presentía.
—Genial, el viernes del trabajo regresas directo aquí. —me dijo en modo mandona.
— ¿Nos vamos el viernes?—le pregunté frunciendo el ceño.
—Sí, Trey está ansioso por conocerte. —contestó muy emocionada.
— ¿Dime que no le mostraste una foto mía?
—No, no tenía ninguna arriba por desgracia, pero le hice una buena descripción. —dijo mientras yo buscaba los cubiertos.
—Tiene que haber sido muy buena para que me haya invitado. —le dije poniendo los cubiertos a ambos lados de los platos.
—Es bueno que hallas aceptado, así despejas un poco la mente y te olvidas de una bestia para enfocarte en otra. —dijo levantando sus cejas sugestivamente.
— ¡Eh!—dije sin entender a que se refería.
—No le digas nunca a Elliot que dije esto. —dijo mirándome seriamente.
— ¿Qué cosa?
—Trey está buenísimo.
—Ya, entonces imagino que me harás una descripción de él. —le dije mientras Kate por un momento se lo pensaba.
—Lo pudiera hacer pero creo que la impresión será mayor si no te cuento como es. —dijo riendo y haciéndome reír también.
La semana pasó rápidamente, yo continué enfrascada en mi trabajo restaurando el Rembrandt. Christian todas las tardes salía de su oficina y miraba como iban las obras en restauración. En las mañanas esperaba a Mia y a Ethan en la entrada del MET y a veces ellos me esperaban a mí.
Cuando nos cruzábamos con Christian nos decía buenos días y nosotros le retribuíamos el saludo, según Mia eso lo hacía siempre, pero continuaba estando serio todo el tiempo. A veces me daba la impresión que estaba molesto por algo pero no le di importancia. En alguna que otra ocasión intercambiábamos miradas, sin decir nada y otras veces lo sorprendía mirando hacia donde yo estaba.
